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	<title>GRATIS TOTALopinión &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Del Potemkin a Internet</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Dec 2018 12:38:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En los tiempos en que las comunicaciones estaban condicionadas a una ‘presencia directa’, la capacidad de influir la monopolizaban los poderes fácticos, digamos, resumiendo: los socios del casino o del ateneo, el maestro, el cura y el alcalde. Y para de contar. Las opiniones transitaban también a través de la prensa (incluida la prensa de partidos, tan abundante desde el siglo XIX en toda Europa), y viajaban con los libros, el teatro y después el cine, la radio y la televisión. Desde ‘El acorazado Potemkin’ de Eisenstein hasta ‘La Barraca’ de García Lorca. Desde los ‘partes’ de Radio Nacional y el No-Do hasta las emisiones de Radio España Independiente (La Pirenaica). Desde los documentales de la BBC hasta los programas de telerrealidad y telebasura de nuestros días.</p>
<p>La llegada de las nuevas tecnologías y, sobre todo, la popularización de Internet y de las redes sociales ha modificado radicalmente ese ecosistema. Las redes sociales hacen posible que se multipliquen de manera exponencial púlpitos o estrados de barra de bar, convirtiendo en voceros de sí mismos a cualquiera de los millones de habitantes del planeta que disponga de acceso a Internet y decida abrirse un blog o una página web.</p>
<p>A esa teórica ‘democratización’ de los emisores no cabría anteponer ningún reparo de no ser por lo fácil que resulta su manipulación y la falta de transparencia que los rodea. Redes que son el caldo de cultivo ideal para la propagación de noticias falsas, de propaganda encubierta, de intereses económicos bastardos y de apoyos políticos espurios. Basta con observar los cambios que está promoviendo el populismo en Europa, en Asia y en América para recelar de las redes sociales. O mejor, para recelar de esos efectos secundarios o daños colaterales que no se preveían en su origen, cuando tan solo eran instrumentos para promover la comunicación, los contactos sociales, de forma gratuita…</p>
<p>A la caída de la venda, al desencanto ante las redes, contribuyen además de los casos escandalosos protagonizados por Trump, Putin, Le Pen, el ‘brexit’ o Bolsonaro, el ejemplo de multitud de personas anónimas que se lamentan y muestran su prevención frente a vías que son auténticos flujos de odio cuando no de pura zoquetería. Redes que favorecen el adoctrinamiento de la forma más peligrosa, es decir, sin que el receptor del mensaje sea consciente ni por asomo de quién es el verdadero emisor del mensaje y cuál su velada intencionalidad… Que se lo digan, por ejemplo, a los votantes de Trump o a quienes ven cómo se ‘blanquea’ la imagen de la penúltima formación política o la historia de Cataluña antes del súbito ‘procés’… A quienes seleccionan temas, personajes y mueven los hilos de las marionetas.</p>
<p>María-Jeanne Roland de la Patiere, la revolucionaria girondina que acabó guillotinada en la época del Terror y pronunció la famosa frase: «¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!», había escrito antes otra advertencia bien lúcida: «El débil tiembla ante la opinión, el insensato la desafía, el sabio la juzga, el hábil la dirige». Piensa, amigo lector, qué prototipo de esos cuatro, reserva para ti las redes sociales.</p>
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		<title>El arroz con leche y el ladrillo</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Oct 2017 19:17:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Para debatir, conversar, dialogar&#8230; es preciso que el emisor y el receptor (interlocutor) se presten atención y compartan al menos un código y un canal comunes. Ese principio vale tanto para un grupo de amigos como para el conjunto de la sociedad, incluidas las redes sociales. Y ahí quería llegar yo. Una reciente macroinvestigación sociológica [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para debatir, conversar, dialogar&#8230; es preciso que el emisor y el receptor (interlocutor) se presten atención y compartan al menos un código y un canal comunes. Ese principio vale tanto para un grupo de amigos como para el conjunto de la sociedad, incluidas las redes sociales. Y ahí quería llegar yo.<br />
Una reciente macroinvestigación sociológica prueba que las redes sociales, y especialmente Facebook, «fomentan la hipersegmentación ideológica, el separatismo y la polarización de la opinión pública, lo que origina un deterioro de la calidad democrática», según señala Miguel Ormaetxea en ‘Media-tics’. Es sabido que muchos lectores, espectadores y oyentes buscan tan solo aquellos medios de comunicación que les provean de informaciones y opiniones donde sientan confirmadas o ‘reforzadas’ sus preferencias políticas, económicas, deportivas, culturales&#8230;<br />
El advenimiento de las redes sociales –acogido como un ‘nuevo amanecer’ incluso por dirigentes políticos bienintencionados– no contribuye sin embargo a mejorar las posibilidades de diálogo y de debate, sino al contrario. Esa macroinvestigación lo que prueba es que las plataformas de redes sociales «crean burbujas de información y opiniones unilaterales, perpetuando opiniones sesgadas y disminuyendo las oportunidades para un discurso plural. Sistemas como los ‘me gusta’ o los retuits para medir la validez o apoyo masivo hacia un mensaje u organización crean un sistema distorsionado de evaluación de la información y proporcionan una imagen falsa sobre la popularidad», explica Ormaetxea. Sin entrar en que tales opiniones puedan ser asimismo obra de trols o de robots&#8230; La era apoteósica de la posverdad.<br />
A mí lo que me me inquieta sobre todo es la tendencia –cada vez más extendida en las redes y en cualquier debate público– a sustituir en las discusiones políticas el arrojadizo «y tú más» por el ardid argumental del cambio de tema. Tú me hablas de ‘x’, pues yo te hablo de ‘y’. Alguien reprocha por ejemplo la falta de coherencia histórica de quien sirve objetivamente a los intereses del separatismo privilegiado, supremacista, y en vez de refutar la idea se dedica a hablarle de la corrupción de un tercer elemento en disputa. Tú puedes plantear un asunto de interés nacional o internacional, pero si el interlocutor piensa que no le conviene o beneficia la propuesta, dará una larga cambiada y con todos los aspavientos de que sea capaz sentenciará que «de lo que hay que hablar», pongamos por caso, es de un asunto local&#8230; Así todo.<br />
En tal controversia dan ganas de preguntar: «¿Qué tiene que ver la velocidad con el tocino?» y regalarles como broche del ‘no-debate’ esa sentencia popular que resume un planteamiento absurdo: «Como sé que te gusta el arroz con leche, debajo de la puerta te dejo un ladrillo». Por eso me parece que las redes están bien para ciertos asuntos de utilidad doméstica (mensajes, avisos&#8230;) pero entrañan serios riesgos respecto a la promoción de la pluralidad y riqueza democráticas.</p>
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		<title>Te conozco, pajarito</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Oct 2013 22:08:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[LA otra tarde volvía en coche de asistir al funeral de una persona entrañable. Para distraerme de la melancolía de la pérdida, puse la radio. Entrevistaban a José Luis Balbín, el veterano periodista que dirigió y presentó un programa muy recordado de TVE, ‘La clave’. Alejado de complacencias y me parece que suficientemente lúcido, Balbín [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LA otra tarde volvía en coche de asistir al funeral de una persona entrañable. Para distraerme de la melancolía de la pérdida, puse la radio. Entrevistaban a José Luis Balbín, el veterano periodista que dirigió y presentó un programa muy recordado de TVE, ‘La clave’. Alejado de complacencias y me parece que suficientemente lúcido, Balbín explicaba que no le interesan los debates en las tertulias «de ahora» porque además de que los invitados se gritan e insultan entre sí, se conoce de antemano lo que van a decir. Todo es aburrida y disparatadamente previsible.<br />
A mí me ha invadido también esa sensación al oír o escuchar a quienes participan de forma habitual como tertulianos, contertulios o invitados en programas de radio y televisión. Es la sensación de estar escuchando intervenciones de «periodismo de camiseta», por utilizar la expresión que ha importado al universo informativo español el Tata Martino, entrenador del Barça. A Balbín le aburren ese tipo de programas y a mí me aburren y en cierto modo también me escandalizan. La política está fagocitando diariamente a decenas de periodistas, informadores y publicistas a quienes convierte en papagayos reproductores de sus consignas y argumentarios, reduciéndolos, en una palabra, a la condición de simples voceros.<br />
Cuando se creía superada históricamente la etapa del periodismo militante o periodismo de partido, se reavivan las malas artes del ‘periodismo de camiseta’ pero no solo en el universo futbolístico, sino en el de los medios en general; un ‘periodismo militante’ me temo que cada día con seguidores más ‘forofos’ y entusiastas. Con seguidores que renuncian a la incertidumbre de lo que van a ver o a escuchar y prefieren las anteojeras, el prejuicio ideológico o el lugar común. Seguidores que prefieren rendirse ante la dosis de su menú conocido. Seguidores que al contrario de lo que les ocurría a quienes disfrutaban con ‘La clave’, no quieren correr el riesgo de aventurarse por los caminos que desbrozan la razón y los debates abiertos, sin apriorismos impuestos.<br />
Cuántas veces se ha citado el ejemplo de Walter Cronkite, el legendario presentador de la CBS, del que nadie, ni demócratas ni republicanos, podía decir nunca que supiera en realidad a quién se sentía más próximo.  Intente hacer, amigo lector, un ejercicio de imaginación y piense en los periodistas, informadores, publicistas, contertulios, etcétera, a quienes ve, escucha o lee de manera habitual. Hágase después la pregunta que se hacían los norteamericanos ante la figura de Walter Cronkite.<br />
 Las emociones que despierta la palabra no pertenecen de ninguna manera a la realidad, «pues la realidad no es de índole emocional», como bien señalaba hace años el periodista Carlos Luis Álvarez, ‘Cándido’, que abundaba en esa idea: «Cuando decimos que la realidad es evidente, no hacemos sino teñir de subjetivismo la realidad. Lo que es evidente es la idea que nosotros tenemos de la realidad». Es la diferencia, aclaro yo, entre la realidad que opera en un fajo de billetes verdaderos y la realidad de un fajo de billetes falsos para el timo del ’tocomocho’.</p>
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		<title>Cultura mosaico</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Oct 2012 19:23:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Todos los días me levanto creyendo que vivo en la sociedad del conocimiento pero me acuesto convencido de que vivo en la sociedad del espectáculo. La vieja frase de que algunos vienen del bar de la esquina y lo cuentan como si vinieran de la guerra de Vietnam mientras otros vienen de la guerra de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todos los días me levanto creyendo que vivo en la sociedad del conocimiento pero me acuesto convencido de que vivo en la sociedad del espectáculo. La vieja frase de que algunos vienen del bar de la esquina y lo cuentan como si vinieran de la guerra de Vietnam mientras otros vienen de la guerra de Vietnam y lo cuentan como si vinieran del bar de la esquina parece consigna de éxito. En el pandemónium de la actualidad puedes toparte con medios de información sobre cuyo mostrador se despacha, al revoltijo, información y opinión sin facilitar al espectador, al oyente o al lector la posibilidad de saber de forma precisa si lo que le están ‘vendiendo’ es mercancía legal o género de contrabando&#8230;<br />
La democratización del acceso a los ‘mass media’, en principio una conquista positiva que habría que agradecer a la sociedad de la información y a las nuevas tecnologías, se ha producido sin más interés que el de la rentabilidad inmediata, llámese índice de audiencia, difusión o volumen publicitario. Es como si en la universidad el criterio para elegir al catedrático que debe impartir enseñanza se estableciera según la fotogenia, la simpatía personal y la verbosidad en vez de considerando su competencia docente, sus conocimientos y sus méritos profesionales. En el caso de las televisiones y de los medios audiovisuales en general (prácticamente todos: ediciones digitales, webs, blogs, redes sociales) esa deriva está contribuyendo a la expansión de lo que el sociólogo Abraham Moles bautizó como «cultura mosaico», es decir, esos conocimientos fragmentarios y superficiales que dejan en nuestro cerebro los medios de comunicación de masas y que contrastan con la cultura ‘tradicional’, estructurada, que progresa a base de ir escalando diferentes parcelas y niveles de conocimiento de manera sistemática, lejos del azar de los ‘mosaicos’ mediáticos.<br />
En la sociedad del espectáculo las atracciones antes reservadas al circo, al teatro, a ciertas formas de literatura popular tienen reservada la suite real. De este modo, no solo las teles sino las ediciones digitales de los periódicos e incluso algunas radios se ven abocadas a incluir vídeos y contenidos de ‘variedades’ para sobrevivir en un ecosistema donde de las tres patas programáticas: «informar, formar y entretener» la última, entretener, se ha convertido casi monográficamente en la finalidad verdadera.<br />
De ahí los éxitos de programas como el de la medium Anne Germain, los múltiples cotorreos sobre temas del corazón y de la entrepierna o esos espacios de variedades en los que una presentadora se despacha con la frase «no está científicamente demostrado que el alma no se transmita en un trasplante de órganos».<br />
La consagración de la liviandad, la apuesta por lo puramente episódico tanto en los contenidos como en su forma de abordarlos es lo que caracteriza a la sociedad del espectáculo y su consecuencia inmediata: la cultura mosaico. Para vacunarse contra esa epidemia contemporánea no conozco otro remedio que buena formación cultural y las dosis adecuadas de prensa, radio y televisión de calidad. He dicho de calidad.</p>
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		<title>Azarías y los análisis</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Mar 2011 08:42:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En su elogio a los cinco años de Twitter, Juan Valera ponderaba ayer en HOY la importancia del invento con estas palabras: «Informar es estar y participar en Twitter. Un medio en construcción que es mucho más para medios y periodistas que los clics conseguidos con los enlaces. Imprescindible como fuente y decisivo en el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="p" id="story-texto"><strong>En su elogio a los cinco años de Twitter, Juan Valera ponderaba ayer en HOY la importancia del invento con estas palabras: «Informar es estar y participar en Twitter. Un medio en construcción que es mucho más para medios y periodistas que los clics conseguidos con los enlaces. Imprescindible como fuente y decisivo en el ritmo de muchas noticias». «Lenguaje para ciborgs nómadas hiperconectados con móviles».<br />
</strong><br />
<strong>Aprovechando la presentación de la edición inglesa de su última novela, Juan Luis Cebrián declara a &#8216;El País&#8217; un juicio muy similar al de Juan Varela. En su opinión, recogida por Sandro Pozzi desde Nueva York, «las redes sociales como Twitter y Facebook son un buen instrumento para convocar manifestaciones, como las que están detrás de los levantamientos populares en Egipto, Túnez, Libia o Yemen. Y para hacer circular noticias concretas». Pero precisó: «para el análisis y comprensión de la situación aún no son útiles». No debe entenderse, claro está, que Cebrián rechace las nuevas tecnologías, que considera una oportunidad, no una amenaza. Pero tampoco se puede caer en el optimismo infundado que atribuye a las redes más capacidades que las que en realidad pueden desarrollar. Aproximarse a cualquier realidad (social, económica, política, antropológica&#8230;) exige acceder a los datos -a la información-, posibilidad de ordenarlos y trabajar con ellos de forma coherente y un método de análisis que posibilite su interpretación. De lo contrario, nos puede ocurrir lo mismo que a aquel historiador inglés que cumplía las dos primeras premisas: sabía qué sucesos debía reseñar y cómo trabajar con ellos pero al carecer de método para el análisis, de punto de vista, la historia de los años más gloriosos de una nación se convirtieron, en palabras de Lytton Strachey, «en una ingente cantidad de serrín». Una periodista de HOY, Aracely Robustillo, lo resume precisamente en un comentario en Facebook: «Twitter y Facebook cumplen una función muy similar a la de la radio, por la inmediatez con la que permiten seguir un determinado suceso, y su poder de convocatoria es indiscutible. Sirven para lanzar ideas y son enriquecedoras, pero para el análisis sigue siendo necesaria la prensa». </p>
<p>Este asunto de la información y de la opinión me recuerda aquel pasaje de &#8216;Los santos inocentes&#8217;, de Miguel Delibes, en la película de Camus, cuando Paco, el Bajo (Alfredo Landa), se rompe una pierna haciendo de &#8216;secretario&#8217; para el señorito Iván (Juan Diego) y este último, totalmente contrariado, incita a Paco de forma egoísta y despiadada para que se sobreponga al dolor y siga acompañándole durante la caza. </p>
<p>El señorito Iván se ha fijado en las habilidades que tiene Azarías (Francisco Rabal), que se pasa el día con su «milana bonita, milana bonita» en el hombro, y le pregunta a Paco si el Azarías, «con estas mañas que se gasta», no haría bien de secretario. Paco niega con la cabeza y le contesta: «Con el palomo puede, con la perdiz es corto de entendederas». </p>
<p>Algunas redes sociales son ya insustituibles y valen para la información, pero sospecho que para el análisis, para la perdiz, siguen siendo cortas de entendederas. </strong></div>
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