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Eslovaquia

Fue duro hacer dedo en Eslovaquia, quizá uno de los puntos en los que mas he acampado en la carretera y donde mas he esperado a que parasen coches.

Tuve la suerte de que después de dos días avanzando muy poco, un conductor parase y me transportase durante un largo recorrido. Era un jugador de hockey profesional, me contó que le habían dado una beca para estudiar en Estados Unidos y por eso había vivido allí ocho años. Hablaba muy bien inglés y era muy abierto. Por lo visto le habían destrozado la espalada en un encontronazo y se había vuelto a casa para emprender algún negocio.

Me dijo que quería que tuviese un buen recuerdo de la gente de Eslovaquia y no paró de insistirme en que me quería pagar un tren para que llegase a mi destino. Después de todo acepté… el niño era un miura, todo perfecto, todo sonrisa, todo genial.

Llegué un día tarde a la casa donde me hospedaría ya que en el tren una persona me invitó a quedarme a dormir en su casa y acepté.
Al día siguiente llegué a mi destino y me hospedó la que era la directiva de una gran multinacional. Durante cinco días me tenía organizados meetings con profesores, hijos de amigos, estudiantes, gente de la compañía y amigos. Fui asta un colegio. Ella quería que le contase la historia de mi viaje a toda esta gente para que les aportase otra perspectiva.

Por lo visto contaba que la zona era muy deprimida y estas experiencias podían venir muy bien. Yo quedé un poco cansado por todo aquello, pero fueron cinco días de no parar de comer en restaurantes y sitios excelentes. Su casa era perfecta y ella una de esas personas con la que estoy seguro que me volveré a encontrar.

Yo les recomendé a todos que fuera cual fuese el programa con el que viajasen, o si lo hacían de manera autónoma, tuviesen cuidado con lo que publicaban en internet. Hablando con mi anfitriona le conté que en mitad de mi erasmus me cerré el Facebook por problemas de gente que se metía en mi vida… la última que tuve antes de salir a este viaje fue el encuentro con la madre de una ex que me preguntaba por el dinero de cuando me fui de erasmus.

Yo les dije a todos los chavales que aprovechasen en un viaje así para pedirles dinero a sus tíos, abuelos y resto de familiares por que puede ser la mejor experiencia de su vida.

Para mi este país es la clara prueba de que no importa donde estés, sino con quien, para pasarlo bien.

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Hungría

Llegué en la noche a Budapest. Allí tenía que encontrar a una chica que me hospedaría por un par de días. Cuando logré encontrar la casa, me di cuenta que estaba en una de las zonas mas opulentas de la ciudad.

Su casa era una maravilla, un chalet situado en una colina cerca del centro. Nada mas llegar me impresionó la decoración zen del jardín. Cenando con ellos me contaron que habían viajado mucho a Japón, parecía que ellos sentían una gran atracción por aquella cultura. Yo les dije que había leído un par de libros sobre sus religiones y que a mi también me parecía muy interesante.

La mayor parte del tiempo la pasé hablando con la madre de esta chica. La niña no me hacía mucho caso y era un poco desagradable. Su madre me dijo que habitualmente no era así, que no sabían porque hacía eso. Su hermana me comentó que era la primera vez que dejaba dormir un chico en casa. Me adapté a la situación y dejé que fluyera, eso me permitió estar a mi aire y dormir allí asta el viernes.

Me fui a visitar la ciudad y le comenté de salir de fiesta alguna noche. Ella me dijo que si salía de fiesta tendría que irme a otro sitio, ya que a ella le gustaba acostarse temprano. Entonces llegó el sábado y yo busqué un hostel para poder salir.

Allí conocí a un conocido bloguero de fiesta americano. Se dedicaba a darle la vuelta al mundo describiendo lugares de fiesta y contando lo que vivía. Yo igual afino un poco todo esto y hago algo parecido con la gurumelada.
Se estaba recuperando de un mal rollo que se comió hace poco y de un largo periodo de tiempo saliendo. Pero conseguí liarlo para salir y también a unas chicas alemanas que visitaban la ciudad y que allí dormían ese día.

Visitamos el centro de la ciudad por la noche y bailamos tomándonos unas ricas cervezas. El bloguero americano era muy vistoso haciendo todo lo que hacía, un tipo curioso, se le daba bien aquello, yo disfrutaba solo viéndolo, su sueño era ingresar en la academia de los SEALS. Me contó acerca de la fiesta americana, por lo visto por la gran tenencia de armas de la población, la no muy efectiva inclusión social de diferentes grupos y la problemática con las drogas, hacían que, desde su punto de vista, Europa tuviera mejor marcha. Cuando llegue lo veré… Había escuchado hablar cosas así antes sobre aquella cultura. Seguro que también tienen un montón de cosas buenas que aprender.

Por último, Budapest es una ciudad preciosa.

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Croacia.

Llegué a Zagreb temprano, en una soleada y florida tarde de primavera. Me dejaron justo al lado de unos lagos, donde había mucha gente haciendo deporte y paseando. Después de descansar cerca de la orilla de uno de uno de estos grandes charcos, me perdí por la ciudad hasta que la persona que me hospedaba llegó.

Me hice amigo de una chica americana que había estudiado psicología y se dedicaba al desarrollo de programas de couch directivo. Era budista, artista y también daba clases de yoga, casi me apunto a una de sus lecciones, era una tía increible.
Después de hablar con ella toda la tarde, me costó lo suyo irme a dormir a casa de la otra persona… Pero como ya me había comprometido, no podía romper mi palabra.

Hablando me dijo que le costaba mucho entender lo que pasaba en Grecia, yo le dije que a mi también, le conté que cuando yo viví allí ya estaba la cosa caliente con los inmigrantes. Incluso la gente de izquierdas decían que trabajaban por poco dinero… Aun que nunca sabes lo que puedes creer en aquel pais de lo que te dicen.

Si el pecado capital de España es la envidia, el de Grecia es el engaño. Como la virtud de España es la fiesta y la alegría y de Grecia la hospitalidad. Yo cuando viví allí, durante dos años no pagué una cerveza. Son las características culturales que por suerte, de lo bueno y lo malo, hacen los paises diferentes y especiales.

A nosotros nos metieron una chica que venía de otra universidad y la lio parda. Pero es que los griegos son así, siempre que pueden, ayudan.
Aunque yo escuché algunas veces, que de Europa solo les mandaban a los malos expedientes que le daban mala reputación a sus universidades y que encima se comian su comida. Decían estar cansados, viven una situacion muy dificil.

Despues de todo esto llegué a casa de mi host, en la que vivían cinco gatos, en mitad de la noche, sufrí una crisis de asma y gracias a que tenía unas pastillas y inhaladores muy fuertes, si no, me termino pinchando.

En la mañana me piré y después de terminar de ver la ciudad, intenté poner rumbo a Budapest. Pero una tormenta tremenda, el sueño, el mal cuerpo, un lio con los tranvías y un bendito señor que cuando ya estaba en un punto perfecto para que me montara alguien, me llevó de vuelta al centro de la ciudad por un mal entendido… Hicieron que en lugar de volver a levantar el dedo, me fuera a tomar una birra a un famoso euro hostel del que había escuchado hablar. Allí sabía que encontraría gente chachi.

Me hice amigo de un chaval que casualmente también solía hospedar gente. Al final con las risas me invitó a dormir en su casa y yo acepté sin pensarlo.
Triunfé, tenía un apartamento solo para la gente que hospedaba, parecía que su familia tenía una economía muy potente. Y afortunadamente me hizo participe de su riqueza, dejándome vivir en su propiedad por unos días.

Antes de irnos a dormir, acordamos salir juntos en la mañana, al irse el a trabajar. Cuando me desperté, muy temprano, estaba lloviendo, hacía viento y frio y le dije que si me podía quedar un día mas allí. El estudio tenía una atmosfera muy confortable, estaba muy bien decorado y me apetecía quedarme escribiendo.

Pregunté, me dejó y me fui a dormir otra vez. Pasé el día allí y en la tarde compré unas zapatillas, ya que las que yo tenía me estaban destrozando los pies. La pena, que asta que domé estas, me hicieron aún mas daño, pues la calidad no era muy buena.

Me llamó en la tarde para decirme que me quedase el tiempo que quisiera, que no volvería en unos días, y que cuando me fuera tirase de la puerta. Así hice antes de poner rumbo a Hungría.

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Eslovenia

En Trieste llegué asta una carretera muy apartada de todo y que daba un poco de miedo. Por ella pasaba un coche cada quince minutos. Conseguí parar a un auto levantando las manos y pidiendo: un momento por favor.

Los conductores eran de Lubiania, se fueron a dar un paseíto de tarde a Italia. No queda lejos, unos cien kilómetros. Fui con ellos a Trieste de nuevo y mientras ellos paseaban, fui hacer unas compras.

Cuando todos terminamos, volvimos a Lubiania. Yo quedé dormido en el coche por las horas de sueño acumuladas y ellos humildemente me dejaron dormir sin hablarme.

Llegamos y me acercaron a la estación. Enseguida me conecté al wifi del que está dotado el centro de la ciudad y contacté con la persona que me dejaría dormir en su casa. No me contestó asta pasadas tres horas, así que yo me puse a tontear un rato.

Cuando conseguí encontrar su casa y que alguien me abriera la puerta del portal, me conecté a su wifi. Tenía hospedadas a otras chicas de Turquía. La verdad que estas no eran muy simpáticas y no hablaban mucho… igual es que estaban cansadas, porque yo conocí a muchas turcas y eran lo mejor. Entonces me di una ducha y monté mi chiringuito para descansar en el salón.

En la mañana las chicas se fueron temprano, el dueño de la casa las acompañó y volvió a la hora. Me preparó un desayuno de campeonato, con una presentación envidiable y un producto superior. Desayunamos a eso de las ocho y no volví a comer asta las tres. El era una gran cocinero y mejor mochilero.

Después de esto fuimos a dar un paseo por el centro de la ciudad. Lubiania es el claro ejemplo de como una capital de trescientos mil habitantes puede ser cuca y acogedora sin un gasto espantoso. Tiene unas calles de cuento, unas zonas originales, no, lo siguiente y unos rincones para enamorar a cualquiera.
Y sobre todo una gente guapa y no tan guapa, pero que arreglada eran resultonas, que en cuanto preguntas lo que sea, con una sonrisa sincera te prestaban su ayuda.

Esto es de agradecer, yo he vivido en paises que incluso los rubios se teñian el pelo de moreno por miedo a que le hicieran algo. Y otros que por ser guapo te intentaban llevar de putas y drogas y denigraban publicamente. Paises donde si te pillan con drogas, tienes pena de muerte o cadena perpetua.

Intenté quedarme unos días mas, pero nadie me hospedó… así que partí a Croacia por una carretera perfecta para levantar el dedo, en la que no tardaron nada en pillarme y empezar nueva una aventura.

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Venecia

Salir de Milán no fue sencillo, pero salí y conseguí dirigirme hacia Venecia. Me llevó un marroquí que llevaba asentado en Italia veinte años.

Antes de llegar a Venecia pasamos por un pueblito precioso llamado Dolo. Este señor no paraba de decirme que me quería invitar a comer y yo agradecido ya por el transporte, no paraba de decirle que no era necesario.

Finalmente paramos para tomar algo. Hablando con los camareros me comentaron que ese fin de semana hacían el carnaval en aquel lugar. Me aconsejaron quedarme y yo lo hice sin pensarlo.

Buscando wifi por el pueblo para ver si encontraba alguien que me hospedase, encontré a un chico muy dicharachero que no solo me dejó conectarme a su wifi, si no que también me quería invitar a comer y conocer la historia de mi viaje. Mientras charlaba con el en un bar, conseguí que alguien me hospedase.

Vinieron a por mi una pareja encantadora. El era dibujante de comic y ella diseñaba nuevos fármacos. El era un máquina y ella a de mas de ser un cielo de mujer, tenía ojos con la forma de los finlandeses. Yo me sentía agustísimo con ellos.

Después de cenar con esta parejaza, fui a dormir temprano. Quería ver Venecia y resistir con honores un carnaval de pueblo del norte italiano.

En mi último día vi a una dulce Venecia y disfruté de un carnaval inolvidable, fue una noche de reguetón y gané por goleada. Ya solo me quedan ver tres de los grandes carnavales del mundo.

En el pueblo encontré a dos chicas que hacían el voluntariado europeo. Me contaron que se tuvieron que cerrar el Facebook porque en sus pueblos la gente les decían que ellas no eran voluntarias, que ellas recibían dinero. Y que les ponían hacer trabajos que no eran de sus proyectos. Yo les dije que en España pasa lo mismo y que yo cuando fui voluntario me hacían lo mismo.

Salí con pena del país, de Italia me gusta todo, me gusta su sur, su comida y su gente. De su norte me gusta su calma y su poca emocionalidad. Los italianos son una gente genial.

Cuando de nuevo me puse en marcha hacia Eslovenia encontré una pareja que me llevó a Trieste. El era comercial y ella era su novia que lo acompañaba para conocer el norte del país. Hablaban muy buen inglés y eran dos chicos realmente simpáticos.

Triste es una ciudad costera del Adriático, merece la pena darse un paseo por allá.

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Milán

Poco a poco voy avanzando y me voy alejando de España. Gracias a las nuevas tecnologías, sigo en contacto con familiares y amigos. También sigo recibiendo información por emails de noticias del mundo y otras cosas.
Extrañamente estos días he recibido información sobre cursos de formación para ser pastelero y decorador de interiores… A de mas de una oferta de empleo para ser camarero. Pero lo mas extraño ha sido tener noticias de una persona que hospedé este verano y que me preguntó de pronto, si estoy trabajando…

De Mónaco me llevó un angoleño hasta cerca de Milano, no hablamos mucho. El viaje fue especial por que fui escuchando la música de su país. No era la primera vez que lo hacía, pero volver a escucharla fue muy agradable. Desde la costa hasta Milán hay unas vistas preciosas, ver los Alpes nevados no tiene precio.

Me dejó a cien kilómetros de Milán, hice noche en un descampado cerca de la autopista con mi tienda. Calló una buena en la madrugada que me hizo tirar de la sábana térmica por el frío.

Tenía ganas de llegar a Milán para darle un poco de descanso a mi dolorido hombro. Necesitaba una buena ducha, un buen afeitado, lavar la ropa y cargar baterías.

En la tarde llegué a la casa de Cristina, una Italiana del norte con acento español de argentina. Su madre era del sur de Italia, de Nápoles, tierra de la piza y limonchelo. El motivo por el que hablaba nuestra lengua era el haber tenido un novio argentino. Ella se fue a vivir a Argentina durante tres años.

El primer día me dio de desayunar su madre ya que ella se fue a trabajar en la mañana. Me sacó 5 paquetes de galletas y me explicó los ingredientes de cada de las galletas. Yo escogí cuatro digestivas, dos con frutos secos y una de huevo y mantequilla. Era una madre Napolitana, absolutamente mediterránea. Su padre había militado en el partido comunista italiano y no sé porque me lo hizo saber desde el primer momento. Yo no hice ninguna broma al respecto…

En la mañana marché a pasear por el centro de la ciudad. Disfruté de La Última Cena, la catedral y la fortaleza. Cuando llegué exhausto a su casa, me presentaron a una nueva pareja de viajeros, a los que también hospedaría. Dos argentinos, padre y hija.

Cenamos todos juntos, el contó que era panadero y como pequeño empresario puso a caldo a la antigua presidenta. Estaba muy indignado con su país, no paraba de contarnos todo lo malo… a mi me calló fenomenal. La hija era de izquierdas y decía todo lo contrario al padre, me calló aún mejor y me causaba aun mas simpatía.

Entre todo esto la madre de Cristina, la napolitana, no paraba de traernos comida, decirnos como teníamos que comerla y a que tiempo. A mi finalmente me hizo un té, cuando saqué la bolsita del vaso y la deposité en el plato, rápidamente me dijo: – ¡ Así no!. Entonces me la volvió a meter en el vaso, enrolló la bolsita en la cucharilla, la estrujó y me dijo: ¡ Así!. Toda una personaje, me enamoró.

Al día siguiente fui a ver de nuevo la catedral y el castillo con los argentinos. No paraban de discutir sobre cuando ir de compras, los problemas de argentina y sus cosas personales. Con ellos me daba igual Milán, no paraba de reírme y disfrutar con sus preocupaciones. Aquel drama tenía algo de gracioso… yo sabía que ellos eran personas afortunadas en aquel país.

En la tarde cambié de casa y me hospedó una chica en su pequeño estudio. Vivía con otras dos niñas mas y me dijo que no era muy experta en couchsurfing. Le interesaba empezar a hospedar gente porque preparaba un gran viaje y necesitaba un buen perfil. Me dijo que sus compis no eran muy partidarias de esto y que le echara una mano.

Yo me lo curré con un arroz con setas de por allí, no era la gurumelada, pero quedó bueno. Me las gané a base de bien. Creo que cumplí y ella quedó contenta… ¡ MILANO, MILANO!

Al día siguiente me enseñaron sus universidades. Estudiaban cosas muy creativas y me gustó el ambiente que allí tenían. No encontré a ningún altanero, ni me hicieron ninguna encerrona y tampoco me intentaron engañar.
Fue una gran experiencia.

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Sobre el autor Gonzalo Pérez
Gonzalo Pérez Chávez es un joven que nació en Badajoz. Es optimista, aventurero, deportista y curioso. Siente la necesidad de conectar con las diversas realidades que existen en el mundo tras algunos proyectos por Europa.