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Fecha: abril, 2017
En el mar de los sargazos o mar del miedo ¡comienza la verdadera aventura!
JoseTrejo 21-04-2017 | 8:50 | 0

<No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor>

Alejandro Dumas

Siguiente desafío ¡evitar el temible mar de los sargazos!

Me siento afortunado y feliz por tener lo que tengo y también con las personas de mi entorno, que de una manera u otra me apoyan y animan en todos estos líos en los que suelo andar siempre metido.

Antes de partir al Caribe para embarcarme en el cruce Atlántico, hablé con mi jefe de mis “vacaciones” o una parte de ellas… En la conversación le describía los detalles del viaje que íbamos a realizar cruzando el océano ante su atónita mirada. Al final solo le pude concretar el día de mi partida, ya que tenía un billete de ida a la isla de la República Dominicana, pero no supe decirle ni confirmarle mi vuelta, debido a un pequeño detalle, bueno, más bien un gran detalle, nuestro barco se propulsaría con viento, siempre que lo hubiera o quedaríamos a la “deriva” a merced del océano durante días, como se dice en términos náuticos.

Al salir del despacho de mi jefe solo acerté a decirle,

bueno te llamaré en caso de problemas… de todos modos tengo un pequeño margen en días…

-En fin, buena suerte y ten cuidado, queremos tenerte entero de vuelta, replicó con una sonrisa.

Alguien me enseñó una oportuna frase para estos casos de incertidumbre, y que aplico siempre desde entonces “NO NEWS GOOD NEWS” (si no hay noticias son buenas noticias).

Manu estudia detenidamente en el útil “Pilot chart” de abril los vientos predominantes de las zonas que atravesaremos.

En todas las partidas y como mandaba la tradición,  Manu el Capitán, derramó un trago de ron caribeño a las coralinas aguas para invitar a Poseidón, el  Dios del Mar, a fin de darnos buenos augurios durante nuestra travesía.

Aprovisionado los tanques con agua dulce y combustible, llevaríamos en cubierta unos 750 litros extra de diésel en barriles bien atados y junto a la sentina (espacio inferior cerca de la quilla de los barcos) más garrafas de agua potable. Así podríamos navegar a motor casi la mitad del trayecto, que serían unos 10 días y 24 horas de funcionamiento ininterrumpido, si llegara el caso. Según mi cálculo ortodrómico, unas 2750 millas náuticas (algo más de 5000 kilómetros) en una sola tirada hasta Horta en las islas Azores como primer puerto.

Con todo este combustible trataríamos de acelerar nuestra embarcación y poder sortear las tormentas o alejarnos lo antes posible del peligroso efecto de los ciclones tropicales, y también de lo más amenazador, evitar adentrarse en el mar de los sargazos.

 

 Qué es un cálculo ortodrómico https://es.wikipedia.org/wiki/Ortodr%C3%B3mica

 

DIA 14 de travesía. Tras otra puesta de sol, podemos escrutar en el horizonte el tiempo venidero, nubes cirros “cola de caballo”, sopla una brisa fresca, olas suaves, el tiempo será bueno mañana. Foto de Elena

Ya hacía unos días que acabábamos de rebasar el paralelo del Trópico de Cáncer (paralelo 24ºNorte), dejando de lado el tranquilizador efecto de tierra firme de las “cercanas” islas Bermudas a más de 700 kilómetros de nosotros. En adelante, solo agua durante inciertos días.

El mar de los Sargazos

SARGAZOS. Debió su nombre a Cristóbal Colon, quien en su primera travesía hacia las “indias” pudo estudiarlos, ya que permanecieron varios días inmóviles en medio de un infinito manto vegetal de penetrante olor en la superficie, que emergían del profundo abismo gracias a unas vejigas con gas en el interior. Incluso Pinzón creyó al ver niebla en el horizonte, que estaba a punto de ver Tierra firme y pidió una recompensa. La gran densidad de plantas que encontraban, hacían más y más desesperado y lento el movimiento de los navíos, en ocasiones se veían forzados a arriar los botes y remolcarlos a remo durante agotadoras horas. 

Se le solía llamar en la antigüedad, el mar inmóvil o cementerio de barcos, el mar dentro del océano, un fúnebre lugar de profundas aguas en calma total, sin viento ni corriente alguna. Llamado también la latitud de los caballos, porque  los navíos que los transportaban hasta las Américas a veces las tripulaciones se veían obligadas a arrojados por la borda, ya que consumían gran cantidad de la preciada agua dulce, llegando incluso comérselos al escasear los alimentos debido a permanecer más días de la cuenta parados en estas aguas. También llamado “el cementerio de los barcos” donde cuentan las leyendas de barcos fantasma que vagaban atrapados en este mar con los tripulantes fallecidos por inanición y sed o por locura.

La latitud de los caballos http://www.fogonazos.es/2006/08/la-latitud-de-los-caballos_31.html

 

Nuestro barco se desplazaba con parsimonia, cada vez era más difícil mantener una velocidad constante de 4,5 nudos de media. El velero se arrastraba haciendo continuos zigzags tratando de orientar la proa para cazar un poco de brisa, mientras tanto iba subiendo la presión del barómetro de mi reloj, hasta colocarse en la desconcertante y elevada cifra de los 134 hpa, nos estábamos situando bajo el dominio del gran anticiclón de las Azores.

Las nubes se van retirando y han desaparecido las acostumbradas olas del Atlántico, solo quedan pequeñas ondulaciones sobre la superficie marina.

Me desperté con una sensación extrañamente placentera, no oía los quejidos de la arboladura ni el flameo intermitente de las velas, habíamos estado durmiendo en una posición cómoda después de varios días de escora, resbalándonos y dándonos costalazos por todo el camarote de popa intentando descansar.

La pequeña bola que nos marcaba la escora del barco está inmóvil y centrada en el medio del marcador, apenas nos movemos, estamos varados sin viento alguno. Foto de Elena.

Llevábamos catorce días de navegación ininterrumpida y de golpe por primera vez nos encontrábamos parados en medio de la nada, no había ni una sola brizna de brisa y el agitado Atlántico más bien parecía un tranquilo embalse ¡la calma era total! poco a poco empezábamos a ver por primera vez plantas en la superficie, eran sargazos ¡los famosos sargazos!

La dificultad de hacer esta travesía desde América a Europa, radica en el viento para los veleros ya que sin él no se mueven, hay que tratar de rodear este mar interior evitando a toda costa introducirse por los traicioneros “malos vientos”, que irremediablemente nos dejaría varados durante días en una calma total. Psicológicamente puede ser desesperante la inactividad incluso más peligroso para la tripulación, que atravesar un mar embravecido por una profunda tormenta.

Nos situábamos peligrosamente cerca del mar de los sargazos, Manu tuvo que tomar una decisión arriesgada, seguir avanzando con una leve brisa que nos estaba introduciendo en el interior o gastar combustible y navegar a motor, cambiando el rumbo en busca de vientos más favorables.

Una vez que los vientos se calmaron, aprovechamos para descansar más cómodamente y hacer la colada, eso si, con agua de mar, para ahorrar el agua dulce de los tanques del barco. El Sol caía a plomo y había que buscar un poco la sombra que nos proporcionaba la carpa de la bañera junto al timón. Manu por primera vez dejó más tiempo encendido el motor para poder avanzar. Aquella jornada solamente alcanzamos unas !interminables 48 millas en 24 horas! con muy poco viento o casi nulo y a motor, alcanzando los casi 2,2 nudos de velocidad máxima (4 km/h).

Pasaban las horas y sin que las velas se hincharán, el motor nos estaba propulsando desde el amanecer, pregunté a Manu si apagaba el motor pensando que se le había olvidado, pero su contestación fue negativa.

-debemos dejarlo encendido y navegar solo a motor hasta que encontremos algo de viento, vamos a esperar. sentenció.

Aquella noche tuvimos que compartir el sueño con el traqueteo incesante del motor a apenas un metro de nuestros pies. Mi única preocupación ahora era que el motor no desfalleciese, así que cada vez que cambiaba de sonido, alguno de nosotros se sobresaltaba y me pregunta si el motor iba bien. Gajes por mi antiguo oficio…

Al tercer día la misma situación, y sin haberse parado el motor en ningún momento para darle descanso, el Capitán hizo una llamada para ver el pronostico del siguiente día, su cara lo decía todo.

¡Jose! tendremos que cambiar el rumbo y volver al Norte, a esta velocidad se nos puede hacer eterno… dijo Manu.

Esta decisión significaba muchas cosas, nos alejaríamos de nuestro destino, perderíamos un tiempo precioso y nos arriesgaríamos a adentrarnos por encima del paralelo 31º donde pasaban las “colas” de las tormentas tropicales en esta época del año, todo para tratar de encontrar viento y empujar la nave. La elección era clara, o seguir durante días en la misma parsimonia hacia ningún lado o arriesgarse a pasar por la zona de tempestades en busca de viento con una tripulación inexperta. Inquietante…

Los depósitos del barco se han quedado secos, es hora del primer repostaje en alta mar. desde ahora tenemos que racionar las horas de funcionamiento del motor y así también cargar las baterías y tratar gastar solo lo necesario.¡La presión barométrica es altísima! El sol cae a plomo y no sopla ni una ligera brisa, el calor es pesado, flotamos sobre una balsa de agua, solo se escucha el constante y molesto run run del motor. Foto de Elena.

Poco a poco, movimos la rueda del timón a babor (lado izquierdo), y de nuevo el compás náutico giró hacia el punto cardinal norte, la sensación era de optimismo y alivio entre todos, después de estar cuatro días y cuatro noches con el motor encendido, viajando al mismo paso que una persona andando por la acera.

Una vez cruzado el psicológico paralelo de las “tormentas de abril” solo nos contaba estar en alerta, comprobando los partes meteorológicos diariamente y a su vez el barómetro de mi reloj, que había puesto en la escalera para poderlo chequear las veces necesarias.

Una pequeña ave se posa sin complejos a descansar. Este pequeño ser se encuentra en medio del océano ¡a 3000 kilómetros a la redonda no hay tierra firme!

 

-Jose, vigila tu barómetro y apunta el dato en el cuaderno, hay que estar en alerta en esta zona, una bajada brusca de 4 hpa nos indicará que debemos salir huyendo de aquí lo antes posible. Anticiparse con días de antelación a la tormenta es fundamental para nuestra seguridad. dijo Manu.

A lo lejos vemos un objeto en el horizonte ¿qué será? nos preguntamos. Chequeamos nuestro radar, se trataba de un antiguo velero rompehielos que pasaba a 2,5 millas de nosotros.

 

La llamada por radio de esta goleta de nombre Gulden Leeuw, nos pone en aviso de los feroces vientos de fuerza 9 (90 km/h de velocidad) que nos alcanzarán en pocas horas. Hay que prepararse para la galerna.

 

 

Llamada con el teléfono satélite Iridium a mi hermano en Badajoz, dando posición, rumbo y velocidad. Avisamos de que en pocas horas nos alcanzará la cola de una potente tormenta tropical. Estamos asegurando todo en el interior del barco. Desearnos suerte!!. Foto de Elena.

 

 

 

 

 

 

Continuará…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí os dejo la charla completa que di con el gran apoyo y cariño de Antonio Mata, responsable de la Sala Bahnhof en Badajoz, sobre cruce del Océano Atlántico que realizamos en abril 2016, titulado “Atlántico Norte un reto comprometido”

 https://www.youtube.com/watch?v=bKdpUCHFyFQ  

 

Espacio cultural Sala Bahnhof, Badajoz

http://culturabadajoz.com/lugar/bahnhof/

https://www.facebook.com/bahnhofespaciocultural/

 

 

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Hace un año que cruzamos el Triángulo de las Bermudas
JoseTrejo 11-04-2017 | 1:02 | 0

El punto azul es nuestro barco

 

Esta nueva entrada más bien debería llamarse “Un Extremeño en el Atlántico …” en vez de como se llama este blog, pero todo absolutamente todo tiene relación.

Tal día como hoy, cruzábamos la línea imaginaria de una gigantesca superficie de agua de más de 1,1 millones de kilómetros cuadrados llamado Triángulo de las Bermudas, dejándolo atrás, en nuestra travesía en barco velero, de regreso de la República Dominicana hasta Europa.

Ese día salíamos de su misteriosa influencia, pero no nos alejábamos del peligro, ya que cruzar el Océano Atlántico en autonomía y sin ayuda exterior, estaría lleno de amenazas.

Tiempo atrás, había leído y visto algún documental cargado de dramatismo acerca de su terrible fama con extraños sucesos, al parecer capaz de engullir desde pequeños esquifes a grandes navíos, incluso aviones mientras lo sobrevolaban, alimentando su leyenda. Aunque escéptico de tanta tinta que se ha derramado del mito, el estar allí y poderlo comprobar en carne y hueso era un poquillo más diferente.

Poco a poco los vientos alisios nos fueron empujando hacia el interior del triángulo, viviendo en sus tempestuosas aguas durante 7 días, navegando siempre rumbo al Norte en una agotadora y constante ceñida (navegando en contra del viento con el barco escorado).

                        Vemos en nuestro radar meteorológico las primeras tormentas, estas son pequeñas…

Durante las primeras guardias nocturnas me invadían imágenes de aquellos sucesos acaecidos en ese lugar, sugestionándose aún más en medio de la oscuridad. Y por qué no decir también, que al estar tan cerca del agua, con solo movernos un poco de nuestro “seguro asiento” y alargar el brazo, podíamos sentir el peligro.

Al experimentar situaciones tan diferentes en nuestra confortable vida, como estar en medio de aquellas noches solo, mientras mis compañeros descansaban, fue la reafirmación de mis ansias por aprender y vivir tantas cosas que de joven había leído y soñado. Pudimos observar mi querida constelación llamada  Cruz del Sur, dejándola atrás por la estela del barco muy cerquita de la línea del horizonte, compartiendo la esfera celeste con las constelaciones del hemisferio Norte. Mientras fijaba con la mirada la estrella Mizar de la constelación de la Osa Mayor en la cruceta superior del lado de estribor del mástil para corroborar el rumbo, y así desconectar el piloto automático para que no se desvanecieran las baterías, y a su vez, yo podría mitigar mis fuertes mareos mirando a un punto fijo, que aún sufriéndolos no me quitarían la sonrisa.

He decir que, aunque soy un novato en la navegación de alta mar y no me asusto fácilmente, ver de noche unos extraños colores azules y verdes  fluorescentes no dejaron de inquietarme y despertar a Manu, el Capitán, quien primero soltó una carcajada a mi costa como pequeña venganza por levantarlo para tal cosa… y a continuación explicarme qué eran esas luminiscencias, que al batir el agua en el casco del barco en su movimiento generaba la extraña luz. Como me explicó, procedía de un tipo de organismo de la familia del fitoplancton que producían luz alrededor de las embarcaciones y en el agua movida de la estela.

baño refrescante cruzando la profunda fosa abisal de Bermudas. ¿¡que levante la mano quien lo ha hecho!? jejeje

 

Aunque este famoso espacio se encuentra muy al Sur del Ártico, entre las islas Bermudas, la península de Florida y puerto Rico, el combustible que hace moverme a estas aventuras es el que se me activó en mi primera navegación en solitario por los fiordos llenos de icebergs de Groenlandia.

 

BITÁCORA:  latitud 24º 29′ N Longitud 63º 16,2′ W Rumbo 045º

Día 11 de Abril de 2016 octavo día de travesía, cambiamos el rumbo. Cada vez más hacia el nacimiento del Sol, dejábamos atrás el Triangulo de las Bermudas y sus leyendas, que en muchos casos fueron más literarias que reales o quien sabe, al final lo pudimos contar contemplando un nuevo y precioso amanecer en medio del océano.

 

El Triángulo de las Bermudas

https://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/esp_bermuda_06a.htm

 

Los vientos alisios

http://sailandtrip.com/vientos-alisios/

 

Partes de un velero

http://singladurasnauticas.yolasite.com/elvelero.php

 

 

 

 

 

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Sobre el autor José Trejo
Autodidacta, soñador, entusiasta y aprendiz de Aventurero y navegante. Observador y sensibilizado por nuestro planeta y los habitantes de lugares inhóspitos, buscador de experiencias y maestros en otros mundos y culturas, que me ayuden a entender otras realidades. Con la necesidad de compartir con otros a través de mis ojos, las visiones, aprendizajes, aventuras y desventuras. Pretendido contribuir con mis vivencias una concienciación de lo efímera que es la belleza que nos rodea, en este maravilloso planeta y sus entornos naturales tan sensibles. Así nace un extremeño en el ártico.