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	<title>GRATIS TOTALoptimismo &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>De héroes y tormentas</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Mar 2019 08:39:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Ese dogma, tantas veces repetido, de que la economía es un estado de ánimo, puede aplicarse no solo al ámbito económico y financiero sino a muchos otros de la sociedad. En una entrevista en ‘La Vanguardia’ de Lluís Amiguet a la barcelonesa Mar Ruiz, profesora de emprendedores en Stanford e inversora en Silicon Valley, ella recuerda que Internet nació en Stanford y que allí trabajan juntos estudiantes y profesores de todas las edades, etnias y culturas, potenciando una diversidad enriquecedora. En un momento de la entrevista es la propia Mar Ruiz quien pregunta en relación a su lugar de trabajo: «¿Sabe cuál es nuestra lengua universal?», dice. «El inglés no está mal», sugiere el periodista. «¡El optimismo!» contesta Mar Ruiz. «Es lo que echo de menos cuando vuelvo a Barcelona. En Stanford todos sonríen y dicen estar bien, y al final es que es verdad».</p>
<p>Pero supongo que se refiere al optimismo concebido como una actitud deliberada ante las dificultades del día a día, no como un placebo irresponsable que nos eche en brazos de la temeridad. Ser optimista exige confianza en las propias fuerzas y, sobre todo, voluntad: «No soy optimista, quiero ser optimista», advierte Zola. Quizás ahora, cuando la OCDE anunció ayer que reduce en ocho décimas la previsión de crecimiento para la eurozona (el recorte más fuerte desde el año 2009, tras la crisis global, con lo que en vez de un crecimiento del 1,8% solo será del 1%), digo que justamente ahora, cuando se acercan esos nubarrones en toda Europa y en el resto del mundo es cuando resulta más indispensable confiar en el futuro y sonreír, más allá de los contratiempos. Porque siempre escampa. En la economía y en esas otras parcelas de la vida que no cotizan en Bolsa porque son valores intangibles que no cabe reducir a una tabla de Excel.</p>
<p>Donde menos puertas hay que dejar abiertas al desánimo, al pesimismo paralizante, es en esas parcelas que, –por los motivos que sea– no está en nuestra mano controlar de manera directa, intervenir con voluntad y determinación. Estoy pensando en muchas decisiones políticas, medioambientales, sociales… de las que únicamente somos meros espectadores o invitados de piedra. Aceptar el fatalismo en tales ámbitos equivale a rendirse y dar por hecho que en pleno siglo XXI el ciudadano de Europa tiene perdida la batalla frente al populismo, el nacionalismo o las políticas deshumanizadas.</p>
<p>Como explica muy bien esa catalana afincada en Stanford, quien triunfa no es quien nunca se equivoca, sino quien al tropezar sigue adelante y al que «no se le aparta por meter la pata». Los que, de verdad, no dejan de sonreír.</p>
<p>Decía Montaigne que no hay cosa a la que tuviera tanto miedo como al propio miedo. Supongo que es otra manera de nombrar el pesimismo. Seguir adelante y conquistar el futuro exige no dar oportunidades al derrotismo; exige asumir como propio el popular mantra del batallador: «El &#8216;no&#8217; ya lo tienes». Ocurre que los triunfos en la vida están reservados a quienes, tras la tormenta, avanzan sin perder la sonrisa. Como la gloria a los héroes cotidianos.</p>
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		<title>La felicidad y el futuro</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Aug 2017 22:49:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p class="x_MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Dice el psiquiatra Luis Rojas Marcos en una entrevista que le hace Íñigo Domínguez en ‘El País’ que el ser humano está programado para el optimismo y que esa es la mejor herramienta para afrontar el discurso del miedo tan vigente en nuestro tiempo. Poco días antes, en otra entrevista de Víctor M. Amela en ‘La Vanguardia’, Chökyi Nyima Rimpoché, monje y maestro de budismo tibetano en Nepal afirmaba que la bondad es la base de la felicidad y la salud. Y descendía a los detalles: «La única política justa será la basada en la bondad. Un político bondadoso, que ame al otro, jamás será injusto ni corrupto». Es decir, la felicidad como un estado al que se llega cuando sabes apreciar lo que tienes, a través de la calma y la ‘bondad plena’ que equivalen a «querer lo mejor para el otro, regocijarte de sus éxitos y felicidad». </span></p>
<p class="x_MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Reconozco que no siento particular inclinación por la literatura de autoayuda ni por esas filosofías multirremedios de manual. Pero es curioso, Rojas Marcos no se limita a enunciar una frase bonita, relaciona por ejemplo la importancia que tiene en Estados Unidos esa condición optimista frente a Europa, –más proclives a la «cultura de la queja»– en las tasas de suicidios: mientras en Europa siempre se sitúan entre un 8 o un 9 por 100.000, en los ‘optimistas’ y ‘felices’ USA esas tasas no aumentan. El valor antropológico de la felicidad.</span></p>
<p class="x_MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">En el caso del monje budista, su lección me resulta tan familiar como la gran recomendación cristiana: «ama a tu prójimo», o todas las tesis vinculadas a la felicidad (eterna) que se contienen en las bienaventuranzas.</span></p>
<p class="x_MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Cuando releo una de las frases de Chökyi Nyima Rimpoché: «La única política justa será la basada en la bondad. Un político bondadoso, que ame al otro, jamás será injusto ni corrupto»&#8230;  confieso sin embargo que enseguida esbozo una sonrisa no tanto porque descrea de la tesis sino porque imagino a cualquier estratega electoral de España recetando a sus huestes la medicina de la bondad con el adversario. Y la sonrisa asciende a carcajada si busco mentalmente algún ejemplo que pruebe de forma empírica la recomendación del tibetano&#8230; </span></p>
<p class="x_MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Probablemente la relación entre felicidad y optimismo y entre bondad y felicidad esté ya siendo reformulada por la ciencia a través de algún algoritmo que nos alegrará la existencia, sin necesidad de psiquiatras o de monjes budistas… Algún programa o alguna aplicación que nos redirija, como el GPS del espíritu, hacia modos de vida placenteros: un país pongamos por caso donde los jóvenes obligados a marcharse por la crisis puedan regresar sin sucumbir en los ‘trabajos basura’; un país donde el cambio climático no sea considerado una ‘posverdad’; donde los populismos tengan fecha de caducidad; donde no haya crisis de crecimiento; donde el futuro no lo escriban las grandes plataformas tecnológicas. Un futuro en el que Trump o el líder norcoreano solo quepa imaginarlos dentro de un cómic y donde se castiguen por ley, –y de una vez por todas– las llamadas durante la siesta para que cambiemos de compañía telefónica.</span></p>
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		<title>Para reír o llorar</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Nov 2014 10:34:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>La prueba de que el anuncio de la Lotería es un auténtico pelotazo es que nos hace llorar incluso antes de que compremos el décimo. Llorar después del sorteo debe de ser relativamente habitual –más por desilusión que por la alegría del Gordo, supongo– pero hay que reconocer el talento a los publicitarios que han concebido este cuento de Navidad en un país al que le sobran motivos reales para el llanto sin el estímulo de los emotivos pucheros de una historia de ficción&#8230;<br />
Dios aprieta pero no suelta. El supermercado de la realidad está bien surtido y pueden comprarse historias de todo tipo. Los de la botella medio llena tienen la oportunidad de vacunarse contra la melancolía. Les basta disfrutar con la hazaña espacial de la misión Rosetta, capaz de situar después de diez años de viaje la nave europea Philae sobre un cometa que se encuentra ya a 500 millones de kilómetros de la Tierra y se desplaza a una velocidad de 55000 kilómetros por hora. Un hito de la investigación europea bastante más complejo que encontrar una aguja en un pajar. Ese tipo de misiones que le reconcilian a uno con la ciencia y el verdadero progreso de la humanidad.<br />
Quienes ven la botella medio vacía repararán sin embargo en el panorama político nacional. ¿Cómo obviar la situación de Cataluña, donde la pura sentimentalidad es capaz de arrinconar a la razón? ¿Cómo es posible que una comunidad que siempre ha gozado de los mayores privilegios y beneficios económicos, culturales, sociales de su entorno pueda caer en la ‘superstición’ de una arcadia que nunca existió? ¿Qué tipo de ‘deslumbramiento’ ha alimentado durante las últimas décadas cierta clase dirigente del nacionalismo catalán para conseguir que la ensoñación de la independencia se conciba incluso por gente de buena voluntad como una salida plausible y además ‘justa’?<br />
A quienes ven la botella medio vacía tampoco les pasará por alto la turbia atmósfera que expanden la corrupción y los escándalos políticos. El albañal apesta. Con el agravante de que el juicio e incluso el tratamiento informativo se hace bastantes veces desde el apriorismo y los posicionamientos interesados. ¡Qué tiempos aquellos en que a un lector, a un espectador o a un oyente les costaba identificar la ideología de quien escribía o hablaba a través de la televisión y de la radio! Y no me refiero a quien expresa libremente con inteligencia, corrección y sinceridad su pensamiento –sea del signo que sea–, sino a quienes anteponen los intereses sectarios o partidistas al deber de ecuanimidad y veracidad; a quienes dimiten de hacer información en favor de la pura y simple propaganda. El género defectuoso.<br />
Respecto al panorama general –para los optimistas, renqueante en lo macroeconómico y para los pesimistas, pavoroso en lo personal– el dato estremecedor lo facilitó ayer Cruz Roja al desvelar que 800.000 personas sufren pobreza sanitaria en España. Es lo que hay. Con humor se podría parafrasear a ‘Amanece que no es poco’: «Ministro, todos somos contingentes pero tú eres necesario». ¿Sin humor? Siempre nos quedará la Lotería de Navidad. </p>
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		<title>Un mosaico romano en la basura</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 16:20:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si como decía Sartre «el hombre es una pasión inútil», en España ramificamos ese sentimiento con pasiones tan inútiles como el pesimismo, la animosidad irracional o el desprecio al semejante. Hasta en la poesía nos puede el lado trágico. Desde el «Miré los muros de la patria mía&#8230;» de Quevedo hasta «En un viejo país [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/Juandomingofernandez/wp-content/uploads/sites/11/2012/03/MOSAICO-ROMANO-baja1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-300" title="MOSAICO ROMANO baja" src="/Juandomingofernandez/wp-content/uploads/sites/11/2012/03/MOSAICO-ROMANO-baja1.jpg" alt="" width="220" height="300" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2012/03/MOSAICO-ROMANO-baja1.jpg 1734w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2012/03/MOSAICO-ROMANO-baja1-220x300.jpg 220w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2012/03/MOSAICO-ROMANO-baja1-768x1046.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2012/03/MOSAICO-ROMANO-baja1-752x1024.jpg 752w" sizes="(max-width: 220px) 100vw, 220px" /></a>Si como decía Sartre «el hombre es una pasión inútil», en España ramificamos ese sentimiento con pasiones tan inútiles como el pesimismo, la animosidad irracional o el desprecio al semejante. Hasta en la poesía nos puede el lado trágico. Desde el «Miré los muros de la patria mía&#8230;» de Quevedo hasta «En un viejo país ineficiente / algo así como España entre dos guerras&#8230;» de Jaime Gil de Biedma, nos recorre el descreimiento y la pesadumbre. O ambos a la vez.<br />
El pesimismo, tan fructífero en la literatura, no lo es en cambio en la vida diaria. Los neurólogos le reconocen al optimismo una primogenitura que solo es peligrosa en manos de economistas y políticos. Es decir, la ciencia recomienda las concepciones optimistas para todas las actividades del hombre, salvo las relacionadas de cerca con la gestión de economistas y políticos, pues en tales casos dejarse llevar por el optimismo sin base más que estimulante puede resultar suicida. (Los críticos a José Luis Rodríguez Zapatero y quienes pensaban que nunca iba a estallar la burbuja inmobiliaria entenderán bien este razonamiento).<br />
En realidad, la existencia del hombre, esa pasión inútil, que decía Sartre, es una lucha contra la propia adversidad de la vida. Un batallar que se remonta a la noche de los tiempos. El hombre ha tratado de evitar la intemperie y ha procurado abrigarse física, intelectual, médicamente&#8230; desde Altamira hasta el sueño de la Odisea en el espacio.    En ese sentido podría decirse que el progreso solo consiste en ir ganándole terreno a la intemperie en todas sus variables, desde lo arquitectónico a lo social, desde lo  sanitario a lo cultural, desde lo físico a lo espiritual&#8230; El progreso se traduce en regulaciones, en establecimiento de normas, de pautas, de leyes, que son los muros, los cimientos, las paredes de la gran ‘construcción’ que nos protege contra las inclemencias de todas las  ‘intemperies’.<br />
El mundo avanza porque todo se regula. ¿Todo? Bueno, no. Hay casillas donde no rige ese principio: la economía. Hay economistas que creen que los mercados se regulan solos y que es mejor dejarles mano libre porque si no asoma el espantajo del ‘comunismo’, de las colectivizaciones y demás prácticas perversas&#8230; (Dos pasos adelante y uno atrás. Ahora me parece que estamos en la fase de unos cuantos pasos atrás).<br />
«Y sin embargo, se mueve», que decía Galileo. El mundo avanza. Y cualquier tiempo pasado (casi siempre) fue peor. El otro día, mientras buscaba unos datos en la hemeroteca de HOY me encontré con esta noticia, firmada por mí, que abría las páginas de Región del 23 de julio de 1986.<br />
Titular: ‘Un mosaico romano de 30 metros cuadrados, arrojado a la basura’. Antetítulo: ‘Estaba depositado en el Ayuntamiento de Monroy y había sido restaurado en el Museo de Cáceres’. Es verdad que no se puede bajar la guardia, que sigue habiendo expolios, destrozos, insensibilidad, pero a otro nivel. Perdón por la auto cita: «Esa obra [el mosaico] se echó a perder en unos minutos por la irresponsabilidad de un culpable que no tiene cara pero sí tiene nombre: la ignorancia». Creo que de entonces para acá le hemos ganado terreno a la intemperie.</p>
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		<title>Cuántos prodigios</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 21:09:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[La fuerza de voluntad y el optimismo obran prodigios. Del mismo modo que el estado anímico suele ser determinante para la buena marcha de los negocios, la confianza en las propias fuerzas, la fe en un uno mismo, suele convertirse en el primer motor de las iniciativas de éxito. Si la moral no está alta, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La fuerza de voluntad y el optimismo obran prodigios. Del mismo modo que el estado anímico suele ser determinante para la buena marcha de los negocios, la confianza en las propias fuerzas, la fe en un uno mismo, suele convertirse en el primer motor de las iniciativas de éxito. Si la moral no está alta, los resultados caerán. Eso lo saben muy bien, por ejemplo, en los grandes equipos de fútbol, donde el psicólogo se ha convertido en un profesional tan bien mirado como el preparador físico, el médico o incluso el entrenador. La efectividad de estos profesionales es alta, pero no infalible. De hecho, fue el ámbito futbolístico el que acuñó la frase «más moral que el Alcoyano», que resume a la perfección lo que entendemos por exceso de confianza.<br />
Así que la fuerza de voluntad y el optimismo son tan necesarios para que el mundo avance como lo es la fuerza de la gravedad o la sucesión de las estaciones del año. Lo malo del optimismo es cuando se convierte en un valor que únicamente se reparte desde el poder o cuando los que se encargan de distribuirlo son percibidos como prestidigitadores poco hábiles a los que se les nota el truco.<br />
¿Ha visto a algún responsable público que  sumido en la oposición cultive el optimismo? Y a la inversa. ¿Conoce a algún responsable político que una vez conquistado el poder, investido del aura del cargo, declare abiertamente que no hay luz al final del túnel, que el camino termina en un precipicio? Como esos sacramentos de la iglesia católica que imprimen carácter, hay procesos electorales o designaciones administrativas que también lo imprimen, de forma que el que se acostó pesimista si ganó las elecciones o le nombraron para un cargo amanecerá optimista, y a la inversa, al abocado al frío de la oposición se le evaporará el optimismo como por ensalmo y devendrá en pesimista conspicuo, resultado de una transformación, de una metamorfosis, digna de un prodigio.<br />
Con todo, esos cambios me parecen comprensibles y hasta naturales en quienes sienten sobre sus espaldas el peso de las responsabilidades públicas, y no me refiero únicamente a los políticos. Lo que llevo mal son los cambios de carácter que afectan a esa patulea de moscardones revoloteando, –como moscas a la miel– alrededor del pastel del poder, sea este político, económico o social; esos habilidosos merodeadores de las altas esferas a los que el carácter no se lo cambia las urnas, sino la cartera. Esos que cambian los pitos por las palmas o a la inversa, el aplauso por los reproches. Esos que ayer no veían nada más que apocalipsis y hoy solo intuyen paraísos&#8230;<br />
Sin embargo, a pesar de lo dúctil y maleable que pueden resultar la fuerza de voluntad y el optimismo, ambos son imprescindibles para la vida de todos, al margen de servidumbres o intereses creados. Decía Churchill que un optimista ve una oportunidad en cada calamidad mientras que un pesimista ve una calamidad en cada oportunidad. Por eso, aunque a veces haya optimistas que nos parezcan impostados, teatrales, conviene no dejar de batallar ni de sonreír. Incluso con la que está cayendo.</p>
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		<title>Sube y baja el personal</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Jan 2009 00:27:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[El optimismo es muchas veces una respuesta instintiva y terapéutica contra la adversidad. Un paraguas para las inclemencias del espíritu. Está registrado en los manuales de psicología y en los libros de autoayuda. Quienes no consideran igual de inexorable la ley de Murphy que la ley de la gravedad, por ejemplo, viven más relajados. Porque [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"><meta name="ProgId" content="Word.Document"><meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"><meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"><link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CTEMP%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"><!--[if gte mso 9]><xml>  <w:WordDocument>   <w:View>Normal</w:View>   <w:Zoom>0</w:Zoom>   <w:HyphenationZone>21</w:HyphenationZone>   <w:PunctuationKerning/>   <w:ValidateAgainstSchemas/>   <w:SaveIfXMLInvalid>false</w:SaveIfXMLInvalid>   <w:IgnoreMixedContent>false</w:IgnoreMixedContent>   <w:AlwaysShowPlaceholderText>false</w:AlwaysShowPlaceholderText>   <w:Compatibility>    <w:BreakWrappedTables/>    <w:SnapToGridInCell/>    <w:WrapTextWithPunct/>    <w:UseAsianBreakRules/>    <w:DontGrowAutofit/>   </w:Compatibility>   <w:BrowserLevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel>  </w:WordDocument> </xml><![endif]--><!--[if gte mso 9]><xml>  <w:LatentStyles DefLockedState="false" LatentStyleCount="156">  </w:LatentStyles> </xml><![endif]--></p>
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 <![endif]--><strong>El optimismo es muchas veces una respuesta instintiva y terapéutica contra la adversidad. Un paraguas para las inclemencias del espíritu. Está registrado en los manuales de psicología y en los libros de autoayuda. Quienes no consideran igual de inexorable la ley de Murphy que la ley de la gravedad, por ejemplo, viven más relajados. Porque Murphy no es Newton. Y al revés de lo que piensan los pesimistas, la mayoría de las tostadas sencillamente no se caen. Pasan del plato a la boca. </p>
<p>La capacidad de optimismo nos retrata. El mismo día que se conoció el accidente provocado por el jefe de la policía local de Badajoz, solamente los optimistas supieron ver el lado positivo del desgraciado suceso: las murgas y las comparsas tendrían nuevo asunto para sus actuaciones carnavaleras. Y menudo tema. </p>
<p>Según supimos ayer a través del Instituto Nacional de Estadística (INE), la población de la provincia de Badajoz crecerá hasta el año 2018 en 19.615 habitantes mientras que la provincia de Cáceres perderá en ese mismo periodo 7.888 personas. </p>
<p>Ante ese panorama, lo más difícil para los de Cáceres no es andar con explicaciones acerca de que se trata de una proyección estadística, que la estadística no es una ciencia exacta, o recurrir a la frase de Mark Twain: «Hay tres clases de mentiras: mentiras, grandes mentiras y estadísticas». Para los de Cáceres lo más difícil es soportar –sin perder la sonrisa– los comentarios y recomendaciones que nos hacen ahora los amigos pacenses:</p>
<p> «¡Tenéis que (&#8230;) más, [sustituya los puntos suspensivos por un verbo de función sexual-reproductora] que si no la población se os viene abajo!». </p>
<p>Aún así, el comportamiento del optimista siempre diferirá del que tiene como libro de cabecera la ley de Murphy y observa la botella medio vacía. El pesimista ve un panorama lleno de nubarrones, conjuga la letanía del «esto se acaba, esto se acaba» y en cuanto huele a flores mira para atrás y pregunta que de quién es el entierro. </p>
<p>El optimista, en cambio, pensará que, de cumplirse la proyección del INE, cuanto menos bulto más claridad, y otra cosa: si el remedio al problema consiste en aumentar la natalidad, la tarea pendiente no es tan ingrata. ¿O sí?</strong><strong></strong></p>
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