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Venecia
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Gonzalo Pérez | 18-04-2017 | 08:11

Salir de Milán no fue sencillo, pero salí y conseguí dirigirme hacia Venecia. Me llevó un marroquí que llevaba asentado en Italia veinte años.

Antes de llegar a Venecia pasamos por un pueblito precioso llamado Dolo. Este señor no paraba de decirme que me quería invitar a comer y yo agradecido ya por el transporte, no paraba de decirle que no era necesario.

Finalmente paramos para tomar algo. Hablando con los camareros me comentaron que ese fin de semana hacían el carnaval en aquel lugar. Me aconsejaron quedarme y yo lo hice sin pensarlo.

Buscando wifi por el pueblo para ver si encontraba alguien que me hospedase, encontré a un chico muy dicharachero que no solo me dejó conectarme a su wifi, si no que también me quería invitar a comer y conocer la historia de mi viaje. Mientras charlaba con el en un bar, conseguí que alguien me hospedase.

Vinieron a por mi una pareja encantadora. El era dibujante de comic y ella diseñaba nuevos fármacos. El era un máquina y ella a de mas de ser un cielo de mujer, tenía ojos con la forma de los finlandeses. Yo me sentía agustísimo con ellos.

Después de cenar con esta parejaza, fui a dormir temprano. Quería ver Venecia y resistir con honores un carnaval de pueblo del norte italiano.

En mi último día vi a una dulce Venecia y disfruté de un carnaval inolvidable, fue una noche de reguetón y gané por goleada. Ya solo me quedan ver tres de los grandes carnavales del mundo.

En el pueblo encontré a dos chicas que hacían el voluntariado europeo. Me contaron que se tuvieron que cerrar el Facebook porque en sus pueblos la gente les decían que ellas no eran voluntarias, que ellas recibían dinero. Y que les ponían hacer trabajos que no eran de sus proyectos. Yo les dije que en España pasa lo mismo y que yo cuando fui voluntario me hacían lo mismo.

Salí con pena del país, de Italia me gusta todo, me gusta su sur, su comida y su gente. De su norte me gusta su calma y su poca emocionalidad. Los italianos son una gente genial.

Cuando de nuevo me puse en marcha hacia Eslovenia encontré una pareja que me llevó a Trieste. El era comercial y ella era su novia que lo acompañaba para conocer el norte del país. Hablaban muy buen inglés y eran dos chicos realmente simpáticos.

Triste es una ciudad costera del Adriático, merece la pena darse un paseo por allá.

Sobre el autor Gonzalo Pérez
Gonzalo Pérez Chávez es un joven que nació en Badajoz. Es optimista, aventurero, deportista y curioso. Siente la necesidad de conectar con las diversas realidades que existen en el mundo tras algunos proyectos por Europa.