Hoy

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Autor: gonzaloperezchavez_81610
Milán
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Gonzalo Pérez | 13-04-2017 | 10:02| 0

Poco a poco voy avanzando y me voy alejando de España. Gracias a las nuevas tecnologías, sigo en contacto con familiares y amigos. También sigo recibiendo información por emails de noticias del mundo y otras cosas.
Extrañamente estos días he recibido información sobre cursos de formación para ser pastelero y decorador de interiores… A de mas de una oferta de empleo para ser camarero. Pero lo mas extraño ha sido tener noticias de una persona que hospedé este verano y que me preguntó de pronto, si estoy trabajando…

De Mónaco me llevó un angoleño hasta cerca de Milano, no hablamos mucho. El viaje fue especial por que fui escuchando la música de su país. No era la primera vez que lo hacía, pero volver a escucharla fue muy agradable. Desde la costa hasta Milán hay unas vistas preciosas, ver los Alpes nevados no tiene precio.

Me dejó a cien kilómetros de Milán, hice noche en un descampado cerca de la autopista con mi tienda. Calló una buena en la madrugada que me hizo tirar de la sábana térmica por el frío.

Tenía ganas de llegar a Milán para darle un poco de descanso a mi dolorido hombro. Necesitaba una buena ducha, un buen afeitado, lavar la ropa y cargar baterías.

En la tarde llegué a la casa de Cristina, una Italiana del norte con acento español de argentina. Su madre era del sur de Italia, de Nápoles, tierra de la piza y limonchelo. El motivo por el que hablaba nuestra lengua era el haber tenido un novio argentino. Ella se fue a vivir a Argentina durante tres años.

El primer día me dio de desayunar su madre ya que ella se fue a trabajar en la mañana. Me sacó 5 paquetes de galletas y me explicó los ingredientes de cada de las galletas. Yo escogí cuatro digestivas, dos con frutos secos y una de huevo y mantequilla. Era una madre Napolitana, absolutamente mediterránea. Su padre había militado en el partido comunista italiano y no sé porque me lo hizo saber desde el primer momento. Yo no hice ninguna broma al respecto…

En la mañana marché a pasear por el centro de la ciudad. Disfruté de La Última Cena, la catedral y la fortaleza. Cuando llegué exhausto a su casa, me presentaron a una nueva pareja de viajeros, a los que también hospedaría. Dos argentinos, padre y hija.

Cenamos todos juntos, el contó que era panadero y como pequeño empresario puso a caldo a la antigua presidenta. Estaba muy indignado con su país, no paraba de contarnos todo lo malo… a mi me calló fenomenal. La hija era de izquierdas y decía todo lo contrario al padre, me calló aún mejor y me causaba aun mas simpatía.

Entre todo esto la madre de Cristina, la napolitana, no paraba de traernos comida, decirnos como teníamos que comerla y a que tiempo. A mi finalmente me hizo un té, cuando saqué la bolsita del vaso y la deposité en el plato, rápidamente me dijo: – ¡ Así no!. Entonces me la volvió a meter en el vaso, enrolló la bolsita en la cucharilla, la estrujó y me dijo: ¡ Así!. Toda una personaje, me enamoró.

Al día siguiente fui a ver de nuevo la catedral y el castillo con los argentinos. No paraban de discutir sobre cuando ir de compras, los problemas de argentina y sus cosas personales. Con ellos me daba igual Milán, no paraba de reírme y disfrutar con sus preocupaciones. Aquel drama tenía algo de gracioso… yo sabía que ellos eran personas afortunadas en aquel país.

En la tarde cambié de casa y me hospedó una chica en su pequeño estudio. Vivía con otras dos niñas mas y me dijo que no era muy experta en couchsurfing. Le interesaba empezar a hospedar gente porque preparaba un gran viaje y necesitaba un buen perfil. Me dijo que sus compis no eran muy partidarias de esto y que le echara una mano.

Yo me lo curré con un arroz con setas de por allí, no era la gurumelada, pero quedó bueno. Me las gané a base de bien. Creo que cumplí y ella quedó contenta… ¡ MILANO, MILANO!

Al día siguiente me enseñaron sus universidades. Estudiaban cosas muy creativas y me gustó el ambiente que allí tenían. No encontré a ningún altanero, ni me hicieron ninguna encerrona y tampoco me intentaron engañar.
Fue una gran experiencia.

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Francia 2
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Gonzalo Pérez | 08-04-2017 | 8:29| 0

Marsella me la enseñó la chica que me hospedaba, una monísima francesita que parecía italiana del sur por como movía las manos. Tomamos unas cervezas con unos amigos suyos que no paraban de pegarse, hacer guarrerías y meterse mano. Estaban locos perdidos y yo terminé asustado y muerto de la risa. Cuando se marcharon fuimos a ver la ciudad, me recordó un poco a Lisboa por su aire decadente. El cual me encanta.

La salida de Marsella fue un poco dura, después de empaparme una gran tromba de agua, me atropelló una moto que pretendía mojarme con un derrape en un parque. Encima cuando le ayude a levantarse me hice daño en el hombro. Quería seguir haciendo autostop, pero en un bajón usé Blablacar.

Me llevo a Niza, allí me hospedaron dos chicas que vivían en un estudio muy chiquitito. Lo que me llamó la atención de ellas fue su confianza. Sin apenas conocerme, me dieron las llaves de su casa y se fueron a la uni.

Paseé por la ciudad y me sorprendieron las esculturas de Jaume Plensa. En Niza se puede dar una vuelta por un malecón bien lindo.

A la salida de Niza se puso a diluviar y me tuve que refugiar en un Mg. Donals. No pude salir de el hasta las once de la noche.

Entonces ya era tarde para seguir haciendo autostop y puse la tienda en un callejón al lado de un camión de snaks. A eso de las doce me hizo salir de la tienda el sonido de una pala y las voces del dueño del camión de snaks que venía abrirlo. Pala en mano me dijo que harían una fiesta pronto.

No me di cuenta que estaba en un barrio muy conflictivo y que se avecinaba una buena. Llegaron los chicos y todos empezaron hacerme preguntas y intentar hablar conmigo. Al rato me dijeron que me podía quedar, que no pasaría nada, pero yo pensé que lo mejor era plegar, tomarme algo con ellos y montar en otra parte.

El dueño del camión era un gran barman, no le faltaba de nada para su fiesta me apunté un par de recetas. Hacía los cockteles como los marineros.

Así hice, me ofrecieron algunos de sus garajes y me prometieron que nadie me haría nada, ya que ellos conocían a todo el barrio. ¡Eran unos macarras! No me cayeron mal. Uno de ellos terminó escribiendo la receta de la paella de la gurumelada por pesado.

A la mañana siguiente me llevaron asta Mónaco, me pasaron un par de historias que no voy a contar y puse rumbo a Milán.

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Francia 1
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Gonzalo Pérez | 04-04-2017 | 5:21| 0

Después de estos días en Barcelona, la reconozco como una de las capitales del Mundo.

Salir de la ciudad me costó lo suyo. Una vez llegué a un área de servicio, encontré un camión que me llevo asta un pueblecito de Francia. El camionero era un rumano ultra religioso ortodoxo que no paraba de decir sandeces. No era mala gente, creo que pasaba demasiado tiempo fuera de su casa y no veía mucho a sus hijos y su mujer. Me contó que los quería mucho. Yo le conté que conocía la Celebracion ortodoxa y que me llamó la atención su cadencia oriental.

Lo primero que hice en el pueblo al que me llevó, fue tomarme una caña bien fría con unos chavales con los que contacté en el camino. Me enseñaron el casco antiguo y hablando con ellos percibí el actual conflicto que existía contra la comunidad musulmana y gitana que allí habitaba.

Mas tardé me dirigí hacia la casa de la persona que me dejó dormir en una de sus camas. Encontré a una joven madre con la que disfruté de la cocina local y el famoso vino de la provincia. Su niño era un pillo que no paraba de enseñarme todas las cosas de su casa. El estaba muy contento por mi visita y yo feliz por aquella situación. Me contó que uno de sus gatos había sido atropellado hace pocas semanas.

Después de cenar el canijo se acostó y nosotros fuimos a bailar a unas clases de danza. Si en Barcelona flipé por lo que conocí, lo que me deparó aquella clase fue aun mejor. Otra grata sorpresa con la que todos terminamos a besos y abrazos. Sabía que un pueblecito de Francia, no me dejaría mal sabor de boca.

Después de esta clase volvimos a encender su confortable chimenea y charlamos de muchas cosas. Me contó que lo estaba dejando ya que había pasado una juventud muy intensa y me habló también de los problemas con su niño en la escuela. Decían que era inquieto y querían medicarlo como hiperactivo… Tenía ocho años y hablaba casi tres lenguas. Cuando vuelva de este viaje espero volver a ver a esta madre y su hijo de tan buen fondo. Como no se ande con ojo lo van a volver un pieza.

A la mañana siguiente partí rumbo a Marsella. En la primera parte del viaje me paró un señor que trabajaba como vendedor. Hablando con el entendí que también estaba muy preocupado por la actual situación con los musulmanes. Creo que unas elecciones políticas y la recesión económica lo complican todo. Conocí a muchos franceses en mi vida que eran gente abierta y de buen corazón. Pero siete millones de musulmanes reclamando derechos religiosos parece que tensan la relacióń con los locales.

La segunda parte la hice en el coche mas lujoso en el que jamás me monté, el mercedes de un musulmán francés. Que digan lo que quieran de los moros, pero a mi después de los austriacos, me parece la gente mas exquisita del mundo, a pesar de las muchas diferencias culturales con las que no estoy de acuerdo.

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Barcelona.
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Gonzalo Pérez | 01-04-2017 | 5:07| 0

Salimos de Zaragoza en bus y a lo lejos de carambola vimos una gasolinera cerca de la autopista. Volvimos a preguntar quien nos llevaba a Barcelona y tuvimos la potra de encontrar a una amigable pareja que sin dudarlo nos montó en el coche.

En la gran ciudad nos esperaba un colega con el que contacté unos días antes para dormir en su casa. El gustosamente accedió a hospedarnos y también a hacernos de guía.

Barcelona es una ciudad de la que siempre había oído hablar cosas fantásticas. No solo de la cantidad de artistas internacionales que la alaban en sus creaciones, si no por la gran simpatía que despierta sus indudables encantos a las personas que la visitan. Yo estaba inquieto por descubrir algunos de sus tesoros y sabía que con mi anfitrión podría encontrarlos.

Nada mas llegar nos invitó a unas actuaciones con las que quedé totalmente sorprendido. Después disfrutamos de una exquisita pero simple cena en su casa. Para mi lo mejor era estar con una persona tan interesante.

Al día siguiente nos levantamos tranquilamente para dar una vuelta y en la tarde me invitó a un recital poético que jamás olvidaré. Por la originalidad en su forma y por la autenticidad de la gente que participó. En ellos había mucha pasión, uno lo hacia en una lengua que ni entendia, pero su gesto lo decia todo.

Al día siguiente me invitó a una clase abierta en una escuela con la que creo entender porque Barcelona es una ciudad tan querida por tantos internacionales. Tal vez fuese por el ambito artistico que trataban, pero aquella forma de plantear el arte me enamoró, me sentí arropado.

En poco días disfruté de su apertura y me hizo sentir su carácter. Quiero volver allí.

La chica que me acompañaba se fue el primer día, decía que no hacíamos buena pareja… la abrace y au! La verdad que era una persona que no paraba de hacer comentarios que yo que sé. Creo que volveremos a encontrarnos en algún punto del trayecto.

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Salida.
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Gonzalo Pérez | 27-03-2017 | 1:43| 0

¡ Y por fin salgo!

Salir fue difícil, dar el paso definitivo fue complejo. Pero me empujó la ilusión y la locura de todas las aventuras que viviré en este camino.

En Madrid encontré a una compañera que se apuntó a mi viaje después de leer unos anuncios que escribí en diferentes foros. Hablamos durante un tiempo y a pesar de que yo no tenía todas conmigo de que fuera a ser una buena compi de mochila, le comenté de intentarlo juntos.

Desde Madrid fuimos asta Guadalajara y después de estar preguntando hora y media en una gasolinera a todo bicho viviente que si nos llevaba hacia Barcelona, encontramos a unos tipos que se dirigían asta Cuenca. Así que a Cuenca fuimos y hicimos noche en un pueblo cerca de aquella ciudad.

A la mañana siguiente aprendimos la importancia de dormir en un punto frecuentado por coches… Después de dos horas de espera y no pasar ni un alma por la carretera para ir hacia la costa, una chica nos dijo que conducía hacia Guadalajara. Inteligentemente volvimos allí y fuimos a Zaragoza.

Allí nos hospedó una chica encantadora que conocí este verano cuando vivía en mejor no voy a decir donde. Cenamos todo muy bio y todo muy sano: de lo lindo. Intentamos salvar el mundo con una maravillosa conversación y después de esto, yo por lo menos dormí, como un cachorrito chico después de ser amamantado.

Al día siguiente nos enseñaron a una preciosa Zaragoza para partir satisfechos por nuestros primeros pasos a Barcelona.

VIAJAR ES REGRESAR.

Viajar es marcharse de casa
es dejar los amigos
es intentar volar.
Volar conociendo otras ramas
recorriendo caminos
es intentar cambiar.

Viajar es vestirse de loco
es decir “no me importa”
es querer regresar.
Regresar valorando lo poco
saboreando una copa
es desear empezar.

Viajar es sentirse poeta
escribir una carta
es querer abrazar.
Abrazar al llegar a una puerta
añorando la calma
es dejarse besar.

Viajar es volverse mundano
es conocer otra gente
es volver a empezar.
Empezar extendiendo la mano
aprendiendo del fuerte
es sentir soledad.

Viajar es marcharse de casa
es vestirse de loco
diciendo todo y nada con una postal.
Es dormir en otra cama
sentir que el tiempo es corto
viajar es regresar.

Gabriel García Márquez

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Sobre el autor Gonzalo Pérez
Gonzalo Pérez Chávez es un joven que nació en Badajoz. Es optimista, aventurero, deportista y curioso. Siente la necesidad de conectar con las diversas realidades que existen en el mundo tras algunos proyectos por Europa.