<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>GRATIS TOTALcáceres &#8211; GRATIS TOTAL</title>
	<atom:link href="https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/tag/caceres/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez</link>
	<description>Juan Domingo Fernández</description>
	<lastBuildDate>Sun, 10 Jul 2022 12:27:35 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Cáceres y la hoja roja</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2021/02/11/caceres-y-la-hoja-roja/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2021/02/11/caceres-y-la-hoja-roja/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 11 Feb 2021 11:10:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[baños públicos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[bares]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[convivencia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[delibes]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[pandemia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[periodismo]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=1155</guid>
		<description><![CDATA[Hace un par de semanas leí en HOY una de esas informaciones que justifican, sin rimbombancias ni sensacionalismo, la necesidad de un periodismo cercano, reivindicativo y sobre todo de utilidad para el hombre de la calle. Se trata de un reportaje de Manuel M. Núñez y María José Torrejón cuyo título resume de manera precisa [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un par de semanas leí en HOY una de esas informaciones que justifican, sin rimbombancias ni sensacionalismo, la necesidad de un periodismo cercano, reivindicativo y sobre todo de utilidad para el hombre de la calle. Se trata de un reportaje de Manuel M. Núñez y María José Torrejón cuyo título resume de manera precisa un problema sobrevenido a la ciudad de Cáceres: ‘La difícil misión de encontrar un baño público abierto’. El cierre de los bares por la pandemia y el de aseos públicos como el situado en el Parque de Gloria Fuertes (antes de Calvo Sotelo) en la céntrica Avenida de España se traduce en restricciones que deja a muchos mayores, taxistas, repartidores, visitantes que están lejos de casa… sin el recurso de unos w.c. donde orinar o hacer frente a «algo tan sencillo como un apretón».</p>
<p>Los dos periodistas recorren a través del testimonio de Antonio del Barco, vecino de Mejostilla, los organismos públicos, establecimientos o instituciones en los que resulta posible acceder o no a los aseos. En alguno de tales organismos la excusa esgrimida fue que el acceso a las dependencias solo funciona con cita previa, «algo que en el caso de los baños no es operativo por razones obvias», concluyen M.M.N. y M.J.T. con sutil retranca.</p>
<p>Según explican, la chispa que terminó de concienciar a este vecino de Mejostilla, también pensionista, fue la escena sufrida por un hombre de casi ochenta años que había viajado a Cáceres desde La Vera para unos trámites oficiales. El anciano pidió permiso para entrar al baño y se lo denegaron. A este buen samaritano le pareció que aquel hombre estaba tan desconcertado y sin saber qué hacer que de inmediato se ofreció a acompañarle hasta el cercano paseo de Cánovas para que al menos pudiese orinar aunque fuese «tapado en el seto». Sin embargo, por pudor o por otra razón, no lo hizo y terminó aguantándose las ganas.</p>
<p>Estos episodios me trasladan a los tiempos de ‘La hoja roja’, de Delibes, en aquella capital de provincia donde el protagonista, el viejo Eloy, recomendaba a su amigo Isaías ante las dificultades intestinales «que bajase a la espesura del parque para evacuar de madrugada porque la naturaleza era el mejor regulador», a lo que su amigo replicaba acalorado «que eso no, que eso, como todo, iba en temperamentos».</p>
<p>A nuestros mayores seguramente les ha salido durante la pandemia aquella hoja roja que avisaba de que el papel de fumar estaba en las últimas. Una metáfora amarga. Yo creo que pasear por la ciudad y convivir en libertad son la mejor vacuna para combatir la melancolía y el derrotismo. Ojalá dentro de pocas semanas la primera inquietud para quienes recorren Cáceres sea algo tan ‘solucionable’ como encontrar un baño público abierto y no el desasosiego de esa ‘hoja roja’, de ese símbolo que cubría de desazón y acongojaba al personaje de Delibes.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2021/02/11/caceres-y-la-hoja-roja/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1155</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Ángel Rodríguez en Monfragüe</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2020/09/24/angel-rodriguez-en-monfrague/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2020/09/24/angel-rodriguez-en-monfrague/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2020 09:46:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[extremadura]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Monfragüe]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[naturaleza]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Parque Nacional]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[tórtolas]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=1102</guid>
		<description><![CDATA[Durante años viví junto al Parque del Príncipe de Cáceres y en los paseos del trabajo a casa me deleitaba con el revoloteo de las tórtolas y el canto de los mirlos. Las tórtolas era fácil encontrarlas en los alrededores del santuario de la Montaña y en diversas zonas arboladas de la ciudad. Al igual [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante años viví junto al Parque del Príncipe de Cáceres y en los paseos del trabajo a casa me deleitaba con el revoloteo de las tórtolas y el canto de los mirlos. Las tórtolas era fácil encontrarlas en los alrededores del santuario de la Montaña y en diversas zonas arboladas de la ciudad. Al igual que ocurre en otras poblaciones de Extremadura, desde hace tiempo las tórtolas se pasan ya todo el año en Cáceres y lo mismo descubres su figura en lo alto de un edificio en Colón que en las escaleras de Obispo Segura Sáez, donde ayer por la mañana, franciscanamente, un bello ejemplar compartía el bullicio ciudadano más feliz que una perdiz.</p>
<p>Me entero por las redes sociales que la pasada semana se jubiló como director del Parque Nacional de Monfragüe, Ángel Rodríguez Martín (Pescueza, Cáceres, 1955). Con ese motivo, una de sus hijas le homenajea justo en el instante en que se produce el fin de un ciclo, de una etapa fecunda: «Treinta años de dedicación, sacrificio, vocación, lucha y éxito por conservar un territorio que hoy es bandera de nuestra región, Monfragüe. Tercer destino en el mundo elegido por los amantes de la naturaleza, capilla sixtina de la ornitología; único rincón del planeta donde especies emblemáticas como el águila imperial coexisten con el hombre».</p>
<p>La noticia en las redes y la tórtola callejera me devuelven el eco de una <a href="https://www.hoy.es/v/20101106/regional/padre-pastor-hasta-catorce-20101106.html">entrevista</a> con Ángel Rodríguez, diez años atrás. Titulé aquella larga charla con una frase para mí reveladora: «Mi padre era pastor y hasta los catorce años viví en un chozo». Recuerdo que me sorprendió la espontaneidad propia de quien ha pasado toda su vida en contacto directo con la naturaleza y de quien habla de ella no como el alumno que ha adquirido unos cuantos conceptos teóricos en la universidad –Ángel Rodríguez cursó los estudios de Técnico Forestal en la Politécnica de Madrid– sino con las vivencias del niño que mataba pájaros para comer («es lo que hacíamos los niños en el campo»), que criaba tórtolas («porque era una de las especies que tenía más cerca y que criaban con más facilidad») o que corría detrás de los perdigones por los rastrojos: «¡Que si he corrido…! Cuando cogías algún perdigón lo tenías, lo cuidabas y aquello era sagrado, no se mataba nunca». El hijo de un pastor de ovejas «que no eran suyas, un pastor a sueldo» que para ir a la escuela tenía que andar ocho o diez kilómetros todos los días, y cuando pudo empezar en el instituto tenía ya 14 años, en vez de los diez u once de todos sus compañeros. Seguro que en esta nueva etapa, al volver la vista atrás, Ángel Rodríguez vislumbrará aquellos días con igual detalle con que ha pateado y conoce las 18.000 hectáreas de un Parque Nacional, Reserva de la Biosfera, que ha sido, sin retórica hueca, su vida y su pasión.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2020/09/24/angel-rodriguez-en-monfrague/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1102</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Por la calle</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2020/05/28/por-la-calle/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2020/05/28/por-la-calle/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 28 May 2020 07:10:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[confinamiento]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Covid-19]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[españa]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=1066</guid>
		<description><![CDATA[Salgo a la calle y percibo que la gente, poco a poco, va cogiéndole el punto a esa normalidad sin adjetivos que consiste en saludar a los conocidos, parándose a charlar, aunque sea brevemente, con amigos y allegados. Es cierto que en la mayoría de las ocasiones se trata de hilvanar unas pocas frases protocolarias, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Salgo a la calle y percibo que la gente, poco a poco, va cogiéndole el punto a esa normalidad sin adjetivos que consiste en saludar a los conocidos, parándose a charlar, aunque sea brevemente, con amigos y allegados. Es cierto que en la mayoría de las ocasiones se trata de hilvanar unas pocas frases protocolarias, deudoras antes de la cortesía o la urbanidad que de otros sentimientos. Esos cumplidos que abarcan desde el gesto de enarcar las cejas con leve sonrisa, hasta el ademán de saludar con la mano y un apresurado «¡hasta luego!». Hola y adiós.</p>
<p>Estos días el asunto insoslayable en las conversaciones de los reencuentros es la pandemia o, dicho de otro modo, el coronavirus, la Covid-19, el ‘maldito bicho’ o su consecuencia fatal: ese ‘confitamiento’ (hallazgo del genio de la lengua) que suena proteicamente a mortificación y hartura.</p>
<p>Durante los primeros escarceos en semilibertad descubro que muchos interiorizamos la necesidad de guardar las distancias y nos plantamos frente a nuestro interlocutor, sustituyendo el instintivo apretón de manos por un choque de codos artificioso que a mí no acaba de convencerme. Impera el deseo absoluto de saludar a cualquier conocido que nos sale al paso. Como si quisiéramos redoblar nuestra condición de seres sociales por naturaleza y levantar la mano para advertir: «Seguimos aquí, de momento lo contamos». Un ajetreo de liberados, un ir y venir de paseantes que me devuelve a los años de la preadolescencia cuando alguna vez, acompañando a mi padre –ajeno a las prisas que me acuciaban– le reproché su carácter en exceso comunicativo y cordial: «No hay manera de pasear contigo, te enganchas como una zarza y te paras a hablar con todos los que te saludan». Genio y figura.</p>
<p>Hace bastante calor en la calle. Saludo al encargado de un bar, próximo a mi casa, que echó el cierre en el mes de marzo y sigue con las mesas y las sillas apiladas a la puerta: «¿Para cuándo abrís?», le pregunto. «No lo sé, el bicho (por su jefe) dice que ahora no, que más adelante». Unos cuantos metros más allá, distingo al gran Lorenzo Cordero, fotógrafo y compañero de HOY durante treinta años, apostado con la cámara junto a un paso de peatones. Intento esquivar el objetivo, confiado en que el mar de mascarillas ayude al camuflaje. Ni por esas. «No te escapas», me dice sonriendo, «ese pelo es inconfundible». Otro viejo amigo me reconoce e intercambiamos saludos. Se despide con su pizca de humor: «Todos estupendamente, y además en casita, sin gastar los billetes», dice con ese gesto característico de frotarse los dedos índice y pulgar.</p>
<p>«¿Qué tal va todo?», pregunto a uno de esos trabajadores imprescindibles que limpia a diario, con el carro y el cepillo, las calles de la ciudad. Él levanta la vista y sonríe: «¡Uf, cuando haga 40 grados, con las mascarillas puestas, vamos a caer como ‘gurriatinos’!».</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2020/05/28/por-la-calle/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1066</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Saltos cualitativos</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/12/19/saltos-cualitativos/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/12/19/saltos-cualitativos/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Dec 2019 08:29:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Aldea Moret]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cultura]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Fundación Helga de Alvear]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Fundación Mercedes Calles]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Museo de Cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Museo Vostell Malpartida]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Palacio de los Golfines de Abajo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Rodríguez Ibarra]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[turismo]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=1008</guid>
		<description><![CDATA[Más de una vez se ha insistido en la relevancia económica y social que tuvo para Cáceres la explotación de las minas de Aldea Moret, no solo por la extracción de fosforita para su transformación en abono, sino por suscitar, de hecho, la llegada del ferrocarril a la ciudad y generar durante más de un [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Más de una vez se ha insistido en la relevancia económica y social que tuvo para Cáceres la explotación de las <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Aldea_Moret">minas de Aldea Moret</a>, no solo por la extracción de fosforita para su transformación en abono, sino por suscitar, de hecho, la llegada del ferrocarril a la ciudad y generar durante más de un siglo actividad laboral e industrial. En la vida de Cáceres, las minas de fosfatos supusieron un antes y un después que han marcado su historia. Un salto cualitativo que introdujo nuevas derivadas probablemente difíciles de prever en aquellos momentos iniciales en que se decidió explotar el mineral para trasladarlo en carretas hasta Lisboa. A otro nivel, en Cáceres se han generado iniciativas que constituyeron asimismo ‘saltos cualitativos’ y contribuyeron a perfilar un futuro mejor. Estoy pensando, pongamos por caso, en el <a href="http://museodecaceres.juntaex.es/web/view/portal/index/index.php">Museo de Cáceres</a> –desde sus orígenes, a finales del siglo XIX como Comisión Provincial de Monumentos de Cáceres– o en el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Museo_Vostell_Malpartida">Museo Vostell Malpartida</a>, creado en 1976 por el artista hispanoalemán Wolf Vostell, aprovechando edificios del antiguo lavadero de lanas de tiempos de la mesta. ¿Alguien se imagina qué sería de una industria moderna como el turismo sin el Museo de Cáceres o sin el Museo Vostell en el paraje natural de Los Barruecos de Malpartida? Sin su valor añadido.</p>
<p>Esta semana la galerista Helga de Alvear ha donado 207 obras, tasadas en 42 millones de euros, al <a href="http://fundacionhelgadealvear.es/">Centro de Artes Visuales y a la fundación</a> que lleva su nombre en Cáceres. Se trata de la primera entrega de una colección que reúne cerca de 3.000 piezas y que ya han convertido, a través de su sede actual: el viejo edificio de la Casa Grande remodelado por el arquitecto Luis Tuñón, en referente del arte contemporáneo en España. Una colección que la propia Helga de Alvear justifica de manera sencilla: «A mí me interesa el arte contemporáneo, porque nos habla de nuestro tiempo y de nosotros mismos, porque crea y desarrolla lenguajes que pueden explicarnos, de manera nueva, el mundo que nos ha tocado vivir y del que a menudo solo rozamos la superficie». Supongo que para llegar hasta este punto ha sido necesario que Helga de Alvear destine millones de euros de su patrimonio personal a satisfacer esa pasión artística, pero también ha sido preciso que unas administraciones públicas (en este caso, haciendo justicia, hay que citar a la Junta de Extremadura y a su entonces presidente Rodríguez Ibarra) para apostar por una opción que termine convirtiéndose en salto cualitativo hacia un futuro mejor.</p>
<p>Sin embargo, no se trata únicamente de iniciativas públicas. Si esos últimos empeños vinculados con el arte conceptual y contemporáneo que son el Museo Vostell Malpartida y la Fundación Helga de Alvear cuentan con el paraguas de las administraciones públicas, otras dos magníficas apuestas: la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Fundaci%C3%B3n_Mercedes_Calles_y_Carlos_Ballestero">Fundación Mercedes Calles</a> (con el remodelado Palacio de los Becerra) y la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno (con la rehabilitación y ‘museización’ del <a href="http://www.palaciogolfinesdeabajo.com/visita/">Palacio de los Golfines de Abajo</a>) representan también avances significativos para los sectores turístico y cultural de Extremadura. Otras minas para explotar.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/12/19/saltos-cualitativos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1008</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>De ayer a hoy</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/10/24/de-ayer-a-hoy/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/10/24/de-ayer-a-hoy/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 24 Oct 2019 08:35:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Atonio Rubio Rojas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Diario HOY]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[fotografías]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Juan Ramón Marchena]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=987</guid>
		<description><![CDATA[Cerca de donde vivo hay un solar que lleva muchos años cercado por una red metálica, y listo para que se construya en él. Creo que ya le llegó su hora: el movimiento de tierras concita curiosidad y atrae espectadores. «¿Ha visto usted cómo ha cambiado esto en dos días?», comenta una vecina ante el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cerca de donde vivo hay un solar que lleva muchos años cercado por una red metálica, y listo para que se construya en él. Creo que ya le llegó su hora: el movimiento de tierras concita curiosidad y atrae espectadores. «¿Ha visto usted cómo ha cambiado esto en dos días?», comenta una vecina ante el trajín de excavadoras en lo que antes fue una parcela casi llana. «Lo que hacen las máquinas», le respondo. En ese instante recuerdo el famoso artículo de Carlos Luis Álvarez, ‘Cándido’, quien, a la vista de tres obreros echando arena en un camión, se hacía unas cuantas preguntas para discernir lo elemental de lo relevante, lo anecdótico de lo significativo, el trigo de la paja. Y enseguida me viene a la memoria también un coleccionable que tuve el honor de coordinar: ‘Cáceres, imagen y recuerdo’, que distribuyó el diario HOY en 2002 con fotografías procedentes del Archivo de Curiosidades de Juan Ramón Marchena y textos de Antonio Rubio Rojas, archivero municipal y cronista oficial de la ciudad de Cáceres.</p>
<p>Aquel coleccionable enfrentaba treinta imágenes antiguas de lugares muy transitados: calles, plazas, rincones, monumentos… y otras treinta con su fisonomía actual. No pretendía ser un tributo a la nostalgia, –aunque también– sino a una realidad cambiante, enriquecida con comentarios lejos del dato prolijo y más cerca de «la glosa amena e iluminadora de la estampa». Aquel coleccionable se abría con la foto del arco que en 1917 el pueblo de Cáceres dedicó a su prelado al comienzo de la calle San Antón, cuando aún no se había construido la después denominada Casa de la Chicuela, y la correspondiente al lugar en la actualidad, es decir, en 2002. Del mismo modo, las láminas, a gran tamaño, del cine Norba y la avenida Virgen de la Montaña en 1967; de la Cruz de los Caídos en noviembre de 1938, durante la jura de bandera de una promoción de alféreces provisionales procedentes de la Academia de Granada; la plaza de San Jorge tras una fuerte nevada en febrero de 1924; la plaza de Santa María, casi irreconocible, en 1962; la plaza de San Jorge en1939; la construcción de las Casas Baratas en 1930; la Torre de Cáceres, el Puente de San Francisco, la calle San Pedro esquina con Donoso Cortés, el Cine Astoria…</p>
<p>Aquel coleccionable anticipaba lo universal de un sentimiento que alimenta ahora los blogs y sitios webs de fotos antiguas en bastantes capitales españolas. Internet y las redes sociales favorecen la recuperación y difusión de un patrimonio en el que muchas veces no se repara precisamente por tenerlo cercano, por tratarse de espacios que se han ido transformando tan en silencio que su metamorfosis nos resultó casi inadvertida.</p>
<p>Por eso ahora –al contrario de lo que ocurrió en las décadas del desarrollismo desbocado– en el instante en que se percibe el mínimo cambio, la apertura de nuevos espacios urbanísticos, la construcción de bloques en cualquier solar, rápidamente se observa a un ‘ejército’ de curiosos armados con sus teléfonos móviles para dejar constancia documental de cómo era ayer ese lugar y cómo es hoy.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/10/24/de-ayer-a-hoy/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>987</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>‘Instantes decisivos’</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/10/17/instantes-decisivos/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/10/17/instantes-decisivos/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 17 Oct 2019 08:43:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[arte]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Fotografía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Fundación Mercedes Calles]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Henri Cartier-Bresson]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Julián Castilla]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=983</guid>
		<description><![CDATA[Un tropel de jóvenes estudiantes recorre las salas de exposiciones de un viejo palacio rehabilitado, el de la Fundación Mercedes Calles, en el corazón mismo de la ciudad monumental de Cáceres. En una de sus paredes luce esta frase de Henri Cartier-Bresson: «El fotógrafo no puede ser un espectador pasivo, no puede ser realmente lúcido [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un tropel de jóvenes estudiantes recorre las salas de exposiciones de un viejo palacio rehabilitado, el de la Fundación Mercedes Calles, en el corazón mismo de la ciudad monumental de Cáceres. En una de sus paredes luce esta frase de Henri Cartier-Bresson: «El fotógrafo no puede ser un espectador pasivo, no puede ser realmente lúcido si no está implicado en el acontecimiento». Esas palabras se entienden mejor recorriendo la muestra ‘Instantes decisivos’, que reúne obras de 47 grandes maestros de la fotografía como Man Ray, Cartier-Bresson, Capa, Robert Doisneau, Korda, Kertész, Nicolás Muller, Cristina García Rodero, Chema Madoz, Carlos Pérez Siquier, Ramón Masats, José Manuel Ballester, Carlos Saura, Elliot Erwitt, Xavier Miserachs, Gerardo Vileba o Leopoldo Pomés, entre otros, pertenecientes a la colección Julián Castilla, propietario también de la valiosa ‘Colección Himalaya’ de pintura y escultura.</p>
<p>Lejos de perturbar como los recorridos que provocan el ‘síndrome de Stendhal’, –el viajero sometido a sobredosis de obras artísticas–, la exposición ‘Instantes decisivos’ constituye en sí una antología de imágenes icónicas, un recorrido en torno a algunas de las fotografías que han alimentado la mitología cultural y los referentes icónicos del ultimo siglo. Y no exagero.</p>
<p>Desde la imagen (tantísimas veces reproducida) de la espalda desnuda de mujer que Man Ray titula ‘El violín de Ingres’, hasta la plancha metálica con clavos que el maestro surrealista y dadá tituló ‘Regalo’. Desde la foto de Robert Doisneau ‘Los panes de Picasso’, en que se ve al genio malagueño sentado a la mesa, con el plato delante y haciéndonos creer que unos bollos de pan que simulan dedos son sus propias manos; pasando por la hipnótica fotografía que Robert Capa hizo a un Picasso maduro y vigoroso mientras protege con una sombrilla del sol de la playa a su musa de entonces, la deslumbrante y misteriosa Françoise Gilot. Una antología en la que podemos admirar el retrato que Dennis Stock hizo a James Dean bajo la lluvia en Times Square; la foto de la pareja besándose apasionadamente en París en 1950; el niño con botellas que Cartier-Bresson fotografió en la rue de Mouffetard; la España de los años cincuenta y sesenta que retrata Nicolás Muller en ‘Corro de niñas’, la adoración a la Virgen en el interior de una iglesia manchega o la titulada ‘Preparando el ataúd’, del año 1957. Fotos que cuentan historias, que detienen el reloj. Estampas de una España no tan lejana: ‘Capea en la Algaba’, de Leopoldo Pomés; ‘Vivir en Madrid. Casa de Campo’, 1967 de Francisco Ontañón; ‘La confesión. Saavedra. Lugo’, 1981, de Cristina García Rodero; ‘Veraneo’. Santander, 1960 de Gerardo Vielba o la famosísima ‘El piropo’, captada por Xavier Miserachs en 1962. Hasta la foto ‘icónica’ por antonomasia: el Che de Korda, o las recientes y coloristas de José Manuel Ballester. Imágenes que conmueven.</p>
<p>Decía el escritor André Pieyre de Mandiargues refiriéndose a Cartier-Bresson, que la belleza de la imagen era para él un misterio, «una visión fantástica de la realidad en la que lo trágico y lo cómico se confunden constantemente», tal y como sucede con muchas obras literarias. Acaso esa observación sea también un buen resumen de esta muestra.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/10/17/instantes-decisivos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>983</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Escenas de calle</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/03/14/escenas-de-calle/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/03/14/escenas-de-calle/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 14 Mar 2019 08:26:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[bar Cauria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[convivencia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[españa]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Jesús Domínguez]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Marcelino Cardalliaguet]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Rafael Sánchez Ferlosio]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[redes sociales]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=913</guid>
		<description><![CDATA[Paseo por Cáceres. Me detengo frente al escaparate de una librería y veo que se acerca el viejo profesor Marcelino Cardalliaguet. Como sé de su pasión por la historia, le digo de bromas que cuando me paro a mirar libros tras el cristal, me acuerdo de Canalejas, aquel presidente del Gobierno al que descerrajaron tres [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Paseo por Cáceres. Me detengo frente al escaparate de una librería y veo que se acerca el viejo profesor Marcelino Cardalliaguet. Como sé de su pasión por la historia, le digo de bromas que cuando me paro a mirar libros tras el cristal, me acuerdo de Canalejas, aquel presidente del Gobierno al que descerrajaron tres tiros delante de una librería de la Puerta del Sol, en Madrid. Enseguida trae a colación Cardalliaguet otros magnicidios famosos: el de Cánovas en un balneario de Mondragón, en Guipúzcoa; el de Dato, en la Plaza de la Independencia, en Madrid, o el del general Prim, tras el atentado sufrido en la calle del Turco. «En fin», le comento zumbón, «con estos antecedentes no sé si en nuestro país resulta más peligroso ser presidente del Gobierno o pararse en el escaparate de las librerías».</p>
<p>En la calle Pintores me encuentro con Jesús ‘Chuchi’ Domínguez, durante años director del IES Alagón de Coria y antiguo compañero de estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres. Me habla de la preocupación que embarga a su padre por la gran mortandad de abejas y la posible relación con el frecuente uso de plaguicidas en el campo, en las medianas de las autovías y en las cunetas de las carreteras. Jesús Domínguez es amigo personal de Rafael Sánchez Ferlosio y quien guarda, precisamente, las llaves del antiguo palacio de Alba que la familia del autor de ‘Alfanhuí’ posee en Coria. Me comenta que esta semana ha hablado con él y no le ha encontrado muy optimista: «Ya no sé ni escribir, me ha dicho». ¿Y se interesa por el palacio?, le pregunto a Chuchi. «La última vez que vino a su casa, en Coria, ni me preguntó. En otra ocasión anterior, lo único que me dijo fue: «¿Todavía no se ha quemado?». La realidad es que el fuego no amenaza al viejo edificio, pero los años lo van deteriorando de forma silenciosa, implacable, con una determinación fatal.</p>
<p>Sin salir de Cáceres, yo voy muchas mañanas al Cauria, ese café bar situado en una de las esquinas más transitadas de mi ciudad, y en cuyos dominios, desde hace años, patronea Jose tras la barra. Allí puede ilustrarse uno, mientras desayuna, con la lectura del HOY y de algunos diarios de ámbito nacional. En España, como es sabido, los perennes foros públicos son los bares.</p>
<p>­–«Hola Jose, ponme un café», dice un cliente que acaba de entrar.</p>
<p>–«No me llames Jose, dime señor, porque Jose puede llamarse cualquiera, pero somos muy pocos a los que nos pueden llamar señor». Saltan las carcajadas.</p>
<p>Yo creo que el bar es donde la elocuencia y la humanidad le ganan la partida a las redes sociales. La espontaneidad vence al anonimato. Lo que se dice, a la cara. Y que cada palo aguante su vela. Aunque quizás el auténtico valor de estos ‘templos de la palabra’ radica en que contribuyen, antes que a la crispación de la España oficial, al desenfado de la calle; a ponerle una pizca de color a la vida y a ver la botella medio llena.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/03/14/escenas-de-calle/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>913</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Donde se queman las mariposas</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/07/05/donde-se-queman-las-mariposas/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/07/05/donde-se-queman-las-mariposas/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 05 Jul 2018 12:04:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Edmundo Costillo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[españa]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Europa]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[extremadura]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[humanidad]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[migrantes]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[pobreza]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[progreso]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=827</guid>
		<description><![CDATA[La pobreza es la patria más antigua de la humanidad. Por eso nunca se han detenido las migraciones de quienes huyen de «la bruja del hambre». Esa expresión, «la bruja del hambre» la escuché por primera vez a Edmundo Costillo con motivo de la publicación de un libro donde recogía, a sus 98 años de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La pobreza es la patria más antigua de la humanidad. Por eso nunca se han detenido las migraciones de quienes huyen de «la bruja del hambre». Esa expresión, «la bruja del hambre» la escuché por primera vez a Edmundo Costillo con motivo de la publicación de un libro donde recogía, a sus 98 años de edad, las vivencias de una infancia misérrima –propia de los personajes de Dickens– y de una Extremadura más emparentada con la Edad Media que con el siglo XX.</p>
<p>En su evocación, Edmundo Costillo (Cañaveral, 1895) relataba cómo murió su padre y tuvo que irse con 11 años, aún analfabeto, a trabajar en una finca de la Sierra de San Pedro en la que dormía en un chozo con otro pastor. Cuando cumplió los 14 regresa al hogar, a Cáceres, donde malviven su madre y una hermana. Un alma caritativa le instó a que estudiara y facilitó su admisión como oyente en una escuela. No tenía para libros, pero otros compañeros (entre ellos Dionisio Acedo y Martín Duque Fuentes) se los prestaban.</p>
<p>El relato que hace Edmundo Costillo de esos días es conmovedor: «Yo estudiaba en la madrugada. Entonces solo se oía la voz del sereno que gritaba aquello de ‘Ave María Purísima, las dos y sereno’ o lloviendo, o lo que fuera. Tenía una madre que era analfabeta, pero con una sensibilidad extraordinaria de corazón. Estudiaba en el alféizar de la ventana, aprovechando la luz de un farol que había en la calle, donde se quemaban las mariposas. En mi casa no había aceite para hacer sopas, ¿cómo iba a haberlo para capuchina o candil? Por la noche, mi madre se quedaba allí conmigo y me decía, hijo, estudia fuerte, en voz alta, para que yo te oiga y te diga lo que se te olvida».</p>
<p>Recuerdo ahora la figura de este hombre por su condición de humildísimo cabrerillo y también por la fuerza expresiva de sus escritos, en buena parte ligados a las estampas costumbristas de Cáceres y de una Extremadura desaparecida ya en la noche de la penuria y la pobreza. Relatos como el del dúo que formaban en los primeros años del siglo veinte Miguel el Ciego, campanero en la iglesia de Santa María de Cáceres que tocaba también la guitarra y otro ciego más joven llamado Luis que «hacía trinar con habilidad su bandurria». Dueño de una prosa chispeante, armoniosa y de honda inspiración popular. Sirva de ejemplo el caso del ganadero que incumple un trato de compra en el que había empeñado su palabra y el otro le hace llegar el siguiente aviso: Si en el día fijado no cumple honradamente con lo pactado, tenga por seguro que «con su navaja cabritera le haría en la barriga más garabatos que tiene la firma de un notario». Bueno…</p>
<p>Quiero creer que si Edmundo Costillo, como tantos ‘alzados del suelo’ pudo escapar finalmente de la pobreza en una España bastante más atrasada que la actual, también podrán conseguirlo las oleadas de migrantes que sueñan camino de Europa con un futuro mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/07/05/donde-se-queman-las-mariposas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>827</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Julio López Hernández</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/05/10/julio-lopez-hernandez/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/05/10/julio-lopez-hernandez/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 10 May 2018 11:33:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[arte]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Badajoz]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[escultor]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[extremadura]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Julio López Hernández]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Museo de Cáceres]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=803</guid>
		<description><![CDATA[NADA más enterarme de la muerte del escultor Julio López Hernández, fallecido el martes en Madrid, decidí rendirle el que me parece mejor homenaje que puede tributarse a un artista: admirar otra vez alguna de las obras que le vinculan estrechamente a Extremadura. Así que durante un buen rato disfruté ayer en silencio con la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>NADA más enterarme de la muerte del escultor Julio López Hernández, fallecido el martes en Madrid, decidí rendirle el que me parece mejor homenaje que puede tributarse a un artista: admirar otra vez alguna de las obras que le vinculan estrechamente a Extremadura. Así que durante un buen rato disfruté ayer en silencio con la belleza de su escultura ‘Esperanza y ella en el libro’, un bronce con el que obtuvo el Premio Cáceres 1980 de escultura que convocaba la Diputación Provincial de Cáceres y que ahora pertenece a los fondos de la Sección de Bellas Artes del Museo ubicados en la antigua Casa de los Caballos.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/05/Esperanza-y-ella-en-el-libro-de-Julio-López-Hernández-e1525951364876.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-802" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/05/Esperanza-y-ella-en-el-libro-de-Julio-López-Hernández-e1525951364876-225x300.jpg" alt="esperanza-y-ella-en-el-libro-de-julio-lopez-hernandez" width="225" height="300" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/05/Esperanza-y-ella-en-el-libro-de-Julio-López-Hernández-e1525951364876-225x300.jpg 225w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/05/Esperanza-y-ella-en-el-libro-de-Julio-López-Hernández-e1525951364876-768x1024.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/05/Esperanza-y-ella-en-el-libro-de-Julio-López-Hernández-e1525951364876.jpg 1512w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a></p>
<p>La pieza, que representa el torso de una mujer en posición horizontal mientras sostiene en sus manos un libro abierto en cuyas páginas se perfila la silueta de su rostro, enseguida capta la atención del visitante, pues además del realismo minucioso de las manos y del libro, transmite una expresividad poética y misteriosa. Acaso la metáfora de la lectura, la imagen de la placidez.<br />
Aunque muchos extremeños no sepan que esa escultura de Julio López Hernández –escoltada nada menos que por cuadros de Eduardo Arroyo, Equipo Crónica, Saura, Genovés, Millares, Palazuelo, Canogar&#8230; y esculturas de Oteiza, Martín Chirino, Pablo Serrano, Baltasar Lobo, Alberto Sánchez&#8230;– está accesible en un espacio público como el Museo de Cáceres, no puede decirse que la obra y la figura de Julio López Hernández sean desconocidas o ajenas en nuestra tierra. Ya en 1979, por ejemplo, su escultura ‘Úrsula’ fue expuesta en Badajoz en una muestra organizada por la entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz con obras procedentes de la Colección de Arte Español Contemporáneo de la Fundación Juan March.<br />
Una década después, en 1990, esculturas de Julio López Hernández pudieron admirarse también en Cáceres, en los claustros del Complejo Cultural San Francisco junto con otras obras de grandes maestros de la escultura española del siglo XX pertenecientes a la colección privada de Eduardo Capa, veterano fundidor, discípulo y amigo del extremeño Pérez Comendador.<br />
En 2004, con motivo del XXVI Salón de Otoño de Pintura y el impulso y mezenazgo de Caja de Extremadura, Antonio López (pintura) y Julio López (escultura) imparten en Plasencia durante una semana un taller de artes plásticas para 50 jóvenes artistas llegados de toda España. Dos años más tarde, en 2006, Julio López Hernández era designado presidente del jurado del I Premio Internacional de Escultura que convocó la Obra Social de la Caja de Extremadura, la misma que en 2008 organizó y patrocinó la magna exposición ‘Realidades de la realidad’, que pudo verse en Badajoz y en Cáceres, y que reunió piezas tan conocidas de Julio López Hernández como ‘Marcela y su luz’ o la estatua de Federico García Lorca, aparte, claro está, de pinturas de Eduardo Naranjo, Antonio López, María Moreno, Carmen Laffon, Isabel Quintanilla, Cristóbal Toral, José Hernández, Amalia Avia y esculturas de Francisco López (hermano de Julio) autor precisamente de las dos figuras femeninas que coronan la fachada de la Asamblea de Extremadura en Mérida.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/05/10/julio-lopez-hernandez/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>803</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Picasso en Cáceres</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/03/22/picasso-en-caceres/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/03/22/picasso-en-caceres/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 22 Mar 2018 19:42:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[arte]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cáceres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[dalí]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[François Gilot]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Fundación Mercedes Calles]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[G. B Shaw]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Geneviève Laporte]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Jean Cocteau]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Patrick O'Brian]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[picasso]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[pintura]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=779</guid>
		<description><![CDATA[PICASSO es inabarcable, pero la muestra ‘Sueños grabados’ que se expone hasta el 2 de septiembre en la cacereña Fundación Mercedes Calles esboza un rico perfil de su obra gráfica. Entre el centenar de piezas, desde 1904 hasta los años sesenta del pasado siglo, se pueden rastrear no solo sus principales etapas como grabador, dibujante [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>PICASSO es inabarcable, pero la muestra ‘Sueños grabados’ que se expone hasta el 2 de septiembre en la cacereña Fundación Mercedes Calles esboza un rico perfil de su obra gráfica. Entre el centenar de piezas, desde 1904 hasta los años sesenta del pasado siglo, se pueden rastrear no solo sus principales etapas como grabador, dibujante y pintor, sino la desbordante humanidad y pasión creadora que recorre su vida, propia de un ‘fauno’ y de un genio.<br />
Una vez, según la famosa anécdota, le preguntaron a Jean Cocteau qué salvaría del Museo del Prado en caso de incendio y dijo que «salvaría el fuego». Después le preguntaron lo mismo a Dalí y respondió: «Yo salvaría el aire que hay dentro del cuadro de ‘Las Meninas’ de Velázquez». Cuando le plantearon a George Bernard Shaw qué cuadro salvaría de la National Gallery contestó: «El que estuviera más cerca de la puerta, por supuesto».<br />
Ayer, mientras recorría la muestra de Picasso en la Fundación Mercedes Calles me hice la misma pregunta y tuve clara la respuesta: yo salvaría no una sino dos obras: ‘El sueño. Geneviève Laporte’, y ‘Picasso presentando un espejo a Geneviève Laporte’, dos litografías de 1951 de la serie ‘Le Soleil ébloui’, que reflejan de manera ejemplar aquella condición de ‘Barba Azul’ que François Gilot atribuía a Picasso, siempre deslumbrado por sus sucesivas amantes, musas, modelos, compañeras&#8230;<br />
El trazo grácil e impecable con que pinta a una joven Geneviève Laporte que entonces tenía 24 años, en la despreocupada placidez del sueño, o su propio autorretrato, con la mirada rendida del artista en plena madurez&#8230; guardan la fuerza del símbolo, el vigor del maestro ante quien era en ese momento su modelo y compañera sentimental. Y se repara más en la energía de la serie cuando sabemos que Picasso la creó durante el verano de 1951, mientras pasaba unas vacaciones en Saint Tropez con Geneviève Laporte, tras haberse alejado de él por aquellos días François Gilot con sus hijos Claude y Paloma Picasso&#8230;<br />
Pero se trata, claro está, de una predilección particular. La muestra permite sin embargo que nos asomemos a otras muchas obras memorables del pintor español más importante del siglo XX. Desde varios aguafuertes de la serie ‘Suite Vollard’ como los magníficos ‘Escultor reposando III’ y ‘Escultor y modelo delante de una ventana’, grabados en 1933; el ‘Saltimbanqui y joven arlequín’, de 1955 o ‘Ma jolie’, edición del mismo año; ‘Eurydice piquée par un serpent’, de 1930, perteneciente a la serie ‘Las Metamorfosis de Ovidio’; pasando por el dibujo original de 1904 para la ilustración de ‘Los Miserables’; el colorista ‘Mosquetero’ de una litografía fechada en 1969 hasta la ‘Cabeza de fauno’, 1946, de la serie ‘Fauens et flore d’Antibes’.<br />
Una colección de piezas que revelan la vehemencia y la potencia creadora de Picasso, jamás enclaustrado en las modas o fosilizado en la rutina. Dice Patrick O’Brian –quizás uno de los mejores biógrafos del malagueño– que su relación con Geneviève Laporte le evitó acariciar la idea del suicidio y le «hizo reír de nuevo». No extraña que ella, años después, titulara su libro basándose en la dedicatoria que Picasso escribió justo en uno de los regalos que le hizo: «Si tard le soir le soleil brille&#8230;». Si lo avanzado del día alude a la edad del artista, está claro que el resplandor del sol es el amor.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/03/22/picasso-en-caceres/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>779</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
