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	<title>Entre el algoritmo y el apocalipsis | GRATIS TOTAL - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Feb 2018 19:14:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>EN nuestra época la principal preocupación no es el presente, sino el mañana; no lo que ocurre, sino lo que está por llegar, aunque a veces no llegue. Antes que reconocerle méritos a quien describe la actualidad y el ayer –poniendo luz y razón en hechos y circunstancias– le obsequiamos con nuestra complacencia a quien aventura sus apuestas por el porvenir. Aunque tal porvenir no llegue o se cumpla.<br>
En esta época se enaltece con más entusiasmo al oráculo que al historiador. El vaticinio manda. Vivimos más pendientes de la predicción del tiempo o de las encuestas que de la crónica del temporal y del análisis pormenorizado de las elecciones. Nos interesa más la proyección teórica del sondeo que el resultado práctico de las urnas, aunque entre una y otro apenas se registre, por ejemplo, un parentesco tangencial o lejano…<br>
Y cabe agregar circunstancias agravantes: la homegeneización acelerada –fruto de la globalización económica y las nuevas tecnologías– nos precipita de cabeza a eso que el filósofo surcoreano afincado en Alemania Byung-Chul Han, califica como «el infierno de lo igual». Un universo donde paradójicamente se aspira a la individualidad, a la diferenciación narcisista, pero en el fondo abocado a una igualdad ‘artificial’ que determinan los algoritmos y la nueva ingeniería social del sistema. ¿Qué sistema? Por supuesto el de las grandes corporaciones tecnológicas y económicas del mundo. Los verdaderos amos del cotarro.<br>
Como explica muy bien Yuval Noah Harari en su libro ‘Homo Deus. Una breve historia del mañana’, en pocas décadas los vehículos estarán conectados a una red que controlará un algoritmo. El poder de los datos. El algoritmo no solo nos sugerirá qué libros leer o qué vino compartir en las reuniones familiares, sino que a través de las múltiples aplicaciones nos inducirá a decidir qué carrera estudiar, qué trabajo elegir, en qué ciudad (o país) buscar empleo, qué servicios adquirir, en qué tipo de medicina creer, a qué especialistas acudir, a quién votar…<br>
Un estudio presentado recientemente en Davos prueba que más del 52% de quienes siguen prescripciones creadas por un algoritmo no cambia nunca de opinión o lo hace en muy pocas ocasiones respecto a cuestiones sociales importantes. ¿Qué significa dicho dato? Pues que más del 50 % de ese mercado de la opinión pública está blindado frente a opciones de gente que piensa de diferente manera… Equivale a entrar en un auditorio y saber que más de la mitad se inclinará por quien maneja el algoritmo. Como afirma <a href="https://elpais.com/cultura/2018/02/07/actualidad/1517989873_086219.html?id_externo_rsoc=FB_CC">Byun-Chul-Han</a> en una magnífica entrevista publicada en ‘El País’: «Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual… Estamos en pleno ‘dataísmo’: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba».<br>
¿No hay salidas? Creo que sí. El panorama es apocalíptico pero veremos si cuando llegue el mañana verdadero no acabamos invocando el viejo lamento: «¡Lo que habremos sufrido por lo que no ha pasado!».</p>
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