Hoy
img
Autor: pilopavila_6246
PEQUEÑO MUNDO MÁGICO
img
Pilar López Ávila | 25-12-2017 | 8:47| 0

Siempre me ha fascinado mirar a través del microscopio.

Cuando era niña, los reyes magos me trajeron un microscopio óptico que, aunque rudimentario, me tenía absorta mirando alas de mosca o pequeños granos de tierra.

Como era un microscopio que utilizaba luz natural, tenía que colocarme muy cerca de la ventana y orientar el espejo de manera que un rayito de luz atravesara el orificio de la platina donde había colocado el objeto a observar. Descubrir este pequeño mundo fue para mí algo mágico.

 

“Hallé un día un pequeño mundo mágico,

que me permitía ver el frágil polen

en el filo del estambre.

Pequeño mundo que me redimía.”

 

Desde entonces, mi afición por la microscopía ha ido en aumento gracias a que en el laboratorio del centro donde trabajo disponemos de microscopios y lupas binoculares, y lo primero que hago al empezar el curso es enseñarles a mis alumnos su manejo.

Hace poco tiempo además que contamos con una cámara que se adapta al microscopio y hace fotografías y vídeos, así que estamos inmersos en un precioso proyecto llamado Pequeño Mundo Mágico…

 

Caracol de unos 2 cm de diámetro fotografiado con la cámara que se adapta al microscopio.

Caracol de unos 2 cm de diámetro fotografiado con la cámara que se adapta al microscopio.

 

Células de la cutícula de la cebolla.

Células de la cutícula de la cebolla.

 

Células de la mucosa de la boca.

Células de la mucosa de la boca.

 

(S)Calib(1,1,1,1, 1, 1, 1); AWB(1088,1874); Info(252,850,223,0,1036,104,0)

 

Rotíferos y paramecios, estos últimos aparecen en la foto como manchas borrosas en movimiento.

Rotíferos y paramecios, estos últimos aparecen en la foto como manchas borrosas en movimiento.

 

Raíz de cabello.

Raíz de cabello humano.

 

Larva aparecida en una agalla del fruto de una amapola.

Larva aparecida en una agalla del fruto de una amapola.

 

Antes de que acabara este trimestre visitamos el Laboratorio Agrario de Cáceres y entre las muchas cosas interesantes que pudimos ver y aprender, me quedé con las imágenes de los diferentes tipos de pólenes que se pueden ver en las muestras de miel que son analizadas.

Siempre me ha gustado el polen, esos granos microscópicos en los que se encierra el germen masculino de lo que será una posible nueva planta, la mitad que le falta al óvulo para que comience a desarrollarse un embrión.

La técnico de laboratorio nos explicó que tras muchos años de dedicación y trabajo es capaz de reconocer cada tipo de polen que aparece en las muestras por su forma y tamaño: polen de diferentes especies de Cistus (jaras), polen de azahar (naranjo o limonero), eucalipto o girasol, entre otros.

 

Los granos más grandes de tonos anaranjados son de Cistus sp.

Los granos más grandes de tonos anaranjados son de Cistus sp.

 

Los granos de tono rosado son de flor de azahar.

Los granos de tono rosado son de flor de azahar.

 

Eucalipto.

Eucalipto.

 

El grano con forma estrellada que aparece en la parte superior de la imagen es de girasol.

El grano con forma estrellada que aparece en la parte superior de la imagen es de girasol.

 

Ver más allá de lo que el ojo humano ve a simple vista.

Asomarse a un mundo que se desenvuelve al mismo tiempo que el nuestro, un mundo paralelo y desconocido que está ahí esperando a ser descubierto.

Pequeño y fascinante, si no fuera real sería un mundo mágico.

 

"Bosque" de hongos en una placa de Petri.

“Bosque” de hongos en una placa de Petri.

 

 

Ver Post >
LO QUE VEO POR LAS MAÑANAS
img
Pilar López Ávila | 19-11-2017 | 6:45| 0

Lo que veo por las mañanas –estas mañanas de otoño frías pero no tanto como las de otros otoños- es una tierra seca y agostada, como si el verano se hubiera instalado permanentemente en ella a pesar de los días más cortos y las noches más largas, a pesar de que ya el sol no calienta ni tanto tiempo ni con tanta intensidad.

Lo que veo por las mañanas es una tierra agradecida a la escasa lluvia que cayó hace unas semanas, una tierra que trata de hacer germinar las semillas a pesar de la sequedad y dureza del terreno, con la amenaza de las heladas que cada día son un poco más intensas. Sólo prospera la hierba donde ha estado el ganado, el resto es pasto seco y helado.

Lo que veo por las mañanas son bandos de avefrías atravesando la carretera, con su vuelo errante, sin rumbo fijo, girando en el aire hacia un lado o hacia otro, sin saber con certeza hacia dónde van.

Veo los cormoranes que vienen de pasar la noche en el embalse de Valdesalor y se desplazan quizás en busca de otras aguas donde encontrar los peces que les servirán de sustento. Con suerte, unos pocos gansos, tan poco frecuentes como difíciles de ver.

 

grullas-2

 

Lo que veo en las amanecidas, cuando el sol nos da justo en la cara y hace brillar el asfalto de la carretera, son los bandos de grullas perfectamente alineados, volando en formación hacia los pastizales donde nos preguntamos qué comerán si no ha crecido la hierba. El único recurso que les queda para enfrentar el invierno son las bellotas caídas en el suelo.

 

grullas-1

 

A la vuelta, el cielo nos descubre a menudo el vuelo en espiral de los buitres leonados, siempre entre ellos o un poco separados uno o dos buitres negros. Bandos de hasta veinte o treinta buitres volando sobre las corrientes ascendentes del aire calentado por un sol que a esas horas no debería calentar tanto siendo la época del año que es.

 

buitres-1 buitres-2 buitres-en-carretera

 

Lo que veo por las mañanas son solitarios milanos reales volando a su antojo sobre la carretera, y a alguno a veces lanzarse en picado delante de nuestro coche sin importarle lo que arriesga, esquivando el peligro en una décima de segundo cuando todos pensamos que esta vez nos lo llevamos por delante.

Veo abubillas que parecen despistadas, gaviotas reidoras que pasan los meses más fríos en las aguas de los embalses, el río Ayuela sin agua, el blanco envés de las hojas de los álamos plateados bailando al son del viento, currucas cruzando la carretera para perderse entre las escobas de la mediana.

Lo que veo por las mañanas no quiero dejar de verlo, aunque sé que algún día dejaré de desplazarme para ir a trabajar. Entonces me acordaré de ese trayecto, de esos momentos compartidos con lo más bello de nuestra naturaleza, de los encinares cobijando la vida y de los caminos que dibujan en el aire los bandos de las grises y esbeltas grullas.

Ver Post >
LA CHARLA DE LOS ESTORNINOS
img
Pilar López Ávila | 22-10-2017 | 7:41| 0

¿Qué se contarán los estorninos posados sobre las antenas?

 

img_6826

 

En su charla atropellada es imposible distinguir la multitud de sonidos que imitan: el ruido del tráfico, el canto de un mirlo, una olla a presión que se escucha tras la ventana de una cocina…

Del Estornino Negro (Sturnus unicolor) –más conocido por tordo– solo destaca entre su negrura el pico amarillento. No es elegante ni bello. Es ruidoso y vocinglero.

Hace años que vigilo a los estorninos desde mi terraza, me gusta observarlos cuando se posan al atardecer sobre las antenas de los tejados y parecen conversar. Suelen estar agitados, nerviosos, realizan vuelos cortos y se vuelven a posar, bajan y suben por el entramado de las antenas y de repente desaparecen todos a la vez.

 

img_6825

 

“…asoman por el día a los caminos,

y callan por la noche su deseo.

Tienen fama, los bellos estorninos,

de ser más amorosos que Romeo.”

“La suerte de las aves” de Margarita Souviron.

 

No es un pájaro que me guste especialmente, pero espero impaciente la época de cría todas las primaveras, pues el piar de sus polluelos se escucha en las habitaciones superiores de mi casa. Entonces me paso largo rato observando a los adultos cebando a los pollos.

Son los estorninos excelentes insecticidas de la naturaleza. Entran al nido con el pico lleno de mantis religiosas, saltamontes y otros insectos que nos desagradan y estropean los cultivos. Los agricultores, sin embargo, no estarán muy contentos de tenerlos cerca. Los higos son su manjar preferido y pocos artificios les hacen desistir de probar su dulce pulpa.

 

img_6833   img_7303 img_7310   img_7324

 

“Veloces vuelan, van abriendo brechas,

entre las nubes que sostiene el aire,

dibujando en el cielo con donaire

escuadras de aviones como flechas…”

“La suerte de las aves” de Margarita Souviron.

 

Por cientos se cuentan al atardecer los estorninos que se desplazan a los dormideros. Al ver las inmensas bandadas negras en el cielo decíamos de pequeños que estaban de boda. Son impresionantes algunas imágenes de las figuras que dibujan en el cielo los grandes bandos de estorninos, cómo se coordinan para no chocar unos contra otros.

 

Mi cuñado Manolo me contó algo extraordinario sobre los estorninos. Hace unos días observó a un Milano Real sobre el cielo de la ciudad. Según su relato, la rapaz volaba haciendo círculos, giros, algún pequeño picado… y justo encima, pero sin molestarle, un bando de tordos haciendo todas las secuencias idénticas…¡como si estuvieran jugando!

 

Resulta simpático este pájaro que vive entre nosotros.

 

Que además de oportunista, prolífico y cosmopolita, sabe divertirse.

 

FOTO: José Luis López de la Banda por cortesía de Jacinto López Carnero.

FOTO: José Luis López de la Banda por cortesía de Jacinto López Carneros.

Ver Post >
ESPACIOS URBANOS DE BIODIVERSIDAD
img
Pilar López Ávila | 25-09-2017 | 9:03| 0

Ahora que ha terminado el verano -y vuelven a subir las temperaturas con el veranillo del membrillo- se echa de menos un baño refrescante. Los recintos donde se ubican las piscinas en nuestra ciudad son verdaderos espacios de biodiversidad.

Para los que casi no salimos fuera de vacaciones la piscina se convierte en un refugio ideal para pasar las calurosas tardes del verano cacereño.

Nada más comenzar la temporada, sobre la rama de un plátano falso se movían inquietos dos polluelos de Tórtola Turca (Streptopelia decaocto). Los adultos iban y venían mientras los observaba tumbada en la toalla, soleándome tras el baño.

El atrevido Rabilargo (Cyanopica cyanus) se posaba incluso en el respaldo de la silla, mirándome con curiosidad. A menudo se le veía en el césped buscando algún resto de comida.

La Urraca (Pica pica), sin embargo, rara vez bajaba al suelo, más ávida de buscar algún nido que tuviera huevos o algún pequeño pájaro que llevarse al pico.

La Abubilla (Upupa epops) hacía siempre el mismo recorrido: volaba desde el tejadillo donde tenía el nido, pasaba sobre las piscinas y regresaba, al cabo de un rato, sobre los cipreses, entrando de nuevo al nido con su carga de insectos para los pollos.

El Mirlo (Turdus merula) ha estado presente durante toda la temporada, en especial al atardecer cuando el recinto se despejaba de personas. Los adultos y los individuos jóvenes buscaban entre el césped alguna lombriz. A las crías se las distingue muy bien por el plumaje todavía pardusco y moteado, y el pico decolorado.

Todas las tardes sobrevolaban cinco o seis ejemplares de Cotorra de Kramer (Psittacula krameri). Este ave –originaria de África y sur de Asia- lleva instalada en nuestras ciudades desde hace varias décadas gracias a individuos cautivos que consiguieron escapar o fueron liberados, y ha colonizado los espacios verdes urbanos con mucha facilidad. Ruidosas y de vistoso plumaje verde, se hacían notar cuando pasaban por encima de los bañistas, ajenos a su algarabía. Es posible que solamente yo me fijara en ellas, con esa obsesión que tengo de mirar todo lo que vuela.

Otra especie que visitaba el recinto todas las tardes y en algunas ocasiones bastante más cerca del suelo de lo que acostumbra, era el Águila o Aguililla Calzada (Hieraaetus pennatus). Esta rapaz planea buscando las corrientes de aire caliente para elevarse en el cielo, bajando en ocasiones para estar más cerca de sus posibles presas.

 

aguililla-calzada

 

Muy cerca de ella sobrevolaba el Cernícalo Primilla (Falco naumanni), que tiene establecida una colonia en algunos de los bloques que rodean el recinto de la piscina, pues los llevo observando en el mismo lugar desde que era niña, con su agudo reclamo y su vistoso cernirse bajo el azulado cielo del verano.

La Grajilla (Corvus monedula), córvido gregario y abundante, formaba bandos muy numerosos que llenaban el aire de la tarde con sus ruidosos reclamos.

Pequeñas aves pululaban entre el césped y los arbustos del seto. El oportunista Gorrión Común (Passer domesticus), el minúsculo Mosquitero (Phylloscopus collybita), el insistente Carbonero (Parus major) con sus infinitas variedades de reclamo y el Herrerillo (Parus caeruleus) buscando bajo la corteza del plátano falso la larva de algún insecto.

Quizás el ave más sorprendente que he visto ha sido el Chochín (Troglodytes troglodytes), minúsculo pájaro –es el más pequeño de nuestra avifauna- de carácter inquieto y potente canto. De su plumaje pardo rojizo y compacto destaca la ceja de color crema que le hace inconfundible.

 

chochin

 

Al final de temporada hicieron su aparición el territorial Petirrojo (Erithacus rubecula) y el Papamoscas Gris (Muscicapa striata), este último de paso hacia sus cuarteles de invernada en el África tropical.

Al anochecer les tocaba el turno a los murciélagos. El Murciélago Común (Pipistrellus pipistrellus) se atrevía incluso a acercarse a la piscina para beber. En alguna ocasión tuvimos que sacar alguno que se acercó demasiado y cayó al agua. El gran Murciélago Ratonero Grande (Myotis myotis) salía de su escondite y daba varias vueltas rápidas antes de desaparecer en la oscuridad. Un gato atigrado se paseaba despacio por el césped, buscando al Ratón Común (Mus musculus) que algunas veces se aventuraba entre las sillas ya vacías.

No puedo olvidarme de las mariposas, la Niña Celeste (Polyommatus bellargus) que recuerdo que cuando yo era precisamente una niña revoloteaba entre los rodales de tréboles mientras buscábamos alguno de cuatro hojas. Ya no existen esos tréboles entre el césped, más duro y resistente, pero todavía hay niñas celestes.

Ni de las diferentes especies de golondrinas y aviones que bajaban a beber a la piscina dibujando ondas en el agua. El Avión Común (Delichon urbica), la Golondrina Común (Hirundo rustica) y la Golondrina dáurica (Cecropis daurica), que incluso rozaban las cabezas de los bañistas, tan intrépidas… ni siquiera me daba tiempo de que salieran en la foto, tan solo su sombra…

 

ondas

 

Avispas y moscas, molestas representantes de los insectos, hacían que la tarde no fuera a veces tan plácida como una desearía.

Resulta sorprendente la cantidad de seres vivos que conviven en este espacio urbano donde hay hierba siempre verde, agua, árboles y arbustos.

Pero lo más sorprendente, quizás, fue encontrarse una muda de saltamontes a los pies, molde perfecto del inquilino que alojó.

 

muda-de-saltamontes

 

 

 

 

 

 

 

Ver Post >
JARDINES SUBACUÁTICOS
img
Pilar López Ávila | 16-08-2017 | 7:06| 0

En los charcos intermareales, los erizos de mar excavan huecos tan profundos que se diría que nunca más van a poder salir de ellos.

 

charcos-intermareales

 

Las estrellas de mar se esconden entre las grietas de las rocas y las actinias permanecen sujetas, con los tentáculos retraídos, esperando a que suba nuevamente la marea.

 

charcos-intermareales-1

 

En algunas playas, sobre las rocas arrancadas a los acantilados por la acción continua del oleaje se forman los llamados charcos intermareales.

La zona intermareal es la que se encuentra entre la tierra y el mar, quedando sumergida durante la marea alta y emergida durante la marea baja.

El agua que queda atrapada entre las rocas durante la bajamar constituye un hábitat intermitente para algunos seres vivos que se han adaptado perfectamente a las mareas, esos cambios del nivel del mar provocados por la fuerza gravitacional que ejercen el Sol, y principalmente la Luna, sobre la Tierra.

 

charcos-intermareales-2

 

 

img_5175

 

Pequeños camarones transparentes y grupos de peces se ocultan bajo algas de colores pardos y verdes y en el fondo arenoso se pueden ver caracoles de conchas nacaradas en espiral y cangrejos semienterrados.

 

charcos-intermareales-4

 

 

charcos-intermareales-5

 

En ocasiones, una concha vacía de un mejillón yace sobre un erizo, artimaña utilizada por estos equinoideos para tratar de pasar desapercibidos.

 

charcos-intermareales-6

 

Las actinias, también llamadas anémonas de mar por la semejanza con esta flor terrestre, son pólipos marinos con tentáculos urticantes que utilizan para cazar pequeños peces. Como son sésiles, pueden fijarse a las rocas que quedan expuestas a la superficie durante la bajamar. La más común de las actinias de nuestras costas es la llamada “tomate de mar” (Actinia equina) por su semejanza con el color de este fruto. Algunas variedades pueden tener tonos ocres o amarronados.

 

charcos-intermareales-7

 

 

charcos-intermareales-8

 

Algunos crustáceos cirrípedos, como las “bellotas de mar” (Balanus perforatus) también viven fijos a las rocas y en ocasiones son tan abundantes que las cubren casi en su totalidad. Son animales muy extraños, pues siendo crustáceos no se parecen en nada a los cangrejos, por ejemplo, o a las gambas, langostinos o camarones, sino más bien a otros parientes también muy apreciados gastronómicamente y más difíciles de conseguir, los percebes. Las bellotas de mar se alimentan por filtración de partículas de alimento y son inquilinas no solo de las rocas, sino también de las conchas de los mejillones, las quillas de los barcos o la piel de las ballenas.

 

charcos-intermareales-9

 

Bajo las grietas de las rocas de los charcos intermareales quedan expuestas también las populares estrellas de mar. La especie Marthasterias glacialis es muy común, su color es amarillento y tiene el cuerpo cubierto de espículas endurecidas para protegerse del asentamiento de otros organismos como las algas. Es carroñera y carnívora, alimentándose de peces, crustáceos y otros equinodermos como los erizos de mar.

 

charcos-intermareales-10

 

Otras especies colonizan las pozas de marea: mejillones y cangrejos ermitaños, moluscos nudibranquios y esponjas, cochinillas y orejas de mar, lapas, holoturias y gusanos poliquetos.

 

charcos-intermareales-11

 

Los charcos intermareales, auténticos jardines submarinos en superficie, hacen las delicias de los amantes de la naturaleza, sobre todo de aquéllos que buscan en las playas algo más que el calor de la arena bajo las toallas o la mera contemplación, más allá de lo que alcanza la mirada, de un mar azul, brillante e infinito.

 

charcos-intermareales-12

 

 

charcos-intermareales-13

 

 

 

 

 

Ver Post >
Sobre el autor Pilar López Ávila
“Desde siempre me gustaron los pájaros, las mariposas y las flores. También escribir cuentos para niños. Hoy les hablo a mis alumnos de los misterios de la biología, paseo por el campo cuando puedo y escribo. Creo que es esencial vivir con la naturaleza, comprender sus ciclos y seguir su ritmo. Y compartir con otras personas lo vivido.”