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	<title>GRATIS TOTALconsumismo &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Nuevos escenarios</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Jul 2020 07:03:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando era joven, uno de mis mejores amigos sostenía que existen, básicamente, dos maneras de ligar: la de ‘impacto directo’ y la de ‘impacto indirecto’. Mi amigo, de físico bastante agraciado, pertenecía al primer grupo. El de los guapos. Era suficiente con que le divisaran las chicas para despertar de inmediato honda expectación. El impacto directo. El resto teníamos que recurrir, como Mercucio, a otras estrategias: desde aguzar el ingenio hasta recurrir a la retórica. Por lo general, a mi amigo siempre le colgaban las chicas la guirnalda reservada a la belleza. Los demás debíamos conformarnos con la medalla de consuelo, bruñida con el argumento: «No es guapo, pero es interesante, ¿verdad?».</p>
<p>Aunque en lo esencial imagino que han variado poco los factores que determinan la atracción entre un hombre y una mujer, y que la belleza sigue ocupando –por lo menos en los inicios– el primer cajón del podio, los usos amorosos en cualquier sociedad vienen complementados por otros atributos: la inteligencia, la sinceridad, la alegría, la empatía. Esos dones.</p>
<p>Cosa distinta son los condicionantes o las modas y costumbres. Si respecto a lo esencial nada hay nuevo bajo el sol, pues la belleza sigue dictando su ley (ahí están Grecia y Roma), en cuanto a los hábitos sociales me parece que sí se han producido cambios considerables. Basta elegir entre las variadas aplicaciones de ligoteo, los programas televisivos para buscar pareja, las webs de contacto o el uso polivalente de las redes sociales. Un catálogo de ofertas surtido y multicolor. Presenciales y en línea.</p>
<p>En mi opinión, sin embargo, lo más sorprendente no es que hayan cambiado las ‘herramientas’ para emparejarse los jóvenes (y no tan jóvenes) sino que han cambiado algunas circunstancias esenciales. En esta sociedad del consumo globalizado y del espectáculo, ligar se ha convertido también en un espectáculo en sí mismo que desborda la esfera privada y puede ‘consumirse’, valga la redundancia, como cualquier otro bien disponible en el mercado… Los modelos de comportamiento, los referentes que se ‘replican’ a través de los programas televisivos y de las redes sociales se encuentran a años luz de lo vivido en cualquier otra época. En el fondo, la condición humana seguro que no ha variado, y el amor –romántico o no– sigue moviendo el mundo, pero la tecnología ha impuesto otro programa y nuevos escenarios. Bien lo sabía Juan Ruiz, Arcipreste de Hita: «<em>Aristóteles lo dijo, y es cosa verdadera / que el hombre por dos cosas se mueve: la primera, / por el sustentamiento, que la segunda era / por haber juntamiento con hembra placentera</em>».</p>
<p>Así que ahora, cuando las redes sociales entronizan lo breve, directo y ‘emocional’, en materia de amor y conocimiento habrá cambios que trascienden lo anecdótico. Por eso, si sigue valiendo el adagio: «Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación», ni mi viejo amigo ni el resto de la tropa tenemos nada que hacer.</p>
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		<title>El amigo invisible</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2015 21:02:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En tiempo de encuestas y sondeos como los actuales a mí me gustaría saber si es cierto que la Navidad tiene tantos partidarios como detractores. Y no me refiero a esa polémica entre quienes se niegan a hablar de Navidad y lo hacen del solsticio de invierno. No, a mí lo que me gustaría saber es si crece el número de personas a las que la Navidad le resulta empalagosa, consumista y hasta ficticia&#8230; Yo creo que la Navidad es una fiesta para los niños, pero a medida que crecemos y aumentan inexorablemente las ausencias de los seres queridos, el pulso contra el tintineo de las luces y de los villancicos lo acaba ganando la melancolía y la nostalgia de un tiempo que nunca ha de volver.<br />
Como corresponde a una sociedad de libre mercado donde la ley más sagrada es la ley de la oferta y la demanda, los primeros que ofrecieron un remedio a esa atmósfera de melancolía y descreimiento fueron las agencias de viaje con paquetes especiales para pasar esos días vacacionales disfrutando de la playa, de rutas por el extranjero o en un crucero exótico.<br />
Tengo algún conocido a quien la avalancha de arbolitos, bolas, lucecitas, felicitaciones por wasap y otras muestras azucaradas de amor y bendiciones al son de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=MBpWKBWkleo" target="_blank">‘Jingel bells’</a> le producen urticaria y le empujan de forma irrefrenable a quitarse del medio durante estas fechas. Se pierde por ahí y desconecta hasta el móvil.<br />
 Yo creo que desde que la Navidad se ha ido mercantilizando ha evolucionado hacia una celebración consumista en la que el espíritu religioso inicial ha devenido en simple excusa, en un motivo oportuno sobre el que edificar, año tras año, la celebración.<br />
En este caso me parece que se ha cumplido, paradójicamente, aquella humorada que se atribuye a Cela: «Media España cree en Dios y la otra media en la lotería». Pero mientras el espíritu navideño y la vivencia religiosa pasa muchas veces a segundo plano ante el predominio del aspecto comercial, en el caso de la lotería de Navidad se ha convertido en una verdadera ‘religión’, a lo que han contribuido sin duda las emotivas campañas publicitarias en las que se presenta el sorteo no tanto como un mero ejercicio de consumo sino como una invitación a probar que nos anima el deseo de compartir incluso los sueños de la riqueza. El premio gordo.<br />
Supongo que al mismo ecosistema sentimental pertenece otra de las nuevas supersticiones de la sociedad consumista: la del ‘amigo invisible’, tan de actualidad estos días de comidas y cenas de empresa. Confieso que sobrellevo los ceremoniales del amigo invisible con entusiasta resignación. Porque sé que ayuda a socializarnos y nos permite echar unas risas. Lo que peor llevo, sin embargo, no son los aciertos o las decepciones en los regalos –que de todo hay– sino el empalago de esas frases que he visto (por suerte nunca en mi caso) junto al detalle elegido. Busquen en Google y me comprenderán.<br />
¡Ah!, se me olvidaba, este diciembre además de Navidad, lotería y amigo invisible tenemos elecciones generales. Daría para hablar asimismo de supersticiones, de creencias y de fortuna, pero ya ven que he consumido el espacio. El domingo me limitaré a votar. Será mi premio.  </p>
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		<title>La lección de Araújo</title>
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		<pubDate>Fri, 10 May 2013 19:41:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El naturalista, escritor y divulgador Joaquín Araújo, afincado desde hace treinta y tantos años en un paraje próximo a los Ibores, en el corazón de las Villuercas, dejó la pasada semana desconcertado al auditorio que seguía atentamente su charla en el Ateneo de Cáceres cuando resumió su vaticinio respecto al futuro inmediato de la sociedad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El naturalista, escritor y divulgador Joaquín Araújo, afincado desde hace treinta y tantos años en un paraje próximo a los Ibores, en el corazón de las Villuercas, dejó la pasada semana desconcertado al auditorio que seguía atentamente su charla en el Ateneo de Cáceres cuando resumió su vaticinio respecto al futuro inmediato de la sociedad con una frase que tenía algo de acertijo y de misterio: «Hasta que lo primero no vuelva a ser lo primero, no hay solución». Lo primero es la Naturaleza o, en sentido muy amplio, la agricultura y la ganadería, porque como el propio Araújo señala en su libro ‘Cultivar, encuentros con la tierra’, «cuidar de lo que nos cuida es mucho más que las labores del campo».<br />
Otra de sus grandes reflexiones cabe en una frase muy corta: «La Naturaleza no se endeuda». Araújo insistió en esa circunstancia para subrayar, precisamente, lo contradictorio y ‘antinatural’ que resulta el consumismo insensato en que hemos sucumbido y cuyas consecuencias están resultando devastadoras para buena parte de la sociedad.<br />
Sostiene un proverbio oriental que son cuatro las cosas de las que siempre tenemos más de lo que deseamos: pecados, deudas, años y enemigos. En cuanto a los años, supongo que la inflación es abultada y más o menos constante en todas las generaciones. Respecto a los enemigos y los pecados, me parecen dos conceptos difícilmente evaluables a nivel colectivo. Pero las deudas&#8230; ¡Ay, las deudas! Nunca tantos debieron tanto a tan pocos. Nunca tantos españoles se endeudaron para convertirse en propietarios de bienes que no podían pagar al contado y nunca tantos bancos o entidades financieras engordaron su negocio, cebaron sus cuentas de resultados, incitando a consumir ‘dinero prestado’ como el que siembra a voleo.<br />
La lección de la Naturaleza llega tarde para algunos, pero de los errores se aprende. Confío en que buena parte de la sociedad (al menos los que sobrevivan al cataclismo de la crisis) se hayan vacunado contra un modelo social basado en la avidez y en el despilfarro. Espero que los más perspicaces, los más juiciosos estén ya inmunizados contra la tentación de la deuda, contra el tocomocho de hipotecar el futuro.<br />
«La Naturaleza no se endeuda» pero en la sociedad quienes suelen contar con carta blanca para entramparse son precisamente los ricos, los que tienen más posibilidades. Lo advierte la famosa frase: «Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo». En España únicamente a los ricos y a los bancos se les ha otorgado el privilegio de endeudarse por encima del millón de libras, es decir, de garantizarse el recurso de pasarle la bola a otro. Mayormente al Estado, que ha visto que lo fácil y cómodo es ‘redistribuir’ la deuda entre el conjunto de los paganinis, quiero decir entre el conjunto de los contribuyentes y que apoquinemos la ronda a escote.<br />
Intuía desde hace tiempo que el Poder (así, en abstracto y con mayúscula) nunca se ha caracterizado por su vocación ecológica, respetuosa con la Naturaleza. Desde que escuché a Joaquín Araujo la intuición se ha convertido en certeza.</p>
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		<title>Hollín en la sopa</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Mar 2012 17:34:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En época de mixtificaciones y falsas apariencias es bastante fácil que te den gato por liebre. ¿Pero qué época no es de falseamiento y simulación? Hay lobos que se visten de corderos, les puede la querencia y quien lo paga es el rebaño. Hace pocos meses, cuando la sociedad alimentaba el festín consumista, el espejismo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En época de mixtificaciones y falsas apariencias es bastante fácil que te den gato por liebre. ¿Pero qué época no es de falseamiento y simulación? Hay lobos que se visten de corderos, les puede la querencia y quien lo paga es el rebaño. Hace pocos meses, cuando la sociedad alimentaba el festín consumista, el espejismo de un desarrollo tan inestable como el de la cabra del saltimbanqui, lo decisivo era pedalear sin parar en la bicicleta del mercado. Todos por la senda de la hipoteca, del crédito fácil, con los bancos en cabeza, hasta la orgía final. ¿Quiere usted una hipoteca para el piso? ¿Por qué no pide también un crédito personal, con el euríbor por los suelos, para el nuevo coche y esas vacaciones que le debe a su mujer?<br />
Ahora que sabemos el final de esa comedia, la mejor banda sonora es la canción de Sabina, ¿quién me ha robado el mes de abril, cómo pudo sucederme a mí? Naturalmente que los bancos, inductores cuando no cómplices en el desaguisado, mantuvieron las apariencias, las mantienen ahora y en apenas dos movimientos de prestidigitación han vuelto a quedarse con el santo y la limosna. El suyo es un negocio permanentemente con las espaldas cubiertas.<br />
«El cuerpo humano solo es apariencia y esconde nuestra realidad. La realidad es el alma», dice Víctor Hugo. Yo creo que los mercados son apariencia y esconden la realidad de los bancos, que es el dinero. Al contrario de lo que ocurre con el Pedro Crespo alcalde de Zalamea, cuando el honor era patrimonio del alma y el alma solo de Dios, en nuestra sociedad no hay más dios que los mercados ni más almas que el dinero, y tanto unos como otros son, en apariencia y en esencia, propiedad de la banca. Así que ya sabes, Sabina, quién te ha robado el mes de abril y alguna casilla más del calendario.<br />
El Banco Central Europeo inyectó ayer un billón de euros al sistema y la banca española solicitó al menos 150.000 millones para hacer fluir el crédito. ¿Para hacer fluir el crédito o para arreglar las propias cuentas con el dinero de todos? ¿Por qué se empieza otra vez la casa por el tejado?<br />
El panorama ha hecho que cada vez entendamos mejor la certera definición de banquero que dio Mark Twain: «El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover». Darle vueltas al asunto puede inducirnos a la melancolía o al simple cabreo. Y tampoco está la cosa para alimentar una kale borroca contra los amos de la pasta. En realidad los banqueros lo único que buscan es cubrir las apariencias, aunque en su caso cubrir las apariencias implique siempre apostar a caballo ganador y que la moneda caiga del mostrador para adentro&#8230;<br />
Lo mejor es la resignación y no sulfurarse en exceso. «Si un puñado de hollín cae dentro de la sopa y no puede sacarlo, remuévalo bien y le dará un sabor francés a la sopa», escribió Jonathan Swift, ese genio de la ironía ‘reducido’ tantas veces, de forma injusta, a cuentista para niños. Espectador a la fuerza de los trileros del mercado, no se disguste amigo lector, y si además de tener hollín, la sopa está caliente, sonría y échele vino, así además de enfriarse el plato se calienta usted.</p>
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