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Autor: pilopavila_6246
CUANDO ERA NIÑA
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Pilar López Ávila | 21-02-2019 | 9:10| 0

Al abrir el libro Cuando mamá llevaba trenzas, ilustrado y escrito por Concha Pasamar, me trasladé inmediatamente a uno de tantos recuerdos de mi infancia relacionados con la naturaleza.

“Me aseguró que había renacuajos en las charcas; que había charcas en los descampados y descampados en los pueblos. Y hasta en la ciudad.”

"Cuando mamá llevaba trenzas". Concha Pasamar. Bookolia, 2018.

“Cuando mamá llevaba trenzas”. Concha Pasamar. Bookolia, 2018.

Cuando era niña jugaba todas las tardes en la calle con los amigos del barrio.

Los fines de semana nos dejaban ir en bicicleta al Parque del Príncipe.

Le pusimos nombre a todos los lugares del parque que fueron escenarios de nuestras andanzas: Los Chopos Silenciosos, el Museo de las Palmeras, la Roca de los Enamorados, el Jardín de los Sauces Llorones…

En el arroyo de Aguas Vivas, que recorre el parque, había ranas y tritones. Nos dedicábamos a coger tritones para mirarlos un rato, nos encantaba su vientre anaranjado, sus pequeños ojos, la forma tan patosa de moverse fuera del agua. Llegué a diseccionar alguno en casa, ya por entonces apuntaba mi curiosidad científica.

Tritón ibérico.

Tritón ibérico.

En los márgenes del arroyo crecían el hinojo y la hierbabuena y unas plantas que sabían a limón y que llamábamos simplemente “hojas de limón”. Todo nos lo llevábamos a la boca, lo probábamos, no teníamos miedos ni aprensiones.

En el Parque del Príncipe había un almendro inmenso que se cargaba de flores si febrero no venía demasiado frío.

Almendro en flor.

 

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Almendro en flor.

Los chopos nos mandaban callar cuando hacía viento, y los hacíamos caso para escuchar el rumor del aire entre sus hojas. Entre abril y mayo se llenaban el suelo y el agua de las pelusas de los chopos. Parecía que había nevado y no era más que la semilla de estos árboles que viaja envuelta en estas pelusas blancas que todo lo invaden.

Nos escondíamos entre las ramas colgantes de los sauces llorones, a mí me parecía que estaba en un jardín japonés, con el rumor del agua y la hierba bajo los pies, me recordaba a las películas clásicas que veíamos los sábados en la sobremesa.

Cuando era niña me sentía libre y feliz, despreocupada, pendiente de jugar y disfrutar de todo lo que me rodeaba, y lo que más me gustaba era el contacto con la naturaleza.

Aún sigo paseando por el Parque del Príncipe.

Busco los picapinos, agateadores, las anémonas.

Busco los lirios negros que vi en una ocasión, tan raros, tan fuera de lugar. Flores de Jordania.

Fernando Durán los fotografió y sé que Juan Ramos también anda buscándolos, pues es en esta época cuando florecen.

Lirios Negros.

Lirios Negros.

Todavía hay tiempo para sorprenderse, a pesar de los años, de los recuerdos de épocas pasadas.

Tiempo para sentir los lugares en los que tanto disfruté cuando era una niña.

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TIEMPO DE MIRLOS
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Pilar López Ávila | 20-01-2019 | 6:02| 0

Me doy cuenta de que los días están cambiando, no solo porque la luz llega antes por las mañanas y tarda un poco más en irse por las tardes, sino por los mirlos.

 

Joana Santacans (Vida, editorial Bridge).

Joana Santacans (Vida, Editorial Bridge, 2016).

 

Los mirlos (Turdus merula) nos acompañan durante todo el año, se les puede ver fácilmente en los jardines revolviendo la hojarasca del suelo, buscando lombrices bajo la tierra, dando saltos para esconderse bajo un seto cuando alguien los mira.

Pero es ahora, en este tiempo de invierno, en el frío de las mañanas y con las primeras luces, cuando empieza a oírse su canto. Y es el canto del mirlo, aflautado y sonoro, emitido desde una cornisa o sobre la rama de un árbol, lo primero que escucho al abrir la ventana, al salir a la calle, incluso por encima del ruido del tráfico. Tan potente suena la llamada del mirlo que domina los sonidos de la ciudad.

 

Lars Jonsson (Winter Birds, editorial Bloomsbury).

Lars Jonsson (Winter Birds, Editorial Bloomsbury, 2017).

 

Lars Jonsson (Winter birds, editorial Bloomsbury, 2017).

Diferencias entre la hembra y el macho del Mirlo Común. Lars Jonsson (Winter birds, Editorial Bloomsbury, 2017).

 

Quizás no sea la más bella de las aves, ese plumaje funesto y el sonido de alarma que emite cuando intuye algún peligro, puede desagradar a algunas personas que ven en este pájaro un oportunista, osado viandante de las aceras caminando a veces tan cerca de nosotros que no parece temernos.

 

Ana Salguero (ilustración para el calendario 2019).

Ana Salguero (ilustración para el calendario 2019).

 

Es ahora cuando empiezan a hacer sus nidos, son aves madrugadoras en la reproducción, desafiando al frío y a la escasez de alimentos. He visto nidos de mirlos sobre las ramas de árboles desnudos, sin hojas para resguardar a las crías de las bajas temperaturas o de la mirada interesada de los depredadores. Y he visto mirlos sacando lombrices de los bordes de las aceras, donde nadie pudiera pensar que estarían ocultas.

 

 

John Gould (Las aves de Europa de John Gould, editorial Bibliothèque de l'image).

John Gould (Las aves de Europa de John Gould, Editorial Bibliothèque de l’image, 2000).

 

Edith Holden (La felicidad de vivir con la naturaleza, editorial Blume).

Edith Holden (La felicidad de vivir con la naturaleza, Editorial Blume, 1984).

 

Por eso los admiro, y porque vuelan bajito casi a ras de las aceras, doblando las esquinas, desapareciendo como por arte de magia para encontrarse de nuevo contigo al otro lado del paso de cebra, mirando curiosos para mostrarte el borde amarillo de sus ojos, sin recato.

 

Terence Lambert (Pájaros de bosque y de jardín, Ediciones Mensajero).

Terence Lambert (Pájaros de bosque y de jardín, Ediciones Mensajero, 1976).

 

Lars Jonsson (Birds and light. The art of Lars Jonsson, editorial Helm).

Lars Jonsson (Birds and light. The art of Lars Jonsson, Editorial Helm, 2002).

 

Me gustan los mirlos porque empiezan a cantar justo en el momento en que espero con incertidumbre lo que está por venir

 

Canto del mirlo al atardecer: https://www.youtube.com/watch?v=7dEieBvtogE

Canto del mirlo y sonidos de la ciudad: https://www.youtube.com/watch?v=HCutboqIkdk

 

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FUNGOS MUNDI
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Pilar López Ávila | 07-12-2018 | 8:27| 0

Dentro del Reino de los hongos (Reino Fungi), el filo basidiomicetos forma esporocarpos que contienen las esporas, y que conocemos vulgarmente con el nombre de setas.

Estos hongos son pluricelulares, aunque sus células no forman tejidos sino estructuras denominadas hifas que se reúnen para formar un micelio que crece bajo la tierra y puede ocupar una gran extensión de terreno.

De esta manera, setas de la misma especie que emergen alejadas entre sí pueden pertenecer al mismo micelio.

 

Corro de brujas

Corro de brujas

 

Son muchas y diversas las especies de setas que se pueden encontrar en esta época del año en nuestros campos.

Hay que conocerlas bien para no cometer errores en el caso de que las recolectemos para uso gastronómico.

Las setas tienen varias partes que pueden ayudarnos a distinguirlas: el sombrero, el himenio (parte inferior del sombrero donde están las esporas), el pedicelo o pie, el anillo (que puede aparecer alrededor del pie) y la volva (en la base del pie).

El Champiñón silvestre (Agaricus campestris) tiene en el sombrero pequeñas escamas, y no conviene confundirlo con el Champiñón amarilleante (Agaricus xanthoderma) cuyo sombrero amarillea al frotarlo y es tóxico.

 

Agaricus campestris

Agaricus campestris

 

Agaricus xanthoderma

Agaricus xanthoderma

 

Dentro del género Amanita hay muchas especies, algunas excelentes comestibles pero otras tóxicas e incluso mortales.

Amanita caesarea, también llamada “huevo de rey” por su forma emergida antes de que se abra el sombrerillo, recibe también el nombre de “seta de los emperadores”, y es excelente como comestible, incluso en crudo, cortada en láminas finísimas con un poco de aceite y sal. También es comestible Amanita rubescens.

 

Amanita rubescens

Amanita rubescens

 

Amanita caesarea

Amanita caesareaamanita-caesarea-1

 

Son tóxicas, sin embargo, Amanita muscaria (la típica “seta de los enanitos”) y Amanita pantherina; de sabor desagradable Amanita citrina; y mortales Amanita phalloides y Amanita verna.

 

Amanita muscaria (Cortesía de Mª José Rodrigo Cobos)

Amanita muscaria (Cortesía de Mª José Rodrigo Cobos).

 

Amanita phalloides

Amanita phalloides

 

Amanita pantherina

Amanita pantherina

 

La especie Macrolepiota procera, llamada Parasol, es comestible, y es mejor recolectarla cuando se ha abierto completamente ya que en este momento, al tener el sombrero muy grande (no conviene recolectarla con un sombrero menor a 10 cm. de diámetro), se puede distinguir de las del género Lepiota (como Lepiota helveola) que lo tienen más pequeño y además son tóxicas.

 

Macrolepiota procera

Macrolepiota procera

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Lepiota helveola

Lepiota helveola

 

No podemos dejar de citar al género Boletus, con diversas especies cuyo himenio tiene poros a diferencia de las comentadas anteriormente que lo presentan con láminas. Algunas especies son buenas comestibles, como Boletus edulis, Boletus aereus o Boletus fragans (cuya carne azulea al contacto con el aire), y otras son tóxicas, como Boletus satanas.

 

Boletus fragans

Boletus fragans

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No todas las setas tienen la típica forma de sombrerillo, no hay más que observar las especies Ramaria formosa, Tremella mesenterica, Clavariadelphus pistillaris o Ganoderma lucidum (que se comercializa por sus propiedades medicinales).

 

Ramaria formosa

Ramaria formosa

 

Tremella mesenterica

Tremella mesenterica

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Clavariadelphus pistillaris

Clavariadelphus pistillaris

 

Ganoderma lucidum

Ganoderma lucidum

 

No caben en esta entrada todas las especies de hongos con setas porque sería demasiado larga, pero sí algunas fotos más para apreciar su variedad y la razón de que su mundo sea fascinante.

 

Coprinus picaceus (Cortesía de Manuel Romero)

Coprinus picaceus (Cortesía de Manuel Romero).

 

Gymnopilus spectabilis

Gymnopilus spectabilis

 

Phalus impudicus (Cortesía de Rosa Gómez Gardeñas)

Phalus impudicus (Cortesía de Rosa Gómez Gardeñas, observada en el Corral del Toro, Sierra de Fuentes).

 

Género Micena (en una maceta).

Género Micena (en una maceta).

(La mayoría de fotografías de setas pertenecen a la exposición organizada por Julio Rodríguez Masa en el laboratorio del IES Norba Caesarina, para dar a conocer al alumnado el Fungos mundi).

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FLUORESCENCIA MINERAL
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Pilar López Ávila | 04-11-2018 | 12:58| 0

Tuve la suerte de regresar hace unos días al Geoparque Villuercas-Ibores-La Jara, concretamente a la mina Costanaza, en Logrosán, con el alumnado de mi nuevo centro. Hace un par de cursos la visité por primera vez y ya me causó una grata impresión, tanto las instalaciones del antiguo laboratorio y el museo de minerales y fósiles, como las galerías de la propia mina.

 

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La extracción de fosforita de la mina Costanaza dejó de ser productiva a mediados del siglo pasado cuando empezaron a explotarse otros yacimientos ricos en fosfatos y alejados de estas tierras (bajo las arenas del desierto del Sáhara). Y no solo por eso, sino porque el transporte de los fosfatos desde Logrosán a Cáceres (donde se unían a los extraídos de las minas de Aldea Moret y eran trasladados a la fábrica de abonos de Mirat en Salamanca) resultaba más costosa que los beneficios que iba a producir la venta del mineral. Porque el tren nunca llegó a Logrosán. ¡Cuántas veces he caminado por la vía verde sin raíles que llega a Guadalupe por encima del viaducto!

Así, el filón de fosforita quedó enterrado bajo la tierra y hoy en día la mina Costanaza se puede visitar gracias a la reconstrucción del Pozo María y de sus dos primeros niveles que se encuentran a unos 10 metros de profundidad (del total de 210 metros y 14 niveles que tiene la mina).

 

Filón de fosforita en el segundo nivel.

Filón de fosforita en el segundo nivel.

 

Musgo creciendo sobre el filón gracias a la luz artificial del foco.

Musgo creciendo sobre el filón gracias a la luz artificial del foco.

 

La novedad en esta ocasión fue la “sala oscura de los minerales”, inaugurada durante el pasado verano, y en la que se puede ver una exposición de minerales que emiten fluorescencia cuando son iluminados por luz ultravioleta.

 

Minerales bajo luz natural.

Minerales bajo luz natural.

 

Minerales bajo la luz ultravioleta.

Minerales bajo la luz ultravioleta.

 

Todos los minerales tienen la capacidad de reflejar la luz. Eso es lo que los hace visibles al ojo humano. Algunos minerales tienen una interesante propiedad física conocida como “fluorescencia”. Estos minerales tienen la capacidad de absorber temporalmente una pequeña cantidad de luz y una versión posterior instantánea una pequeña cantidad de luz de una longitud de onda diferente. Este cambio en la longitud de onda provoca un cambio de color temporal del mineral en el ojo de un observador humano.
El cambio de color de los minerales fluorescentes es más espectacular cuando están iluminados en la oscuridad por la luz ultravioleta (que no es visible para los seres humanos) y liberan a la luz visible. 

https://www.forodeminerales.com/2015/05/los-minerales-fluorescentes.html

 

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La mina Costanaza se puede visitar a nivel particular, solamente hay que reservar día y hora. Los guías está muy bien preparados y harán que la visita sea inolvidable.

Si la visita se hace durante la mañana, el resto del día se puede completar con otros geositios del Geoparque, como la cueva Chiquita o de Álvarez cerca de Cañamero, a la vera del Ruecas, donde se pueden contemplar interesantes pinturas rupestres esquemáticas del Calcolítico de hace unos 3.500 años.

 

Río Ruecas, afluente del Guadiana, a su paso cerca de Cañamero.

Río Ruecas, afluente del Guadiana, a su paso cerca de Cañamero.

 

Cuarcitas armoricanas del Ordovícico (Era Paleozoica) que forman abrigos naturales.

Cuarcitas armoricanas del Ordovícico (Era Paleozoica) que forman abrigos naturales.

 

El Geoparque ofrece tantos lugares de interés, que bien vale reservar más de un fin de semana para recorrer algunos de ellos.

 

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RECUERDOS DEL VERANO
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Pilar López Ávila | 23-09-2018 | 1:35| 0

No lo parece, pero estamos otra vez en otoño. Las estaciones se suceden sin solución de continuidad aunque nos hayamos empeñado en acotarlas y marcar sus inicios y finales.

El equinoccio de otoño tuvo lugar aproximadamente a las cuatro de la madrugada de este domingo, 23 de septiembre.

Curiosamente, me he despertado esta noche en torno a esa hora, pero no he pensado en el otoño sino en la ausencia de brisa fresca entrando por la ventana y en el calor que hacía en la habitación.

Se resiste el verano a abandonar la estación y puede que todavía aguante un poco más.

Echando la vista atrás y rebuscando entre las fotos de cuando todavía estaba de vacaciones, han aparecido los caballitos del diablo.

 

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A mediados de agosto hicimos un viaje muy breve a la sierra de Francia, al sur de la provincia de Salamanca, frontera natural con Las Hurdes extremeñas.

Las piscinas naturales que se forman con los numerosos arroyos que nutren a los ríos Alagón, Francia y Cuerpo de Hombre, son abundantes en esta sierra. Bañarse en las aguas heladas de alguna de ellas y disfrutar de su entorno en plena naturaleza es uno de los mayores placeres del verano.

Lo sigue siendo para mí, sus aguas frías y cristalinas ofrecen un baño reparador, relajante y beneficioso para la salud. Aunque es cierto que en los últimos tiempos las piscinas naturales están saturadas de personas que huyen del calor o que buscan ese reducto de paz que ofrece siempre la naturaleza.

 

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En la piscina de Villanueva del Conde, huyendo del gentío, quisimos buscar aguas arriba algún remanso del arroyo en el que poder sentarnos a remojar los pies.

Encontramos una poza no muy profunda en la que no había nadie.

Sobre el agua y brillando con el sol, multitud de ditiscos se movían incesantemente. Cerca de ellos los zapateros, patinando en la superficie gracias al reparto de peso entre sus patas para no romper la fina película de agua.

La sorpresa llegó volando.

En forma de caballito del diablo, de iridiscentes colores verde oscuro y azul cobalto.

El caballito del diablo es un insecto del Orden Odonatos que pertenece al Suborden Zygoptera. Parecido a las libélulas, se diferencia de ellas, entre otras características, por la posición vertical de las alas.

Las hembras son de color verde con alas marrones y los machos son azules con alas del mismo color que al plegarse parecen negruzcas.

La especie Calopteryx virgo vive cerca de pequeños arroyos de aguas frías y limpias.

Tienen costumbre los caballitos del diablo de posarse al sol en alguna rama cerca del agua, al acecho de pequeñas moscas que cazan al vuelo, para regresar de nuevo al mismo lugar.

Sentadas en la poza con los pies en remojo, los caballitos comenzaron posándose en nuestras rodillas.

Un rato después, los teníamos sobre los dedos extendidos de nuestras manos, utilizándolos de posaderos desde los que se lanzaban a por las presas y regresaban para dar buena cuenta de ellas.

 

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Pasamos así un buen rato, maravilladas con este suceso extraordinario, los caballitos del diablo posándose sobre nuestros dedos como si nada, muy cerca de nuestros ojos abiertos y sorprendidos, bajo el aire de nuestras exclamaciones.

¡Qué felicidad!

No todos los días se le posa a una un caballito del diablo, azul cobalto, en los dedos de las manos.

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Sobre el autor Pilar López Ávila
“Desde siempre me gustaron los pájaros, las mariposas y las flores. También escribir cuentos para niños. Hoy les hablo a mis alumnos de los misterios de la biología, paseo por el campo cuando puedo y escribo. Creo que es esencial vivir con la naturaleza, comprender sus ciclos y seguir su ritmo. Y compartir con otras personas lo vivido.”