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	<title>GRATIS TOTALfútbol &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Los Ronaldos</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jul 2018 17:45:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Dice Valdano que la salida de Cristiano Ronaldo del Madrid no supone la marcha de un hombre solo sino de 40 o 50 goles por temporada. El mito y la contabilidad productiva. Es una forma de abordar el asunto. En marzo de 1997 cuando Ronaldo Nazário de Lima deslumbraba ya en el universo futbolístico como la joya del Barça, le pregunté al escritor <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong> acerca de a quién creía él que iban a querer más en Barcelona, a Kubala o a Ronaldo. Me sorprendió su respuesta porque dijo que eso era una incógnita, pero definió a la estrella brasileña como un jugador de la posmodernidad que más que pertenecer a un club, pertenece a una multinacional. <strong>«Y es muy difícil enamorarse de alguien que pertenece a una multinacional»</strong>, sentenció. No andaba errado el autor de ‘Crónica sentimental de España’ porque en efecto, la temporada siguiente Ronaldo vestía la camiseta del Inter de Milán y luego ya se sabe: la del Real Madrid, la del Milan…</p>
<p>En nuestra posmodernidad las estrellas del fútbol necesitan para serlo ser de algún modo una multinacional, como intuía el padre del detective Carvalho. Y eso que entonces no había alcanzado su esplendor ese complemento para la economía de los clubes que representa la venta de camisetas, un fenómeno, junto al de los derechos de televisión y la publicidad, que constituyen parte esencial del fútbol y sus circunstancias.</p>
<p>Ocurre que cuando llega el desamor o el cansancio y se pierde esa especial empatía entre las grandes estrellas y su club, casi siempre el aficionado se encuentra en medio y debiendo afrontar un hecho controvertido: la realidad no es únicamente de color blanco o negro, sino variada y poliédrica. Aquí cuenta la vertiente fiscal del Cristiano Ronaldo que debe dinero a Hacienda y está claramente contrariado por ello; computa también la poca o mucha ejemplaridad de una trayectoria rebosante de egocentrismo pero también de un esfuerzo titánico de superación personal; su estratosférica calidad deportiva, su vertiente emocional y primero de todo: sus estadísticas goleadoras, de verdadero ‘galáctico’.</p>
<p>Sólo por las alegrías que Cristiano Ronaldo ha dado a los aficionados del Real Madrid en estos nueve años (450 goles, cuatro Champions, tres Mundiales de Clubes, tres Supercopas de Europa…) está más que justificado y bien pagado su deseo, «de abrir una nueva etapa en mi vida», como plantea en su carta de adiós a la hinchada blanca.</p>
<p>Así que en esta posmodernidad de multinacionales deportivas me quedo con el tuit de Casillas (otro héroe caído o derribado a empujones) que escribió bajo una foto en las que se les ve a él y a Cristiano, de espaldas, abrazados tras un partido: «Las despedidas duelen, y más cuando se trata de un jugador así. Agradecerte aquello que hiciste por un club al que le hiciste ser más grande de lo que ya era! Felicitarte por tu empeño de querer ser el mejor y conseguirlo! Mucha suerte, en tu nuevo caminar, @Cristiano!».</p>
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		<title>La selección y Max Aub</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jun 2014 18:53:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Se dice que todos los españoles llevamos dentro un seleccionador nacional de fútbol y un tertuliano en potencia, pero yo creo que lo que llevamos en realidad es a un sociólogo de barra de bar y a un crítico deportivo. Bueno, y estos días junto al seleccionador nacional no nos vendría nada mal un psicoterapeuta que nos salve de la melancolía y del derrotismo. Desde los medios de comunicación se está realizando una formidable labor en ese sentido, extendiendo el bálsamo argumental sobre la devastación de la derrota en el Mundial. Paños de lágrimas masivos.<br />
El mantra que proponen es doblemente sencillo: hay que estar agradecidos porque antes de contar con la selección nacional de los Iniesta, Xavi, Casillas, etcétera, siempre vivimos en el infierno futbolístico, y hay que estar agradecidos porque lo que nos han dado –dos Eurocopas, un Mundial, etcétera–, es posible que no vuelva a conquistarlo ninguna otra selección en la historia.<br />
A mí me parecen argumentos de peso y bastante razonables. Ocurre que pasar de pobre a rico es fácil, pero transitar en sentido contrario resulta cuanto menos fatigoso&#8230; O como resumiría un italiano: «La guerra es bella pero incómoda».<br />
Así que cuando se olvide la terapia colectiva contra el desengaño, no faltará quien considere que en dichas sesiones lo único que nos han suministrado es un placebo y que lo que se precisa con urgencia son medidas eficaces, renovadoras, contundentes, no consuelo de carácter retroactivo porque nadie hasta ahora había disfrutado de un paraíso de títulos similar. Que no vale con decir, virgencita que me quede como estoy, sino emprender cambios en profundidad para que jamás pueda llegarse a un mundial con las limitaciones físicas y emocionales con que viajó la selección española a Brasil 2014.<br />
 Es verdad que todos debemos estar agradecidos a esta selección por sus seis años de triunfos extraordinarios. Y creo que la mayoría de la gente que conoce la trayectoria deportiva de las últimas décadas mira con afecto y gratitud al conjunto de los jugadores; otra cosa es cómo se recordará la forma en que hemos sido  eliminados: ¡qué manera de perder! Tras la somanta de Holanda y  de Chile no se me va de la cabeza aquello que decía Max Aub y que nos retrata tan sutilmente: «Al español no le importa tanto ganar o perder sino quedar como Dios».<br />
A los españoles no nos importa perder como lo hicieron los habitantes de Numancia o como los Tercios en Rocroi. Pero llevamos mal las derrotas que no reportan ganancia ni honra, por decirlo con énfasis grandilocuente&#8230; Es decir, no importa perder si quedas como Dios. Y en eso creo que también nuestra sociedad ha avanzado en los últimos tiempos. Avanzado para mejor, quiero decir. No me imagino a los aficionados españoles conformándose con pasar de fase a cualquier precio, ni creo que se conformarían ganando un título con ‘habilidades’ como la de Maradona y su famosa ‘mano de Dios’. Por eso resulta más dolorosa nuestra ‘marcha’ del Mundial del Brasil. Pero ser conscientes de ello es el primer paso para la victoria.</p>
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		<title>Porras y banderas</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Jun 2014 12:29:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las banderas son el mejor indicador de la pasión con que se vive el Mundial de fútbol. O mejor: el número de banderas en los balcones y ventanas marca la temperatura emocional de los aficionados de un país. De ser ciertas esas dos premisas, en España estamos igual que los cazadores que no empuñan la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las banderas son el mejor indicador de la pasión con que se vive el Mundial de fútbol. O mejor: el número de banderas en los balcones y ventanas marca la temperatura emocional de los aficionados de un país. De ser ciertas esas dos premisas, en España estamos igual que los cazadores que no empuñan la escopeta con el ánimo alerta bien porque no saben por dónde les va a salir la pieza o porque dudan incluso de que en el cazadero haya caza.<br />
Mientras hace cuatro años la abundancia de banderas en los balcones alimentó comentarios en la calle y en las redes sociales capaces de colmatar los archivos de Google, ahora, mi buen Yorick, puedes recorrer las aceras de la ciudad y solo te saldrán al paso una bandera aquí, otra allá y otra acullá, que decían los clásicos.<br />
¿Quizás porque la selección española no empieza a jugar hasta esta noche? Poco entusiasmo en los prolegómenos. ¿Quizás por no estar convencidos de que una segunda victoria en la Copa del Mundo va más allá de nuestras posibilidades? Lo dudo. Yo creo que los españoles somos tan pudorosos cuando se trata de ‘blasonar’ por esos mundos de dios que nos atenaza el síndrome del gato escaldado y nos rebrincamos y nos blindamos con la coraza del pesimismo.<br />
Antes prudentes que fanfarrones. Y solo si el balón está a punto de entrar en el segundo último se desatará la euforia y florecerán los profetas inversos, esos del «Ya te lo decía yo: este año ganamos la segunda estrella en Brasil».<br />
La verdad es que en las calles de Cáceres he visto pocas banderas de España. Y eso que los de ahora son tiempos propicios para que los entusiastas de las banderas aireen sus enseñas con clara intención política; es decir, con voluntad ideológica y sentimental.<br />
A mí nunca me han molestado las banderas –propias o ajenas– salvo que al ondear me impidan o me enturbien la visión. Me parece legítimo canalizar la empatía con quienes te rodean a través de un símbolo que representa a la parte mayoritaria de la sociedad; y que se recurra a dicha comunión sentimental en fiestas, celebraciones, espectáculos o circunstancias especiales.<br />
No entiendo, sin embargo, a quien se muestra irrespetuoso con las banderas, bien por acción u omisión. Por lucirlas como un ‘patrimonio exclusivo’, propio, lo cual es una contradicción en sus términos, o por querer imponerlas como un ‘trágala’ inapelable.<br />
A lo que estamos, en este Mundial observo pocas banderas españolas todavía. Pero confío en que las salpicaduras del color rojo y amarillo se harán visibles durante las próximas semanas en numerosos edificios: la señal de que los de Vicente del Bosque no han tenido que hacer las maletas y siguen en la lucha. Para entonces habrán vuelto a las barras de los bares y a las barras de las redes sociales los comentarios sobre el patriotismo  de cartón piedra que suscita la afición al fútbol entre la gente de la vieja piel de toro. En el ruedo ibérico. Y por esta vez discrepo de Benedetti: «Patrias de nailon, no me gustan los himnos ni las banderas». Para los por si, lo anuncio con tiempo: He puesto en la porra del HOY que gana España. </p>
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		<title>Del yin y del yang</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Apr 2014 20:19:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[EN España la verdadera identidad no hay que buscarla en el DNI sino en el yin y yang que personifican el juego del Barça –mucho tiqui taca y mucha posesión– y el juego del Real Madrid –contragolpes vertiginosos y no más dios que la portería–. En un país como el nuestro, donde había que ser [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EN  España la verdadera identidad no hay que buscarla en el DNI sino en el yin y yang que personifican el juego del Barça –mucho tiqui taca y mucha posesión– y el juego del Real Madrid –contragolpes vertiginosos y no más dios que la portería–. En un país como el nuestro, donde había que ser de Joselito o de Belmonte, de creer en Dios o en la Lotería, hasta un genio como Luis García Berlanga sucumbió a la inevitable dualidad y le dedicó una serie televisiva al fenómeno: ‘Villarriba y Villabajo’. La añeja metáfora de los rojos y los azules. Sin tiros, por fortuna.<br />
Dentro de las actividades de la Feria del Libro de Cáceres, el diario HOY organiza desde hace cinco años un ‘Taller de escritura periodística’ dirigido a estudiantes de Secundaria. Una compañera del periódico, María Fernández, les explica algunas nociones básicas sobre el periodismo, las noticias, las distintas secciones de un diario y entre todos elaboran una portada que al final se llevan impresa a color, como prueba y diploma de su participación en el taller. Cuenta María que ahí es donde se ve a las claras que a nuestros jóvenes (chavales de entre 15 y 16 años) los dos equipos que les atraen de forma mayoritaria son el Real Madrid y el Barcelona. ¿Los temas políticos? Ni de bromas. En el universo de los asuntos que les interesan después del fútbol, las fiestas locales: San Jorge, el Womad. Hasta ahí el yin y el yang.<br />
 Me parece que en otros ámbitos se da la misma división. Media España cree que el juez Silva no tiene razón en algunos de sus comportamientos y la otra media está convencida de que es insoportable el hecho de que en un escándalo tan descomunal y de repercusiones de tan alto contenido humano y económico como el de las preferentes, sea  el juez que procesó a Blesa el primero al que van a remover del tablero de juego, mientras que el autor intelectual del estropicio sigue tan ricamente&#8230; Me parece que ante personajes así la mitad de los españoles permanecen estupefactos y la otra mitad lamentando el funcionamiento de nuestra justicia.<br />
La dualidad persiste asimismo entre quienes creen que habrá remedio a corto plazo para la corrupción que arruina la vida política del país y quienes están convencidos de que se trata de una maldición con la que hay que aprender a convivir, como el que acaba aceptando la inevitabilidad de la gripe o del paso del tiempo.  Y persiste entre quienes creen (ahora que ‘toca’ la declaración de la renta) que no tributan igual los limitados   a una nómina y sometidos al microscopio de Hacienda que quienes disponen de opciones de ingeniería financiera y fiscal con paradisíacos resultados.<br />
En fin, no quisiera uno ponerse estupendo, como el personaje de ‘Luces de Bohemia’, pero me parece que aquí resulta aconsejable recordar a Hegel: «El Estado es la realización de una idea moral». Y recordárselo de manera especial a todos aquellos que aprovechando las múltiples galerías, subterfugios y mamandurrias del Estado llevan camino de reducirlo no a una idea moral, sino a un pedregal inhóspito. A un erial baldío donde sólo brilla al fondo el faro del fútbol. El consuelo de los goles y del tiqui taca. </p>
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		<title>Antifutbolistas</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Mar 2014 10:37:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>La crisis está resultando tan devastadora que ya ni el fútbol sirve como opio del pueblo. No sirve como opio y ni siquiera para cogerse el colocón, que es palabra incluida hace poco en el Diccionario de la Real Academia. En la vida para triunfar antes bastaba con escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. Ahora lo más probable es que el libro te lo pirateen en Internet, el árbol se queme o acabe convertido en biomasa y a los hijos prepárate para visitarles en el extranjero, destino natural de un par de generaciones a las que han condenado al éxodo económico y al éxodo emocional, que es mucho más terrible y a la larga me temo que también mucho más oneroso. Otra forma de cataclismo.<br />
La prueba irrefutable de que la crisis sigue devorándonos es que triunfan de nuevo las películas de humor, los mendigos toman diariamente las esquinas que habían conquistado los bancos (¡qué tiempos aquellos en que se multaba a quien mendigase o blasfemara en la vía pública!) y en las mesas camillas vuelven a tener su hueco los braseros de picón, badila y alambrera.<br />
Por si fuera poco, el horizonte público en vez de obsequiarnos con la esperanza de algún prohombre capaz de ilusionar al personal, dispuesto a sacrificarse sin sucumbir a  los consabidos intereses estratégicos y sectarios, nos fatiga con legiones de resabiados y de desencantados prestos únicamente a la cantinela nacionalista y al mandamiento único de su programa: «¿Qué hay de lo mío?».<br />
Basta pensar en la tozudez calculada y progresivamente machacona con que Artur Mas y su equipo de incondicionales acelera el desafío a la convivencia nacional y retan al Estado y a la Constitución. Hasta que la cuerda se quiebre, probablemente una de las estrategias que están buscando de manera deliberada esa minoría de separatistas a quienes no se les habrá pasado por la cabeza el llanto y el crujir de dientes general que suele producirse cuando se llevan a las últimas consecuencias ciertos desvaríos…<br />
Mientras el fútbol fue el opio del pueblo bastaba con centrarse en el universo de rivalidades de estrellas y equipos para vivir en paz. «A mí dejadme de política, yo solo entiendo de fútbol», anunciaba cualquiera en la barra del bar para que le oyeran todos, y esa frase le servía de carta de presentación ante el resto de parroquianos y de tarjeta de visita para andar por la vida. Así fue durante décadas.<br />
Pero ese ‘antipolitiquismo’ a veces puro teatro, como en el bolero, también se está agostando con la crisis. La política ha contaminado más de un entusiasmo futbolístico hasta el extremo de que hay seguidores del Barça, por ejemplo, que se ven en la necesidad de aclarar que lo suyo es solo deportivo, que no comulgan con el perfil ‘identitario’   que pretenden atribuirle a ese club los separatistas y arrimados&#8230;  Del mismo modo que hace décadas otros españoles se alejaron del Athletic de Bilbao de los tiempos gloriosos cuando a los ojos del resto de España la imagen del equipo fue enturbiándose con la sombra del separatismo radical. Así que vale, nada de opio; pero por favor, no nos priven de la fiesta del fútbol, arríen las banderas. </p>
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		<title>Ronaldo, otra vez</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Jun 2013 20:40:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[DESDE que el fútbol traspasó la delgada línea que separa el puro espíritu deportivo del puro espectáculo de masas, esa nueva religión que se oficia al aire libre no sólo se ha convertido en eficaz sustitutivo de otras pasiones con más trascendencia social sino en un formidable analgésico para tiempos de pocas ofertas atractivas. Quiero [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>DESDE que el fútbol traspasó la delgada línea que separa el puro espíritu deportivo del puro espectáculo de masas, esa nueva religión que se oficia al aire libre no sólo se ha convertido en eficaz sustitutivo de otras pasiones con más trascendencia social sino en un formidable analgésico para tiempos de pocas ofertas atractivas. Quiero decir que en el mercado de la vida actual el fútbol es una alternativa donde volcar los entusiasmos que no suscitan la política o la economía. En ese sentido, los clubes deberían estar subvencionados no sólo por los psiquiatras que nos ahorran sino por las válvulas de escape que proporcionan a una sociedad convulsa y cada día más desencantada.<br />
De la nueva religión que es el fútbol se ha dicho de todo. Y en todos los sentidos. Desde aquella oda que Rafael Alberti dedicó al portero <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Franz_Platko" target="_blank">Platko</a> hasta las palabras displicentes de don Miguel de Unamuno: «Lo cierto es que todas esas gentes que se pasan media vida hablando de fútbol son gentes que maldita la pena que vale el que hablen de otras cosas». Sin embargo, se ha hablado mucho más a favor del llamado ‘deporte rey’ que en contra. Quienes defienden los valores intrínsecos del balompié suelen citar la frase tan conocida del premio Nobel de Literatura Albert Camus: «Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol». Entre mis preferidas está la de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_V%C3%A1zquez_Montalb%C3%A1n">Manuel Vázquez Montalbán</a>: «El fútbol me interesa porque es una religión benévola que ha hecho muy poco daño». Breve, clarificadora y precisa.<br />
Recuerdo que a finales de los años noventa le hice una entrevista a Manuel Vázquez Montalbán en la antigua Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, en el Edificio Valhondo. Además de hablar de literatura y de política, también le pregunté por otra de sus grandes pasiones: el fútbol. En aquellos días se especulaba acerca de si <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ronaldo" target="_blank">Ronaldo</a> (y por entonces no había más ‘ronaldos’ que él, el primigenio y genial Ronaldo Nazario de Lima) aceptaría finalmente romper con el Barça y fichar por otro equipo. Recuerdo que el padre del detective Carvalho me miró extrañado cuando le pregunté su opinión sobre la marcha del delantero brasileño. «Ronaldo no es un futbolista, es una multinacional», contestó como el que señala una obviedad. Los hechos confirmaron al poco su intuición. Aparte de la fidelidad al fútbol, jugadores de ese nivel deben fidelidad al mercado, al negocio. Y el gran Ronaldo se marchó al Inter de Milán tras haber deslumbrado al mundo con su talento.<br />
Ayer leí en este diario que peligra la renovación de Cristiano Ronaldo y que el astro portugués había anunciado en su cuenta de Twitter que los rumores sobre su renovación con el Madrid son falsos. Mientras tanto, en  otros medios periodísticos europeos se especula abiertamente con la posibilidad de que el Mónaco pague 100 millones de euros por él (tiene contrato con el Real Madrid hasta 2015) y le convierta así en el futbolista mejor pagado del mundo con un sueldo anual estratosférico. ¿Hablar de Messi? Para qué. Cualquiera comete un error y en su caso no debe de costarle mucho subsanarlo&#8230;</p>
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		<title>El fútbol y el tío paliza</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2011 10:17:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando yo era pequeño el universo de las estrellas populares siempre estaba coronado por una pareja enfrentada. En fútbol solían ser el Real Madrid y el Barcelona; en los toros, El Viti y El Cordobés, y lo mismo ocurría en otros deportes como el tenis o el ciclismo, en los que las estrellas a veces [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando yo era pequeño el universo de las estrellas populares siempre estaba coronado por una pareja enfrentada. En fútbol solían ser el Real Madrid y el Barcelona; en los toros, El Viti y El Cordobés, y lo mismo ocurría en otros deportes como el tenis o el ciclismo, en los que las estrellas a veces pasaban periodos más largos de hegemonía antes de ser devoradas y destronadas por un nuevo heredero.<br />
La prensa alimentaba con entusiasmo la estrategia de la rivalidad, quizás porque era una manera efectiva de suscitar más entusiasmo entre los aficionados. A mí me gustaba seguir entonces un deporte, el boxeo, proscrito ahora en la televisión y del que parece que únicamente se atreven a hablar sin complejos el pintor Eduardo Arroyo y el maestro Manuel Alcántara.<br />
Las mitologías de nuestra infancia y juventud estaban pobladas por héroes que se llamaban Pedro Carrasco, Miguel Velázquez, Folledo, Fred Galiana, José Legrá o Perico Fernández. Los cronistas hablaban con unción de un pionero, Paulino Uzcudun, un veteranísimo que solo había perdido una vez en su vida por K.O. y fue nada menos que contra Joe Louis. Los espectadores del boxeo, desde chicos a grandes, nos limitábamos a seguir las evoluciones de los púgiles sobre el cuadrilátero probablemente con la misma expectación y entusiasmo que los espectadores del Coliseo de Roma en las peleas de gladiadores. Emocionados.<br />
Más allá del nombre técnico de algún golpe o de la habilidad en el juego de piernas, nadie sabía otros conceptos sobre boxeo que no fuesen los que proporciona la simple observación y el sentido común, con lo cual el combate podía seguirse en directo o por la tele sin manual de instrucciones y sin tener que oír la matraca de ‘especialistas’ o eruditos a la violeta.<br />
Los niños habíamos visto en televisión nacer una estrella como Cassius Klay (Mohammed Alí) y hasta recordábamos algunas de sus peleas con Foreman o Joe Frazier. Clay se refirió después de manera algo fría a ese deporte que le dio tanta gloria: «El boxeo», dijo, «es cuando un montón de hombres blancos contemplan cómo dos hombres negros se dan una paliza».<br />
El caso es que por aquí el montón de blancos contemplaba los combates y tras la voz del ‘speaker’ no se oía nada más que el comentario del vecino de asiento o las exclamaciones del público. Cuatro frases para ponderar el arrojo de ese púgil, la eficacia  en los ganchos de aquel otro o el juego de cintura del que se presentía que iba a ganar a los puntos. Pelea y exclamaciones.<br />
Qué diferente es asistir a esa ceremonia de brutalidad y ritmo, de instinto animal domesticado por un reglamento sin el habitual fondo palabrista que resuena en otros deportes, digamos el fútbol. Qué diferente si tienes la mala suerte, encima, de que te toca al lado ese secreto entrenador que por lo visto llevamos dentro todos los españoles. Dios te libre del especialista en sistemas, del pelma sabiondo dispuesto a ‘ilustrar’ a la parroquia. Entonces es cuando me acuerdo del boxeo y no echo de menos mi condición de espectador sino mi nula destreza para soltar un directo de derecha.</p>
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		<title>Del pulpo al tulipán</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Jul 2010 21:29:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[La selección nacional de fútbol obra milagros. En el país donde el toro es el totem, aceptamos pulpo como animal de compañía. Al pulpo Paul, para ser precisos. A muchos jóvenes les suena a chino eso del Oráculo de Delfos, pero les hablas ahora del pulpo Paul y es como si nombraras a un amigo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La selección nacional de fútbol obra milagros. En el país donde el toro es el totem, aceptamos pulpo como animal de compañía. Al pulpo Paul, para ser precisos. A muchos jóvenes les suena a chino eso del Oráculo de Delfos, pero les hablas ahora del pulpo Paul y es como si nombraras a un amigo de toda la vida. Hasta la ministra de Medio Ambiente, Elena Espinosa, ha tenido que repetir ante las cámaras de televisión su propuesta para que la Unión Europea proteja al animalito ante el peligro alemán de que se lo zampen a la gallega. Y luego dicen que somos el país de la crispación&#8230;</p>
<p>Nada más acabar el partido que nos daba el pase a la final del Mundial algunos forofos se regodeaban con las expectativas de enfrentarnos a Holanda: «¡Este domingo cenamos tulipán! ¡Este domingo cenamos tulipán!». Y no salieron a relucir de milagro los Tercios de Flandes y el Gran Duque de Alba. Pero tiempo al tiempo. Me cuenta mi hijo que sus amigos están convencidos de que Naranjito se va a comer la ‘naranja mecánica’. Incluso sin pelar.</p>
<p>Ayer repasé algunos titulares de periódicos sobre la victoria de la selección que entrena Del Bosque. Aunque de forma casi general predominan los que subrayan los aspectos estrictamente deportivos de la cuestión, unos pocos dejan traslucir cuál es el color del cristal con que se mira. Por ejemplo, la crónica del corresponsal del periódico italiano ‘La Repubblica’ en Durban arranca con tintes culturales: «El Mundial será una lucha entre Van Gogh y Picasso». El francés ‘Le Parisien’ recurre a la metáfora: «España, solo a un paso del paraíso». Igual que ‘La Gazzeta dello Sport’: «España ¡Qué guapa!» (en castellano). Los diarios generalistas españoles van desde «La mejor España» de ‘El Mundo’ o ‘La mejor España, a la final» de ‘El País’, hasta «La mejor España toca la gloria» de ‘Abc’, «Chupinazo’, de ‘La Vanguardia’ o «España sí puede’, de ‘Público’. El toque más localista se percibe en algunos diarios donde se subraya el acento del Barça. Así, ‘Mundo Deportivo’ titula: «¡Puyolazo a la final!». Y casi de forma idéntica, ‘Sport’: «¡Puyolazo! Y finalistas».  Yo creo que repasar la prensa nacional e internacional es un buen ejercicio de relajación tras el ‘suspense’ del encuentro con Alemania. En algunos casos produce, además, hilaridad. ¿De qué hablo? Por ejemplo, de esas ‘divertidas’ declaraciones de Iñaki Anasagasti, tan feliz en sus ‘provocaciones’ de la gran víspera:  «Yo mañana, apoyaré a Alemania», que dijo el pasado martes antes de que los Del Bosque acabaran con una añeja superstición que acomplejaba a la selección de España.</p>
<p>Sin embargo, me parece que tratar de convertir un campeonato del Mundo en una especie de campo de honor donde librar batallas políticas es también un disparate. Lo bueno del deporte –en general– es que permite disolver las diferencias más acentuadas para que nos concentremos en lo que nos une y nos iguala. Que España haya llegado hasta esta fase es un éxito que nos blinda contra la maldición del pesimismo. Ya da igual que el domingo ganemos o perdamos contra Holanda. De hecho, llegar hasta aquí es un triunfo. Y quien no quiera percibirlo así, que se entretenga en consultar las predicciones del pulpo Paul o vaya comprándose una tarrina de tulipán.</p>
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		<title>¡Pobre Sarita!</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jun 2010 22:26:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace un tiempo, si usted oía hablar del «milenarismo» esbozaba una sonrisa y se le venía a la mente la imagen del escritor Fernando Arrabal trastabillando con una soberana melopea entre los invitados a un debate televisivo. El vídeo de Arrabal y su «hablemos del milenarismo» se hizo casi tan famoso como el de Ramón [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Hace un tiempo, si usted oía hablar del «milenarismo» esbozaba una sonrisa y se le venía a la mente la imagen del escritor Fernando Arrabal trastabillando con una soberana melopea entre los invitados a un debate televisivo. El vídeo de Arrabal y su «hablemos del milenarismo» se hizo casi tan famoso como el de Ramón de Pitis o Ramón ‘el vanidoso’, esa estrella del universo Youtube recién salida de la cárcel tras robar un Banesto y que presumía de vestir ropa de Emidio Tucci. </p>
<p>Por principio, las señales del apocalipsis académico estaban reservadas para los manuales de historia y los cambios de milenio o, como mucho, para aquellos platós en los que le sentaba mal la ingesta de alcohol al padre del teatro Pánico, el ínclito Arrabal.</p>
<p>Ahora abre uno el periódico o enciende el ordenador y se topa con apocalipsis a la carta, con cataclismos de andar por casa. Anteayer fue el novillero mexicano Christian Hernández quien escacharraba la imagen de valentía de los diestros taurinos saliendo por piernas (y no es una metáfora) de la Monumental de México para tirarse de cabeza al callejón. Después tuvo el arrojo de cortarse la coleta ante el respetable –como dicen los viejos cronistas–, reconocer que hacen falta dos huevos para ponerse delante de un toro y que eso no es lo suyo. </p>
<p>Después fue el turno del apocalipsis deportivo. España palmó ante la guardia suiza (estacionada como una flota de autobuses ante su portería) mientras que por estos pagos nos tirábamos de cabeza al callejón del derrotismo. («Si ya te lo decía yo. Tanto campeones, campeones y seguro que no pasamos de octavos&#8230;»). Periódicos tan aparentemente serios (¿) como ‘The Times’ elucubraban con la posibilidad de que la culpable del desastre fuera Sara Carbonero, esa joven periodista a quien se atribuye un romance con Iker Casillas. La de Dios. </p>
<p>¿Y para qué hablar de la reforma laboral y de Zapatero? Al pobre ‘Maquiavelo de Leon’, como le denominan algunos, le vamos a hacer responsable hasta de la muerte de Manolete. «¡Ni que fuera yo Bin Laden!», que refunfuña Belén Esteban. </p>
<p>Braceaba yo por este mar de los sargazos,  tratando de encontrar un resquicio a la esperanza o por lo menos de hacerle un regate al desencanto, cuando me entero de que la NASA nos previene contra los efectos devastadores e inminentes de una tormenta solar capaz de escacharrar los sistemas energéticos y de comunicaciones sobre los que se asienta nuestro sistema tecnológico. Así que además de Arrabal, de Sara Carbonero y de ZP, el apocalipsis solar. Y José Tomás aún de baja. </p>
<p>Creo que con este panorama lo mejor que puede hacer uno es huir a la carrera de la tozuda realidad y refugiarse directamente en la galaxia digital. Creo que voy a salir a la carrera, como el ex novillero mexicano Christian Hernández, para buscar en Youtube aquellos vídeos tan divertidos del ex ministro de Defensa, Federico Trillo, cuando se encontraba en El Salvador y exclamó ardorosamente: «¡Viva Honduras!» </p>
<p>De esa manera es posible que se aplaque la ira del sol, que se ponga las pilas el ‘Maquiavelo de León’ y hasta que ‘The Times’ deje en paz a la buena de Sarita Carbonero. Porque para «milenarismos», de verdad, los de Fernando Arrabal. </big></p>
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		<title>La ruleta del gol</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jun 2010 22:17:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Hoy comienza a rodar el balón. La feria de las ilusiones. Un buen día se preguntó el gran Eduardo Galeano que ¿en qué se parece el fútbol a Dios? y él mismo se dio la respuesta: «En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales». Pero me [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hoy comienza a rodar el balón. La feria de las ilusiones. Un buen día se preguntó el gran Eduardo Galeano que ¿en qué se parece el fútbol a Dios? y él mismo se dio la respuesta: «En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales». Pero me parece que ya no es así. Superada la etapa de quienes adivinaban en el espectáculo de los estadios un ‘opio’ anestesiante para las clases trabajadoras, el fútbol ha terminado convirtiéndose en una especie de religión universal con múltiples confesiones, oficiantes y fieles. Y es también, como se ha dicho tantas veces, la única religión que no tiene ateos. O que tiene muy pocos. </p>
<p>Apuntados a la fuerza del balón, los empresarios lo conciben como una mercancía de curso legal y precio revalorizable; los políticos como un reconstituyente social muy eficaz contra los estragos de la crisis, y el resto de los mortales como un ejercicio de prestidigitación para sublimar las ansias de gloria y conjurar los males que nos acechan a la vuelta de la esquina. En pocas palabras, el fútbol es como esas medicinas de amplio espectro que igual nos curan una gripe que nos rescatan de la depresión. </p>
<p>Los países que están acostumbrados a la victoria, con selecciones nacionales que se pasean por el palmarés del Campeonato del Mundo como Pedro por su casa –digamos que Brasil, Italia, Alemania, Argentina y Uruguay– cada nueva cita con la competición es motivo de regocijo. De alguna manera son como esos jugadores profesionales que acuden al casino convencidos de que la ruleta les reserva buenas sorpresas. </p>
<p>Supongo que no es el caso de España. Nuestra selección entra en las salas de juego ataviada pulcramente pero con la íntima desconfianza de quien sospecha que antes o después va a ser víctima del timo del toco-mocho. Ya sea con ayuda de un árbitro incapaz, de un penalti en el último minuto o de esa jugada maldita que luego nos repite la televisión durante meses.  De todas formas, creo que es preferible que nos tiemblen las piernas al entrar al casino a que nos presentemos allí como esos ‘nuevos ricos’ con los fajos de billetes asomándoles por los bolsillos del pantalón. Primero hay que cazar al oso. O al león, o al tigre, y sobreponerse a la bulla de las ‘vuvuzelas’.</strong></p>
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