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	<title>GRATIS TOTALmuseos &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>De Zurbarán a Picasso</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jul 2015 18:50:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace pocos días visité en Madrid la exposición ‘Zurbarán, una nueva mirada’ que acoge el Museo Thyssen-Bornemisza hasta el 13 de septiembre. Al margen de ciertas ausencias clamorosas (como las subrayadas en HOY esta misma semana por el periodista José Julián Barriga respecto a los ‘Zurbaranes’ de Guadalupe) la muestra del Thyssen regala a los [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace pocos días visité en Madrid la exposición <a href="http://www.museothyssen.org/microsites/exposiciones/2015/Zurbaran/?gclid=CKXGsKXc08YCFUKWtAodhQIHSA" target="_blank">‘Zurbarán, una nueva mirada’</a> que acoge el Museo Thyssen-Bornemisza hasta el 13 de septiembre. Al margen de ciertas ausencias clamorosas (como las subrayadas en HOY esta misma semana por el periodista José Julián Barriga respecto a los ‘Zurbaranes’ de Guadalupe) la muestra del Thyssen regala a los españoles sin embargo obras maestras de difícil contemplación en nuestro país, entre ellas ese <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/San_Francisco_de_As%C3%ADs_en_%C3%A9xtasis_%28Zurbar%C3%A1n,_Museo_Soumaya%29" target="_blank">‘San Francisco en éxtasis’</a> que ha cedido la National Gallery londinense. Solo por ese cuadro ya estaría justificada una antológica del pintor extremeño. Por motivos que no vienen al caso, ese lienzo tiene para mí una especial significación y me costó, valga la anécdota, ruborizarme ante un vigilante de la National Gallery por no respetar la prohibición de que me fotografiaran junto a él. ¿Pero cómo explicarle a aquel buen hombre celoso de su trabajo, que lo que yo estaba haciendo no era fotografiarme ante un cuadro de un museo inglés sino algo más trascendente: ‘inmortalizarme’ ante la obra de arte de un paisano extremeño que sigue conmoviendo con su genio y espiritualidad?<br />
Del mismo modo que Marcel Proust a través de sus personajes (‘Por el camino de Swann’) muestra el deslumbramiento que le produjo contemplar el famoso cuadro de Vermeer <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Vista_de_Delft" target="_blank">‘Vista de Delft’</a>, a mí me produjo una mezcla de placer y desasosiego contemplar en Londres ese ‘San Francisco en éxtasis’ que Zurbarán pintó hacia 1635 y que constituye quizás una de las cumbres, por su teatralidad y dramatismo, del barroco español. Al igual que en el Louvre las manadas de turistas se embelesan haciéndose fotos (¿ahora selfies?) con la ‘Gioconda’ sin reparar apenas en otras obras maestras, yo pensaba que en la National Gallery nadie me iba a llamar la atención por que me retrataran frente al cuadro de Zurbarán cuando la mayoría de los visitantes prefería arremolinarse ante la carnalidad de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Venus_del_espejo" target="_blank">‘La Venus del espejo’</a> de Velázquez o de la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Mujer_sentada_tocando_la_espineta" target="_blank">‘Mujer tocando un clavicordio’</a>, del mismo Vermeer&#8230; Pero como en el chiste del león sordo, a mí debió de tocarme el vigilante más celoso de su trabajo.<br />
Además de los cuadros de Zurbarán, Madrid atesora hasta el 14 de septiembre otra exposición en el Museo del Prado también muy recomendable: <a href="https://www.museodelprado.es/exposiciones/info/en-el-museo/diez-picassos-del-kunstmuseum-de-basilea/?gclid=CNCAscre08YCFcTItAodX-YBSA" target="_blank">10 obras de Pablo Picasso  procedentes de las colecciones del Museo Kunstmuseum</a> de Basilea, cedidas mientras se reforman las salas de ese museo suizo. Menudo placer recorrer la galería central del Prado y comprobar con qué naturalidad se alternan y dialogan cuadros que Picasso pintó entre 1906 y 1967 con las grandes obras de Rubens, Tiziano, Velázquez, Tintoretto, el Greco o Goya. Obras que revelan la evolución de un clásico contemporáneo poliédrico y capaz de fagocitar la historia completa del arte universal. Quien decida visitar el Museo del Prado podrá disfrutar de piezas tan conocidas como ‘Arlequín sentado o El pintor Jacinto Salvadó’, de 1923 o el deslumbrante ‘Muchachas a la orilla del Sena, según Courbet’, de 1950. Admirar obras de arte no solo sirve para conmover el corazón de los hombres, si es en museos estos días vale incluso para luchar contra el calor.</p>
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		<title>Ponerse a la cola</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jun 2014 10:07:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[España era, como Rusia en el siglo pasado, el país de las colas. Unas cuantas generaciones de españoles tuvieron que doctorarse en el arte de hacer cola, en el oficio de esperar, guardando turno para las cartillas de racionamiento, para afiliarse a la emigración, para aspirar –quienes podían– al primer coche importado, para asistir a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>España era, como Rusia en el siglo pasado, el país de las colas. Unas cuantas generaciones de españoles tuvieron que doctorarse en el arte de hacer cola, en el oficio de esperar, guardando turno para las cartillas de racionamiento, para afiliarse a la emigración, para aspirar –quienes podían– al primer coche importado, para asistir a los toros o para entrar en el campo de fútbol el día de las grandes competiciones&#8230; Tras los años del ‘desarrollismo’ las colas ya se formaban en otras circunstancias, digamos que en las grandes urbes con miles de vehículos saliendo de vacaciones en desbandada hacia la playa o hacia el pueblo de origen, a pasar unos días con la familia. Sin embargo, hasta que han vuelto a imponerse con todo su dramatismo las ‘colas del paro’, yo las mayores colas en España no las había visto en los campos de fútbol o en las plazas de toros, sino en los museos. Colas como las que serpenteaban hace años en el Museo del Prado durante las antológicas de Velázquez o la más reciente de ‘El Hermitage en el Prado’. Colas monumentales como las de la muestra dedicada a Dalí en el Museo Reina Sofía o la del Museo Thyssen centrada en la obra del gran Antonio López.<br />
Una España donde padres de adolescentes contratan a intermediarios para coger sitio en las colas de los conciertos. Un país en que el acceso a los bienes culturales ha crecido exponencialmente a pesar de los cataclismos y las ‘malas artes’ de Wert.<br />
Pienso en todas estas cosas recorriendo las salas de la <a href="http://www.fmercedescalles.org/fmc/" target="_blank">Fundación Mercedes Calles</a>, donde se exhibe hasta final de mes la exposición ‘Il furore della Ricerca’ (’El furor de la búsqueda’) con obras, entre otros, de Tiziano (aprovechen y vean su hipnóptico ‘Retrato de Hipólito de Medici), José de Ribera, Veronés, Artemisia Gentileschi o Il Guercino. Y recorriendo también las salas de la <a href="http://fundacionhelgadealvear.es/" target="_blank">Fundación Helga de Alvear</a>, que acoge hasta final de año una muestra, ‘Las lágrimas de las cosas’, que nos interroga y nos invita a reflexionar acerca de las pasiones propias y ajenas. En una entrevista concedida recientemente a un diario económico, Helga de Alvear, la galerista y coleccionista alemana que trajo a Cáceres su magnífica cosecha de arte, confesaba que ha cumplido casi todos sus retos, pero que sueña con una obra que tiene título: <a href="https://www.google.es/#q=who%27s+afraid+of+red+yellow+and+blue" target="_blank">‘Who’s Afraid of Red, Yellow and Blue’</a>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Barnett_Newman" target="_blank">Barnett Newmanen</a>. «Lloras con esa pieza, pero sólo está al alcance de la jequesa de Catar», confiesa con humor.<br />
Les invito a que pongan en el buscador  de Internet el nombre del pintor y el título de la obra. Verán que se trata de piezas con una cotización astronómica, a pesar de que muchos ciudadanos no familiarizados con el arte moderno ya se sabe que no pagarían ni el precio del papel para envolver el lienzo. Y es más que probable que la Fundación Helga de Alvear posea obras tan valiosas como las de Barnett Newmanen, aunque la propia Helga exprese su debilidad por los cuadros del artista norteamericano. ¿Y qué tiene que ver todo esto con las colas?, se preguntarán. Muy sencillo, en Cáceres pueden admirarse, gratis y sin hacer colas, obras maestras de todos los siglos. ¿Eso cuánto vale?<strong></p>
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		<title>Piratas veteranos</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Apr 2012 20:36:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[La piratería, como la piedra filosofal, es capaz de convertir el plomo en oro. «¿Quién hace de piedras pan, sin ser el Dios verdadero?» se preguntaba Quevedo, que conocía de sobra la respuesta: el dinero. En vez de la piratería podría escribir la rapiña, el robo, el pillaje, el saqueo&#8230; En el fondo es lo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La piratería, como la piedra filosofal, es capaz de convertir el plomo en oro. «¿Quién hace de piedras pan, sin ser el Dios verdadero?» se preguntaba Quevedo, que conocía de sobra la respuesta: el dinero. En vez de la piratería podría escribir la rapiña, el robo, el pillaje, el saqueo&#8230; En el fondo es lo mismo. Si el pirata cuenta con las bendiciones del poder  será considerado un explorador, un conquistador, un colonizador o un adelantado del progreso. El mundo funciona así desde la noche de los tiempos. Sin embargo, la piratería a la que ahora me refiero tiene que ver más que con la disputa al ‘otro’ de materias primas o riquezas, con la apropiación de lo ajeno para usarlo como si fuera propio. Desde prácticas recientes como las desarrolladas por la empresa Odyssey, que expolió un pecio español cargado de monedas de oro y plata, Nuestra Señora de las Mercedes, hasta las recolecciones masivas que han llenado las vitrinas y salas del Museo Británico, del Museo del Louvre o del Museo de Berlín, por citar tres espacios famosos que albergan los frisos y estatuas del Partenón, la Victoria de Samotracia y el busto delicado y misterioso de Nefertiti.<br />
Recorriendo las salas del Museo Británico a uno le entran ganas de apuntarse inmediatamente a los ‘comandos Melina Mercuri’, caso de que existieran. Y digo su nombre porque la legendaria actriz y ministra de Cultura de Grecia fue una de las que reivindicaron con más fuerza la devolución del patrimonio monumental que los británicos se llevaron de la Acrópolis.<br />
Los piratas culturales ‘clásicos’ suelen parapetarse detrás de dos argumentos algo falaces: los bienes que ellos trasladan a sus civilizadas capitales corrían riesgos de conservación y además en muchos casos no estaban ni siquiera bien valorados en su propio entorno. Es verdad que a veces se daban tales circunstancias, pero el razonamiento lleva implícita una trampa, pues si se trata de una cuestión temporal, de una época en que el pueblo o la nación requisados no tenían la cultura suficiente para ‘apreciar’ el patrimonio heredado de sus mayores, el argumento deja de ser válido desde el instante en que esos pueblos o naciones alcanzan un nivel cultural suficiente para conservar y exhibir, con todas garantías, sus tesoros histórico artísticos. ¿Entonces, por qué no les devuelven las piezas? Por dinero. Sencillamente por dinero.<br />
Si durante años los saqueos, los actos de pillaje, los robos e incautaciones representaban un valor fundamentalmente simbólico y de estatus político social, yo creo que la transformación del viajero en turista, la masificación de las visitas, la consolidación del turismo como una de las grandes industrias de la modernidad han hecho que los museos se conviertan en alquimistas capaces de transformar las piedras en oro, en monedas de curso legal.<br />
Decir que devuelvan lo que se ha convertido en su principal reclamo, en el imán que les proporciona riadas de riqueza, sería tirar piedras al propio tejado. Nunca lo harán. Así que cuando viaje a estos templos de la cultura en Londres, en París, en Berlín, piense que además de arte estará admirando el botín de veteranos piratas.</p>
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