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	<title>GRATIS TOTALinformación &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>El arroz con leche y el ladrillo</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Oct 2017 19:17:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para debatir, conversar, dialogar&#8230; es preciso que el emisor y el receptor (interlocutor) se presten atención y compartan al menos un código y un canal comunes. Ese principio vale tanto para un grupo de amigos como para el conjunto de la sociedad, incluidas las redes sociales. Y ahí quería llegar yo. Una reciente macroinvestigación sociológica [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para debatir, conversar, dialogar&#8230; es preciso que el emisor y el receptor (interlocutor) se presten atención y compartan al menos un código y un canal comunes. Ese principio vale tanto para un grupo de amigos como para el conjunto de la sociedad, incluidas las redes sociales. Y ahí quería llegar yo.<br />
Una reciente macroinvestigación sociológica prueba que las redes sociales, y especialmente Facebook, «fomentan la hipersegmentación ideológica, el separatismo y la polarización de la opinión pública, lo que origina un deterioro de la calidad democrática», según señala Miguel Ormaetxea en ‘Media-tics’. Es sabido que muchos lectores, espectadores y oyentes buscan tan solo aquellos medios de comunicación que les provean de informaciones y opiniones donde sientan confirmadas o ‘reforzadas’ sus preferencias políticas, económicas, deportivas, culturales&#8230;<br />
El advenimiento de las redes sociales –acogido como un ‘nuevo amanecer’ incluso por dirigentes políticos bienintencionados– no contribuye sin embargo a mejorar las posibilidades de diálogo y de debate, sino al contrario. Esa macroinvestigación lo que prueba es que las plataformas de redes sociales «crean burbujas de información y opiniones unilaterales, perpetuando opiniones sesgadas y disminuyendo las oportunidades para un discurso plural. Sistemas como los ‘me gusta’ o los retuits para medir la validez o apoyo masivo hacia un mensaje u organización crean un sistema distorsionado de evaluación de la información y proporcionan una imagen falsa sobre la popularidad», explica Ormaetxea. Sin entrar en que tales opiniones puedan ser asimismo obra de trols o de robots&#8230; La era apoteósica de la posverdad.<br />
A mí lo que me me inquieta sobre todo es la tendencia –cada vez más extendida en las redes y en cualquier debate público– a sustituir en las discusiones políticas el arrojadizo «y tú más» por el ardid argumental del cambio de tema. Tú me hablas de ‘x’, pues yo te hablo de ‘y’. Alguien reprocha por ejemplo la falta de coherencia histórica de quien sirve objetivamente a los intereses del separatismo privilegiado, supremacista, y en vez de refutar la idea se dedica a hablarle de la corrupción de un tercer elemento en disputa. Tú puedes plantear un asunto de interés nacional o internacional, pero si el interlocutor piensa que no le conviene o beneficia la propuesta, dará una larga cambiada y con todos los aspavientos de que sea capaz sentenciará que «de lo que hay que hablar», pongamos por caso, es de un asunto local&#8230; Así todo.<br />
En tal controversia dan ganas de preguntar: «¿Qué tiene que ver la velocidad con el tocino?» y regalarles como broche del ‘no-debate’ esa sentencia popular que resume un planteamiento absurdo: «Como sé que te gusta el arroz con leche, debajo de la puerta te dejo un ladrillo». Por eso me parece que las redes están bien para ciertos asuntos de utilidad doméstica (mensajes, avisos&#8230;) pero entrañan serios riesgos respecto a la promoción de la pluralidad y riqueza democráticas.</p>
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		<title>No es serpiente, es Pesesín</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Jul 2017 18:25:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En periodismo hay un género clásico que sobrevive a la propia evolución de los medios: la serpiente de verano. Me refiero a ese tipo de noticias sin excesiva relevancia, vinculadas a las vacaciones y bastante llamativas, a las que en casi todas las Redacciones se acudía en socorro ante la escasez de hechos destacados. La [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En periodismo hay un género clásico que sobrevive a la propia evolución de los medios: la serpiente de verano. Me refiero a ese tipo de noticias sin excesiva relevancia, vinculadas a las vacaciones y bastante llamativas, a las que en casi todas las Redacciones se acudía en socorro ante la escasez de hechos destacados. La ‘serpiente de verano’ podía ser el avistamiento de ovnis, los excesos de ciertas fiestas ancestrales en lugares remotos o las noticias alarmantes sobre el abandono de mascotas en periodo estival.<br />
En estos tiempos de plena transición entre el soporte papel y los soportes digitales, el periodismo no ha renunciado a las serpientes de verano, aunque tal vez sí reclama para ellas un carácter esencialmente de entretenimiento y una procedencia preferente: el universo digital y las redes sociales. Más que en las páginas impresas de los periódicos el hábitat ideal para reproducirse la especie son las redes sociales. La galaxia digital.<br />
¿Por qué digo todo esto? Por la historia de Pesesín, de la que ayer se hacía eco ‘El País’. En pocas palabras: el dueño de un pez (que resultó ser dueña) se va de vacaciones y deja en el descansillo del edificio donde vive un pececito en su pecera junto a un bote de comida y un cartel con instrucciones sobre cómo cuidarlo: «¡Hola vecinos! me voy de vacaciones y no me dejan llevarme a PESESÍN. Necesito vuestra ayuda para que le deis de comer. Solo se le debe echar una vez al día. Dejo la comida y un cuadro para saber cuándo comió». Hasta ahí los primeros datos. ¿Pero en qué momento el cartel y el pez se convierten en algo más que la anécdota de una comunidad de vecinos? Justo en el instante en que la tuitera @Nuria_GMz, vecina también de ese bloque de pisos, decide subir a la Red un tuit con un par de fotos contando la historia que hasta ahora, mientras escribo, ha logrado ya más de mil comentarios, 50.000 retuits y 87.000 ‘me gusta’.<br />
Aparte de otros detalles sobre las opiniones de los tuiteros respecto al comportamiento de la persona dueña del pez, ‘El País’ informa también de que hasta la Policía Nacional a través de su perfil de Twitter se hace eco de la historia recordando (con humor y emoticono incluido) que «¡Siempre hay una alternativa al abandono animal!».<br />
Desde luego, mil veces mejor estas ‘noticias’ que las habituales también durante julio y agosto de ancianos ‘abandonados’ en sus domicilios o en los hospitales de las grandes ciudades porque sus familias no pueden hacerse cargo de ellos en vacaciones&#8230;<br />
Los dioses me libren de la demagogia o de la argumentación tramposa. Yo no critico que asuntos tan ‘ligeros’ como el de Pesesín conciten el interés de miles de tuiteros y dediquen su tiempo a comentar y entretenerse con la historia del pececito. Aunque se asemeje a las serpientes de verano. ¿Cómo no preferir, por ejemplo, esta historia frente al espectáculo indecoroso del grupo de dirigentes independentistas catalanes que se empeñan en disparatar hoy menos que mañana?</p>
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		<title>De Séneca a Azarías</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Jun 2017 19:10:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me parece que Internet y el universo de las redes sociales se asemeja a los tiempos de los pasquines y de las pintadas. Una época en que el rumor, las medias verdades y la información descontextualizada circulaban igual que la moneda de curso legal. En determinadas circunstancias (bajo una feroz censura o un poder absoluto) [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me parece que Internet y el universo de las redes sociales se asemeja a los tiempos de los pasquines y de las pintadas. Una época en que el rumor, las medias verdades y la información descontextualizada circulaban igual que la moneda de curso legal. En determinadas circunstancias (bajo una feroz censura o un poder absoluto) supongo que los pasquines cumplieron su papel –valga la expresión– igual que las pintadas en las paredes. Para difundir eslóganes nada mejor que un muro, de ladrillo o de Facebook. Que se lo cuenten a los jóvenes de Mayo del 68 cuando pedían «¡Levantad los adoquines que debajo está la playa!» o a esos precursores de Banksy que ironizaron en el Londres de 1975 con otra pintada memorable: «Dios no está muerto: está vivo, saludable y trabajando en un proyecto mucho menos ambicioso».<br />
El universo de las redes sociales suscita firmes reticencias porque la información que nos llega a través de nuestras cuentas no suele estar jerarquizada (su carácter en un porcentaje altísimo es aleatorio, azaroso, circunstancial); puede tratarse de datos no confirmados y para muchos usuarios, además, las redes sociales ‘ocupan’ un espacio y un tiempo que no pueden dedicar a otras propuestas informativas o de comunicación mejor estructuradas, más fiables y rigurosas. Menos líquidas.<br />
En mi opinión las redes sociales están destinadas a convertirse<br />
–probablemente lo son ya– en grandes herramientas de entretenimiento y diversión. Muy aptas para la propagación de memes, chistes, chascarrillos, nimiedades y otros subproductos de bajo coste. Por decirlo como Paco el Bajo en ‘Los santos inocentes’ cuando disculpaba a su cuñado Azarías: desengáñese, señorito Iván, para la paloma vale pero para la perdiz es corto de entendederas.<br />
Una de las cosas que peor llevo en las redes sociales es la práctica del machaqueo: esos profesionales del Twitter o del Facebook que se pasan el día con el mismo sonsonete. En modo martillo pilón o picador de almendrilla. Entusiastas del bombo y de la propaganda a los que jamás les entraría en la cabeza aquel famoso reproche de Alberto Moravia: «Curiosamente los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado».<br />
Sin embargo, reconozco que me gusta Internet en general aunque solo sea por lo que ha aportado al mundo de la comunicación y sus enormes potencialidades. Debo insistir también en que mis reticencias respecto a las redes sociales tienen que ver más con el uso furtivo que se hace de ellas que con su carácter.<br />
Así como Séneca decía al hablar de los vicios que son propios «de los hombres, no de los tiempos» puede decirse que el problema de las redes sociales no radica en su naturaleza sino en la utilización que hacemos de ellas, en el fin al que las destinamos. Aunque sospecho que si Séneca viviera en el siglo XXI y observara a millones de personas en todo el mundo consultando ensimismadas cada poco tiempo un dispositivo móvil, tal vez cambiaba de opinión.</p>
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		<title>A los del lado oscuro</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Jun 2016 21:14:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La condena a quienes se dedican a insultar amparados en el anonimato de los foros digitales resulta ya asunto recurrente y lleva camino de convertirse en un nuevo género literario. ¿Quién no ha maldecido la despreciable tarea del trol que arremete con ánimo malicioso e injurioso? El último escritor al que he leído quejarse amargamente [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La condena a quienes se dedican a insultar amparados en el anonimato de los foros digitales resulta ya asunto recurrente y lleva camino de convertirse en un nuevo género literario. ¿Quién no ha maldecido la despreciable tarea del trol que arremete con ánimo malicioso e injurioso? El último escritor al que he leído quejarse amargamente de esta práctica es a Felipe Benítez Reyes, que el sábado pasado firmaba su columna en HOY con el título ‘Los ocultos’ y en la que advertía: «Lees en pantalla un artículo o una noticia y sabes que lo espeluznante empieza tras su punto final, en esa sección de comentarios en que unos seres con nombre de robot o de mascota exhiben su desprecio no ya por la gramática y la ortografía, no ya por el criterio ajeno, no ya por las técnicas budistas de control sobre las emociones, no ya tal vez por sí mismos, sino también, y sobre todo, por la facultad de distinguir un razonamiento de un vómito» (&#8230;) «Gente que solo hecha espumarajos por el pensamiento cuando se siente a salvo en su cueva, bajo el amparo de un pseudónimo».<br />
Supongo que ya habrá alguien preparando la correspondiente antología de textos en los que se condena y refuta a los troles odiosos. Sin embargo hay que reconocer que no estamos ante una práctica nueva; lo nuevo es el canal o los medios a través de los  que se insulta o se emborrona la inteligencia. Los insultos supongo que tienen la misma edad que la humanidad. Y  son insoportables cuando no lucen el blindaje del humor sino únicamente la carga de la maldad, del daño gratuito, del puro energumenismo zoquete. ¿Quién no ha disfrutado por ejemplo con el ingenio y la inteligencia que revelan los legendarios insultos que recoge Borges en ‘Arte de injuriar’? Como aquellas palabras que él atribuye al doctor Johnson: «Su esposa, caballero, con el pretexto de que trabaja en un lupanar, vende géneros de contrabando». La quintaesencia de la injuria. O la reacción del caballero al que en una discusión «teológica o literaria», le arrojan a la cara un vaso de vino y sin inmutarse contesta al ofensor: «Esto, señor, es una digresión; espero su argumento». ¿Alguien imagina una respuesta equivalente ante el trol que garabatea sus infamias en un foro digital?<br />
Lo mejor es la callada por respuesta. Antes y ahora. «De todas las reacciones posibles ante la injuria, la más hábil y económica es el silencio». La frase no pertenece a ningún consultor o experto en foros digitales y redes sociales. Esa frase la acuñó el sabio español Santiago Ramón y Cajal, aunque acaso pueda resultar chocante en un país donde ha alcanzado categoría de lema nacional una consigna con variantes paradójicas: «Que hablen de uno aunque sea bien» y «Que hablen de uno aunque sea mal».<br />
De todas formas, yo creo que lo peor de los troles no son los atentados mostrencos a la buena educación sino sus disparates contra la inteligencia. Y en ese sentido, aún sin proponérselo, ellos también forman parte de un ecosistema a cuya mejora contribuyen indirectamente porque ayudan a que la luz y la razón se sobrepongan a las sombras.</p>
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		<title>Salir igual que Tarzán</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Apr 2016 19:37:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La actualidad, como los viejos molinillos de café, es una máquina que tritura información a toda pastilla. Bueno, más que una máquina es una gran fábrica donde funcionan 24 horas al día y 365 días al año las batidoras de las televisiones, los digitales, los diarios de prensa, las emisoras de radio, las redes sociales&#8230; [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La actualidad, como los viejos molinillos de café, es una máquina que tritura información a toda pastilla. Bueno, más que una máquina es una gran fábrica donde funcionan 24 horas al día y 365 días al año las batidoras de las televisiones, los digitales, los diarios de prensa, las emisoras de radio, las redes sociales&#8230; y hasta los grupos de wasap. El fruto del colosal pandemónium no es sin embargo más información o más conocimiento, sino un desarrollo gigantesco de la sociedad del espectáculo y de la superficialidad, con el consumo de ‘ligerezas’ (vivimos bajo la advocación de lo ‘ligth’) como norma fundacional.<br />
Con ese panorama tienen razón quienes defienden que se lee  y se escribe bastante más que en otras épocas, pero no intenten averiguar qué es lo que se lee, se ve, se oye y se escribe a no ser que quieran deprimirse.<br />
En otras muchas ocasiones defendí precisamente la capacidad de los medios regionales para sobrevivir como verdaderos héroes en un ecosistema cada día más tóxico y vulgarizado. Lo que suele denominarse de manera perdonavidas y displicente como ‘prensa regional’ o ‘prensa de provincias’ se ha revelado en realidad como el sistema casi perfecto y en posesión de los dos vectores que hacen sostenible y blindan el modelo: la cercanía al lector y la calidad humana de su oferta. Un modelo que permite la convivencia de los grandes temas o las entrevistas a los grandes personajes por ejemplo con la crónica más doméstica y hasta entrañable de la vida municipal.<br />
Confieso que me han suscitado estas reflexiones un viejo artículo que tengo a la vista acerca de los dichos y del particularísimo lenguaje que utilizaba un dirigente sindical y exconcejal del Ayuntamiento de Cáceres, Miguel Ángel Rubio a raíz de la huelga general que convocaron los sindicatos CC OO y UGT el 28-M, coincidiendo con los 10 años del PSOE en el Gobierno de la nación. Los periodistas le preguntaron   si iba a haber piquetes ese día y él, con su particular gracejo contestó: «Una huelga sin piquetes es como una feria sin cacharritos».<br />
Amigo de los refranes y de las sentencias rotundas, en ese artículo del año 1992 se recordaba también que Rubio utilizaba una expresión muy gráfica para explicar dónde había que estar situado para conocer los  acontecimientos claves: «en la ‘cúpula’ de la pirámide&#8230;».<br />
Los periodistas tenían en el veterano dirigente sindical una fuente impagable de buenos testimonios. Acababa de salir de una sesión del Consejo Social de la Universidad y como vio que le miraban sorprendidos por llevar puesta una corbata les dijo: «Cuando la marrana se lava la cara todo el mundo repara». O aquella sentencia-resumen al dejar de ser concejal de Urbanismo: «Yo entré y salí del Ayuntamiento igual que Tarzán, con una mano delante y otra detrás».<br />
No quiero reivindicar ahora la actitud de Miguel Ángel Rubio, que también, sino el valor de un periodismo capaz de reflejar la actualidad en sus distintos ámbitos: municipal, político, deportivo, cultural&#8230; con el grado de humanidad y cercanía de aquel artículo dedicado a Miguel Ángel y a sus dichos.     </p>
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		<title>De escribir y leer</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Jun 2015 20:56:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una de las paradojas llamativas de la sociedad contemporánea es la falta de relación directa entre información y conocimiento. Tener acceso a muchos datos no garantiza mayor grado de conocimiento ni tampoco mayor nivel de ‘sabiduría’. Reunir papeles al azar, sin criterio alguno, no convierte una pila de documentos en un archivo. De igual modo, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una de las paradojas llamativas de la sociedad contemporánea es la falta de relación directa entre información y conocimiento. Tener acceso a muchos datos no garantiza mayor grado de conocimiento ni tampoco mayor nivel de ‘sabiduría’. Reunir papeles al azar, sin criterio alguno, no convierte una pila de documentos en un archivo. De igual modo, recibir a todas horas ingentes cantidades de información no nos acarrea mayor conocimiento ni mayor nivel de consciencia. Toda la información que no sea procesada, analizada, jeraquizada, etcétera, de forma debida se convierte en mero decorado o en lo que los expertos denominan ‘ruido’.<br />
Entre las funciones de la Prensa y de los medios de comunicación está precisamente cumplir con esa tarea de jerarquizar y ordenar el caos informe que nos rodea. Lo que hacen los medios (al margen de ‘limitaciones’ ideológicas o técnicas) es justo eso: ofrecer una visión coherente de la realidad que nos envuelve; y dando por sabido que los medios nunca ‘son’ la realidad en sí misma, sino el reflejo, la consecuencia de haber puesto el foco sobre aquellos aspectos que consideran relevantes.<br />
Las redes sociales han elevado a la enésima potencia el flujo informativo, lo que en apariencia supone un gran avance: la universalización de los emisores. Como si tras el banderazo de salida se dijera: «Nada de unos cuantos emisores (los medios tradicionales) lanzando mensajes a millones de receptores. Las nuevas tecnologías permiten que todos seamos emisores y cualquiera puede convertirse a través de una cuenta de Facebook, de Twitter o de Instagram en un ‘medio de comunicación’ universal&#8230;».<br />
Pero no es así. O por ser más preciso: solo es así en apariencia. Si ya hemos dicho que el montón de papeles necesita determinados criterios para convertirse en archivo, en conocimiento, los millones de mensajes de las redes sociales precisan asimismo de una ‘recepción jerarquizada’ para abandonar la condición de ruido de fondo y transformarse en contenido ‘significativo’, en materiales que deberán ser reprocesados para superar –si cabe decirlo así– los controles de calidad. El crecimiento exponencial que han experimentando las redes sociales y por tanto los ‘emisores’, se produce en paralelo a una circunstancia curiosa: muchos titulares de las cuentas no se limitan a enlazar contenidos sino que ellos mismos se convierten en incontenibles grafómanos a los que les iría como anillo al dedo la conocida humorada de George Burns: «Éste es el sexto libro que escribo, lo que no está nada mal para un tipo que solo ha leído dos».<br />
Tal fertilidad creativa no suele mantener por desgracia una relación directamente proporcional a la calidad de lo difundido. Reconozco que he dejado de seguir algunas cuentas de redes sociales por la banalidad de los mensajes y sobre todo por su número excesivo. Por la incontinencia ‘escribidora’.<br />
Yo prefiero los medios tradicionales (en soporte papel o digital) y me acojo a los versos de Borges en su poema ‘Un lector’: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído».</p>
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		<title>Con Juan de Mairena</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Nov 2013 18:58:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Se ha repetido muchas veces que vivimos en una sociedad que posee cada día más información pero está cada día menos informada. Nos avasallan los datos, la documentación, pero eso no significa que poseamos más conocimiento, que seamos más ‘sabios’. Diría que, seguramente, ocurre lo contrario. La sociedad de nuestros días está disparando las cifras [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se ha repetido muchas veces que vivimos en una sociedad que posee cada día más información pero está cada día menos informada. Nos avasallan los datos, la documentación, pero eso no significa que poseamos más conocimiento, que seamos más ‘sabios’. Diría que, seguramente, ocurre lo contrario.<br />
La sociedad de nuestros días está disparando las cifras de los ‘solitarios urbanos’, atenazados en un modelo de vida donde el tiempo de convivencia se reduce porque hasta las tareas del ocio son cada vez más individuales, menos compartidas: los teléfonos móviles y las tabletas están ganando la partida incluso a las sesiones familiares de televisión y de cine. Pero tal situación, en teoría proclive para fomentar una introspección que condujera al razonamiento y a la ‘pasión filosófica’ lo que alimenta es el gusto por la pura evasión y el espectáculo. Quiero decir que este modelo en vez de producir unas generaciones con miles de sabios lo que produce a espuertas son tuiteros&#8230;<br />
El chasco es mayor si reparamos en otros aspectos. Por ejemplo, el sentido crítico frente a lo que podemos llamar el ‘pensamiento dominante’. En nuestra sociedad se fagocitan igual las ideas buenas, malas o mediopensionistas. Y todas con una vigencia que no viene marcada por su valor o su importancia, sino por las leyes internas de un mercado que se mueve en función de tendencias, de intereses, que establecen las grandes corporaciones de las nuevas tecnologías de la comunicación y la banca, que además de estar globalizadas no tienen, como el dinero, ni patria ni alma.<br />
Recomienda Antonio Machado a través de Juan de Mairena que se huya de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. «Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura». Y hablando de lo saludables que son las posiciones escépticas, aún es más explícito: «Confieso mi escasa simpatía –habla Juan de Mairena a sus alumnos– hacia aquellos pensadores que parecen estar siempre seguros de lo que dicen. Porque si no lo están bien lo simulan, son unos farsantes;  y si lo están, no son verdaderos pensadores, sino, cuando más, literatos, oradores, retóricos, hombres de ingenio y de acción, sensibles a los tonos y a los gestos, pero que nunca se enfrentaron con su propio pensar, propicios siempre a aceptar sin crítica el ajeno».<br />
Tratados como ‘masas’ (encima con la facilidad prestidigitadora de hacernos creer que somos cada vez más ‘únicos’) los ciudadanos estamos obligados especialmente ahora a desarrollar el sentido crítico y la distancia cordial y saludable con quienes en verdad manejan los hilos de las marionetas.<br />
Yo me reconozco radicalmente machadiano en esta materia. Y entusiasta de las enseñanzas de Juan de Mairena, que lo explica mejor que nadie: «El escepticismo a que yo quisiera llevaros es más fuente de regocijo que de melancolía. Consiste en haceros dudar del pensamiento propio, aunque aceptéis el ajeno por cortesía y sin daño de vuestra conciencia». Y luego les aclara: hay que pensar, en suma, sabiendo que los callejones tienen salida. Tienen salida.</p>
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		<title>Cultura mosaico</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Oct 2012 19:23:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Todos los días me levanto creyendo que vivo en la sociedad del conocimiento pero me acuesto convencido de que vivo en la sociedad del espectáculo. La vieja frase de que algunos vienen del bar de la esquina y lo cuentan como si vinieran de la guerra de Vietnam mientras otros vienen de la guerra de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todos los días me levanto creyendo que vivo en la sociedad del conocimiento pero me acuesto convencido de que vivo en la sociedad del espectáculo. La vieja frase de que algunos vienen del bar de la esquina y lo cuentan como si vinieran de la guerra de Vietnam mientras otros vienen de la guerra de Vietnam y lo cuentan como si vinieran del bar de la esquina parece consigna de éxito. En el pandemónium de la actualidad puedes toparte con medios de información sobre cuyo mostrador se despacha, al revoltijo, información y opinión sin facilitar al espectador, al oyente o al lector la posibilidad de saber de forma precisa si lo que le están ‘vendiendo’ es mercancía legal o género de contrabando&#8230;<br />
La democratización del acceso a los ‘mass media’, en principio una conquista positiva que habría que agradecer a la sociedad de la información y a las nuevas tecnologías, se ha producido sin más interés que el de la rentabilidad inmediata, llámese índice de audiencia, difusión o volumen publicitario. Es como si en la universidad el criterio para elegir al catedrático que debe impartir enseñanza se estableciera según la fotogenia, la simpatía personal y la verbosidad en vez de considerando su competencia docente, sus conocimientos y sus méritos profesionales. En el caso de las televisiones y de los medios audiovisuales en general (prácticamente todos: ediciones digitales, webs, blogs, redes sociales) esa deriva está contribuyendo a la expansión de lo que el sociólogo Abraham Moles bautizó como «cultura mosaico», es decir, esos conocimientos fragmentarios y superficiales que dejan en nuestro cerebro los medios de comunicación de masas y que contrastan con la cultura ‘tradicional’, estructurada, que progresa a base de ir escalando diferentes parcelas y niveles de conocimiento de manera sistemática, lejos del azar de los ‘mosaicos’ mediáticos.<br />
En la sociedad del espectáculo las atracciones antes reservadas al circo, al teatro, a ciertas formas de literatura popular tienen reservada la suite real. De este modo, no solo las teles sino las ediciones digitales de los periódicos e incluso algunas radios se ven abocadas a incluir vídeos y contenidos de ‘variedades’ para sobrevivir en un ecosistema donde de las tres patas programáticas: «informar, formar y entretener» la última, entretener, se ha convertido casi monográficamente en la finalidad verdadera.<br />
De ahí los éxitos de programas como el de la medium Anne Germain, los múltiples cotorreos sobre temas del corazón y de la entrepierna o esos espacios de variedades en los que una presentadora se despacha con la frase «no está científicamente demostrado que el alma no se transmita en un trasplante de órganos».<br />
La consagración de la liviandad, la apuesta por lo puramente episódico tanto en los contenidos como en su forma de abordarlos es lo que caracteriza a la sociedad del espectáculo y su consecuencia inmediata: la cultura mosaico. Para vacunarse contra esa epidemia contemporánea no conozco otro remedio que buena formación cultural y las dosis adecuadas de prensa, radio y televisión de calidad. He dicho de calidad.</p>
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		<title>De &#039;raspajilón&#039;</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 20:16:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En ninguna época como en esta, tanta información ha generado tanto desconocimiento. Nos deslumbran los brillos de la Red y de la ‘aldea global’. Creemos navegar por la información o que ‘surfeamos’ sobre las olas cuando apenas revoloteamos por encima de un océano inmenso, distante y casi siempre con prisa, sin detenimiento. Hace poco el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En ninguna época como en esta, tanta información ha generado tanto desconocimiento. Nos deslumbran los brillos de la Red y de la ‘aldea global’. Creemos navegar por la información o que ‘surfeamos’ sobre las olas cuando apenas revoloteamos por encima de un océano inmenso, distante y casi siempre con prisa, sin detenimiento.<br />
Hace poco el país vibraba de indignación ante el atropello del gobierno argentino que expropió la empresa YPF a la española Repsol. Durante unos días era imposible andar por la calle sin toparte al experto de turno que se explayaba con ínclitas soluciones: «Aquí lo que habría que hacer», empezaba perorando, «es dejar las cosas claras y no andarse con contemplaciones». Luego, pueden imaginarse las fórmulas salvadoras&#8230; Algo similar ha ocurrido con la filial boliviana de Red Eléctrica, el contencioso del que a los cuatro días muchos no recuerdan otra cosa que la poca gracia que les hizo a columnistas como Antonio Burgos o Alfonso Ussía el desaliño indumentario de Evo Morales cuando se presentaba ante el Rey o ante el presidente Zapatero con aquellos jerseys «de lana gorda de indio cocalero».<br />
Lo de YPF sirvió para recordarle a Cristina Fernández de Kirchner que en represalia podíamos nacionalizar a Messi, y poco más. Enredados aún con la retranca sobre Malvinas («aceptamos Falkland como nombre oficial», dijo alguien en broma), el asunto derivó por un derrotero que Gila hubiera explotado para inspirarse: «Argentina prohibe la importación de jamón español». Se acabaron las especulaciones sesudas sobre el valor de las acciones, los juegos de intereses geoestratégicos, el ‘nacionalismo’ peronista y otras pavadas propias de boludos&#8230;<br />
El caso Bankia, lo mismo. Los análisis descienden hasta el subterráneo de las intenciones ocultas. Que si Madrid y Barcelona, que si las nefastas consecuencias del asalto de los políticos a los consejos de administración de las Cajas&#8230; Opiniones y juicios para dar y tomar. Sin embargo, el pequeño accionista se limita a averiguar, y hace muy bien, si su dinero está seguro en el  banco y si el límite de cien mil euros por titular, fijado por el Fondo de Garantía de Depósitos, sigue vigente.<br />
Ayer leí en el twitter de José María Fernández, @jmfurena, una frase que ilustra de maravilla –quiero decir, con humor– la diferencia entre conocimiento y acumulación de información: «El mejor lugar para esconder un cadáver es la segunda página de búsqueda de Google». Además de irónica, argumentalmente impecable. ¿El tema? La superficialidad. Y  sus derivados: la ligereza, la prisa, la fragmentación, la parcialidad, lo incompleto. Algo en lo que no se profundiza. Lo tangencial, lo percibido de ‘raspajilón’, por decirlo con esa palabra tan expresiva del habla extremeña.<br />
Ejemplos elocuentes. Lea las informaciones sobre subastas de cuadros famosos: ‘El grito’, de Munch; ‘Los jugadores de cartas’, de Cézanne; ‘Naranja, rojo, amarillo’, de Mark Rothko o ‘Sleeping girl’, de Lichtenstein y fíjese en el sentido de muchos comentarios, en su liviandad&#8230; Solo se repara en la etiqueta, en el precio. Pura corteza.</p>
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		<title>Azarías y los análisis</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Mar 2011 08:42:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En su elogio a los cinco años de Twitter, Juan Valera ponderaba ayer en HOY la importancia del invento con estas palabras: «Informar es estar y participar en Twitter. Un medio en construcción que es mucho más para medios y periodistas que los clics conseguidos con los enlaces. Imprescindible como fuente y decisivo en el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="p" id="story-texto"><strong>En su elogio a los cinco años de Twitter, Juan Valera ponderaba ayer en HOY la importancia del invento con estas palabras: «Informar es estar y participar en Twitter. Un medio en construcción que es mucho más para medios y periodistas que los clics conseguidos con los enlaces. Imprescindible como fuente y decisivo en el ritmo de muchas noticias». «Lenguaje para ciborgs nómadas hiperconectados con móviles».<br />
</strong><br />
<strong>Aprovechando la presentación de la edición inglesa de su última novela, Juan Luis Cebrián declara a &#8216;El País&#8217; un juicio muy similar al de Juan Varela. En su opinión, recogida por Sandro Pozzi desde Nueva York, «las redes sociales como Twitter y Facebook son un buen instrumento para convocar manifestaciones, como las que están detrás de los levantamientos populares en Egipto, Túnez, Libia o Yemen. Y para hacer circular noticias concretas». Pero precisó: «para el análisis y comprensión de la situación aún no son útiles». No debe entenderse, claro está, que Cebrián rechace las nuevas tecnologías, que considera una oportunidad, no una amenaza. Pero tampoco se puede caer en el optimismo infundado que atribuye a las redes más capacidades que las que en realidad pueden desarrollar. Aproximarse a cualquier realidad (social, económica, política, antropológica&#8230;) exige acceder a los datos -a la información-, posibilidad de ordenarlos y trabajar con ellos de forma coherente y un método de análisis que posibilite su interpretación. De lo contrario, nos puede ocurrir lo mismo que a aquel historiador inglés que cumplía las dos primeras premisas: sabía qué sucesos debía reseñar y cómo trabajar con ellos pero al carecer de método para el análisis, de punto de vista, la historia de los años más gloriosos de una nación se convirtieron, en palabras de Lytton Strachey, «en una ingente cantidad de serrín». Una periodista de HOY, Aracely Robustillo, lo resume precisamente en un comentario en Facebook: «Twitter y Facebook cumplen una función muy similar a la de la radio, por la inmediatez con la que permiten seguir un determinado suceso, y su poder de convocatoria es indiscutible. Sirven para lanzar ideas y son enriquecedoras, pero para el análisis sigue siendo necesaria la prensa». </p>
<p>Este asunto de la información y de la opinión me recuerda aquel pasaje de &#8216;Los santos inocentes&#8217;, de Miguel Delibes, en la película de Camus, cuando Paco, el Bajo (Alfredo Landa), se rompe una pierna haciendo de &#8216;secretario&#8217; para el señorito Iván (Juan Diego) y este último, totalmente contrariado, incita a Paco de forma egoísta y despiadada para que se sobreponga al dolor y siga acompañándole durante la caza. </p>
<p>El señorito Iván se ha fijado en las habilidades que tiene Azarías (Francisco Rabal), que se pasa el día con su «milana bonita, milana bonita» en el hombro, y le pregunta a Paco si el Azarías, «con estas mañas que se gasta», no haría bien de secretario. Paco niega con la cabeza y le contesta: «Con el palomo puede, con la perdiz es corto de entendederas». </p>
<p>Algunas redes sociales son ya insustituibles y valen para la información, pero sospecho que para el análisis, para la perdiz, siguen siendo cortas de entendederas. </strong></div>
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