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Fecha: mayo, 2017
Eslovaquia
Gonzalo Pérez 14-05-2017 | 12:29 | 0

Fue duro hacer dedo en Eslovaquia, quizá uno de los puntos en los que mas he acampado en la carretera y donde mas he esperado a que parasen coches.

Tuve la suerte de que después de dos días avanzando muy poco, un conductor parase y me transportase durante un largo recorrido. Era un jugador de hockey profesional, me contó que le habían dado una beca para estudiar en Estados Unidos y por eso había vivido allí ocho años. Hablaba muy bien inglés y era muy abierto. Por lo visto le habían destrozado la espalada en un encontronazo y se había vuelto a casa para emprender algún negocio.

Me dijo que quería que tuviese un buen recuerdo de la gente de Eslovaquia y no paró de insistirme en que me quería pagar un tren para que llegase a mi destino. Después de todo acepté… el niño era un miura, todo perfecto, todo sonrisa, todo genial.

Llegué un día tarde a la casa donde me hospedaría ya que en el tren una persona me invitó a quedarme a dormir en su casa y acepté.
Al día siguiente llegué a mi destino y me hospedó la que era la directiva de una gran multinacional. Durante cinco días me tenía organizados meetings con profesores, hijos de amigos, estudiantes, gente de la compañía y amigos. Fui asta un colegio. Ella quería que le contase la historia de mi viaje a toda esta gente para que les aportase otra perspectiva.

Por lo visto contaba que la zona era muy deprimida y estas experiencias podían venir muy bien. Yo quedé un poco cansado por todo aquello, pero fueron cinco días de no parar de comer en restaurantes y sitios excelentes. Su casa era perfecta y ella una de esas personas con la que estoy seguro que me volveré a encontrar.

Yo les recomendé a todos que fuera cual fuese el programa con el que viajasen, o si lo hacían de manera autónoma, tuviesen cuidado con lo que publicaban en internet. Hablando con mi anfitriona le conté que en mitad de mi erasmus me cerré el Facebook por problemas de gente que se metía en mi vida… la última que tuve antes de salir a este viaje fue el encuentro con la madre de una ex que me preguntaba por el dinero de cuando me fui de erasmus.

Yo les dije a todos los chavales que aprovechasen en un viaje así para pedirles dinero a sus tíos, abuelos y resto de familiares por que puede ser la mejor experiencia de su vida.

Para mi este país es la clara prueba de que no importa donde estés, sino con quien, para pasarlo bien.

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Hungría
Gonzalo Pérez 07-05-2017 | 12:13 | 0

Llegué en la noche a Budapest. Allí tenía que encontrar a una chica que me hospedaría por un par de días. Cuando logré encontrar la casa, me di cuenta que estaba en una de las zonas mas opulentas de la ciudad.

Su casa era una maravilla, un chalet situado en una colina cerca del centro. Nada mas llegar me impresionó la decoración zen del jardín. Cenando con ellos me contaron que habían viajado mucho a Japón, parecía que ellos sentían una gran atracción por aquella cultura. Yo les dije que había leído un par de libros sobre sus religiones y que a mi también me parecía muy interesante.

La mayor parte del tiempo la pasé hablando con la madre de esta chica. La niña no me hacía mucho caso y era un poco desagradable. Su madre me dijo que habitualmente no era así, que no sabían porque hacía eso. Su hermana me comentó que era la primera vez que dejaba dormir un chico en casa. Me adapté a la situación y dejé que fluyera, eso me permitió estar a mi aire y dormir allí asta el viernes.

Me fui a visitar la ciudad y le comenté de salir de fiesta alguna noche. Ella me dijo que si salía de fiesta tendría que irme a otro sitio, ya que a ella le gustaba acostarse temprano. Entonces llegó el sábado y yo busqué un hostel para poder salir.

Allí conocí a un conocido bloguero de fiesta americano. Se dedicaba a darle la vuelta al mundo describiendo lugares de fiesta y contando lo que vivía. Yo igual afino un poco todo esto y hago algo parecido con la gurumelada.
Se estaba recuperando de un mal rollo que se comió hace poco y de un largo periodo de tiempo saliendo. Pero conseguí liarlo para salir y también a unas chicas alemanas que visitaban la ciudad y que allí dormían ese día.

Visitamos el centro de la ciudad por la noche y bailamos tomándonos unas ricas cervezas. El bloguero americano era muy vistoso haciendo todo lo que hacía, un tipo curioso, se le daba bien aquello, yo disfrutaba solo viéndolo, su sueño era ingresar en la academia de los SEALS. Me contó acerca de la fiesta americana, por lo visto por la gran tenencia de armas de la población, la no muy efectiva inclusión social de diferentes grupos y la problemática con las drogas, hacían que, desde su punto de vista, Europa tuviera mejor marcha. Cuando llegue lo veré… Había escuchado hablar cosas así antes sobre aquella cultura. Seguro que también tienen un montón de cosas buenas que aprender.

Por último, Budapest es una ciudad preciosa.

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Croacia.
Gonzalo Pérez 01-05-2017 | 10:35 | 0

Llegué a Zagreb temprano, en una soleada y florida tarde de primavera. Me dejaron justo al lado de unos lagos, donde había mucha gente haciendo deporte y paseando. Después de descansar cerca de la orilla de uno de uno de estos grandes charcos, me perdí por la ciudad hasta que la persona que me hospedaba llegó.

Me hice amigo de una chica americana que había estudiado psicología y se dedicaba al desarrollo de programas de couch directivo. Era budista, artista y también daba clases de yoga, casi me apunto a una de sus lecciones, era una tía increible.
Después de hablar con ella toda la tarde, me costó lo suyo irme a dormir a casa de la otra persona… Pero como ya me había comprometido, no podía romper mi palabra.

Hablando me dijo que le costaba mucho entender lo que pasaba en Grecia, yo le dije que a mi también, le conté que cuando yo viví allí ya estaba la cosa caliente con los inmigrantes. Incluso la gente de izquierdas decían que trabajaban por poco dinero… Aun que nunca sabes lo que puedes creer en aquel pais de lo que te dicen.

Si el pecado capital de España es la envidia, el de Grecia es el engaño. Como la virtud de España es la fiesta y la alegría y de Grecia la hospitalidad. Yo cuando viví allí, durante dos años no pagué una cerveza. Son las características culturales que por suerte, de lo bueno y lo malo, hacen los paises diferentes y especiales.

A nosotros nos metieron una chica que venía de otra universidad y la lio parda. Pero es que los griegos son así, siempre que pueden, ayudan.
Aunque yo escuché algunas veces, que de Europa solo les mandaban a los malos expedientes que le daban mala reputación a sus universidades y que encima se comian su comida. Decían estar cansados, viven una situacion muy dificil.

Despues de todo esto llegué a casa de mi host, en la que vivían cinco gatos, en mitad de la noche, sufrí una crisis de asma y gracias a que tenía unas pastillas y inhaladores muy fuertes, si no, me termino pinchando.

En la mañana me piré y después de terminar de ver la ciudad, intenté poner rumbo a Budapest. Pero una tormenta tremenda, el sueño, el mal cuerpo, un lio con los tranvías y un bendito señor que cuando ya estaba en un punto perfecto para que me montara alguien, me llevó de vuelta al centro de la ciudad por un mal entendido… Hicieron que en lugar de volver a levantar el dedo, me fuera a tomar una birra a un famoso euro hostel del que había escuchado hablar. Allí sabía que encontraría gente chachi.

Me hice amigo de un chaval que casualmente también solía hospedar gente. Al final con las risas me invitó a dormir en su casa y yo acepté sin pensarlo.
Triunfé, tenía un apartamento solo para la gente que hospedaba, parecía que su familia tenía una economía muy potente. Y afortunadamente me hizo participe de su riqueza, dejándome vivir en su propiedad por unos días.

Antes de irnos a dormir, acordamos salir juntos en la mañana, al irse el a trabajar. Cuando me desperté, muy temprano, estaba lloviendo, hacía viento y frio y le dije que si me podía quedar un día mas allí. El estudio tenía una atmosfera muy confortable, estaba muy bien decorado y me apetecía quedarme escribiendo.

Pregunté, me dejó y me fui a dormir otra vez. Pasé el día allí y en la tarde compré unas zapatillas, ya que las que yo tenía me estaban destrozando los pies. La pena, que asta que domé estas, me hicieron aún mas daño, pues la calidad no era muy buena.

Me llamó en la tarde para decirme que me quedase el tiempo que quisiera, que no volvería en unos días, y que cuando me fuera tirase de la puerta. Así hice antes de poner rumbo a Hungría.

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Sobre el autor Gonzalo Pérez
Gonzalo Pérez Chávez es un joven que nació en Badajoz. Es optimista, aventurero, deportista y curioso. Siente la necesidad de conectar con las diversas realidades que existen en el mundo tras algunos proyectos por Europa.