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	<title>GRATIS TOTALJuan Domingo Fernández &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>A los 25 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Jul 2022 12:27:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Reproduzco más abajo lo que escribí la misma tarde en que se conoció la muerte de Miguel Ángel Blanco. Apareció en mi sección El alambique, que firmaba como Tristán Buendía, el domingo 13 de julio de 1997, en la página 18 de la edición de HOY de Cáceres. *** DESDE que el hombre consiguió erigirse [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Reproduzco más abajo lo que escribí la misma tarde en que se conoció la muerte de <strong>Miguel Ángel Blanco</strong>. Apareció en mi sección <u>El alambique</u>, que firmaba como <strong>Tristán Buendía</strong>, el domingo 13 de julio de 1997, en la página 18 de la edición de HOY de Cáceres.</p>
<p>***</p>
<p>DESDE que el hombre consiguió erigirse sobre el légamo prehistórico y vivir en sociedad, la palabra es el arma del progreso. En cuántas ocasiones, sin embargo, la humanidad ha sentido la tentación de creer a pie juntillas, o mejor, de constatar, aquello que dejó dicho Marx: &#8220;La violencia es la partera de la historia&#8221;.</p>
<p>Las intensas horas que vivió durante toda la jornada de ayer la gente de bien de Cáceres, se convirtieron en zozobra y pesadumbre cuando se conoció la noticia de la nueva barbarie de ETA. La idea de &#8220;venganza&#8221;, tan natural e instintiva en todas las sociedades, iba cristalizando en la calle a medida que pasaban las horas y crecía la indignación. Pero en momentos así es cuando se necesita recordar que la palabra, no la violencia, es la que permitió al hombre abandonar el charco del estado irracional.</p>
<p>Acciones como la de ETA constituyen un &#8220;paso atrás en la evolución&#8221;, como un descenso al estado primitivo, a los tiempos de la bestia prehumana, y caer en la tentación de una respuesta &#8220;impulsiva&#8221; sería otra forma de hacerles el juego. Para demostrarles su error y su torpeza no conviene jugar en su mismo terreno, sino ponerles frente el espejo de la realidad: una sociedad que les observa, con miedo y desprecio, como restos de un estadio bárbaro y enloquecido, de orangutanes desconcertados en el fondo de su cueva ante una sociedad que progresa.</p>
<p>Si no fuera por su dramatismo, acciones como las de ETA nos parecerían &#8220;surrealistas&#8221;, propias de un guión cinematográfico de cualquier joven aficionado a la experimentación con el séptimo arte. Cáceres, ayer por la tarde, aparecía llena de jóvenes reclutas, aprovechando las horas de paseo con sus novias y familiares antes de la jura de bandera prevista para hoy. Esa imagen, de normalidad, contribuía más aún a subrayar lo &#8220;absurdo&#8221; de las acciones de ETA, instalada en la &#8220;irrealidad&#8221; de unos presos, víctimas a su vez de ese torbellino infeliz que ellos han alimentado, y de una minoría tozuda que se empeña en dar chocazos con su cabeza contra el muro de la realidad, de la historia, de la libertad, de la justicia, del progreso y, lo que es peor para ellos, contra el muro de la inteligencia. No sólo son menos, sino que además son más torpes. La historia, que es inexorable, les pasará factura.</p>
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		<title>Más allá del algoritmo</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jun 2021 11:21:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[En la prensa y en el conjunto de los medios de comunicación uno de los debates clave ha sido determinar ¿qué es preferible, la pluralidad de puntos de vista o que cada medio refuerce a la audiencia con ‘sus’ propias opiniones, es decir, con aquello que desean leer, ver y escuchar? Es la división básica [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la prensa y en el conjunto de los medios de comunicación uno de los debates clave ha sido determinar ¿qué es preferible, la pluralidad de puntos de vista o que cada medio refuerce a la audiencia con ‘sus’ propias opiniones, es decir, con aquello que desean leer, ver y escuchar? Es la división básica –sin entrar en matices– entre prensa libre (plural) y prensa de partido. Cualquiera que esté habituado a leer más de un periódico en España encontrará ejemplos de sobra para ilustrar la anterior clasificación.</p>
<p>Algunos periódicos están dando un paso adelante en esa dinámica de atender pormenorizadamente a sus lectores y les ofrecen, aprovechando las posibilidades de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, la opción de recibir ‘newsletter’ (boletines informativos) seleccionados de acuerdo a sus intereses y preferencias políticas, culturales, deportivas, económicas… Una manera ágil, cómoda y efectiva de servirles informaciones y opiniones a la carta. Aunque en principio esa estrategia pudiera entenderse como una manera de ahondar en la ideologización y en el ‘sectarismo’ de los medios de comunicación («cada mochuelo a su olivo») me parece que es justo al revés: pues abre un abanico inmenso de posibilidades a los lectores/audiencias, no sólo porque les otorga la capacidad real de ‘elegir’ aquellos contenidos que más les interesan de cada medio, sino a la vez, la posibilidad de acceder a diversos periódicos, radios, televisiones, portales digitales… que es la mejor garantía –al menos en las sociedades democráticas avanzadas– para recibir informaciones y opiniones plurales y libres. Hablo, claro está, de medios de comunicación solventes, revestidos de profesionalidad, no de terminales robotizadas, concebidas para intoxicar con posverdades, ‘fakes’ y otros géneros de contrabando a través de las redes sociales.</p>
<p>En tiempos de radicalización y populismo como los de ahora, resulta imprescindible subrayar el valor de conceptos esenciales como el de la prensa libre. No hay que remontarse a Thomas Jefferson: «Si me fuera dado decidir entre un gobierno sin prensa o una prensa sin gobierno, elegiría lo último sin vacilar». La tendencia a la uniformización es un peligro permanente que resume muy bien la frase: «Todos hablan de lo mismo y dicen las mismas cosas». ¿Cómo afrontar ese déficit? ¿Cómo no ser engullidos por los intereses monopolísticos del grupo GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) y sus algoritmos implacables? Posiblemente con lectores que desarrollen el sentido crítico y opten por la pluralidad de puntos de vista; por audiencias que huyan del sectarismo como de la peste. ¿El mejor antídoto? Quizás los viejos versos de Antonio Machado: «Es de noche. Se platica / al fondo de una botica. / –Yo no sé, / don José, / cómo son los liberales / tan perros, tan inmorales. / –¡Oh, tranquilícese usté! / Pasados los carnavales, / vendrán los conservadores, / buenos administradores / de su casa. / Todo llega y todo pasa. / Nada eterno: / ni gobierno / que perdure, / ni mal que cien años dure».</p>
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		<title>Tres maestros</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jun 2021 19:35:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Acomodados los tres en el estrado, frente al público que llena –bajo protocolo covid– la Sala Malinche, representan una de las más sólidas concentraciones de talento literario de nuestros días: Álvaro Valverde, Gonzalo Hidalgo Bayal y Luis Landero. Los tres extremeños y reconocidos desde hace décadas –¿nadie es profeta en su tierra?– con el premio [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acomodados los tres en el estrado, frente al público que llena –bajo protocolo covid– la Sala Malinche, representan una de las más sólidas concentraciones de talento literario de nuestros días: Álvaro Valverde, Gonzalo Hidalgo Bayal y Luis Landero. Los tres extremeños y reconocidos desde hace décadas –¿nadie es profeta en su tierra?– con el premio ‘Extremeño de HOY’. Los reúne ahora en Cáceres la presentación del monográfico que la revista ‘Turia’ dedica al autor nacido en Higuera de Albalat, un mosaico formidable y nutricio coordinado por Concha D’Olhaberriague y con aportaciones esenciales como la biocronología elaborada por Miguel Ángel Lama, la entrevista de Fernando del Val a Landero, o los poliédricos asedios a la obra de GHB que firman Álvaro Valverde, Ana Calvo Revilla, Juan Ramón Santos, Ricardo Menéndez Salmón, Pilar Galán, Alfonso Ruiz de Aguirre, Fernando Parra Nogueras, Elías González Cano, Tomás Sánchez Santiago, David Matías o el propio Hidalgo Bayal al recordar sus primeras lecturas y aquella educación sentimental en un texto magnífico: ‘Las lágrimas de Miguel Strogoff’, escrito ex profeso para el cartapacio de Turia porque no era cuestión de ponerse a rebuscar otro cualquiera «en el disco duro».</p>
<p>Antes de la conversación entre Álvaro Valverde, Landero y el homenajeado, el director de la revista ‘Turia’, Raúl Carlos Maícas, se refirió a Gonzalo Hidalgo Bayal como uno de «los sumos sacerdotes de la palabra» y «el mejor escritor secreto de España», título con el que minutos después discrepó parcialmente Landero: «No tan secreto. Gonzalo no puede ser un escritor de moda», en el sentido que entendemos hoy ese concepto, «pero a la larga sí», argumentó.</p>
<p>Valverde aludió a la condición de tímidos y pudorosos en la que se reconocen Bayal y Landero, y les preguntó por ese ‘laboreo verbal’ (la música, el tono, el estilo…) que impregna la gran literatura. Gonzalo Hidalgo ilustró su respuesta con una anécdota divertida de su etapa como profesor en la U.P. de Plasencia, mientras el de Alburquerque se remitió a la entrevista con Fernando del Val: para algo están las elipsis, los sobreentendidos. «Ortega sólo acertó a darles un consejo a sus hijos: ‘Hijos, no digáis evidencias’. No se puede decir más en menos. A mí me irrita la gente que incurre en evidencias, y supongo que también a Gonzalo. En nuestros coloquios, hay a veces largos silencios».</p>
<p>El coloquio transitó también por otras cuestiones: la presencia del yo en la literatura, la llamada autoficción o el oficio de escribir. El autor de ‘Nemo’ fue tajante: «‘Campo de amapolas…’ es todo auto, nada de ficción’, por ejemplo. Pero es que, cuente lo que se cuente, la realidad es ficción». En cuanto al oficio como blindaje profesional, Landero confiesa que únicamente lo asumió en sus tiempos de guitarrista, pero jamás como escritor. «Pues si tú dices eso», apostilló Gonzalo Hidalgo, «figúrate yo», incapaz, según admitió, no sólo de hacer balance de su obra sino de saber acerca de qué escribirá mañana.</p>
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		<title>Reverberaciones</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jun 2021 08:41:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Rodrigo, el hijo mayor de Gabriel García Márquez firma el libro ‘Gabo y Mercedes: una despedida’, donde repasa las últimas semanas de su padre antes de morir, en abril de 2014, y las de su madre, que falleció en agosto del pasado año. Según apunta César Coca, el pequeño volumen (112 páginas) incluye detalles que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Rodrigo, el hijo mayor de Gabriel García Márquez firma el libro ‘Gabo y Mercedes: una despedida’, donde repasa las últimas semanas de su padre antes de morir, en abril de 2014, y las de su madre, que falleció en agosto del pasado año. Según apunta César Coca, el pequeño volumen (112 páginas) incluye detalles que producen desasosiego: entre ellos, el trance de ponerle al escritor ya fallecido la dentadura postiza; sin obviar pormenores que rozan el surrealismo: la máquina que movía el féretro en el horno crematorio se atascó a mitad de recorrido y hubo que repararla para continuar con la incineración. Enseguida nos asalta la etiqueta clásica: realismo mágico.</p>
<p>Supongo que es la mejor manera de homenajear a quien fue si no el fundador, sí uno de los principales defensores de esa estirpe: la de una realidad donde lo inaudito, lo extraordinario, lo poético, salpica y tiñe continuamente a lo cotidiano. El propio Rodrigo García lo explica en sus conversaciones con los periodistas. Sin renunciar a cierta contención en la emotividad, en más de una ocasión se pone el foco en los aspectos maravillosos que pueblan el universo del Nobel colombiano. Por ejemplo, revelar que la música que la familia puso a todo volumen durante los últimos días del escritor –para que se oyera desde la calle– fue una sucesión de vallenatos. O que García Márquez murió un Jueves Santo, igual que Úrsula Iguarán. Y si al morir Úrsula los pájaros se estrellaban contra las paredes, aquel Jueves Santo de 2014 un ave, desorientada, se estrelló contra el cristal de una ventana y fue a caer en la butaca favorita del escritor. La ficción imbricándose con la realidad.</p>
<p>Historias que recuerdan el episodio en que José Arcadio Buendía exploró la región, incluso el fondo del río, con los lingotes de hierro del gitano Melquíades y lo único que encontró fue una armadura del siglo XV con un esqueleto calcificado «que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer». Me parece que esas quince palabras entrecomilladas constituyen por sí solas una narración fabulosa. De realismo mágico o como quiera denominarse.</p>
<p>Seguramente este librito es una buena confirmación de que en literatura aparte de talento es precisa la técnica, y Rodrigo García no pudo tener mejor maestro en la materia. Por eso los últimos momentos de ‘Gabo y Mercedes’ son también una crónica elaborada con el mismo propósito por el que García Márquez confesaba que se había hecho escritor: «Para que mis amigos me quieran más».</p>
<p>Aprovechando la presentación del libro Rodrigo García Barcha confirmó que ‘Cien años de soledad’ se convertirá en una serie de dos temporadas en Netflix. Su padre rechazó siempre su adaptación al cine porque no creía que pudiera hacerse una película de varias horas sobre esa novela, aunque él mismo dio el vio visto bueno indirectamente: «Cuando yo no esté, ustedes hagan lo que quieran».</p>
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		<title>Manolo García Carmona</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jun 2021 08:55:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando conocí a Manolo García Carmona, a mediados de los años setenta, la figura de un periodista joven como él no pasaba inadvertida para alguien con inquietudes culturales. Durante aquellos años de la predemocracia, elaborar información local consistía la mayoría de las veces en recoger el llamado ‘parte de novedades’ en el Gobierno Civil y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando conocí a Manolo García Carmona, a mediados de los años setenta, la figura de un periodista joven como él no pasaba inadvertida para alguien con inquietudes culturales. Durante aquellos años de la predemocracia, elaborar información local consistía la mayoría de las veces en recoger el llamado ‘parte de novedades’ en el Gobierno Civil y anotar las declaraciones correspondientes del equipo de gobierno municipal. Sin embargo, la vida y la sociedad eran más complejas. Y él atendió a esa complejidad. Por ejemplo, la llegada de la Universidad de Extremadura y la pugna por uno o dos campus fueron batallas políticas en las que García Carmona siempre mantuvo una actitud de defensa leal con los intereses de la provincia y, en el fondo, del conjunto de la región. Lo mismo cabe decir de los años de la transición a la democracia, cuando acudir a un encuentro informativo con Ignacio Gallego con motivo de la II Conferencia Regional del entonces clandestino PCE suponía recibir la visita de algún miembro de la Brigada Político-Social para advertirte –como le ocurrió a él– de las graves consecuencias que podrían acarrearle. No todo eran comunicados de prensa y ecos de sociedad. Hay un detalle que me parece muy significativo. Después del golpe del 23-F, cuando las fuerzas políticas democráticas se manifiestan para expresar la repulsa por el asalto al Congreso a quien se encarga que lea en Cáceres el manifiesto es al periodista Manuel García Carmona. Un símbolo de profesionalidad.</p>
<p>Cuando entré a trabajar en HOY, a mediados de los ochenta, él fue mi primer Redactor Jefe en Cáceres. Allí le escuché contar muchas veces los episodios vividos con Enrique Romero y compartí otros con históricos como Fernando García Morales, el fotógrafo Fernando G. Múñez, Antonio Barquilla, J. J. González, más colaboradores destacados como Tomás Pérez, Emilio Jaraíz o las críticas de cine de Juan José Moreno Doncel y antes de Jeremías Clemente Simón; las criticas musicales de Paquita García o las de arte de Manuel Vaz-Romero Nieto.</p>
<p>A mediados de los años ochenta, con García Carmona se dinamizaron los contenidos de espectáculos y de cultura, se empezó a cubrir regularmente la información de tribunales y también los reportajes de actualidad o de interés humano por el conjunto de la provincia. Manuel García Carmona fue nombrado subdirector de HOY y se trasladó a Badajoz en la primavera de 1987. Pero nunca perdió, por obvias razones periodísticas, el contacto con Cáceres. Mientras escribo estas líneas apresuradamente tengo ante mí una fotografía de Boni Sánchez en la plaza de toros del castillo de Las Seguras tomada en mayo de 1987 con motivo de las Fiestas Medievales. Además de Manolo están Domingo Tomás Navarro, Luis Alviz (con el capote torero), David Santos y quien firma esta columna. ¿Qué decir ahora? Manolo ha sido un hombre bueno en el sentido machadiano del término. De los mejores. Sólo tengo ganas de llorar y de enviarle un abrazo enorme a Charo, a sus hijos y a sus nietos.</p>
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		<title>Frente a la leyenda negra</title>
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		<pubDate>Thu, 27 May 2021 09:28:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Cualquier populismo es tributario del sentimiento y la propaganda antes que de los hechos, la razón y la verdad histórica. Por eso resulta tan revelador el libro ‘Imperiofobia y leyenda negra’, de María Elvira Roca Barea, que desentraña el ADN de esa tergiversación consustancial al ser de los imperios y a la defensa de sus [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cualquier populismo es tributario del sentimiento y la propaganda antes que de los hechos, la razón y la verdad histórica. Por eso resulta tan revelador el libro ‘Imperiofobia y leyenda negra’, de María Elvira Roca Barea, que desentraña el ADN de esa tergiversación consustancial al ser de los imperios y a la defensa de sus intereses económicos. Esta semana se ha divulgado, precisamente, el primer capítulo de otro libro: ‘Madre Patria’, donde su autor, el argentino Marcelo Gullo Omodeo desmonta «la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán», según el subtítulo elegido por la editorial Espasa. Reincidiendo en la herida. Ese primer capítulo subraya dos repercusiones directas: la primera, que dicha leyenda negra «constituye el principal ingrediente del imperialismo cultural anglosajón para derrotar a España y dominar Hispanoamérica». El segundo daño colateral lo argumenta Marcelo Gullo amparándose en un testimonio de Mario Vargas Llosa: «contribuyó a la extensión y duración de la leyenda negra la indiferencia con que el Imperio español, primero, y, luego sus intelectuales, escritores y artistas, en vez de defenderse en muchos casos hicieron suya la leyenda negra, avalando sus excesos y fabricaciones como parte de una feroz autocrítica que hacía de España un país intolerante, machista, lascivo y reñido con el espíritu científico y la libertad». Siglos y siglos de golpes de pecho. ¿También de generaciones acomplejadas?</p>
<p>En la sucesión de asaltos propagandísticos ingleses el autor de ‘Madre Patria’ atribuye un momento decisivo a la traducción del libro de fray Bartolomé de las Casas –muy difundido en la Europa de los siglos XVII y XVIII– como un simple libelo. Por eso es necesario terminar, asegura, con aquellas ideas dominantes, repetidas ‘ad nauseam’ y contrarias al prestigio cultural y económico de España. Por ejemplo: que Cortés conquistó México porque tenía dos arcabuces, cuatro perros y diez caballos o que en Perú «antes de que llegara el cruel Pizarro, había un paraíso comunista donde todos los pueblos sometidos por los incas comían, bebían y danzaban alegremente». Simplificaciones en las que no incurrieron, en su opinión, los grandes líderes populares hispanoamericanos, nada indigenistas ni partidarios de la leyenda negra; aunque desconozco si ahí podría incluirse también al presidente de México, López Obrador, o a políticos como el boliviano Evo Morales.</p>
<p>El domingo ABC entrevistó al poeta y director del Instituto Cervantes Luis García Montero. Entresaco, como conclusión, alguno de sus juicios: «La leyenda negra fue una manipulación de otras potencias que por sus intereses económicos quisieron convertir a España en un país cruel». «Fue mucho más salvaje la conquista norteamericana del sur de México, y ha sido mucho más cruel el comportamiento colonial de otros países en el África subsahariana». «Fray Bartolomé de las Casas fue un referente contra la crueldad porque se opuso a la esclavitud». «Que no me pidan que yo me avergüence como español de los procesos de América. He nacido en un siglo con campos de concentración».</p>
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		<title>Mover ficha</title>
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		<pubDate>Thu, 20 May 2021 10:22:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[A mí me tocó una mili llena de acontecimientos que rebasaban, con mucho, el simple ámbito cuartelero. Quiero decir que más allá del anecdotario y la intrahistoria que atesoramos todos los llamados a filas, el contexto nacional resultaba incierto y difícil en aquellos años del tardofranquismo. En lo que va de octubre de 1974 a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A mí me tocó una mili llena de acontecimientos que rebasaban, con mucho, el simple ámbito cuartelero. Quiero decir que más allá del anecdotario y la intrahistoria que atesoramos todos los llamados a filas, el contexto nacional resultaba incierto y difícil en aquellos años del tardofranquismo. En lo que va de octubre de 1974 a enero de 1976, el periodo de mi reemplazo, se sucedieron los coletazos de la Revolución de los Claveles en Portugal, la Marcha Verde en el Sahara Occidental y la muerte de Franco. Aunque ‘Grândola vila morena’ había activado la revolución el 25 de abril de 1974, en el imaginario colectivo seguía vigente un compromiso histórico: la España de Franco y el Portugal de Oliveira Salazar habían firmado el Pacto Ibérico, lo que se traducía –para los que habíamos jurado bandera– en puro desasosiego, en constante preocupación ante los ‘golpes’ y ‘contragolpes’ registrados en el otoño de 1975 en Portugal, circunstancia que los veteranos del cacereño Cuartel Infanta Isabel resumían en voz baja: «Cualquier día nos concentran y nos llevan a Alcántara, cerca de la frontera». Soldaditos de reemplazo.</p>
<p>Por suerte, nada de eso ocurrió. Pero estuvimos más de quince días acuartelados en cuanto arrancó la Marcha Verde, aquella jugada que Hassan II se sacó de la manga para retorcer el brazo al Frente Polisario y a las resoluciones de Naciones Unidas; siendo público y notorio que por entonces Franco agonizaba y España vivía un momento tremendamente inestable. De vuelta a las literas y a los antiguos pabellones del Infanta Isabel (incluidos los que teníamos ‘pase pernocta’), había quien fantaseaba y se veía ya pegando tiros, muerto de sed en mitad del desierto, un espacio inhóspito que entonces identificaba como algo remoto y reservado a las películas de aventuras.</p>
<p>He recordado los episodios de aquel ‘movimiento de voluntarios’ ideado por Hassan II tras las insólitas oleadas masivas de marroquíes y subsaharianos arribadas a Ceuta y Melilla con la hipócrita anuencia de las autoridades marroquíes. El mismo martes, casi a la par que Interior informaba de unas 8.000 llegadas de inmigrantes y en torno a 4.000 devoluciones, la embajadora de Marruecos en España aseguró que en las relaciones entre países «Hay actos con consecuencias y se tienen que asumir». Lo que significa: alguien debe tomar nota; y me parece que ambos países, España y Marruecos, la han tomado. Mover ficha.</p>
<p>Ahora abundarán las explicaciones geoestratégicas: la influencia de Estados Unidos en África a través de Rabat; nuestra doble relación económica con Argelia (principal suministrador de gas) y con Marruecos (siempre reivindicando Ceuta y Melilla); las pretensiones marroquíes para que la UE reconozca su soberanía sobre el Sahara… Cuando no los tratados de pesca, la disputa de aguas territoriales con yacimientos minerales, la presión constante sobre Canarias… Un vínculo vecinal –por definición, inmutable– sin otra salida, a mi parecer, que no incluya negociar con responsabilidad y firmeza. El resto, pan para hoy y hambre para mañana.</p>
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		<title>El VAR y las ensoñaciones</title>
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		<pubDate>Thu, 13 May 2021 10:36:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>En el tramo final de La Liga, el Real Madrid se está convirtiendo en víctima propiciatoria del VAR, ese invento susceptible de mutar cualquier mano de un jugador blanco en pena máxima, como ocurrió en el último partido Real Madrid-Sevilla. En vez de erigirse en juez infalible, el VAR lleva camino de consolidarse como un mecanismo formidable de arbitrariedad, incertidumbre y, por tanto, de injusticia. Ignacio Ruiz Quintano lo resume en su blog de manera precisa: «La peste del VAR ha venido para diezmar entendimientos, y personas que pasaban por sensatas enloquecen los domingos explicando que cosas que se hacen en el fútbol con la mano son penaltis, y los miércoles y sábados los mismos manotazos ya no lo son». Para él, siguiendo el reglamento, hay unas cuantas cosas, sin embargo, que están claras: «La mano es penalti si es voluntaria, o si, involuntaria, desbarata una clara ocasión de gol», circunstancia que no se da en el 90% de las manos que «se llevan pitando desde que el VAR desgobierna el fútbol». ¿Dónde queda el concepto intencionalidad? Como en el viejo chiste del confesionario, dan ganas de preguntar: ¿esa máquina trabaja con decimales?</p>
<p>El mundo del fútbol ha cambiado; o mejor, está en constante evolución. Alguna vez he recordado los improperios que se escuchaban en la Ciudad Deportiva, donde jugaba el Cacereño cuando yo era joven. Recuerdo la tarde en que un hincha local vociferó contra el juez de línea –algo entrado en carnes– con ocurrencia tremendista: «¡Linier, cabrón, a cuántos cerdos han matado con menos peso!». Hoy, cualquier alusión similar chocaría con lo ‘políticamente correcto’, aunque siempre se haya atribuido una implícita capacidad de desfogue (el fútbol como ‘opio’ sustitutivo de otras inquietudes) al ciudadano que gasta su dinero para acudir al fútbol. El que paga, manda, con derecho a vociferar y a maldecir lo que le venga en gana. ¿Quién no sabe de algún familiar o de ese amigo que entre semana es el ejemplo exquisito de corrección y modales pero cuando sigue a su equipo en el estadio deja de ser doctor Jekyll y se transforma en míster Hyde? La válvula de escape.</p>
<p>Cuenta Enric González en un librito delicioso de recuerdos futbolísticos que cuando tenía cinco o seis años iba siempre con su padre y un familiar antifranquista a Sarrià para ver jugar al Español. Durante el viaje en el coche, su ensoñación «feliz y redentora» era que cambiarían las cosas porque «confiaba, pobrecillo, en que la megafonía de Sarrià interrumpiera el recitado de la alineación (‘Bertomeu, Osorio, Mingorance…’) para anunciar entre aplausos la muerte de Franco», lo que, en su fabulación infantil, equivalía automáticamente a un título de Liga para el equipo de sus amores. Quizás ahora, cuando parece inminente el regreso de los espectadores a los campos, la ensoñación general sea la certeza de que una mano involuntaria como la de Militao pueda acabar costando, debido al videoarbitraje, nada menos que un campeonato.</p>
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		<title>Aleluya</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2021 08:58:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces a lo que no entendemos lo llamamos milagro. Esta semana se ha conocido el caso de un enfermo de covid, ingresado en un hospital de Barcelona y en coma inducido, quien al escuchar una grabación con la voz de sus hijos reaccionó de inmediato. La enfermera que le cuidaba lo resume en una [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A veces a lo que no entendemos lo llamamos milagro. Esta semana se ha conocido el caso de un enfermo de covid, ingresado en un hospital de Barcelona y en coma inducido, quien al escuchar una grabación con la voz de sus hijos reaccionó de inmediato. La enfermera que le cuidaba lo resume en una frase: «Me apretó la mano y supe que quería vivir». Un caso lleno de humanidad que siembra esperanza y resulta al cabo más estimulante que esas estadísticas repletas de cifras, porcentajes de contagios y vacunados.</p>
<p>Como las grandes historias que trascienden lo cotidiano, sus episodios no avanzan linealmente sino por vericuetos, dudas y pasos atrás. La enfermera, Meritxell Pérez, sabía por su formación profesional que el sentido del oído es de los que conserva más tiempo un paciente en coma inducido. Partiendo desde ese puerto, consiguió que los hijos del afectado (en pleno confinamiento y repartidos por Brighton, Andorra y Barcelona) le grabaran mensajes contándole cosas normales, alegres; por ejemplo, que iba a ser abuelo y que ya estaban pintando la habitación del bebé… Al fin logró que abandonara los cuidados intensivos aunque después en planta empeoró, sufrió un infarto, necesitó hemodiálisis, que lo intubaran de nuevo… Esta vez fue la familia del paciente, Xavier Ollé, quien recurrió a la enfermera que lo había ‘rescatado’ de la UCI para comunicarse con sus hijos a través de una tableta y suministrarle nuevos mensajes que demostraron ser una terapia efectiva para ir saliendo del pozo.</p>
<p>Aparte de la empatía que mostró esa enfermera con una persona que le recordaba a su padre (de la misma edad y a quien ella no pudo salvar, según explica en ‘La Vanguardia’), y al margen de la anécdota de los audios, a mí lo que me parece admirable es su determinación para intentar algo distinto, no rutinario; su renuncia al conformismo, a esa aceptación fatalista de la adversidad. Quiero decir que lo que yo premiaría en esta historia es la disposición de quienes la protagonizaron, no tanto las herramientas. La firmeza del paciente que sobrevive un mes en la UCI hospitalaria entubado boca abajo, en coma, con daños neurológicos y regateando un día sí y otro también a la muerte. Comprometerse a lo distinto equivale a estar esperanzado, supone luchar.</p>
<p>Reconforta saber que tras dos estados de alarma, miles de contagiados y fallecidos, la pandemia del coronavirus consiente ejemplos tan admirables, tan conmovedores, como los de Xavier Ollé y Meritxell Pérez. Y aunque resulta asimismo esperanzador el hecho de que en Extremadura el número de los vacunados con la pauta completa duplica ya al total de contagiados, confieso que en mi caso lo más estimulante, lo que ha iluminado el túnel, ha sido una llamada telefónica, desde uno de esos números larguísimos, convocándome para vacunarme en Cáceres esta misma semana. Aleluya. Y me da igual, por supuesto, de qué marca es la inyección.</p>
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		<title>La costra</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Apr 2021 11:01:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Recordaba el escritor Claudio Magris entrevistado por Daniel Verdú en ‘El País’ que hace unos 15 años, cuando él enseñaba en Bard College, en Estados Unidos, –donde también fue profesora Hannah Arendt– «solo cinco o seis estudiantes en una clase de 36 sabían quién fue Stalin. Les dije que no podíamos seguir adelante. No era [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recordaba el escritor Claudio Magris entrevistado por Daniel Verdú en ‘El País’ que hace unos 15 años, cuando él enseñaba en Bard College, en Estados Unidos, –donde también fue profesora Hannah Arendt– «solo cinco o seis estudiantes en una clase de 36 sabían quién fue Stalin. Les dije que no podíamos seguir adelante. No era como nombrar a un importante soberano asiático de hacía siglos. Stalin forma parte de un mundo vivido, con todas sus traiciones, millones de muertos en nombre de ciertos ideales… Algo que te marca no solo en el tiempo breve de la jornada». Magris resumía en esa anécdota la dificultad que supone reflexionar con inteligencia crítica acerca de algo que representa para él «un presente duradero» pero para los alumnos algo ignoto. «Sería como hacer un curso sobre el amor en Flaubert y que algunos no supieran qué es el amor o el sexo», apostilla el autor de ‘El Danubio’. Su crítica incluye también la ‘instantaneidad’ propia de las redes sociales: «cuando la memoria se convierte en algo tan corto que parece que lo que ha sucedido esta mañana pertenece a los tiempos de la Reconquista».</p>
<p>Quizás el desequilibrio entre lo que podría denominarse ‘conocimiento asimilado’ y el mero ‘montón de datos’ constituya la seña básica del populismo moderno, pues mientras el primero se vincula a ese ‘presente duradero’ del que habla Magris, a una racionalización de la historia y de la vida, el segundo representa la apoteosis de la instantaneidad, la simple acumulación de mensajes en los que prima la sentimentalidad, no la razón. El combustible favorito de los populismos. Una sentimentalidad perecedera, inconsistente: pan para hoy y hambre para mañana.</p>
<p>En ‘Meditaciones’, el emperador Marco Aurelio recoge este diálogo de Sócrates:</p>
<p>«—¿Qué queréis? ¿Tener alma de seres racionales o de seres privados de razón?</p>
<p>—De seres racionales.</p>
<p>—¿Qué tipo de almas racionales, sanas o perversas?</p>
<p>—Sanas.</p>
<p>—¿Por qué no las buscáis entonces?</p>
<p>—Porque ya las tenemos.</p>
<p>—Entonces, ¿por qué os peleáis y discutís?».</p>
<p>Me encantaría escuchar la respuesta de algunos contrincantes políticos actuales a ese diálogo socrático. ¿Por qué os peleáis y discutís? ¿Por el bien común o por un puñado de votos? ¿Por el interés de todos o solo por el vuestro?</p>
<p>La maldición de los populismos no afecta únicamente a la desmemoria, para crecer y multiplicarse necesita también la polarización de la sociedad (la radicalidad en el juicio, el anatema, la descalificación personal, el exabrupto, la demagogia, la mentira) y sobre todo contradecirse sin rubor y sin interrupción: donde dije digo, digo diego, y si no le gustan estos principios, señora, tengo los de Groucho Marx. Aunque sirva de escaso consuelo, esta brecha no ha surgido a raíz del 4-M en Madrid. El virus, antiguo como la demagogia y el egocentrismo, ya estaba en el ‘procés’, en Trump, en el Brexit y en cuantos olvidan, pasados apenas unos años, la costra de cualquier totalitarismo.</p>
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