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	<title>De Camba a Churchill | GRATIS TOTAL - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Mar 2016 18:36:12 +0000</pubDate>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Hay tres amenazas que procuro esquivar: el perro guardián que no ladra, la ira del hombre pacífico y las promesas de quien vende paraísos a la vuelta de la esquina. Bueno, conozco bastantes más peligros pero digamos que esos tres intento soslayarlos a toda costa. Las épocas de incertidumbre parecen propicias para que asome por el horizonte la tercera de dichas amenazas: la de vendedores de paraísos o la de aquel comisionista de revoluciones del que hablaba <a href="http://www.casadellibro.com/libro-sobre-casi-nada/9788484728108/2221494" target="_blank">Julio Camba</a> en su libro de artículos ‘Sobre casi nada’. Aquel buen hombre desplegaba el muestrario con sus productos ante los potenciales clientes, los políticos indecisos. Y cuando el político le preguntaba asombrado «¿Para qué necesito yo una revolución?», el comisionista le decía: «Para gobernar. Sin una revolucioncita bien empleada no gobernará usted nunca».<br>
El catálogo de revoluciones que enseñaba el comisionista era muy variado:  había revoluciones progresistas, reaccionarias, pacíficas, violentas, populares, antipopulares… Ahora diríamos que hay también ‘revoluciones’ de diseño, de laboratorio, algunas embrionarias pero creciditas y a las que otros se apuntaron como Charlot en ‘Tiempos modernos’ cuando recoge una bandera del suelo y sin proponérselo se ve encabezando una manifestación obrera que avanzaba a su espalda.<br>
Quienes hayan frecuentado durante los últimos meses opiniones variadas en los distintos medios de comunicación (no computan ahí la ‘propaganda’ de voceros y trolls que repiten cual papagayos en las redes sociales las consignas de turno) habrán concluido que la principal y más importante obligación de los políticos salidos de las urnas el 20 D es negociar y ponerse de acuerdo para formar gobierno, anteponiendo los intereses del país a los del propio partido. Un espíritu que resume muy bien la famosa frase de Churchill, nunca tan citada por cierto como en estos días: «El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones». A este paso va a tener que ser la propia ciudadanía la que se eche a la calle para manifestarse con pancartas donde se lea: «Necesitamos estadistas, no solo políticos de partido».<br>
Si a finales de los años setenta, en plena Transición política, se habló mucho de la fase del «desencanto» (quizás debido a la natural crisis de crecimiento de aquella joven democracia) en estos años de crisis económica-financiera global se ha hablado de otro fenómeno alarmante: la desafección a los políticos, un malestar en aumento y que se extiende –de ahí la gravedad– a todo el arco parlamentario. «Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje», advertía <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Aldous_Huxley" target="_blank">Aldous Huxley</a>. Hace años tal vez era posible engatusar a la gente con palabras bonitas o promesas de paraísos al alcance de la mano. Pero ya no. La gente sabe de obra cómo se hace la prueba del algodón. Quiero decir la prueba de la urna.  </p>
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