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	<title>GRATIS TOTALmercados &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Sólo cinco palabras</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jan 2013 20:21:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes, cuando no resultaban tan familiares la prima de riesgo ni  las charlas de macroeconomía de barra de bar, el común de los mortales nos limitábamos a criticar la subida del precio del pan, la subida del café y como mucho de la inflación. Pero «quejarse de los precios no es una lección de economía, es una cuita, y eso no viene en el libro de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/John_Maynard_Keynes">Keynes</a>», que decía <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Luis_%C3%81lvarez">Cándido</a>.  ¿Consecuencia? Se acabaron los principios rudimentarios de economía, la regla de tres de la cuenta de la vieja y aquí estamos, dándole cancha y estrado a los nuevos hechiceros de la tribu, es decir, a los asesores financieros y a los economistas devenidos en formidables profetas del pasado.<br />
Antes cada cosa iba por su lado y el hombre de la calle podía vivir tranquilo, sin que le inquietara la macroeconomía ni la evolución de los mercados. Le bastaba con saber el precio de unos pocos productos básicos para hacerse una perfecta composición de lugar del ‘hecho económico’.  Al desasosiego cotidiano que acarrea ganarse la vida no tenía que añadir un denso conjunto de inextricables (y muchas veces falsas) normas teóricas.<br />
La economía estaba bendecida por la claridad, por la transparencia, por la comprensión. El que más o el que menos sabía interpretar ese lenguaje común de reglas básicas donde además del precio de los productos las únicas palabras abstractas eran ‘trabajo’, ‘esfuerzo’, ‘ahorro’, ‘riqueza’ y ‘pobreza’.  Cinco columnas para sustentar el universo económico. Aunque en el cosmos de los mercados operasen otras fuerzas, esas cinco palabras equivalían a la ley de la gravedad comprendida y percibida por todos. Por supuesto que las economías nacionales e internacionales, como placas tectónicas, seguían acumulando energía y provocando terribles movimientos sísmicos, pero a nivel de tierra, en la escala reducida y humanísima del hombre de la calle solo regían esos cinco principios desde los tiempos remotos de la prehistoria.<br />
Hace pocas décadas la preocupación macroeconómica más elevada para el ciudadano medio era la balanza de pagos. El propio Cándido bromeaba sobre lo contradictorio que resultaba ese concepto para quienes no entendían en realidad su significado pero pagaban las consecuencias de que subiera el pan, la leche o la carne de ternera. «Yo espero que sobre mi tumba se escriba esta leyenda: ‘Aquí yace un hombre que murió de necesidad defendiendo la balanza de pagos’», señaló con inteligente ironía.<br />
Atrás quedó la balanza de pagos. Estamos en la era del déficit público, de la prima de riesgo y de la deuda pública. ¿Pero en qué momento se ha producido el ‘cambiazo’, el timo del tocomocho? O por decirlo con las palabras del poeta <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ezra_Pound">Ezra Pound</a> en su Canto XLV, <a href="http://circulodepoesia.com/nueva/2012/03/poetcast-canto-xlv-por-ezra-pound/">‘Con usura’</a>:  ¿En qué momento «han traído putas a Eleusis»? Los mercados son capaces de imponer la ‘usura’ bajo una apariencia de legalidad universal, de legalidad sistémica. Mientras, a ras de suelo, donde discurre la vida, estamos a punto de olvidar la advertencia del poeta: «No vino por usura Angélico; no vino Ambrogio Praedis,/ No vino ninguna iglesia de piedra pulida firmada: <em>Adamo me fecit</em>».</p>
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		<title>Títeres y fantasmas</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jun 2012 16:21:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando yo estudiaba el bachillerato, en Trujillo había un personaje popular que al aproximarse a la pared del cementerio     aceleraba el paso, se ponía la mano en la cara a modo de anteojera y no la bajaba hasta rebasar el límite del camposanto. Por la impresión que le causaba. A mí algunos días me [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando yo estudiaba el bachillerato, en Trujillo había un personaje popular que al aproximarse a la pared del cementerio     aceleraba el paso, se ponía la mano en la cara a modo de anteojera y no la bajaba hasta rebasar el límite del camposanto. Por la impresión que le causaba. A mí algunos días me dan ganas no de ponerme la mano de anteojera, sino de imitar las figuritas de esos tres monos que se tapan la boca, los oídos y los ojos.<br />
Parece una tentación comprensible no querer oír, ni ver, ni hablar de lo que nos rodea, de la realidad cotidiana, cuando lo que nos rodea tiene más semejanzas con los cuadros inquietantes de El Bosco que con las promesas de un paraíso consumista donde eran inimaginables la burbuja urbanística, la crisis económica o la abundancia de sepulcros blanqueados en el panteón patrio de la banca.<br />
Un paraíso consumista que se ha desplomado como un castillo de naipes y nos está convirtiendo en contemporáneos emocionales de la Generación del 98, aquel puñado de españoles a los que la pérdida de Cuba y de las últimas colonias les sirvió para abrirles los ojos y buscar un rearme moral en las esencias de la España más austera.<br />
Los mecanismos de la macroeconomía están relacionados con la aritmética y las matemáticas pero también con la psicología y las supersticiones, con la pura apariencia. Así como hay dolencias que se curan con la sola presencia del médico, hay situaciones económicas que no dependen, objetivamente, de factores racionales, fáciles de medir, sino que tienen que ver mucho más con los estados de ánimo de quienes mueven las piezas en el tablero que con las toneladas que producen los peones y las otras fichas en juego.<br />
En una sociedad no globalizada, autosuficiente, la partida de ajedrez de la economía también requiere piezas sobre el tablero, pero esas piezas disponen de un grado mayor de autonomía que la actual, de modo que buena parte son marionetas, pero marionetas de sí mismas, si puede decirse así. Sin embargo, en la sociedad globalizada quienes manejan los títeres, quienes deciden a dónde van o qué hacen los ‘muñecos’ de la farsa no solo parecen más implacables, sino que resultan más anónimos, más distantes e insensibles.<br />
Es otra de las consecuencias perversas de la crisis: el ciudadano de a pie, el pobre consumidor que se ha limitado a ser movido y traído de aquí para allá sobre las tablas del escenario no tiene enfrente la imagen de un ‘tirano’, de un sátrapa, sobre el que descargar toda su ira para presentarle batalla. Los mercados son invisibles. Y es más, tratan de presentárnoslos como ‘conglomerados’ abstractos que se dedican a la filantropía o a mantener las pensiones de nuestros viejecitos&#8230; Qué tocomocho.<br />
Por eso se entiende que en periodos de crisis e incertidumbre mundiales surja la atracción por los ‘salvadores’ dispuestos a librarnos del apocalipsis. El espíritu gregario y la paralización que inocula el miedo hacen el resto. En esta encrucijada tenemos  que levantar cabeza y ahuyentar al fantasma insaciable que se está forrando a costa de nuestra desgracia.</p>
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		<title>Al fondo hay sitio</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Oct 2011 12:41:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Lo peor de las sociedades desconcertadas no son los  bandazos que dan hasta recuperar  el rumbo, sino el tiempo que pierden en recuperarlo. Cuando nadie sabe manejar la brújula se impone esa desorientación propia de los partidos de fútbol en los patios de colegio, donde cada uno iba a su bola y se jugaba sin [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo peor de las sociedades desconcertadas no son los  bandazos que dan hasta recuperar  el rumbo, sino el tiempo que pierden en recuperarlo. Cuando nadie sabe manejar la brújula se impone esa desorientación propia de los partidos de fútbol en los patios de colegio, donde cada uno iba a su bola y se jugaba sin orden, sin sistema y sin concierto. Hay momentos en que las sociedades perfectamente estructuradas y dirigidas evolucionan como el ballet del Bolshoi o –aunque mi madridismo se resienta por el ejemplo– como el Barça de Messi, Iniesta y Guardiola. En otros momentos, sin embargo, la sociedad más que un partido de escolares parece un encuentro en el que los jugadores se mueven como pollos sin cabeza.<br />
Si uno mira alrededor y se fija en el panorama económico dan ganas de salir corriendo y ponerse a resguardo. La patronal, por ejemplo, en un ejercicio que recuerda a los profesores que borraban la pizarra y escribían el enunciado del siguiente problema, nos pide un salto en el vacío, que nos introduzcamos en el túnel del tiempo y borremos con la gamuza todo lo obtenido por millones de españoles desde hace medio siglo. Es decir, que el nieto se vaya preparando para las mismas condiciones laborales que tenía su abuelo. Que aprenda idiomas, que deje la maleta a la vista y que ande con ojo por si le meten la mano en el bolsillo para sufragar la educación o la sanidad, pues ¿a cuento de qué tiene que ir todo el mundo ahora a la universidad, si no es pagando? Y oirá eso de que el personal no debe ‘aficionarse’ a visitar los ambulatorios y los hospitales, que luego se masifican y nos cuestan una pasta&#8230; ¿Les suena la música?<br />
Finiquitadas las ideologías, constipadas todas las revoluciones y con la espalda doblada por el peso de los mercados, se empeñan en hacernos creer que lo único que cuenta es la pura gestión, que aquí solo caben los tecnócratas de un sistema monstruoso, abstracto, distante e implacable que encima tenemos que alimentar con la falsa coartada de que se abastece de nuestros fondos de pensiones y otros depósitos.<br />
Por eso reconforta toparse con mensajes como los planteados el otro día por el candidato socialista a la Presidencia de Francia, François Hollande, durante su intervención en la III Conferencia de Progreso Global celebrada en Madrid. Lejos de  ambigüedades o eufemismos, Hollande formuló las cuatro especificidades que, en su opinión, distinguen los planteamientos progresistas de los conservadores: el dominio de la política sobre los mercados y las agencias de calificación, la lucha contra la desigualdad en todas sus vertientes, la defensa de la educación y la apuesta decidida por la transición energética hacia fuentes renovables. Me parece todo un programa de gobierno que cabría en un mensaje de teléfono móvil.  Al grano. Esencia sinrollos.<br />
En esa misma conferencia el expresidente de Brasil, Lula da Silva, abogó por luchar contra la opacidad de la banca, contra los paraísos fiscales y a favor de un mayor control financiero global y del dinero público. Su resumen: el mundo no tiene derecho a permitir que la UE acabe porque es «patrimonio democrático de la Humanidad».</p>
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		<title>Contra la usura</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Nov 2010 22:18:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Un veterano dirigente sindical resume el panorama con dos pinceladas: «En 2008 se avergonzaban de la crisis pero ahora están sacando pecho y como los gobiernos no se muevan, se cargan el estado del bienestar». Se refiere a los mercados, el sobrenombre con el que se conoce hoy al dios que preside todas las economías. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Un veterano dirigente sindical resume el panorama con dos pinceladas: «En 2008 se avergonzaban de la crisis pero ahora están sacando pecho y como los gobiernos no se muevan, se cargan el estado del bienestar». Se refiere a los mercados, el sobrenombre con el que se conoce hoy al dios que preside todas las economías. </p>
<p>Los mercados sin embargo no son un invento de anteayer. Ya existían cuando al  Homo sapiens le daba por colgarse al cuello colmillos de animales. De entonces para acá sobrellevan la mala fama que les acarrearon los latigazos de Jesús por rentabilizar el templo, los estereotipos de ‘El mercader de Venecia’ o incluso el repaso histórico que les dieron Marx, Engels y compañía. Así que los mercados han existido siempre, pero no siempre han gozado de la misma consideración y prestigio. Hubo épocas en que no eran bien recibidos en las casas decentes, y otras en que se los miraba como  un mal menor o una servidumbre, como el desagüe, la alcantarilla del progreso. </p>
<p>De todas formas, me gustaría saber con precisión en qué momento nos han dado el tocomocho este colectivo abstracto de los mercados que actúa igual que un autómata sin alma, a impulsos instintivos. Desentrañar cuál es la maña, el ardid usado para convertirse en rey supremo de la especulación.</p>
<p>Me recuerda la reflexión del obispo africano Desmond Tutu: «Cuando los misioneros llegaron a África, ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Dijeron: ‘Recemos’ y nosotros cerramos los ojos. Cuando los volvimos a abrir nosotros teníamos la Biblia y ellos tenían la tierra». </p>
<p>Me gustaría conocer  por qué extraño procedimiento el robot destinado a herramienta, simple instrumento al servicio de fines más nobles, acaba usurpando el poder al dueño de la casa y se transforma en tirano. En una especie de dictador enloquecido por la voracidad de la riqueza. ¿Quién ha hecho aquí de doctor Frankenstein y ha permitido que el monstruo se le vaya de las manos? </p>
<p>Oímos hablar de los mercados como si fueran maldiciones inexorables, como si se tratara del dragón que ha raptado a la princesa. «Hay que contentar a los mercados». «A ver qué respuesta dan los mercados». «Si los mercados no aprueban las nuevas medidas, nos van a penalizar». </p>
<p>¿Pero hasta cuándo el impostor va a seguir haciéndose pasar por dueño de lo que no le pertenece, de lo que solo ha tomado en préstamo? ¿Hasta cuándo se van a seguir ofreciendo sacrificios al ídolo pagano para aplacar su ira? Los mercados son el paraíso de la usura, el paradigma de la economía especulativa, no productiva. Y ya lo advirtió </strong><A href="http://amediavoz.com/pound.htm" title="http://amediavoz.com/pound.htm" id="link_0">Ezra Pound</a> <strong>, aquel poeta visionario al que tomaron por loco: «Con usura / no llega lana al mercado / no vale nada la oveja con usura».  «Usura mata al niño en el útero / No deja que el joven corteje / Ha llevado la sequedad hasta la cama y yace / entre la joven novia y su marido / Contra naturam / Ellos trajeron putas a Eleusis / Sientan cadáveres a su banquete / por mandato de usura». </p>
<p>Si los gobiernos no mueven ficha, tal vez hayan nacido ya quienes les van a mover la silla a los gobiernos. ¿Queda tiempo?</strong></p>
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