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	<title>GRATIS TOTALpoesía &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Hace 15 años</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Apr 2019 08:08:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tengo la costumbre de ‘archivar’ entre las páginas de los libros de mi biblioteca recortes de entrevistas, cartas, reseñas o críticas del autor de la obra de que se trate. Ahora que acaban de cumplirse 15 años de la publicación de ‘La semilla en la nieve’, de Ángel Campos Pámpano, y se reedita una edición [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tengo la costumbre de ‘archivar’ entre las páginas de los libros de mi biblioteca recortes de entrevistas, cartas, reseñas o críticas del autor de la obra de que se trate. Ahora que acaban de cumplirse 15 años de la publicación de ‘La semilla en la nieve’, de Ángel Campos Pámpano, y se reedita una edición bilingüe, español-portugués, esta vez en la Editora Regional de Extremadura, aprovecho para releer ese extraordinario libro de poemas y de paso para refrescarme la memoria con la entrevista a su autor que publiqué en las páginas de HOY. Una doble página que encabezaba el titular: «Ángel Campos consagra una conmovedora elegía a su madre con el libro ‘La semilla en la nieve’», y la siguiente entradilla: «<em>‘Mientras pueda pensarte / no habrá olvido’</em>. Con esos versos arranca el libro ‘La semilla en la nieve’, un estremecedor recorrido por la memoria con el que el poeta Ángel Campos Pámpano se adentra en el durísimo laberinto de los recuerdos de un hijo que vivió casi toda su vida de niño y adolescente entre mujeres (con su madre y su abuela, en su localidad natal, San Vicente de Alcántara) y echando de menos la figura del padre, muerto cuando el autor apenas tenía cuatro o cinco años. Como un poeta de sensibilidad extraordinaria, Ángel Campos no se ha limitado a levantar un panteón funerario a la memoria de su madre, Paula Pámpano, a quien dedica el libro, sino que le ha construido un monumento más perdurable que el mármol y las lápidas, un monumento levantado sobre veinte columnas: los veinte poemas de ‘La semilla en la nieve’».</p>
<p>Hasta ahí el primer párrafo de una ‘recepción periodística’ de la que ahora, mirando con perspectiva, –perdón por la referencia personal– me siento orgulloso. Entre otras cosas porque más que una entrevista al uso, esas dos páginas incluían un poema (‘La espera’) que en mi opinión resume muy bien el tono del libro, y un recuadro con datos bio-bibliográficos para perfilar la trayectoria literaria del autor. Creo que el tiempo ha confirmado el valor excepcional de ese conjunto de poemas, no tanto porque al año siguiente de ser publicado, Ángel Campos recibiese el Premio Extremadura a la Creación 2005, sino por dos razones que estimo infalibles: inmediatamente de publicarse la entrevista a que me estoy refiriendo, recibí varias llamadas de lectores interesándose por las librerías o los puntos de venta en que podrían adquirir el volumen. ¡Un libro de poemas de un autor contemporáneo! Sin haber desembocado aún en las redes sociales ni en la parapoesía. ¿La otra razón? Que basta leer cualquier poema de ‘La semilla en la nieve’ para percatarse de que condensan una emoción sin fecha de caducidad. Poemas que eluden, precisamente, el sentimentalismo fácil o la verbosidad retórica. Palabras que resisten el paso del tiempo.</p>
<p>Quince años después, la humanidad estremecida que habita esas páginas me transporta a otros libros del autor: ‘Por aprender del aire’, ‘La voz en espiral’, ‘Caligrafías’, ‘La ciudad blanca’… Y también al recuerdo de una entrevista a José Ángel Valente y unos pocos juicios, compartidos, acerca de César Vallejo. Emociones vivas.</p>
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		<title>Álvaro Valverde en estado puro</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Oct 2018 11:27:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Del mismo modo que Manuel Machado equiparaba el éxito de una copla a esa suerte de difusión masiva que culmina cuando la autenticidad del texto fagocita incluso el nombre de quien la creó: «Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son,/ y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Del mismo modo que Manuel Machado equiparaba el éxito de una copla a esa suerte de difusión masiva que culmina cuando la autenticidad del texto fagocita incluso el nombre de quien la creó: «Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son,/ y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe el autor», las redes sociales están favoreciendo una modalidad de ‘éxito’ similar. ‘El cuarto del siroco’, el último libro de poemas de Álvaro Valverde (Plasencia, 1959), ilustra bien el fenómeno: muchos de quienes se hacen eco de su publicación no se limitan a hilvanar una breve reseña o reflexión apresurada sino que reproducen uno o varios de los 75 poemas que componen el volumen. De esta forma se convierten en altavoces y difusores de una obra dirigida a la ‘inmensa minoría’ juanramoniana que lee en papel y al mismo tiempo a esa otra minoría –no menos inmensa, tal vez– que frecuenta la galaxia digital. Desde que ‘El cuarto del siroco’ llegó a los estantes hace apenas unos días, he visto en Facebook y en otras redes sociales reproducidos completos los poemas: ‘Jardim do Paço’, ‘Candelario, 8 de agosto’, ‘Homenaje’, ‘Hacia adentro’, ‘Tristeza’, ‘A modo de poética’, ‘Canción de aniversario’, ‘Aquél’… Supongo que solo es el principio.</p>
<p>De alguna manera la ‘presencia’ que garantiza Internet a través del autor y de quienes multiplican sus referencias en las redes, opera como la música en las emisoras de radio o en las plataformas multimedia. Ya no se trata únicamente de volúmenes impresos en papel sino de ‘contenidos’ que perviven en el tiempo y en el espacio (digital) igual que las viejas coplas o las canciones se transmitían de viva voz generación tras generación.</p>
<p>Me parece que recepciones tan fructíferas están reservadas para poetas como Álvaro Valverde, uno de los ‘consagrados’ de la poesía española desde hace décadas, y en el que se da también la condición de crítico prestigioso y atento a la actualidad.</p>
<p>Cuenta el propio Valverde que ‘El cuarto del siroco’ debe su título a la «habitación donde las familias nobles sicilianas se guarecían mientras soplaba el temible siroco, impetuoso viento del sudeste que atraviesa el Mediterráneo procedente de los desiertos del norte de África», es decir, «un refugio que uno interpreta también como metáfora de la poesía. Y de la vida, que es lo mismo», confiesa el placentino.</p>
<p>Yo recomiendo leer el ‘El cuarto del siroco’ en papel, y pausadamente. Es la voz madura, natural, de un poeta sin otros énfasis que los de la emoción y la belleza. En cualquiera de los 75 poemas que forman ‘El cuarto del siroco’ brilla A.V. en estado puro. Pero puestos a seleccionar uno, yo elijo ‘Cánción de aniversario’, coronado por estas palabras de Miguel Hernández: «…con el amor a cuestas». Un poema, en fin, que entrelaza la ofrenda y la disculpa:</p>
<p>«Con la misma insistencia / con que cantan las tórtolas, / con la fuerza indomable / con que sopla el levante, /con la nota perenne / del olor del jazmín, / te he querido estos años./ Si ha sido para bien, / celebrémoslo juntos. / Si todo lo contrario, / tu sabrás perdonármelo».</p>
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		<title>Álvaro Valverde</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jan 2018 17:46:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[Editora Regional de Extremadura]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[Para mí los Reyes Magos se han adelantado este año con la pequeña antología poética de Álvaro Valverde ilustrada por Esteban Navarro que acaba de publicar la Editora Regional de Extremadura en su colección ‘El Pirata’. Pero no temas, mi buen Yorick, no voy a incurrir en la osadía de ensayar aquí ninguna crítica o [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="x_MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Para mí los Reyes Magos se han adelantado este año con la pequeña antología poética de Álvaro Valverde ilustrada por Esteban Navarro que acaba de publicar la Editora Regional de Extremadura en su colección ‘El Pirata’. Pero no temas, mi buen Yorick, no voy a incurrir en la osadía de ensayar aquí ninguna crítica o reseña profesional entre otras razones porque ya lo ha hecho, –lúcidamente como acostumbra– el crítico y profesor Simón Viola en su blog de literatura ‘<a href="http://simonviola.blogspot.com.es/2017/12/alvaro-valverde.html">Notas al margen’</a>. Tampoco incurro en exageración si digo que Álvaro Valverde es uno de los ‘grandes’ de la poesía española contemporánea, y me acojo, para revalidar mis palabras, al juicio de críticos literarios y antólogos tales como José Luis García Martín, Miguel García Posada, Luis Antonio de Villena, Juan Cano Ballesta, Andrés Soria Olmedo, Ángel Luis Prieto de Paula, José Enrique Martínez…; me acojo a la bibliografía selecta incluida en este pequeño volumen o mejor aún: al imperturbable testimonio de las hemerotecas desde hace treinta años. </span></p>
<p class="x_MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">De ahí que encuentre digna de aplauso la publicación de este libro para difundir entre los más jóvenes la obra de un escritor que se queda deliberadamente en su tierra y funda un ‘territorio’ poético que trasciende sin embargo lo personal y nos abarca a todos y al mundo. Lo expresa mejor Jordi Doce en su introducción a Álvaro Valverde ‘Un centro fugitivo’, antología poética (1985-2010) publicada por La Isla de Siltolá. Ahí puede leerse: «Desde la publicación de ‘Territorios’ en 1985, esta poesía se ha esforzado por dar testimonio veraz del paso de un hombre por el mundo. Un pasar en el que la conciencia y los sentidos tratan de aprehender cuanto parece apartarse o escapar de su camino, esto es, el tiempo mismo con sus limos y sedimentos». (…) «El prodigio de la poesía radica precisamente en esto. Que solo el poeta dotado de una voz y un mundo personales, distintivos, es capaz de hablar en nuestro nombre, mostrar en qué radica nuestra vida».</span></p>
<p class="x_MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Me parece también un acierto que la antología se abra con ese poema que seleccionó José Luis García Martín en ‘La generación de los 80’ y en el que Álvaro Valverde parece fijar los límites de su paraíso cuando habla de: «Hojas de acanto y rosas, / una vieja piedra de molino y enramadas, / el suelo tejido de una hiedra fresca. / (…) Aquí, en el huerto sombrío / donde las horas son luz tamizada / y del limón aroma./ Hagamos de este lugar un territorio». Y cuyo revés, a modo de eco, percibo en el poema ‘Estela’, de ‘Ensayando círculos’, texto en cuyos versos finales resuena la musicalidad de la ‘Canción a las ruinas de Itálica’, de Rodrigo Caro: «Viajero que ahora pasas, / ten presente / que estas ruinas fueron / andamios una vez, / hombres silbando». La vida misma. </span></p>
<p class="x_MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Yo no quitaría, claro está, ninguno de los poemas seleccionados pero hubiera incluido el ‘Entonces la muerte’ (4) de su libro ‘Desde fuera’, al que Fernando Aramburu (el autor de ‘Patria’) dedicó en el Suplemento de cultura ‘Territorios’ una página iluminadora que yo creo que vale por toda una galería de reconocimientos y premios.</span></p>
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		<title>Propósitos de estío</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2014 16:24:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Antes de agosto casi siempre elaboraba una lista de libros para leer en el estadio mental –más que periodo de tiempo– que son las vacaciones veraniegas. Dejé de seleccionar lecturas por mala conciencia. Nunca conseguía terminar la serie de libros escogidos porque a mitad de trayecto, como en un jardín de senderos que se bifurcan, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de agosto casi siempre elaboraba una lista de libros para leer en el estadio mental –más que periodo de tiempo– que son las vacaciones veraniegas. Dejé de seleccionar lecturas por mala conciencia. Nunca conseguía terminar la serie de libros escogidos porque a mitad de trayecto, como en un jardín de senderos que se bifurcan, iban surgiendo nuevas tentaciones ante las que resultaba imposible no sucumbir. El encanto de las lecturas imprevistas.<br />
Era un contrasentido porque me agobiaba la sensación de haber desaprovechado el tiempo, igual que a los malos estudiantes les puede el desasosiego cuando comprueban que se aproxima un examen. Atrapado en la trampa de quien se pone el listón más alto de la cuenta o de quien se marca tareas que exceden el placer del ocio y devienen en  obligación, me consolaba a mí mismo con buenos propósitos: «El último año que selecciono lecturas estivales», pensaba en voz alta. «Que triunfe el azar&#8230;». Y me ponía a buscar la sentencia de Borges: En la vida da tiempo a leer unos doscientos libros con provecho, lo importante es saber elegirlos. Ya lo haré&#8230;<br />
Durante bastantes veranos convivieron en mis preferencias los libros de Azorín y las novelas policíacas de maestros como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/John_Dickson_Carr" target="_blank">John Dickson Carr</a>, <a href="http://www.casadellibro.com/libro-hamlet-venganza/9788466320160/1152118" target="_blank">Michael Innes</a> o cualquiera de los que aparecieron en aquella inolvidable colección de Selecciones del Séptimo Círculo, Alianza Emecé, creada por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Un tipo de historias –incluidas las de Agatha Christie– a las que me aficioné de joven y que representan para mí la lectura como puro placer, puro esparcimiento, la literatura como evasión. Sin necesidad de notas o subrayados.<br />
El verano son los libros de Azorín (siento fervor por sus artículos). Y durante todo el año, ‘Las musarañas’, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Mu%C3%B1oz_Rojas" target="_blank">José Antonio Muñoz Rojas</a> en la pulcra edición de Pre-Textos. Raro será también que no relea algunas páginas de ‘El cuaderno gris’, de Pla. ¿La poesía? Tengo cerca a los poetas, pero prefiero no dar nombres.<br />
He dicho que este año no voy a ponerme ‘deberes’, si bien tengo a mano un libro de Periférica: <a href="http://www.editorialperiferica.com/?s=catalogo&#038;l=130" target="_blank">‘El escritor en su paraíso’, de Ángel Esteban</a> y desde uno de los estantes de la librería no dejan de retarme las más de 2.700 páginas de los cuatro tomos de otra obra auténticamente excepcional: las <a href="http://www.acantilado.es/catalogo/memorias-de-ultratumba-101.htm" target="_blank">‘Memorias de ultratumba’, de Chateaubriand</a>.<br />
Hasta aquí la conversación sobre los libros. Pienso seguir diariamente la prensa, entre otras razones porque pertenezco a una generación que necesita leer el periódico en papel y navegar algún rato por las ediciones digitales. Estoy seguro de que con ambos ejercicios se dará por satisfecha mi curiosidad acerca de la realidad política, económica, social… y se verá confirmado, igualmente, mi descreimiento en la condición humana. Así que, bien pensado, me dará igual meter en la maleta novelas policíacas o de misterio, pues echando un vistazo a los periódicos es probable que tropiece con decenas de episodios propios de novela negra. La vida misma. Otra cosa es que sienta necesidad de poesía y de belleza que conmuevan, entonces sí tendré que acudir a los libros. </p>
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		<title>Borges, medicinal</title>
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		<pubDate>Fri, 09 May 2014 08:47:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[El escritor vasco Fernando Aramburu, uno de esos ‘hombres justos’ cuya trayectoria y decencia moral se han agigantado tras la noche tenebrosa del terrorismo etarra, acaba de inaugurar una nueva sección en el suplemento literario ‘Territorios’, de ‘El Correo’. La noticia –de la que el propio Aramburu daba cuenta en su blog y reproducía asimismo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El escritor vasco Fernando Aramburu, uno de esos ‘hombres justos’ cuya trayectoria y decencia moral se han agigantado tras la noche tenebrosa del terrorismo etarra, acaba de  inaugurar una nueva sección en el suplemento literario ‘Territorios’, de ‘El Correo’. La noticia –de la que el propio <a href="http://fernandoaramburu.blogspot.de/2014/05/vetas-profundas-los-justos-de-borges.html" target="_blank">Aramburu</a> daba cuenta en su blog y reproducía asimismo el escritor <a href="http://mayora.blogspot.com.es/2014/05/vetas-profundas.html" target="_blank">Álvaro Valverde </a>en su bitácora– me parece una magnífica novedad. Todos los meses, Aramburu reflexionará acerca de poemas de autores célebres.<br />
El primer trabajo de la serie lo dedica al texto ‘Los justos’, de Jorge Luis Borges. Un poema, como recuerda Fernando Aramburu, que Borges incluyó en su libro ‘La cifra’, y que vio la luz cuando el escritor argentino   era ya una celebridad mundial, un octogenario «que en lugar de rechazar con resquemor de viejo el mundo vetado a sus ojos, del que pronto se despedirá, tiene la delicadeza de dedicarle unas palabras aprobatorias».<br />
No pretendo (ni podría) resumir aquí la iluminadora reflexión y glosa que hace Aramburu de ‘Los justos’. Lo que sí hago fervientemente es recomendarles que la lean. Equivale a un curso completo de literatura. Un genio como Borges glosado por un escritor también excepcional.<br />
A mí me emociona la capacidad de Borges para reunir en una docena de versos esa especie de ‘cosmogonía’ poética sobre la figura de los hombres justos; es decir, sobre los ‘héroes’ anónimos, cotidianos, que hacen que el universo, la vida, discurra sin cataclismos, sin anomalías insalvables. Borges enumera una serie de personas o de situaciones. Los dos primeros versos: «Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire. / El que agradece que en la tierra haya música»&#8230; y dibuja la esencia de esas cosas importantes en las que tantas veces no reparamos. Tras la enumeración, el oro de la sabiduría, el verso final: «Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo».<br />
Yo creo que la lectura de los ‘Los justos’ supone un bálsamo muy recomendable para quienes se ven sometidos a las vicisitudes a veces absurdas e intrascendentes de la vida. ¡Cuántos desengaños y frustraciones podrían evitarse frecuentando la lectura de poemas como el de Borges! Lo digo en serio. Frente al energumenismo, a la insensatez o a la soberbia del que solo aspira a imponer sus razones, los versos de ‘Los justos’.<br />
Del mismo modo que las ‘Bienaventuranzas’ nos invitan a mantener un punto de vista en el que la promesa de felicidad suele ser inversamente proporcional a la altura de nuestro pedestal, las enseñanzas de ese poema borgeano nos adiestran en el descubrimiento de lo trascendente, de lo esencial. Si yo pudiera influir en los contenidos de nuestros libros de texto, ese poema desde luego que figuraría en los manuales de Lengua y Literatura. Y  lo recomiendo con entusiasmo asimismo a quienes tienen que tomar decisiones que trascienden el ámbito personal. Y a quienes dudan entre ‘ser’ y ‘tener’. Bien pensado, además de hacernos más cultos, la lectura de ‘Los justos’ nos ahorra desazones, nos acarrea paz y, sobre todo, nos hace mejores personas.</p>
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		<title>Sobre el humor y la brevedad</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Dec 2013 20:47:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[HE visto estos días en una avenida cacereña una pintada bastante ingeniosa: «Papa Noel son los Reyes Magos». Habrá quienes piensen que se trata de una simple humorada, del chiste apresurado de un bromista. A mí me parece sin embargo que esas seis palabras son mucho más: nada menos que un denso y sutil editorial. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>HE visto estos días en una avenida cacereña una pintada bastante ingeniosa: «Papa Noel son los Reyes Magos». Habrá quienes piensen que se trata de una simple humorada, del chiste apresurado de un bromista.  A mí me parece sin embargo que esas seis palabras son mucho más: nada menos que un denso y sutil editorial.  A bordo del humor recorremos gran cantidad de espacio en muy poco tiempo, y nos ahorramos la fatiga tediosa de polémicas y diatribas que ocuparían decenas de páginas en los periódicos y un tiempo precioso en las tertulias.<br />
Al autor  de la pintada le bastan media docena de palabras para determinar a quién le corresponde la primogenitura en ese ámbito de leyendas navideñas. ¿Papá Noel? ¿Los Reyes Magos? Un veredicto claro: «Papa Noel son los Reyes Magos». No hay nada tan serio que no pueda decirse con una sonrisa. Y como sostiene Thackeray, «el humor es una de las mejores prendas que se pueden vestir en sociedad». En esta época de soporíferas peroratas, de alocuciones solemnes y plúmbeas, dos de las ventajas incuestionables de las redes sociales son precisamente la brevedad de sus mensajes y –en general– el tono humorístico de los mismos. Es cierto que también proliferan los malajes, los trols y los mochuelos vacuos, pero ya se sabe que no hay reglas sin excepciones.<br />
La vinculación entre el humor y la brevedad funciona también en el terreno de la poesía. Y bien que lo sabían los alumnos de Juan de Mairena. Solo hay que recordar aquello que le dicta el profesor de Retórica a uno de sus escolares: «Salga usted a la pizarra y escriba: ‘Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa’». El alumno lo hace. Y  el profesor le dice: «Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético». Tras meditar un momento el alumno escribe: «Lo que pasa en la calle». El profesor: «No está mal».<br />
Casi dos siglos antes que el Mairena de Antonio Machado, el francés Joseph Joubert abundaba, con similares palabras, en la misma tesis. Decía Joubert: «Conciso como un poeta. Concisión poética. Lo que caracteriza al poeta es ser breve, es decir, perfecto, ‘absolutus’, como decían los latinos. En cambio, lo propio del orador es ser fluido, abundante, espacioso, extenso, variado, inagotable, inmenso». Paradójicamente, la poesía está rodeada en nuestra época de un halo de ‘oscuridad’ compleja que la convierten, a ojos del ciudadano común, en palabras y mensajes más difíciles de entender que el lenguaje, por ejemplo, de ciertos políticos y personajes públicos. Un maleficio que me resulta además de contradictorio, injusto.<br />
Del mismo modo que para Ortega y Gasset «la claridad es la cortesía del filósofo», en nuestro tiempo la brevedad, la elegancia y el buen humor deberían ser las normas básicas de la convivencia política;  al menos de las expresiones públicas&#8230; habituales de esa convivencia. El día que asista a un diálogo entre adversarios políticos y muestren la concisión de los buenos poetas o el humor de los alumnos de Juan de Mairena empezaré a cambiar de opinión. Mientras tanto, ya pueden adivinar con qué género literario entretendré mis horas. </p>
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		<title>Una mirada intemporal</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Oct 2011 20:06:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Quizás porque no son buenos tiempos para la lírica, he recaído por enésima vez en un libro de poemas, publicado en 1977, que conserva muy bien la palabra y la música de su tiempo, <em>Leticia va del laberinto al treinta</em>, del extremeño Felipe Núñez. El entonces joven poeta empezaba a dejar testimonio de la emoción contenida que supone mirar hacia la infancia y primera juventud desde el recodo de sueños que comenzaban a teñirse del color sepia de la melancolía. Solo que la poesía de Felipe Núñez es refractaria al ternurismo fácil y enseguida se blinda con la reciedumbre del humor.<br />
Así que traspasado el pórtico con una cita de César Vallejo: «<em>He almorzado solo, ahora y no he tenido / madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua</em>», Felipe Núñez se descuelga con una coplilla que fija como ‘Oído por ahí’:<br />
<em>«<em></em>Hombres más guapos que yo</em><br />
<em>encontrarás a millares, </em><br />
<em>pero más borrachos, no;</em><br />
<em>eso tú misma lo sabes, </em><br />
<em>no es por alabarme yo</em>».<br />
Y llega el primer poema. Un canto a la etapa de su niñez: <em>«Olían a dulce mezcla / de goma de borrar, / lapiceros y nido. / Coleccionaban chapas de botellas, / bolindres, rodamientos, / alfileres, hechizos / y toda la quincalla repetible / en efímeras modas»</em>.<br />
Le bastan apenas veinticinco versos para perfilar el escenario en el que se movía la pandilla del poeta. Qué talento para cerrar el retrato del grupo: <em>«Las tardes eran largas / y las mañanas anchas. / Por eso los días les quedaban siempre grandes / y caídos de hombros»</em>. En cierto modo, <em>Leticia va del laberinto al treinta</em> es también una crónica sentimental de España, al estilo de aquel ajuste de cuentas que firmó Manuel Vázquez Montalbán. La memoria de unos años que ahora, en un plano bastante más prosaico, recrean series como ‘Cuéntame’.<br />
Entre ese primer poema y el último del libro crece la mirada de un escritor que es a la vez un sensible sismógrafo registrando cambios ‘ideológicos’ en su país, los jirones de la vida, la madurez obligada, las formalidades del trabajo, y un hijo, esa ficha que te permite saltar de casilla y reiniciar el juego, proseguir el río de la vida. Poemas, como bien señala Jorge Urrutia, que tienen algo de fábula dieciochesca y de un extraordinario dominio de la lengua y de los recursos de la poesía capaz de emocionar.<br />
El último poema concluye con lo que parece una claudicación ante la rebeldía: <em>«Uno tuvo sus cosas y ahora dicen: / ¡cuarenta! y  uno atiende / y rellena un impreso / y asume su estatura meridiana / y una nobleza como de pez. Qué cosas»</em>.<br />
He dicho el último poema pero no es verdad, es el penúltimo. En la página siguiente el autor de  <em>Leticia va del laberinto al treinta</em> demuestra que le quedan fuerzas para no claudicar ante los sueños rotos, ante las ilusiones perdidas y se atreve a gritar dos versos que son el  gesto postrero de insurrección contra la realidad desafecta:<br />
<em>¡Tomás!</em><br />
<em>¿Tienes gusanos de seda?</em><br />
Por si interesa, el poemario está reeditado dentro del libro de Felipe Núñez <em>Balizamiento para un aterrizaje nocturno</em>, Madrid, Calambur, 1998.</p>
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		<title>Sobrellevar la vida</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Dec 2009 22:32:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En el correo electrónico acabo de recibir uno de esos mensajes que normalmente te hacen sonreír y exclamar: «¡Cuánto tiempo libre tienen algunos para entretenerse!» Pero en este caso no se trata de un power point con mujeres cargando como mulas, ni con paisajes paradisiacos o amantes prodigiosos, híbridos de gimnasio y Kamasutra. Es un [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>En el correo electrónico acabo de recibir uno de esos mensajes que normalmente te hacen sonreír y exclamar: «¡Cuánto tiempo libre tienen algunos para entretenerse!» Pero en este caso no se trata de un power point con mujeres cargando como mulas, ni con paisajes paradisiacos o amantes prodigiosos, híbridos de gimnasio y Kamasutra. Es un texto bienintencionado, de esos concebidos para reenviar en cadena, que me remite Antonio Bueno con una historia ambientada en la cotidianidad. </p>
<p>Resulta que un hombre mayor, de unos 80 años, llega bastante apurado a primera hora de la mañana al ambulatorio médico  para que le curen una herida en el pulgar. Un sanitario que le ve mirando el reloj de forma nerviosa y continua se interesa por él y se presta a realizarle la cura. Le pregunta si tiene cita con otro médico y el anciano le dice que no, que necesita ir al geriátrico para desayunar con su esposa. </p>
<p>El sanitario le preguntó por la salud de ella. Él le respondió que hacía tiempo que estaba allí y que padecía de alzheimer. Le preguntó si su mujer se enfadaría si llegaba un poco tarde. Le respondió que hacía tiempo que ella no sabía quién era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo. Me sorprendió –explica el sanitario en su texto– y entonces le pregunté: </p>
<p>«¿Y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quién es usted? Él sonrió, me acarició la mano y contestó: ‘Ella no sabe quién soy, pero yo aún sé quién es ella’.  Se me erizó la piel, tuve que contener las lágrimas mientras se iba y pensé: ese es el tipo de amor que quiero en mi vida. El amor verdadero no es físico ni romántico. El amor verdadero es la aceptación de todo lo que es, ha sido, será y no será. La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo; ellos solo hacen todo lo mejor que pueden. La vida no se trata de cómo sobrevivir a una tempestad, sino de cómo bailar bajo la lluvia». Hasta ahí el mensaje. </p>
<p>Yo no soy muy partidario de las historias que incluyen la moraleja. Creo que es mejor dedicarse a exponer los hechos y que cada cual saque sus consecuencias. Pero hoy reproduzco aquí este relato volandero de Internet porque confío plenamente en la bondad de quien me lo envía y no me parece una mala felicitación (o recomendación, como prefieran) prenavideña. </p>
<p>Estoy a la espera de hacerme con un libro que será como un bálsamo para el espíritu: ‘Calendario de la poesía en español 2010’, una antología con 365 poemas de más de 250 poetas, editado por Alambra Publishing y del que he tenido noticia a través del blog de Álvaro Valverde, ese escritor al que la literatura ha hecho en parte justicia dándonos acceso a su obra mientras la región relega el justo reconocimiento –como casi siempre– para la posteridad&#8230; </p>
<p>En la reseña promocional del libro-calendario se citan algunas frases elogiosas de Guillermo Carnero, Felipe Benítez Reyes y del propio Álvaro Valverde: «(&#8230;) Así, poco a poco, día a día, cualquiera puede acercarse a unos versos que, sin duda, le harán más llevadera la existencia, más grata o intensa la vida.» Por eso lo he encargado. Para hacer más llevadera la existencia sin que el mensaje incorpore, necesariamente, la moraleja;  sin que el autor nos rinda en la mano la almendrilla de su propia reflexión.</big></p>
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		<title>Robe Iniesta</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Oct 2009 22:22:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Un día, creyendo que me convertiría a sus ojos en un auténtico Rey Mago, le regalé a mi hijo un autógrafo que le había dedicado Fabio Capello. Madridista convencido, no esperaba que se excediera en alharacas y agradecimientos, pero me sorprendió su reacción: se guardó el papel y en vez de preguntarme detalles acerca del [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un día, creyendo que me convertiría a sus ojos en un auténtico Rey Mago, le regalé a mi hijo un autógrafo que le había dedicado Fabio Capello. Madridista convencido, no esperaba que se excediera en alharacas y agradecimientos, pero me sorprendió su reacción: se guardó el papel y en vez de preguntarme detalles acerca del entonces míster del Real Madrid, se apresuró a preguntar:<br />
–&#8230;¿Pero cuándo le vas a hacer una entrevista a Robe Iniesta? ¿Te podré acompañar?<br />
Mi hijo es de los que han disfrutado con la noticia de la que ayer se hicieron eco todos los periódicos: el líder de Extremoduro, Robe Iniesta, acaba de publicar su novela, ‘El viaje íntimo de la locura’ en la editorial El Hombre del Saco.<br />
Pienso regalársela para que  deje de darme la vara con Manolo Chinato o con quiénes se agazapan detrás de ‘Evaristo’, «el rey de la baraja» y de ‘Jesucristo García’, uno de los éxitos del placentino. </p>
<p>No me sorprende que Robe  (que es poeta hasta cuando está en silencio) se adentre por los territorios de la prosa. Ni que previamente haya recurrido a un cursillo de gramática y ortografía para afrontar esta nueva tarea. Lo que no acaba de entrarme en la cabeza es que en un país donde se publican cada año alrededor de cien mil libros, un autor como él haya encontrado dificultades para sacar su primera novela y comente, refunfuñando, que las editoriales «son peores» que las discográficas.</p>
<p>Contaba García Márquez que tras el éxito de ‘Cien años de soledad’ no le preocupaba cómo iba a venderse su siguiente novela, pues creía que la inercia del triunfo haría que se repitieran, fuera cual fuera su calidad, los buenos resultados. Lo que le inquietaba de verdad era la tercera, no la segunda. </p>
<p>En el caso de Robe Iniesta me parece que no se dan las mismas circunstancias, ni es aplicable idéntica dinámica. Estoy convencido de que ‘El viaje íntimo de la locura’ arrasará entre sus miles de seguidores porque el reclamo de su poesía y de su música actuarán, más que cualquier campaña de promoción, como potente imán. Por otra parte, demuestra estar prevenido contra el mundo editorial, al que compara de forma tan desfavorable con el de las discográficas. Y lo mejor. Tampoco se hace ilusiones: «Me la suda si vende mucho o no, sólo quiero que a la gente le guste».<br />
Ya le preguntaré a mi hijo.  </p>
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