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	<title>GRATIS TOTALmoral &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Acostarse con la verdad</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Oct 2015 21:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me fío más de un hombre que confía en sí mismo, aunque yerre, que de un profesional de las oportunidades. Y cuando digo de un hombre podría decir de un colectivo, de una sociedad, de un país. La prevención es aplicable también al ámbito de la política. Conozco a políticos profesionales ‘metafísicamente’ imposibilitados para ejercer [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me fío más de un hombre que confía en sí mismo, aunque yerre, que de un profesional de las oportunidades. Y cuando digo de un hombre podría decir de un colectivo, de una sociedad, de un país. La prevención es aplicable también al ámbito de la política. Conozco a políticos profesionales ‘metafísicamente’ imposibilitados para ejercer cualquier acción pública que se han dado maña sin embargo para transgredir el principio de Peter y ahí siguen, amarrados al machito o, como diría Borges, fatigando a la infamia.<br />
Y que conste que no es una cuestión ideológica, me temo que se da en todas las épocas y entre todo tipo de personas. Si aplicamos lo que yo denomino ‘el baremo Gladiator’ se desvelarían muchas trayectorias personales y comportamientos públicos incompatibles con las posiciones de liderazgo o de responsabilidad política. ¿En qué consiste ‘el baremo Gladiator’? Voy a tratar de explicarlo brevemente. En la película ‘Gladiator’, cuando el emperador Marco Aurelio presiente la muerte cercana trata de convencer al protagonista de la historia, el general victorioso Máximo Décimo Meridio de que le suceda para devolver el poder al Senado y que Roma sea una verdadera República. El general (Gladiator) muestra cierta renuencia y además le pregunta por su hijo, Cómodo, al que se consideraba heredero natural, previsto por todos&#8230; Pero la respuesta de Marco Aurelio no deja lugar a dudas. Es clarificadora. Contundente: «Cómodo es un hombre sin moral. Eso lo sabes desde siempre», contesta Marco Aurelio: «Cómodo no puede gobernar. Es más, no debe gobernar», concluye el anciano emperador.<br />
En tiempos de política-espectáculo, de figuroneo, los ‘cómodos’ que priorizan las aspiraciones personales y el egocentrismo frente al bien común y al comportamiento moral se retratan a sí mismos.<br />
Puestos a buscar ‘cómodos’, seguro que le sale una nómina bien nutrida. En Cataluña y en cualquier parte de España. Recuerdo que en la época de la Transición a la democracia tuve compañeros en la Facultad de Ciencias de la Información que eran muy críticos con algunas publicaciones denominadas ‘fachas’. Una tarde, en mitad de un acalorado debate sobre periódicos que valía la pena leer, el más izquierdista del grupo nos sorprendió a todos con una declaración inusitada: «Yo creo que el periódico ‘El Alcázar’ tiene una posición legítima porque todos los días se acuesta» dijo subrayando mucho las palabras, «con ‘su’ misma verdad, mientras los hay que un día se acuestan con la verdad que les interesa y al siguiente con la mentira que les conviene».<br />
Ahora que lo pienso, lo que hacía aquel compañero de Periodismo es aplicar a su manera ‘el baremo Gladiator’. Es decir, apelar al criterio moral, al valor profesional que no se deja contaminar por servidumbres o intereses espurios. En esta vida vale equivocarse, tropezar, cometer errores&#8230;, pero no es de recibo mantenerse –en el ámbito que sea– cultivando el victimismo, cebando a nuestra costa la egolatría o proclamando con entusiasmo la fe marxista de Groucho: «Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros».</p>
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		<title>El perro, Dios y Buzzati</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Apr 2015 16:44:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En el famoso cuento ‘El perro que ha visto a Dios’, Dino Buzzati plantea la inquietante historia de Tis, pueblo italiano al que llega un ermitaño del que únicamente se hace amigo fiel un perro vagabundo. Los habitantes de Tis hace siglos que desdeñaban no solo cualquier práctica religiosa (en misa casi nunca había nadie) sino que además se deleitaban en la blasfemia.<br />
Sobre la pequeña colina solitaria a unos diez kilómetros de Tis en la que se asentó el ermitaño, los campesinos de la comarca empezaron a advertir por la noche extrañas luces. Incluso desde el pueblo vieron alguna que otra vez un resplandor y todos concluyeron sin dificultad que aquella era la luz de Dios. Pero con la misma naturalidad se sumieron en su tradicional indiferencia ante todo lo que significara religión. Pensaban que aquellos fenómenos eran atribuibles al ermitaño y que no había que preocuparse, pues pertenecían a esas evidencias corrientes del que afirma, por ejemplo, llueve esta noche o hace viento. Al cabo de un tiempo murió el ermitaño y el perro empezó a frecuentar las casas y las calles de Tis. En cuanto aparecía el animal, alguien anunciaba: «Mira, el perro que ha visto a Dios».<br />
No voy a desvelar aquí cómo acaba esa historia maravillosa, pero sí diré que la presencia de ‘Galeone’, el perro mendigo y vagabundo del cuento de Buzzati, con una compostura casi humana y unos ojos «bondadosos y melancólicos» en los que «con toda probabilidad había entrado en ellos la imagen del Creador» consigue transformar conductas y que la gente se replantee su forma de vivir. Un perro del que no temen su mordedura ni dentellada, sino que les juzgue mal.<br />
Las claves de esa transformación no tienen que ver, sin embargo, con ningún proceso de hondura espiritual. No describe ningún itinerario de fe al estilo de San Pablo y la caída del caballo. En la historia no hay misticismo. Como suele ocurrir en la vida real, los cambios en las conductas –y me refiero a cambios morales, éticos– son muchas veces consecuencia directa del entorno, de la presión social, de las ‘habladurías’ de los vecinos; del miedo al qué dirán; del peso de las apariencias&#8230; Es verdad que resurgen otros hábitos de vida, que las misas vuelven a estar concurridas y las mozas ya no retozan de madrugada con los soldados, pero el perro morirá y casi todos sacan conclusiones&#8230;<br />
En fin, si recomiendo el libro de Buzzati (en mi opinión un autor muy ‘aconsejable’ para Semana Santa y otras festividades de religiosidad popular) lo hago porque además del extraordinario valor literario aporta el plus del tratado sociológico, la atracción de un fabulador lleno de fantasía, de símbolos pero también de naturalidad. Buzzati no es un predicador, ni un apóstol de ninguna fe nueva o antigua. No sermonea. La moraleja, si existe, se la deja al lector. No es un escritor para doctrinos. Ni para sectarios.<br />
Así que mi mayor aspiración en estos días propicios para meditar sobre las cosas trascendentes de la vida es distinguir –como propone Machado–, «las voces de los ecos» y en lo posible, no dejarme deslumbrar por el resplandor de ninguna apariencia. </p>
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		<title>Cercas en Salamina</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Sep 2014 09:22:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>La aceleración emocional que causan los procesos nacionalistas son como las tormentas de verano: en  pocos minutos arrasan con todo lo que encuentran a su paso. A esa aceleración, especialmente perceptible en el caso de Cataluña, no escapa ninguna parcela o apartado de la vida social, desde los ámbitos públicos, comunes, a los de carácter privado. Así se explica que uno de los escritores españoles con más proyección internacional, comprometido con su tiempo y no un habitante remolón de su propia ‘torre de marfil’, tenga que salir al paso de burdas insidias tales como atribuirle frases y «barbaridades» que nunca ha dicho. Ese escritor se llama Javier Cercas y aunque nacido en Extremadura, concretamente en la localidad cacereña de Ibahernando, desde niño reside en Cataluña, a donde se trasladó su familia a mediados de los años sesenta del pasado siglo.<br />
Aprovechando el ‘malentendido’ periodístico de una entrevista  en el semanario italiano L’Espresso, en el que junto a la foto de Cercas aparecía el titular: «Una utopía asesina», la centrifugadora de las redes sociales y los entusiastas de triturar desde el anonimato le pusieron en el punto de mira y le convirtieron en la personalización del mal, en el pim-pam-pum del momento.<br />
¿Por qué esta reacción contra Javier Cercas, un autor de éxito que habla y escribe catalán, profesor de la Universidad de Gerona, que ha enseñado también en universidades de Estados Unidos y que participa de manera regular en congresos y encuentros literarios de primerísimo nivel en países de Europa e Iberoamérica? Seguramente porque es un escritor que no se pone de perfil, que en sus colaboraciones quincenales en ‘El País Semanal’ ha insistido más de una vez en que  ‘el emperador está desnudo’, o lo que es lo mismo: que «en democracia no existe el derecho a decidir sobre lo que uno quiere, indiscriminadamente» y que «la democracia consiste en decidir dentro de la ley».<br />
Espadachín dialéctico casi imbatible, lúcido y tenaz cuando se trata de aplicar la lógica, la historia y la inteligencia, Cercas no es un escritor ‘moralista’ pero sí –acaso sin proponérselo– un <a href="http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/cercas/pdf/salamina_Arrago_9_mayo_2001.pdf" target="_blank">escritor ‘moral’</a>, quiero decir que se trata de una persona de la que no cabe esperar que se zampe sin rechistar los sapos con los que suelen desayunarse aquellos a quienes les importa un rábano, la lógica, la historia o la inteligencia. Por ahí no pasa. Os lo digo yo.<br />
Al igual que en otros procesos similares, el caso de Javier Cercas es antes que una anécdota, un síntoma. De ahí que hayan saltado las alarmas y escritores, periodistas o analistas como Andrés Trapiello, Juan Cruz o José Antonio Zarzalejos se hayan hecho eco del asunto con bastante amplitud y titulares elocuentes en sus respectivos blogs: <a href="http://hemeroflexia.blogspot.com.es/2014/09/institut-vs-instituto.html" target="_blank">‘Institut vs. Instituto’</a> (Trapiello); <a href="http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2014/09/-las-cosas-que-cercas-nunca-ha-dicho.html" target="_blank">‘Las cosas que Cercas nunca ha dicho’</a> (Juan Cruz) y <a href="http://blogs.elconfidencial.com/espana/notebook/2014-09-23/la-caverna-catalana-contra-javier-cercas_208882/" target="_blank">‘La ‘caverna catalana’ contra Javier Cercas’</a> (José Antonio Zarzalejos). Yo creo que son saludables las controversias apoyadas en razones y argumentos. Lo inquietante son las descalificaciones gratuitas o la atribuciones absurdas, inverosímiles incluso en la ficción. Menos aún cuando son interesadas.  </p>
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		<title>Zonas de sombra</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Sep 2014 20:45:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>LA pasada semana arrasó en los premios Emmy, –es decir, en los Óscar de la televisión– ‘Breaking Bad’, considerada por muchos como la mejor serie de la historia televisiva a pesar de que en España, según informaba HOY, «solo la ve gente de nivel, friquis, estudiantes… porque es incómoda». No sé en cuál de los tres apartados debo incluirme porque yo soy uno de ese 3% de la población que sí se ha conmovido con la historia del rutinario profesor de Química de un instituto que sabiéndose atrapado por un cáncer incurable decide pasarse a la ‘zona oscura’, producir metanfetamina, convertirse en narcotraficante y atesorar una fortuna que poderle dejar a la familia.<br />
Dicen los expertos que el protagonista, Walter White, es un ‘antihéroe’ semejante a los justicieros solitarios que pueblan tantas películas y novelas. A mí me parece que la clave de su éxito y lo que la ha convertido en una serie de culto con atracción magnética sobre el espectador no es su condición de antihéroe sino su condición precisamente de héroe sempiterno, de alguien que no olvida su ‘misión’, su tarea, aunque desde la perspectiva social y ética sean insostenibles, sin posibilidad de justificación, ninguna de sus actuaciones.<br />
No son las escenas de cruda violencia física (tan abundantes en otras series actuales también de gran aceptación) lo que hipnotiza al seguidor entusiasta de ‘Breaking Bad’, sino los cataclismos morales, las transgresiones permanentes de quien prueba con hechos que para él el fin justifica los medios. Así de sencillo.<br />
Las vicisitudes y peripecias que vive Walter White al deslizarse por el torbellino del narcotráfico en Estados Unidos no tienen nada que ver con lo que puede vivir a diario usted o la mayoría de los espectadores de la serie, pero el territorio moral en que se desarrolla el conflicto es universal: un americano medio, casado, padre de un hijo discapacitado y con otro en camino, decidido a ayudar a su familia dejándole una cantidad de dinero suficiente como para que no tenga que preocuparse por el futuro. Ese es uno de los temas centrales de la obra. Y uno de los mecanismos con los que conquista la empatía de los espectadores. Los múltiples ‘sucesos’ que se producen en los 62 episodios de las cinco temporadas que ha durado ‘Breaking Bad’ difícilmente podrán vivirlos gente común y corriente pero los desvelos, los deseos, las esperanzas, las inquietudes que sacuden la vida de los protagonistas son de la misma naturaleza que todas las pasiones humanas. He ahí el éxito. El gran acierto.<br />
Desde el sillón de casa asistimos a tremendos acontecimientos que no solo nos asombran o nos conmueven sino que nos obligan a reflexionar acerca de lo correcto o erróneo de las decisiones adoptadas por un hombre que no es ni usted ni yo, pero con el que salvando las distancias que se quiera, más de uno no dejará de identificarse. ‘Breaking Bad’ (que puede traducirse como ‘Volverse malo’) reta al espectador a un desafío permanente: mirarse en el espejo de Walter White y averiguar qué tramo de la zona de sombra sería capaz de recorrer junto a él. </p>
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		<title>Virtudes públicas</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Sep 2012 19:46:40 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[No puedo decir como Jaime Gil de Biedma «Yo nací (perdonadme)/ en la edad de la pérgola y el tenis», sino en unos años en que te enseñaban de niño el catecismo y tenías que entregar, de joven, 14 o 15 meses de tu vida al servicio militar. Así que me sé de carrerilla cuáles [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No puedo decir como Jaime Gil de Biedma «Yo nací (perdonadme)/ en la edad de la pérgola y el tenis», sino en unos años en que te enseñaban de niño el catecismo y tenías que entregar, de joven, 14 o 15 meses de tu vida al servicio militar. Así que me sé de carrerilla cuáles son las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y todas esas cosas que no les voy a repetir ahora y que aprende cualquiera que haya ‘servido’ durante la antigua mili.<br />
Doy por hecho que las virtudes teologales –aun teniendo valor universal– se vinculan al ámbito más íntimo de las creencias religiosas, mientras que las cardinales son de aplicación en lo que podríamos llamar, para entendernos, la vida civil.<br />
Si me preguntan cuáles de las virtudes cardinales me parecen más necesarias para afrontar estos tiempos de incertidumbre, de crisis y de recortes contestaría que las cuatro: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, pero en el trance de señalar solamente una, diría la justicia. En ella se resumen las cuatro, pues ¿de qué nos valdría la existencia si no estuviera presidida por la justicia?<br />
A mí me gustaría que nuestros dirigentes políticos y todos aquellos que tienen responsabilidades públicas o con repercusión social superaran, tras el examen de las urnas, la reválida de las virtudes cardinales, de las virtudes morales.<br />
¿Para qué? Para tener la tranquilidad de que más allá de errores humanos e imperfecciones, sus actos están guiados por la razón y la reflexión, por la templanza de quien actúa sopesando el bien que va a obtener y los males que va a eludir; alguien que actúa con la fortaleza de ánimo y determinación de quien siente los peligros de la vida pero es capaz de superarlos porque le ampara la práctica de la verdad y la aspiración a la justicia; alguien que actúa con la templanza del héroe, es decir, como el que cumple sencilla y cotidianamente con su deber, sin sucumbir al canto de las sirenas o a los excesos incontrolados de otras pasiones.<br />
Tal vez parezcan estas reflexiones los propósitos de un ‘iluso’, pero no sé formularlos mejor y de manera más breve.<br />
De todas formas, recurro al testimonio de autoridad de una escritora que ya he citado en otras ocasiones. Ahí va lo que escribió Natalia Ginzburg en ‘Las pequeñas virtudes’: «Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber».<br />
Les invito ahora a un sencillo ejercicio mental. Elijan a algún representante públicos (del partido y de la región que prefieran) y traten de descubrir cuáles de las virtudes cardinales o de las ‘pequeñas virtudes’ de Natalia Ginzburg le corresponderían como un traje a medida. Esa es mi propuesta de reválida. Por cierto, el resultado del ejercicio no es preciso que lo den a conocer.</p>
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		<title>Contra la historia</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jul 2012 18:54:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Vivimos una época en que debería prohibirse por decreto ley la tristeza y el pesimismo. La sociedad las ha pasado bastante más canutas en otras ocasiones y ha salido adelante. No me refiero a la situación económica, de la cartera, sino a la realidad del corazón, al panorama espiritual. Todos los problemas que se resuelven [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vivimos</p>
<div id="attachment_330" style="width: 181px" class="wp-caption alignright"><a href="/Juandomingofernandez/wp-content/uploads/sites/11/2012/07/M-A-Blanco1.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-330" class="size-large wp-image-330" title="M A Blanco" src="/Juandomingofernandez/wp-content/uploads/sites/11/2012/07/M-A-Blanco1.jpg" alt="Cabezazos contra el muro de la historia" width="171" height="1024" /></a><p id="caption-attachment-330" class="wp-caption-text">Mi columna, firmada como Tristán Buendía, en homenaje a Miguel Á. Blanco</p></div>
<p>una época en que debería prohibirse por decreto ley la tristeza y el pesimismo. La sociedad las ha pasado bastante más canutas en otras ocasiones y ha salido adelante. No me refiero a la situación económica, de la cartera, sino a la realidad del corazón, al panorama espiritual. Todos los problemas que se resuelven con dinero –únicamente con dinero– son, al cabo, de categoría menor. Hasta lo advierte ‘El Principito’ de Saint Exupery: «Lo esencial es invisible a los ojos».<br />
No estoy pensando en la España de nuestros abuelos y nuestros padres, devastada por una guerra despiadada y una posguerra interminable, ambas largas como un día sin pan; ni estoy pensando en la España carente de libertades, obligada a emigrar y a recibir turistas para compensar la balanza de pagos. Ni tampoco en esos años en que la sanidad y la educación para todos era una aspiración que tardaba en llegar como el abastecimiento de agua a muchos pueblos extremeños, las viviendas sociales, las primeras autovías o plazas suficientes en las residencias geriátricas.<br />
Esta España es mucho mejor que la de hace 15 años, a pesar del paréntesis de la crisis económica, porque ahora resulta más difícil imaginar un panorama de envilecimiento moral como el que alimentaba la banda terrorista ETA y que concluyó con el asesinato de Miguel Ángel Blanco.<br />
A mí me tocó trabajar aquel sábado y domingo en la Redacción de Cáceres y recuerdo vivamente la sensación de irrealidad y de barbarie que suscitó el secuestro. Recuerdo que en la columna que me puse a escribir y que salió publicada el domingo, 13 de julio de 19978, reflexionaba sobre cómo  una sociedad que observaba a la ETA con «miedo y desprecio» era capaz de no sucumbir  a la atracción de la venganza para no precipitarse como ellos en el estadio primario del fondo de la cueva.<br />
«Cáceres, ayer por la tarde», escribí entonces, «aparecía llena de jóvenes reclutas, aprovechando las horas de paseo con sus novias y familiares antes de la jura de bandera prevista para hoy. Esa imagen, de normalidad, contribuía más aún a subrayar lo ‘absurdo’ de las acciones de ETA, instalada en la ‘irrealidad’ de unos presos, víctimas a su vez de ese torbellino infeliz que ellos han alimentado, y de una minoría tozuda que se empeña en dar chocazos con su cabeza contra el muro de la realidad, de la historia, de la libertad, de la justicia, del progreso y, lo que es peor para ellos, contra el muro de la inteligencia. No sólo son menos, sino que además son más torpes. La historia, que es inexorable, les pasará factura».<br />
Años después de aquel cataclismo, no estoy muy seguro de que sean menos, pero estoy convencido de que la historia condenará al olvido o al desprecio esos crímenes contra la humanidad.</p>
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		<title>De Cantó a Dillana</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Dec 2011 19:53:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>La política está hecha de gestos. Y no es algo que se hayan inventado las consultoras mediáticas, los publicistas o los asesores de imagen. Está en la historia y en los libros, incluidos los de Shakespeare. Recuerden aquel discurso cuando, recién asesinado Julio César, toma la palabra Marco Antonio y con la excusa de que ha ido «a inhumar a César, no a ensalzarle», va indisponiendo al pueblo contra los asesinos del emperador. Gestos, palabras. Como son gestos y palabras la decisión del Príncipe de Mesina en ‘El gatopardo’ de favorecer la boda de su sobrino con una rica burguesa que aportará a la familia, tan sobrada de títulos, justo lo que le falta: solvencia económica. Gestos, palabras, dinero.<br />
Hay gestos heroicos, de prudencia, arriesgados, gestos para la galería, gestos grandilocuentes, gestos inútiles&#8230; Demagógicos&#8230;  En este último apartado incluyen muchos analistas de la prensa y de las redes sociales la decisión del actor Toni Cantó, diputado electo de UPyD por Valencia, de renunciar a que el Congreso le pague la línea gratuita de ADSL en su domicilio, el plan privado de pensiones y la parte de sueldo que le correspondería para gastos de manutención y alojamiento en Madrid.En un país como el nuestro, donde mucha gente no sabría explicar en qué consiste el teorema de Pitágoras pero pueden disertar sobre el teorema del chocolate del loro, gestos como los de Toni Cantó son rápidamente arrojados al sumidero del desprecio, como si fuera líquido sobrante de calamares en su tinta.<br />
De esa manera, se despacha el asunto en un santiamén y una vez etiquetado como  ‘demagógico’, lo que haga o lo que diga Toni Cantó ya no importa, simple ‘demagogia’ de un actor&#8230;  Algo similar ha ocurrido con  Cayo Lara, coordinador general de IU, y su renuncia al plan privado de pensiones con que obsequiamos a los diputados al Congreso. Son muchos, lo reconozco, a quienes esto les parece ‘el chocolate del loro’ y lo despachan con el sello de ‘demagogia’. Es aludir a los casos y enseguida saltan voces: «¡Demagogia, demagogia!». A mí, sin embargo, no me lo parece. Y me acuerdo del discurso de Marco Antonio ante el cadáver de Julio César, recordando lo «honrados» que eran Bruto, Casio y los que acababan de apuñalarle. Gestos, sí, y palabras.<br />
¿Qué quieren que les diga? Prefiero esos gestos (salpicados con todas las etiquetas que les quieran colgar) antes que gestos como el que ha protagonizado por ejemplo el exdiputado socialista Félix Dillana, impávido en su recurso, ¿qué hay de lo mío?, para exigir a la Asamblea unas cantidades a las que cree tener derecho. Entre el gesto generoso de Toni Cantó y el gesto interesado de Félix Dillana, me quedo con el primero. Entre otras cosas porque detrás de los gestos y las palabras hay dinero público.<br />
Mas no conviene amargarse. Hace la friolera de 14 años el entonces diputado socialista Desiderio Guerra escribió un libro, ‘Pido la palabra. Retratos parlamentarios’, donde dedica una cuarteta a cada uno de los 65 diputados. Esta es la de Félix Dillana:</p>
<p>«Puede ocurrirle a Dillana /</p>
<p>en Plasencia de esta guisa: /</p>
<p>hoy es don Félix con Visa /</p>
<p>sin visa infeliz mañana».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los versos, además de risueños, me parecen premonitorios.</p>
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		<title>Suerte y al toro</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Jul 2010 23:06:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En ‘El arte de Birlibirloque’ dice José Bergamín que «el toreo no es español, es interplanetario». Me temo que en Cataluña se lee poco a Bergamín, o no se le hace mucho caso, que para el caso es lo mismo. Contaba el periodista Carlos Luis Álvarez que en una ocasión citó a Spinoza y salió [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En ‘El arte de Birlibirloque’ dice José Bergamín que «el toreo no es español, es interplanetario». Me temo que en Cataluña se lee poco a Bergamín, o no se le hace mucho caso, que para el caso es lo mismo. Contaba el periodista Carlos Luis Álvarez que en una ocasión citó a Spinoza y salió en el artículo Spinola, aquel general de monóculo que estuvo a punto de darle la vuelta a la revolución de los claveles en Portugal. Carlos Luis Álvarez, ‘Cándido’, explicaba entonces que la cita venía a cuento de una disquisición democrática y que no se refería a ella para «sacar a relucir interioridades, sino con el fin de aclarar que Spinoza no usaba monóculo. Me moría por hacer  esta puntualización». </p>
<p>Salvadas las distancias, a mí me pasa estos días como a Cándido. Yo quiero referirme al Estatuto catalán, sin meterme en otras interioridades, pero en en el artículo lo que sale es el Parlament y su votación en contra de la fiesta de los toros. Sospecho que tras el asunto del rechazo a la lidia no late una disquisición democrática, sino una cuestión moral. Los integrantes del Parlament están empeñados en salvarnos de lo que consideran una posición moral poco recomendable. Lo malo es que cuando uno abre ese portillo desde una instancia pública sabe cómo se empieza, pero no cómo puede acabar la historia. ¿Quién pone aquí los límites? ¿Cuál puede ser la siguiente iniciativa de ‘moral colectiva’? Si me detengo a imaginarlo, me tiemblan las piernas. </p>
<p>Es difícil no percibir el ‘tufillo’ de intereses políticos que se adivina detrás de esta guerra oportunista, gratuita y resuelta por el expeditivo método de la prohibición, aunque sea una prohibición ‘democrática’, bendecida por el voto de los parlamentarios. </p>
<p>Estas diatribas vienen a reforzar esa crítica popular a lo ‘artificioso’ de algunas preocupaciones políticas, capaces de distraerse en problemas de tercera regional y no centrarse en los asuntos de la ‘Champions League’. Resulta asombroso que al mismo tiempo que un Parlamento, el de España, está a punto de consagrar  el despido objetivo con 20 días de indemnización por año trabajado en los casos de que la empresa alegue simplemente una caída significativa de sus ingresos, medio país se enzarce en la guerra de toros sí o toros no en Cataluña. Así se explica que hasta el Gobierno tercie en la polémica </strong><strong>reconociendo que los toros «son cultura» o que un militante de ERC denuncie a un torero por golpearle con una silla. (Por cierto, será el torero que hace la estatua de Don Tancredo, que le atizó con sus trastos de lidiar). Para no hablar de los flecos pendientes: el recurso al Constitucional anunciado por los pro-taurinos o el trabajo de ese juzgado barcelonés que deberá pronunciarse acerca de si los toros ‘ensogados’ son legales o ilegales. Cuestiones palpitantes. Y de altura. </p>
<p>Antes de que a alguien se le ocurra convertirnos en vegetarianos por  iniciativa popular, procuraré aplicarme la dieta de mi buen amigo Diego Bardón, ese genio escuálido que se empeña en correr los maratones de espalda y que solo come carne de toro que haya matado Morante de la Puebla. Así de sencillo. Y si ya no puedo ver a José Tomás en la Monumental de Barcelona, lo veré en otras plazas, a ser posible con los toreros de la tierra: Ferrera, Perera y Talavante. Que Dios reparta suerte.</strong></p>
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		<title>Del mono al lince</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2009 10:44:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En mitad de esta trifulca ideológica-moral que convierte a Darwin, a Galileo y a Giordano Bruno en armas arrojadizas contra una iglesia percibida como inquisitorial y cerril, la disputa se encrespa con episodios recientes: la actitud ‘comprensiva’ del papa Benedicto XVI con el obispo lefebvriano que niega la existencia del holocausto; su oposición al uso [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En mitad de esta trifulca ideológica-moral que convierte a Darwin, a Galileo y a Giordano Bruno en armas arrojadizas contra una iglesia percibida como inquisitorial y cerril, la disputa se encrespa con episodios recientes: la actitud ‘comprensiva’ del papa Benedicto XVI con el obispo lefebvriano que niega la existencia del holocausto; su oposición al uso del preservativo en la lucha contra el sida; la excomunión de los médicos y la madre de la niña de nueve años violada en Brasil por su padrastro y que abortó los gemelos fruto de esa agresión; las críticas por el caso de Javier, el niño que los médicos del Hospital Virgen del Rocio de Sevilla lograron que viniera al mundo sin una enfermedad hereditaria incurable y de paso librar de una muerte prematura a su hermano Andrés, de 7 años; la polémica campaña de los obispos comparando a un bebé con un lince&#8230;</p>
<p> Por no hablar de las cansinas diatribas a raíz de la asignatura Educación para la Ciudadanía o las (en mi opinión más que justificadas) críticas a la reforma que la ministra Bibiana Aido, ‘la miembra’, prepara en la llamada ley del aborto. </p>
<p> No parece cabal pedirle a la Iglesia que cambie de posición en cuestiones que considera doctrinalmente fundamentales. Y creo que el aborto es una de ellas. Lo que sí se le puede reclamar, desde la perspectiva del ciudadano –creyente o no– es  igual celo en la defensa de la vida en todos los ámbitos del mundo: incluidos los sistemas  políticos y sociales que explotan a los niños, que permiten las injusticias, que especulan con los valores fundamentales del ser humano. Quizás así aumente su implantación social y no nos parezca en ocasiones contradictorio su mensaje.</p>
<p> Hace 101 años, un filósofo y escritor español expuso su opinión sobre un asunto que parece consustancial con la vida religiosa, con las concepciones morales: </p>
<p> «Hay que civilizar el cristianismo, y por civilizar entended hacerlo civil, para que deje de ser eclesiástico; infundirlo en la vida civil, en la civilidad, desempeñándolo de la Iglesia. Y hay que proclamar la santidad de la ciencia».</p>
<p> El filósofo se llamaba Miguel de Unamuno. Sus palabras figuran en un libro de conferencias, pronunciadas en el País Vasco, que acaba de editar el profesor Ricardo Senabre.</p>
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