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	<title>El miedo del violador | GRATIS TOTAL - Blogs hoy.es</title>
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		<title>El miedo del violador | GRATIS TOTAL - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Sep 2007 23:33:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El psicólogo de la prisión me dejó solo en una celda que tenía una mesa y dos sillas. Se fue y a los pocos minutos volvió con uno de los presos que cumplía condena por violación. Yo estaba preparando un reportaje sobre las violaciones, el delito que suscita más odio y pavor en la sociedad. [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">El psicólogo de la prisión me dejó solo<br>
en una celda que tenía una mesa y dos sillas. Se fue y a los pocos minutos<br>
volvió con uno de los presos que cumplía condena por violación. Yo estaba<br>
preparando un reportaje sobre las violaciones, el delito que suscita más odio y<br>
pavor en la sociedad. Contaba ya con el testimonio de los expertos jurídicos,<br>
de los forenses y había sido testigo del cataclismo que aniquilaba a las<br>
víctimas.</font></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">Entre el violador y yo sólo se interponía<br>
la gravedad de la celda, la pequeña mesa de madera y un magnetófono Uher en el<br>
que grababa la conversación; sin incluir una cierta prevención que había<br>
tratado de disolver un rato antes al interesarme por la ‘agresividad’ de aquel<br>
fulano. «¿Agresivo? No, no; tan solo es agresivo con mujeres indefensas», dijo<br>
el psicólogo.</font></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">A pesar de su expresión idiota, yo no<br>
soltaba el micrófono del Uher, que sostenía como una posible arma de<br>
autodefensa. Recuerdo que a la hora de hablar de los hechos por los que estaba<br>
allí preso, el violador se refugiaba en justificaciones exculpatorias del tipo<br>
«llevaba tiempo provocándome» o «ella en realidad quería estar conmigo».<br>
Mantuvo una actitud fría, sin asomo de culpa, como el que describe una acción<br>
fruto del azar. </font></p>
<p class="MsoNormal"><font face="Times New Roman" size="4">En un momento de la entrevista le comenté<br>
que en otros países se planteaba la posibilidad de que los condenados por<br>
violación redimieran parte de los años de pena a cambio de someterse<br>
voluntariamente a una castración. «¿Aceptaría que le castraran para salir<br>
definitivamente de la cárcel y quedar en libertad?». Sólo al escuchar esa<br>
pregunta, que se abrió ante él como una amenaza incontrolada, su rostro cambió<br>
la mueca de frialdad balbuceante por el miedo que alimenta una fuerza<br>
imprevista. Acaso la misma mirada, pensé, que él había despertado al agredir a<br>
sus propias víctimas.</font></p>
</body></html>
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