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	<title>GRATIS TOTALrealidad &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>La lealtad y el poder</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Oct 2018 11:01:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la película ‘La muerte de Stalin’, comedia negra dirigida por Armando Iannucci que indigna a Putin —quizás por lo verosímil de su relato—, se perfilan media docena de retratos geniales en sus trazos paródicos y caricaturescos. Uno de los personajes principales es Beria, entonces al frente de la terrible NKVD en los años de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la película ‘La muerte de Stalin’, comedia negra dirigida por Armando Iannucci que indigna a Putin —quizás por lo verosímil de su relato—, se perfilan media docena de retratos geniales en sus trazos paródicos y caricaturescos. Uno de los personajes principales es Beria, entonces al frente de la terrible NKVD en los años de las devastadoras purgas estalinistas, y otros: Nikita Khrushchev, Malenkov, Molotov, el general Zhukov, los propios hijos del tirano…</p>
<p>No creo destripar el desenlace principal si cuento la escena que ahora me interesa. Acaba de celebrarse un concierto de música clásica cuya grabación Stalin quería escuchar en casa. Por un fallo absurdo la grabación no se efectúa y el director de la sala obliga a que se repita el concierto con público reclutado de la calle para que haga de ‘claque’ y aplauda entusiasta. La solista se niega en un primer momento a regresar al escenario pero finalmente acepta. Y cuando los mensajeros enviados por el tirano llegan al estudio para recoger la grabación ella se muestra decidida a introducir en la funda del disco un papel con un mensaje manuscrito. «Quiero que el camarada Stalin conozca la intensidad de mis sentimientos», exclama con pasión mientras forcejea por desprenderse del papelito. En ese instante, el director de la sala, nervioso por el retraso, intenta interponerse entre la pianista y los mensajeros con una advertencia: «¡No, esto es narcisismo no autorizado!».</p>
<p>Iannucci hace creer al espectador que la intención de la solista en aquella atmósfera de disciplina y terror es lisonjear al tirano Stalin, aunque resulta que no era ese el verdadero sentido de su mensaje y más tarde se desatan acontecimientos de consecuencias imprevisibles.</p>
<p>En cualquier caso, yo no quiero reflexionar ahora sobre la doblez de Beria y las maniobras de los otros integrantes del comité directivo del Partido Comunista de la URSS sino sobre la hipocresía disparatada y la falsedad (ese ‘no afirmativo’ al que me he referido en otras ocasiones) que hace exclamar al director del estudio: «¡No, esto es narcisismo no autorizado!» para oponerse a lo que él supone un elogio encendido a la cúspide de un régimen que estaba llevando al paroxismo, precisamente, el pecado desvergonzado del ‘culto al líder’, del ‘culto a la personalidad’. O sea, al revés te lo digo para que me entiendas, que proclama el garboso sintagma castellano.</p>
<p>Mi descreimiento respecto al funcionamiento de las llamémoslas ‘dinámicas profundas del poder’ es que en todos los regímenes (tal vez incluso en los supuestamente democráticos) a quien primero se miente no es a la ciudadanía sino a sus principales dirigentes. De ahí esas lealtades edificadas sobre el miedo o el clientelismo, en vez de sobre el pilar indestructible de la sinceridad. Y este mal se agrava especialmente en nuestros días porque la ‘realidad’ que llega a las cúspides políticas no depende ya del talento o de la perspicacia de sus órganos directivos sino de factores (sociopolíticos, económicos, estratégicos…) que les supera y a quienes no pueden ni siquiera sugerir sentido común. Una lealtad que no sabe de otro ‘narcisismo’ que el de la cuentas (globalizadas) de resultados.</p>
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		<title>La &#039;mula torda&#039;</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Mar 2014 10:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[No puede negarse que nos anima la vocación necrológica, especialmente cuando se trata de héroes distantes cuya convivencia ni nos compromete ni nos incomoda, llámense Nelson Mandela, Lou Reed o ayer mismo Leopoldo María Panero, uno de esos poetas al que las palabras maldito y marginalidad eran las únicas que le sentaban como un traje [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No puede negarse que nos anima la vocación necrológica, especialmente cuando se trata de héroes distantes cuya convivencia ni nos compromete ni nos incomoda, llámense Nelson Mandela, Lou Reed o ayer mismo <a href="http://www.hoy.es/rc/20140306/mas-actualidad/cultura/muere-poeta-leopoldo-maria-201403060919.html" target="_blank">Leopoldo María Panero</a>, uno de esos poetas al que las palabras maldito y marginalidad eran las únicas que le sentaban como un traje a medida.<br />
Hay quien se empeña también en anticipar la vocación necrológica con una precocidad inquietante, como esa chica de 14 años que agrede brutalmente a otra menor de su misma edad en las inmediaciones de un centro educativo de Sabadell, dándole patadas y golpes en la cabeza o arrastrándola por el cabello mientras otras compañeras graban la escena con el teléfono móvil y se ejercitan en el ‘no afirmativo’, es decir, en exclamar «¡ya basta!» y otras lindezas pero sin dejar de grabar y lo que es peor, sin mover un dedo para ayudar a la víctima. Qué ganado. Y qué obscenidad la de esas muchachas que además de presenciar cómo la ‘mula torda’ de 14 años patea a la menor, le facilitan después la grabación para colgar el vídeo en las redes sociales y que toda la peña se entere también de cómo sollozaba y se lamentaba en el suelo hecha un ovillo ante la tormenta de golpes. Porque ya sabes, bonita, lo que no se cuenta no existe.<br />
Es verdad que el fenómeno no es exclusivo de ningún país y probablemente de ninguna época. Peleas, palizas y comportamientos brutales han existido siempre, lo inquietante ahora es la banalización de esos comportamientos y su conversión, a través de las redes sociales, en mero espectáculo, como si la globalización nos indujera a criar aprendices de Tarantino que en vez de rodar con ketchup y especialistas de cine, lo hacen con sangre real y actores de carne y hueso. A ser posible docentes o alumnos indefensos.<br />
Esta tendencia constituye una transgresión doblemente abominable: contribuye a que los más jóvenes perciban la violencia como algo cotidiano, consustancial con la convivencia –desde pequeñito se cría el arbolito– y por otra parte ayuda a reproducir de forma masiva en las redes sociales pautas de comportamiento donde la frontera entre realidad y ficción casi no existe.<br />
Muchos niños y adolescentes de la misma generación que la ‘mula torda’ de Sabadell llegarán a la madurez habiendo visto decenas o centenares de episodios violentos rodados no en un plató de cine sino en cualquier rincón de Chicago, de Pekín, de Londres o de México. Ya no se trata de salir a dar palizas como en ‘La naranja mecánica’, ahora es preciso llevar el móvil y poder grabar la agresión. A la busca del ‘trending topic’.<br />
Por cierto, la respuesta al episodio de Sabadell resulta esperanzadora. Tras la denuncia de la familia de la víctima, los Mossos d’Esquadra derivaron el caso a la Fiscalía de Menores; la agresora ha sido expulsada del centro en el que estudia y,  según informan las agencias, los Mossos se pondrán en contacto con ese centro escolar para concienciar a los jóvenes en contra del uso de la violencia y su reflejo en Internet.<br />
Fin del corto. De la serie, no sé.</p>
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		<title>Las botas de Jurenito</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Mar 2013 19:52:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En español el genio del idioma tiene recursos muy expresivos para aludir a lo inalcanzable o a lo sencillamente inútil. Así decimos, por ejemplo, ponerle puertas al campo o escribir en el agua, si queremos referirnos a un empeño vano, quimérico, imposible. ¿Quién no conoce a alguien que pretendió saltar sobre su propia sombra, o [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En español el genio del idioma tiene recursos muy expresivos para aludir a lo inalcanzable o a lo sencillamente inútil. Así decimos, por ejemplo, ponerle puertas al campo o escribir en el agua, si queremos referirnos a un empeño vano, quimérico, imposible. ¿Quién no conoce a alguien que pretendió saltar sobre su propia sombra, o que terminó descubriendo que no existe ningún lugar donde  aten a los perros con longanizas?<br />
Cuando esos ‘imposibles’ saltan de la vida cotidiana al escaparate de la política resultan muy llamativos. Tanto como la prohibición de utilizar la palabra ‘desahucio’ en los escritos que se remite a las familias adjudicatarias de una vivienda social propiedad de la Junta de Castilla-La Mancha cuando van a ser, precisamente, desahuciadas.<br />
Según informan los periódicos, desde las instancias oficiales se recomienda evitar el uso de expresiones como:  «desahucio», «desalojo», «alzamiento» y «pérdida o privación de su vivienda» por otras «menos contundentes» que en el fondo son simples eufemismos, pirotecnia verbal que, como advierte el sentido común y la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, no elimina la realidad. La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.<br />
En 1921, el escritor y periodista ruso de origen judío <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ili%C3%A1_Erenburg">Ilya Ehrenburg</a> publicó un cuento titulado ‘Las aventuras de Julio Jurenito’.  Ehrenburg vivió en 1905 en Moscú los primeros momentos de la revolución junto a Nicolás Bujarin y se marchó después a París, donde conoció a personajes destacados de las vanguardias artística y literaria: Apollinaire, Léger, Diego Rivera, Modigliani, Picasso, Gómez de la Serna&#8230; Aunque Ehrenburg (famoso también por sus libros y su participación como corresponsal en la guerra civil española) fue diputado del Soviet Supremo y recibió el Premio Lenin de la Paz en 1952, nunca fue miembro del Partido Comunista. Y desde luego, en 1921, cuando publica ‘Julio Jurenito’ era muy critico no solo con el occidente capitalista sino con el propio comunismo. El protagonista del relato es un filósofo mexicano que viaja ilusionado a la URSS para conocer la «fraternal» experiencia de los ‘soviets’. La decepción del personaje es enorme y dirige un alegato tremendo a quienes mandan en el Kremlin: «Os imploro, comunistas, que no escondáis vuestros látigos entre las violetas», dice.<br />
La verdad es que después de aquella experiencia, Julio Jurenito se nos presenta desengañado de la vida y decidido a suicidarse. Y ahí surge el genio irónico de Ilya Ehrenburg, tan buen conocedor del alma rusa, para idear lo que ha sido considerado un procedimiento de suicidio infalible: hacer que su personaje se ponga un par de botas nuevas, relucientes, y se adentre con ellas a pasear en un parque. A  la media hora fue hallado muerto&#8230; y sin las botas. Las ironías de habitar el paraíso.<br />
A los Ilya Ehrenburg de nuestros días tal vez se les ocurra otros procedimientos para acabar con sus personajes de ficción. ¿Víctimas de un desahucio, por ejemplo? No, no; qué poco imaginativos&#8230; Mejor a manos de un eufemismo.</p>
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		<title>De cerca y de lejos</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Mar 2011 22:36:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Uno de los ejercicios más saludables para el espíritu en tiempos de incertidumbre es renunciar al vértigo de las prisas y ponerse a mirar, pacientemente, en el interior de cada uno. Pararse a reflexionar, sí, pero sin hacerse trampas en el solitario. «Muchos hombres», dijo Bertrand Russell, «cometen el error de sustituir el conocimiento por [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Uno de los ejercicios más saludables para el espíritu en tiempos de incertidumbre es renunciar al vértigo de las prisas y ponerse a mirar, pacientemente, en el interior de cada uno. Pararse a reflexionar, sí, pero sin hacerse trampas en el solitario. «Muchos hombres», dijo Bertrand Russell, «cometen el error de sustituir el conocimiento por la afirmación de que es verdad lo que ellos desean». Si en el ejercicio de introspección me engaño a mí mismo, el culpable y la víctima seré yo. Si ese ejercicio corresponde a una persona obligada a ‘auscultar’ profesionalmente el interior de la sociedad, el culpable será él, pero la víctima será la sociedad entera, la gente de su tiempo. </p>
<p>Es un riesgo –como pájaro de mal agüero– que revolotea sobre la responsabilidad de todos los ciudadanos, no únicamente de los que se dedican, pongamos por caso, al cultivo de la historia, del periodismo o de la política. Porque la visión del mundo, el esbozo de la realidad que perfilamos y reproducimos con nuestros actos, con nuestro trabajo cotidiano o nuestras inquietudes es responsabilidad, antes que de nadie, de nosotros mismos. </p>
<p>La responsabilidad que nos permite formarnos una opinión en asuntos políticos, derivar a una afición deportiva, cultivar el gusto cultural o descubrir por qué nos resultan más apetecibles que otros ciertos frutos de la naturaleza. La responsabilidad que nos permite discernir milimétricamente entre la maldad interesada o la bondad generosa, entre la sombra de la arpía y el fulgor del héroe, entre el buen samaritano o el pérfido defraudador. Conocer lo evidente y también aquello que exige sutileza, matices, finura de espíritu&#8230; </p>
<p>En el ejercicio de esa responsabilidad que es al fin la vida, además de jugar limpio y no hacernos trampas conviene que separemos la importancia del mensaje de la importancia del emisor. Porque en ocasiones no son valores equivalentes ni avanzan en paralelo. Cuántas iniciativas públicas emprendidas con la mejor voluntad acaban en fiascos o en lastres contraproducentes. La eficacia no depende únicamente del deseo. Y al contrario: cuántas acciones nacidas de ánimo bastardo el azar de la vida las conduce en volandas hasta el éxito. No</strong><strong> es lo habitual, pero ocurre. ¿Un ejemplo? El que apunta Lytton Strachey al reseñar en su libro ‘Retratos en miniatura’ la historia de James Boswell, el gran biógrafo del doctor Samuel Jhonson. Esa obra –a la que Boswell dedicó cincuenta años– ha permitido conocer la figura y la personalidad del famoso polígrafo británico del siglo XVIII y es aplaudida por todos, pero eso no impide el juicio despiadado de Strachey respecto a su autor: «Sería difícil encontrar una refutación más contundente de las lecciones de moralidad barata que la biografía de Boswell. Uno de los éxitos más notables de la historia de la civilización lo logró una persona que era un vago, un lascivo, un borracho y un esnob».</p>
<p>Sospecho que en el camino de la vida se van mezclando los héroes anónimos, los voluntariosos que nada arreglan, los indecentes como Boswell redimidos por sus obras, los voluntariosos discretos y eficaces, los pícaros, los desalmados, los lúcidos, los emprendedores, los acémilas&#8230; El arco iris social. Ojo con no deslumbrarse y con los falsos espejismos. Usemos el microscopio y el telescopio.</strong></p>
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		<title>Ridley y la realidad</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Jan 2011 21:41:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[La primera vez en mi vida que vi a Ridley Scott, él estaba sentado en una de las barandillas de la plaza de San Jorge de Cáceres y observaba, junto a miembros de su equipo técnico, las torres de la iglesia de la Preciosa Sangre. De eso hace ya veinte años. Revisaba entonces las localizaciones [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La primera vez en mi vida que vi a Ridley Scott, él estaba sentado en una de las barandillas de la plaza de San Jorge de Cáceres y observaba, junto a miembros de su equipo técnico, las torres de la iglesia de la Preciosa Sangre. De eso hace ya veinte años. Revisaba entonces las localizaciones de su ‘Colón’ o ‘1492: La conquista del paraíso’, en la que acabó transformando plazas, calles, rincones y vistas de Cáceres y Trujillo en la Granada histórica de los Reyes Católicos. </p>
<p>Por aquella fecha, en 1991, Ridley Scott ya había rodado cintas tan importantes como ‘Alien’ o ‘Thelma y Louise’ y sobre todo esa obra maestra y película de culto que es ‘Blade Runner’. Pero una cosa es el prestigio ante los cinéfilos y otra bien distinta contar con la simpatía y buena disposición del hombre de la calle. Quiero decir que a pesar de que Ridley Scott llegaba a Extremadura rodeado del aura de cineasta de primerísimo nivel para rodar una superproducción que distribuiría por todo el mundo la Paramount, la verdad es que las protestas de algunos vecinos de Cáceres por las molestias que ocasionaba el rodaje –con la ciudad monumental prácticamente cerrada en distintos tramos– y las quejas también de los periodistas ante las dificultades y limitaciones que sufrían para hacer su trabajo, obligaron al Ayuntamiento y a la Diputación a tomar cartas en el asunto propiciando un encuentro de algunos de los intérpretes de la película: Gerard Depardieu, Fernando Rey, Ángela Molina&#8230; con los periodistas que sirvió finalmente para conciliar posturas. </p>
<p>El director de ‘Gladiator’ debe de haberse encontrado con menos dificultades como productor ejecutivo de ‘La vida en un día’, ese proyecto global que aprovecha miles de vídeos enviados por aficionados de todo el mundo a través de Youtube y con los que el director Kevin Macdonald montará un documental de hora y media que va a estrenarse el día 27 de enero en el festival de cine de Sundance. </p>
<p>El panorama electoral ya no está a la vuelta de la esquina, giramos dentro de él, sometidos a su fuerza de gravedad. Quizás por eso me he acordado de Ridley Scott y su trayectoria cinematográfica. Pero no me he acordado porque en su filmografía algunos adivinen paralelismos simbolistas con nuestro entorno político, aunque nos incite a ello títulos tan sugerentes como ‘Los duelistas, ‘Alien’, ‘Thelma y Louise’ (con su ‘rotundo’ final), ‘Un buen año’ o ‘Red de mentiras’&#8230; </p>
<p>Me he acordado de Ridley Scott porque su proyecto ‘La vida en un día’ le vendría de perlas a todos los contendientes en las próximas elecciones municipales y autonómicas. ¿Cuánto darían por disponer de un resumen audiovisual de lo que han hecho en estos cuatro años y de lo que prometen hacer en los cuatro años siguientes? ¿Cuánto darían si esos testimonios en vez de ser suyos fuesen de los propios ciudadanos llamados a las urnas? </p>
<p>A la hora de seleccionar el voto el ciudadano lo primero que recuerda es el ‘documental’ que ha visto/vivido y las perspectivas de las ‘películas’ venideras. La balanza de las preferencias personales suele inclinarse con los datos de la realidad, pero la realidad no es un diamante, tiene materiales dúctiles y maleables. Como los sueños. Ridley Scott lo sabe. Y Dostoievski también: «Nada puede haber más fantástico que la realidad».<strong></strong></p>
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		<title>Misterioso cadáver</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 21:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Raro es el escritor joven que no tiene un cadáver en el armario. Quiero decir una de esas novelas negras o policiacas donde el misterio se convierte en red para atrapar el interés del lector. Algunas de esas ficciones no precisan de las truculencias de Jack el Destripador ni de las desasosegantes perversiones de Landrú [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Raro es el escritor joven que no tiene un cadáver en el armario. Quiero decir una de esas novelas negras o policiacas donde el misterio se convierte en red para atrapar el interés del lector. Algunas de esas ficciones no precisan de las truculencias de Jack el Destripador ni de las desasosegantes perversiones de Landrú o de Hannibal Lester</big><big>. Les bastaría con recrear episodios de la historia española, prolija en ‘enterramientos’ discontinuos como demuestran los casos de Goya, Quevedo, Cervantes, Colón o el propio Lope de Vega, cuyos restos han seguido itinerarios bastante más laberínticos que el panorama económico actual. </p>
<p>La realidad, sin embargo, suele superar  a la ficción. El corresponsal de este diario en Roma, Íñigo Domínguez, daba cuenta ayer mismo de un caso que tiene desconcertada a la policía italiana y que el resumió con este titular: ‘El misterio del esqueleto múltiple’. </p>
<p>Se trata de una historia propia de novela negra. Uno de esos argumentos con los que disfrutarían los inspectores de CSI, los detectives de Agatha Christie y hasta el mismo Sherlock Holmes. </p>
<p>En el verano de 2007, durante un incendio en un cañaveral cerca de Roma, los bomberos encuentran los restos de un cadáver cerca de donde se había asentado un campamento gitano. Junto al esqueleto aparecieron una bolsa con ropas, unas llaves y un documento personal. La Policía relacionó ese documento con un hombre de 77 años que había desaparecido cuatro años antes y concluyó que el caso estaba resuelto. </p>
<p>Para aumentar la tensión del relato, comprobaron que se trataba de Libero Ricci, «judío, jubilado y ex-empleado del Vaticano» y que las llaves aparecidas junto al cuerpo abrían la puerta de su casa. ¿Todo encajaba? Pues no, mi querido Watson. Los forenses comprobaron que el cuerpo no era de Libero Ricci y es más, «no era de una persona, sino de cinco», escribe Íñigo Domínguez. El esqueleto, al que solo le faltaban huesecillos de pies y manos, estaba compuesto por una especie de puzzle con piezas de ¡cinco cadáveres!  Ni siquiera del mismo sexo, (tres mujeres y un hombre), ni de la misma fecha (habían fallecido en un periodo que va desde 1986 a 2006). </p>
<p>Con un muerto que es judío, que trabajó en el Vaticano y cuya desaparición constituyó un misterio durante años, da para especular narrativamente. Si a eso se le añade que el cadáver ‘recompuesto’ tras el incendio apareció en un cañaveral de las afueras de Roma, junto a un carril-bici, cerca del río Tíber y frecuentado por  gitanos, la historia reúne todos los elementos para pergeñar un &#8216;best-seller&#8217;  con cuatro pinceladas. </p>
<p>Ahora solo falta que las televisiones se tiren a la carnaza del morbo policial y alimenten las especulaciones con encuestas y recogida de testimonios de todo quisque.  De esa manera, al cabo de pocas semanas, la historia dará para escribir no un culebrón, sino toda una enciclopedia del misterio, y mientras los informativos nos machacan con el apocalipsis de Haití o los altibajos de la Bolsa, usted y yo podremos hacer una pausa en la sobremesa para convertirnos por un rato en discípulos de Grishon y elucubrar acerca de quién se oculta tras el caso del esqueleto múltiple. Y hasta podremos escribir un futuro superventas.</big></p>
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