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Fecha: marzo, 2017
LOS SONIDOS DE LA DEHESA
Pilar López Ávila 26-03-2017 | 8:37 | 0

¿Qué se oye en las dehesas estos días?

 

El rumor del río Salor lleno de agua, cayendo en pequeñas cascadas sobre las rocas del cauce. Ya esperan las riberas a los narcisos que han de brotar, agazapados aún bajo el calor de la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El canto del pinzón al salir el sol, insistente y sonoro sobre las copas de las encinas.

 

El reclamo del carbonero, chichipán chichipán en sus múltiples variantes. Es el carbonero común el más grande de la familia de los páridos, abundante en las dehesas donde busca los huecos de las encinas para anidar.

 

La melodía melancólica del zorzal charlo, el más grande de los zorzales, que pondrá hasta cinco huevos verdosos y moteados sobre un nido camuflado con líquenes.

 

El relincho de dos milanos negros mientras hacen piruetas en lo alto del cielo. Tras la parada nupcial, buscarán una rama alta y consistente para su nido.

 

Si hicieran ruido, se escucharía también el medrar bajo la tierra de los hongos. Asociados sus micelios a las jaras y a los cantuesos, los gurumelos buscan la superficie para abrirse en paraguas y esparcir las esporas.

 

Se escucha el silencioso florecer de las orquídeas. Las flores rosado blanquecinas de Orchis lactea provocan en el observador un grito de sorpresa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Suena en las dehesas, al ponerse el sol y avanzar la noche, el canto metálico y estridente de cientos de grillo topos -también llamados alacranes cebolleros- escondidos en sus galerías bajo el suelo.

 

En el siguiente enlace se puede escuchar el sonido del grillo topo: https://www.youtube.com/watch?v=wZ4j-lfkY-Y

 

 

Suena el viento entre las hojas, susurro que invita a callar y a poner los cinco sentidos al servicio de los sonidos de la noche en la dehesa.

 

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UN VIAJE DE IDA Y VUELTA
Pilar López Ávila 05-03-2017 | 11:52 | 0

Hace pocos días que se fueron desde estos lugares hacia el norte.

Las veía todas las mañanas al ir a trabajar, justo al amanecer, cruzando en fila por encima de la carretera hacia los encinares de la falda de la sierra.

Me han contado que el jueves pasado se reunieron en el cielo -a cientos se podían contar- todas las grullas que pasan parte del otoño y el invierno por las dehesas del entorno de Cáceres y duermen cerca de los embalses.

Y a la señal de una de ellas –es misterioso y fascinante el comportamiento de estas aves- emprendieron la marcha dibujando uves en el cielo.

 

 

He volado con las grullas

por encima de las nubes,

y he pintado

de rojo sus coronas.

 

En estos momentos del año, resulta inevitable hablar de grullas.

Será porque tengo la suerte de verlas todos los días camino del trabajo, desde que vienen en noviembre hasta que se van a finales de febrero.

Y porque contemplar su llegada al embalse de Valdesalor, por ejemplo, o al de Talaván, o a los cultivos de regadío cercanos a Madrigalejo, cuando cae la noche, es uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza.

 

 

Ya vienen.

Ya van llegando.

Gráciles volando.

En uve y con trompetas.

A revolver

las aguas quietas del embalse.

 

 

No es la grulla un ave especialmente bella.

Es esbelta y desgarbada.

Su plumaje es grisáceo, a excepción del cuello negro, antifaz blanco y píleo rojo.

Pero su modo de vida, su ir y venir por los caminos del cielo, su forma de volar en formación, ese sonido de trompetas para comunicarse con sus congéneres, supone un comportamiento tan elaborado que la convierte en una de mis aves favoritas.

 

Extremadura es un área fundamental de invernada para la Grulla Común (Grus grus) en Europa. Unos 80.000 individuos llegan hasta nuestra comunidad todos los años para pasar parte del otoño e invierno, esto supone más de la mitad de la población española.

 

Esperemos que sigan haciéndolo, que se hayan ido con billete de vuelta, y que regresen el próximo año con su algarabía a revolver el aire del cielo y las aguas del embalse.

 

Ya vienen.

Ya van llegando.

Regresa la esperanza,

la vida se renueva.

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Sobre el autor Pilar López Ávila
“Desde siempre me gustaron los pájaros, las mariposas y las flores. También escribir cuentos para niños. Hoy les hablo a mis alumnos de los misterios de la biología, paseo por el campo cuando puedo y escribo. Creo que es esencial vivir con la naturaleza, comprender sus ciclos y seguir su ritmo. Y compartir con otras personas lo vivido.”