<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>GRATIS TOTALauschwitz &#8211; GRATIS TOTAL</title>
	<atom:link href="https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/tag/auschwitz/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez</link>
	<description>Juan Domingo Fernández</description>
	<lastBuildDate>Sun, 10 Jul 2022 12:27:35 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>El horror, como siempre</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2015/09/04/el-horror-como-siempre/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2015/09/04/el-horror-como-siempre/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 04 Sep 2015 09:17:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[auschwitz]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Aylan]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Europa]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[globalización]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Goya]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[guerras]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Kim Phuc]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Manu Brabo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mohamed Al Durrah]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[picasso]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[refugiados]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sarajevo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Siria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Srebrenica]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Treblinka]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=548</guid>
		<description><![CDATA[En la aldea global lo que no se ve no existe. De ahí la fuerza de las imágenes y su extraordinario potencial para causar pavor. Mientras Auschwitz o Treblinka fueron nombres desconocidos para el mundo civilizado, la existencia de campos de exterminio no pasaba del puro rumor, de la ‘consabida’ propaganda de los conflictos bélicos. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la aldea global lo que no se ve no existe. De ahí la fuerza de las imágenes y su extraordinario potencial para causar pavor. Mientras Auschwitz o Treblinka fueron nombres desconocidos para el mundo civilizado, la existencia de campos de exterminio no pasaba del  puro rumor, de la ‘consabida’ propaganda de los conflictos bélicos. La llegada de las tropas aliadas y sobre todo la divulgación de testimonios e imágenes sobre la brutalidad nazi fue lo que permitió conocer, precisamente, la dimensión de la tragedia.<br />
En realidad, la técnica es nueva pero el procedimiento siempre ha sido el mismo. Ahora se recurre a fotografías o a documentales y vídeos, pero la iconografía bélica de los últimos milenios incluye saqueos, violaciones, cabezas decapitadas expuestas en picas, rollos de ajusticiamiento, matanzas colectivas&#8230; Basta repasar los frisos, bajorrelieves, esculturas o pinturas de los principales imperios o ejércitos del mundo.<br />
Volvemos la vista atrás y ahí están, prácticamente anteayer, ‘Los desastres de la guerra’ de Goya o la potentísima imagen del Guernica, con el que Picasso resumió la tragedia de los primeros bombardeos sobre una población civil. El horror es contumaz. ¿Quién le iba a decir a la civilizada Europa que apenas medio siglo después de los bombardeos masivos de la II Guerra Mundial se iban a revivir exterminios como los de Srebrenica o Sarajevo? En todos ellos el factor esencial fue la persistencia de la imagen. El símbolo del horror, como siempre.<br />
La imagen de Kim Phuc, «la niña del napalm», huyendo desnuda en Vietnam o la de aquel niño que levanta los brazos en el gueto de Varsovia o la pequeña que en 1939 cruza la frontera española camino de Francia con una sola pierna, apoyada en una muleta y de la mano de un adulto aterida de frío pertenecen a la misma estirpe que otras fotos conmovedoras y más recientes. Por ejemplo la del pequeño Mohamed Al Durrah en una de las intifadas de Gaza o la desgarradora fotografía de Manu Brabo en la que un padre sirio en cuclillas sostiene el cadáver de su hijo descalzo y ensangrentado. Dolor en estado puro.<br />
En la aldea global lo que no se ve no existe. Y lo que se ve, si es habitual y previsible, deviene en intrascendente. ¿Hay guerras en otros países? Entonces dicen: «No se les ocurra darnos la comida con imágenes o noticias desagradables, de mal gusto, morbosas; noticias que hieren nuestra sensibilidad».<br />
Sucede que sin imágenes como la del niño Aylan muerto en la orilla del mar, nuestro confortable discurrir ni se inmuta. La foto de ese niño al que la muerte ha lanzado a las portadas de los diarios e informativos de medio mundo revela la dimensión de la tragedia. Otro redoble de campanas. Y lo relevante no es cómo se publicita. La foto en sí, aunque parezca paradójico, es una anécdota, la consecuencia de un drama, pero lo importante no son los efectos sino las causas. El efecto se anestesia con lágrimas y emotividad. Las causas, la crisis de los refugiados, exige soluciones. Compromisos que van más allá del momentáneo malestar ante la imagen del horror. Del puro horror.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2015/09/04/el-horror-como-siempre/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>548</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>El turismo del horror</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2012/04/27/el-turismo-del-horror/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2012/04/27/el-turismo-del-horror/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Apr 2012 20:43:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA['Zona Cero' de Nueva York]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[auschwitz]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[banalidad del mal]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Camboya]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Chernóbil]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Freud]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Goethe]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Heine]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Stendhal]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[turismo necrológico]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Víctor Hugo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[voltaire]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Zola]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=307</guid>
		<description><![CDATA[Desde siempre el hombre ha sentido atracción por el abismo y se debate entre Eros y Thanatos, lo dos impulsos, como advierte Freud, que son norte y sur de la existencia. Parece que entendemos y justificamos muy bien todo lo relativo a Eros, al amor y a sus múltiples ramificaciones, desde la conmoción de los [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde siempre el hombre ha sentido atracción por el abismo y se debate entre Eros y Thanatos, lo dos impulsos, como advierte Freud, que son norte y sur de la existencia. Parece que entendemos y justificamos muy bien todo lo relativo a Eros, al amor y a sus múltiples ramificaciones, desde la conmoción de los primeros escarceos en la adolescencia hasta la convención de las bodas, bautizos y sus correspondientes días conmemorativos. ¿Pero qué pasa con Thanatos? Aparte de las funerarias y de las floristerías, del negocio de la muerte viven muchas personas, incluso del sector turístico. La Universidad Central Lancashire, de Inglaterra, ha creado el Instituto de Estudios sobre Turismo Necrológico para buscar una explicación académica al hecho de que miles de ciudadanos visiten durante sus vacaciones el campo de exterminio de Auschwitz, la ‘zona cero’ de Nueva York, los campos de la muerte de Camboya o la central nuclear de Chernóbil, según informa el diario ‘La Vanguardia’ citando fuentes de la BBC.<br />
El director del centro universitario, Philip Stone, cree que las visitas a esos lugares obedecen al sentido trascendente que concedemos a la vida, al hecho de que «vivimos en una cultura que por lo general elimina la muerte del dominio público», explica, y también a que visitando esos escenarios del horror, de las atrocidades, los turistas pueden dar un paso atrás y experimentar la sensación de alivio, la alegría de que no haberle sucedido a ellos la terrible desgracia de convertirse en víctimas.<br />
¿Pero el turismo necrológico no está relacionado en realidad con el nacimiento del turismo? ¿Qué buscaba Stendhal en sus paseos por Roma, Florencia y Nápoles? ¿Y qué buscaron Heine o Goethe o los viajeros ilustrados y del romanticismo por media Europa? ¿Qué tipo de turismo es el que conduce hasta las pirámides de Egipto, los mayores monumentos funerarios de la historia?<br />
Yo creo que el hombre que se acerca hasta los pabellones de Auschwitz o hasta los campos de la muerte de Camboya no solo acude para reflexionar sobre la muerte y la trascendencia de la vida, sino para interrogarse acerca de la maldita ‘banalidad del mal’ y del instinto irracional que aún alienta en muchos ejemplares de Homo sapiens.<br />
Esos lugares de las grandes hecatombes de la historia, de los apocalipsis que perpetraron el nazismo de Hitler, los Jemeres Rojos de Pol-Pot, el nacionalismo étnico en Bosnia-Herzegovina o la Al-Qaeda de Bin Laden no pueden invitar únicamente a que reflexionemos sobre el más allá, como si se tratara de un cuadro del barroco con el caballero observando la calavera junto al reloj de arena para ilustrar el tema del ‘tempus fugit’.<br />
Quienes visitan en París el cementerio Père-Lachaise, donde están enterrados desde Proust hasta Edith Piaf, Balzac y Chopin, o quienes recorren las galerías del Panteón de Hombres Ilustres, donde reposan, entre otros, los restos de Voltaire, Víctor Hugo y Zola, pueden ser adscritos al ‘turismo necrológico’, pero un turismo más preocupado por los aspectos estrictamente culturales de la historia que por el desasosiego que suscita la cercanía del horror y del mal.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2012/04/27/el-turismo-del-horror/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>307</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>La historia y el mal</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2010/01/28/la-historia-y-mal/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2010/01/28/la-historia-y-mal/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 28 Jan 2010 22:04:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[auschwitz]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[gulag]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[holocausto]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=172</guid>
		<description><![CDATA[Quienes han leído ‘El corazón de las tinieblas’, de Joseph Conrad, recuerdan bien cómo resume el protagonista la orgía de maldad y destrucción de la que fue testigo con cuatro palabras: «El horror, el horror». Acabada la II Guerra Mundial, y tras el ‘descubrimiento’ de los campos de concentración y de exterminio nazi, muchos ciudadanos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Quienes han leído ‘El corazón de las tinieblas’, de Joseph Conrad, recuerdan bien cómo resume el protagonista la orgía de maldad y destrucción de la que fue testigo con cuatro palabras: «El horror, el horror». Acabada la II Guerra Mundial, y tras el ‘descubrimiento’ de los campos de concentración y de exterminio nazi, muchos ciudadanos del mundo libre (¿) sintieron la imperiosa necesidad de mirar para otro lado ante la tragedia que amanecía en esas palabras: «El horror, el horror». </p>
<p>La historia y el cine han contribuido a recordar la dimensión del apocalipsis que dinamitó el corazón de la Europa más culta y desarrollada. Películas como ‘La lista de Schindler’, de Spielberg; ‘La vida es bella’, de Roberto Benigni, o ‘Shoah’, de Claude Lanzmann (ahora reeditada en DVD) han devuelto a la actualidad nombres con resonancias infernales como los de Treblinka o Auschwitz, del que esta semana se ha celebrado, precisamente, el 65 aniversario de su liberación por las tropas rusas. </p>
<p>Pero la historia no es una película. Ni el horror una sucesión de escenas tremebundas, despiadadas. En su libro ‘Si esto es un hombre’, Primo Levi, que sobrevivió temporalmente al holocausto en Auschwitz, –porque su existencia quedó marcada para siempre– me conmueve y emociona con su aséptica descripción del exterminio mucho más que otros relatos truculentos y de acción. Escribe Levi: «Si pudiese encerrar todo el mal de nuestro tiempo en una imagen, escogería esta imagen que me resulta familiar: un hombre demacrado, con la cabeza inclinada y las espaldas encorvadas, en cuya cara y en cuyos ojos no se puede leer ni una huella de pensamiento». Porque en ese libro Levi habla además del hambre, del frío, de la crueldad absurda, de la ‘inhumana’ capacidad para convertir a millones de hombres en despojos. Puros desechos.</p>
<p>Lo mismo me ocurrió cuando leí ‘Sin destino’, del Premio Nobel húngaro Imre Kertész, otro superviviente de Auschwitz y Buchenwal, a los que fue deportado con 15 años de edad. Un joven que al percatarse de que aquellos judíos que sabían hablar francés recibían un terrón de azúcar suplementario reflexiona en voz alta y llega a esta conclusión: «Entonces comprendí –como en casa siempre me habían enseñado– lo importante que es la cultura en general y el conocimiento de idiomas extranjeros en particular». No son precisos cadáveres amontonados, ni hornos crematorios, ni famélicas mujeres con el pelo rapado mendigando una gota de agua para sus hijos. Sobrevivir a ese precio es el horror. El horror.</p>
<p>Europa, que ha sufrido otras experiencias demoledoras durante el siglo XX (empezando por el Gulag soviético y pasando por las matanzas de Srebrenica o los crímenes contra la humanidad en Sabra y Chatila) haría bien en aprender de los ‘errores’ de la historia. En no fiarse demasiado del hombre, ese animal al que solo basta rascar un poquito sobre su epidermis para que libere el poder destructor de la perversión. </p>
<p>Ni el propio Papa, Benedicto XVI, se fía demasiado. De ahí sus palabras cuando visitó Auschwitz en 2006: «¿Dónde estaba Dios en aquellos días? ¿Por qué calló? ¿Cómo pudo tolerar ese exceso de destrucción, ese triunfo del mal?». ¿Cómo pudo? Esa es la pregunta que algunos siguen haciéndose. </big></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2010/01/28/la-historia-y-mal/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>172</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
