Hoy

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JARDINES SUBACUÁTICOS
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Pilar López Ávila | 16-08-2017 | 17:06| 0

En los charcos intermareales, los erizos de mar excavan huecos tan profundos que se diría que nunca más van a poder salir de ellos.

 

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Las estrellas de mar se esconden entre las grietas de las rocas y las actinias permanecen sujetas, con los tentáculos retraídos, esperando a que suba nuevamente la marea.

 

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En algunas playas, sobre las rocas arrancadas a los acantilados por la acción continua del oleaje se forman los llamados charcos intermareales.

La zona intermareal es la que se encuentra entre la tierra y el mar, quedando sumergida durante la marea alta y emergida durante la marea baja.

El agua que queda atrapada entre las rocas durante la bajamar constituye un hábitat intermitente para algunos seres vivos que se han adaptado perfectamente a las mareas, esos cambios del nivel del mar provocados por la fuerza gravitacional que ejercen el Sol, y principalmente la Luna, sobre la Tierra.

 

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Pequeños camarones transparentes y grupos de peces se ocultan bajo algas de colores pardos y verdes y en el fondo arenoso se pueden ver caracoles de conchas nacaradas en espiral y cangrejos semienterrados.

 

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En ocasiones, una concha vacía de un mejillón yace sobre un erizo, artimaña utilizada por estos equinoideos para tratar de pasar desapercibidos.

 

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Las actinias, también llamadas anémonas de mar por la semejanza con esta flor terrestre, son pólipos marinos con tentáculos urticantes que utilizan para cazar pequeños peces. Como son sésiles, pueden fijarse a las rocas que quedan expuestas a la superficie durante la bajamar. La más común de las actinias de nuestras costas es la llamada “tomate de mar” (Actinia equina) por su semejanza con el color de este fruto. Algunas variedades pueden tener tonos ocres o amarronados.

 

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Algunos crustáceos cirrípedos, como las “bellotas de mar” (Balanus perforatus) también viven fijos a las rocas y en ocasiones son tan abundantes que las cubren casi en su totalidad. Son animales muy extraños, pues siendo crustáceos no se parecen en nada a los cangrejos, por ejemplo, o a las gambas, langostinos o camarones, sino más bien a otros parientes también muy apreciados gastronómicamente y más difíciles de conseguir, los percebes. Las bellotas de mar se alimentan por filtración de partículas de alimento y son inquilinas no solo de las rocas, sino también de las conchas de los mejillones, las quillas de los barcos o la piel de las ballenas.

 

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Bajo las grietas de las rocas de los charcos intermareales quedan expuestas también las populares estrellas de mar. La especie Marthasterias glacialis es muy común, su color es amarillento y tiene el cuerpo cubierto de espículas endurecidas para protegerse del asentamiento de otros organismos como las algas. Es carroñera y carnívora, alimentándose de peces, crustáceos y otros equinodermos como los erizos de mar.

 

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Otras especies colonizan las pozas de marea: mejillones y cangrejos ermitaños, moluscos nudibranquios y esponjas, cochinillas y orejas de mar, lapas, holoturias y gusanos poliquetos.

 

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Los charcos intermareales, auténticos jardines submarinos en superficie, hacen las delicias de los amantes de la naturaleza, sobre todo de aquéllos que buscan en las playas algo más que el calor de la arena bajo las toallas o la mera contemplación, más allá de lo que alcanza la mirada, de un mar azul, brillante e infinito.

 

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LIBÉLULAS VERDES Y ROJAS
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Pilar López Ávila | 20-07-2017 | 14:53| 0

El verano es época de libélulas.

Libélulas rojas, verdes, pardas.

Pequeñas libélulas azules.

Vuelan sobre las aguas remansadas y se detienen ante su reflejo.

Se posan sobre algún saliente adoptando posturas imposibles.

Libélulas equilibristas.

 

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Crocothemis erythraea

Crocothemis erythraea

 

Las persigo por el huerto intentando fotografiarlas y, como dice el poema, apenas llegan, desaparecen.

Pero son agradecidas.

Y bellas.

Con sus grandes ojos que te miran fijamente.

Y sus alas transparentes brillando al sol.

 

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“Libélulas verdes y rojas

de alas ligeras y transparentes.

 

¿Serán flores que vuelan

o estrellas que saltan?

 

Por favor, deteneos en mi jardín

para hacer sonreír a las flores

que con sus hojas verdes

con aplausos os van a recibir.

 

¡Ay! Libélulas rojas y verdes.

¿Por qué, apenas llegamos a mi jardín,

desaparecéis?”

 

Qingyun Huang

Feilong Liang

“Claro de Luna”, Factoría K de libros.

 

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Ischnura graellsii hembra

Ischnura graellsii hembra

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LAS GOLONDRINAS DE MI BARRIO
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Pilar López Ávila | 02-07-2017 | 10:48| 0

En mi barrio hay edificios altos donde los aviones comunes construyen sus nidos bajo las cornisas y los vencejos dan vueltas en los patios interiores de las manzanas de bloques antes de meterse bajo los aleros de los tejados.

En un lugar así es difícil pensar que haya golondrinas, ya que estas aves son más frecuentes en los entornos rurales.

Sin embargo, hay golondrinas en mi barrio.

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Las escucho por las mañanas cuando salgo temprano.

Las veo volar entre las calles y desaparecer doblando las esquinas.

A veces vienen hacia el coche en marcha y lo esquivan en el último momento dejándome ver su garganta roja.

Las golondrinas de las calles de mi barrio vuelan a ras de suelo buscando insectos y anidan en los locales vacíos colándose entre los huecos que dejan los ladrillos.

El sol ilumina su plumaje oscuro que se torna negro metalizado.

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Se posan en las ramas más altas de los árboles, a veces en algún hierro que sobresale bajo una cornisa, o en un cable.

Las golondrinas son ruidosas y bullangueras. Oigo sus conversaciones por encima de los ruidos de la calle: el tráfago incesante, el griterío de los niños, la charla de los viandantes.

Las oigo como escucho a los estorninos sobre las antenas, a los vencejos reunidos por cientos sobre mi terraza, a los aviones defendiéndose de las urracas.

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Y aunque vaya caminando distraída, o hablando, o pensando en otros asuntos, escucho a las golondrinas.

Y me parece increíble que las tenga aquí, en mi barrio, anidando al final de la calle.

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Todas las fotos han sido cedidas amablemente por Antonio J. Pérez Toranzo, al que estoy muy agradecida.

En el siguiente enlace, se pueden ver algunas de sus preciosas fotografías:

https://500px.com/antonioperezprofe

 

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LOS NOMBRES DE LAS FLORES (I)
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Pilar López Ávila | 04-06-2017 | 18:25| 0

Mayo, a veces caluroso, a veces fresco, imprevisible, ahora llueve, ahora hace sol, ahora sopla el viento.

Ha pasado fugaz dejando barro y polvo, sembrando de flores los bordes de los caminos, tierras pobres donde se arriesgan a nacer las plantas más resistentes.

Amapolas y dedaleras, tolpis y crisantemos silvestres, murajes y campánulas, margaritas y tréboles, lirios y silenes, alfilerillos de pastor, viboreras y jaras, guitarritas y fumarias, candilitos y malvas, gladiolos y cardos, acianos y achicorias, cantuesos y borrajas, verbenas y centáureas, escobas y ajos silvestres.

 

 

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La flor llamada muraje (Anagallis arvensis), que también recibe el nombre de pimpinela escarlata, es diminuta. La variedad caerulea es azul, y también está la forma roja que es más bien anaranjada. Las murajes tapizan el pastizal dándole una nota de color.

 

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Los alfilerillos de pastor (Erodium cicutarium), también llamados picos de cigüeña, tienen flores rosadas y el fruto asemeja a un pico. Recuerdo que de niña pinchaba sobre la ropa una de las semillas y al cabo de un rato, al perder humedad, se había retorcido en forma de espiral. Erodium viene del griego erodios, que significa “garza”.

 

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La viborera (Echium vulgare) es llamada así porque la forma del fruto asemeja a la cabeza de una víbora. Suelen extender su manto púrpura sobre amplios pastizales. También se las llama chupamieles por el sabor dulce de su néctar, recogido en el fondo de la corola.

 

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He de confesar que tengo debilidad por las amapolas (Papaver rhoeas). Bellas entre las bellas, frágiles, efímeras, fugaces. Su intenso color rojo da alegría a los caminos.

 

“Me has rogado que retenga

en los ojos la explosión de amapolas,

que no olvide mirar a la cornisa

donde el mirlo despide las horas”.

 

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Reciben las amapolas muchos otros nombres, pero el que más me gusta es ababol, que según el diccionario significa “persona distraída, simple, abobada”. Así son tal vez las amapolas, bellísimas en su simplicidad.

 

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Para saber más de flores recomendamos Biblioabrazo, blog donde Ana Nebreda presenta los libros más interesantes y bellos de literatura infantil y juvenil y, en esta ocasión, nos habla de “Inventario de flores”. https://biblioabrazo.wordpress.com/2017/05/23/inventario-de-flores-virginie-aladjidi-y-emmanuelle-tchoukriel/

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SORPRENDENTE NATURALEZA
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Pilar López Ávila | 07-05-2017 | 18:56| 0

La verdad es que me gustaría salir más a menudo al campo, pero a veces me resulta imposible.

Sin embargo, tengo una amplia terraza.

Cierto es que no se puede comparar con el medio natural, pero mi terraza es un pequeño vergel.

Hay en mi terraza una jara florecida que planté hace más de diez años.

Un lilo que da flores desde hace dos temporadas.

Hay glicinias, un jazmín y una buganvilla rosa.

Un pequeño roble y varias encinas que han brotado esta primavera de bellotas que sembré en otoño.

Tengo rosales y un manzano.

Granados enanos, enredaderas y muchas plantas crasas.

Un naranjo y un limonero.

Un pino.

La vinca rosa está ahora plenamente florecida.

Violetas, un liquidámbar y un frambueso que ya tiene frutos.

Y un acebo cuajado de flores.

 

Flores del lilo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En mi terraza hay caracoles.

Una salamanquesa que ronda la compostadora para atrapar pequeñas moscas.

Los estorninos anidan en las chimeneas de ventilación del tejado y el piar de sus pollos se escucha en las habitaciones interiores.

Pasan cerca los vencejos, los aviones comunes, las urracas rapiñando polluelos entre sus nidos.

Veo golondrinas de las que anidan en los locales vacíos que hay al final de la calle.

Los mirlos, gorriones y verderones visitan la terraza después del riego.

Los mirlos revuelven las macetas buscando lombrices.

Una abeja cortahojas deja marcas en forma de medialuna en las hojas del lilo y de la glicinia. Con el trozo de hoja que corta se introduce en el desagüe de una jardinera. Supongo que las larvas se alimentarán de los trozos de hojas y se convertirán en insectos adultos la próxima primavera.

 

Abeja cortahojas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marcas en medialuna de la abeja cortahojas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abeja cortahojas en acción

 

Entre las hojas de la enredadera, se me pasa el tiempo observando la cooperación entre las hormigas y los pulgones. Las hormigas protegen a los pulgones y a cambio éstos segregan una sustancia azucarada que las hormigas recolectan. Es como un rebaño, y las hormigas son los pastores.

Hormigas y pulgones

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace unos días encontré una minúscula araña entre las hojas de la jara.

Cuando amplié la foto, me sorprendió el espectacular diseño de su abdomen.

Araña sobre hoja seca de jara

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sorprendente naturaleza, veinte escalones por encima del salón.

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LA SIERRA DE LA MOSCA
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Pilar López Ávila | 16-04-2017 | 09:53| 2

Los cacereños tenemos una maravilla de la naturaleza a pocos pasos de la ciudad.

La Sierra de la Mosca es una joya del ecosistema de bosque mediterráneo que se puede disfrutar gracias a la red de caminos y senderos que la recorren.

Se puede acceder desde la propia ciudad cerca de la ribera del Marco, desde la carretera de Miajadas, desde Sierra de Fuentes, desde el santuario de La Montaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En estos días el matorral está en plena floración.

Entre los pétalos, multitud de especies diferentes de insectos polinizan las flores.

La jara pringosa, la jara crespa, el jaguarzo morisco.

Los brezos en las laderas de solana.

Las aulagas y retamas amarillas y blancas.

Los rosales silvestres y el espino albar.

También las plantas herbáceas.

Los cantuesos, las amapolas, las tolpis y borrajas.

Los gamonitos o varillas de San José.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los alcornoques y las encinas lucen sus colgantes y doradas flores masculinas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si el caminante es amante de las aves, basta con que eleve la mirada para ver buitres leonados y milanos negros, águilas calzadas y con un poco de suerte la perdicera.

Pero es al detenerse y mirar entre los troncos de los alcornoques cuando empiezan a hacerse visibles los pájaros más huidizos: el trepador azul, el agateador, el pinzón vulgar.

Verdecillos, jilgueros, carboneros, herrerillos, trigueros, cogujadas, mirlos, rabilargos… salen al paso con frecuencia, son aves más comunes, más fáciles de ver.

Entre las cuarcitas de la sierra, la ermita del Cristo del Risco y su mirador invitan a subir a lo alto para otear los llanos, donde las avutardas estarán haciendo la rueda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Sierra de la Mosca es un goce para los sentidos.

Es la felicidad de vivir con la naturaleza.

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LOS SONIDOS DE LA DEHESA
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Pilar López Ávila | 26-03-2017 | 18:37| 0

¿Qué se oye en las dehesas estos días?

 

El rumor del río Salor lleno de agua, cayendo en pequeñas cascadas sobre las rocas del cauce. Ya esperan las riberas a los narcisos que han de brotar, agazapados aún bajo el calor de la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El canto del pinzón al salir el sol, insistente y sonoro sobre las copas de las encinas.

 

El reclamo del carbonero, chichipán chichipán en sus múltiples variantes. Es el carbonero común el más grande de la familia de los páridos, abundante en las dehesas donde busca los huecos de las encinas para anidar.

 

La melodía melancólica del zorzal charlo, el más grande de los zorzales, que pondrá hasta cinco huevos verdosos y moteados sobre un nido camuflado con líquenes.

 

El relincho de dos milanos negros mientras hacen piruetas en lo alto del cielo. Tras la parada nupcial, buscarán una rama alta y consistente para su nido.

 

Si hicieran ruido, se escucharía también el medrar bajo la tierra de los hongos. Asociados sus micelios a las jaras y a los cantuesos, los gurumelos buscan la superficie para abrirse en paraguas y esparcir las esporas.

 

Se escucha el silencioso florecer de las orquídeas. Las flores rosado blanquecinas de Orchis lactea provocan en el observador un grito de sorpresa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Suena en las dehesas, al ponerse el sol y avanzar la noche, el canto metálico y estridente de cientos de grillo topos -también llamados alacranes cebolleros– escondidos en sus galerías bajo el suelo.

 

En el siguiente enlace se puede escuchar el sonido del grillo topo: https://www.youtube.com/watch?v=wZ4j-lfkY-Y

 

 

Suena el viento entre las hojas, susurro que invita a callar y a poner los cinco sentidos al servicio de los sonidos de la noche en la dehesa.

 

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UN VIAJE DE IDA Y VUELTA
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Pilar López Ávila | 05-03-2017 | 22:52| 0

Hace pocos días que se fueron desde estos lugares hacia el norte.

Las veía todas las mañanas al ir a trabajar, justo al amanecer, cruzando en fila por encima de la carretera hacia los encinares de la falda de la sierra.

Me han contado que el jueves pasado se reunieron en el cielo -a cientos se podían contar- todas las grullas que pasan parte del otoño y el invierno por las dehesas del entorno de Cáceres y duermen cerca de los embalses.

Y a la señal de una de ellas –es misterioso y fascinante el comportamiento de estas aves- emprendieron la marcha dibujando uves en el cielo.

 

 

He volado con las grullas

por encima de las nubes,

y he pintado

de rojo sus coronas.

 

En estos momentos del año, resulta inevitable hablar de grullas.

Será porque tengo la suerte de verlas todos los días camino del trabajo, desde que vienen en noviembre hasta que se van a finales de febrero.

Y porque contemplar su llegada al embalse de Valdesalor, por ejemplo, o al de Talaván, o a los cultivos de regadío cercanos a Madrigalejo, cuando cae la noche, es uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza.

 

 

Ya vienen.

Ya van llegando.

Gráciles volando.

En uve y con trompetas.

A revolver

las aguas quietas del embalse.

 

 

No es la grulla un ave especialmente bella.

Es esbelta y desgarbada.

Su plumaje es grisáceo, a excepción del cuello negro, antifaz blanco y píleo rojo.

Pero su modo de vida, su ir y venir por los caminos del cielo, su forma de volar en formación, ese sonido de trompetas para comunicarse con sus congéneres, supone un comportamiento tan elaborado que la convierte en una de mis aves favoritas.

 

Extremadura es un área fundamental de invernada para la Grulla Común (Grus grus) en Europa. Unos 80.000 individuos llegan hasta nuestra comunidad todos los años para pasar parte del otoño e invierno, esto supone más de la mitad de la población española.

 

Esperemos que sigan haciéndolo, que se hayan ido con billete de vuelta, y que regresen el próximo año con su algarabía a revolver el aire del cielo y las aguas del embalse.

 

Ya vienen.

Ya van llegando.

Regresa la esperanza,

la vida se renueva.

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LA FELICIDAD DE VIVIR CON LA NATURALEZA
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Pilar López Ávila | 19-02-2017 | 17:21| 0

Edith Holden -naturalista inglesa- falleció trágicamente en 1920 en las aguas del Támesis al caerse cuando cogía flores de castaño. Es fácil suponer que si no hubiera ocurrido tan fatídico accidente, habría realizado con esas flores una bella ilustración.

A lo largo de 1906, Edith escribió un diario en el que narró el día a día de la naturaleza a lo largo de las diferentes estaciones. Su extraordinaria capacidad para observar lo que ocurría a su alrededor, junto con los poemas de autores consagrados (Keats, Coleridge, Byron… ), refranes populares y acuarelas de aves, flores e insectos, compusieron un hermoso libro cuya edición facsímil (Blume, 1979) guardo celosamente desde hace tiempo.

 

Soñar entre las rocas, por colinas y ríos;

adentrarse en silencio por regiones boscosas,

donde está cuanto escapa al dominio del hombre,

¡donde huellas mortales tal vez nunca han llegado!

Escalar por montañas invisibles, sin rastro,

como animal salvaje; y a solas, embebido,

contemplar las cascadas, los barrancos más altos;

eso no es soledad: es más bien comulgar,

sumergirse en la magia de la Naturaleza.”

 

Quizás no sea posible en estos tiempos -con nuestros días saturados que pasan casi sin darnos cuenta- vivir la naturaleza del modo en que lo dice Byron en este poema que aparece al inicio del libro de Edith Holden.

Pero representa la idea que surge continuamente en mi cabeza cuando pienso en el medio natural. No tengo, ni mucho menos, la pretensión de imitar a Edith Holden, ni puedo ni estoy capacitada para ello.

Solo quiero aprovechar la posibilidad que me ofrece este medio de comunicación para expresar esos sentimientos que me surgen cuando, por ejemplo, veo las grullas volar al amanecer al ir a trabajar, o simplemente me emociono al ver que los ajos que plantamos hace una semana ya han brotado en el invernadero que hicimos con botellas de plástico…. o con los mirlos que vuelan bajito entre las calles de mi barrio porque están empezando a anidar, o con los almendros ahora florecidos que salpican de puntos blancos el paisaje, o con los aviones comunes que han regresado y arreglan sus nidos de barro….

 

Tanto que contar de la naturaleza que deseo compartirlo con quien quiera leerlo.

Porque las palabras que se escriben quedan para siempre y nunca se las lleva el viento.

Portada del libro de Edith Holden

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Sobre el autor Pilar López Ávila
“Desde siempre me gustaron los pájaros, las mariposas y las flores. También escribir cuentos para niños. Hoy les hablo a mis alumnos de los misterios de la biología, paseo por el campo cuando puedo y escribo. Creo que es esencial vivir con la naturaleza, comprender sus ciclos y seguir su ritmo. Y compartir con otras personas lo vivido.”