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	<title>GRATIS TOTALLuis Landero &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Los libros de la vida</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Apr 2019 07:22:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Si me atuviera al imán de las efemérides, hoy 25 de abril, cuando se cumplen 45 años de la Revolución de los Claveles, esta columna tendría como banda sonora ‘Grândola, vila morena’, y estaría jalonada de recuerdos juveniles y de esperanzas políticas. Si me atuviera a las urgencias de la actualidad, tendría que hablar de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si me atuviera al imán de las efemérides, hoy 25 de abril, cuando se cumplen 45 años de la Revolución de los Claveles, esta columna tendría como banda sonora<a href="https://www.youtube.com/watch?v=gaLWqy4e7ls"> ‘Grândola, vila morena’</a>, y estaría jalonada de recuerdos juveniles y de esperanzas políticas. Si me atuviera a las urgencias de la actualidad, tendría que hablar de los debates electorales o incluso de mis ‘premoniciones’ acerca del 28-A, pero reconozco que ambos asuntos me resultan poco estimulantes, pues albergo más dudas que certidumbres y además desconozco la letra y la música que arrojarán las urnas.</p>
<p>Así que hoy pienso escribir, mi buen Yorick, de los libros. No porque el martes pasado celebrásemos esa jornada, sino porque todos los días son, sin excepciones, el día del libro y de la lectura. En el pequeño volumen ‘<a href="http://www.editorialperiferica.com/index.php?s=catalogo&amp;l=23">Sobre arte y literatura</a>’ que la cacereña Editorial Periférica dedicó a Joseph Joubert, –ese genio a cuyo rescate tuvo que acudir Chateaubriand– se lee: «Son pocos los libros que pueden gustarnos toda la vida. Hay algunos de los que nos cansamos con el tiempo, con el saber y con la sensatez». Qué verdad tan bien resumida.</p>
<p>Un buen libro es siempre como un buen amigo, pero igual que en la vida cotidiana podemos tener ‘saludados’, ‘conocidos’ y ‘amigos’, probablemente habremos frecuentado libros que se quedan en el escalón de los ‘saludados’ o ‘conocidos’ sin llegar a superar el listón reservado para las obras magnas o las buenas amistades. Cabe la posibilidad, incluso, de que esos buenos amigos –esos buenos libros– alcanzaran el título en épocas o circunstancias concretas, pero transcurrido el tiempo la excelencia que les atribuimos se haya erosionado en la memoria. En los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Acudo a las palabras de Luis Landero en una de las primeras entrevistas que le hice: «Yo fundamentalmente soy un lector y quizás en mis experiencias literarias lo más fuerte fueron las lecturas de mi adolescencia, porque como se lee entonces no se vuelve a leer ya nunca. Como se lee con 15, con 18 o incluso con 20 años no se vuelve a leer ya nunca más». La inocencia y la pasión lectoras nos hacen recordar algún libro con tanto desasosiego romántico que preferimos no volver a leerlo para eludir el riesgo de la desilusión.</p>
<p>Supongo que en ocasiones funciona también un sentimiento cercano a la superstición. Recuerdo que hace décadas, recién operado mi padre de un cáncer de laringe, mientras le acompañaba en el hospital comencé a leer ‘Pantaleón y las visitadoras’. Por suerte, abandonó el centro sanitario antes de que yo acabara de leer el libro, pero a partir de ese instante me resultó imposible retomarlo, quizás porque me parecía que era como volver al pasado o quizás porque lo identificaba con momentos de honda inquietud y preocupación familiar.</p>
<p>La dificultad mayor imagino que debe de ser seleccionar aquellos libros que nos gustan de forma perdurable. Y no porque nos reclamen criterio y juicio duraderos, sino porque comprobarlo nos exigiría emplear otra vida entera para releer todos los que recordamos, incluidos aquellos del anaquel ‘saludados’ y ‘conocidos’. De ‘Pantaleón…’, ni hablar.</p>
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		<title>La casa de Landero en Alburquerque</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jun 2018 14:18:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[EL 8 de abril de 2009 fui a Alburquerque para entrevistar a Luis Landero en su casa natal. En un recuadro-perfil característico de la serie ‘Zona de Paso’ que entonces firmaba en HOY, subrayé algunos detalles de la conversación: “«Esta es la casa de mi infancia», dice mientras nos franquea la puerta de una vivienda [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL 8 de abril de 2009 fui a Alburquerque para <a href="http://www.hoy.es/20090412/local/exito-mercancia-deleznable-mascaras-200904120941.html">entrevistar a Luis Landero</a> en su casa natal. En un recuadro-perfil característico de la serie ‘Zona de Paso’ que entonces firmaba en HOY, subrayé algunos detalles de la conversación: <strong>“«Esta es la casa de mi infancia», dice mientras nos franquea la puerta de una vivienda de dos plantas de la calle Calzada, cerca de la plaza de su Alburquerque natal. Al fondo, a la izquierda, en la vieja cocina, su madre le está preparando «una entomatá». Ella tiene 91 años, aunque parece más joven. Es muy cordial, con esa sencillez y naturalidad propia de quien no necesita fingir ni aparentar”</strong>.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-817 size-full" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12.jpg" alt="landero-12" width="3104" height="2072" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12.jpg 3104w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12-768x513.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12-1024x684.jpg 1024w" sizes="(max-width: 3104px) 100vw, 3104px" /></a></p>
<p>Recuerdo que el fotógrafo Lorenzo Cordero y yo seguimos a Landero por la semipenumbra del pasillo enlosado hasta llegar a la luz deslumbrante del patio y subir por la escalera encalada que conducía a una habitación con pavimento de baldosas hidráulicas y ese mobiliario mestizo tan familiar en las casas de la Extremadura rural que siguen conservando el sabor del ayer.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-818 size-full" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02.jpg" alt="landero-02" width="3104" height="2072" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02.jpg 3104w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02-768x513.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02-1024x684.jpg 1024w" sizes="(max-width: 3104px) 100vw, 3104px" /></a></p>
<p>El pasado domingo, en la sección Cartas a la Directora, el lector Fernando García Rodríguez daba la voz de alarma desde Madrid: ‘La casa natal de Landero, a la venta’. En su escrito recuerda que el Ayuntamiento de Alburquerque, “a través del servicio de Turismo y Tauromaquia de la Diputación de Badajoz, ha creado una ruta turística-cultural dedicada al escritor, que recorre algunos de los lugares en los que se desarrolló la vida de Landero, incluyendo la casa donde nació. Creo que sería una oportunidad para Extremadura convertir esa vivienda en una casa- museo que preserve los recuerdos y el legado personal del escritor más notable de Extremadura y uno de los más reconocidos de España”.</p>
<p>Subraya también la importancia de conservar una casa centenaria con la arquitectura propia de la zona y apunta casos similares en los que las administraciones “han rescatado de un seguro olvido casas de artistas o escritores que, de otro modo, hubieran desaparecido. La casa de Gustavo Adolfo Bécquer, en Noviercas (Soria), en las que pasó largas temporadas el poeta, y que fue rehabilitada por el Ayuntamiento de la localidad; o la de Luis Cernuda en Sevilla, comprada por el consistorio de la capital andaluza”.</p>
<p>Tiempo le ha faltado a la <a href="http://www.revistaazagala.org/index.php/2018/06/12/proponen-comprar-la-casa-natal-de-luis-landero-para-fomentar-el-turismo/">revista ‘Azagala’ de Alburquerque</a> para sumarse a la reivindicación, dando por hecho, eso sí, que la situación económica del Ayuntamiento de la villa obligará a la Junta de Extremadura a tomar la iniciativa para convertir esa vivienda “en una especie de centro de interpretación de la obra de nuestro más insigne paisano, Luis Landero”.</p>
<p>Porque esta casa de Alburquerque no es solo la de la infancia nutricia de ‘El balcón en invierno’ sino el territorio, “el breve microcosmos” –como el propio Landero esboza magistralmente en ‘Esta es mi tierra’– donde conoció en sus primeros años “casi todo cuanto hay que conocer en la vida: la felicidad, el dolor, el amor, el miedo, la amistad, el lenguaje…”. Otro símbolo de la cultura y la historia de esta región que no debemos ceder a la incuria o al olvido.</p>
<p>FOTOS: LORENZO CORDERO</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Mis cinco libros</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Apr 2015 11:27:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En abril, libros mil. Tiempo de recomendaciones y recuentos. ‘Territorios’, el suplemento cultural de ‘El Correo’, pide a escritores, editores, libreros y profesores que seleccionen cada uno las cinco obras que, a su juicio, deben leer los jóvenes antes de la mayoría de edad. Algunos títulos se repiten en los cánones sugeridos. Medito acerca de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En abril, libros mil. Tiempo de recomendaciones y recuentos. ‘Territorios’, el suplemento cultural de ‘El Correo’, pide a escritores, editores, libreros y profesores que seleccionen cada uno las cinco obras que, a su juicio, deben leer los jóvenes antes de la mayoría de edad. Algunos títulos se repiten en los cánones sugeridos. Medito acerca de cuáles seleccionaría yo. Es complejo limitarse a solo cinco obras, pero ahí van: ‘La isla del tesoro’, ‘Crimen y castigo’, ‘Cien años de soledad’, las ‘Narraciones extraordinarias’ de Poe y ‘El lazarillo de Tormes’.<br />
Creo que otras obras maestras, por ejemplo la poesía de Bécquer o de Machado, ‘El Quijote’, ‘Luces de Bohemia’, ‘La Regenta’, ‘Fortunata y Jacinta’&#8230; son imprescindibles también en cualquier canon, pero no sé si necesariamente en la primera juventud. ‘Quizás ‘La metamorfosis’ de Kafka o ‘Madame Bovary’ sean más ‘provechosas’ para un lector formado, para una sensibilidad lectora educada en los matices. O tal vez no, y lo  aconsejable sería dejarse llevar por el cataclismo de esas peripecias literarias que nos sacuden como aguas turbulentas.<br />
La lectura fluye en el río de Heráclito. Nunca somos el mismo lector que ayer ni leemos, aunque se trate de idéntico título, el mismo libro. Recuerdo que en 1996 le pregunté al novelista Luis Landero por sus reflexiones en torno a la lectura: «Yo fundamentalmente soy un lector y quizás en mis experiencias literarias lo más fuerte fueron las lecturas de mi adolescencia, porque como se lee entonces no se vuelve a leer ya nunca. Como se lee con 15, con 18 o incluso con 20 años no se vuelve a leer ya nunca más. Toda la sabiduría que puede tener un profesor, que puede tener un lector adulto, toda esa finura mental, todas las destrezas intelectuales, no es absolutamente nada comparado con la sabiduría y la inocencia de un chaval de 17 años que devora un libro y se apropia de un texto con una plenitud y una pasión extraordinarias».<br />
Por eso en mi selección de los cinco libros  supongo que pervive el recuerdo de aquella conmoción iniciática que supuso leer ‘La isla del tesoro’ identificado en el espejo del valiente Jim Hawkins, capaz de sobreponerse  a peligros inquietantes y embarcarse en la Hispaniola. O los vericuetos psicológicos y desasosiegos del Raskolnikov que tuvo que dejar de estudiar y asesina a la vieja usurera en una Rusia que Dostoievsky describe con  realismo universal y válido para cualquier época porque en ‘Crimen y castigo’ más que la geografía de un país importa la del alma humana. La misma pasión y conmoción que me produjo ‘Cien años de soledad’ y el Macondo de los Buendía, una de las pocas novelas que comencé a leer nada más terminar la primera lectura, entre otras razones para ir elaborando un árbol genealógico que sirviera a sucesivos lectores&#8230; Con las ‘Narraciones extraordinarias’ de Edgar Allan Poe llegué a pasar miedo y con ‘El lazarillo de Tormes’ reí, me emocioné, reflexioné sin ser consciente de hacerlo y viajé a una España cuyos ecos se percibían entonces y creo que aún resuenan. Cinco libros, en fin, que ayudan a crecer y a conocer la vida.</p>
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		<title>Dentro o fuera</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Oct 2012 20:28:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Anoche se entregaron en Plasencia los premios Extremeños de HOY en reconocimiento a la trayectoria de personajes tan relevantes como Reyes Abades, especialista en efectos especiales; Antonio Huertas y Antonio Núñez, que ocupan la presidencia y la vicepresidencia, respectivamente, de Mapfre, y Victorino Martín, que aunque no nació en Extremadura lleva medio siglo afincado en [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Anoche se entregaron en Plasencia los premios Extremeños de HOY en reconocimiento a la trayectoria de personajes tan relevantes como Reyes Abades, especialista en efectos especiales; Antonio Huertas y Antonio Núñez, que ocupan la presidencia y la vicepresidencia, respectivamente, de Mapfre, y Victorino Martín, que aunque no nació en Extremadura lleva medio siglo afincado en la región.<br />
En el caso de los tres primeros, extremeños de nacencia, el éxito les ha llegado tras abandonar los límites de la tierra donde vieron la luz. Es una circunstancia comprensible: Extremadura nunca ha estado densamente poblada ni ha contado con tal variedad de opciones vitales y económicas que hicieran desaconsejable el camino de la emigración. Es así desde la Edad Media, casi desde los tiempos en que las fronteras de la reconquista iban desplazándose desde las tierras por encima del Tajo hasta las de más al sur del Guadiana.<br />
Recuerdo que durante mi infancia, a pesar de la encendida retórica que identificaba a Extremadura como «tierra de conquistadores» la idea de la emigración siempre se vinculaba a una decisión triste, de desarraigo, a una circunstancia forzada por la penuria económica, no por el entusiasmo patriótico de conquistas lejanas&#8230; Desde niño uno comprendía enseguida que emigrar era en la mayoría de los casos una mala solución o la forma de sortear esas trampas que te tiende la vida aunque tú no quieras.<br />
Conservo como oro en paño el libro ‘Guía secreta de Extremadura’, del gran Víctor Chamorro, en cuya portada figura la estatua ecuestre de Pizarro en Trujillo al que sigue una cola de resignados extremeños con sus maletas camino de la emigración&#8230; Ambos conceptos (conquistadores y emigrantes) unidos en esa imagen que es algo más que una metáfora: la plasmación visual de aquella frase que identificaba a España durante el régimen anterior  con «una unidad de destino en lo universal». Los de más edad seguro que saben a qué me refiero&#8230;<br />
Es verdad que Extremadura lleva siglos sin conseguir dotarse de una estructura económica que frene la sangría de la emigración, aunque ahora en vez de aportar mano de obra barata para otros países y otras regiones lo que ofrezca son jóvenes titulados  con posibilidad de acceder a mejores empleos que los que tuvieron que aceptar sus abuelos o sus padres.<br />
¿Quiere eso decir que nada ha cambiado? Por supuesto que no. Extremadura es ahora muchísimo mejor que hace diez años. Y hace diez años era mejor que hace veinte y  hace veinte mejor que hace treinta.<br />
La diferencia es que ahora, con todas  las limitaciones que se quiera,  hay dos proporciones que han variado: la de los que triunfan fuera de la región –bastante más numerosos que décadas atrás– y la proporción de los que triunfan sin necesidad de coger la maleta y marcharse lejos. Sigue habiendo muchos Luis Landero o Javier Cercas que alcanzan el éxito lejos de su tierra, pero cada día son más también aquellos a los que el triunfo les saluda trabajando en su casa de siempre. Otra cosa es que sepamos (y reconozcamos) que viven entre nosotros.</p>
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