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	<title>Me voy a la taberna | GRATIS TOTAL - Blogs hoy.es</title>
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		<title>Me voy a la taberna | GRATIS TOTAL - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2007 23:52:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ambas historias suceden en dos pueblos próximos a Trujillo durante una época en que aún quedaban carreteras sin asfaltar, la emigración era la vía de escape para muchas penurias y la taberna  ?además de foro y lugar de encuentro? otra puerta de salida. La mujer está harta de que su marido se vaya todas las [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">Ambas historias suceden en dos pueblos<br>
próximos a Trujillo durante una época en que aún quedaban carreteras sin<br>
asfaltar, la emigración era la vía de escape para muchas penurias y la<br>
taberna  ?además de foro y lugar de<br>
encuentro? otra puerta de salida.</font></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">La mujer está harta de que su marido se<br>
vaya todas las tardes a la cantina y regrese, tambaleante, a las tantas de la<br>
madrugada. «A éste le tengo que dar yo un escarmiento…» musita a diario, como<br>
quien reza. Mucho dar, mucho dar; pero no se atreve. Hasta que, harta y airada,<br>
una noche decide atrancar la entrada de la casa: una de esas viejas puertas de<br>
postigo, con las hojas independientes. El marido regresa y lleno de ira, golpea con más genio<br>
que Pedro Picapiedra llamaba a Wilma. Tras los aldabonazos, ella cede y le<br>
abre. Al día siguiente, él se dispone a<br>
irse al bar, pero antes de salir, desmonta el postigo de la puerta y carga con<br>
él como quien se lleva una maleta: «Ahora», se dirige a su mujer, «si quieres,<br>
me cierras la puerta esta noche…». </font></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">La historia del otro pueblo también está ligada a una taberna. El marido<br>
alarga las noches, que se pasa jugando al tute, sin hacer siquiera un alto<br>
para ir a cenar. Lleva tiempo así y su mujer le ha recriminado esa conducta por<br>
las buenas y por las malas. «Cualquier día te vas a llevar una sorpresa», le ha<br>
dicho ella con tono más que amenazante. Pero él no se lo toma muy en serio y,<br>
tras alguna tregua improvisada, siempre acaba volviendo a las andadas, como si<br>
le hubieran amarrado, sin horario, a la mesa del tute.</font></p>
<p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">Una noche se cumple la amenaza. La mujer,<br>
que ha entrado en el bar como una aparición, se sitúa a la espalda de su marido<br>
y con un golpe seco deposita una fiambrera de aluminio en la mesa: «Ahí tienes<br>
la cena», le dijo. Y surtió el mismo efecto que si le hubieran cantado las<br>
cuarenta.</font></p>
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