Hoy

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Eslovenia
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Gonzalo Pérez | 24-04-2017 | 15:20| 0

En Trieste llegué asta una carretera muy apartada de todo y que daba un poco de miedo. Por ella pasaba un coche cada quince minutos. Conseguí parar a un auto levantando las manos y pidiendo: un momento por favor.

Los conductores eran de Lubiania, se fueron a dar un paseíto de tarde a Italia. No queda lejos, unos cien kilómetros. Fui con ellos a Trieste de nuevo y mientras ellos paseaban, fui hacer unas compras.

Cuando todos terminamos, volvimos a Lubiania. Yo quedé dormido en el coche por las horas de sueño acumuladas y ellos humildemente me dejaron dormir sin hablarme.

Llegamos y me acercaron a la estación. Enseguida me conecté al wifi del que está dotado el centro de la ciudad y contacté con la persona que me dejaría dormir en su casa. No me contestó asta pasadas tres horas, así que yo me puse a tontear un rato.

Cuando conseguí encontrar su casa y que alguien me abriera la puerta del portal, me conecté a su wifi. Tenía hospedadas a otras chicas de Turquía. La verdad que estas no eran muy simpáticas y no hablaban mucho… igual es que estaban cansadas, porque yo conocí a muchas turcas y eran lo mejor. Entonces me di una ducha y monté mi chiringuito para descansar en el salón.

En la mañana las chicas se fueron temprano, el dueño de la casa las acompañó y volvió a la hora. Me preparó un desayuno de campeonato, con una presentación envidiable y un producto superior. Desayunamos a eso de las ocho y no volví a comer asta las tres. El era una gran cocinero y mejor mochilero.

Después de esto fuimos a dar un paseo por el centro de la ciudad. Lubiania es el claro ejemplo de como una capital de trescientos mil habitantes puede ser cuca y acogedora sin un gasto espantoso. Tiene unas calles de cuento, unas zonas originales, no, lo siguiente y unos rincones para enamorar a cualquiera.
Y sobre todo una gente guapa y no tan guapa, pero que arreglada eran resultonas, que en cuanto preguntas lo que sea, con una sonrisa sincera te prestaban su ayuda.

Esto es de agradecer, yo he vivido en paises que incluso los rubios se teñian el pelo de moreno por miedo a que le hicieran algo. Y otros que por ser guapo te intentaban llevar de putas y drogas y denigraban publicamente. Paises donde si te pillan con drogas, tienes pena de muerte o cadena perpetua.

Intenté quedarme unos días mas, pero nadie me hospedó… así que partí a Croacia por una carretera perfecta para levantar el dedo, en la que no tardaron nada en pillarme y empezar nueva una aventura.

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Venecia
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Gonzalo Pérez | 18-04-2017 | 08:11| 0

Salir de Milán no fue sencillo, pero salí y conseguí dirigirme hacia Venecia. Me llevó un marroquí que llevaba asentado en Italia veinte años.

Antes de llegar a Venecia pasamos por un pueblito precioso llamado Dolo. Este señor no paraba de decirme que me quería invitar a comer y yo agradecido ya por el transporte, no paraba de decirle que no era necesario.

Finalmente paramos para tomar algo. Hablando con los camareros me comentaron que ese fin de semana hacían el carnaval en aquel lugar. Me aconsejaron quedarme y yo lo hice sin pensarlo.

Buscando wifi por el pueblo para ver si encontraba alguien que me hospedase, encontré a un chico muy dicharachero que no solo me dejó conectarme a su wifi, si no que también me quería invitar a comer y conocer la historia de mi viaje. Mientras charlaba con el en un bar, conseguí que alguien me hospedase.

Vinieron a por mi una pareja encantadora. El era dibujante de comic y ella diseñaba nuevos fármacos. El era un máquina y ella a de mas de ser un cielo de mujer, tenía ojos con la forma de los finlandeses. Yo me sentía agustísimo con ellos.

Después de cenar con esta parejaza, fui a dormir temprano. Quería ver Venecia y resistir con honores un carnaval de pueblo del norte italiano.

En mi último día vi a una dulce Venecia y disfruté de un carnaval inolvidable, fue una noche de reguetón y gané por goleada. Ya solo me quedan ver tres de los grandes carnavales del mundo.

En el pueblo encontré a dos chicas que hacían el voluntariado europeo. Me contaron que se tuvieron que cerrar el Facebook porque en sus pueblos la gente les decían que ellas no eran voluntarias, que ellas recibían dinero. Y que les ponían hacer trabajos que no eran de sus proyectos. Yo les dije que en España pasa lo mismo y que yo cuando fui voluntario me hacían lo mismo.

Salí con pena del país, de Italia me gusta todo, me gusta su sur, su comida y su gente. De su norte me gusta su calma y su poca emocionalidad. Los italianos son una gente genial.

Cuando de nuevo me puse en marcha hacia Eslovenia encontré una pareja que me llevó a Trieste. El era comercial y ella era su novia que lo acompañaba para conocer el norte del país. Hablaban muy buen inglés y eran dos chicos realmente simpáticos.

Triste es una ciudad costera del Adriático, merece la pena darse un paseo por allá.

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Milán
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Gonzalo Pérez | 13-04-2017 | 08:02| 0

Poco a poco voy avanzando y me voy alejando de España. Gracias a las nuevas tecnologías, sigo en contacto con familiares y amigos. También sigo recibiendo información por emails de noticias del mundo y otras cosas.
Extrañamente estos días he recibido información sobre cursos de formación para ser pastelero y decorador de interiores… A de mas de una oferta de empleo para ser camarero. Pero lo mas extraño ha sido tener noticias de una persona que hospedé este verano y que me preguntó de pronto, si estoy trabajando…

De Mónaco me llevó un angoleño hasta cerca de Milano, no hablamos mucho. El viaje fue especial por que fui escuchando la música de su país. No era la primera vez que lo hacía, pero volver a escucharla fue muy agradable. Desde la costa hasta Milán hay unas vistas preciosas, ver los Alpes nevados no tiene precio.

Me dejó a cien kilómetros de Milán, hice noche en un descampado cerca de la autopista con mi tienda. Calló una buena en la madrugada que me hizo tirar de la sábana térmica por el frío.

Tenía ganas de llegar a Milán para darle un poco de descanso a mi dolorido hombro. Necesitaba una buena ducha, un buen afeitado, lavar la ropa y cargar baterías.

En la tarde llegué a la casa de Cristina, una Italiana del norte con acento español de argentina. Su madre era del sur de Italia, de Nápoles, tierra de la piza y limonchelo. El motivo por el que hablaba nuestra lengua era el haber tenido un novio argentino. Ella se fue a vivir a Argentina durante tres años.

El primer día me dio de desayunar su madre ya que ella se fue a trabajar en la mañana. Me sacó 5 paquetes de galletas y me explicó los ingredientes de cada de las galletas. Yo escogí cuatro digestivas, dos con frutos secos y una de huevo y mantequilla. Era una madre Napolitana, absolutamente mediterránea. Su padre había militado en el partido comunista italiano y no sé porque me lo hizo saber desde el primer momento. Yo no hice ninguna broma al respecto…

En la mañana marché a pasear por el centro de la ciudad. Disfruté de La Última Cena, la catedral y la fortaleza. Cuando llegué exhausto a su casa, me presentaron a una nueva pareja de viajeros, a los que también hospedaría. Dos argentinos, padre y hija.

Cenamos todos juntos, el contó que era panadero y como pequeño empresario puso a caldo a la antigua presidenta. Estaba muy indignado con su país, no paraba de contarnos todo lo malo… a mi me calló fenomenal. La hija era de izquierdas y decía todo lo contrario al padre, me calló aún mejor y me causaba aun mas simpatía.

Entre todo esto la madre de Cristina, la napolitana, no paraba de traernos comida, decirnos como teníamos que comerla y a que tiempo. A mi finalmente me hizo un té, cuando saqué la bolsita del vaso y la deposité en el plato, rápidamente me dijo: – ¡ Así no!. Entonces me la volvió a meter en el vaso, enrolló la bolsita en la cucharilla, la estrujó y me dijo: ¡ Así!. Toda una personaje, me enamoró.

Al día siguiente fui a ver de nuevo la catedral y el castillo con los argentinos. No paraban de discutir sobre cuando ir de compras, los problemas de argentina y sus cosas personales. Con ellos me daba igual Milán, no paraba de reírme y disfrutar con sus preocupaciones. Aquel drama tenía algo de gracioso… yo sabía que ellos eran personas afortunadas en aquel país.

En la tarde cambié de casa y me hospedó una chica en su pequeño estudio. Vivía con otras dos niñas mas y me dijo que no era muy experta en couchsurfing. Le interesaba empezar a hospedar gente porque preparaba un gran viaje y necesitaba un buen perfil. Me dijo que sus compis no eran muy partidarias de esto y que le echara una mano.

Yo me lo curré con un arroz con setas de por allí, no era la gurumelada, pero quedó bueno. Me las gané a base de bien. Creo que cumplí y ella quedó contenta… ¡ MILANO, MILANO!

Al día siguiente me enseñaron sus universidades. Estudiaban cosas muy creativas y me gustó el ambiente que allí tenían. No encontré a ningún altanero, ni me hicieron ninguna encerrona y tampoco me intentaron engañar.
Fue una gran experiencia.

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Francia 2
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Gonzalo Pérez | 08-04-2017 | 06:29| 0

Marsella me la enseñó la chica que me hospedaba, una monísima francesita que parecía italiana del sur por como movía las manos. Tomamos unas cervezas con unos amigos suyos que no paraban de pegarse, hacer guarrerías y meterse mano. Estaban locos perdidos y yo terminé asustado y muerto de la risa. Cuando se marcharon fuimos a ver la ciudad, me recordó un poco a Lisboa por su aire decadente. El cual me encanta.

La salida de Marsella fue un poco dura, después de empaparme una gran tromba de agua, me atropelló una moto que pretendía mojarme con un derrape en un parque. Encima cuando le ayude a levantarse me hice daño en el hombro. Quería seguir haciendo autostop, pero en un bajón usé Blablacar.

Me llevo a Niza, allí me hospedaron dos chicas que vivían en un estudio muy chiquitito. Lo que me llamó la atención de ellas fue su confianza. Sin apenas conocerme, me dieron las llaves de su casa y se fueron a la uni.

Paseé por la ciudad y me sorprendieron las esculturas de Jaume Plensa. En Niza se puede dar una vuelta por un malecón bien lindo.

A la salida de Niza se puso a diluviar y me tuve que refugiar en un Mg. Donals. No pude salir de el hasta las once de la noche.

Entonces ya era tarde para seguir haciendo autostop y puse la tienda en un callejón al lado de un camión de snaks. A eso de las doce me hizo salir de la tienda el sonido de una pala y las voces del dueño del camión de snaks que venía abrirlo. Pala en mano me dijo que harían una fiesta pronto.

No me di cuenta que estaba en un barrio muy conflictivo y que se avecinaba una buena. Llegaron los chicos y todos empezaron hacerme preguntas y intentar hablar conmigo. Al rato me dijeron que me podía quedar, que no pasaría nada, pero yo pensé que lo mejor era plegar, tomarme algo con ellos y montar en otra parte.

El dueño del camión era un gran barman, no le faltaba de nada para su fiesta me apunté un par de recetas. Hacía los cockteles como los marineros.

Así hice, me ofrecieron algunos de sus garajes y me prometieron que nadie me haría nada, ya que ellos conocían a todo el barrio. ¡Eran unos macarras! No me cayeron mal. Uno de ellos terminó escribiendo la receta de la paella de la gurumelada por pesado.

A la mañana siguiente me llevaron asta Mónaco, me pasaron un par de historias que no voy a contar y puse rumbo a Milán.

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Francia 1
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Gonzalo Pérez | 04-04-2017 | 15:21| 0

Después de estos días en Barcelona, la reconozco como una de las capitales del Mundo.

Salir de la ciudad me costó lo suyo. Una vez llegué a un área de servicio, encontré un camión que me llevo asta un pueblecito de Francia. El camionero era un rumano ultra religioso ortodoxo que no paraba de decir sandeces. No era mala gente, creo que pasaba demasiado tiempo fuera de su casa y no veía mucho a sus hijos y su mujer. Me contó que los quería mucho. Yo le conté que conocía la Celebracion ortodoxa y que me llamó la atención su cadencia oriental.

Lo primero que hice en el pueblo al que me llevó, fue tomarme una caña bien fría con unos chavales con los que contacté en el camino. Me enseñaron el casco antiguo y hablando con ellos percibí el actual conflicto que existía contra la comunidad musulmana y gitana que allí habitaba.

Mas tardé me dirigí hacia la casa de la persona que me dejó dormir en una de sus camas. Encontré a una joven madre con la que disfruté de la cocina local y el famoso vino de la provincia. Su niño era un pillo que no paraba de enseñarme todas las cosas de su casa. El estaba muy contento por mi visita y yo feliz por aquella situación. Me contó que uno de sus gatos había sido atropellado hace pocas semanas.

Después de cenar el canijo se acostó y nosotros fuimos a bailar a unas clases de danza. Si en Barcelona flipé por lo que conocí, lo que me deparó aquella clase fue aun mejor. Otra grata sorpresa con la que todos terminamos a besos y abrazos. Sabía que un pueblecito de Francia, no me dejaría mal sabor de boca.

Después de esta clase volvimos a encender su confortable chimenea y charlamos de muchas cosas. Me contó que lo estaba dejando ya que había pasado una juventud muy intensa y me habló también de los problemas con su niño en la escuela. Decían que era inquieto y querían medicarlo como hiperactivo… Tenía ocho años y hablaba casi tres lenguas. Cuando vuelva de este viaje espero volver a ver a esta madre y su hijo de tan buen fondo. Como no se ande con ojo lo van a volver un pieza.

A la mañana siguiente partí rumbo a Marsella. En la primera parte del viaje me paró un señor que trabajaba como vendedor. Hablando con el entendí que también estaba muy preocupado por la actual situación con los musulmanes. Creo que unas elecciones políticas y la recesión económica lo complican todo. Conocí a muchos franceses en mi vida que eran gente abierta y de buen corazón. Pero siete millones de musulmanes reclamando derechos religiosos parece que tensan la relacióń con los locales.

La segunda parte la hice en el coche mas lujoso en el que jamás me monté, el mercedes de un musulmán francés. Que digan lo que quieran de los moros, pero a mi después de los austriacos, me parece la gente mas exquisita del mundo, a pesar de las muchas diferencias culturales con las que no estoy de acuerdo.

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Barcelona.
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Gonzalo Pérez | 01-04-2017 | 15:07| 0

Salimos de Zaragoza en bus y a lo lejos de carambola vimos una gasolinera cerca de la autopista. Volvimos a preguntar quien nos llevaba a Barcelona y tuvimos la potra de encontrar a una amigable pareja que sin dudarlo nos montó en el coche.

En la gran ciudad nos esperaba un colega con el que contacté unos días antes para dormir en su casa. El gustosamente accedió a hospedarnos y también a hacernos de guía.

Barcelona es una ciudad de la que siempre había oído hablar cosas fantásticas. No solo de la cantidad de artistas internacionales que la alaban en sus creaciones, si no por la gran simpatía que despierta sus indudables encantos a las personas que la visitan. Yo estaba inquieto por descubrir algunos de sus tesoros y sabía que con mi anfitrión podría encontrarlos.

Nada mas llegar nos invitó a unas actuaciones con las que quedé totalmente sorprendido. Después disfrutamos de una exquisita pero simple cena en su casa. Para mi lo mejor era estar con una persona tan interesante.

Al día siguiente nos levantamos tranquilamente para dar una vuelta y en la tarde me invitó a un recital poético que jamás olvidaré. Por la originalidad en su forma y por la autenticidad de la gente que participó. En ellos había mucha pasión, uno lo hacia en una lengua que ni entendia, pero su gesto lo decia todo.

Al día siguiente me invitó a una clase abierta en una escuela con la que creo entender porque Barcelona es una ciudad tan querida por tantos internacionales. Tal vez fuese por el ambito artistico que trataban, pero aquella forma de plantear el arte me enamoró, me sentí arropado.

En poco días disfruté de su apertura y me hizo sentir su carácter. Quiero volver allí.

La chica que me acompañaba se fue el primer día, decía que no hacíamos buena pareja… la abrace y au! La verdad que era una persona que no paraba de hacer comentarios que yo que sé. Creo que volveremos a encontrarnos en algún punto del trayecto.

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Salida.
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Gonzalo Pérez | 27-03-2017 | 11:43| 1

¡ Y por fin salgo!

Salir fue difícil, dar el paso definitivo fue complejo. Pero me empujó la ilusión y la locura de todas las aventuras que viviré en este camino.

En Madrid encontré a una compañera que se apuntó a mi viaje después de leer unos anuncios que escribí en diferentes foros. Hablamos durante un tiempo y a pesar de que yo no tenía todas conmigo de que fuera a ser una buena compi de mochila, le comenté de intentarlo juntos.

Desde Madrid fuimos asta Guadalajara y después de estar preguntando hora y media en una gasolinera a todo bicho viviente que si nos llevaba hacia Barcelona, encontramos a unos tipos que se dirigían asta Cuenca. Así que a Cuenca fuimos y hicimos noche en un pueblo cerca de aquella ciudad.

A la mañana siguiente aprendimos la importancia de dormir en un punto frecuentado por coches… Después de dos horas de espera y no pasar ni un alma por la carretera para ir hacia la costa, una chica nos dijo que conducía hacia Guadalajara. Inteligentemente volvimos allí y fuimos a Zaragoza.

Allí nos hospedó una chica encantadora que conocí este verano cuando vivía en mejor no voy a decir donde. Cenamos todo muy bio y todo muy sano: de lo lindo. Intentamos salvar el mundo con una maravillosa conversación y después de esto, yo por lo menos dormí, como un cachorrito chico después de ser amamantado.

Al día siguiente nos enseñaron a una preciosa Zaragoza para partir satisfechos por nuestros primeros pasos a Barcelona.

VIAJAR ES REGRESAR.

Viajar es marcharse de casa
es dejar los amigos
es intentar volar.
Volar conociendo otras ramas
recorriendo caminos
es intentar cambiar.

Viajar es vestirse de loco
es decir “no me importa”
es querer regresar.
Regresar valorando lo poco
saboreando una copa
es desear empezar.

Viajar es sentirse poeta
escribir una carta
es querer abrazar.
Abrazar al llegar a una puerta
añorando la calma
es dejarse besar.

Viajar es volverse mundano
es conocer otra gente
es volver a empezar.
Empezar extendiendo la mano
aprendiendo del fuerte
es sentir soledad.

Viajar es marcharse de casa
es vestirse de loco
diciendo todo y nada con una postal.
Es dormir en otra cama
sentir que el tiempo es corto
viajar es regresar.

Gabriel García Márquez

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Guadiana.
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Gonzalo Pérez | 22-03-2017 | 21:21| 0

Ayer me reconoció una chiquilla por la calle como: ¡ Mira papa, el niño de la bici! Me toco el pelo, me dijo que le gustaba. Su padre me vaciló diciéndome que menos vuelta al mundo y mas Camino de Santiago. Yo me cuadré y le contesté: – ¡ A sus ordenes mi capitán!

Me calleron tan bien que nos terminamos tomando una cerveza y la niña no paró de hacerme preguntas. Me dijo que le parecía muy raro ver un ciclista con camisa y me preguntó que si no me daba miedo el que se rompiera.

Miedo me dan un par de personas que han empezado a vestir con camisa y casualmente vinieron a darme el visto bueno por mi viaje. Me los he cruzado un par de veces, y llevan asta mi mismo abrigo… Curiosamente a uno de ellos les han ofrecido trabajo en un departamento de ventas y me dio algunas lecciones de como ser un buen vendedor.
Me encontré a su madre hace pocos días y me dijo con tono defensivo que su hijo es una persona que habia viajado mucho.

Cuando volví a casa, asustado, pasé por delante del edificio de un cura que hace poco tiempo quería mi bici para representar la parábola del hijo pródigo, me buscó una entrevista para trabajar descargando cajas de vino de camiones y me dijo que me quería confesar… El me dijo que me valoraba, ya que yo era una persona con sensibilidad…

Llegué a casa y reflexioné sobre la gente de mi generación que se ha quedado en el camino. Yo soy de los que escapó.

Cuando vuelvo a la ciudad, me gusta caminar por la Alcazaba, tan gitana y mora. Entonces entiendo la frase esa que dice que el hogar está, donde se encuentra el corazón. Desde allí miro de lejos el rio, tan flamenco…

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Equipaje.
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Gonzalo Pérez | 15-03-2017 | 16:00| 2

He cambiado la bici, por una mochila. El botiquín, por una caja de antinflamatorios y un bote de champú. La bolsa de las herramientas, por un compacto para meter la Tablet, y las botas de montar, por mis típicas zapatillas.

En lugar de mochilero, parezco un serpa de los que suben con los equipos de escaladores a las montañas. Que me confundan con gente de otro país, es algo a lo que estoy acostumbrado. Recuerdo cuando llegué a Grecia, el primer día en la oficina de la universidad, me pidieron el pasaporte y me dijeron que no era español. O en Dinamarca, a de mas de ser el único voluntario del proyecto, en un pueblo perdido de la mano de Dios, me metieron con gente de África, Oriente Medio y la India en clases.

Ahora, cuando me pasa esto, me rio y me pongo a cocinar paellas con la gente, pero al principio me afectaba y llegaba a mi casa llorando. El otro día me dijo un colega que igual no me dejaban pasar a los EEUU y yo le contesté que nunca se sabe… Por cierto, los griegos y los daneses son grandes personas.

Otra cosa de la que voy a prescindir es de una paella. Mi afición por las paellas me viene desde pequeño. Yo ayudaba a mi vecino que era cordobés sujetando a los perros para que no se le engancharan en la goma de la bombona. El las hacia riquísimas. De todos los tipos.

Desde entonces no paro de mirar recetas, trucos y leer libros. Hace un tiempo trabajé como cocinero para un conocido paellero. Después de pillarle el truco, me di cuenta que yo nunca había buscado la receta de la paella, yo siempre quería hacer el arroz de mi vecino.

Escribo sobre esto, ya que hace no mucho tiempo decidimos hacer un arroz con setas de la provincia. El motivo fue el inminente fallecimiento por cáncer de mi madrina, era como mi segunda madre. Yo soy una de esas personas con muchas amdres…

Aquel fue el único arroz del que yo me he comido tres platos. Creo que me cuadró porque lo cociné sin medida, solo con intuición y cariño.
Así salió la que yo llamo la receta de la paella del gurumelo.

Viajar es algo así, con bici o con mochila, lo que mejor sabor te deja, es descubrir y probar cosas nuevas con cariño… a pesar de los errores, el afecto, aunque muchos se opongan, es lo único que te deja cambiar de ingredientes o perspectiva y realmente te hace aprender.

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Problemas, soluciones.
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Gonzalo Pérez | 07-03-2017 | 15:56| 0

El golpe ha supuesto, lo que me pasa siempre cuando fuerzo este brazo. Me han dado tres meses para la recuperación y me han recomendado no montar por lo menos en cuatro o cinco. Me han mandado paciencia, onda corta y anti flamatorios para el dolor.
Ha sido muy duro saber que no podré volver hacer deporte en un tiempo y asimilar todo lo que supone esta lesión, ha sido mas que difícil.

Voy a salir sin la bici ya que las estaciones ideales para cruzar el mundo comienzan ahora. La primavera europea es una gozada en la que estalla la naturaleza en una explosión de colores y olores que me evaden. Turquía e Irán espero que no sean demasiado calurosas en verano. Y para evitar el monzón entraré por el sur de la India pasados los meses mas calurosos. Probablemente para el Sur-Este Asiático e Indonesia, la temporada ideal sea en nuestro invierno, por clima y oportunidades laborales. La entrada en el continente americano dependerá de la bici, así que mejor no hago planes…

Tenía muchas ideas para los videos, para las entradas, para las fotos, para el crawfunding y mi blog en general… pero el no salir con al bici, me hace perder mucho volumen en las alforjas. Así que cámaras, ordenor, tablet, movil… en fin, todo el equipo digital, lo voy a dejar en casa.

Lo cambia todo no ir con la bici, acumular agua, comida, desplazamientos… me mentalizo ahora a hacer autostop, cargar con todo… pffff que lio! Sinceramente… me hace tanta ilusión y me parece tan emocionante…

Todo esto forma parte del camino, mejor que me pase ahora a que me pase en ruta. Yo no creo en la suerte, ni en el destino, ni en muchas de esas cosas. Pero a veces pienso que todo pasa por algo y tal vez sea que no debiera ir en bici. Nunca se sabe.

No va a ser ni el primer problema, ni el último, lo pienso afrontar todo con determinación y el firme convencimiento de avanzar, por que yo, me he propuesto ver el mundo y no pienso parar. Cuando pase el tiempo, seguro que miro este mal rato con nostalgia.

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Sobre el autor Gonzalo Pérez
Gonzalo Pérez Chávez es un joven que nació en Badajoz. Es optimista, aventurero, deportista y curioso. Siente la necesidad de conectar con las diversas realidades que existen en el mundo tras algunos proyectos por Europa.