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	<title>GRATIS TOTALpintura &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>La pintura serena de Charo Mirat</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Dec 2019 08:38:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[He visitado la exposición de Charo Mirat (Madrid, 1950) en la sala de arte Nevacam de Cáceres. Cuarenta obras, paisajes y bodegones al óleo sobre lienzo o tabla, reunidos bajo un título certero: ‘La levedad del pincel’. El ‘cuadro príncipe’ de la muestra, el bodegón ‘Claveles blancos’, fechado en 2006, despliega sobre quien lo contempla [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>He visitado la exposición de Charo Mirat (Madrid, 1950) en la sala de arte Nevacam de Cáceres. Cuarenta obras, paisajes y bodegones al óleo sobre lienzo o tabla, reunidos bajo un título certero: ‘La levedad del pincel’. El ‘cuadro príncipe’ de la muestra, el bodegón ‘Claveles blancos’, fechado en 2006, despliega sobre quien lo contempla el magnetismo inconfundible de la belleza clásica, de esas obras en las que la sensibilidad y la naturalidad se rigen por igual denominador común. Acaso la belleza intemporal de sus paisajes, nada aparatosos ni ‘escenográficos’, si cabe decirlo así.</p>
<p>Confieso que a mí me emocionan singularmente esos paisajes en que se percibe la ligereza del apunte –del aparente esbozo– y, a la vez, la contundencia de la pincelada firme, suelta, confiada. Cuadros, en la mayoría de los casos de pequeño formato, como ‘Playa de Portugal’ (41 por 33 centímetros); ‘Espinho’, (33 por 24) o los extraordinarios ‘Camino de Las Huertas’ y ‘Puerta de campo’, con los que Charo Mirat nos sumerge en la sobriedad viva y conmovedora de los paisajes extremeños. Obras que se abren a una ‘atmósfera’ entrañable, inconfundible para el observador familiarizado con el horizonte de la penillanura trujillano-cacereña y con la luz de los campos abiertos.</p>
<p>Charo Mirat estudió Bellas Artes en la universidad, en la academia de Amadeo Roca y con el prestigioso pintor Antonio López. Ha sido copista en el Museo del Prado y ha trabajado bajo el patrocinio del pintor Fernando Zóbel en Sevilla, Madrid y Cuenca. Afincada desde hace años en Trujillo, está casada con el pintor Pancho Ortuño. Precisamente, Pancho Ortuño se refería hace pocos días en su blog ‘El crítico constante’ a esta exposición en Cáceres. «Es probable que muy pocos la entiendan», aventura, «pues nada hay tan complejo como la sencillez. La complicada sencillez del vaso de agua, que gustaba de citar Z. Hay obras que no se hacen para el presente, pocas, y no está en manos del autor cambiar eso».</p>
<p>Yo discrepo con la primera parte de la oración. Tras visitar ‘La levedad del pincel’, estoy convencido de que cualquier aficionado al arte que se detenga ante esos cuadros se sentirá atraído por su fuerza expresiva, por la sinceridad de unas composiciones que, incluso en las más ‘barrocas’, en las más elaboradas, huyen de lo teatral y desprenden autenticidad. Entre otras cosas, porque apenas una obra, el bodegón ‘Navidad’, apuesta por un planteamiento narrativo más complejo y minucioso. Al visitante se le van los ojos enseguida a la colección de bodegones donde la clave maestra radica en lo modesto, en lo escueto, en lo esencial de la propuesta: ‘Cacharros de cocina con laurel’, donde un mortero amarillo nos transporta a la cotidianidad de muchas casas de Extremadura; el cuenco con seis membrillos sobre fondo gris, o los bodegones ‘Postre’ (solo unos gajos de naranja con unos cubiertos modernos) y ‘Botella de cristal y frutero con melocotones’, de resonancias clásicas. En fin, una exposición donde un sencillo vaso con azucenas o un humilde paquete de claveles blancos y una tijera de cocina le bastan y sobran a Charo Mirat para deslumbrarnos con su pintura serena.</p>
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		<title>Picasso en Cáceres</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Mar 2018 19:42:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[PICASSO es inabarcable, pero la muestra ‘Sueños grabados’ que se expone hasta el 2 de septiembre en la cacereña Fundación Mercedes Calles esboza un rico perfil de su obra gráfica. Entre el centenar de piezas, desde 1904 hasta los años sesenta del pasado siglo, se pueden rastrear no solo sus principales etapas como grabador, dibujante [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>PICASSO es inabarcable, pero la muestra ‘Sueños grabados’ que se expone hasta el 2 de septiembre en la cacereña Fundación Mercedes Calles esboza un rico perfil de su obra gráfica. Entre el centenar de piezas, desde 1904 hasta los años sesenta del pasado siglo, se pueden rastrear no solo sus principales etapas como grabador, dibujante y pintor, sino la desbordante humanidad y pasión creadora que recorre su vida, propia de un ‘fauno’ y de un genio.<br />
Una vez, según la famosa anécdota, le preguntaron a Jean Cocteau qué salvaría del Museo del Prado en caso de incendio y dijo que «salvaría el fuego». Después le preguntaron lo mismo a Dalí y respondió: «Yo salvaría el aire que hay dentro del cuadro de ‘Las Meninas’ de Velázquez». Cuando le plantearon a George Bernard Shaw qué cuadro salvaría de la National Gallery contestó: «El que estuviera más cerca de la puerta, por supuesto».<br />
Ayer, mientras recorría la muestra de Picasso en la Fundación Mercedes Calles me hice la misma pregunta y tuve clara la respuesta: yo salvaría no una sino dos obras: ‘El sueño. Geneviève Laporte’, y ‘Picasso presentando un espejo a Geneviève Laporte’, dos litografías de 1951 de la serie ‘Le Soleil ébloui’, que reflejan de manera ejemplar aquella condición de ‘Barba Azul’ que François Gilot atribuía a Picasso, siempre deslumbrado por sus sucesivas amantes, musas, modelos, compañeras&#8230;<br />
El trazo grácil e impecable con que pinta a una joven Geneviève Laporte que entonces tenía 24 años, en la despreocupada placidez del sueño, o su propio autorretrato, con la mirada rendida del artista en plena madurez&#8230; guardan la fuerza del símbolo, el vigor del maestro ante quien era en ese momento su modelo y compañera sentimental. Y se repara más en la energía de la serie cuando sabemos que Picasso la creó durante el verano de 1951, mientras pasaba unas vacaciones en Saint Tropez con Geneviève Laporte, tras haberse alejado de él por aquellos días François Gilot con sus hijos Claude y Paloma Picasso&#8230;<br />
Pero se trata, claro está, de una predilección particular. La muestra permite sin embargo que nos asomemos a otras muchas obras memorables del pintor español más importante del siglo XX. Desde varios aguafuertes de la serie ‘Suite Vollard’ como los magníficos ‘Escultor reposando III’ y ‘Escultor y modelo delante de una ventana’, grabados en 1933; el ‘Saltimbanqui y joven arlequín’, de 1955 o ‘Ma jolie’, edición del mismo año; ‘Eurydice piquée par un serpent’, de 1930, perteneciente a la serie ‘Las Metamorfosis de Ovidio’; pasando por el dibujo original de 1904 para la ilustración de ‘Los Miserables’; el colorista ‘Mosquetero’ de una litografía fechada en 1969 hasta la ‘Cabeza de fauno’, 1946, de la serie ‘Fauens et flore d’Antibes’.<br />
Una colección de piezas que revelan la vehemencia y la potencia creadora de Picasso, jamás enclaustrado en las modas o fosilizado en la rutina. Dice Patrick O’Brian –quizás uno de los mejores biógrafos del malagueño– que su relación con Geneviève Laporte le evitó acariciar la idea del suicidio y le «hizo reír de nuevo». No extraña que ella, años después, titulara su libro basándose en la dedicatoria que Picasso escribió justo en uno de los regalos que le hizo: «Si tard le soir le soleil brille&#8230;». Si lo avanzado del día alude a la edad del artista, está claro que el resplandor del sol es el amor.</p>
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		<title>GOYA EN CÁCERES</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Mar 2016 20:21:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[La Fundación Mercedes Calles regaló ayer a Cáceres la posibilidad de dos viajes, uno real y otro imaginario. El real está formado por los 218 grabados de Goya pertenecientes a las series ‘Los Caprichos’, ‘Desastres de la Guerra’, ‘La Tauromaquia’ y ‘Los Disparates’. El viaje imaginario puede hacerlo cada espectador de la muestra al recrear [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Fundaci%C3%B3n_Mercedes_Calles_y_Carlos_Ballestero" target="_blank">Fundación Mercedes Calles</a> regaló ayer a Cáceres la posibilidad de dos viajes, uno real y otro imaginario. El real está formado por los <a href="http://www.hoy.es/caceres/201603/03/mercedes-calles-amplia-oferta-20160303002011-v.html" target="_blank">218 grabados de Goya</a> pertenecientes a las series ‘Los Caprichos’, ‘Desastres de la Guerra’, ‘La Tauromaquia’ y ‘Los Disparates’. El viaje imaginario puede hacerlo cada espectador de la muestra al recrear grabado a grabado la España que dibujó Goya y establecer –sin prejuicios– la distancia que nos separa de aquel país y de aquella gente.<br />
«El sueño de la razón produce monstruos», proclama uno de sus más famosos grabados. Y él mismo dejó escrito: «La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos».<br />
Goya no fue   un simple notario sino un testigo. La suya no es la mirada de esas cámaras automáticas que popularizó la fotografía el siglo pasado. Es la visión de un hombre que trasciende lo que ve porque sabe ordenarlo, interpretarlo y establecer su jerarquía. Igual que el reportero ante una sucesión de hechos que precisan la ‘razón’, la inteligencia, para que no reflejen tan solo una sucesión de desgracias.<br />
Esa atmósfera antigua y esos detalles tan esencialmente bárbaros que nos asombran en ‘Los Desastres de la Guerra’ no resultan tan macabros cuando reparamos en las hecatombes que acarrearon las dos últimas guerras mundiales o el apocalipsis en Europa de la guerra civil española, la guerra de los Balcanes o los sucesivos terrorismos (etarra, checheno, yihadista&#8230;) que  perturban la convivencia y la razón.<br />
La obra de Goya no puede considerarse optimista ni pesimista en sí misma. No es una respuesta, como toda gran creación, plantea antes que nada interrogantes, preguntas. Y deja al espectador que sea él quien saque las conclusiones. En ese sentido diríamos que Goya es además de un pintor y grabador, un periodista. Un buen periodista que ofrece datos (hechos) para que el espectador reflexione sobre ellos.<br />
No obstante, siempre cabe el optimismo de quienes consideran enorme la distancia que separa a la España actual de aquella España que vivió y sufrió el genial Francisco de Goya. Del mismo modo que cabe el pesimismo de quienes repararán en lo que se denomina la condición humana y concluirán que en el fondo, en cuanto se rasca un poquito bajo la piel del hombre, asoma aquello que César Vallejo decía del hombre de Extremadura: «oigo bajo tu piel el humo del lobo, / el humo de la especie».<br />
En un país de excesos y pasiones desatadas en que se teatraliza con pasmosa frivolidad hasta las sesiones de investidura del presidente del Gobierno, Goya no hubiera parado de pintar.  Yo le imagino estos días tomando apuntes en el Congreso de los Diputados para ilustrar, por ejemplo, los dos famosos ‘Epitafios’ de Ezra Pound: «Fu I amaba las colinas y las altas nubes, / ¡ay!, murió por culpa del alcohol». «Y también Li Po murió borracho. / Intentó abrazar la luna / en el río Amarillo». Aunque no sé si los hubiera incluido en Los Disparates o en Los Proverbios.</p>
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		<title>Massa Solís, definitivo</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Nov 2014 20:56:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En Extremadura tenemos pintores y artistas a quienes probablemente les reserva más generosidad el mañana que el ayer. Artistas que suelen dejar tras de sí la estela de una obra muchas veces asombrosa y la sensación de una falta de reconocimiento tremendamente injusta. Pintores como José Massa Solís, cuya entrega profesional durante décadas atravesó vericuetos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En Extremadura tenemos pintores y artistas a quienes probablemente les reserva más generosidad el mañana que el ayer. Artistas que suelen dejar tras de sí la estela de una obra muchas veces asombrosa y la sensación de una falta de reconocimiento tremendamente injusta. Pintores como José Massa Solís, cuya entrega profesional durante décadas atravesó vericuetos que forjaron su carácter y su natural bonhomía. Lejos de arredrarse ante las dificultades, Massa ha demostrado ser una persona que no deja vencerse por las adversidades ni permite que decaiga su vocación. Y no estoy haciendo ‘valoraciones’ artísticas, hablo de ese universo invisible que conforma la personalidad del  espíritu creador, la persistente llamada de quien salda cada jornada la deuda con la pasión que alimenta su vida, sea esa pasión la pintura, la escritura, la música&#8230;<br />
Al contrario de lo que ocurre con algunos genios artísticos coronados por la incomprensión y el misterio, la trayectoria de Massa Solís ha gozado siempre del favor del público. No tiene desde ese punto de vista zonas de sombra. Podría decirse que sus cuadros, desde las primeras series dedicadas a los paisajes y monumentos destacados de Extremadura hasta las más recientes de retratos encendidamente ‘pop’, consiguen enlazar enseguida con el gusto de un espectador deseoso de emocionarse ante la belleza serena del  paisaje o el colorido vitalista de los rincones monumentales. Un espectador que no busca, en resumidas cuentas, sentirse perturbado por el fondo o las formas desasosegantes. Todo lo contrario más bien. Porque la obra de Massa Solís es un permanente homenaje a la belleza amable, dulce, sensible; un tributo al encanto que emociona sin apabullar.<br />
A pesar de los inconvenientes y contrariedades que le supuso la creación y luego ‘desaparición’ de un museo personal en Cáceres (desde hace pocos años el grueso de su obra está dignamente representada en su localidad natal, Miajadas), José Massa Solís no consintió que le vencieran la adversidad ni el rencor. Firmeza y determinación. En vez de precipitarse a depurar la tristeza se ha dedicado a reinterpretar con su particularísimo estilo el gozo de casi veinte obras muy conocidas de impresionistas franceses y de grandes maestros españoles.<br />
Y justo con ese título, ‘<a href="http://www.lanzarte.net/lasparedesdelgrancafe/galeria.html" target="_blank">Homenaje a los impresionistas y maestros españoles</a>’ expone ahora en el Gran Café de Cáceres 19 creaciones en formato de obra gráfica seriada entre las que figuran ‘Almuerzo campestre’, de Manet; ‘La comida de los remeros’, de Renoir; ‘La clase de Danza’, de Degas; ‘La habitación del pintor en Arles’, de Van Gogh; ‘Playa de la Malvarrosa’, de Sorolla; ‘Impresión, amanecer’ y ‘Nenúfares en Giberny’, de Monet; ‘Verano’, de Mary Cassatt; ‘Pastoral’, de Matisse; ‘Baile en en Molino Rojo’, de  Toulousse Lautrec ; ‘Las Meninas’, de Velázquez; ‘La adoración de los pastores’, de El Greco; ‘Las señoritas de Avignon’, de Picasso; ‘La persistencia de la memoria’, de Dalí o ‘La gallina ciega’, de Goya. La muestra fue inaugurada ayer, 20 de noviembre y permanecerá abierta hasta el 18 de enero. </p>
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		<title>La fama y la gloria</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Apr 2013 18:51:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si es cierta la famosa copla de Manuel Machado: «Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo / ya nadie sabe el autor», deberemos concluir que la gloria de ciertas obras del ámbito literario van unidas a la idea de anonimato o, mejor, al [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si es cierta la famosa copla de Manuel Machado: <em>«Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo / ya nadie sabe el autor»</em>, deberemos concluir que la gloria de ciertas obras del ámbito literario van unidas a la idea de anonimato o, mejor, al hecho de haber sido asimiladas, incorporadas a la memoria colectiva como un producto auténticamente popular, fruto de una comunidad antes que del genio de un individuo. De ahí la recomendación con que Manuel Machado concluye esos versos: <em>«Procura tú que tus coplas / vayan al pueblo a parar, / aunque dejen de ser tuyas / para ser de los demás. / Que, al fundir el corazón / en el alma popular, / lo que se pierde de nombre/ se gana de eternidad»</em>.<br />
En el ámbito de la pintura supongo que también se produce ese fenómeno desde el momento en que comienza a popularizarse, con los avances de las artes gráficas, la reproducción de grandes obras, aunque me cuesta creer que alguien admire la Gioconda, el Guernica o las Meninas ignorando que son obras de Leonardo, de Picasso y de Velázquez. De todas formas, quienes durante décadas para decorar sus casas en España recurrían a enmarcar láminas con paisajes impresionistas, escenas románticas o motivos bíblicos que les resultaban atractivas, de su gusto por las obras en sí, no por el nombre o la fama del autor, en el fondo no hacían otra cosa que confirmar el ‘principio’ machadiano de la gloria popular.<br />
También existen otros baremos para medir la gloria, desde luego. Por ejemplo, que tus cuadros, que gozan de fama y popularidad por haber sido reproducidos masivamente se conviertan, además, en sellos de Correos. Es lo que ha sucedido con cuatro obras del pintor y escultor <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_L%C3%B3pez_Garc%C3%ADa" target="_blank">Antonio López</a> (Tomelloso, 1936), al que se homenajea ahora con una <a href="http://www.google.es/imgres?imgurl=http://entomelloso.com/wp-content/uploads/2013/03/sellos.jpg&#038;imgrefurl=http://entomelloso.com/la-pintura-de-antonio-lopez-recorrera-el-mundo-gracias-a-cuatro-sellos/&#038;h=352&#038;w=350&#038;sz=45&#038;tbnid=z3AKotZtNmYk2M:&#038;tbnh=90&#038;tbnw=89&#038;zoom=1&#038;usg=__khXy7lvxhwI-VXuMa3YimuC3ypM=&#038;docid=Ws5fb_kuqopXBM&#038;hl=es&#038;sa=X&#038;ei=pRtfUZmwHdCO7QaJ_YGwCw&#038;ved=0CFcQ9QEwBw&#038;dur=566" target="_blank">hoja bloque de sellos</a> dedicada al arte contemporáneo. Se trata de cuatro obras: ‘Gran Vía’ (1974-1981), ‘Lavabo y espejo’ (1967), ‘Nevera nueva’ (1991-1994) y <a href="http://www.elpais.com/especial/antonio-lopez/exposicion.html" target="_blank">‘Casa de Antonio López Torres’</a> (1972-1980), esta última un extraordinario dibujo a lápiz en el que aparece la imagen de su <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_L%C3%B3pez_Torres" target="_blank">tío</a> dentro de una casa con suelos de baldosín, una vieja lámpara y un viejo aparador.<br />
En el primero de los cuadros, <a href="http://elpais.com/diario/2010/04/04/madrid/1270380254_850215.html" target="_blank">‘Gran Vía’</a>, Antonio López trabajó durante cinco veranos y según él mismo ha contado se levantaba de madrugada para situar el caballete en ese famoso tramo de la vía madrileña y captar la luz del amanecer. Un cuadro de una belleza inquietante, compleja, que trasciende la simple visión fotográfica, que se ha reproducido en miles de ocasiones y que se ha convertido también en un icono de Madrid.<br />
¿Qué mayor gloria para un artista vivo que comprobar cómo sus obras –ya de por sí famosas y apreciadas– sirven para ilustrar los sellos de Correos? Y más en una época en que los envíos postales, las cartas de sobre, papel y cartero de toda la vida están a la defensiva tras los navajeos de la galaxia digital a la galaxia Gutenberg. Los sellos tienen un valor postal de 0,52 euros y la tirada ha sido de 280.000 hojas bloque. Así que por ese dinero, ¿quién no tiene cuatro antoniolópez en casa, aunque sean de Correos?</p>
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		<title>A la luz de la pintura</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Mar 2013 20:44:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace pocos días visité en Madrid una doble exposición organizada por la Fundación Mapfre sobre los ‘Impresionistas y postimpresionistas’, con obras maestras del Museo D’Orsay, y otra titulada ‘Luces de bohemia’, acerca de la presencia de los gitanos en el arte y la definición del mundo moderno. No quiero abordar aquí la emoción que produce contemplar de cerca un puñado de cuadros de Van Gogh –entre ellos alguno de sus incontables autorretratos–, las genialidades del Cézanne de ‘Bodegón con cebollas’ o varias obras fundacionales de Monet, Renoir, Toulouse-Lautrec, Signac, Gauguin o Pisarro. No quiero tampoco aburrirles subrayando el placer que produce la contemplación de otras muchas obras maestras (desde el ‘Autorretrato ante el caballete’ de Goya, que parece pintado ahora mismo, hasta ‘Un par de botas’, de Van Gogh, o el pequeño autorretrato a tinta china de Baudelaire) entre otros motivos porque ambas exposiciones (con entrada gratuita) permanecen abiertas en las Salas Recoletos hasta el 5 de mayo.</p>
<p>De lo que quiero hablarles es de dos aspectos, quizás anecdóticos, que descubrí durante el recorrido por las muestras. Pongámonos en situación. Visitantes desfilando ante los cuadros y que pocas veces se detienen. Pero ante alguna de las obras, una joven profesora sienta a un grupo de ocho o diez niños de primaria y les adentra, con preguntas y sugerencias muy inteligentes, en la atmósfera y el universo del  cuadro elegido. Qué envidia, pienso para mí, acceder a la comprensión y al disfrute del arte mediante esa vía. A ratos el verdadero espectáculo es el círculo que forman la profesora y sus pequeños alumnos. Muchos espectadores lo confirman siguiendo, embobados, las explicaciones de la maestra y las respuestas, llenas de ingenuidad y también de sentido común de los pequeñajos.</p>
<p>Segundo acto. Al fondo de unas de las salas, el famoso cuadro <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Henri_Fantin-Latour_005.jpg" target="_blank">‘Un rincón de mesa’, de Henri Fantin-Latur</a>, cubre casi toda la pared. A la izquierda, en la parte inferior, Paul Verlaine y Arthur Rimbaud parecen mirar, ajenos al grupo, sus propios pensamientos. Tal vez el ensimismamiento de los geniales y  ‘malditos’ poetas franceses me induce a plantearme otras preguntas. ¿Por qué ha desaparecido el motivo ‘retrato de grupo literario’ en la pintura contemporánea? ¿Por qué los pintores siguen pintando por ejemplo marinas, bodegones o praderas con montañas y pajaritos pero ya no pintan a escritores o a artistas formando un grupo? ¿Después de ‘La tertulia del Café Pombo’ de Gutiérrez Solana, ha desaparecido el género, al menos en España? ¿La liquidación hay que atribuírsela a la popularización de la fotografía o a la imposibilidad de reunir a más de dos escritores hermanados para la posteridad? Exceptuando alguna inusual fotografía en los reportajes ‘generacionales’ que a veces publican los suplementos literarios de los periódicos, no recuerdo ninguna imagen contemporánea que pueda equipararse a ‘Un rincón de mesa’ de Fantin-Latur. Sigo con mis cavilaciones. Tengo que preguntar por el asunto a mis amigos escritores y pintores. Igual pueden aclarármelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Tiempo de reflexión</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Mar 2008 00:37:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[TENGO ante mí la obra de un pintor que estos días expone en Cáceres. La fuerza magnética del cuadro me retiene, sujeto por la pechera del sentimiento, hasta zarandearme. Los cuadros del pintor suelen reflejar paisajes abiertos y despoblados. No se trata, paradójicamente, de lugares ‘pintorescos’: vistas de composición clásica, emparentadas con la estampa y [&#8230;]]]></description>
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<p class="MsoNormal"><big>T</big><span lang="ES-TRAD">ENGO ante mí la obra de un pintor que estos días expone en Cáceres. La fuerza magnética del cuadro me retiene, sujeto por la pechera del sentimiento, hasta zarandearme. Los cuadros del pintor suelen reflejar paisajes abiertos y despoblados. No se trata, paradójicamente, de lugares ‘pintorescos’: vistas de composición clásica, emparentadas con la estampa y la lámina para enmarcar. Nada de eso. Por los paisajes de este pintor transita la vida, aunque supongo que para muchos su belleza pasaría inadvertida si él no la hubiera rescatado del anonimato, de la cotidianidad indiferente, para recrearla en un lienzo al óleo como obra de arte. El don prodigioso de los grandes creadores.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><span style="">   </span>Observo el cuadro una y otra vez. Cierro los ojos y trato de adivinar qué música debería sonar junto a la pequeña loma donde se recortan las siluetas de unos pocos árboles. No encuentro nombres. El cielo plomizo tiene la melancolía de las tardes después de la lluvia. ¿Sinfonías? La del silencio. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><span style="">   </span>Es tiempo de reflexión. El paisaje es una puerta hacia el interior de uno mismo. ¿Mirar atrás? Qué más da. Mirar hacia dentro, hacia uno mismo siempre es mirar hacia delante. No importa el tiempo. En los paisajes solitarios de este pintor es fácil reconocerse, sentirlos como propios. Un espacio cálido, familiar, como esas plazas o calles de cualquier ciudad o de cualquier pueblo que nos llegan al corazón. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Es hora de decirlo. El pintor se llama Pedro Gamonal, expone en <st1:PersonName productid="la Galería María" w:st="on">la  Galería María</st1:PersonName> Llanos una muestra titulada ‘A debida distancia’ –sí, igual que un libro del poeta Álvaro Valverde–, y para mí esos cuadros valen tanto como una reflexión en el paraíso.</span></p>
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