<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>GRATIS TOTALmemoria &#8211; GRATIS TOTAL</title>
	<atom:link href="https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/tag/memoria/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez</link>
	<description>Juan Domingo Fernández</description>
	<lastBuildDate>Sun, 10 Jul 2022 12:27:35 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Aficiones y razón</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2020/01/23/aficiones-y-razon/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2020/01/23/aficiones-y-razon/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 23 Jan 2020 10:01:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[colecciones]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Giuseppe Tornatore]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[infancia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[literatura]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[obsesiones]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[política]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Susan Sontag]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[tebeos]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=1020</guid>
		<description><![CDATA[Cuando yo era chico el coleccionismo formaba parte de la cotidianidad. Los días de la infancia venían marcados por los juegos en la calle, los amigos y las colecciones. Colecciones de cualquier cosa. Desde canicas (‘bolindres’ en Extremadura) a cromos dedicados a la naturaleza, a países o monumentos artísticos. Colecciones caseras de chapas de botella [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando yo era chico el coleccionismo formaba parte de la cotidianidad. Los días de la infancia venían marcados por los juegos en la calle, los amigos y las colecciones. Colecciones de cualquier cosa. Desde canicas (‘bolindres’ en Extremadura) a cromos dedicados a la naturaleza, a países o monumentos artísticos. Colecciones caseras de chapas de botella con las que organizábamos carreras de ciclistas en las aceras de la plaza (a cada chapa se le asignaba el nombre de un corredor famoso), hasta un álbum de plástico donde había que fijar las siluetas de las provincias españolas, –iban dentro del envoltorio de las chocolatinas– afición que ayudaba a memorizar, de un vistazo, el perfil característico y la posición de cada una de las provincias en el mapa nacional. Recuerdo que también coleccionábamos cajas de cerillas o fósforos con imágenes de toreros, de trajes regionales, de futbolistas; sellos de correos; cartuchos de caza (los de los portugueses que venían durante el verano a las tórtolas en Los Carrascos, cerca de Ibahernando, eran muy apreciados, por su rareza); tebeos de ‘El Capitán Trueno’, de ‘El Jabato’, de ‘Hazañas Bélicas’, de ‘Supermán’… (antes de que se popularizaran los de Tintín y los de Astérix). Conozco a personas mayores que también reunían vistosas colecciones de vitolas de puros, paquetes de tabaco, monedas, cachimbas, insignias de solapa, plumas estilográficas, abrecartas, marcapáginas, calendarios de bolsillo, aperos de labranza en miniatura e incluso colecciones de llaveros.</p>
<p>En mi caso, enseguida pasé de la afición infantil y juvenil por ‘El Jabato’ y ‘El Capitán Trueno’ a la pasión por los libros, que siguen colonizando, mudanza tras mudanza, las estanterías de mi casa. Como suele ocurrirle a quien reúne bibliotecas con varios miles de ejemplares, no he leído la totalidad de los que conservo, pero jamás he renunciado a la aspiración melancólica de hacerlo en el futuro. Ahora bien, lo que no se me ocurrirá es proclamar aquella frase de George Burns que sí podría repetir –aunque sin el humor del cómico americano– alguno de nuestros políticos actuales: «Este es el sexto libro que escribo, lo que no está nada mal para un tipo que solo ha leído dos». Por ahí no me pillan.</p>
<p>Supongo que existen colecciones que nacen como una afición o entretenimiento y terminan por convertirse en verdadera obsesión. Tal vez un personaje que encarna perfectamente dicho trastorno es el que interpreta Geoffrey Rush en la película ‘La mejor oferta’, de Giuseppe Tornatore: un veterano experto en arte, agente de subastas, maniático y solitario, cuyo paraíso secreto está limitado por las cuatro paredes de la sala donde atesora una abigarrada colección de retratos de mujeres. Un personaje que desborda, incluso, al que Susan Sontag describe en ‘El amante del volcán’: «El auténtico coleccionista no está atado a lo que colecciona, sino al hecho de coleccionar».</p>
<p>Estoy convencido de que cualquier afición, para que resulte placentera, reclama cierto grado de intensidad. Pero apostar por aficiones que nos deslizan al precipicio de la pasión obsesiva –a título individual o como sociedad– equivale a transitar desde el entusiasmo al sufrimiento; desde la libertad, al infierno de las adicciones. Sean juegos, sueños o emociones políticas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2020/01/23/aficiones-y-razon/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1020</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Esbozo de agradecimiento</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/05/16/esbozo-de-agradecimiento/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/05/16/esbozo-de-agradecimiento/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 16 May 2019 07:22:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[lector]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[literatura]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=953</guid>
		<description><![CDATA[Recuerdo que muchos libros han llegado a mi vida por azar, y en otros casos por recomendación de personas que no olvido. Si Borges tiene razón cuando dice que él es todos los autores que ha leído, toda la gente que ha conocido, todas las mujeres que ha amado… en mi memoria de lector supongo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo que muchos libros han llegado a mi vida por azar, y en otros casos por recomendación de personas que no olvido. Si Borges tiene razón cuando dice que él es todos los autores que ha leído, toda la gente que ha conocido, todas las mujeres que ha amado… en mi memoria de lector supongo que estarán registradas no solo las peripecias de los personajes –de Ulises a Jim Hawkins, de Aureliano Buendía a Raskolnikov– sino las circunstancias íntimas en que habité esos universos inmateriales de la imaginación. A ratos estoy convencido de que es así porque podría recrear con detalle las horas veraniegas en que leí (ya por gusto, no por obligación) el ‘Quijote’; reconstruir también el deslumbramiento amoroso y la pasión que imaginaba en los versos de ‘La voz a ti debida’, de Pedro Salinas, o en el retrato inquietante de ‘Madame Bovary’. La emoción de la vida en un pueblo que tan bien traza Delibes en ‘El camino’; el descenso de ‘Pedro Páramo’ a Comala; las porfías filosóficas, los laberintos, la imaginación de todos los libros de Borges en aquellos pequeños volúmenes de Alianza Editorial. La vida en el colegio militar Leoncio Prado de ‘La ciudad y los perros’, de Vargas Llosa (poco antes, precisamente, de la mili); el talento fulgurante de Felipe Núñez y su ‘Leticia va del laberinto al treinta’. Las lecturas ‘vacacionales’ de Agatha Christie, en cuyas novelas me sumergía con la liberación de haber finalizado los exámenes y saber que me aguardaban páginas donde no había nada que subrayar, puro disfrute y evasión mental. El atlas de la literatura. Una lista interminable.</p>
<p>Sin embargo, a veces no aflora el recuerdo del lugar exacto, la estación del año o el espíritu con que leímos determinado libro, pero asoma imborrable el nombre de quien nos encareció su lectura. ¿Por qué este libro sí y aquel otro no? Misterios de la memoria, siempre selectiva. Entre las guías primigenias, la propia familia. Antes que la película, recuerdo a mi madre leyéndonos pasajes del ‘Marcelino, pan y vino’ que se publicaba por capítulos en el periódico. La primera vez que oí hablar de César Vallejo fue a Juan Fernández Figueroa (entonces convaleciente en Trujillo) preparando el número especial que la revista ‘Índice de Artes y Letras’ dedicó al poeta peruano. A Luis Valdesueiro le debo el hallazgo de Laurence Sterne y su ‘Tristram Shandy’; a José Antonio González-Haba el descubrimiento –hace más de 40 años– de Joan Margarit, el poeta que, paradójicamente, ha contribuido a la recuperación póstuma del autor extremeño, fallecido en 2009. Gracias a Álvaro Valverde conocí las obras de Ángel Campos y de José Antonio Muñoz Rojas. Y gracias a Miguel Ángel Lama y al propio Á. Valverde, los libros de bastantes poetas y creadores de nuestros días. Estoy en deuda con Andrés Trapiello por su ‘Salón de pasos perdidos’ y su ‘rescate’ de Chaves Nogales. Confieso mi deuda con el profesor y escritor José Luis García Martín por el oro de sus diarios y su compromiso con una crítica literaria digna de tal nombre. En fin, la relación da para un libro.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/05/16/esbozo-de-agradecimiento/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>953</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>El ritmo de la máquina</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/02/28/el-ritmo-de-la-maquina/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/02/28/el-ritmo-de-la-maquina/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 28 Feb 2019 08:21:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA['brexit']]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA['procés']]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Bauman]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cristina Cifuentes]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[democracia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[españa]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[historia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Josep Pla]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Joubert]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[medios de comunicación]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[política]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Santiago Molina Ruiz]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Silvia Clemente]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=907</guid>
		<description><![CDATA[Entre las circunstancias de la ‘modernidad líquida’ (Bauman) en que habitamos, son muy reconocibles el individualismo, la caducidad de los valores y el ritmo vertiginoso de los cambios. Empezando por la velocidad con que sucumben en la memoria algunos problemas que ayer nos parecían insalvables y hoy apenas recordamos. Lo volátil de los hechos y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre las circunstancias de la ‘modernidad líquida’ (Bauman) en que habitamos, son muy reconocibles el individualismo, la caducidad de los valores y el ritmo vertiginoso de los cambios. Empezando por la velocidad con que sucumben en la memoria algunos problemas que ayer nos parecían insalvables y hoy apenas recordamos. Lo volátil de los hechos y el ritmo cada vez más acelerado de los acontecimientos que imponen los medios de comunicación (incluidas las redes sociales) favorecen una ‘construcción’ laberíntica de la realidad. De tal modo que, para enjuiciar con detalle contenciosos como el ‘brexit’ o el ‘procés’, por ejemplo, son precisos miles de datos y estudios tan prolijos que en unos cuantos meses han generado documentación suficiente para competir, en espacio, con la colección completa de la Enciclopedia Británica. Realidades complejas, poliédricas y cambiantes. Es una sensación que entiende muy bien cualquier espectador que siga estos días, sin ir más lejos, la retransmisión en directo del juicio por el 1-O en el Tribunal Supremo. Un ovillo del que resulta difícil precisar el color y más aún la punta del hilo, para desenredarlo y tirar de él…</p>
<p>No obstante, si hay que acudir a un episodio que ilustre de forma paradigmática el ritmo vertiginoso de los sucesos en nuestra modernidad líquida, ahí está el paso de Silvia Clemente desde su condición de expresidenta de las Cortes de Castilla y León en las filas del PP a su condición de participante en las primarias de Ciudadanos para optar, como independiente con la marca naranja, a la presidencia de la Junta de Castilla y León. Un giro sin solución de continuidad. Ayer bajo unas siglas y hoy bajo otras; sin vértigo, en cabeza.</p>
<p>La política solo es un ejemplo, acaso de los más visibles por la atención mediática que recibe. Pero la modernidad líquida, como es sabido, se extiende por todos los ámbitos de la sociedad. Probablemente la vida de nuestros abuelos estaba pautada por fotografías en momentos contados: primera comunión, el paso por la escuela, ¿tal vez la mili?, la boda… En nuestros días ese pespunteo de imágenes se ha convertido en una orgía de selfis que en el mejor de los casos pululan en la nube o se perderán en la nada digital. Apenas fragmentos que nos permiten descubrir a qué ritmo avanza la máquina. En términos de actualidad, el ‘caso Cristina Cifuentes’ podría parecer algo del siglo pasado, si no fuera porque la Fiscalía acaba de solicitar para ella tres años y tres meses de prisión por inventarse un máster, por inducir, «a sabiendas», la falsificación del acta que acreditaba haber hecho el trabajo de postgrado. El bucle del tiempo.</p>
<p>Dice Joubert que la memoria «es un espejo que guarda, y guarda para siempre. En él no se pierde nada, ni nada se borra. Pero se empaña y no se ve nada». ¿Quién se acuerda de Pla? Del paño de la ocultación y del ninguneo al escritor ampurdanés por parte de las instituciones catalanas de su época, <a href="https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20190226/pla-preso-politico-omnium/379082090_12.html">escribe</a> esta semana justamente el periodista Santiago Molina Ruiz. Claroscuros político-culturales. Sospecho que la modernidad líquida planta a diario un bosque de sombras.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2019/02/28/el-ritmo-de-la-maquina/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>907</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Imágenes y el poder de los recuerdos</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/04/05/imagenes-y-el-poder-de-los-recuerdos/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/04/05/imagenes-y-el-poder-de-los-recuerdos/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 05 Apr 2018 18:51:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Antonio Machado]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[antropología]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[españa]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Fotografía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[historia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[patrimonio cultural]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=785</guid>
		<description><![CDATA[ANTES que una imagen, una foto es un recuerdo: el del instante único detenido en el tiempo. Pero como sostiene el adagio popular, los mejores recuerdos no están en las fotos, están en nuestro corazón. Cualquiera que haya revisitado con más o menos frecuencia los álbumes de las viejas fotos descubre enseguida que las emociones [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>ANTES que una imagen, una foto es un recuerdo: el del instante único detenido en el tiempo. Pero como sostiene el adagio popular, los mejores recuerdos no están en las fotos, están en nuestro corazón. Cualquiera que haya revisitado con más o menos frecuencia los álbumes de las viejas fotos descubre enseguida que las emociones adictivas, la adrenalina sentimental las generan antes que las fotos en sí, la estirpe de pequeños detalles que se despliegan ante nuestra memoria al contemplar las imágenes: la mañana en la playa, el primer viaje a Lisboa, la fiesta de cumpleaños&#8230;<br />
Una de las aportaciones indiscutibles del progreso ha sido la popularización de la fotografía. Desde el pasado siglo, cuando empezaron a ser habituales los daguerrotipos y los retratos de los antepasados decorando las estancias principales de las viviendas hasta las coloristas fotos de bodas, primeras comuniones y retratos de graduación que han ido allanando el camino para los álbumes de familia, la videoteca y ahora los archivos digitales en ordenador, tabletas y móviles.<br />
Antes de llegar a esta apoteosis icónica que caracteriza nuestro día a día, la sociedad transitó por etapas menos voraces a la hora de producir y ‘consumir’ imágenes, aunque me parece que plasmar símbolos, recoger instantes, ‘detener’ el tiempo ha sido sin embargo una necesidad consustancial al hombre. Y no me refiero a la existencia de grabados, dibujos, estampas, pinturas, bajorrelieves&#8230; que desde la noche de los tiempos en la cueva de Maltravieso hasta la ultimísima cámara digital dan cuenta de nuestro paso como especie por estos andurriales.<br />
«El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve», escribió Machado. Del mismo modo, parafraseando el argumento, puede concluirse que cuando observamos una foto su valor no lo determina el hecho de que se trate de una imagen en abstracto sino el hecho de ser testimonio de una realidad cargada de sentido, de emociones, de sugerencias; un mensaje que nuestra memoria puede ‘descodificar’ y hacer llegar al corazón.<br />
Y no hablo de experiencias únicamente individuales. Así como las familias a medida que crecen y se ramifican en sucesivas generaciones convierten a veces el viejo álbum de fotos en su más devoto ‘patrimonio’ y capital (cuántos casos atestiguan que tras incendiarse una vivienda el bien que más duele perder son las fotos y los recuerdos personales), en la sociedad, decía, ocurre algo por el estilo.<br />
La prueba es que durante las últimas décadas, con el éxodo masivo a las ciudades y la despoblación progresiva de muchos pueblos, se convirtieron en auténticos superventas esos libros de historia y costumbres locales generosamente ilustrados con fotos cedidas por los propios vecinos. A mitad de camino entre lo antropológico y la intrahistoria unamuniana, dichos libros cumplen el doble papel de ser ‘la voz de la tribu’ y de conservar las señas de identidad de muchas generaciones de personas antes de que el tiempo y las circunstancias de la vida las convierta en pasto del olvido. En imágenes mudas. El valor, en fin, de los recuerdos capaces de emocionarnos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2018/04/05/imagenes-y-el-poder-de-los-recuerdos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>785</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Nostalgias</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2015/05/22/nostalgias/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2015/05/22/nostalgias/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 22 May 2015 17:55:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Basilio Martín Patino]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[crisis económica]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[juventud]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Manuel Vázquez Montalbán]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Marcel Proust]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[nostalgia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[recuerdos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[redes sociales]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[sentidos]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=535</guid>
		<description><![CDATA[Los sentidos son las vías de conexión con la memoria. A través de ellos nuestro cerebro almacena recuerdos de música, sabores, imágenes, sensaciones y olores que perfilan nuestra cartografía emocional. A Marcel Proust, el sabor y el aroma de la famosa magdalena no solo le devolvieron el recuerdo de los viajes durante su infancia a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los sentidos son las vías de conexión con la memoria. A través de ellos nuestro cerebro almacena recuerdos de música, sabores, imágenes, sensaciones y olores que perfilan nuestra cartografía emocional. A Marcel Proust, el sabor y el aroma de la famosa magdalena no solo le devolvieron el recuerdo de los viajes durante su infancia a casa de la tía Leoncia, sino que le abrieron de par en par las puertas a la avalancha evocadora de ‘En busca del tiempo perdido’. ¿Quién no ha vivido ese instante maravilloso en que al escuchar una determinada melodía o paladear un sabor ha tenido que contener las lágrimas por la emoción? Y quien dice un sabor o un olor puede decir las sensaciones de unas viejas imágenes o el tacto inconfundible de un abrazo o de unas manos acariciadas.<br />
Somos memoria porque los sentidos nos regalan recuerdos. Ocurre en lo personal y en lo colectivo. A veces el ritmo de la vida nos empuja a vivir el presente con una intensidad digamos que frenética, como si no hubiera mañana ni pasado. Supongo que los sociólogos conocerán bien el fenómeno y habrá estudios que lo analicen de forma sistemática. Yo identifico esas etapas con una especie de ‘adolescencia’ social donde importa más el vértigo de la prisa, el mero crecimiento, el ensimismamiento, que la mirada sosegada y nostálgica. Viví esa sensación, por ejemplo, durante los primeros años de nuestra Transición política, cuando películas como <a href="http://www.basiliomartinpatino.org/filmografia/canciones-para-despues-de-una-guerra/" target="_blank">‘Canciones para después de una guerra’</a> de Basilio Martín Patino o libros como ‘Crónica sentimental de España’, de Manuel Vázquez Montalbán, hacían que se esfumara el espejismo del presente para que nos atropellara la avalancha de la nostalgia. Del anteayer y del ayer mismo.<br />
Imagino que debe de ser la misma nostalgia evocadora que hizo triunfar después las series televisivas ‘Crónicas de un pueblo’, ‘Verano azul’ o más recientemente ‘Cuéntame’. De la adolescencia a la madurez. Cada generación al llegar a cierta edad se recrea en una mirada al pasado, y a ser posible en una mirada sin ira.<br />
En las redes sociales es un fenómeno con miles de seguidores. Miles de usuarios de facebook o twitter que disfrutan con las canciones antiguas subidas a internet por los coleccionistas de vinilos, o miles de ciudadanos de cualquier provincia que disfrutan con las imágenes de rincones y edificios a los que la piqueta del desarrollismo condenó a una muerte conmutada ahora por el viejo álbum de fotos&#8230; La industria de la nostalgia. Muchos de esos blogs o sitios web especializados se están convirtiendo en ágiles naves para viajar por el túnel del tiempo y recrearnos, ¡ay!, en el ayer. ¿Puro costumbrismo? Quizás algo más. En España se puede pasar ahora sin solución de continuidad de los versos de Rodrigo Caro: «Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora / campos de soledad, mustio collado, / fueron un tiempo Itálica famosa» a los episodios más contemporáneos de ‘El ministerio del tiempo’.<br />
Un viaje personal y colectivo. Sí. Como el de esos jóvenes –miles de ellos en el extranjero– nostálgicos de un país con horizontes  más esperanzadores y atmósfera de hogar.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2015/05/22/nostalgias/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>535</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>El túnel del tiempo</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2015/03/13/el-tunel-del-tiempo/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2015/03/13/el-tunel-del-tiempo/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 21:23:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Archivos digitales]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[fotografías]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[recuerdos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Richter]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[vídeos]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=518</guid>
		<description><![CDATA[La vida sin recuerdos sería inconcebible. Literalmente una página en blanco, un álbum de fotos vacío. La filosofía, la literatura, las artes en general son un buen remedio contra el discurrir implacable del tiempo. En la historia, la popularización de la fotografía representa un instrumento extraordinario para que la memoria familiar –siempre la más cercana [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La vida sin recuerdos sería inconcebible. Literalmente una página en blanco, un álbum de fotos vacío. La filosofía, la literatura, las artes en general son un buen remedio contra el discurrir implacable del tiempo. En la historia, la popularización de la fotografía representa un instrumento extraordinario para que la memoria familiar –siempre la más cercana y la más íntima– se convierta en patrimonio sentimental de altísimo valor. De manera especial en nuestra época, inmersos en la sociedad de la imagen y donde en cualquier hogar se multiplican las fotografías, los vídeos y otros archivos analógicos y digitales. Ahí quería llegar yo.<br />
Los expertos nos previenen sobre la fragilidad de los soportes utilizados para almacenar fotos, documentos, música, vídeos&#8230; Recuerdos. Un reportaje publicado en estas mismas páginas nos avisa del riesgo: grabar imágenes y textos en cedés o discos duros no los convierte en eternos. Ni siquiera guardarlos en la nube. ¿Quién no olvidó algún ‘archivo’ en sistemas o soportes ya obsoletos? Ante los avances en almacenamiento y grabación, el consejo de los expertos es clarísimo: hacer cuantas más copias mejor y en cada nuevo sistema que vaya surgiendo.<br />
Hasta ahí los retos técnicos. Pero a mí me inquieta sobre todo el fondo del asunto. Creo que convivimos con tal cantidad de imágenes que el hombre de nuestra época puede prescindir de bastantes de ellas porque son en esencia intrascendentes, pura banalidad. Lo más probable no es que puedas prescindir de ellas sino que debes hacerlo para impedir que colapse tu capacidad de absorción. ¿Quién no limpia cada equis tiempo las incontables chorradas que recibe por wasaps, los correos basura que colmatarían tu cuenta o las tarjetas de la cámara fotográfica? No me refiero a todos los archivos analógicos o digitales. A mí las imágenes y testimonios que de verdad me preocupa que se pierdan en el tiempo «como lágrimas en la lluvia» son las fotos o los vídeos que cuentan el paraíso de la infancia, los juegos de la niñez, las peripecias de la juventud, las pasiones y desvelos y alegrías de la vida; de esa cadena que es el día a día y que todos de una manera o de otra resumimos en las colecciones de imágenes y documentos que pueblan los álbumes. Imágenes palpables, físicas, que poseen ahora la misma consistencia que el souvenir de aquel viaje inolvidable o del cuaderno donde escribiste aquella extensa y definitiva declaración de amor. Son los recuerdos que temería perder, los que me dolería que se desvanecieran.<br />
Si lo que no se dice no existe, tampoco si desaparece la música callada de las imágenes. La memoria es muy tramposa. Yo creo que a veces tiene que ser reprendida por la veracidad de la imagen. Nada mejor que un viejo álbum de fotos para devolvernos la precisión de la verdad, aunque sea una verdad  inmóvil, como la del insecto apresado en una gota de ámbar de hace millones de años. Dice el alemán Richter que los recuerdos son el único paraíso del que no podemos  ser expulsados. Cuidemos el álbum de fotos. No dejemos que nos tergiversen los recuerdos ni que nos expropien la memoria.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2015/03/13/el-tunel-del-tiempo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>518</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Aquellos 18 de Julio</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2014/07/18/aquellos-18-de-julio/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2014/07/18/aquellos-18-de-julio/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 18 Jul 2014 19:35:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA['Alzamiento Nacional']]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[España. 18 de Julio]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[historia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[nacionalismos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[pasado]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[sublevación militar]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=465</guid>
		<description><![CDATA[En España, durante décadas, la fecha que hoy marca el calendario representaba mucho más que un día del mes, representaba un símbolo de la historia, una cifra fundacional siempre presente. Durante décadas el 18 de Julio (así, con mayúscula) fue día festivo nacional, sirvió para bautizar una paga extra, dio nombre a hospitales, cooperativas, hermandades, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En España, durante décadas, la fecha que hoy marca el calendario representaba mucho más que un día del mes, representaba un símbolo de la historia, una cifra fundacional siempre presente. Durante décadas el 18 de Julio (así, con mayúscula) fue día festivo nacional, sirvió para bautizar una paga extra, dio nombre a hospitales, cooperativas, hermandades, ambulatorios, centros públicos diversos y constituía en sí mismo un sinónimo perfecto del Régimen (también con mayúscula).<br />
En 2006, cuando se cumplieron 70 años del denominado ‘Alzamiento nacional’, algunos periódicos encargaron encuestas para evaluar el grado de conocimiento de aquellos hechos entre la población actual. Hubo datos sorprendentes: según la encuesta de ‘El Mundo’, por ejemplo, la mitad de los españoles consideraba en 2006 que la sublevación militar del 18 de julio de 1936 contra la II República fue ‘un golpe de Estado’ carente de justificación, mientras que uno de cada tres encuestados creía que fue una sublevación justificada por los episodios de caos y violencia vividos entonces.  La encuesta publicada por ‘El País’ revelaba, entre otras circunstancias llamativas, que «sólo el 4,4% admite que el 18 de julio le inspira sentimientos positivos; para el 61% son negativos» y que «un 17% teme que ahora podría repetirse un golpe de Estado como el de 1936». Ese último dato impresiona, visto con perspectiva y teniendo en cuenta que España llevaba ya, cuando se realizó el sondeo, dos décadas de miembro de pleno derecho de la Europa comunitaria&#8230; En fin.<br />
Nadie puede evitar las especulaciones acerca de cómo hubieran evolucionado los acontecimientos si no se hubiera producido el 18 de Julio. La columna de Manuel Alcántara publicada en HOY el 18 de julio de 2006 se titulaba ‘Un largo camino’. El poeta y maestro de periodistas dilucidaba a su manera la cuestión: «Siempre nos faltará un dato: ¿cómo hubiera sido esta represión, si en vez de los hunos, con hache, que decía Unamuno, ganaran los otros? La falta de magnanimidad con los vencidos solo pueden exhibirla los triunfadores. A quienes han sufrido la derrota no les es posible demostrar su generosidad, ya que no tuvieron la oportunidad de ejercer la benevolencia».<br />
Tres cuartos de siglo después de aquellos sucesos trágicos –y pocos episodios cabe imaginar más trágicos que una guerra civil– el 18 de julio ha desaparecido formalmente de la ‘cartelera’ y solo alimenta artículos periodísticos y, claro está, investigaciones históricas. Imagino que dentro de unos años será una fecha fagocitada por el olvido en la que apenas quedarán rastros de su tremenda carga emocional, de la significación que acumuló durante décadas para millones de españoles. Creo que a quienes les tocó vivir los años postreros del franquismo y sobre todo para los españoles más jóvenes, el 18 de julio no es otra cosa que la casilla de un día en el calendario. Y me parece que es bueno que sea así, una fecha erosionada por el olvido, un naufragio de la memoria. Las dudas de que sea bueno ese olvido me invaden, sin embargo, cuando se oyen ahora los tambores atávicos de los nacionalismos. Ahora no sé.    </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2014/07/18/aquellos-18-de-julio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>465</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Sé lo que sueñas</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2013/04/12/se-lo-que-suenas/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2013/04/12/se-lo-que-suenas/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 12 Apr 2013 19:24:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[actividad cerebral]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[ciencia ficción]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[futuro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[neurociencia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[olvido]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[sueños]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=377</guid>
		<description><![CDATA[Desde que la especie se elevó del suelo y devino en ‘lúgubre mamífero’ que se peina (César Vallejo) el reducto mejor blindado del hombre no ha sido el corazón ni la cabeza, sino la invisible nebulosa donde habitan los sueños. Desde la noche de los tiempos, al hombre le han podido robar la voluntad, la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que la especie se elevó del suelo y devino en ‘lúgubre mamífero’ que se peina (César Vallejo) el reducto mejor blindado del hombre no ha sido el corazón ni la cabeza, sino la invisible nebulosa donde habitan los sueños. Desde la noche de los tiempos, al hombre le han podido robar la voluntad, la memoria y hasta el olvido, pero el patrimonio inmaterial de los sueños siempre quedó preservado de miradas ajenas como un tesoro inaccesible al que ningún extraño podía acceder sin contraseña. Aunque el ser más humilde, más desesperanzado, se viera sometido a normas atroces de reclusión, nadie podría gobernar sobre sus sueños. Nadie podría asomarse a curiosear en ese paraíso de la intimidad. A veces, ni uno mismo, pues la naturaleza hace que los sueños no perduren en la memoria y se volatilicen igual que la luz de los fuegos artificiales.<br />
Así era hasta ahora. Pero la interpretación de los sueños, el acceso a la galaxia informe donde transcurren los montajes teatrales más insospechados, los acontecimientos menos previsibles, ya no es una aspiración de psicoanalistas o de adivinadores. La prensa informa estos días de las investigaciones de   un equipo de científicos japoneses que ha logrado elaborar una especie de ‘diccionario’   o catálogo en el que se relacionan las imágenes que las personas sometidas al experimento declaraban estar soñando en ese instante (fueron despertados unas 200 veces cada uno de ellos durante el experimento) y las imágenes que su actividad cerebral plasmaba a través de la resonancia magnética. Según los resultados de la investigación, publicados en la prestigiosa revista ‘Science’, el diccionario o tabla de correspondencias entre la actividad cerebral y los objetos o temas ‘soñados’ aún es reducido, pero los científicos  consiguieron acertar, es decir, decodificar las imágenes y descifrar el contenido de los sueños en un 60% de los casos. Contando con tiempo, dedicación y un laboratorio de neurociencia computacional solvente, imagino que reunir el ADN de los sueños de toda la humanidad habrá dejado de ser un empeño de ciencia ficción&#8230;<br />
De esa forma, llegará el día en que además de conocerse todos los datos económicos, fiscales, sanitarios, culturales&#8230; que le caracterizan dentro del conjunto social, podrán introducirle también en el talego de la resonancia magnética y ver pasar en una pantalla la película de sus sueños.<br />
El abanico de posibilidades que abre la máquina es formidable. ¿Se imaginan cuántas historias sentimentales podrían frustrarse o desmontarse si cualquier pareja aceptara someter a escrutinio sus sueños? ¿Cuántas pesadillas tras la apariencia de sueños de felicidad? Con su proverbial ironía Borges dijo que  tan supersticiosa y vana era la costumbre de buscar sentido en los libros como buscarlo en los sueños o en las líneas de las manos. Con este avance, hasta Borges va a quedar en entredicho. Y me gustaría mucho que la maquina de control onírico se le pudiese aplicar a los políticos antes de ocupar un cargo. Sería maravilloso enterarnos de que todavía conservan la capacidad de soñar, de ilusionarse, y no una pantalla en blanco.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2013/04/12/se-lo-que-suenas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>377</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Unamuno, &#039;roñoso&#039;</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2013/02/22/unamuno-ronoso/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2013/02/22/unamuno-ronoso/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 22 Feb 2013 20:25:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[César González Ruano]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[literatura]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[periodismo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[recuerdos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[roñosería]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Unamuno]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=365</guid>
		<description><![CDATA[A memoria es selectiva y tan infiel como una amante voluble. ¿Por qué es más corta la memoria del favor que la del agravio? «La memoria», decía André Maurois, «es una gran artista: hace de la propia vida una obra de arte y un documento falso». Y Felisberto Hernández subraya el revés de la paradoja: [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A memoria es selectiva y tan infiel como una amante voluble. ¿Por qué es más corta la memoria del favor que la del agravio? «La memoria», decía André Maurois, «es una gran artista: hace de la propia vida una obra de arte y un documento falso». Y Felisberto Hernández subraya el revés de la paradoja: «Olvidar lo malo también es tener memoria». Incluso el saber popular nos advierte con retranca ripiosa ante sus jugarretas. Recuerden el viejo cartel de las tabernas: «Si bebes para olvidar, paga antes de empezar».<br />
A mediados del pasado siglo César González Ruano publicó un libro titulado ‘Siluetas de escritores contemporáneos’, escrito, según confiesa en el prólogo, «de un tirón –nunca mejor dicho, puesto que fue arrancado de la memoria– rápidamente, en poco más de un mes» y «buscando en la tiniebla del recuerdo». En el libro desgrana detalles de una treintena larga de personajes a los que leyó y trató, entre ellos Emilia Pardo Bazán, Unamuno,  Valle Inclán, Benavente, Pío Baroja, Azorín, Blasco Ibañez&#8230;<br />
El retrato que le dedica a Miguel de Unamuno es formidable y sorprendente. Cuenta en primer lugar la admiración que despertaba entonces el vasco, un verdadero mito de la época, y se deleita en prolijos apuntes acerca de su aspecto exterior: las gafas, el chaleco, la camisa, el sombrero, la forma de los zapatos, el corte de pelo&#8230; Se demora después en los recuerdos de la última visita que le hizo en Salamanca. Primavera de 1930; Unamuno tiene ya 66 años y César González Ruano es un joven de veintitantos que le lleva cortésmente las galeradas del libro que ha escrito sobre él: ‘Vida, pensamiento y aventura de Miguel de Unamuno’.<br />
Según relata, hablaron y leyeron en tres lugares diferentes: la casa del ex rector, el café Novelty y el Casino. Unamuno le corrigió alguna fecha y algunos datos. González Ruano escribe de memoria dos décadas después de aquella visita, pero en la silueta de ahora no ahonda en detalles de su libro, ni del pensamiento de Unamuno ni de la vida de Unamuno. Se demora en cambio en acumular menudencias de su carácter maniático y de lo que llama «su sentido reverencial del dinero o, por otro nombre, roñosería».<br />
González Ruano se presenta ante el lector como un joven que había ido hasta Salamanca en coche alquilado, que comió solo porque no le invitó en ningún momento y que siempre pagó las pequeñas consumiciones que fueron haciendo, hasta que, señala, sólo al despedirse, cuando llamó al camarero «para pagar por última vez dos cafés», Unamuno pegó grandes voces y dijo: «¡No, no, no! ¡De ninguna manera! Paguemos cada uno el nuestro». «El café valía treinta o cuarenta céntimos», apostilla Ruano.<br />
Sea producto del azar o fruto de neurociencia inextricable, la memoria es siempre ‘plasmación’ de una realidad poliédrica. Ocurre con las personas y con las sociedades. Saber por qué, pasados veinte años, Ruano hace pivotar todo su relato sobre algo tan tangencial y secundario como la roñosería de Unamuno me resulta tan misterioso como  saber por qué cuando nos señalan la Luna, únicamente recordamos el dedo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2013/02/22/unamuno-ronoso/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>365</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>La memoria selectiva</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2012/04/06/la-memoria-selectiva/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2012/04/06/la-memoria-selectiva/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 06 Apr 2012 12:26:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[humor]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[memoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mingote]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tolerancia]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/?p=304</guid>
		<description><![CDATA[La memoria es selectiva porque va ligada a nuestras emociones. Recordamos lo que nos importa, lo que es trascendente, al margen de que esa trascendencia pueda considerarse del todo baladí o el trance más relevante del resto de nuestra vida. Recordamos por ejemplo el primer beso de amor, partidas interminables de póker con los amigos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La memoria es selectiva porque va ligada a nuestras emociones. Recordamos lo que nos importa, lo que es trascendente, al margen de que esa trascendencia pueda considerarse del todo baladí o el trance más relevante del resto de nuestra vida. Recordamos por ejemplo el primer beso de amor, partidas interminables de póker con los amigos o el temblor, perfumado de ternura, al sostener entre los brazos al hijo recién nacido.<br />
Es posible que la voracidad del olvido convierta en arena esos instantes en que decidimos optar por una carrera y no por otra; en que nos dejamos robar el mes de abril o en que recibimos, al contrario, el regalo milagroso de una persona insustituible. La memoria es selectiva y enmarca los recuerdos según la fuerza con que llegaron a nuestro corazón, pero no los ordena jerárquicamente. Quiero decir que, como en la canción de José Alfredo Jiménez, las emociones no entienden «esas cosas de las clases sociales» y no hay manera de regularlas, de lograr que funcionen igual que las piezas de un robot.<br />
No recordamos por ejemplo qué fatídica conjunción de circunstancias nos empujó a suscribir una hipoteca que maldecimos con la puntualidad de sus cuotas pero recordamos hasta en el mínimo detalle aquel larguísimo paseo por la playa, perdiendo el tiempo y riéndonos igual que adolescentes bajo la lluvia. Quizás hemos olvidado asuntos tan relevantes como el momento preciso en que ganó las elecciones de nuestros sueños la edad del DNI y no la del corazón, pero no se nos borran las imágenes de Pedja Mijatovic, montenegrino, 29 años, dándole al Real Madrid con un gol de ángulo imposible la séptima Copa de Europa.<br />
De todos los dibujos y chistes de Antonio Mingote recuerdo especialmente uno. Eran los años tenebrosos de la ignominia en el País Vasco, cuando los asesinatos se sucedían ante mucha gente que callaba o volvía la cabeza parapetada en esa infamia de «si los matan, algo habrían hecho&#8230;». En el dibujo aparecía un hombre tendido en el suelo, muerto, al que acababan de disparar. Junto a él un niño de pocos años que exclama: «¡Han matado a mi papá, han matado a mi papá!». Contemplando la escena, dos personas con sus txapelas y uno de ellos le dice al otro: «Fíjate tú, tan pequeño y ya chivato».    <br />
Por encima de otras muchas viñetas de Mingote, cargadas de humor paradójico o de ironía costumbrista, en mi memoria perdura el tremendo alegato contra la barbarie de aquel dibujo del crío y el padre muerto, aquella instantánea de actualidad con la que nos recordaba, en el fondo, que el emperador está desnudo y que «la banalidad del mal» que describió Hannah Arendt para referirse al pensamiento y la forma de actuar de los nazis, es un virus contra el que no se han vacunado muchas sociedades.    <br />
Únicamente con ese dibujo Mingote se hubiera ganado un trono en el espacio reservado a los justos. Lo que me sorprende ahora no es el unánime reconocimiento a su condición de ‘intelectual’ infatigable, sino cómo logró, en un país tan proclive al exceso y al desvarío, conservar intacto, indemne, la bonhomía de su humor, de su inteligencia y de su piedad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez/2012/04/06/la-memoria-selectiva/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>304</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
