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	<title>GRATIS TOTALdimisión &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>El traje del emperador</title>
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		<pubDate>Fri, 25 May 2012 15:18:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Conozco un estupendo diccionario de citas con casi 7.000 frases en el que no figura sin embargo una palabra fantasma: ‘dimisión’. Desde los tiempos preconstitucionales hasta nuestros días, España ha vivido situaciones bochornosas, política y personalmente insoportables, pero activas como olla a presión porque alguien no supo conjugar a tiempo el verbo dimitir. Aquí, donde [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Conozco un estupendo diccionario de citas con casi 7.000 frases en el que no figura sin embargo una palabra fantasma: ‘dimisión’. Desde los tiempos preconstitucionales hasta nuestros días, España ha vivido situaciones bochornosas, política y personalmente insoportables, pero activas como olla a presión porque alguien no supo conjugar a tiempo el verbo dimitir.<br />
Aquí, donde se pide la dimisión por cualquier nimiedad, paradójicamente no dimite ni el tato. Con excepción de algunos casos sonados –entre ellos el de Alfonso Guerra por los líos de su hermano Juan, o el más reciente de Francisco Camps– los potenciales dimisionarios escuchan la escandalera pidiendo su cabeza como el que oye llover. «Contra el vicio de pedir está la virtud de no dar, o ahí me las den todas», que dirán para sus adentros.<br />
Al igual que sucede en el cuento del emperador desnudo, la mayoría observamos el panorama con los ojos limpios del niño ante la evidencia, pero da igual.<br />
El último episodio de esta serie tan esencialmente española lo protagoniza Carlos Dívar, presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) con la polémica suscitada por los viajes que realizó a Marbella y cuyos gastos cargó a la cuenta de la institución. Otra vez en el aire la moneda con dos caras: la cara de lo ‘legal’ y la cara de lo ‘lícito’. Dívar y buena parte de los vocales del CJPJ deben de estar convencidos de que la moneda ha caído de su parte y por tanto pueden elegir terreno de juego; es decir, la portería de casa. Unos cuantos vocales (al parecer, los del ala progresista) creen que la moneda cayó mostrando el reverso: la cara de lo ‘lícito’; o mejor, de lo que puede ser ‘legal’ pero desde luego no es ‘lícito’.<br />
Todos ellos interpretan  una función a la que los ciudadanos asistimos entre estupefactos e indignados. ¿Cómo es posible que aún no estén regulados y se exijan especificaciones detalladas y un control con menos margen de discrecionalidad para gastos que al final salen del bolsillo de todos los españoles? En un país donde está interiorizado en el ADN de cada ciudadano lo de «Del rey abajo, ninguno» hasta el extremo de poner al monarca en el brete de pedir perdón por haberse ido a cazar elefantes a Botsuana, la gente contempla esta polémica y se echa las manos a la cabeza. Y no porque se haya producido, pues al cabo todos somos humanos y cometemos errores, sino porque se trate de zanjar, porque se resuelva finalmente con actitudes que resultan incomprensibles para el hombre de la calle. ¿Cómo es posible que el Rey haya acabado disculpándose por el bien de la institución que representa y no lo haga aquel a quien se lo exigen de manera explícita varios miembros de su propia corporación?<br />
Doctores tiene la iglesia y jueces el CGPJ. No seré yo quien diga lo que debe o no debe hacer Carlos Dívar tras la polémica de sus viajes a Puerto Banús. Igual lo mejor es ponerse a silbar, mirando al cielo, y esperar a que escampe&#8230; O pedir la cabeza del vocal del CGPJ que denunció el asunto para que termine convertido en la oveja negra del rebaño&#8230; Pero alguien debería aclarar qué ropa viste, si viste alguna, el emperador.</p>
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		<title>Camps, otro raro</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jul 2011 22:13:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Aquí se le presta más atención al entierro que al bautizo o a las bodas de oro. La hora del adiós no es la de las alabanzas, sino la de ¡ya era hora! Y a pesar de ello, no prosperan los voluntarios dispuestos a cosechar la gloria de la despedida. Quieto todo el mundo. Curioso [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Aquí se le presta más atención al entierro que al bautizo o a las bodas de oro. La hora del adiós no es la de las alabanzas, sino la de ¡ya era hora! Y </strong><strong>a pesar de ello, no prosperan los voluntarios dispuestos a cosechar la gloria de la despedida. Quieto todo el mundo. Curioso país el nuestro, donde el cometa de la dimisión deja una estela más grande que la del mismo personaje. Resulta tan inusitado ser dimisionario en España que reuniendo unos cuantos se podría elaborar otra ‘Galería de raros’ como la publicada por don Ramón Carande. Descubrir una dimisión que no sea forzada o inducida parece más difícil que toparse con Aristóteles en una tertulia televisiva. </p>
<p>Es tan asombroso dimitir en España que algún personaje público ha convertido ese descabalgamiento en su mayor timbre de gloria, en lo más relevante de su trayectoria histórica. Muchos estudiantes de Secundaria lo único que sabrían decir de Nicolás Salmerón es que renunció a la presidencia de la I República por no firmar una sentencia de muerte, y de Francisco Pi y Margall,  su predecesor en el cargo, que también dimitió porque el cantonalismo minaba sus ideales federalistas. Ambos casos en el siglo XIX. En nuestros días, exceptuando el edificante gesto del señor Camps –que se ha resistido como gato panza arriba a ofrecer ese «sacrificio por España»– las dimisiones en el ámbito político prácticamente se reducen a las de Antonio Asunción, que renunció al cargo de ministro de Interior tras la estrepitosa fuga de Luis Roldán, exdirector de la Guardia Civil, y la dimisión del ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, tras haber participado en una  montería junto al juez Garzón y para la que no contaba además con la licencia de caza andaluza. Aunque a los dos ex ministros les quede mucho futuro en la política, una cosa es segura: pasarán a la historia por haber asumido una culpa y deslizarse al panteón de los dimisionarios. Gente rara.<br />
</strong><br />
<strong>No sé si el Diccionario Biográfico Español o cualquier otra obra similar podrán cuantificar alguna vez el número y la filiación política de nuestros dimisionarios. Yo creo que han sido algo más abundantes en la izquierda que en la derecha, considerando el tiempo, claro está, que han gobernado en los últimos ciento cincuenta años los de un signo político y los del otro. </p>
<p>Aunque probablemente sea una ‘contabilidad’ que importa poco. Ya don Antonio Machado nos avisaba, con su lucidez bondadosa y llena de humor descreído, de una realidad española que trasciende el momento e incluso el signo político del momento:  </p>
<p>«–Yo no sé,<br />
don José,<br />
cómo son los liberales<br />
tan perros, tan inmorales.<br />
 –¡ Oh, tranquilícese, usté !<br />
Pasados los carnavales,<br />
vendrán los conservadores,<br />
buenos administradores<br />
de su casa.<br />
Todo llega y todo pasa.<br />
 Nada eterno:<br />
ni gobierno que perdure,<br />
ni mal que cien años dure». </p>
<p>Seguro que Camps no lee a Machado. </strong></p>
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