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	<title>GRATIS TOTALinfancia &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Aficiones y razón</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Jan 2020 10:01:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando yo era chico el coleccionismo formaba parte de la cotidianidad. Los días de la infancia venían marcados por los juegos en la calle, los amigos y las colecciones. Colecciones de cualquier cosa. Desde canicas (‘bolindres’ en Extremadura) a cromos dedicados a la naturaleza, a países o monumentos artísticos. Colecciones caseras de chapas de botella [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando yo era chico el coleccionismo formaba parte de la cotidianidad. Los días de la infancia venían marcados por los juegos en la calle, los amigos y las colecciones. Colecciones de cualquier cosa. Desde canicas (‘bolindres’ en Extremadura) a cromos dedicados a la naturaleza, a países o monumentos artísticos. Colecciones caseras de chapas de botella con las que organizábamos carreras de ciclistas en las aceras de la plaza (a cada chapa se le asignaba el nombre de un corredor famoso), hasta un álbum de plástico donde había que fijar las siluetas de las provincias españolas, –iban dentro del envoltorio de las chocolatinas– afición que ayudaba a memorizar, de un vistazo, el perfil característico y la posición de cada una de las provincias en el mapa nacional. Recuerdo que también coleccionábamos cajas de cerillas o fósforos con imágenes de toreros, de trajes regionales, de futbolistas; sellos de correos; cartuchos de caza (los de los portugueses que venían durante el verano a las tórtolas en Los Carrascos, cerca de Ibahernando, eran muy apreciados, por su rareza); tebeos de ‘El Capitán Trueno’, de ‘El Jabato’, de ‘Hazañas Bélicas’, de ‘Supermán’… (antes de que se popularizaran los de Tintín y los de Astérix). Conozco a personas mayores que también reunían vistosas colecciones de vitolas de puros, paquetes de tabaco, monedas, cachimbas, insignias de solapa, plumas estilográficas, abrecartas, marcapáginas, calendarios de bolsillo, aperos de labranza en miniatura e incluso colecciones de llaveros.</p>
<p>En mi caso, enseguida pasé de la afición infantil y juvenil por ‘El Jabato’ y ‘El Capitán Trueno’ a la pasión por los libros, que siguen colonizando, mudanza tras mudanza, las estanterías de mi casa. Como suele ocurrirle a quien reúne bibliotecas con varios miles de ejemplares, no he leído la totalidad de los que conservo, pero jamás he renunciado a la aspiración melancólica de hacerlo en el futuro. Ahora bien, lo que no se me ocurrirá es proclamar aquella frase de George Burns que sí podría repetir –aunque sin el humor del cómico americano– alguno de nuestros políticos actuales: «Este es el sexto libro que escribo, lo que no está nada mal para un tipo que solo ha leído dos». Por ahí no me pillan.</p>
<p>Supongo que existen colecciones que nacen como una afición o entretenimiento y terminan por convertirse en verdadera obsesión. Tal vez un personaje que encarna perfectamente dicho trastorno es el que interpreta Geoffrey Rush en la película ‘La mejor oferta’, de Giuseppe Tornatore: un veterano experto en arte, agente de subastas, maniático y solitario, cuyo paraíso secreto está limitado por las cuatro paredes de la sala donde atesora una abigarrada colección de retratos de mujeres. Un personaje que desborda, incluso, al que Susan Sontag describe en ‘El amante del volcán’: «El auténtico coleccionista no está atado a lo que colecciona, sino al hecho de coleccionar».</p>
<p>Estoy convencido de que cualquier afición, para que resulte placentera, reclama cierto grado de intensidad. Pero apostar por aficiones que nos deslizan al precipicio de la pasión obsesiva –a título individual o como sociedad– equivale a transitar desde el entusiasmo al sufrimiento; desde la libertad, al infierno de las adicciones. Sean juegos, sueños o emociones políticas.</p>
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		<title>La casa de Landero en Alburquerque</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jun 2018 14:18:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[EL 8 de abril de 2009 fui a Alburquerque para entrevistar a Luis Landero en su casa natal. En un recuadro-perfil característico de la serie ‘Zona de Paso’ que entonces firmaba en HOY, subrayé algunos detalles de la conversación: “«Esta es la casa de mi infancia», dice mientras nos franquea la puerta de una vivienda [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL 8 de abril de 2009 fui a Alburquerque para <a href="http://www.hoy.es/20090412/local/exito-mercancia-deleznable-mascaras-200904120941.html">entrevistar a Luis Landero</a> en su casa natal. En un recuadro-perfil característico de la serie ‘Zona de Paso’ que entonces firmaba en HOY, subrayé algunos detalles de la conversación: <strong>“«Esta es la casa de mi infancia», dice mientras nos franquea la puerta de una vivienda de dos plantas de la calle Calzada, cerca de la plaza de su Alburquerque natal. Al fondo, a la izquierda, en la vieja cocina, su madre le está preparando «una entomatá». Ella tiene 91 años, aunque parece más joven. Es muy cordial, con esa sencillez y naturalidad propia de quien no necesita fingir ni aparentar”</strong>.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-817 size-full" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12.jpg" alt="landero-12" width="3104" height="2072" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12.jpg 3104w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12-768x513.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12-1024x684.jpg 1024w" sizes="(max-width: 3104px) 100vw, 3104px" /></a></p>
<p>Recuerdo que el fotógrafo Lorenzo Cordero y yo seguimos a Landero por la semipenumbra del pasillo enlosado hasta llegar a la luz deslumbrante del patio y subir por la escalera encalada que conducía a una habitación con pavimento de baldosas hidráulicas y ese mobiliario mestizo tan familiar en las casas de la Extremadura rural que siguen conservando el sabor del ayer.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-818 size-full" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02.jpg" alt="landero-02" width="3104" height="2072" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02.jpg 3104w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02-768x513.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02-1024x684.jpg 1024w" sizes="(max-width: 3104px) 100vw, 3104px" /></a></p>
<p>El pasado domingo, en la sección Cartas a la Directora, el lector Fernando García Rodríguez daba la voz de alarma desde Madrid: ‘La casa natal de Landero, a la venta’. En su escrito recuerda que el Ayuntamiento de Alburquerque, “a través del servicio de Turismo y Tauromaquia de la Diputación de Badajoz, ha creado una ruta turística-cultural dedicada al escritor, que recorre algunos de los lugares en los que se desarrolló la vida de Landero, incluyendo la casa donde nació. Creo que sería una oportunidad para Extremadura convertir esa vivienda en una casa- museo que preserve los recuerdos y el legado personal del escritor más notable de Extremadura y uno de los más reconocidos de España”.</p>
<p>Subraya también la importancia de conservar una casa centenaria con la arquitectura propia de la zona y apunta casos similares en los que las administraciones “han rescatado de un seguro olvido casas de artistas o escritores que, de otro modo, hubieran desaparecido. La casa de Gustavo Adolfo Bécquer, en Noviercas (Soria), en las que pasó largas temporadas el poeta, y que fue rehabilitada por el Ayuntamiento de la localidad; o la de Luis Cernuda en Sevilla, comprada por el consistorio de la capital andaluza”.</p>
<p>Tiempo le ha faltado a la <a href="http://www.revistaazagala.org/index.php/2018/06/12/proponen-comprar-la-casa-natal-de-luis-landero-para-fomentar-el-turismo/">revista ‘Azagala’ de Alburquerque</a> para sumarse a la reivindicación, dando por hecho, eso sí, que la situación económica del Ayuntamiento de la villa obligará a la Junta de Extremadura a tomar la iniciativa para convertir esa vivienda “en una especie de centro de interpretación de la obra de nuestro más insigne paisano, Luis Landero”.</p>
<p>Porque esta casa de Alburquerque no es solo la de la infancia nutricia de ‘El balcón en invierno’ sino el territorio, “el breve microcosmos” –como el propio Landero esboza magistralmente en ‘Esta es mi tierra’– donde conoció en sus primeros años “casi todo cuanto hay que conocer en la vida: la felicidad, el dolor, el amor, el miedo, la amistad, el lenguaje…”. Otro símbolo de la cultura y la historia de esta región que no debemos ceder a la incuria o al olvido.</p>
<p>FOTOS: LORENZO CORDERO</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Sobre los docentes</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Apr 2013 19:28:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Según recordaba el filósofo y profesor <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Marina">José Antonio Marina</a> hace una semana en Cáceres, durante la lección inaugural del encuentro hispano luso sobre la profesión docente que organizó el sindicato ANPE, «el progreso de la sociedad depende de la educación» y en consecuencia uno de los retos principales del colectivo es «demostrar que somos los cuidadores del futuro». Cuánta razón. Y cuánta tarea por delante.<br />
En la inauguración de las jornadas, la consejera de Educación, Trinidad Nogales, reforzó el valor de la tarea docente citando la famosa carta que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Camus" target="_blank">Albert Camus</a> escribió a su maestro de primaria, el señor Germain, después de haberle dedicado el discurso del Premio Nobel durante la ceremonia de entrega  en Estocolmo. «Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, no hubiera sucedido nada de esto… Sus esfuerzos, el corazón generoso que usted puso en ello, continuarán siempre vivos en uno de aquellos escolares, que pese a los años no ha dejado de ser su alumno agradecido». Esas palabras de Camus resumen a la perfección, precisamente, las tres aportaciones que según explicaba José Antonio Marina, debe proporcionar la escuela al alumno: la satisfacción del aprendizaje, el reconocimiento social y la sensación de que se progresa.<br />
El propio Marina contaba al hilo del libro ‘<a href="http://www.lecturalia.com/libro/22182/mal-de-escuela" target="_blank">Mal de escuela</a>’, de Daniel Pennac –que él  presentó en Madrid– la necesidad del buen maestro de preocuparse no tanto por los listos o los que destacan en el aula, sino por «los zopencos», de modo que habiendo rescatado a uno solo del fracaso a que le destinaba la vida ya podría proclamar con orgullo el lema que, en su opinión, debe inspirar la tarea docente: ‘Hice lo que pude’.<br />
Entre la cita de Camus y los argumentos –salpicados de anécdotas– de José Antonio Marina acerca de la enseñanza y del aprendizaje, me vino a la memoria la figura del maestro que me enseñó a leer. El recuerdo de una pequeña aula con pupitres gastados, sin calefacción, donde las palabras del maestro nos llegaban revestidas de veneración,  credibilidad y respeto. Mi maestro se llamaba don Manuel Belvís y le recuerdo en aquella vieja escuela de Ibahernando situada junto a la torre del reloj, con muchachos como torbellinos saliendo disparados en el recreo para jugar al clavo y a los bolindres en mitad de la calle, entonces sin pavimentar. Siempre le estaré agradecido por el esfuerzo silencioso de haberme regalado el don de la lectura. Un regalo que se recibe muchas veces con naturalidad, casi con indiferencia, hasta que nos detenemos un minuto a reflexionar acerca de su importancia y trascendencia. Como sostenía <a href="http://mayora.blogspot.com.es/2013/04/maestros-de-las-letras_23.html" target="_blank">Álvaro Valverde</a> esta misma semana en la presentación del libro ‘Maestros de las letras’: «&#8230;para alguien que ama la lectura y los libros, ¿cabe un milagro más humilde, al tiempo que sorprendente, que el de enseñar a un niño a leer y a escribir? Sólo con eso&#8230;». Cuánta razón.<br />
Enseñar y aprender. Convertir la información en sabiduría. Hasta Albert Einstein lo dejó dicho: «El arte más importante del maestro es provocar la alegría en la acción creadora y el conocimiento».</p>
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		<title>Los peligros inminentes</title>
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		<pubDate>Thu, 28 May 2009 23:13:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"><meta name="ProgId" content="Word.Document"><meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"><meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"><link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CTEMP%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"><o:smarttagtype namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="PersonName"></o:smarttagtype><big>Durante mi infancia había tres habilidades capaces de redimir a un niño de la vulgaridad: jugar bien al fútbol, cantar como Joselito y apuntar maneras toreras. Bueno, y una cuarta, más común: demostrar destreza en el uso del tirachinas. Cualquiera de esas cualidades eran un anticipo de éxito futuro. Sin necesidad de alcanzar el nivel de Messi, Maradona o el Kun Agüero, las buenas aptitudes futbolísticas te pronosticaban una trayectoria venturosa. En una época en que no había ‘Operaciones Triunfo’ y ni siquiera ‘Salto a la fama’, saber cantar no te convertía automáticamente en el rey de los escenarios, pero sí en el centro de las reuniones de amigos y en un seguro infalible para el ‘ligue’ y la jarana. Y valían casi todos los repertorios. La pasión taurina –menos habitual, lo reconozco– era un trampolín seguro para escapar de las perspectivas grises, o mejor, de la falta de perspectivas.  </p>
<p>La cuarta destreza: el buen manejo del tirachinas era una condición indispensable, igual que poseer apellidos o proyectar sombra, para resultar ‘visible’ en el universo de la infancia. No quiero hablar ni de los niños futbolistas, ni de los niños cantantes precoces ni de los niños con aspiraciones a figura del toreo. Hoy de lo que quiero hablar es de los niños que ya no usan tirachinas, entre otras cosas porque matar pájaros (sean humildes gorriatos, chovas o hurracas) está prohibido. Bueno, están prohibidos hasta los tirachinas, según acabo de enterarme, tras una operación policial en el Puerto de Barcelona donde la Guardia Civil y la Agencia Tributaria intervinieron 250 tirachinas, descubiertos en una inspección rutinaria dentro de un contenedor llegado a Barcelona procedente de Ningbo (China) en un buque con bandera panameña.</p>
<p>Si esa noticia la hubiera leído cuando yo tenía diez o doce años de edad hubiera creído que se trataba de una inocentada. Ahora muchas de las noticias relacionadas con la infancia son más ‘tecnológicas’. Ahí van un par de ellas: «Francia quiere prohibir los móviles en las aulas», «Industria alerta de que &#8216;sólo’ dos de cada cien ordenadores familiares cuentan con control en Internet para menores». Debo de estar haciéndome mayor. Releo esas noticias  de cabo a rabo pero no se me va de la cabeza el recuerdo del tirachinas. Que aún conservo.</big></p>
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