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	<title>GRATIS TOTALverdad &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>La ETA y la historia</title>
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		<pubDate>Thu, 03 May 2018 12:08:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[EL viernes 4 de mayo en la localidad vasco-francesa de Cambo-les-Bains está prevista la escenificación del fin definitivo de ETA, la banda terrorista que en medio siglo de asesinatos (el primero el del guardia civil José Antonio Pardines Arcay en junio de 1968) ha acabado con la vida de 826 personas, aunque más de esos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL viernes 4 de mayo en la localidad vasco-francesa de Cambo-les-Bains está prevista la escenificación del fin definitivo de ETA, la banda terrorista que en medio siglo de asesinatos (el primero el del guardia civil José Antonio Pardines Arcay en junio de 1968) ha acabado con la vida de 826 personas, aunque más de esos 300 crímenes están aún sin esclarecer y sus culpables sin haber sido juzgados y condenados.<br />
Mientras ETA trata de convertir su disolución en un acto ‘positivo’ para forzar compensaciones en el trato a sus presos, desde el Gobierno se califica de «escenificación propagandística» la cita de Cambo-les-Bains, lo mismo que piensa, por cierto, cualquier español con edad suficiente para recordar la barbarie asesina y unilateral y el triunfo policial y social del Estado. Hace pocos días el presidente del Gobierno aseguraba que no habrá contraprestaciones para la ETA tras el teatrillo en Kanbo: «No consiguió ninguno de los objetivos que tenía, no ha obtenido ninguna ventaja por matar ni por dejar de matar y no conseguirá ninguna ventaja por desaparecer».<br />
Lo que se dilucida sin embargo va más allá del puro mercadeo de beneficios penitenciarios. Se trata del consabido ‘relato’, es decir, de quién se adueña de la verdad histórica de los hechos y no de la verdad manipulada, elaborada a partir de falsificaciones y mistificaciones.<br />
En una reciente entrevista en ‘El Correo’ a Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política y gran conocedor de la realidad vasca, le preguntan por las reticencias de la izquierda abertzale a reconocer el daño causado por la banda terrorista: «ETAera una problema para la sociedad vasca y en estos momentos es un problema para ella misma y para su entorno ideológico. A mí me gustaría que la izquierda abertzale en su conjunto hiciera una visión crítica de su pasado, integral, sin escudarse en falsas disculpas. En el asunto de la memoria al final todos tenemos que llegar al mismo sitio, que es un relato justo, equilibrado, universal y completo de lo que ha pasado».<br />
–«¿Y lo ve posible?», le pregunta el periodista.<br />
–«Unos tienen que hacer un recorrido más largo que otros. Todos nos tenemos que mover de alguna manera porque divisar la historia desde la perspectiva de las víctimas es algo muy difícil cuando venimos de historias construidas a base de gestas heroicas. Hay que contar la historia de las naciones desde la perspectiva de quienes las han padecido, y no desde la perspectiva de sus héroes. Pero para llegar a ese tipo de memoria», añade Innerarity, «hay gente que tiene que recorrer más espacio que otros, y la izquierda abertzale tiene todavía mucho camino por delante».<br />
Dejar que la ETA con sus confluencias ideológicas y beneficiarios electorales se apoderen del ‘relato’ constituiría una colosal tergiversación de la verdad además de una infamia insoportable para las víctimas y la dignidad humana. No cabría mayor abyección: exterminarlas físicamente y sepultarlas bajo el manto de la mentira. Doble atrocidad. El País Vasco y la justicia de la historia merecen otro final.</p>
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		<title>Hacia la sabiduría</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Mar 2013 18:05:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[La destrucción de miles de negativos y diapositivas que el fotógrafo Daniel Mordzinski almacenaba en unas dependencias del diario ‘Le Monde’, en París, devuelve a la actualidad el viejo tema de las hecatombes patrimoniales, la desaparición de las cosas queridas, ya sean la Biblioteca de Sarajevo, el Museo de Bagdad o los miles de yacimientos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La destrucción de miles de negativos y diapositivas que el fotógrafo <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/19/actualidad/1363727950_173796.html">Daniel Mordzinski</a> almacenaba en unas dependencias del diario ‘Le Monde’, en París, devuelve a la actualidad el viejo tema de las hecatombes patrimoniales, la desaparición de las cosas queridas, ya sean la Biblioteca de Sarajevo, el Museo de Bagdad o los miles de yacimientos expoliados en cualquier rincón del mundo.<br />
Cuando la desaparición afecta a objetos a los que no nos sentimos vinculados por razones sentimentales o geográficas quizás el pesar sea más tolerable, menos intenso. Ojos que no ven, corazón que no sienten. Pero cuando lo que perdemos pertenece al ámbito íntimo de nuestro trabajo o de nuestras emociones, la sensación de pérdida debe de resultar tan dolorosa como la que agobia a Daniel Mordzinski estos días.<br />
¿Quién no se ha sentido mutilado, incompleto, al darse cuenta de que nunca más verá aquella fotografía de su niñez o de su juventud cuya pérdida le daña y desconsuela diariamente? Y  no por el valor material del patrimonio, a pesar de la cínica sentencia de Maquiavelo: «Los hombres olvidan más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio».<br />
En mi caso, desde luego, añoro más la primera pluma estilográfica que me regalaron de niño –y que sé extraviada para siempre– que las decenas de libros o los cuadros, por ejemplo, perdidos en el laberinto del olvido (propio y ajeno) y que nunca volveré a disfrutar aunque, con seguridad, en el mercado la etiqueta del precio marque una cifra considerablemente más alta.<br />
Supongo que esa sensación de pérdida está emparentada con la que embarga al protagonista de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Citizen_Kane">‘Ciudadano Kane’</a> cuando en los instantes postreros de su vida la única palabra que balbucea es <a href="https://www.google.es/search?q=ciudadano+kane+y+rosebud&#038;hl=es&#038;tbm=isch&#038;tbo=u&#038;source=univ&#038;sa=X&#038;ei=6JhMUZW3H4-xhAeW94CoCA&#038;ved=0CFwQsAQ&#038;biw=1198&#038;bih=827">‘Rosebud’</a>, el enigmático nombre del trineo con el que jugaba de pequeño en la nieve. ¿Cómo es posible que el rico magnate que posee un imperio y ha gozado de todos los tesoros y bienes del mundo recuerde tan solo el humilde patrimonio de un juguete?<br />
Sospecho que en cualquier sociedad y en cualquier época se registran a veces sensaciones parecidas. ¿Eso hace que las sociedades sean más dinámicas? Imagino que sí. Evolucionar, avanzar, exige dejar atrás, arrumbados en el baúl de los recuerdos, todos esos aspectos de la vida que únicamente comportan automatismos inútiles, viejas inercias cuyo sentido nadie comprende y que conducen directamente a la extinción&#8230; La dificultad radica, claro está, en determinar qué parte de la carga es superflua y que parte resulta esencial para que una generación tras otra avance y progrese.<br />
Así como cada hombre debe aprender qué ‘tesoros’ del pasado no pueden extraviarse jamás, cada sociedad debe averiguar también, colectivamente, qué factores comunes son imprescindibles para la supervivencia, para la conquista del presente y del futuro. «¿Buscar la verdad? Sí, si sólo se trata de saber. Pero ¿y si se trata de vivir? Entonces es preferible la sabiduría». Esas palabras de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Joubert">Joubert</a> siguen siendo uno de los anhelos vitales más inteligentes que conozco.</p>
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		<title>Las botas de Jurenito</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Mar 2013 19:52:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En español el genio del idioma tiene recursos muy expresivos para aludir a lo inalcanzable o a lo sencillamente inútil. Así decimos, por ejemplo, ponerle puertas al campo o escribir en el agua, si queremos referirnos a un empeño vano, quimérico, imposible. ¿Quién no conoce a alguien que pretendió saltar sobre su propia sombra, o [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En español el genio del idioma tiene recursos muy expresivos para aludir a lo inalcanzable o a lo sencillamente inútil. Así decimos, por ejemplo, ponerle puertas al campo o escribir en el agua, si queremos referirnos a un empeño vano, quimérico, imposible. ¿Quién no conoce a alguien que pretendió saltar sobre su propia sombra, o que terminó descubriendo que no existe ningún lugar donde  aten a los perros con longanizas?<br />
Cuando esos ‘imposibles’ saltan de la vida cotidiana al escaparate de la política resultan muy llamativos. Tanto como la prohibición de utilizar la palabra ‘desahucio’ en los escritos que se remite a las familias adjudicatarias de una vivienda social propiedad de la Junta de Castilla-La Mancha cuando van a ser, precisamente, desahuciadas.<br />
Según informan los periódicos, desde las instancias oficiales se recomienda evitar el uso de expresiones como:  «desahucio», «desalojo», «alzamiento» y «pérdida o privación de su vivienda» por otras «menos contundentes» que en el fondo son simples eufemismos, pirotecnia verbal que, como advierte el sentido común y la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, no elimina la realidad. La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.<br />
En 1921, el escritor y periodista ruso de origen judío <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ili%C3%A1_Erenburg">Ilya Ehrenburg</a> publicó un cuento titulado ‘Las aventuras de Julio Jurenito’.  Ehrenburg vivió en 1905 en Moscú los primeros momentos de la revolución junto a Nicolás Bujarin y se marchó después a París, donde conoció a personajes destacados de las vanguardias artística y literaria: Apollinaire, Léger, Diego Rivera, Modigliani, Picasso, Gómez de la Serna&#8230; Aunque Ehrenburg (famoso también por sus libros y su participación como corresponsal en la guerra civil española) fue diputado del Soviet Supremo y recibió el Premio Lenin de la Paz en 1952, nunca fue miembro del Partido Comunista. Y desde luego, en 1921, cuando publica ‘Julio Jurenito’ era muy critico no solo con el occidente capitalista sino con el propio comunismo. El protagonista del relato es un filósofo mexicano que viaja ilusionado a la URSS para conocer la «fraternal» experiencia de los ‘soviets’. La decepción del personaje es enorme y dirige un alegato tremendo a quienes mandan en el Kremlin: «Os imploro, comunistas, que no escondáis vuestros látigos entre las violetas», dice.<br />
La verdad es que después de aquella experiencia, Julio Jurenito se nos presenta desengañado de la vida y decidido a suicidarse. Y ahí surge el genio irónico de Ilya Ehrenburg, tan buen conocedor del alma rusa, para idear lo que ha sido considerado un procedimiento de suicidio infalible: hacer que su personaje se ponga un par de botas nuevas, relucientes, y se adentre con ellas a pasear en un parque. A  la media hora fue hallado muerto&#8230; y sin las botas. Las ironías de habitar el paraíso.<br />
A los Ilya Ehrenburg de nuestros días tal vez se les ocurra otros procedimientos para acabar con sus personajes de ficción. ¿Víctimas de un desahucio, por ejemplo? No, no; qué poco imaginativos&#8230; Mejor a manos de un eufemismo.</p>
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