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	<title>GRATIS TOTALpatrimonio cultural &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>La casa de Landero en Alburquerque</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jun 2018 14:18:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[EL 8 de abril de 2009 fui a Alburquerque para entrevistar a Luis Landero en su casa natal. En un recuadro-perfil característico de la serie ‘Zona de Paso’ que entonces firmaba en HOY, subrayé algunos detalles de la conversación: “«Esta es la casa de mi infancia», dice mientras nos franquea la puerta de una vivienda [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL 8 de abril de 2009 fui a Alburquerque para <a href="http://www.hoy.es/20090412/local/exito-mercancia-deleznable-mascaras-200904120941.html">entrevistar a Luis Landero</a> en su casa natal. En un recuadro-perfil característico de la serie ‘Zona de Paso’ que entonces firmaba en HOY, subrayé algunos detalles de la conversación: <strong>“«Esta es la casa de mi infancia», dice mientras nos franquea la puerta de una vivienda de dos plantas de la calle Calzada, cerca de la plaza de su Alburquerque natal. Al fondo, a la izquierda, en la vieja cocina, su madre le está preparando «una entomatá». Ella tiene 91 años, aunque parece más joven. Es muy cordial, con esa sencillez y naturalidad propia de quien no necesita fingir ni aparentar”</strong>.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-817 size-full" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12.jpg" alt="landero-12" width="3104" height="2072" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12.jpg 3104w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12-768x513.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-12-1024x684.jpg 1024w" sizes="(max-width: 3104px) 100vw, 3104px" /></a></p>
<p>Recuerdo que el fotógrafo Lorenzo Cordero y yo seguimos a Landero por la semipenumbra del pasillo enlosado hasta llegar a la luz deslumbrante del patio y subir por la escalera encalada que conducía a una habitación con pavimento de baldosas hidráulicas y ese mobiliario mestizo tan familiar en las casas de la Extremadura rural que siguen conservando el sabor del ayer.</p>
<p><a href="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone wp-image-818 size-full" src="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02.jpg" alt="landero-02" width="3104" height="2072" srcset="https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02.jpg 3104w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02-768x513.jpg 768w, https://static-blogs.hoy.es/wp-content/uploads/sites/11/2018/06/LANDERO-02-1024x684.jpg 1024w" sizes="(max-width: 3104px) 100vw, 3104px" /></a></p>
<p>El pasado domingo, en la sección Cartas a la Directora, el lector Fernando García Rodríguez daba la voz de alarma desde Madrid: ‘La casa natal de Landero, a la venta’. En su escrito recuerda que el Ayuntamiento de Alburquerque, “a través del servicio de Turismo y Tauromaquia de la Diputación de Badajoz, ha creado una ruta turística-cultural dedicada al escritor, que recorre algunos de los lugares en los que se desarrolló la vida de Landero, incluyendo la casa donde nació. Creo que sería una oportunidad para Extremadura convertir esa vivienda en una casa- museo que preserve los recuerdos y el legado personal del escritor más notable de Extremadura y uno de los más reconocidos de España”.</p>
<p>Subraya también la importancia de conservar una casa centenaria con la arquitectura propia de la zona y apunta casos similares en los que las administraciones “han rescatado de un seguro olvido casas de artistas o escritores que, de otro modo, hubieran desaparecido. La casa de Gustavo Adolfo Bécquer, en Noviercas (Soria), en las que pasó largas temporadas el poeta, y que fue rehabilitada por el Ayuntamiento de la localidad; o la de Luis Cernuda en Sevilla, comprada por el consistorio de la capital andaluza”.</p>
<p>Tiempo le ha faltado a la <a href="http://www.revistaazagala.org/index.php/2018/06/12/proponen-comprar-la-casa-natal-de-luis-landero-para-fomentar-el-turismo/">revista ‘Azagala’ de Alburquerque</a> para sumarse a la reivindicación, dando por hecho, eso sí, que la situación económica del Ayuntamiento de la villa obligará a la Junta de Extremadura a tomar la iniciativa para convertir esa vivienda “en una especie de centro de interpretación de la obra de nuestro más insigne paisano, Luis Landero”.</p>
<p>Porque esta casa de Alburquerque no es solo la de la infancia nutricia de ‘El balcón en invierno’ sino el territorio, “el breve microcosmos” –como el propio Landero esboza magistralmente en ‘Esta es mi tierra’– donde conoció en sus primeros años “casi todo cuanto hay que conocer en la vida: la felicidad, el dolor, el amor, el miedo, la amistad, el lenguaje…”. Otro símbolo de la cultura y la historia de esta región que no debemos ceder a la incuria o al olvido.</p>
<p>FOTOS: LORENZO CORDERO</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Imágenes y el poder de los recuerdos</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2018 18:51:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[ANTES que una imagen, una foto es un recuerdo: el del instante único detenido en el tiempo. Pero como sostiene el adagio popular, los mejores recuerdos no están en las fotos, están en nuestro corazón. Cualquiera que haya revisitado con más o menos frecuencia los álbumes de las viejas fotos descubre enseguida que las emociones [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>ANTES que una imagen, una foto es un recuerdo: el del instante único detenido en el tiempo. Pero como sostiene el adagio popular, los mejores recuerdos no están en las fotos, están en nuestro corazón. Cualquiera que haya revisitado con más o menos frecuencia los álbumes de las viejas fotos descubre enseguida que las emociones adictivas, la adrenalina sentimental las generan antes que las fotos en sí, la estirpe de pequeños detalles que se despliegan ante nuestra memoria al contemplar las imágenes: la mañana en la playa, el primer viaje a Lisboa, la fiesta de cumpleaños&#8230;<br />
Una de las aportaciones indiscutibles del progreso ha sido la popularización de la fotografía. Desde el pasado siglo, cuando empezaron a ser habituales los daguerrotipos y los retratos de los antepasados decorando las estancias principales de las viviendas hasta las coloristas fotos de bodas, primeras comuniones y retratos de graduación que han ido allanando el camino para los álbumes de familia, la videoteca y ahora los archivos digitales en ordenador, tabletas y móviles.<br />
Antes de llegar a esta apoteosis icónica que caracteriza nuestro día a día, la sociedad transitó por etapas menos voraces a la hora de producir y ‘consumir’ imágenes, aunque me parece que plasmar símbolos, recoger instantes, ‘detener’ el tiempo ha sido sin embargo una necesidad consustancial al hombre. Y no me refiero a la existencia de grabados, dibujos, estampas, pinturas, bajorrelieves&#8230; que desde la noche de los tiempos en la cueva de Maltravieso hasta la ultimísima cámara digital dan cuenta de nuestro paso como especie por estos andurriales.<br />
«El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve», escribió Machado. Del mismo modo, parafraseando el argumento, puede concluirse que cuando observamos una foto su valor no lo determina el hecho de que se trate de una imagen en abstracto sino el hecho de ser testimonio de una realidad cargada de sentido, de emociones, de sugerencias; un mensaje que nuestra memoria puede ‘descodificar’ y hacer llegar al corazón.<br />
Y no hablo de experiencias únicamente individuales. Así como las familias a medida que crecen y se ramifican en sucesivas generaciones convierten a veces el viejo álbum de fotos en su más devoto ‘patrimonio’ y capital (cuántos casos atestiguan que tras incendiarse una vivienda el bien que más duele perder son las fotos y los recuerdos personales), en la sociedad, decía, ocurre algo por el estilo.<br />
La prueba es que durante las últimas décadas, con el éxodo masivo a las ciudades y la despoblación progresiva de muchos pueblos, se convirtieron en auténticos superventas esos libros de historia y costumbres locales generosamente ilustrados con fotos cedidas por los propios vecinos. A mitad de camino entre lo antropológico y la intrahistoria unamuniana, dichos libros cumplen el doble papel de ser ‘la voz de la tribu’ y de conservar las señas de identidad de muchas generaciones de personas antes de que el tiempo y las circunstancias de la vida las convierta en pasto del olvido. En imágenes mudas. El valor, en fin, de los recuerdos capaces de emocionarnos.</p>
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		<title>Piratas veteranos</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Apr 2012 20:36:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La piratería, como la piedra filosofal, es capaz de convertir el plomo en oro. «¿Quién hace de piedras pan, sin ser el Dios verdadero?» se preguntaba Quevedo, que conocía de sobra la respuesta: el dinero. En vez de la piratería podría escribir la rapiña, el robo, el pillaje, el saqueo&#8230; En el fondo es lo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La piratería, como la piedra filosofal, es capaz de convertir el plomo en oro. «¿Quién hace de piedras pan, sin ser el Dios verdadero?» se preguntaba Quevedo, que conocía de sobra la respuesta: el dinero. En vez de la piratería podría escribir la rapiña, el robo, el pillaje, el saqueo&#8230; En el fondo es lo mismo. Si el pirata cuenta con las bendiciones del poder  será considerado un explorador, un conquistador, un colonizador o un adelantado del progreso. El mundo funciona así desde la noche de los tiempos. Sin embargo, la piratería a la que ahora me refiero tiene que ver más que con la disputa al ‘otro’ de materias primas o riquezas, con la apropiación de lo ajeno para usarlo como si fuera propio. Desde prácticas recientes como las desarrolladas por la empresa Odyssey, que expolió un pecio español cargado de monedas de oro y plata, Nuestra Señora de las Mercedes, hasta las recolecciones masivas que han llenado las vitrinas y salas del Museo Británico, del Museo del Louvre o del Museo de Berlín, por citar tres espacios famosos que albergan los frisos y estatuas del Partenón, la Victoria de Samotracia y el busto delicado y misterioso de Nefertiti.<br />
Recorriendo las salas del Museo Británico a uno le entran ganas de apuntarse inmediatamente a los ‘comandos Melina Mercuri’, caso de que existieran. Y digo su nombre porque la legendaria actriz y ministra de Cultura de Grecia fue una de las que reivindicaron con más fuerza la devolución del patrimonio monumental que los británicos se llevaron de la Acrópolis.<br />
Los piratas culturales ‘clásicos’ suelen parapetarse detrás de dos argumentos algo falaces: los bienes que ellos trasladan a sus civilizadas capitales corrían riesgos de conservación y además en muchos casos no estaban ni siquiera bien valorados en su propio entorno. Es verdad que a veces se daban tales circunstancias, pero el razonamiento lleva implícita una trampa, pues si se trata de una cuestión temporal, de una época en que el pueblo o la nación requisados no tenían la cultura suficiente para ‘apreciar’ el patrimonio heredado de sus mayores, el argumento deja de ser válido desde el instante en que esos pueblos o naciones alcanzan un nivel cultural suficiente para conservar y exhibir, con todas garantías, sus tesoros histórico artísticos. ¿Entonces, por qué no les devuelven las piezas? Por dinero. Sencillamente por dinero.<br />
Si durante años los saqueos, los actos de pillaje, los robos e incautaciones representaban un valor fundamentalmente simbólico y de estatus político social, yo creo que la transformación del viajero en turista, la masificación de las visitas, la consolidación del turismo como una de las grandes industrias de la modernidad han hecho que los museos se conviertan en alquimistas capaces de transformar las piedras en oro, en monedas de curso legal.<br />
Decir que devuelvan lo que se ha convertido en su principal reclamo, en el imán que les proporciona riadas de riqueza, sería tirar piedras al propio tejado. Nunca lo harán. Así que cuando viaje a estos templos de la cultura en Londres, en París, en Berlín, piense que además de arte estará admirando el botín de veteranos piratas.</p>
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