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	<title>GRATIS TOTALbancos &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>De cliente a operario</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Nov 2020 09:44:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En el horizonte financiero nacional se vislumbran dos hiperfusiones bancarias: la del BBVA con el Sabadell y la de Unicaja y Liberbank, que se añaden a la reciente de CaixaBank con Bankia. Recuerdo que en los años ochenta, cuando se multiplicaban las oficinas bancarias por las mejores esquinas urbanas, en Cáceres se popularizó un lamento irónico que resumía bastante bien lo que pasaba en la calle: «Desde la Plaza Mayor hasta la Cruz de los Caídos está todo lleno de bancos pero no hay forma de sentarme un rato a descansar».</p>
<p>Las perspectivas han variado sustancialmente y tal vez ahora resulta complicado hacerle hueco al humor. Por lo pronto, las fusiones bancarias forzarán la reducción de miles de puestos de trabajo y otras tantas prejubilaciones y jubilaciones en un país con el paro juvenil desbocado y una de las poblaciones más envejecidas del mundo. Del universo laboral en expansión al agujero negro. La tormenta perfecta.</p>
<p>Los problemas de la galaxia financiera no afectan únicamente a la macro, sino a la microeconomía. Por paradójico que resulte, hasta aquello de Mark Twain: «El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos los exige cuando empieza a llover» ha dejado de ser cierto, pues el banco no te paga ya por disponer de tu dinero; eres tú quien tienes que pagarle a él para que te lo guarde. Lo frustrante es que el propio sistema ‘obliga’ a que se realice cualquier operación a través de una entidad financiera: desde domiciliar pagos a las compañías suministradoras (electricidad, agua, teléfono) hasta el abono de los impuestos locales, regionales y nacionales. Mecanización y control.</p>
<p>De ahí los fastidiosos episodios que sufren a diario en las sucursales bancarias muchos clientes –mayores y jóvenes– sin destrezas suficientes ni acceso a las herramientas digitales para interactuar con su propio banco y no digamos para cualquier trámite con las administraciones públicas. Los bajos intereses, los problemas de solvencia, la globalización y sobre todo la escasa rentabilidad de algunas entidades financieras están haciendo que el cobro de comisiones se convierta en una vía fácil para sobrevivir. De hecho, si usted repasa los conceptos por los que su banco puede cobrarle comisión, se echará las manos a la cabeza, y a la cartera.</p>
<p>La palabra ‘cliente’ deberían sustituirla por ‘operario’, pues es usted mismo quien debe hacer las operaciones y gestiones que antes efectuaban los trabajadores del sector y, encima, pagar por ello. Y no hablo de los cambios derivados de la revolución tecnológica y digital, me refiero a un problema de fondo en el que antes que ciudadano con derechos será considerado usuario con deberes, una minúscula pieza del engranaje que mueve el sistema. No crean que hablo de abstracciones, trasladen esas ideas a la realidad de su entorno, con nombre y apellidos, a tantas localidades casi despobladas y envejecidas de Extremadura. Y perdón por la tristeza.</p>
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		<title>La mina y el saqueo de la materia prima</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Feb 2018 19:25:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>DECÍA Roosevelt que un hombre sin estudios es posible que robe en un vagón de mercancías, pero si tiene una educación universitaria puede que robe el tren entero. Ahora diríamos que más que la titulación académica, lo determinante para calcular las probabilidades de robo es la cercanía al poder. Al poder corrupto, claro está. Basta pensar en la industrialización del latrocinio que lleva soportando Cataluña desde hace décadas o en los pertinaces casos de corrupción que avergüenzan al conjunto de España.<br />
Con ser indecorosas, la ratería del pillo al menudeo o la sisa del pícaro resultan llevaderas; lo intragable es cuando se llevan el tren entero y encima intentan justificarlo. Pretender la impunidad agigantando la dimensión del agujero. Cuanto más grande, más protección. El viejo adagio: si el sujeto debe mil euros tiene un problema, pero si consigue catapultar la deuda a cien millones, el problema lo tiene el banco o la entidad a la que haya ordeñado.<br />
En nuestros días, los robos históricos, los atracos descomunales de guante blanco no los han protagonizado los corruptos de este o aquel partido, que también, sino el sistema financiero mundial que juega siempre en casa y nunca pierde, pues de vislumbrarse por el horizonte «riesgo sistémico» se blinda con la amenaza de la crisis global y enseguida exige que los peones acudan al rescate&#8230; Y ya puede imaginarse quiénes son los peones en esta partida.<br />
Sin embargo, a ese peligro invisible del sistema financiero globalizado le ha salido una competencia complementaria que trabaja de manera más sutil y efectiva. Me refiero a las redes sociales y más concretamente al mercadeo en torno a ellas, pues como declaraba ayer <a href="http://www.hoy.es/culturas/libros/munoz-molina-observador-20180221231206-ntrc.html">Antonio Muñoz Molina</a>, «las redes sociales debían ser un arma de libertad y sirven para que Rusia intervenga donde y como quiera; para que regalemos nuestra información más íntima y se enriquezcan comerciando con ella Google, Amazon o Facebook», empresas que son «monopolios y armas perfectas para los manipuladores como Trump y Putin. Mandan más», añade Muñoz Molina «que muchos gobiernos y no dejan de acumular poder y dinero».<br />
Facilitarles datos a las empresas y plataformas tecnológicas es la manera más directa de contribuir a su enriquecimiento. Ya no tienen que molestarse en meter la mano en su bolsillo, es usted mismo, como usuario de las redes sociales quien les facilita directamente la tarea. Usted, es decir, sus tendencias, sus actividades, sus aspiraciones, su modelo de consumo&#8230; es lo que les interesa y con lo que van a comerciar. En este singular negocio usted es el ‘esclavo’ y a la vez la ‘materia prima’. Un producto, en realidad la ‘mina de datos’ que les suministra gratuitamente y ellos obtienen a través de sus terminales para que las grandes plataformas sigan girando la rueda del negocio y le proporcionen a su vez las sugerencias de lo que debe hacer (leer, pensar, consumir&#8230;) y al mismo tiempo les permita crearles nuevas necesidades&#8230; Y tan contento, porque en su inocencia bondadosa se dice a sí mismo: «¿Qué más da, yo no tengo nada que ocultar?».</p>
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		<title>El robo rentable</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Dec 2013 13:38:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[HAY un dicho español muy expresivo para reflejar las situaciones doblemente humillantes: «Además de cornudo, apaleado». Millones de ciudadanos atenazados por una hipoteca y millones de ahorradores y de empresas descubren ahora que media docena de grandes bancos se dedicaron alegremente a manipular el euríbor y a ganar dinero a espuertas contraviniendo las normas de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>HAY un dicho español muy expresivo para reflejar las situaciones doblemente humillantes: «Además de cornudo, apaleado». Millones de ciudadanos atenazados por una hipoteca y millones de ahorradores y de empresas descubren ahora que media docena de grandes bancos se dedicaron alegremente a manipular el euríbor y a ganar dinero a espuertas contraviniendo las normas de la competencia; es decir, pegándole cuatro largas cambiadas al becerro de oro o sanctasantórum del ‘paraíso’ capitalista. Si ya de por sí vivimos sometidos al imperio de los mercados, ese territorio inhóspito en el que los bancos son una especie de grandes casinos amparados bajo el mandamiento de «la banca siempre gana», solo faltaba que encima hicieran trampas. Y las han hecho.<br />
La Comisión Europea les ha impuesto una multa de 1.700 millones de euros que supongo que no llegará ni a la categoría de chocolate del loro, sino que representará para las colosales ganancias acumuladas con sus trapacerías algo así como dos o tres granitos de alpiste entre las toneladas de grano que se han zampado estos pájaros&#8230; Por mucho que uno pretenda no atragantarse con la fe liberal, y por mucho que uno quiera ser comprensivo y tolerante con la mecánica operativa de las ‘citys’ financieras, noticias como las de esta semana te incitan a buscar un espray y a multiplicar por las paredes la sentencia de Bertolt Brecht: «Robar un banco es delito, pero más delito es fundarlo».<br />
Se nos dirá que la multa impuesta por la Comisión Europea es un síntoma de que todo no está perdido, de que aún se puede confiar en las instituciones y en los mecanismos de defensa del ‘sistema’. Allá cada cual con sus dosis de optimismo. Otros pensarán, sin embargo, que estos episodios son como gotas que un día –quizás sorpresivamente– hagan rebosar el vaso de la paciencia colectiva. Y qué difícil resulta después recoger el agua derramada. Y los vidrios rotos.<br />
Las prácticas sancionadas ahora por Bruselas constituyen no solo un fraude que socava la economía de millones de empresas, de ahorradores y de titulares de hipotecas referenciadas a los índices objetos de manipulación, sino que representa una desvergüenza que expande la semilla de la desconfianza ante el conjunto de la banca y las entidades financieras internacionales.<br />
«Hay muchos medios de hacerse rico, pero muy pocos de hacerlo con honradez; la economía es uno de los más seguros, a pesar de que tampoco es del todo inocente porque resta una parte a la caridad», decía hace cuatro siglos Francis Bacon. Estoy seguro de que si esa frase se la enviásemos como felicitación navideña –por ejemplo– a los consejeros de cualquier banco del mundo, las carcajadas que les provocaría serían propias de un cuento de Dickens.<br />
Y lo malo, lo ignominioso, es que a la infamia se une el descaro. Estoy convencido de que nadie entre los damnificados (las empresas, los ahorradores y los millones de hipotecados) van a recibir una compensación económica; para resarcirse de sus pérdidas tendrán que pleitear y recurrir. Dicho en prosa: además de puta, a poner la cama. </p>
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		<title>La lección de Araújo</title>
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		<pubDate>Fri, 10 May 2013 19:41:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El naturalista, escritor y divulgador Joaquín Araújo, afincado desde hace treinta y tantos años en un paraje próximo a los Ibores, en el corazón de las Villuercas, dejó la pasada semana desconcertado al auditorio que seguía atentamente su charla en el Ateneo de Cáceres cuando resumió su vaticinio respecto al futuro inmediato de la sociedad con una frase que tenía algo de acertijo y de misterio: «Hasta que lo primero no vuelva a ser lo primero, no hay solución». Lo primero es la Naturaleza o, en sentido muy amplio, la agricultura y la ganadería, porque como el propio Araújo señala en su libro ‘Cultivar, encuentros con la tierra’, «cuidar de lo que nos cuida es mucho más que las labores del campo».<br />
Otra de sus grandes reflexiones cabe en una frase muy corta: «La Naturaleza no se endeuda». Araújo insistió en esa circunstancia para subrayar, precisamente, lo contradictorio y ‘antinatural’ que resulta el consumismo insensato en que hemos sucumbido y cuyas consecuencias están resultando devastadoras para buena parte de la sociedad.<br />
Sostiene un proverbio oriental que son cuatro las cosas de las que siempre tenemos más de lo que deseamos: pecados, deudas, años y enemigos. En cuanto a los años, supongo que la inflación es abultada y más o menos constante en todas las generaciones. Respecto a los enemigos y los pecados, me parecen dos conceptos difícilmente evaluables a nivel colectivo. Pero las deudas&#8230; ¡Ay, las deudas! Nunca tantos debieron tanto a tan pocos. Nunca tantos españoles se endeudaron para convertirse en propietarios de bienes que no podían pagar al contado y nunca tantos bancos o entidades financieras engordaron su negocio, cebaron sus cuentas de resultados, incitando a consumir ‘dinero prestado’ como el que siembra a voleo.<br />
La lección de la Naturaleza llega tarde para algunos, pero de los errores se aprende. Confío en que buena parte de la sociedad (al menos los que sobrevivan al cataclismo de la crisis) se hayan vacunado contra un modelo social basado en la avidez y en el despilfarro. Espero que los más perspicaces, los más juiciosos estén ya inmunizados contra la tentación de la deuda, contra el tocomocho de hipotecar el futuro.<br />
«La Naturaleza no se endeuda» pero en la sociedad quienes suelen contar con carta blanca para entramparse son precisamente los ricos, los que tienen más posibilidades. Lo advierte la famosa frase: «Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo». En España únicamente a los ricos y a los bancos se les ha otorgado el privilegio de endeudarse por encima del millón de libras, es decir, de garantizarse el recurso de pasarle la bola a otro. Mayormente al Estado, que ha visto que lo fácil y cómodo es ‘redistribuir’ la deuda entre el conjunto de los paganinis, quiero decir entre el conjunto de los contribuyentes y que apoquinemos la ronda a escote.<br />
Intuía desde hace tiempo que el Poder (así, en abstracto y con mayúscula) nunca se ha caracterizado por su vocación ecológica, respetuosa con la Naturaleza. Desde que escuché a Joaquín Araujo la intuición se ha convertido en certeza.</p>
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		<title>Máscaras de carnaval</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Feb 2013 20:50:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Tengo la garganta lastimada por comulgar con tantas ruedas de molino, así que no seguiré mirando los muros de la patria mía, que ahora son los muros de Facebook y Twitter, todo el rato encendidos contra la corrupción rampante y el malestar desbocado. Los bancos y lo que representan se adueñan del mundo ante la complacencia y la complicidad de quienes marcan las normas. Es una pesadilla. La gente se indigna contra la corrupción política y contra la inutilidad de un sistema económico y social que se ha revelado al servicio –simples terminales– de don Dinero. Nos hemos dejado conducir como reses al exterminio. Hemos permitido que nos arrastren hacia una sociedad disparatada en la que el poder financiero, ¡más madera, que fluya el crédito!, representa el corazón de la máquina, el cerebro, el trono, la silla gestatoria y hasta el símbolo de lo inamovible y sagrado. Los bancos y el poder financiero tienen más poder que todos los gobiernos, que todas las constituciones y que todos los dioses. No hay más becerro que el de oro. Ni más Estado que el Dinero. <em>«Madre, yo al oro me humillo, /él es mi amante y mi amado, / pues de puro enamorado / anda continuo amarillo. / Que pues doblón o sencillo / hace todo cuanto quiero, / poderoso caballero / es don Dinero»</em>. Me acuerdo del Pablo Guerrero de <em>«Hay señales que anuncian que la siesta se acaba y que una lluvia fuerte limpiará nuestra casa»</em>, pero de momento sólo se han atrevido con los sumos sacerdotes de esa religión en Islandia; el otro día en Estados Unidos, si acaban apretándole las tuercas a Standar &#038; Poor’s, y anteayeren Alemania, donde preparan un cambio de normativa para poder enchironar durante cinco años a aquellos directivos de bancos que aprueben inversiones incumpliendo la ley o que terminen en fiasco. Con el dinero no se juega.  Recordaba esos versos de Quevedo y también el artículo de Larra ‘El mundo todo es máscaras. Todo el año es carnaval’, tan de estos días. Ya saben la historia, el Larra de ‘El Pobrecito hablador’ creía que la falsedad de la máscara y el disfraz se hallaba en los salones de bailes, pero cuando recurre a Asmodeo, héroe del ‘Diablo cojuelo’, ese que puede ver lo que ocurre en cada casa mirando a través del techo como si lo hiciera con un cristal de aumento, descubre que en la vida casi todo es fingimiento, desde la edad  de la vieja que se empeña en parecer joven, incluso desnuda, hasta el célebre abogado que utiliza el saber, los libros para litigar, como un postizo, como un bisoñé. Gracias a su ‘Cicerone’ descubre al que se disfraza con las medallas de la dignidad y del poder; a quien  promete la fidelidad que no mantiene o a quien se engaña a sí mismo, vanidoso, creyendo que en sus obras late el sentimiento de los clásicos. «Sal a la calle y verás las máscaras de balde», le dice Asmodeo a Larra.<br />
Estamos en carnaval, sigo el consejo. Mientras paseo trato de adivinar en qué rostros se  esconde la ambición, la falsedad, la avaricia, la egolatría, la ira&#8230; En mis elucubraciones hallo paralelismos para llenar un teatro. Llego a la esquina donde un hombre, de rodillas y con la cabeza agachada, pide limosna. Para él seguro que no es carnaval.</p>
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		<title>Cartas marcadas</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Sep 2012 20:12:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Según datos del Banco de España aparecidos en su boletín estadístico, el ahorro de los extremeños ha caído un 5,4 por ciento en el último año, de modo que los 17.808 millones de euros que las familias, las administraciones y las empresas tenían en marzo de 2011 se redujeron a 16.862 millones en marzo de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Según datos del Banco de España aparecidos en su boletín estadístico, el ahorro de los extremeños ha caído un 5,4 por ciento en el último año, de modo que los 17.808 millones de euros que las familias, las administraciones y las empresas tenían en marzo de 2011 se redujeron a 16.862 millones en marzo de 2012. Redondeando, mil millones menos. Sospecho que a este paso, la crisis o nos conduce directamente a la sociedad del trueque o nos transforma a todos en expertos económicos más enterados que un tertuliano de la tele.<br />
Yo no tengo una buena opinión de los bancos ni de los banqueros, aunque reconozco la habilidad histórica de ese gremio para convencernos de la importancia de su ‘alta misión’ en este mundo. Tampoco tenía una buena opinión de ellos Mark Twain: «El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover». Lejos de mi ánimo elevar a a la categoría de modélica esa práctica tan extendida en nuestro país que consiste en pedir algo prestado  –incluso dinero– y no devolverlo. A pesar de ello me resulta inquietante el revoloteo público de los banqueros y de las grandes corporaciones financieras como ‘capos’ intocables de los mercados, como si fueran el motor que hace girar el mundo cuando simplemente son recaudadores del esfuerzo ajeno.<br />
La extraordinaria habilidad del gremio montando el tinglado de la farsa hace que al común de los mortales no nos quede otro recurso que el del simple pataleo. Yo miro con aprensión las noticias que provienen de la economía financiera y con alegría las escasas que proceden de la economía productiva, de las parcelas ajenas a la mediación especulativa del dinero.<br />
Ya sé que hablando en estos términos se corre el riesgo de que le etiqueten a uno de iluso, de reconvertido a la fe de Sánchez Gordillo o simplemente de marginal y alternativo&#8230; No me importa. Estoy convencido de que uno de los frutos de la crisis será el progresivo desprestigio de ese universo  de valores que ha blindado hasta ahora a la gran banca mundial,  al tótem del dinero.<br />
Recuerdo que hace casi dos años, en octubre de 2010, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL (Comisión Económica de América Latina), dependiente de Naciones Unidas, declaraba en una entrevista en ‘El País’ que «el problema es la crisis financiera, no el Estado de bienestar» y que habría que «sentar en el banquillo al sistema financiero». ¿Alguien cree que eso ocurrirá algún día?<br />
Es verdad que en España y en otros países europeos se han producido excesos a la hora de gastar y tirar con pólvora del rey, pero no conviene perder la perspectiva porque, objetivamente, esas ‘faltas’ deben considerarse veniales, minucias casi ridículas comparadas con la ‘perversidad’ que supone tolerar un sistema financiero internacional donde la especulación –que es un robo de proporciones descomunales– no solo se tolera sino que se fomenta y se ampara como la doctrina más ortodoxa de esa religión. Al menos no nos tomen por tontos, sabemos quiénes juegan la partida con las cartas marcadas.</p>
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		<title>Hollín en la sopa</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Mar 2012 17:34:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En época de mixtificaciones y falsas apariencias es bastante fácil que te den gato por liebre. ¿Pero qué época no es de falseamiento y simulación? Hay lobos que se visten de corderos, les puede la querencia y quien lo paga es el rebaño. Hace pocos meses, cuando la sociedad alimentaba el festín consumista, el espejismo de un desarrollo tan inestable como el de la cabra del saltimbanqui, lo decisivo era pedalear sin parar en la bicicleta del mercado. Todos por la senda de la hipoteca, del crédito fácil, con los bancos en cabeza, hasta la orgía final. ¿Quiere usted una hipoteca para el piso? ¿Por qué no pide también un crédito personal, con el euríbor por los suelos, para el nuevo coche y esas vacaciones que le debe a su mujer?<br />
Ahora que sabemos el final de esa comedia, la mejor banda sonora es la canción de Sabina, ¿quién me ha robado el mes de abril, cómo pudo sucederme a mí? Naturalmente que los bancos, inductores cuando no cómplices en el desaguisado, mantuvieron las apariencias, las mantienen ahora y en apenas dos movimientos de prestidigitación han vuelto a quedarse con el santo y la limosna. El suyo es un negocio permanentemente con las espaldas cubiertas.<br />
«El cuerpo humano solo es apariencia y esconde nuestra realidad. La realidad es el alma», dice Víctor Hugo. Yo creo que los mercados son apariencia y esconden la realidad de los bancos, que es el dinero. Al contrario de lo que ocurre con el Pedro Crespo alcalde de Zalamea, cuando el honor era patrimonio del alma y el alma solo de Dios, en nuestra sociedad no hay más dios que los mercados ni más almas que el dinero, y tanto unos como otros son, en apariencia y en esencia, propiedad de la banca. Así que ya sabes, Sabina, quién te ha robado el mes de abril y alguna casilla más del calendario.<br />
El Banco Central Europeo inyectó ayer un billón de euros al sistema y la banca española solicitó al menos 150.000 millones para hacer fluir el crédito. ¿Para hacer fluir el crédito o para arreglar las propias cuentas con el dinero de todos? ¿Por qué se empieza otra vez la casa por el tejado?<br />
El panorama ha hecho que cada vez entendamos mejor la certera definición de banquero que dio Mark Twain: «El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover». Darle vueltas al asunto puede inducirnos a la melancolía o al simple cabreo. Y tampoco está la cosa para alimentar una kale borroca contra los amos de la pasta. En realidad los banqueros lo único que buscan es cubrir las apariencias, aunque en su caso cubrir las apariencias implique siempre apostar a caballo ganador y que la moneda caiga del mostrador para adentro&#8230;<br />
Lo mejor es la resignación y no sulfurarse en exceso. «Si un puñado de hollín cae dentro de la sopa y no puede sacarlo, remuévalo bien y le dará un sabor francés a la sopa», escribió Jonathan Swift, ese genio de la ironía ‘reducido’ tantas veces, de forma injusta, a cuentista para niños. Espectador a la fuerza de los trileros del mercado, no se disguste amigo lector, y si además de tener hollín, la sopa está caliente, sonría y échele vino, así además de enfriarse el plato se calienta usted.</p>
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		<title>Como a Fernando VII</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 16:49:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay quien aspira a sanear la economía reduciendo derechos a los trabajadores. Como si para acabar con la crisis en la industria cinematográfica empezáramos por recortarle el sueldo a los acomodadores. La verdad es que yo soy un descreído en materia de política económica, donde únicamente se cumple con seguridad la ley de Murphy.<br />
Tengo la impresión de que estamos asistiendo a un espectáculo universal de prestidigitación, a un enorme tocomocho en el que el pobre contribuyente es ‘sangrado’ sistemática y sucesivamente por los conglomerados financieros internacionales y sus representantes en la tierra. Me da igual que se les llame ‘mercados’, sistema financiero mundial o gran banca. Lo que cuenta son los resultados:  nada por aquí, nada por allí, conejos que saltan de las chisteras y millones de trabajadores (preferentemente asalariados y con nómina) convertidos de nuevo en las víctimas del gran festín del dinero. ¿Cómo no añorar aquellos tiempos en que la Iglesia Católica prohibía la usura y condenaba con la excomunión a quien la practicase? Cuánta razón tienen los cantos de <a href="http://amediavoz.com/pound.htm#CANTAR%20XLV">Ezra Pound contra la usura</a>:<br />
«Con usura se hincha la línea / con usura nada está en su sitio (no hay límites precisos) / y nadie encuentra un lugar para su casa. / El picapedrero es apartado de la piedra / el tejedor es apartado del telar /con usura/ no llega lana al mercado /no vale nada la oveja con usura»&#8230;<br />
El hombre de la calle tiene la percepción de que es inútil trabajar  sacrificadamente toda la vida si la perversidad de un sistema ‘incontrolable’ se asienta sobre la injusticia de un desequilibrio clamoroso: el del dinero. Las rentas de capital son el Becerro de Oro ante quienes todos se doblegan. Y ve tú a sugerirles tasas Tobin, eliminación de paraísos fiscales o regulación financiera mundial&#8230; El procedimiento es genial en su simpleza. Los gobiernos se encargan de sacarle las perras al ciudadano y facilitárselas a los bancos. Estos a su vez hacen negocio prestándoles el dinero a los ciudadanos y otra vez a los gobiernos. Si el negocio sale mal, ¡sin problemas!, el gobierno de turno se ocupará de recaudar para que la máquina (el sistema) siga funcionando, para que los bancos y sus directivos no se inquieten, para que nada cambie y todo siga igual.<br />
Ahora, con la excusa de que hay que prevenir el fraude fiscal, se convierte a los bancos en intermediarios necesarios para nuevas operaciones entre particulares&#8230; Pero, claro, esa mediación no será gratuita, incluirá la correspondiente tajada, la obligada ‘mordida’, la consabida comisión. Y seguimos sumando. Resumen: las entidades financieras verán ampliado su abanico de negocio. Así se las ponían a Fernando VII. Va a tener razón Bertolt Brecht: «Es mayor delito fundar un banco que robarlo». Engordemos el buche de quienes han generado la crisis. Y el sufrido contribuyente, como en el dicho castizo, además de puta, a poner la cama&#8230; No extraña que en el último barómetro del CIS los españoles señalen a los bancos como los principales responsables de la crisis. Lo raro es que no hayan metido en la cárcel a unos cuantos banqueros, como en Islandia.</p>
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		<title>¿Y si ganamos?</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jan 2009 00:02:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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 <![endif]--><big>La semana pasada deslicé por esta columna unas pocas ideas acerca del optimismo, la demografía y la natalidad. A un buen amigo, aficionado a coleccionar frases, le ha faltado tiempo para recordarme que «muchos se han vuelto pesimistas por haber financiado a optimistas». Mi amigo –que yo sepa– no trabaja para entidad financiera alguna, pero sus postulados se corresponden más con la parte del cajero que con los que se agolpan en la cola de esa ventanilla. Sobre todo ahora.  </p>
<p>Mi amigo está muy equivocado porque cree que el banco, –que es, como decía Julio Camba, «una tienda como las demás que vende una mercancía llamada dinero»– debe mostrarse cauto y desconfiado para cumplir con su misión y seguir haciendo negocio.</p>
<p>Yo soy de letras, pero entiendo que la mecánica bancaria se inspira en un principio de apariencia paradójica: para que a usted un banco le preste 10.000 euros, deberá demostrarle previamente que tiene por lo menos 20.000. Y si no lo demuestra, le ocurrirá lo que cuenta Camba: que los banqueros «le echarán con cajas destempladas asombrados de ver que les pide fondos un hombre que carece de ellos». </p>
<p>A mi amigo, el de las frases célebres, voy a enviarle para su colección una de Benjamín Franklin muy de actualidad: «Si quieres saber el valor del dinero, ve e intenta que te presten un poco». En el banco, por supuesto. </p>
<p>Si no cambia en breve el panorama le enviaré también las crónicas periodísticas de lo que resulte tras la iniciativa de la Asociación de Empresarios de la Comarca de la Serena, dispuestos a encerrarse en las sucursales de los bancos y cajas si las entidades persisten en su actitud de no conceder préstamos con la que está cayendo.</p>
<p>A mí esta propuesta me parece positiva pero a la vez inquietante. Me recuerda aquel episodio del grupo de generales mexicanos que discutía vivamente sobre la conveniencia o no de declararle la guerra al gigante del norte, a los Estados Unidos. El debate entró en su fase clave cuando uno de los militares no discrepó respecto a la declaración de la guerra pero preguntó: «¿Y si ganamos?».</p>
<p>Salvadas las distancias, eso es lo que me inquieta de esta medida de presión. ¿Y si ganan? ¿Qué pasará si los encerrados tienen éxito y toman La Bastilla del crédito?</big></p>
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