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Pilar López Ávila

Vivir con la naturaleza

MIRAR AL CIELO

Me gusta mirar al cielo porque es el lugar de las aves.

Al atardecer, los vencejos se reúnen en ruidosos bandos que quiebran el aire con sus vuelos.

Estas aves, que duermen volando, siguen trisando hasta que la oscuridad deja todo en silencio.

Trisar de vencejos y de golondrinas, qué palabra tan bonita. En su libro “Las 104 palabras más curiosas de la naturaleza”, dice Mónica Fernández-Aceytuno que trisar es “cantar la golondrina”, y el DRAE la define como “dicho de una golondrina o de otros pájaros: cantar o chirriar”.

Lo primero que se sabe de una tormenta, es lo que el cielo cuenta.

No hace muchos días, sorprendió a los vencejos una enorme tormenta que no fue una, sino tres a la vez que se encontraron en el cielo de la tarde desde distintos frentes y produjeron relámpagos, rayos y truenos, lluvia y granizo como solo las tormentas de verano con toda su fuerza y poder saben hacerlo.

Secuencia de la tormenta.

No se escuchaba entonces más que un sonido constante y atronador en el cielo, que ensordecía el trisar de los vencejos, que no dejaron sin embargo de volar, aprovechando quizás el frescor del viento que daba, por fin, una tregua al verano.

Tormenta en la noche.

Pero son estos días los que están dejando vistas increíbles en el cielo de la noche, espectáculos que no volverán a repetirse en mucho tiempo.

Como el cometa Neowise, que está pasando cerca del Sol y que no se verá otra vez desde la Tierra hasta dentro de más de 6.000 años. Al menos, a simple vista o con la ayuda de unos prismáticos.

Este astro, que tiene unos 5 kilómetros de diámetro y viaja a una velocidad de más de 200.000 Km/h., se puede localizar mirando hacia el noroeste, por debajo de la constelación de la Osa Mayor, y describe una órbita tan amplia alrededor del Sol, que solo pasará una vez por nuestras vidas.

Cometa Neowise fotografiado por Jesús Manjón. La fina y recta cola es de gas y la más ancha y visible que se curva está hecha de polvo.

Por eso hay que mirar ahora al cielo, buscando su rastro, su cabeza brillante y su cola de polvo y gas, resultado de la evaporación del hielo al pasar tan cerca del Sol. Los cometas, que vienen de la nube de Oort -una estructura en forma de disco formada por partículas de hielo y gases que se encuentra más allá de la órbita de Neptuno-, son una suerte de regalo que el Universo nos ofrece cada cierto tiempo, su contemplación es algo mágico, saberlos tan cerca aun estando tan lejos se escapa a toda comprensión.

https://youtu.be/vrv8Wv1mv2o (Cometa Neowise en blanco y negro).

https://youtu.be/lPM-VKU_zAI (Cometa Neowise en falso color).

Los cometas van dejando a su paso una estela de partículas del polvo que se desintegran al entrar en la atmósfera terrestre, dando lugar a las llamadas “estrellas fugaces”, más correctamente meteoros, que son del tamaño de un grano de arroz viajando a una velocidad de 170.000 Km/h.

¿Quién no ha formulado un deseo tras ver una estrella fugaz?

Los meteoros del cometa Machholz se podrán ver mejor a finales de este mes de Julio cerca de la constelación de Acuario, de ahí que reciban el nombre de Delta Acuáridas.

En una noche despejada, con poca luz de luna o lejos de la ciudad, se llegarán a ver hasta 25 acuáridas por minuto, cifra ampliamente superada por las famosas Perseidas, cuya frecuencia es de 100 por minuto. Las Perseidas son los restos del cometa Swift-Tuttle, se pueden ver cerca de la constelación de Perseo a principios de agosto, y también se las conoce como “lágrimas de San Lorenzo”.

Pero hay más, algo que nunca pensé ver con tanta claridad en el cielo de estos días. Dos de los planetas grandes, de los gigantes gaseosos, Júpiter y Saturno, se pueden observar durante estos meses de verano a simple vista. Con unos prismáticos, se pueden ver, además, cuatro de los satélites de Júpiter (tiene descubiertas ya cerca de 80 lunas), en orden de cercanía al planeta: Io, Europa, Ganímedes y Calisto. Como puntitos brillantes que bien pudieran parecer minúsculas estrellas, pero perfectamente alineados a ambos lados del planeta, o juntos en el mismo lado. Estas lunas se quedaron para siempre orbitando alrededor de los gases que forman este gigante del Sistema Solar, el planeta más grande a 778,5 millones de Km. del Sol, del que también se puede apreciar la estructura de nubes en bandas oscuras y claras más brillantes.

El otro grande, Saturno, a casi 1.500 millones de Km. del Sol, me ha sorprendido aún más, pues con el telescopio terrestre se aprecia con claridad el anillo que lo circunda, en realidad un sistema de anillos formados por partículas que orbitan alrededor del planeta a gran velocidad. Con 62 lunas descubiertas hasta ahora, si nos fijamos bien podemos ver la más grande, Titán.

También en estos días se pueden ver Mercurio, Venus y Marte, un reto que estoy dispuesta a superar antes de que termine este verano atípico que nos impide movernos con normalidad en nuestro propio planeta, pero que nos está permitiendo viajar por el Universo sin salir de casa.

Mirar al cielo…

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Sobre el autor

“Desde siempre me gustaron los pájaros, las mariposas y las flores. También escribir cuentos para niños. Hoy les hablo a mis alumnos de los misterios de la biología, paseo por el campo cuando puedo y escribo. Creo que es esencial vivir con la naturaleza, comprender sus ciclos y seguir su ritmo. Y compartir con otras personas lo vivido.”


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