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	<title>GRATIS TOTALhistoria &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Enturbiados</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 09:07:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Empezamos a tener más claro lo que ocurrió hace siglos y milenios que lo que previsiblemente sucederá mañana. Ya queda menos, por ejemplo, para que regresen los arqueólogos al yacimiento del Turuñuelo (Guareña, Badajoz), uno de los enclaves tartésicos de las vegas del Guadiana, donde se ha descubierto el primer sacrificio masivo y ritual de animales del Mediterráneo (al menos 52 caballos), los primeros restos de lana de toda la península ibérica, elementos y técnicas constructivas únicas en el Mediterráneo occidental (entre otros, una especie de ‘cemento’ similar al utilizado muy posteriormente en las edificaciones romanas), aparte de semillas, armas, joyas, calderos, bronces o restos de una escultura de mármol procedente del Egeo. Una joya arqueológica de hace 2.500 años de la que apenas se ha excavado la décima parte.</p>
<p>Esta misma semana se celebra en Burgos el congreso internacional ‘Las Glosas Silenses, casi mil años después’, donde se analizarán esos comentarios marginales o glosas –tal como las Glosas Emilianenses– escritos en un libro penitencial con texto latino que se encontró en el archivo del Monasterio de Santo Domingo de Silos, aunque en la actualidad se conserva en la Biblioteca Británica. Durante el congreso, organizado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua que dirige el catedrático Gonzalo Santonja, se indagará en los orígenes del español a través de una nueva edición que reunirá las 368 glosas o anotaciones en latín, en romance y su «traslado», por vez primera, al castellano actual. Otra joya para quien ama nuestra lengua.</p>
<p>Estoy convencido de que lo incontrovertible de cualquier análisis riguroso (sea de arqueología, de lingüística, de política, de historia…) mantiene una relación directamente proporcional con lo alejado del acontecimiento. A más tiempo transcurrido, más precisión. Aunque parezca paradójico, resulta más fácil desentrañar una sucesión de hechos que ocurrieron hace siglos que otros más cercanos, de los que aún se escuchan los ecos. ¿Quizás porque además de la famosa ‘perspectiva’ para estudiar y analizar con rigor es necesario que los datos se nos muestren en su frialdad racional, sin el aditamento a veces contaminante de los sentimientos? Basta pensar en la disparidad de enfoques y en la visceralidad con que se afrontan, pongamos por caso, acontecimientos como la Guerra Civil española, la Transición a la democracia, la llamada Ley de la Memoria Histórica o, ayer mismo, la interpretación y las declaraciones públicas que alguna formación política hace en relación a un problema –con gravedad de pandemia–, como el de la violencia de género.</p>
<p>¿Cuánto tiempo es preciso que transcurra para que resulte ‘comprensible’, sin que el sentimiento enturbie la razón, encrucijadas como la que vive en estos días España, con un gobierno en funciones sometido a la presión contumaz, insaciable, de los nacionalismos periféricos y con un líder, hasta el momento, incapaz de imantar en torno a sí mismo y a su partido, el apoyo de otras formaciones constitucionalistas? A este paso, mi buen Yorick, igual conocemos antes los más impenetrables secretos tartésicos y los balbuceos de una lengua como el castellano que la fecha en que será investido el próximo presidente del Gobierno de España.</p>
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		<title>El ritmo de la máquina</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Feb 2019 08:21:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre las circunstancias de la ‘modernidad líquida’ (Bauman) en que habitamos, son muy reconocibles el individualismo, la caducidad de los valores y el ritmo vertiginoso de los cambios. Empezando por la velocidad con que sucumben en la memoria algunos problemas que ayer nos parecían insalvables y hoy apenas recordamos. Lo volátil de los hechos y el ritmo cada vez más acelerado de los acontecimientos que imponen los medios de comunicación (incluidas las redes sociales) favorecen una ‘construcción’ laberíntica de la realidad. De tal modo que, para enjuiciar con detalle contenciosos como el ‘brexit’ o el ‘procés’, por ejemplo, son precisos miles de datos y estudios tan prolijos que en unos cuantos meses han generado documentación suficiente para competir, en espacio, con la colección completa de la Enciclopedia Británica. Realidades complejas, poliédricas y cambiantes. Es una sensación que entiende muy bien cualquier espectador que siga estos días, sin ir más lejos, la retransmisión en directo del juicio por el 1-O en el Tribunal Supremo. Un ovillo del que resulta difícil precisar el color y más aún la punta del hilo, para desenredarlo y tirar de él…</p>
<p>No obstante, si hay que acudir a un episodio que ilustre de forma paradigmática el ritmo vertiginoso de los sucesos en nuestra modernidad líquida, ahí está el paso de Silvia Clemente desde su condición de expresidenta de las Cortes de Castilla y León en las filas del PP a su condición de participante en las primarias de Ciudadanos para optar, como independiente con la marca naranja, a la presidencia de la Junta de Castilla y León. Un giro sin solución de continuidad. Ayer bajo unas siglas y hoy bajo otras; sin vértigo, en cabeza.</p>
<p>La política solo es un ejemplo, acaso de los más visibles por la atención mediática que recibe. Pero la modernidad líquida, como es sabido, se extiende por todos los ámbitos de la sociedad. Probablemente la vida de nuestros abuelos estaba pautada por fotografías en momentos contados: primera comunión, el paso por la escuela, ¿tal vez la mili?, la boda… En nuestros días ese pespunteo de imágenes se ha convertido en una orgía de selfis que en el mejor de los casos pululan en la nube o se perderán en la nada digital. Apenas fragmentos que nos permiten descubrir a qué ritmo avanza la máquina. En términos de actualidad, el ‘caso Cristina Cifuentes’ podría parecer algo del siglo pasado, si no fuera porque la Fiscalía acaba de solicitar para ella tres años y tres meses de prisión por inventarse un máster, por inducir, «a sabiendas», la falsificación del acta que acreditaba haber hecho el trabajo de postgrado. El bucle del tiempo.</p>
<p>Dice Joubert que la memoria «es un espejo que guarda, y guarda para siempre. En él no se pierde nada, ni nada se borra. Pero se empaña y no se ve nada». ¿Quién se acuerda de Pla? Del paño de la ocultación y del ninguneo al escritor ampurdanés por parte de las instituciones catalanas de su época, <a href="https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20190226/pla-preso-politico-omnium/379082090_12.html">escribe</a> esta semana justamente el periodista Santiago Molina Ruiz. Claroscuros político-culturales. Sospecho que la modernidad líquida planta a diario un bosque de sombras.</p>
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		<title>El discurso de José Julián Barriga</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Dec 2018 12:52:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Acabo de leer el discurso del periodista y escritor José Julián Barriga en su recepción como miembro de la Real Academia de Extremadura. Luce un título largo: ‘La contribución de los pensadores a la prosperidad de los pueblos. Aproximación crítica a la historia de Extremadura’, pero una conclusión sucinta y contundente: «Extremadura ha sido pródiga [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo de leer el discurso del periodista y escritor José Julián Barriga en su recepción como miembro de la Real Academia de Extremadura. Luce un título largo: ‘La contribución de los pensadores a la prosperidad de los pueblos. Aproximación crítica a la historia de Extremadura’, pero una conclusión sucinta y contundente: «Extremadura ha sido pródiga en producir pensamiento, pero huraña en retenerlo. Ha ido desalojando sucesivamente a sus pensadores y a sus hombres de acción. No busquen otra causa o razón del retraso de Extremadura que la de la expulsión del talento. Es falso y estúpido decir que los dioses nacieron en Extremadura y que fue un territorio poblado de genios. Lo malo es que sus pensadores, la inmensa mayoría de ellos, nacieron pero no vivieron en Extremadura. Preguntémonos cuál es la solución definitiva para remediar el atraso de Extremadura. En mi opinión, solo existe una alternativa: retener la inteligencia, mantener el talento».</p>
<p>Con anterioridad, confiesa José Julián Barriga otras certezas: el binomio inteligencia (pensadores) y progreso económico es constante en el devenir de la humanidad, sin que ello signifique, argumenta, que haya pueblos mejor dotados en orden a la inteligencia, aunque sí «sociedades que gestionan mejor que otras sus capacidades intelectuales y, sobre todo, saben retener el talento en su propio territorio».</p>
<p>Estructurado en tres grandes periodos históricos en los que se constata su esplendor: «los tiempos de Augusta Emérita, el siglo de Oro y de los Conquistadores y el empuje intelectual del siglo XIX», Barriga desmenuza en su discurso esas etapas con el apoyo y la cita de autoridad, entre otros, de Antonio Rodríguez Moñino preguntándose qué provincia o región española podría reunir durante el siglo XVI un haz de nombres como los de «Torres Naharro en teatro, místicos como San Pedro de Alcántara, escriturarios como Arias Montano, médicos como Arceo, historiadores como Hernán Cortés, filósofos como Fr. Luis de Carvajal, filólogos como El Brocense, músicos como Juan Vásquez, teólogos como el padre Maldonado, matemáticos como el cardenal Silíceo, poetas como Francisco de Aldana, épicos como Luis Zapata».</p>
<p>Un discurso que repasa de manera crítica la historia de Extremadura pero sin ensombrecer el pasado ni regodearse en el pesimismo. Al contrario, se reivindican figuras –y testimonios– como los de Pedro de Valencia, Juan Meléndez Valdés, Felipe Trigo, Roso de Luna, el oliventino Tomás Romero de Castilla, Publio Hurtado… Sin bajar del pedestal, tampoco, a los siete extremeños que «conforman la nómina de los grandes colosos de la Conquista: Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Núñez de Balboa, Hernando de Soto, Pedro de Valdivia, Francisco de Orellana y Pedro de Alvarado».</p>
<p>Con encomiable capacidad analítica, J. J. Barriga huye del retoricismo academista y lo mismo cita a Yuval Noah Harari que al León Leal que en 1921 denunciaba el porcentaje escandaloso de terratenientes absentistas que se daba en la provincia de Cáceres. Yo creo que Barriga ha escrito un texto que conviene tener a mano y releer en Extremadura. Como diagnóstico, como recordatorio y también como alarma. No en balde, entre sus páginas zumba el eco de una cita tempranera –e inquietante– de Montaigne: «Nadie está mal mucho tiempo sino por su culpa».</p>
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		<title>Proceso (en diferido) a la historia</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Nov 2018 13:38:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La retirada de la estatua de Colón en Los Ángeles a instancias del concejal Mitch O’Farrell por considerar que el navegante fue un ‘genocida’, me trae a la memoria un juicio de María Elvira Roca Barea respecto a los españoles y la historia: «El español no se defiende. Se limita a resistir», escribía la autora [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La retirada de la estatua de Colón en Los Ángeles a instancias del concejal Mitch O’Farrell por considerar que el navegante fue un ‘genocida’, me trae a la memoria un juicio de María Elvira Roca Barea respecto a los españoles y la historia: «El español no se defiende. Se limita a resistir», escribía la autora de ‘Imperiofobia y leyenda negra’ en un artículo que vio la luz este verano en la revista ‘Claves’. Su tesis central –desarrollada pormenorizadamente–, es que durante dos siglos y medio los historiadores españoles perdieron la batalla, «por incomparecencia», frente a la historiografía extranjera. Aunque este postrero derribo de la efigie del Almirante me parece que obedece más a la pura manipulación del ‘relato’ que a la falta de versiones históricas. Apear la estatua del pedestal es un intento burdo de ‘reescribir’ hechos que no vale interpretar con nuestra mentalidad, sin atender a otras circunstancias. La figura de Colón soporta mucho mejor el juicio de la historia que la de cualquiera de los colonizadores de origen europeo que esclavizaron o concentraron en reservas, como rebaños de animales, a los «pueblos Indígenas, Aborígenes y Nativos» que ahora sus descendientes dicen defender con acciones demagógicas y campañas populistas a río revuelto. Así cualquiera. Como los tuits de Trump.</p>
<p>Lo cierto es que este tipo de noticias, que a veces se suceden con la regularidad de las estaciones en el calendario, casi nunca contribuyen a un debate provechoso acerca de la evolución de las sociedades y el conocimiento verdadero de la Historia, sino que son fruto de campañas interesadas y cortoplacistas en las que se apela a la sentimentalidad interesada de la ‘tribu’, de lo próximo, y no a los factores racionales de la ciudadanía y del hombre sobre la base de valores esenciales. Pura estrategia.</p>
<p>Con el ‘proceder’ del concejal Mitch O’Farrell no hay periodo de la historia de las civilizaciones que resista. Y lo malo es que quizás él lo ignora. Si el deseo de condenar la ‘conquista’ o ‘colonización’ de una sociedad nos obliga a deponer las efigies o el recuerdo de los personajes relevantes, habrá que aplicar la goma de borrar en cascada y pasar de árabes y judíos a godos, romanos, iberos, celtas, tartesos, fenicios, griegos… hasta remontarnos a los antepasados de Lucy en África y del Homo antecesor en Atapuerca… Y lo mismo con las civilizaciones que se extendieron por el continente americano. Las estatuas que O’Farrell erija hoy serán derribadas mañana. Y así sucesivamente. Yo recomiendo a este concejal de Los Ángeles que lea el famoso cuento ‘La oveja negra’, de Augusto Monterroso, que trata precisamente de estatuas. Acaso compruebe enseguida lo equivocado de su afán derribador…</p>
<p>Cuando empiezan a resultar habituales las mentiras y ‘posverdades’ fruto de premisas falsas, no hay que hacerle el juego a quien trampea con la historia. Anota Joubert: «La verdad se parece al cielo, y la opinión, a las nubes»; es decir, la verdad tiene un color y es única, las opiniones son por definición libres y múltiples. No hay que sulfurarse.</p>
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		<title>La memoria del pan</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jul 2018 16:19:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Además de alimento el pan es un símbolo en occidente. «Yo soy el pan de vida» dijo Jesús después de multiplicar los panes y los peces. Y antes aún la maldición bíblica: «Ganarás el pan con el sudor de tu frente». «Pan y circo». Símbolo religioso y sobre todo político: desde la antigua Grecia, pasando [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Además de alimento el pan es un símbolo en occidente. «Yo soy el pan de vida» dijo Jesús después de multiplicar los panes y los peces. Y antes aún la maldición bíblica: «Ganarás el pan con el sudor de tu frente». «Pan y circo». Símbolo religioso y sobre todo político: desde la antigua Grecia, pasando por Roma, hasta ‘La conquista del pan’ de Kropotkin, por amasar otra referencia de alto contenido alegórico. Para los españoles el pan es la ‘magdalena de Proust’, la llave de la memoria que nos conecta con sensaciones inolvidables.</p>
<p>Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: cocer pan cuando la claridad viene del cielo en horno de leña con encina y jaras… Sentir cómo alumbran el amanecer los aromas del campo y de una naturaleza de siglos. Tahonas donde los vecinos acudían con el sello de madera identificativo de sus panes. Años en que se ponía a la mesa el pan ‘asentado’, –de un día para otro– como los frailes de Guadalupe.</p>
<p>Azorín recuerda en su libro ‘Madrid’ aquellos años de juventud cuando pasaba la jornada con un panecillo por la mañana y otro por la noche. «Con veinte céntimos al día hacía yo mi comida. Que pruebe ahora cualquier principiante literario a hacer lo mismo. Y, sin duda, desde entonces, tengo vivo afecto al pan. Evoco ahora todos los nombres, tan españoles, del pan de España: hogaza, mollete, rosca, libreta, telera, morena, oblada, bodigo, zatico, cantero, corrusco, pan leudado, o con levadura, o leuda, pan ácimo o cenceño, sin levadura, pan pintado, en fin, pan con adornos o dibujos trazados con la pintadera. Y si hay pan blanquísimo, pan de candeal, también hay pan sustancioso, pan moreno, bazo o prieto», sentencia Azorín.</p>
<p>En estos tiempos que las tahonas y las panaderías tradicionales están siendo sustituidas por las panaderías industriales y las franquicias de diseño, esa relación de nombres y formatos se ha multiplicado con panes del mundo entero pero no sé si hasta el extremo de desterrar la nostalgia por aquel pan cocido en horno de leña y con harina de la tierra.</p>
<p>Los periódicos informan esta semana de unas migas de pan descubiertas en un yacimiento arqueológico de Jordania que remontan la edad de ese alimento por lo menos a 14.400 años, varios milenios antes de la fecha en que se suponía que el hombre dejó de ser cazador nómada y recolector de frutos para asentarse en un terreno, cultivar la tierra y domesticar animales. Según la noticia, los análisis de los investigadores pertenecientes a la Universidad de Copenhague, la de Cambridge y del University College de Londres, prueban que los hombres que habitaban la zona “recolectaron cebada, escanda (una variedad de trigo) y avena silvestres para molerlos, tamizarlos y amasarlos antes de cocinarlos”. Un pan sin levadura muy parecido seguramente al pan árabe denominado pita. Así que las migas descubiertas en el yacimiento del Desierto Negro jordano han corrido mejor suerte que las del cuento de Pulgarcito, que se las comieron los pájaros, porque están sirviendo, de momento, para variar algunos detalles de la historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La ETA y la historia</title>
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		<pubDate>Thu, 03 May 2018 12:08:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[EL viernes 4 de mayo en la localidad vasco-francesa de Cambo-les-Bains está prevista la escenificación del fin definitivo de ETA, la banda terrorista que en medio siglo de asesinatos (el primero el del guardia civil José Antonio Pardines Arcay en junio de 1968) ha acabado con la vida de 826 personas, aunque más de esos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL viernes 4 de mayo en la localidad vasco-francesa de Cambo-les-Bains está prevista la escenificación del fin definitivo de ETA, la banda terrorista que en medio siglo de asesinatos (el primero el del guardia civil José Antonio Pardines Arcay en junio de 1968) ha acabado con la vida de 826 personas, aunque más de esos 300 crímenes están aún sin esclarecer y sus culpables sin haber sido juzgados y condenados.<br />
Mientras ETA trata de convertir su disolución en un acto ‘positivo’ para forzar compensaciones en el trato a sus presos, desde el Gobierno se califica de «escenificación propagandística» la cita de Cambo-les-Bains, lo mismo que piensa, por cierto, cualquier español con edad suficiente para recordar la barbarie asesina y unilateral y el triunfo policial y social del Estado. Hace pocos días el presidente del Gobierno aseguraba que no habrá contraprestaciones para la ETA tras el teatrillo en Kanbo: «No consiguió ninguno de los objetivos que tenía, no ha obtenido ninguna ventaja por matar ni por dejar de matar y no conseguirá ninguna ventaja por desaparecer».<br />
Lo que se dilucida sin embargo va más allá del puro mercadeo de beneficios penitenciarios. Se trata del consabido ‘relato’, es decir, de quién se adueña de la verdad histórica de los hechos y no de la verdad manipulada, elaborada a partir de falsificaciones y mistificaciones.<br />
En una reciente entrevista en ‘El Correo’ a Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política y gran conocedor de la realidad vasca, le preguntan por las reticencias de la izquierda abertzale a reconocer el daño causado por la banda terrorista: «ETAera una problema para la sociedad vasca y en estos momentos es un problema para ella misma y para su entorno ideológico. A mí me gustaría que la izquierda abertzale en su conjunto hiciera una visión crítica de su pasado, integral, sin escudarse en falsas disculpas. En el asunto de la memoria al final todos tenemos que llegar al mismo sitio, que es un relato justo, equilibrado, universal y completo de lo que ha pasado».<br />
–«¿Y lo ve posible?», le pregunta el periodista.<br />
–«Unos tienen que hacer un recorrido más largo que otros. Todos nos tenemos que mover de alguna manera porque divisar la historia desde la perspectiva de las víctimas es algo muy difícil cuando venimos de historias construidas a base de gestas heroicas. Hay que contar la historia de las naciones desde la perspectiva de quienes las han padecido, y no desde la perspectiva de sus héroes. Pero para llegar a ese tipo de memoria», añade Innerarity, «hay gente que tiene que recorrer más espacio que otros, y la izquierda abertzale tiene todavía mucho camino por delante».<br />
Dejar que la ETA con sus confluencias ideológicas y beneficiarios electorales se apoderen del ‘relato’ constituiría una colosal tergiversación de la verdad además de una infamia insoportable para las víctimas y la dignidad humana. No cabría mayor abyección: exterminarlas físicamente y sepultarlas bajo el manto de la mentira. Doble atrocidad. El País Vasco y la justicia de la historia merecen otro final.</p>
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		<title>Imágenes y el poder de los recuerdos</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2018 18:51:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>ANTES que una imagen, una foto es un recuerdo: el del instante único detenido en el tiempo. Pero como sostiene el adagio popular, los mejores recuerdos no están en las fotos, están en nuestro corazón. Cualquiera que haya revisitado con más o menos frecuencia los álbumes de las viejas fotos descubre enseguida que las emociones adictivas, la adrenalina sentimental las generan antes que las fotos en sí, la estirpe de pequeños detalles que se despliegan ante nuestra memoria al contemplar las imágenes: la mañana en la playa, el primer viaje a Lisboa, la fiesta de cumpleaños&#8230;<br />
Una de las aportaciones indiscutibles del progreso ha sido la popularización de la fotografía. Desde el pasado siglo, cuando empezaron a ser habituales los daguerrotipos y los retratos de los antepasados decorando las estancias principales de las viviendas hasta las coloristas fotos de bodas, primeras comuniones y retratos de graduación que han ido allanando el camino para los álbumes de familia, la videoteca y ahora los archivos digitales en ordenador, tabletas y móviles.<br />
Antes de llegar a esta apoteosis icónica que caracteriza nuestro día a día, la sociedad transitó por etapas menos voraces a la hora de producir y ‘consumir’ imágenes, aunque me parece que plasmar símbolos, recoger instantes, ‘detener’ el tiempo ha sido sin embargo una necesidad consustancial al hombre. Y no me refiero a la existencia de grabados, dibujos, estampas, pinturas, bajorrelieves&#8230; que desde la noche de los tiempos en la cueva de Maltravieso hasta la ultimísima cámara digital dan cuenta de nuestro paso como especie por estos andurriales.<br />
«El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve», escribió Machado. Del mismo modo, parafraseando el argumento, puede concluirse que cuando observamos una foto su valor no lo determina el hecho de que se trate de una imagen en abstracto sino el hecho de ser testimonio de una realidad cargada de sentido, de emociones, de sugerencias; un mensaje que nuestra memoria puede ‘descodificar’ y hacer llegar al corazón.<br />
Y no hablo de experiencias únicamente individuales. Así como las familias a medida que crecen y se ramifican en sucesivas generaciones convierten a veces el viejo álbum de fotos en su más devoto ‘patrimonio’ y capital (cuántos casos atestiguan que tras incendiarse una vivienda el bien que más duele perder son las fotos y los recuerdos personales), en la sociedad, decía, ocurre algo por el estilo.<br />
La prueba es que durante las últimas décadas, con el éxodo masivo a las ciudades y la despoblación progresiva de muchos pueblos, se convirtieron en auténticos superventas esos libros de historia y costumbres locales generosamente ilustrados con fotos cedidas por los propios vecinos. A mitad de camino entre lo antropológico y la intrahistoria unamuniana, dichos libros cumplen el doble papel de ser ‘la voz de la tribu’ y de conservar las señas de identidad de muchas generaciones de personas antes de que el tiempo y las circunstancias de la vida las convierta en pasto del olvido. En imágenes mudas. El valor, en fin, de los recuerdos capaces de emocionarnos.</p>
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		<title>La generación del 18</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Mar 2018 20:08:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>LA frase es contundente como una condena: «Voto por que todos ustedes vayan a prisión». El orador, micrófono en mano, uno de los empresarios del Círculo de Directivos Alemanes durante la convención celebrada en Barcelona. El reproche iba dirigido a <a href="http://www.hoy.es/nacional/empresarios-alemanes-arremeten-20180306190750-ntrc.html">Roger Torrent</a>, presidente del Parlament y máxima autoridad autonómica de Cataluña, quien lucía en la solapa de la chaqueta el lazo amarillo como señal de protesta por la prisión preventiva de los implicados judicialmente en el ‘procés’. Tuvo que aguantar otra granizada de dardos similares: «Han conseguido que 3.000 empresas se vayan de Cataluña y nos han hecho retroceder medio siglo». «Los que están en prisión no son ningunos angelitos», apostilló otra comensal ante la defensa que hizo Torrent del derecho a sus propias convicciones y a defender las de otros parlamentarios.<br />
El riesgo de este conflicto es que a fuerza de abordarlo cotidianamente acabemos ‘naturalizando’ la anomalía, lo excepcional. Haciendo del disparate costumbre.<br />
Si quien golpea a la razón lleva puño de acero en guante de seda, podría parecer que el estropicio no se produce, pero no es así, claro está. Quienes subvierten la legalidad y sugieren fórmulas que harían carcajearse por lo disparatado a los ciudadanos de cualquier país democrático son precisamente quienes ejercen la violencia de la ilegalidad, que es la mayor agresión, la más despiadada ofensa contra el bien común: el orden constitucional que todos nos hemos dado. La ley de la convivencia.<br />
Por eso ante el delirio y el abuso de quien pretende usurpar ese bien común que es nuestra legalidad (la Constitución y el Estatut, en el caso de Cataluña) y que constituyen la única garantía contra la arbitrariedad de quienes luchan por imponer la tiranía de ‘sus’ intereses –haciéndose trampas en el solitario– hay que responder con paciencia y buen humor, con tolerancia, sonrisas y buenos modales, pero eso sí, con la ley en la mano y siempre haciendo política: es decir, aplicando la ley y su corolario: la democracia. Sin rendirse nunca ante la presión de las arbitrariedades, de los subterfugios, de los intereses sectarios o de las situaciones injustas. Porque elegir el camino de la injusticia no es resolver ningún conflicto, sino avivarlo. Enquistarlo para siempre.<br />
Nadie puede intentar a partir de una ilegalidad imponer el ‘trágala’ de una seudolegalidad arbitraria. Nadie puede construir paraísos futuros sobre la base del odio y el sentimiento de exclusión. Ni edificar sueños colectivos sobre el relato inverosímil de la historia. Sobre la mentira. «Renunciar a los hechos», advierte Timothy Snyder, «es renunciar a la libertad. Si nada es verdad, nadie puede criticar al poder, porque no hay ninguna base sobre la que hacerlo. Si nada es verdad, todo es espectáculo. La billetera más grande paga las luces más deslumbrantes».<br />
A la sociedad catalana se le ha sustraído durante las últimas décadas el conocimiento de ciertas prácticas políticas nada honorables. Si la Justicia acaba probando que la auténtica finalidad del ‘procés’ fue promover una ruidosa huida hacia el precipicio para camuflar los pecados del pasado, bien merecido tendrán estos ‘capitanes arañas’ sus exilios dorados y sus cárceles sin gloria y sin honor, aunque sea a costa del alto precio que seguramente pagarán varias generaciones de catalanes y de españoles.</p>
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		<title>Promesas y paraísos</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Jul 2017 19:26:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Quizás el daño colateral más relevante del proceso independentista catalán no sea el distanciamiento emocional, la desafección recíproca que se está produciendo entre buena parte de los españoles y quienes nutren las filas del sector separatista. La consecuencia más perjudicial del llamado ‘procés’ es la constatación de que cualquier sociedad, por desarrollada y culta que parezca a primera vista, resulta igualmente susceptible de ser influida y manipulada hasta extremos inimaginables. Cuando se habla de manipulación política solemos pensar en regímenes totalitarios extremos como la Alemania nazi, la Unión Soviética de Stalin o la Corea del Amado Líder&#8230;<br />
Pero la experiencia demuestra que procesos intensos de sugestión colectiva se registran ahora y en nuestro país, como si se tratara de prodigios más cercanos a las creencias supersticiosas que a la lógica y la razón. Cómo se explica que en un periodo muy corto y en pleno siglo XXI las preocupaciones políticas, las prioridades sociales, las aspiraciones cotidianas de una sociedad desarrollada y caracterizada por su espíritu abierto y europeísta como la de Cataluña se ‘ensimisme’ con veleidades de ensueño igual que en la canción de Sabina: «No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió».<br />
Dice Max Jacob que «el sentido común es el instinto de la verdad» y yo tengo la impresión de que ese sentido común tantas veces vinculado con la sociedad catalana se está diluyendo ante la presión descomunal de unas políticas públicas que han hecho bandera de la secesión y del sectarismo como si tales anhelos fuesen imprescindibles para la vida y vinieran a satisfacer las necesidades de una sociedad en la Europa de 2017.<br />
Cuando digo cómo se explica este estado de cosas estoy haciendo, claro está, una pregunta retórica. Se explica por un conjunto de causas entre las que sobresale –más allá de la responsabilidad de cada cual– la de los dirigentes políticos que juegan la baza independentista al precio que sea, es decir, por encima del sentido común, de la verdad y de la razón. «Donde hay poca justicia es grave tener razón», afirmaba Quevedo, y yo deseo vivamente que nadie concluya lo mismo porque en Cataluña ciertos políticos independentistas antepongan deseos interesados a la justicia; es decir, a la ley, a la democracia y a la historia.<br />
El ‘proceso de desconexión’ ha crecido a través de insistentes ejercicios de precalentamiento en el victimismo y la indignación («¡España nos roba!») y repicando desde los campanarios soberanistas la ‘promesa’ del fin de todos los males en el mismo instante en que Cataluña sea independiente de España y se convierta en la nueva tierra prometida donde mana leche y miel.<br />
¿Cómo disolver el convencimiento de quien se cree víctima de un ogro inexistente y que además confía en habitar su paraíso en un mañana incierto? La verdad, no lo sé; pero acaso le consuele el viejo proverbio hindú: «No hay árbol que el viento no haya sacudido». Quiero decir que el resto de España también se siente víctima y no renuncia al paraíso en común.</p>
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		<title>A Miguel Ángel Blanco, en el recuerdo</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jul 2017 17:37:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>La semana que viene se cumplen 20 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA. Yo recuerdo muy bien aquellos momentos del sábado 12 de julio de 1997 porque ese fin de semana estaba trabajando y cuando el joven concejal de Ermua se encontraba todavía entre la vida y la muerte me puse a teclear un artículo para la sección que durante años firmé con el seudónimo de Tristán Buendía en las páginas de HOY de Cáceres. En aquel artículo, titulado «Cabezazos contra el muro de la historia», no solo defendía el valor de la palabra para el progreso humano frente al señuelo de la violencia que consagra la sentencia de Marx: «La violencia es la partera de la historia»; en aquel artículo contaba precisamente cómo la gente de bien de la ciudad al conocerse por la tarde la barbarie de ETA era capaz de sobreponerse a la indignación y al ‘natural’ instinto de venganza, conscientes de que sucumbir a la tentación de una respuesta ‘impulsiva’ sería volver atrás y otra forma de hacerles el juego a los terroristas.<br />
El secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco se producía apenas una semana después de que la Guardia Civil liberase al funcionario de prisiones Ortega Lara tras permanecer 532 días dentro de un zulo. La ETA acusó el golpe de aquella brillante liberación y buscó un golpe de efecto fácil en la figura del concejal Miguel Ángel Blanco.<br />
Me parece que es importante no perder la perspectiva. En 1997 la sociedad observaba a ETA sobre todo con miedo y desprecio. Pero por otra parte la vida continuaba con la precisión que impone la naturaleza, la rutina y esa cierta indiferencia que suscitan los problemas que no nos afectan demasiado de cerca&#8230;<br />
En aquella época por ejemplo aún existía el servicio militar obligatorio, la famosa mili, y como cualquier sábado previo a la jura de bandera en el Cimov nº 1, la ciudad se llenaba de reclutas y familiares que aprovechaban la tarde del 12 de julio de 1997 paseando felices y ajenos a la tragedia. «Esa imagen de normalidad», escribí entonces «contribuía más aún a subrayar lo absurdo de las acciones de ETA, instalada en la ‘irrealidad’ de unos presos, víctimas a su vez de ese torbellino infeliz que ellos han alimentado, y de una minoría tozuda que se empeña en dar chocazos con su cabeza contra el muro de la realidad, de la historia, de la libertad, de la justicia, del progreso y, lo que es peor para ellos, contra el muro de la inteligencia. No sólo son menos sino que además son más torpes. La historia, que es inexorable, les pasará factura».<br />
Lo que ocurrió después es de sobra conocido. El punto de inflexión que supuso el asesinato de Miguel Ángel Blanco desató una oleada de indignación y protestas en toda España como no se habían vivido antes. A los historiadores les corresponde fijar y analizar la trascendencia de aquella dramática muerte.<br />
En mi caso, si vuelvo la mirada a ese sábado de julio de 20 años atrás, lo primero que constato es el valor de la palabra como elemento esencial de progreso, como única arma de la historia –lejos de cualquier quijada de burro– para los hombres que aspiran a vivir en sociedad.</p>
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