Hoy

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Croacia.
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Gonzalo Pérez | 05-06-2017 | 07:22

Llegué a Zagreb temprano, en una soleada y florida tarde de primavera. Me dejaron justo al lado de unos lagos, donde había mucha gente haciendo deporte y paseando. Después de descansar cerca de la orilla de uno de uno de estos grandes charcos, me perdí por la ciudad hasta que la persona que me hospedaba llegó.

Me hice amigo de una chica americana que había estudiado psicología y se dedicaba al desarrollo de programas de couch directivo. Era budista, artista y también daba clases de yoga, casi me apunto a una de sus lecciones, era una tía increible.
Después de hablar con ella toda la tarde, me costó lo suyo irme a dormir a casa de la otra persona… Pero como ya me había comprometido, no podía romper mi palabra.

Hablando me dijo que le costaba mucho entender lo que pasaba en Grecia, yo le dije que a mi también, le conté que cuando yo viví allí ya estaba la cosa caliente con los inmigrantes. Incluso la gente de izquierdas decían que trabajaban por poco dinero… Aun que nunca sabes lo que puedes creer en aquel pais de lo que te dicen.

Si el pecado capital de España es la envidia, el de Grecia es el engaño. Como la virtud de España es la fiesta y la alegría y de Grecia la hospitalidad. Yo cuando viví allí, durante dos años no pagué una cerveza. Son las características culturales que por suerte, de lo bueno y lo malo, hacen los paises diferentes y especiales.

A nosotros nos metieron una chica que venía de otra universidad y la lio parda. Pero es que los griegos son así, siempre que pueden, ayudan.
Aunque yo escuché algunas veces, que de Europa solo les mandaban a los malos expedientes que le daban mala reputación a sus universidades y que encima se comian su comida. Decían estar cansados, viven una situacion muy dificil.

Despues de todo esto llegué a casa de mi host, en la que vivían cinco gatos, en mitad de la noche, sufrí una crisis de asma y gracias a que tenía unas pastillas y inhaladores muy fuertes, si no, me termino pinchando.

En la mañana me piré y después de terminar de ver la ciudad, intenté poner rumbo a Budapest. Pero una tormenta tremenda, el sueño, el mal cuerpo, un lio con los tranvías y un bendito señor que cuando ya estaba en un punto perfecto para que me montara alguien, me llevó de vuelta al centro de la ciudad por un mal entendido… Hicieron que en lugar de volver a levantar el dedo, me fuera a tomar una birra a un famoso euro hostel del que había escuchado hablar. Allí sabía que encontraría gente chachi.

Me hice amigo de un chaval que casualmente también solía hospedar gente. Al final con las risas me invitó a dormir en su casa y yo acepté sin pensarlo.
Triunfé, tenía un apartamento solo para la gente que hospedaba, parecía que su familia tenía una economía muy potente. Y afortunadamente me hizo participe de su riqueza, dejándome vivir en su propiedad por unos días.

Antes de irnos a dormir, acordamos salir juntos en la mañana, al irse el a trabajar. Cuando me desperté, muy temprano, estaba lloviendo, hacía viento y frio y le dije que si me podía quedar un día mas allí. El estudio tenía una atmosfera muy confortable, estaba muy bien decorado y me apetecía quedarme escribiendo.

Pregunté, me dejó y me fui a dormir otra vez. Pasé el día allí y en la tarde compré unas zapatillas, ya que las que yo tenía me estaban destrozando los pies. La pena, que asta que domé estas, me hicieron aún mas daño, pues la calidad no era muy buena.

Me llamó en la tarde para decirme que me quedase el tiempo que quisiera, que no volvería en unos días, y que cuando me fuera tirase de la puerta. Así hice antes de poner rumbo a Hungría.

Sobre el autor Gonzalo Pérez
Gonzalo Pérez Chávez es un joven que nació en Badajoz. Es optimista, aventurero, deportista y curioso. Siente la necesidad de conectar con las diversas realidades que existen en el mundo tras algunos proyectos por Europa.