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	<title>GRATIS TOTALextremadura &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>La calima y el progreso</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2021 12:14:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de mis primeros miedos infantiles se remontan a aquellas filminas que proyectaban a los cruzados eucarísticos y a los niños de la catequesis en una salita aneja al templo parroquial. Filminas en las que se recreaban escenas como la del masón que abjuró de esa fe y sus correligionarios le apuñalaron en el mismo tren donde intentaba huir a otra ciudad. O la sacrílega artimaña del que acudía a comulgar con una lengua postiza y luego pisoteaba la sagrada forma… Aquellas historias me causaban tanto pavor como la guerra nuclear que planeó sobre el mundo cuando la ‘crisis de los misiles’ en Cuba. Más allá de detalles geoestratégicos, para nuestra mentalidad infantil todo se resumía en una cadena inexorable: las bombas atómicas contaminan la hierba a miles de kilómetros, las vacas se comen esa hierba y todos moriremos porque la leche de las vacas está contaminada y es radiactiva…</p>
<p>Las amenazas del cielo. ¿Chernobil? ¿Fukushima? La del volcán de Islandia de nombre impronunciable que obligó a cerrar el espacio aéreo europeo en 2010 y también la de esta lluvia de barro del Sahara que además de polvo del desierto ha llegado hasta Suiza, Francia y el sur de Europa portando cesio 137, un isótopo radiactivo que no se halla de forma espontánea en la naturaleza, sino que procede necesariamente de la fisión provocada por una explosión nuclear, en este caso de la veintena de ensayos atómicos que la Francia del presidente De Gaulle llevó a cabo en el sur de Argelia y en el Sahara entre los años 1960 y 1967. Los isótopos radiactivos de cesio 137 han sido medidos por ACRO, la asociación encargada del control de la radiactividad en el oeste de Francia. ¿Lo menos malo? Que la concentración de 80.000 becquerel por kilómetro cuadrado es muy débil para causar daños en las personas y que el cesio 137 pierde la mitad de su poder radiactivo cada 30 años. Apenas la punta del iceberg. ¿Lo inquietante? Como recuerda en ‘La Vanguardia’ el experto en radioprotección Pierre Barbey, consultor científico de la asociación ACRO, «todo el hemisferio norte está afectado por la polución causada por las pruebas nucleares, y junto a Francia tienen responsabilidad el resto de potencias atómicas». Las cifras son de mareo: entre 1945 y 1980, Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña, Francia y China realizaron más de 500 ensayos nucleares atmosféricos.</p>
<p>Resulta paradójico que en Extremadura, donde jamás sufrimos, por desgracia, la contaminación propia del desarrollo y de los avances industriales, padezcamos estos días una intensa calima con polvo sahariano en suspensión hasta extremos de que la Aemet recomiende no hacer ejercicio físico al aire libre. Una calima que arrastra (a la vista de los isótopos detectados en Francia) amenazas atmosféricas globales. Siempre los detritus del progreso. El lado oscuro de la globalización. Dan ganas de parafrasear a Sorolla: ‘¡Aún dicen que el jamón ibérico es caro!’.</p>
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		<title>Portugal y los afectos</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Feb 2021 16:58:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi madre suele decir que a los entierros nadie te invita. Y enseguida recuerda con orgullo espontáneo, indisimulado, lo que le dijo una mujer hace décadas, cuando aún vivía mi abuelo: «Al entierro de tu padre tiene que ir el pueblo entero». «¿Y eso por qué», preguntó mi madre. «Porque él no ha faltado a ninguno», respondió la mujer. Mi madre nos ilustra así acerca de esos acontecimientos sociales en los que, –al revés, por ejemplo, de bodas, bautizos o comuniones– lo que cuenta no es la invitación, sino la voluntad y la disposición de cada uno. Creo que en otras encrucijadas de la vida también ocurre igual si el destino te hace un regate imprevisto y nos vienen mal dadas. En tal caso lo que vale es el ánimo, la actitud empática o, sencillamente, esas cálidas palabras de «ya sabes donde estoy para lo que necesites». El bálsamo del afecto.</p>
<p>Este lunes publicaba Natalia Reigadas una magnífica información y una entrevista con una enfermera pacense que trabaja en la Unidad covid de Elvas sobre los estragos del coronavirus en Portugal, donde algunas de las poblaciones cercanas a Extremadura arrojan cifras de incidencia acumulada inquietantes: Elvas, 1.880 casos por cada cien mil habitantes; Campomayor, 1.884; Estremoz, 2.491, y Borba, uno de los distritos más castigados, 3.652. En esas mismas páginas se daba cuenta del llamamiento en petición de auxilio que ha hecho el Gobierno de Lisboa a la ministra de Defensa alemana, dado que el 70% de los médicos en los hospitales lusos están infectados con el coronavirus. También conocíamos el ofrecimiento del canciller de Austria a Portugal para recibir en su país a pacientes graves y quitar presión al sistema sanitario luso.</p>
<p>¿Y Extremadura? A mí me consuela saber que nuestra comunidad no se ha puesto de perfil en este asunto. Desde el primer instante, a través del Ministerio de Sanidad español (dado que «la política exterior es competencia del Gobierno de España») se ha mostrado disponibilidad para –cada uno «dentro de sus posibilidades»– contribuir a mejorar la situación. En encrucijadas como esta, plena de incertidumbre y riesgos, es donde hay que dar la cara y afrontar las responsabilidades de la vecindad y de la hermandad real, efectiva, no solo para la galería.</p>
<p>La ayuda que más se agradece es la que recibimos incluso sin necesidad de pedirla. Si cuando ofreces auxilio lo haces ‘en justa correspondencia’ no practicas ningún tipo de virtud, de generosidad, solo intercambias una recompensa. Ocurre, en último extremo, que ante una pandemia devastadora como la del coronavirus, ayudar al vecino es más que nunca ayudarse a uno mismo. Supongo que en Extremadura habrá reticentes que ya estarán exclamando: «¡Pues estamos aquí como para socorrer…!», pero confío en que sean los menos. «No se cava con el mango de la azada, pero el mango ayuda a cavar», enseña un proverbio africano. Ahí puede estar, quizás, nuestra contribución.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Ángel Rodríguez en Monfragüe</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Sep 2020 09:46:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante años viví junto al Parque del Príncipe de Cáceres y en los paseos del trabajo a casa me deleitaba con el revoloteo de las tórtolas y el canto de los mirlos. Las tórtolas era fácil encontrarlas en los alrededores del santuario de la Montaña y en diversas zonas arboladas de la ciudad. Al igual [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante años viví junto al Parque del Príncipe de Cáceres y en los paseos del trabajo a casa me deleitaba con el revoloteo de las tórtolas y el canto de los mirlos. Las tórtolas era fácil encontrarlas en los alrededores del santuario de la Montaña y en diversas zonas arboladas de la ciudad. Al igual que ocurre en otras poblaciones de Extremadura, desde hace tiempo las tórtolas se pasan ya todo el año en Cáceres y lo mismo descubres su figura en lo alto de un edificio en Colón que en las escaleras de Obispo Segura Sáez, donde ayer por la mañana, franciscanamente, un bello ejemplar compartía el bullicio ciudadano más feliz que una perdiz.</p>
<p>Me entero por las redes sociales que la pasada semana se jubiló como director del Parque Nacional de Monfragüe, Ángel Rodríguez Martín (Pescueza, Cáceres, 1955). Con ese motivo, una de sus hijas le homenajea justo en el instante en que se produce el fin de un ciclo, de una etapa fecunda: «Treinta años de dedicación, sacrificio, vocación, lucha y éxito por conservar un territorio que hoy es bandera de nuestra región, Monfragüe. Tercer destino en el mundo elegido por los amantes de la naturaleza, capilla sixtina de la ornitología; único rincón del planeta donde especies emblemáticas como el águila imperial coexisten con el hombre».</p>
<p>La noticia en las redes y la tórtola callejera me devuelven el eco de una <a href="https://www.hoy.es/v/20101106/regional/padre-pastor-hasta-catorce-20101106.html">entrevista</a> con Ángel Rodríguez, diez años atrás. Titulé aquella larga charla con una frase para mí reveladora: «Mi padre era pastor y hasta los catorce años viví en un chozo». Recuerdo que me sorprendió la espontaneidad propia de quien ha pasado toda su vida en contacto directo con la naturaleza y de quien habla de ella no como el alumno que ha adquirido unos cuantos conceptos teóricos en la universidad –Ángel Rodríguez cursó los estudios de Técnico Forestal en la Politécnica de Madrid– sino con las vivencias del niño que mataba pájaros para comer («es lo que hacíamos los niños en el campo»), que criaba tórtolas («porque era una de las especies que tenía más cerca y que criaban con más facilidad») o que corría detrás de los perdigones por los rastrojos: «¡Que si he corrido…! Cuando cogías algún perdigón lo tenías, lo cuidabas y aquello era sagrado, no se mataba nunca». El hijo de un pastor de ovejas «que no eran suyas, un pastor a sueldo» que para ir a la escuela tenía que andar ocho o diez kilómetros todos los días, y cuando pudo empezar en el instituto tenía ya 14 años, en vez de los diez u once de todos sus compañeros. Seguro que en esta nueva etapa, al volver la vista atrás, Ángel Rodríguez vislumbrará aquellos días con igual detalle con que ha pateado y conoce las 18.000 hectáreas de un Parque Nacional, Reserva de la Biosfera, que ha sido, sin retórica hueca, su vida y su pasión.</p>
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		<title>Diego Bardón</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2020 06:58:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El viernes estuve desayunando en Badajoz con Diego Bardón, que suele compartir tertulia en esa ciudad con Antonio Barquilla y otros amigos. Creo que llevaba sin verle desde el año 2009, cuando le entrevisté en HOY para mi sección Zona de Paso. Pero está igual: enjuto, sonriente y perspicaz. Bardón en carne y hueso. Ha cambiado su abrigo Loden (en Cáceres hacía frío aquel mes de febrero) por una camisa a cuadros y una faja negra que acentúa su delgadez. Todo fibra y con deportivas azules, es capaz de tocar el suelo con las palmas de la mano sin doblar las rodillas. En la terraza despierta expectación al hablar, y cuando Paco Zambrano, Villafaina, Barquilla o yo mismo le preguntamos por algún detalle de hace tiempo, por alguna anécdota, quienes están alrededor alzan la vista y prestan atención igual que si escucharan al oráculo.</p>
<p>Aquella amplia entrevista arrancaba (perdón por la autocita) con estas palabras: «Ha hecho de su vida una obra de arte. Y una aventura con ribetes novelescos. Si en Extremadura se escribe algún día la historia de los ‘nuevos heterodoxos’, raros, o personajes fuera de lo común, Diego Bardón ocupará más de un capítulo. Como un guerrillero de la inteligencia, lleva más de cuarenta años levantando polémicas con sus intervenciones en el mundo del arte, de los toros, del periodismo y hasta del deporte. Y sigue siendo un espíritu libre, difícil de controlar». Me parece que esos juicios se mantienen vigentes. Torero, periodista, corredor de maratón y miembro del grupo Pánico, tampoco reniega de nada de lo expresado en aquella conversación de hace once años: «No quiero dinero institucional, lo dejo para los intelectuales orgánicos». «Nunca me proyecté en nada para permanecer».</p>
<p>Nacido en Fuente del Maestre en 1941, Diego Bardón toreó con melena suelta, con dos muletas y una tarde hasta abandonó el ruedo a la par que el toro porque se lanzó en plancha sobre el morlaco cuando lo arrastraban las mulillas&#8230; Amigo de Fernando Arrabal, Topor y Alejandro Jodorowsky, que lo declararon ‘torero pánico’ y componente de ese movimiento artístico emparentado con el surrealismo, Bardón figura en la enciclopedia Cossío del toreo antes de convertirse en el apoderado de Luis Reina (primer diestro que lució publicidad en el traje de luces) o de ‘inventarse’ la corrida flamenca, con Camarón cantándole a Curro Romero y José Mercé a Rafael de Paula.</p>
<p>Antonio Barquilla, que es uno de los periodistas que mejor conocen y que viaja durante el año con Bardón para ver corridas de toros, lleva tiempo intentando convencerle</p>
<p>–infructuosamente– de que escriba unas memorias o que acepte una biografía. Algunos no perdemos la esperanza. Está agradable la mañana en Badajoz. Unos aficionados reconocen a Diego y le paran por la calle: «¡Maestro!». Y al dirigirse a él únicamente con esa palabra me recuerda el mismo tono reverencial con que se la decía Búfalo a Juncal.</p>
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		<title>Turistas chinos</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jun 2020 06:35:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace justamente diez años, cuando hacía estragos por medio mundo la crisis económica y financiera, publiqué una amplia entrevista con Diego Hidalgo Schnur, hijo de un ministro de la II República y uno de nuestros intelectuales, empresario social y filántropo más relevantes. De aquella conversación con Hidalgo Schnur –que ha sido profesor en la Universidad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace justamente diez años, cuando hacía estragos por medio mundo la crisis económica y financiera, publiqué una amplia entrevista con <a href="https://www.hoy.es/v/20100619/regional/padre-quisieron-matar-bandos-20100619.html">Diego Hidalgo Schnur</a>, hijo de un ministro de la II República y uno de nuestros intelectuales, empresario social y filántropo más relevantes. De aquella conversación con Hidalgo Schnur –que ha sido profesor en la Universidad de Harvard, presidente del Consejo Social de la Uex, promotor de la Fundación Maimona, miembro del Club de Roma…– he recordado siempre dos detalles de interés. El primero, su estrecha amistad con Borges: «Lo primero que nos unió es que los dos nos sabíamos la lista de los reyes visigodos. Y él no solo se sabía la lista sino que se sabía la vida y milagros de cada uno». El segundo detalle tiene que ver con sus previsiones o ‘sueños’ respecto al futuro económico de Extremadura y la presencia de China entre nosotros. Durante aquella charla, después de subrayar la experiencia de Japón, convertida en potencia turística, Diego Hidalgo reflexionaba sobre los altísimos niveles de prosperidad que había conseguido China tras el ascenso al poder de Deng Xiaoping e implantar un doble sistema político-económico: el de un país comunista que, a la vez, es «ferozmente capitalista».</p>
<p>Por ese motivo, en junio de 2010, cuando anualmente de 20 a 30 millones de chinos abandonaban la clase pobre para convertirse en clase media, él confiaba que se produciría un fenómeno similar al vivido por Japón, es decir, que al ir disfrutando de niveles de prosperidad cada vez mayores, apostarían por un turismo que no iba a ser el de playa y bronceado (cosa que horroriza a los asiáticos) sino el que les ofrezca «espacios, cultura, poca densidad de población, gastronomía, buena calidad de vida, conservación del medio ambiente… y yo sueño (yo no lo veré, pero sí mis hijos y mis nietos), con decenas o millones de chinos que querrán conocer Extremadura y que serán una fuerza importante».</p>
<p>Reconozco que esa visión de turistas chinos desperdigándose cual bandadas de grullas por un ecosistema, el de la dehesa, único en Europa –con millón y medio de hectáreas en Extremadura– era una aspiración compartida con Diego Hidalgo justamente hasta la pandemia de la Covid-19. Ahora, sin embargo, dudo que pueda cumplirse, aunque lo deseo. No creo que el vaticinio o previsión que formuló hace una década respecto al formidable desarrollo económico de China sea erróneo, al contrario: el gigante asiático va camino de convertirse, de hecho, en la primera potencia mundial. Pero la globalización, como advierte el economista Branko Milanovic en un lúcido artículo en <a href="https://www.letraslibres.com/espana-mexico/economia/por-que-es-inutil-hacer-predicciones-economicas-ahora#.XtZZKzdSi_x.twitter">‘Letras Libres’</a>, sufrirá probablemente un retroceso que se traducirá en la reducción de los movimientos internacionales de las personas y de los capitales, debido, entre otros motivos, a las incertidumbres políticas y al aumento de la inestabilidad interna y global. Nos quedamos sin bienvenida a Mister Marshall. ¿Tampoco la habrá para Xi Jinping? Al menos nos quedan las grullas.</p>
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		<title>Ceferino López y el espejo</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2019 07:48:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[La exposición se titula ‘Ciudad incierta’ y reúne más de cien fotografías de una Mérida que no sale en los catálogos complacientes ni en el Instagram de los turistas. Un descampado donde sobrevive el fantasma de una gran valla de venta de pisos que nunca se construyeron. El desconcierto de una farola de alumbrado público [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La exposición se titula ‘Ciudad incierta’ y reúne más de cien fotografías de una Mérida que no sale en los catálogos complacientes ni en el Instagram de los turistas. Un descampado donde sobrevive el fantasma de una gran valla de venta de pisos que nunca se construyeron. El desconcierto de una farola de alumbrado público en mitad de la nada. Montones de cascotes recortando el perfil de un bloque nuevo de viviendas. La isla de unos pisos asomados a un terreno parcelado y con hierbajos. Viejos solares con las paredes medianeras salpicadas de plásticos para las humedades y restos arqueológicos cubiertos como aquellas instalaciones famosas del artista Christo Vladimirov. Una calle abierta en uve con coches estacionados a ambos lados. Árboles que se recortan contra las sombras y farolas que jalonan las mañanas de niebla. Anuncios y carteles imposibles. Rincones de estética surrealista. Entrañables, caóticos, de arquitectura improvisada y mestiza. Estampas que perfilan un horizonte de naves comerciales o establecimientos públicos de un colorido artificial y despersonalizado. Edificios de pisos levantados en los años del desarrollismo con la evidente pretensión del aprovechamiento máximo del espacio, aunque ahora dibujan volúmenes que suscitan sonrisas y asombro.</p>
<p>Advierte Ceferino López que cuando se muestra una ciudad imaginada a la medida de los deseos, «sucede que el espejo en que nos miramos refleja exclusivamente una visión impuesta. La ciudad real desaparece y sobrevivimos en una ciudad incierta, en una ciudad que refleja una realidad falseada, sin respuestas a nuestras necesidades, miedos e incertidumbres». Una ciudad, añade, «que –como tantas– vive aletargada ante el engaño de los espejos». Así se entiende mejor la dedicatoria de la muestra: «A María y Ana. Que los espejos solo sirvan para embelleceros».</p>
<p>Como suele ocurrir con los maestros de la imagen, –y <a href="https://www.hoy.es/20090927/opinion/ahora-trabajo-alimenticio-absorbe-20090927.html">Ceferino López</a> ocupa desde hace años un lugar <a href="http://malama.blogspot.com/2008/12/amigos-de-javier.html">destacadísimo en Extremadura</a>– podría creerse que lo sustantivo de esta exposición es la ciudad de Mérida, pero no es así. Mérida es tan solo el modelo, la anécdota, el espejo… El tema central es la mirada del fotógrafo. La sensibilidad y el talento de que se vale para hacernos reparar en una realidad que de otra forma nos pasaría inadvertida. Han sido precisas miles de horas de esfuerzo y tesón de Ceferino López pateando las calles para desvelar, a la hora en que la luz lo consiente, ese balcón enmarcado entre columnas que sobrevive a un ayer más armonioso; la soledad de aquella portería de fútbol que pone puertas al campo; la señal aupada en la farola para indicar sin más la dirección del estanco; la valla publicitaria convertida en cuadro de arte improvisado; el huerto con gallinas, ovejas y techos de uralita… en mitad de la ciudad; los muros y tapiales con las heridas del tiempo; el minúsculo Manneken Pis encaramado a una terraza rodeada de edificios y antenas. Y chimeneas de diseño inverosímil, y rincones y placitas y fachadas y tendidos eléctricos y señales de tráfico. El <a href="http://www.fundacioncb.es/evento_cb/fin-exposicion-ciudad-incierta-2/">último trabajo</a> de Ceferino López puede visitarse en el Centro Cultural de la Fundación CB (antigua Caja Badajoz) de la plaza de Santo Domingo en Mérida. No se lo pierdan.</p>
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		<title>Hace 15 años</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Apr 2019 08:08:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Tengo la costumbre de ‘archivar’ entre las páginas de los libros de mi biblioteca recortes de entrevistas, cartas, reseñas o críticas del autor de la obra de que se trate. Ahora que acaban de cumplirse 15 años de la publicación de ‘La semilla en la nieve’, de Ángel Campos Pámpano, y se reedita una edición bilingüe, español-portugués, esta vez en la Editora Regional de Extremadura, aprovecho para releer ese extraordinario libro de poemas y de paso para refrescarme la memoria con la entrevista a su autor que publiqué en las páginas de HOY. Una doble página que encabezaba el titular: «Ángel Campos consagra una conmovedora elegía a su madre con el libro ‘La semilla en la nieve’», y la siguiente entradilla: «<em>‘Mientras pueda pensarte / no habrá olvido’</em>. Con esos versos arranca el libro ‘La semilla en la nieve’, un estremecedor recorrido por la memoria con el que el poeta Ángel Campos Pámpano se adentra en el durísimo laberinto de los recuerdos de un hijo que vivió casi toda su vida de niño y adolescente entre mujeres (con su madre y su abuela, en su localidad natal, San Vicente de Alcántara) y echando de menos la figura del padre, muerto cuando el autor apenas tenía cuatro o cinco años. Como un poeta de sensibilidad extraordinaria, Ángel Campos no se ha limitado a levantar un panteón funerario a la memoria de su madre, Paula Pámpano, a quien dedica el libro, sino que le ha construido un monumento más perdurable que el mármol y las lápidas, un monumento levantado sobre veinte columnas: los veinte poemas de ‘La semilla en la nieve’».</p>
<p>Hasta ahí el primer párrafo de una ‘recepción periodística’ de la que ahora, mirando con perspectiva, –perdón por la referencia personal– me siento orgulloso. Entre otras cosas porque más que una entrevista al uso, esas dos páginas incluían un poema (‘La espera’) que en mi opinión resume muy bien el tono del libro, y un recuadro con datos bio-bibliográficos para perfilar la trayectoria literaria del autor. Creo que el tiempo ha confirmado el valor excepcional de ese conjunto de poemas, no tanto porque al año siguiente de ser publicado, Ángel Campos recibiese el Premio Extremadura a la Creación 2005, sino por dos razones que estimo infalibles: inmediatamente de publicarse la entrevista a que me estoy refiriendo, recibí varias llamadas de lectores interesándose por las librerías o los puntos de venta en que podrían adquirir el volumen. ¡Un libro de poemas de un autor contemporáneo! Sin haber desembocado aún en las redes sociales ni en la parapoesía. ¿La otra razón? Que basta leer cualquier poema de ‘La semilla en la nieve’ para percatarse de que condensan una emoción sin fecha de caducidad. Poemas que eluden, precisamente, el sentimentalismo fácil o la verbosidad retórica. Palabras que resisten el paso del tiempo.</p>
<p>Quince años después, la humanidad estremecida que habita esas páginas me transporta a otros libros del autor: ‘Por aprender del aire’, ‘La voz en espiral’, ‘Caligrafías’, ‘La ciudad blanca’… Y también al recuerdo de una entrevista a José Ángel Valente y unos pocos juicios, compartidos, acerca de César Vallejo. Emociones vivas.</p>
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		<title>El tren, Chamizo y Gabriel y Galán</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jan 2019 12:53:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El domingo, 6 de enero, se cumplen 114 años de la muerte de José María Gabriel y Galán y con ese motivo, como ocurre desde hace décadas, la Asociación Cultural Amigos de la estatua del poeta en el Paseo de Cánovas, de Cáceres, le organiza un homenaje que incluye lecturas de sus poemas y de quienes deseen intervenir. Al margen de valoraciones estrictamente literarias, yo creo que Gabriel y Galán es un poeta que perdura en la memoria de muchas generaciones de españoles y de hablantes de español. ¿Qué mejor prueba de que su obra se grabó –como la piedra que se lanza al estanque y produce ondas– en la memoria de Jorge Luis Borges o de Gabriel García Márquez? Aquí he recordado alguna otra vez el encuentro en el palacio de la Zarzuela de Madrid del autor de ‘El Aleph’ con José Miguel Santiago Castelo, quien tras un rato de conversación y confesarle al genio argentino, interesado en su acento, que era de Extremadura, Borges comenzó a recitarle ‘El Ama’, que se sabía de memoria. «La aprendí entera, sabe usted, allá en la Argentina, cuando era niño», le explicó a Castelo. O aquella anécdota, contada por el periodista Juan Cruz, en la que recuerda a García Márquez hablando incansable y recitando ‘El Cristu Benditu’.</p>
<p>Así que al hilo de la conmemoración anual ante su estatua en el Paseo de Cánovas, yo pensaba glosar la figura de un poeta como Gabriel y Galán, que fue admirado por los intelectuales de su época y sobre todo por gentes que se acercaban a su poesía y la leían (o escuchaban, pues muchos de ellos no sabían leer) con emoción nada impostada. Como el que escucha una música familiar, íntima, honda, que te llega al corazón. Yo pensaba aludir a Miguel de Unamuno y a Miguel Hernández y hasta al bueno de don Antonio Machado, alertándonos acerca de aquellos «pedantones al paño /<br />
que miran, callan, y piensan / que saben, porque no beben / el vino de las tabernas»…</p>
<p>Así que yo pensaba hablar de Gabriel y Galán y su poesía, pero ocurre que Extremadura inaugura el año nuevo con el penúltimo <a href="https://www.hoy.es/extremadura/junta-llama-inutiles-20190103230538-nt.html">agravio ferroviario</a>, otro incidente del llamado ‘tren de la vergüenza’ que nos separa del resto de España, y más que en Gabriel y Galán pienso en Luis Chamizo y ‘El miajón de los castúos’, porque ni aquellos versos que abren su conocida rapsodia: «Corre’l tren retumbando por / los jierros / de la vía» se cumplen ya. Ni siquiera los sucesores de aquel tren decimonónico (con vías y traviesas, justamente, del siglo XIX) son capaces de «corre’l» retumbando; se averían y no avanzan. Vergüenza e indignación. A pesar de vivir en el siglo XXI, en vez de trasladar personas, ese tren acumula retrasos ominosos, impide enlazar con otros transportes y obliga a más de ciento cincuenta viajeros a permanecer a oscuras, a cuatro grados, en mitad del campo y la desesperación. Una realidad insoportable. Ese tren se desplaza por un túnel del tiempo que no viaja al futuro, sino al ayer. Vergüenza. Vergüenza. Vergüenza para España entera.</p>
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		<title>El discurso de José Julián Barriga</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Dec 2018 12:52:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Acabo de leer el discurso del periodista y escritor José Julián Barriga en su recepción como miembro de la Real Academia de Extremadura. Luce un título largo: ‘La contribución de los pensadores a la prosperidad de los pueblos. Aproximación crítica a la historia de Extremadura’, pero una conclusión sucinta y contundente: «Extremadura ha sido pródiga [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo de leer el discurso del periodista y escritor José Julián Barriga en su recepción como miembro de la Real Academia de Extremadura. Luce un título largo: ‘La contribución de los pensadores a la prosperidad de los pueblos. Aproximación crítica a la historia de Extremadura’, pero una conclusión sucinta y contundente: «Extremadura ha sido pródiga en producir pensamiento, pero huraña en retenerlo. Ha ido desalojando sucesivamente a sus pensadores y a sus hombres de acción. No busquen otra causa o razón del retraso de Extremadura que la de la expulsión del talento. Es falso y estúpido decir que los dioses nacieron en Extremadura y que fue un territorio poblado de genios. Lo malo es que sus pensadores, la inmensa mayoría de ellos, nacieron pero no vivieron en Extremadura. Preguntémonos cuál es la solución definitiva para remediar el atraso de Extremadura. En mi opinión, solo existe una alternativa: retener la inteligencia, mantener el talento».</p>
<p>Con anterioridad, confiesa José Julián Barriga otras certezas: el binomio inteligencia (pensadores) y progreso económico es constante en el devenir de la humanidad, sin que ello signifique, argumenta, que haya pueblos mejor dotados en orden a la inteligencia, aunque sí «sociedades que gestionan mejor que otras sus capacidades intelectuales y, sobre todo, saben retener el talento en su propio territorio».</p>
<p>Estructurado en tres grandes periodos históricos en los que se constata su esplendor: «los tiempos de Augusta Emérita, el siglo de Oro y de los Conquistadores y el empuje intelectual del siglo XIX», Barriga desmenuza en su discurso esas etapas con el apoyo y la cita de autoridad, entre otros, de Antonio Rodríguez Moñino preguntándose qué provincia o región española podría reunir durante el siglo XVI un haz de nombres como los de «Torres Naharro en teatro, místicos como San Pedro de Alcántara, escriturarios como Arias Montano, médicos como Arceo, historiadores como Hernán Cortés, filósofos como Fr. Luis de Carvajal, filólogos como El Brocense, músicos como Juan Vásquez, teólogos como el padre Maldonado, matemáticos como el cardenal Silíceo, poetas como Francisco de Aldana, épicos como Luis Zapata».</p>
<p>Un discurso que repasa de manera crítica la historia de Extremadura pero sin ensombrecer el pasado ni regodearse en el pesimismo. Al contrario, se reivindican figuras –y testimonios– como los de Pedro de Valencia, Juan Meléndez Valdés, Felipe Trigo, Roso de Luna, el oliventino Tomás Romero de Castilla, Publio Hurtado… Sin bajar del pedestal, tampoco, a los siete extremeños que «conforman la nómina de los grandes colosos de la Conquista: Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Núñez de Balboa, Hernando de Soto, Pedro de Valdivia, Francisco de Orellana y Pedro de Alvarado».</p>
<p>Con encomiable capacidad analítica, J. J. Barriga huye del retoricismo academista y lo mismo cita a Yuval Noah Harari que al León Leal que en 1921 denunciaba el porcentaje escandaloso de terratenientes absentistas que se daba en la provincia de Cáceres. Yo creo que Barriga ha escrito un texto que conviene tener a mano y releer en Extremadura. Como diagnóstico, como recordatorio y también como alarma. No en balde, entre sus páginas zumba el eco de una cita tempranera –e inquietante– de Montaigne: «Nadie está mal mucho tiempo sino por su culpa».</p>
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		<title>La crisis y la catarsis</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Nov 2018 13:30:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Si la economía es, como demuestra la experiencia, un estado de ánimo, la política es un estupefaciente; es decir, esa sustancia que nos altera los sentidos, provoca efectos sedantes o sensación de euforia y puede generar dependencia o adicción. Pero mientras las previsiones en materia económica constituyen un híbrido entre lo objetivo y lo azaroso, la política en nuestros días ha ido desprendiéndose de su base racional y ha devenido en puro acto de fe, en ese estupefaciente que nos seda ante la realidad cada vez más ingrata o, por el contrario, nos empuja a una euforia militante, entusiasta y artificial.</p>
<p>Tengo la impresión de que por esas dos bocas del túnel circula la mayoría: unos, ‘pasando’ cada vez más del espectáculo epidérmico de la política, alimentando su indiferencia, su descreimiento y su indignación, y los otros radicalizando sus posiciones desde una concepción fanática del partidismo y la visión sectaria de la realidad. O estás conmigo o estás contra mí. Anteojeras y sal gorda. En vez de análisis, simplificaciones; en vez de opiniones argumentadas y debates, chascarrillos a voleo y tópicos de argumentario. La impresión es de jaula de grillos o, peor aún, de diálogo de sordos.</p>
<p>En medio del apoteósico trollismo político —dentro y fuera de las redes sociales— en Extremadura nos aflige ahora la penúltima oleada de pesimismo tras el reportaje publicado en ‘El País’ con el título ‘Extremadura se ahoga’ y un subtítulo desolador: «Más de 400.000 extremeños viven solo con 700 euros al mes. 13.000 jóvenes se han marchado en los últimos cinco años». Quizás la sensación de desánimo no se produce por la novedad de los datos, —de sobra conocidos y divulgados por HOY repetidas veces—, sino por el hecho de verlos reflejados en un medio periodístico de ámbito nacional. La imagen en el espejo. Sin embargo, Extremadura no debería caer en una crisis de pesimismo porque vive en ella casi de forma permanente. Lo que tiene que hacer es reaccionar. Si en España los desastres de finales del siglo XIX alumbraron una catarsis formidable que aglutinó a la Generación del 98, tal vez en este prolongado declive Extremadura pueda cursar su particular catarsis y romper el círculo vicioso característico de la tierra: despoblación, envejecimiento y falta de infraestructuras, los tres jinetes del apocalipsis regional.</p>
<p>Por no hablar de otro estrago igual de endémico: la ausencia de una firme tradición industrial y empresarial. Lejos del singular ejemplo de los ‘indianos’, tan habituales en Asturias o en Cantabria, los emigrantes extremeños a quienes sonrió la fortuna no suelen regresar (con las naturales excepciones, claro está) para retomar la actividad en la que triunfaron fuera y contribuir a crear riqueza en la tierra que les vio nacer o donde nacieron sus padres y sus abuelos. Aquí los grandes proyectos empresariales están vinculados a personajes admirables que se han batido el cobre y crecido siempre entre nosotros: Alfonso Gallardo, Ricardo Leal, Atanasio Naranjo… Emprendedores con talento y a la fuerza. ¿Así que qué es más apremiante: el pez o la caña de pescar?</p>
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