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		<pubDate>Tue, 28 Mar 2006 00:23:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p></p><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0in 0in 0pt"><span lang="ES-TRAD"><font face="Times" size="3">Mi mujer y yo estábamos en París en la primavera del año 2001 y habíamos acordado repartirnos una serie de visitas ‘turísticas’. </font></span></p><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0in 0in 0pt"><span lang="ES-TRAD"><font face="Times" size="3">Ella quería ver un lugar alejado de los grandes circuitos: la plaza de Los Vosgos, en una de cuyas esquinas se levanta la casa-museo de Víctor Hugo, todavía ajena al incienso excesivo de las conmemoraciones. Después de recorrer aquel santuario de la literatura, regresamos a nuestro hotel, en el Barrio Latino, y desde allí nos dirigimos al Panteón, el monumento elegido por mí. </font></span></p><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0in 0in 0pt"><span lang="ES-TRAD"><font face="Times" size="3">Yo tenía curiosidad por ver el péndulo de Foucault ?que cuelga desde la cúpula de ese antiguo templo y que popularizó Umberto Eco con su novela? pero sobre todo lo que deseaba era visitar la cripta de la iglesia para fotografiarme junto a la estatua de Voltaire, el primer ilustre que ‘inauguró’ el Panteón. Allí están enterrados otros nombres gloriosos de la historia francesa: Rousseau, Dumas, Zola, el matrimonio Curie…, cada uno de ellos con su sarcófago y su escultura. </font></span></p><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0in 0in 0pt"><span lang="ES-TRAD"><font face="Times" size="3">Mi sorpresa fue descubrir, en mitad de un pasillo, un panel de madera con carteles donde aparecían fotos de Antoine de Saint-Exupéry, el autor de ‘El Principito’, desaparecido el 31 de julio de 1944 cuando pilotaba un avión de guerra sobre el mar, cerca de Córcega. En el año 2001 aún no se habían hallado los restos de su avión ni la pulsera de plata que al parecer llevaba puesta durante el accidente. Pero para los responsables del Panteón todo aquello daba igual, pues con el panel podían ‘reconstruir’ la imagen y la memoria del padre de ‘Le Petit Prince’.</font></span></p><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0in 0in 0pt"><span lang="ES-TRAD"><font face="Times" size="3">En el mismo edificio tenían a la venta camisetas, llaveros, mecheros, postales y todo el ‘merchandising’ imaginable del autor, el único cuyos restos no reposaban allí, aunque sí la aureola de su grandeza. </font></span></p><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0in 0in 0pt"><span lang="ES-TRAD"><font face="Times" size="3">¡Cómo envidio a los franceses en el negocio de los souvenirs!</font></span></p><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0in 0in 0pt"><span lang="ES-TRAD"><font face="Times" size="3"><em>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez</em></font></span></p>
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