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Al árbol viejo

2012 junio 29

Desde hace varios años doy clase en la Universidad de los Mayores de Extremadura,  en las sedes de Badajoz, Cáceres y Plasencia. Los alumnos de esta universidad, que si no existiera habría que crearla, son personas que tienen más de 55 años y un deseo inmenso de aprender, gentes que tienen unas alforjas repletas de conocimientos, experiencias, vivencias, y por qué no decirlo, de deseos adolescentes de entender y saber. La mayor parte de ellos no tuvieron la suerte de poder ir a la Universidad de Extremadura, simplemente porque esta no existía.

Olmo del arco

Olmo del arco

Esta situación me ha aportado importantes experiencias, algunas de ellas curiosas y creo que  simpáticas también,  como la que relato ahora. Hace unos años, en una clase de las que imparto,  hablaba del Patrimonio Natural de Extremadura y más concretamente de los árboles monumentales e históricos;  uno de los árboles monumentales de Extremadura es el Olmo del Arco, una pequeña pedanía de Cañaveral, ahora casi sin vecinos,  pero que antiguamente tenía incluso su maestra y escuela de niños. Hablaba yo de las extraordinarias dimensiones del árbol, de su antigüedad y su simbología y de la terrible enfermedad, la grafiosis, que se ceñía sobre él, cuando una alumna mía me pidió poder contar una anécdota ocurrida hacía más de 50 años.

El olmo,  con más 500 años ya por entonces,  estaba hueco. Los niños y las gallinas corrían por las calles y se metían en el interior del árbol, una estampa típica de muchos pueblos de nuestra tierra.  Ella comentó que había una tradición, no escrita pero compartida por la gente del Arquillo, que era que cuando una gallina ponía huevos en el interior de “la olma”,  nombre con el que localmente se conoce al viejo árbol, éstos eran para la maestra. Los niños entraban en el hueco del árbol y salían corriendo a buscarla para entregarle los huevos cuando los había y conseguir favores de ella. Me comentó incluso que algún zagal cogía huevos de su casa  si los deberes no se le habían dado todo lo bien que deberían y que alguna madre espantaba las gallinas cuando merodeaban la olma para que se fueran a su gallinero a poner los huevos,  evitando así tener que dárselos a la maestra.

Era esa época que creíamos lejana,  cuando se repetía la frase de “vas a pasar más hambre que un maestro de escuela”. Pues bien,  la alumna que contaba a sus compañeros de la universidad de los mayores la anécdota era la maestra del Arco en los años sesenta.

Los alumnos de la universidad de los mayores son personas apegadas a lo suyo, a su tierra, a sus gentes, enraizados en su ser de extremeños. Mucha es su curiosidad cuando tratan de desentrañar y entender el saber científico que a veces estuvo lejos de ellos; son alumnos que aprovechan cada día el tiempo de clase preguntando y aportando, aprendiendo y enseñando. Colectivamente tienen todos la medalla de Extremadura. Individualmente,  muchos son tan merecedores de ella como el que más.

 

Solsticio de verano o aquelarres en torno a un castaño

2012 junio 20
Castaños de calabaza

Castaños de calabaza

 

Hoy será el día más largo y luminoso del año, coincidirán el final de la primavera y el inicio del verano, el sol se encontrará en su posición más alta en el cielo (el Norte en apariencia) y parecerá que se detiene en el cenit, “Quedarse quieto”, “solstitium (sol+sistere)” en latín, o solsticio como lo conocemos ahora, el día en que más se diferencian en duración la noche y el día.

 

En el hemisferio norte será el solsticio de verano y llegará a las 23 horas del día 20 de Junio, como si de un tren a una estación se tratara, en el hemisferio sur por contra será el día mas corto y oscuro del año.

 

En esta vieja Europa, culturalmente más rica y estable que sus mercados, el solsticio se celebraba con la realización de hogueras y numerosos actos paganos ligados al cambio de los ciclos en la tierra, era la época de la fertilidad, cuando se recogían buena parte de los frutos, pensémoslo un poco, y nos daremos cuenta que cerezos, melocotoneros, ciruelos y buena parte de los árboles y los cereales nos ofrecen por esta época sus frutos.

 

Muchos de estos ritos fueron convertidos en celebraciones religiosas haciéndolos coincidir con el nacimiento de San Juan (solsticio de verano) o de Jesús (solsticio de invierno).

 

Pero la fiesta pagana ha permanecido viva en muchos de nuestros pueblos y aldeas. En Extremadura sobre todo en los cercanos a la raya, como Jola en la campiña valentina,  cuentan los ancianos a luz de la lumbre que en la noche de San Juan salen brujas y meigas y se reúnen en el campo, en las cercanías de algún viejo y monumental castaño y allí celebran sus típicos aquelarres. Hadas, ninfas, druidas y duendes  hacen sus danzas en corros en una noche encantada

 

Cada vez son menos los viejos y monumentales castaños de nuestra tierra, pero aun conservamos un buen número de ellos que esa noche parecerán recuperar vida en medio de su lenta existencia, una invitación para visitarlos; pero salgan con cuidado, porque  aunque no crean en brujas y meigas, haberlas, haylas.