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	<title>Me corto la coleta | GRATIS TOTAL - Blogs hoy.es</title>
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		<title>Me corto la coleta | GRATIS TOTAL - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Nov 2006 00:08:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Llegué a casa con la camisa manchada de sangre, pero sonriendo y con la mirada luminosa de un joven feliz. Nada más tocar el timbre, para evitar que mi madre se asustara, le hablé en voz alta antes de que abriera la puerta.    ?No te asustes, no me ha pasado nada ?y le señalé [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">Llegué a casa con la camisa manchada de sangre, pero<br>
sonriendo y con la mirada luminosa de un joven feliz. Nada más tocar el timbre,<br>
para evitar que mi madre se asustara, le hablé en voz alta antes de que abriera<br>
la puerta.</font></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">   ?No te asustes, no<br>
me ha pasado nada ?y le señalé la camisa salpicada de sangre igual que el<br>
soldado muestra tras la batalla la condecoración de sus heridas.</font></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">   Mis palabras la<br>
tranquilizaron, pero fue tajante en su advertencia:</font></p>
<p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">   ?Olvídate; tú no<br>
vuelves a ir a ninguna capea.</font></p>
<p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">   Yo tendría por<br>
entonces 18 o 19 años y acudir a las capeas de Trujillo era una manera de<br>
reencontrarme con una adolescencia llena de desasosiego y pasión. Recuerdo que<br>
el año que me cogió la vaquilla no fue por mi culpa, sino porque otro chaval,<br>
en su desbandada, se cruzó ante mí y frenó mi carrera. Caí hacia adelante, el<br>
animal me rozó con la pezuña y me produjo una herida en la cabeza que me<br>
curaron en la enfermería de la<br>
Plaza de Toros. Resulta que yo conocía al practicante, ?el<br>
famoso ‘Pimpi’? y logré de él que me curara, pero sin pasar por el trance que<br>
más me inquietaba: un gran trasquilón que hubiera desbaratado mi melena.</font></p>
<p><font face="Times New Roman" size="4"><br>
   Transcurrieron bastantes años<br>
sin que volviera a ponerme delante de una vaquilla. Con ocasión de un reportaje<br>
periodístico sobre las tientas taurinas, volví a darle unos pases a un becerro<br>
en una finca próxima a Navalmoral de la Mata.<br>
Y el pasado domingo, durante la tornaboda de mi hermano<br>
Javier y de Usua, cogí el capote y la muleta para sentirme un Cúchares en la<br>
arena. Sin embargo, (y aunque la vaquilla era poco más que un ‘perritoro’)<br>
comprendí que ya no estoy para arriesgar un revolcón intempestivo, pues como<br>
advierte <b>José Bergamín</b>, “el toreo es un juego de envite y de azar” y uno no<br>
está ya para ciertos juegos. (Para otros, sí, ¡eh!).</font></p>
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