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	<title>GRATIS TOTALeconomía &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Davos y el penalti</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2021 12:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El periodista Antonio Barquilla escribe últimamente lo que él denomina ‘crónicas de ficción’ que nos envía por internet a un grupo de amigos. Como experimentado reportero, curtido en el afán de ‘tomarle el pulso a la calle’, las crónicas de Barquilla son como los medicamentos de amplio espectro: actúan contra muchos tipos de bacterias y resultan eficaces para el tratamiento de infinidad de infecciones; quiero decir que por sus columnas desfilan los problemas de la política nacional e internacional, el desafío del paro juvenil, el calvario de los autónomos, los estragos de la pandemia, la insensatez de algunos representantes políticos, la evasiva frivolidad de ciertos programas televisivos, el triunfo de los evasores de impuestos, la corrupción generalizada y hasta los planes de Davos. Él ha bautizado sus columnas como ‘crónicas de ficción’, pero creo que ficción funciona ahí solo como un adjetivo que sirve de burladero a Barquilla para restar solemnidad a lo que escribe, para blindarse contra el engreimiento de creerse en posesión de la verdad. De ahí también el humor, los guiños al escepticismo, la bonhomía.</p>
<p>A mí me gustan particularmente sus artículos porque entremezclan las cuitas del desayuno y los paseos (cuando se puede) con los amigos, porque eluden siempre los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa y, sobre todo, porque no añaden tenebrismo al de por sí inquietante panorama actual. Sin embargo, reflexionando sobre las reuniones que celebran el G-7, el club Bilderberg o los foros de Davos, Barquilla describe de una forma que empieza a preocuparme en qué consiste ‘el partido vital’ que el futuro nos reserva a los españoles: «Hasta los 60 años, juegas la primera parte; de los 60 a los 70, estás en la segunda parte del partido; de los 70 a los 80, disputas la prórroga, y a partir de los 80, cada día te tiran un penalti. Hasta que llega el gol. Y kaput». En lo relativo a dichos tramos vitales, me parece que su optimismo sale malparado, pues probablemente los 60 años de antes equivalen ahora –por lo menos– a los 80 años, de ahí que España gozara antes de la pandemia de una esperanza de vida de 85,8 años de media, la mayor del mundo, seguida de cerca por Japón, con una décima menos. Es obvio que el marcador vital no ha dejado de darnos alegrías hasta parecernos remotas aquellas palabras de Pío Baroja: «Los que conocen el corazón humano dicen que la edad más romántica, más cándida, más llena de ilusiones para el hombre son los cincuenta años».</p>
<p>Es verdad que Barquilla defiende la bondad de esos tramos, las doradas perspectivas entre sexagenarios y octogenarios, pero dando por hecho que son más esperanzadoras aún que las que el G-7, Davos o el club Bilderberg diseñan para los más jóvenes. A ellos, desde luego, el futuro no les sonríe; les van a lanzar los penaltis bastante antes.</p>
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		<title>Espíritu crítico</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Dec 2020 12:23:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Un reproche habitual a cualquier sociedad atrasada económicamente es su tendencia a la pasividad, su escaso dinamismo, su falta de iniciativas innovadoras, aunque en ocasiones el atraso no quepa atribuirlo precisamente a la desidia oficialista, sino al revés: a un exceso de proteccionismo que en vez de promover el desarrollo, lo anestesia. Cuando una sociedad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un reproche habitual a cualquier sociedad atrasada económicamente es su tendencia a la pasividad, su escaso dinamismo, su falta de iniciativas innovadoras, aunque en ocasiones el atraso no quepa atribuirlo precisamente a la desidia oficialista, sino al revés: a un exceso de proteccionismo que en vez de promover el desarrollo, lo anestesia.</p>
<p>Cuando una sociedad está recibiendo ayudas y subvenciones de forma continua, se zancadillea el valor del esfuerzo, el espíritu de sacrificio, la cultura del compromiso; en ese sentido, las subvenciones –no hablo, claro está, de ayudas ‘incuestionables’– acaban siendo caramelos envenenados, trampas paralizantes donde tan solo prende, a medio o largo plazo, la semilla del fracaso y la frustración.</p>
<p>A cualquiera se nos vienen a la cabeza ejemplos en los que dicha estrategia desemboca en cepo mortal para proyectos empresariales que no resultaron viables por su condición enclenque, falta de músculo creativo o nulas perspectivas de futuro. Modelos en los que la supervivencia estaba ligada desde sus inicios a la concesión de ayudas concebidas como maná, premios para cazadores de subvenciones, no como impulso y estímulo. En el peor de los casos, simples dádivas clientelares.</p>
<p>Al igual que sucede en el ámbito estricto de la economía, yo creo que en el plano político se da también un ‘exceso’ de subvenciones que debilita la fortaleza ciudadana y moral. ¿Cuándo se produce ese fenómeno? En mi opinión, cuando el hombre de la calle se desentiende del compromiso que exige la práctica democrática y se limita a votar cada equis años, contentándose con el ‘obsequio’ de una actividad política pasiva; es decir, un encargo cuya función principal consiste en compartir sin rechistar las ideas de los suyos, odiar o menospreciar las ideas de quienes no piensan como ellos o, incluso, odiar, menospreciar e ignorar al resto de adversarios políticos. Por si fuera poco, lo que el hombre de la calle percibe desde esa ‘caverna de Platón’ no son debates racionales, controversias académicas o discusiones civilizadas; lo que encuentra a diario es el pandemónium de la política de declaraciones; el seguidismo que marca el gabinete correspondiente con el descaro cínico de quien defiende un único lema tatuado en la memoria: El que venga detrás que arree. Mi futuro soy yo.</p>
<p>Por eso, ante situaciones políticas enturbiadas, quizás lo primordial sea cultivar el espíritu crítico y las actitudes abiertas, sin sectarismo, racionales y realistas; recordando la vieja máxima de Joubert: «Los que nunca varían de opinión se aman a sí mismos más que a la verdad». Y en el plano de la economía, apostar por la voluntad transformadora, por la innovación y el talento. «La oscuridad nos envuelve a todos», decía Anatole France, «pero mientras el sabio tropieza con una pared, el ignorante está tranquilo en el centro de la estancia». Los sabios imprescindibles son los que se mueven, se sacrifican e innovan; no quienes aguardan –indolentes en mitad de la estancia– el maná de la subvención.</p>
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		<title>Turistas chinos</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jun 2020 06:35:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace justamente diez años, cuando hacía estragos por medio mundo la crisis económica y financiera, publiqué una amplia entrevista con Diego Hidalgo Schnur, hijo de un ministro de la II República y uno de nuestros intelectuales, empresario social y filántropo más relevantes. De aquella conversación con Hidalgo Schnur –que ha sido profesor en la Universidad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace justamente diez años, cuando hacía estragos por medio mundo la crisis económica y financiera, publiqué una amplia entrevista con <a href="https://www.hoy.es/v/20100619/regional/padre-quisieron-matar-bandos-20100619.html">Diego Hidalgo Schnur</a>, hijo de un ministro de la II República y uno de nuestros intelectuales, empresario social y filántropo más relevantes. De aquella conversación con Hidalgo Schnur –que ha sido profesor en la Universidad de Harvard, presidente del Consejo Social de la Uex, promotor de la Fundación Maimona, miembro del Club de Roma…– he recordado siempre dos detalles de interés. El primero, su estrecha amistad con Borges: «Lo primero que nos unió es que los dos nos sabíamos la lista de los reyes visigodos. Y él no solo se sabía la lista sino que se sabía la vida y milagros de cada uno». El segundo detalle tiene que ver con sus previsiones o ‘sueños’ respecto al futuro económico de Extremadura y la presencia de China entre nosotros. Durante aquella charla, después de subrayar la experiencia de Japón, convertida en potencia turística, Diego Hidalgo reflexionaba sobre los altísimos niveles de prosperidad que había conseguido China tras el ascenso al poder de Deng Xiaoping e implantar un doble sistema político-económico: el de un país comunista que, a la vez, es «ferozmente capitalista».</p>
<p>Por ese motivo, en junio de 2010, cuando anualmente de 20 a 30 millones de chinos abandonaban la clase pobre para convertirse en clase media, él confiaba que se produciría un fenómeno similar al vivido por Japón, es decir, que al ir disfrutando de niveles de prosperidad cada vez mayores, apostarían por un turismo que no iba a ser el de playa y bronceado (cosa que horroriza a los asiáticos) sino el que les ofrezca «espacios, cultura, poca densidad de población, gastronomía, buena calidad de vida, conservación del medio ambiente… y yo sueño (yo no lo veré, pero sí mis hijos y mis nietos), con decenas o millones de chinos que querrán conocer Extremadura y que serán una fuerza importante».</p>
<p>Reconozco que esa visión de turistas chinos desperdigándose cual bandadas de grullas por un ecosistema, el de la dehesa, único en Europa –con millón y medio de hectáreas en Extremadura– era una aspiración compartida con Diego Hidalgo justamente hasta la pandemia de la Covid-19. Ahora, sin embargo, dudo que pueda cumplirse, aunque lo deseo. No creo que el vaticinio o previsión que formuló hace una década respecto al formidable desarrollo económico de China sea erróneo, al contrario: el gigante asiático va camino de convertirse, de hecho, en la primera potencia mundial. Pero la globalización, como advierte el economista Branko Milanovic en un lúcido artículo en <a href="https://www.letraslibres.com/espana-mexico/economia/por-que-es-inutil-hacer-predicciones-economicas-ahora#.XtZZKzdSi_x.twitter">‘Letras Libres’</a>, sufrirá probablemente un retroceso que se traducirá en la reducción de los movimientos internacionales de las personas y de los capitales, debido, entre otros motivos, a las incertidumbres políticas y al aumento de la inestabilidad interna y global. Nos quedamos sin bienvenida a Mister Marshall. ¿Tampoco la habrá para Xi Jinping? Al menos nos quedan las grullas.</p>
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		<title>Paradoja futurista</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jan 2019 12:43:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me han regalado una de esas agendas que enriquecen sus páginas con frases de gente célebre. La correspondiente a hoy es de Víctor Hugo: «No son las locomotoras, sino las ideas, las que llevan y arrastran el mundo», pero me resisto a seguir por esa vía porque resulta sarcástico con los desastres del tren en [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me han regalado una de esas agendas que enriquecen sus páginas con frases de gente célebre. La correspondiente a hoy es de Víctor Hugo: «No son las locomotoras, sino las ideas, las que llevan y arrastran el mundo», pero me resisto a seguir por esa vía porque resulta sarcástico con los desastres del tren en Extremadura. Hablar de locomotoras aquí es como nombrar la soga en casa del ahorcado. Funesta metáfora. Es obvio que el mundo cambia y son las ideas nuevas las que lo mueven. A veces con progresos rectilíneos y continuos; en ocasiones, zigzagueando, con dos pasos adelante y uno atrás.</p>
<p>Antes de la globalización y del ‘capitalismo sin fronteras’ –a lomos, principalmente, de las nuevas tecnologías y los avances en las comunicaciones– resultaban inconcebibles problemas como los que plantean estos días el colectivo de taxistas frente a las empresas VTC (vehículo turismo con conductor) tales como Uber y Cabify, al margen de que buena parte de esas empresas sean propiedad de fondos de inversión internacionales y contribuyan, de hecho, a ‘precarizar’ los salarios y las condiciones laborales de sus trabajadores. Eso sí, a precarizarlos en la misma proporción y desde los mismos planteamientos que lo hacen infinidad de empresas de infinidad de sectores productivos, desde la industria al comercio, desde la agricultura a la hostelería; desde la banca al ocio y a los propios medios de comunicación. Quien esté libre de ajustes, que levante la mano.</p>
<p>No todos los cambios, sin embargo, son inexorables. Hace unas pocas décadas, el Ayuntamiento de cualquier ciudad española se encargaba directamente de los servicios municipales básicos: el abastecimiento de agua, la recogida de basura y limpieza viaria, el mantenimiento de parques y jardines, el parque de bomberos, el autobús urbano… Ahora suele ser al revés: en vez de estar municipalizados, tales servicios se contratan a través de empresas concesionarias. Aunque el debate sobre la conveniencia o no de privatizar servicios públicos existirá siempre. Quiero decir que no cabe una solución definitiva, tajante, incuestionable, como ocurre, por ejemplo, con la necesidad de vacunas en la población infantil. Una sociedad puede decidir en determinado momento que le interesa ‘privatizar’ tal o cual sector porque esté justificado socialmente, no solo desde el punto de vista de la rentabilidad económica. Y a la inversa: decidir que hay cuestiones en las que solo cabe decir lo que Manuel Vicent en su famoso artículo: «No pongas tus sucias manos sobre Mozart».</p>
<p>No sé si las razones de los taxistas resultan ‘sostenibles’ frente a la amenaza que representa para ellos las VTC. Pero parece claro que a través de acciones violentas y descontroladas lo que consigan será como escribir en el agua. El sector debe ser regulado a nivel nacional. No puede convertirse en una selva, sometida a la ley del más fuerte. En las redes sociales circula una vieja imagen que resume, con ironía, cómo perciben algunos ciudadanos el conflicto. Se ve a un hombre con boina y una cartera en bandolera que pregunta: «¿Para cuándo se prohíbe el correo electrónico? Los carteros nos estamos quedando sin trabajo y nos tememos lo peor».</p>
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		<title>El tren, Chamizo y Gabriel y Galán</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jan 2019 12:53:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El domingo, 6 de enero, se cumplen 114 años de la muerte de José María Gabriel y Galán y con ese motivo, como ocurre desde hace décadas, la Asociación Cultural Amigos de la estatua del poeta en el Paseo de Cánovas, de Cáceres, le organiza un homenaje que incluye lecturas de sus poemas y de quienes deseen intervenir. Al margen de valoraciones estrictamente literarias, yo creo que Gabriel y Galán es un poeta que perdura en la memoria de muchas generaciones de españoles y de hablantes de español. ¿Qué mejor prueba de que su obra se grabó –como la piedra que se lanza al estanque y produce ondas– en la memoria de Jorge Luis Borges o de Gabriel García Márquez? Aquí he recordado alguna otra vez el encuentro en el palacio de la Zarzuela de Madrid del autor de ‘El Aleph’ con José Miguel Santiago Castelo, quien tras un rato de conversación y confesarle al genio argentino, interesado en su acento, que era de Extremadura, Borges comenzó a recitarle ‘El Ama’, que se sabía de memoria. «La aprendí entera, sabe usted, allá en la Argentina, cuando era niño», le explicó a Castelo. O aquella anécdota, contada por el periodista Juan Cruz, en la que recuerda a García Márquez hablando incansable y recitando ‘El Cristu Benditu’.</p>
<p>Así que al hilo de la conmemoración anual ante su estatua en el Paseo de Cánovas, yo pensaba glosar la figura de un poeta como Gabriel y Galán, que fue admirado por los intelectuales de su época y sobre todo por gentes que se acercaban a su poesía y la leían (o escuchaban, pues muchos de ellos no sabían leer) con emoción nada impostada. Como el que escucha una música familiar, íntima, honda, que te llega al corazón. Yo pensaba aludir a Miguel de Unamuno y a Miguel Hernández y hasta al bueno de don Antonio Machado, alertándonos acerca de aquellos «pedantones al paño /<br />
que miran, callan, y piensan / que saben, porque no beben / el vino de las tabernas»…</p>
<p>Así que yo pensaba hablar de Gabriel y Galán y su poesía, pero ocurre que Extremadura inaugura el año nuevo con el penúltimo <a href="https://www.hoy.es/extremadura/junta-llama-inutiles-20190103230538-nt.html">agravio ferroviario</a>, otro incidente del llamado ‘tren de la vergüenza’ que nos separa del resto de España, y más que en Gabriel y Galán pienso en Luis Chamizo y ‘El miajón de los castúos’, porque ni aquellos versos que abren su conocida rapsodia: «Corre’l tren retumbando por / los jierros / de la vía» se cumplen ya. Ni siquiera los sucesores de aquel tren decimonónico (con vías y traviesas, justamente, del siglo XIX) son capaces de «corre’l» retumbando; se averían y no avanzan. Vergüenza e indignación. A pesar de vivir en el siglo XXI, en vez de trasladar personas, ese tren acumula retrasos ominosos, impide enlazar con otros transportes y obliga a más de ciento cincuenta viajeros a permanecer a oscuras, a cuatro grados, en mitad del campo y la desesperación. Una realidad insoportable. Ese tren se desplaza por un túnel del tiempo que no viaja al futuro, sino al ayer. Vergüenza. Vergüenza. Vergüenza para España entera.</p>
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		<title>La crisis y la catarsis</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Nov 2018 13:30:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[Ricardo Leal]]></post_tag>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Si la economía es, como demuestra la experiencia, un estado de ánimo, la política es un estupefaciente; es decir, esa sustancia que nos altera los sentidos, provoca efectos sedantes o sensación de euforia y puede generar dependencia o adicción. Pero mientras las previsiones en materia económica constituyen un híbrido entre lo objetivo y lo azaroso, la política en nuestros días ha ido desprendiéndose de su base racional y ha devenido en puro acto de fe, en ese estupefaciente que nos seda ante la realidad cada vez más ingrata o, por el contrario, nos empuja a una euforia militante, entusiasta y artificial.</p>
<p>Tengo la impresión de que por esas dos bocas del túnel circula la mayoría: unos, ‘pasando’ cada vez más del espectáculo epidérmico de la política, alimentando su indiferencia, su descreimiento y su indignación, y los otros radicalizando sus posiciones desde una concepción fanática del partidismo y la visión sectaria de la realidad. O estás conmigo o estás contra mí. Anteojeras y sal gorda. En vez de análisis, simplificaciones; en vez de opiniones argumentadas y debates, chascarrillos a voleo y tópicos de argumentario. La impresión es de jaula de grillos o, peor aún, de diálogo de sordos.</p>
<p>En medio del apoteósico trollismo político —dentro y fuera de las redes sociales— en Extremadura nos aflige ahora la penúltima oleada de pesimismo tras el reportaje publicado en ‘El País’ con el título ‘Extremadura se ahoga’ y un subtítulo desolador: «Más de 400.000 extremeños viven solo con 700 euros al mes. 13.000 jóvenes se han marchado en los últimos cinco años». Quizás la sensación de desánimo no se produce por la novedad de los datos, —de sobra conocidos y divulgados por HOY repetidas veces—, sino por el hecho de verlos reflejados en un medio periodístico de ámbito nacional. La imagen en el espejo. Sin embargo, Extremadura no debería caer en una crisis de pesimismo porque vive en ella casi de forma permanente. Lo que tiene que hacer es reaccionar. Si en España los desastres de finales del siglo XIX alumbraron una catarsis formidable que aglutinó a la Generación del 98, tal vez en este prolongado declive Extremadura pueda cursar su particular catarsis y romper el círculo vicioso característico de la tierra: despoblación, envejecimiento y falta de infraestructuras, los tres jinetes del apocalipsis regional.</p>
<p>Por no hablar de otro estrago igual de endémico: la ausencia de una firme tradición industrial y empresarial. Lejos del singular ejemplo de los ‘indianos’, tan habituales en Asturias o en Cantabria, los emigrantes extremeños a quienes sonrió la fortuna no suelen regresar (con las naturales excepciones, claro está) para retomar la actividad en la que triunfaron fuera y contribuir a crear riqueza en la tierra que les vio nacer o donde nacieron sus padres y sus abuelos. Aquí los grandes proyectos empresariales están vinculados a personajes admirables que se han batido el cobre y crecido siempre entre nosotros: Alfonso Gallardo, Ricardo Leal, Atanasio Naranjo… Emprendedores con talento y a la fuerza. ¿Así que qué es más apremiante: el pez o la caña de pescar?</p>
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		<title>Dos miradas lúcidas</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Aug 2018 16:43:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Dice la escritora y premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich que en la actualidad gozamos de 20 o 30 años más de esperanza de vida, pero aún «no existe una filosofía que dé soporte a este extra, a este nuevo tiempo. Faltan ideas que cubran este nuevo periodo», se lamenta. Alexiévich, que contó a partir de testimonios periodísticos de gente anónima el declive de la Unión Soviética y su transformación en la nueva Rusia echaba de menos en una entrevista firmada por Cristina Galindo en agosto de 2016, un papel más activo por parte de intelectuales o de personalidades para «ofrecer al mundo una nueva visión, sistema, filosofía, valores que el mundo sigue necesitando. Vivimos una época llena de información, donde todo va más rápido, pero la información no tiene nada que ver con el misterio de la vida humana. Solo ofrece una mirada superficial. La vida es mucho más compleja. O las redes sociales, por cierto, en las que casi todo son banalidades».</p>
<p>Debe de ser el síndrome del mes de agosto, porque hace unos días he leído la entrevista que Anatxu Zabalbeascoa le hace en ‘El País’ al sociólogo y escritor Richard Sennett, donde el profesor de Harvard, que ha denunciado los peligros de la flexibilidad laboral en aras de una mayor eficiencia y eficacia vinculadas al capitalismo moderno, las subcontrataciones, la reducción de puestos de trabajo, la producción por objetivos, el aumento de la movilidad social, la reducción de los vínculos sociales, la casi desaparición del compromiso por parte de los empleadores… En un momento de la charla, la periodista le plantea la que a mí me parece la pregunta clave:</p>
<p>&#8211;¿Qué ha pasado para que lo que entendíamos como derechos hoy sea visto como privilegios?</p>
<p>&#8211;El capitalismo –responde Sennett– funciona colonizando la imaginación de lo que la gente considera posible. Marx ya se dio cuenta de que el capitalismo tenía más que ver con la apropiación del entendimiento que con la apropiación del trabajo. Facebook es la penúltima apropiación de la imaginación: lo que veíamos como útil ahora se revela como una manera de meterse en la conciencia de la gente antes de que podamos actuar. Las instituciones que se presentaban como liberadoras se convierten en controladoras. En nombre de la libertad, Google y Facebook nos han llevado por el camino hacia el control absoluto».</p>
<p>Habrá a quien todo esto le parezca farfolla tecnológica o miedo de ‘apocalípticos’, pero yo creo que aquí cabe parafrasear lo de «Es la economía, estúpido», de la campaña electoral de Clinton frente a Bush padre. El propio Richard Sennett lo apunta en otra de sus respuestas cuando se le pregunta por la forma en que los políticos pueden defender a los ciudadanos frente a los poderes económicos: impidiendo los monopolios. «El capitalismo tiene tendencia a pasar con gran facilidad del mercado al monopolio». «Con monopolios el capitalismo pasa de ser el sistema de la competencia a ser el de la dominación. Aumentar la brecha salarial entre los ricos y los pobres tanto como está sucediendo ahora es la vía para todos los populismos». No puede decirse más claro en menos palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Creencias</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jul 2018 12:25:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El escepticismo se diluye a medida que avanza la humanidad. Al menos en la ciencia. Por eso hemos dejado de creer que la Tierra es plana o que todos los astros giran alrededor de nuestro planeta. Sin embargo, cerca del 20% de los congéneres siguen pensando que somos el centro del universo y en España un 30% de la población desconoce que la Tierra gira alrededor del Sol. Se me dirá que las consecuencias de tales lagunas solo afectarían en el ámbito de los concursos televisivos o en el del expediente escolar. Existen desde luego otras falsas creencias mucho más trascendentes pero de las que somos menos conscientes. Esta semana publicaba ‘El País’ un amplio reportaje sobre la escasa cultura financiera de los españoles y algunos de los datos son para echarse a temblar. Por ejemplo, apenas el 58% de la población comprende el concepto de inflación y sus repercusiones en el bolsillo. Y otro más: «Las familias ahorran poco y los activos que poseen son tan conservadores que el billón de euros colocados entre todos no es rentable», circunstancia en la que probablemente influya el hecho de que casi el 90% de los productos de inversión se distribuyen a través de las sucursales bancarias a pie de calle y en la desconfianza ante el sistema por la cadena de «fiascos financieros».</p>
<p>¿Y en la política es mucho mejor? En la reciente conmemoración del homenaje a Mandela, el presidente Obama resumió las que él considera enseñanzas de la historia de los últimos 70 años: cualquier apuesta de futuro debe evitar el capitalismo descontrolado, inmoral y el socialismo «de la vieja escuela» que todo lo controla desde arriba. La parte teórica creo que está más o menos clara y casi nadie la cuestiona. En la práctica, sin embargo, me parece que el arco que se extiende entre esos dos extremos a los que alude Obama –capitalismo salvaje y socialismo dogmático– es demasiado amplio. En realidad, el territorio ocupado por la socialdemocracia y el estado de bienestar que erosionan ahora, por desgracia, la globalización, los populismos y los nacionalismos étnicos o supremacistas, capaces de imponer supercherías históricas o supersticiones emocionales frente a la razón y al progreso del hombre.</p>
<p>Así que me escandaliza más que los viajes en avión oficial del presidente del Gobierno para asistir a un concierto (decisión que no considero edificante, por otro lado) la manipulación histórica de la voluntad popular que representa el ‘procés’, subterfugio para un ‘golpe de Estado’ contra la propia Cataluña y la legalidad que la sostiene y ‘garantiza’ sus instituciones. Igual que me escandaliza más que el máster de Casado (al margen también de la opinión que me merezcan su vanidad y su titulitis) el populismo de Trump y sus decisiones frente a la Unión Europea. Por no hablar del escándalo que suscitan la política expansionista y de hechos consumados de la Rusia de Putin y del Israel de Netanyahu. O la Italia de Mateo Salvini, la Venezuela de Maduro o la Nicaragua de Ortega. Y sin embargo, se mueve.</p>
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		<title>Los Ronaldos</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jul 2018 17:45:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Dice Valdano que la salida de Cristiano Ronaldo del Madrid no supone la marcha de un hombre solo sino de 40 o 50 goles por temporada. El mito y la contabilidad productiva. Es una forma de abordar el asunto. En marzo de 1997 cuando Ronaldo Nazário de Lima deslumbraba ya en el universo futbolístico como la joya del Barça, le pregunté al escritor <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong> acerca de a quién creía él que iban a querer más en Barcelona, a Kubala o a Ronaldo. Me sorprendió su respuesta porque dijo que eso era una incógnita, pero definió a la estrella brasileña como un jugador de la posmodernidad que más que pertenecer a un club, pertenece a una multinacional. <strong>«Y es muy difícil enamorarse de alguien que pertenece a una multinacional»</strong>, sentenció. No andaba errado el autor de ‘Crónica sentimental de España’ porque en efecto, la temporada siguiente Ronaldo vestía la camiseta del Inter de Milán y luego ya se sabe: la del Real Madrid, la del Milan…</p>
<p>En nuestra posmodernidad las estrellas del fútbol necesitan para serlo ser de algún modo una multinacional, como intuía el padre del detective Carvalho. Y eso que entonces no había alcanzado su esplendor ese complemento para la economía de los clubes que representa la venta de camisetas, un fenómeno, junto al de los derechos de televisión y la publicidad, que constituyen parte esencial del fútbol y sus circunstancias.</p>
<p>Ocurre que cuando llega el desamor o el cansancio y se pierde esa especial empatía entre las grandes estrellas y su club, casi siempre el aficionado se encuentra en medio y debiendo afrontar un hecho controvertido: la realidad no es únicamente de color blanco o negro, sino variada y poliédrica. Aquí cuenta la vertiente fiscal del Cristiano Ronaldo que debe dinero a Hacienda y está claramente contrariado por ello; computa también la poca o mucha ejemplaridad de una trayectoria rebosante de egocentrismo pero también de un esfuerzo titánico de superación personal; su estratosférica calidad deportiva, su vertiente emocional y primero de todo: sus estadísticas goleadoras, de verdadero ‘galáctico’.</p>
<p>Sólo por las alegrías que Cristiano Ronaldo ha dado a los aficionados del Real Madrid en estos nueve años (450 goles, cuatro Champions, tres Mundiales de Clubes, tres Supercopas de Europa…) está más que justificado y bien pagado su deseo, «de abrir una nueva etapa en mi vida», como plantea en su carta de adiós a la hinchada blanca.</p>
<p>Así que en esta posmodernidad de multinacionales deportivas me quedo con el tuit de Casillas (otro héroe caído o derribado a empujones) que escribió bajo una foto en las que se les ve a él y a Cristiano, de espaldas, abrazados tras un partido: «Las despedidas duelen, y más cuando se trata de un jugador así. Agradecerte aquello que hiciste por un club al que le hiciste ser más grande de lo que ya era! Felicitarte por tu empeño de querer ser el mejor y conseguirlo! Mucha suerte, en tu nuevo caminar, @Cristiano!».</p>
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		<title>La mina y el saqueo de la materia prima</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Feb 2018 19:25:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>DECÍA Roosevelt que un hombre sin estudios es posible que robe en un vagón de mercancías, pero si tiene una educación universitaria puede que robe el tren entero. Ahora diríamos que más que la titulación académica, lo determinante para calcular las probabilidades de robo es la cercanía al poder. Al poder corrupto, claro está. Basta pensar en la industrialización del latrocinio que lleva soportando Cataluña desde hace décadas o en los pertinaces casos de corrupción que avergüenzan al conjunto de España.<br />
Con ser indecorosas, la ratería del pillo al menudeo o la sisa del pícaro resultan llevaderas; lo intragable es cuando se llevan el tren entero y encima intentan justificarlo. Pretender la impunidad agigantando la dimensión del agujero. Cuanto más grande, más protección. El viejo adagio: si el sujeto debe mil euros tiene un problema, pero si consigue catapultar la deuda a cien millones, el problema lo tiene el banco o la entidad a la que haya ordeñado.<br />
En nuestros días, los robos históricos, los atracos descomunales de guante blanco no los han protagonizado los corruptos de este o aquel partido, que también, sino el sistema financiero mundial que juega siempre en casa y nunca pierde, pues de vislumbrarse por el horizonte «riesgo sistémico» se blinda con la amenaza de la crisis global y enseguida exige que los peones acudan al rescate&#8230; Y ya puede imaginarse quiénes son los peones en esta partida.<br />
Sin embargo, a ese peligro invisible del sistema financiero globalizado le ha salido una competencia complementaria que trabaja de manera más sutil y efectiva. Me refiero a las redes sociales y más concretamente al mercadeo en torno a ellas, pues como declaraba ayer <a href="http://www.hoy.es/culturas/libros/munoz-molina-observador-20180221231206-ntrc.html">Antonio Muñoz Molina</a>, «las redes sociales debían ser un arma de libertad y sirven para que Rusia intervenga donde y como quiera; para que regalemos nuestra información más íntima y se enriquezcan comerciando con ella Google, Amazon o Facebook», empresas que son «monopolios y armas perfectas para los manipuladores como Trump y Putin. Mandan más», añade Muñoz Molina «que muchos gobiernos y no dejan de acumular poder y dinero».<br />
Facilitarles datos a las empresas y plataformas tecnológicas es la manera más directa de contribuir a su enriquecimiento. Ya no tienen que molestarse en meter la mano en su bolsillo, es usted mismo, como usuario de las redes sociales quien les facilita directamente la tarea. Usted, es decir, sus tendencias, sus actividades, sus aspiraciones, su modelo de consumo&#8230; es lo que les interesa y con lo que van a comerciar. En este singular negocio usted es el ‘esclavo’ y a la vez la ‘materia prima’. Un producto, en realidad la ‘mina de datos’ que les suministra gratuitamente y ellos obtienen a través de sus terminales para que las grandes plataformas sigan girando la rueda del negocio y le proporcionen a su vez las sugerencias de lo que debe hacer (leer, pensar, consumir&#8230;) y al mismo tiempo les permita crearles nuevas necesidades&#8230; Y tan contento, porque en su inocencia bondadosa se dice a sí mismo: «¿Qué más da, yo no tengo nada que ocultar?».</p>
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