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	<title>GRATIS TOTALjubilación &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Hasta la vista</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2018 18:26:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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<div>ME gustan las citas literarias, aunque no por el halo erudito que se les atribuye, me gustan porque equivalen al boceto del pintor ejercitando la mano o al ejercicio del pianista que perfecciona su práctica ‘haciendo dedos’. Las citas son un motivo, el punto de partida para reflexionar sobre algún tema interesante, asediar las fortalezas de la razón y desarrollar el argumento a partir de ese pie forzado. Quiero decir que antes que un tintineo en mitad del texto la cita para mí es una sugerencia, la melodía de una canción que intento adivinar más allá del estribillo.</div>
<div>Durante años he guardado una cita de Kalil Gibran para esta hora en que a uno le toca recoger las cosas de su despacho y cerrar una larga etapa laboral. La cita es sencilla como una pregunta breve, pero densa como las viejas cuestiones filosóficas que trascienden lo anecdóticamente personal: «¿Alguien es capaz de abandonar un edificio en cuya construcción gastó toda su vida, aunque ese edificio sea su propia prisión?».</div>
<div>Permitidme que me demore algo en contestar.</div>
<div>Mientras expurgo papeles, reviso viejas fotos, releo cartas, archivo recortes de prensa o repaso algunas anotaciones de agendas y cuadernos se me atropellan en la memoria un borbotón de recuerdos. «¿Qué sientes ahora, cuando vas a dejar tu despacho de toda la vida?», me preguntan los compañeros. «Muchos sentimientos encontrados», es lo único que acierto a responder. Y enseguida me salen al paso otra vez las palabras de Kalil Gibran. Estoy a punto de decir adiós a un edificio, a un trabajo, a una responsabilidad profesional en cuya construcción gasté toda una vida (más de tres décadas en el diario HOY) que ha representado para mí a ratos una prisión pero también un paraíso. Mucho esfuerzo, jornadas maratonianas, historias vivas. Pero al mismo tiempo la impagable satisfacción de un trabajo vocacional y acaso la íntima vanidad –sin falsas humildades– del deber cumplido. De haber entregado «el mensaje a García», por resumirlo con el título del legendario artículo de prensa que contaba la historia del soldado Rowan.</div>
<div>Sentimientos encontrados. Cárcel y paraíso. Esfuerzo y disfrute. Aunque en la tesitura de concentrar en pocas palabras una extensa trayectoria profesional lo mejor es recurrir a la fórmula de Woody Allen: «Hice un curso sobre lectura rápida y leí ‘Guerra y Paz’ en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia». Mejor un suelto que un editorial. Preferible la columna a la tribuna. En realidad, la fórmula óptima es la de Groucho Marx, que tituló sus memorias: ‘¡Hola y adiós!’ Pero me parecería un exceso y hasta una petulancia plagiarle el título a ese genio del ingenio entre otras razones porque en aquel libro, de más de 400 palabras, él repasaba toda una vida y aquí el que suscribe únicamente quiere dar cuenta de una jubilación profesional pero de ningún adiós. Como me repiten efusivamente estos días: «Enhorabuena, pasas a mejor vida», pero no me despido… De hecho voy a seguir colaborando con HOY y publicando todos los jueves esta columna.</div>
<div>Así que hasta la vista.</div>
</div>
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		<title>Doña Celia y la jubilación del albañil</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 19:21:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[A cuenta de la jubilación y del futuro de las pensiones, Celia Villalobos, veterana diputada del PP y presidenta de la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo, ha vuelto a encender la polémica con unas declaraciones que alimentan a la vez la indignación y el desasosiego. «Hay que favorecer que los trabajadores tengan una [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A cuenta de la jubilación y del futuro de las pensiones, Celia Villalobos, veterana diputada del PP y presidenta de la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo, ha vuelto a encender la polémica con unas declaraciones que alimentan a la vez la indignación y el desasosiego. «Hay que favorecer que los trabajadores tengan una mochila que se llevan a la empresa donde van con un fondo privado, que no necesariamente tiene que ser de un banco sino un fondo de la empresa donde tú puedes meter dinero», aconseja ante la previsible necesidad de ‘reforzar’ sus pensiones los empleados que ronden los 45 años&#8230;<br />
Ocurre que oír en el mismo discurso los términos «pensiones» y «fondos privados» es para ponerse a temblar. Y más si quien habla preside precisamente la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo. Dice Hermann Hesse que «cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros». En este caso el poder es nada menos que el del partido en el Gobierno. La declaración de Celia Villalobos que más alboroto ha causado ha sido otra, sin embargo: «Hay ya un número importante de pensionistas que está más tiempo en pasivo, es decir, cobrando la pensión, que en activo, trabajando», que es un ‘reproche’ descomunal al que quiso quitar hierro apostillando que es debido «gracias a Dios, y eso es una gran noticia», a que «nos morimos cada vez más viejos y cada vez mejor». ¿Qué decir? Tal vez la mejor respuesta se la ha dado en las redes sociales Julio Pérez, periodista de ‘El Faro de Vigo’ con un texto mínimo pero demoledor, que ayer había sido retuiteado en cerca de 10.000 ocasiones: «Mi padre, albañil, tiene 64 años. Lleva 47 cotizando. Con sus manos deformadas por el esfuerzo, el frío y el calor, no podría jugar al Candy Crush. No le queda otra que esperar a los 65 para evitar una pensión miserable. Lecciones, señora Celia Villalobos (6.000 €/mes), a otros».<br />
En este problema me temo que no caben las simplificaciones. No se puede cambiar el reglamento a mitad de partido. Ni se puede ‘generalizar’ respecto al tiempo trabajado y las expectativas de vida porque aunque estas últimas es obvio que aumentan año tras año, no lo hace el primer factor, es decir: la vida laboral de millones de españoles, a duras penas sorteando aún los vericuetos de una crisis económica y financiera de la que únicamente han sido víctimas, no responsables.<br />
Así que lo inquietante de las declaraciones de Celia Villalobos no es tanto la música (lo relativo al tiempo que se ‘disfruta’ la pensión) sino la letra: las alusiones explícitas a los planes de pensiones y a los fondos privados. Lagarto, lagarto. Cuando no te fías del uso que puede hacerse del dinero público desde el poder es cuando me entran los temblores y me acuerdo de la frase de Hermann Hesse que he citado más arriba. La pensión máxima en España (ahora) son 2.570 euros. Con lo que ella cobra como diputada por supuesto que querrá trabajar hasta los 80. Yo en su lugar tampoco lo dudaría.</p>
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		<title>Arte y jubilación</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Jan 2011 22:33:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Es obra de un artista famoso y aunque muchos lo desconocen, Cáceres cuenta con un monumento a la Paz y a la Concordia que fue inaugurado en julio de 2005 –con José María Saponi de alcalde– en la avenida de las Delicias, junto al residencial Infanta Isabel, cerca de donde fueron fusilados durante la Guerra [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Es obra de un artista famoso y aunque muchos lo desconocen, Cáceres cuenta con un monumento a la Paz y a la Concordia que fue inaugurado en julio de 2005 –con José María Saponi de alcalde– en la avenida de las Delicias, junto al residencial Infanta Isabel, cerca de donde fueron fusilados durante la Guerra Civil el alcalde socialista cacereño Antonio Canales y otras doscientas personas. El monumento, constituido por una escultura de metal con formas geométricas sobre base de granito, era una manera de recuperar la memoria histórica de ese lugar pero sin el lastre del rencor; al contrario, se ha convertido en un símbolo que pone fin a la leyenda del lugar y apuesta por la concordia, la paz y el futuro. </p>
<p>El autor de esa obra es uno de los creadores españoles de más prestigio del arte conceptual, Nacho Criado, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2008 y Premio Nacional de Artes Plásticas en 2009. Quince años antes de su muerte, que se produjo en abril de 2010, cuando el artista andaluz tenía 63 años de edad, Nacho Criado dirigió un taller de arte actual en la Fundación Guayasamín de Cáceres, hasta donde había llegado por su amistad con el escritor, editor y entonces responsable de la Sala El Brocense de la Diputación Provincial, Julián Rodríguez. </p>
<p>Otro extremeño, Fernando Castro Flórez, se encargó de subrayar durante la presentación pública del taller el valor de la obra de Nacho Criado, un artista, dijo, que «supo superar la banalidad» y que por aquellas fechas, finales de 1995, ya había estado presente en la Bienal de Venecia o en dos ocasiones con obras fundamentales en el Palacio de Cristal del Retiro madrileño. </p>
<p>Recuerdo que Nacho Criado reflexionó acerca del papel del artista, al que definió como «un nómada de lujo» y sostuvo que lo primordial es generar ideas. «El arte procede de la intuición y de la imaginación, pero tambien de la razón». Su punto de partida es preguntarse qué puede hacer un artista en esta época y a partir de ahí buscar una idea. «Lo que es importante», dijo entonces, «es localizar una idea, acotarla y buscar un depósito físico, para que esa idea tenga un comportamiento real, pero hay que buscarla con tranquilidad, con relax, no de una manera compulsiva». </p>
<p>Acaso porque aquellas reflexiones fueran demasiado abstractas o porque el prestigioso artista conceptual intuyera que no eran comprendidas en toda su profundidad por los periodistas que le estaban escuchando, puso algún ejemplo de sus métodos de trabajo para explicarse mejor. Nos enteramos entonces que varias de sus obras eran viejas maderas que había enterrado un tiempo en un cultivo de termes. El proceso de creación artística que había seguido lo resumió sin abstracciones, de forma sencilla: «La idea la he puesto yo, las termitas han colaborado». </p>
<p>Yo creía que el arte conceptual, por el que siento admiración, abarcaba un ámbito de actividad ajeno a la vida laboral de las personas. Compruebo que es una idea fallida. El Gobierno, forzado por los mercados, ¡oh, dioses, yo os saludo!, ha decidido que los trabajadores a partir de ahora deberán permanecer un mínimo de 38,5 años en el hormiguero para después ser liberados y gozar el júbilo de haber sobrevivido. Qué artistas.</strong><strong></strong></p>
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		<title>Más de cien velas</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Dec 2010 10:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Pocas cosas más inútiles en esta vida que la pasión por  el día final. No me refiero al Apocalipsis de los grandes efectos especiales ni a ese apocalipsis cotidiano que te puede deslumbrar en una oficina bancaria de Olot lo mismo que en la red española de carreteras durante el puente festivo o entre semana. «Si hubiera sabido que iba a vivir tanto tiempo me hubiera cuidado mejor», dijo León Eldred, no sabemos si con intención irónica o metafísica. Llegar a viejo está dejando de ser una hazaña y es casi un lugar común. De hecho, hay medios de comunicación en los que ya no se informa de manera especial sobre las personas que llegan a cien años. El listón cada día está más alto.</p>
<p>El director de cine portugués Manoel de Oliveira tiene 102 años y sigue dirigiendo películas. El arquitecto brasileño Oscar Niemeyer acaba de cumplir  103 años y está tan pimpante. En la inauguración de su fundación en Brasil un periodista le pregunta: «¿Fuma todavía, señor Niemeyer?» Y él responde: «Bueno, lo justo y necesario».</p>
<p>En contra de lo que pensaba Sigmund Freud –que creía que todos percibimos a los demás como mortales menos a nosotros mismos–, la demografía nos va quitando esa idea de la cabeza y empieza a dar síntomas de ‘overbooking’. Según los expertos, España va a terminar el año 2010 con más de 10.000 personas que habrán cumplido cien años de vida o más, incluidos los que se atraganten esta Nochevieja con las uvas.</p>
<p>A este ritmo, a los sindicatos quizás les parezca hasta razonable la jubilación a los 67 años si el personal se empeña en no doblar la servilleta hasta treinta y tantos años después.  Ya digo que empiezan a ser frecuentes los nonagenarios y centenarios dispuestos a dar batalla. Hace poco España despidió a Francisco Ayala, el autor de ‘Muertes de perro’ y ‘El jardín de las delicias’, cuando había cumplido los 103 años e iba embalado para los 104. No hace tanto el escritor, filósofo e historiador alemán Ernst Jünger se permitía impartir lecciones magistrales en la Universidad de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial cuando  contaba más de un siglo de vida. Murió dos semanas antes de cumplir los 103 años, y según la Wikipedia, «apenas unos meses después de haberse convertido a la fe católica», apostilla, por cierto, que yo creo que no debe malinterpretarse en el sentido de establecer una relación causal directa entre su paso religioso y el tránsito al otro mundo.</p>
<p>En fin, que aunque no lo parezca viendo las listas en las oficinas de empleo y algunos botellones en sus horas puntas, somos el segundo país del mundo en personas centenarias; supongo que contabilizando en la estadística a los jubilados ingleses, alemanes y de otros países europeos afincados en nuestras  zonas de costa.</p>
<p>«Teme a la vejez porque nunca viene sola», nos prevenía Platón tres o cuatro siglos antes de Cristo, aunque en tiempos de Platón es verdad que un hombre de treinta o cuarenta años era ya casi un anciano. De haber vivido en nuestra época Platón acaso hubiera formulado de otra manera su advertencia: «Teme a la vejez porque tendrás que seguir trabajando y ándate con ojo además para encontrar plaza en la residencia geriátrica». Aunque sea privada.</p>
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		<title>De la edad</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 22:55:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[La primera vez que una persona más joven que yo me llamó de usted, yo no había cumplido aún los veinte años. Aquel tratamiento, que ahora hubiera consolado al ministro de Educación, pesó en la moral de mi DNI como una losa. En ese instante envejecí una eternidad. «Malo», me dije, «cuando los que tú [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>La primera vez que una persona más joven que yo me llamó de usted, yo no había cumplido aún los veinte años. Aquel tratamiento, que ahora hubiera consolado al ministro de Educación, pesó en la moral de mi DNI como una losa. En ese instante envejecí una eternidad. «Malo», me dije, «cuando los que tú crees más pequeños o de edad similar se dirigen a ti como un adulto». Aquel «usted» marcó el abismo tras el que se precipita la juventud. Como una piedra Roseta sentimental, comencé a interpretar con otros ojos frases que hasta entonces no me parecía que iban conmigo: «En la infancia se vive, luego sólo se sobrevive». «Libertad para mi padre (cuarenta años en una fábrica)». </p>
<p>En 1997, a sus 87 años de edad, Norberto Bobbio era el pensador vivo más importante de Italia y acababa de publicar ‘De Senectute’, un libro que tomaba el título prestado del diálogo filosófico que escribió Cicerón en el año 44 antes de Cristo. En una entrevista que le hizo Pedro Corral en Roma para ‘Abc’, el intelectual italiano se quejaba de que «el viejo ha dejado de ser la quintaesencia del saber para convertirse en un marginado social». En esa obra, calificada por Corral como el testamento del intelectual y del hombre, Bobbio lanza un «rotundo alegato contra la marginación del anciano en nuestra sociedad y su manipulación a manos de la retórica consumista». Esa retórica que ha querido convencernos –empujada por el mercado– de que «lo viejo es bello» como compensación a que ya nadie percibe al viejo como el depositario del patrimonio cultural o como la persona sabia y virtuosa. </p>
<p>No hace mucho tiempo entrevisté al doctor José Manuel Cabezudo, jefe del Servicio de Neurocirugía del ‘Infanta Cristina’ y cuando le pregunté por sus retos más inmediatos me miró con sorpresa y dijo sin dudar: «Jubilarme. Ya soy un poco mayor. Yo creo que la jubilación es comprar tiempo. Jubilarse de enfermo es mala cosa, mala cosa». Se me quedó grabada la respuesta. El martes, este diario informaba sobre un estudio que desmiente que los trabajadores se depriman al retirarse. Ocurre todo lo contrario. La jubilación rejuvenece entre ocho y diez años. </p>
<p>A mí, que todavía me faltan etapas en esa carrera, me consuelan varias cosas: aún no he leído el libro de Bobbio; la capacidad es familia directa de la cronología, pero no hermana melliza –que se lo pregunten a Alberto Oliart– y, al cabo, todavía son muchos más a los que tuteo que a los que llamo de usted.</big></p>
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