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	<title>GRATIS TOTALvoltaire &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Lugar de encuentro</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Oct 2018 11:54:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando una sociedad comienza a madurar y presiente que el futuro le queda a la espalda, cuenta más el ayer que el mañana. La vida, claro está, no se detiene, lo que quiero decir es que alcanzada esa línea fronteriza las generaciones más veteranas modifican sus prioridades y se dejan seducir no tanto por lo que esperan vivir sino por lo que ya han vivido. No detienen su paso, ni su mirada, ni sus ilusiones, pero disfrutan cada vez más mirando hacia atrás sin ira… y sin melancolía. A mí me parece que las redes sociales se han convertido precisamente en un escaparate formidable de esas inquietudes, de esa nueva deriva sentimental. Basta echar un vistazo y comprobar cómo proliferan los sitios webs, los blogs, los foros, en los que el contenido básico lo constituyen álbumes de fotos antiguas de ciudades, de pueblos, de barriadas, en los que se recrean perfiles biográficos, anécdotas y episodios de personajes anónimos o de tipos populares que perviven en el imaginario colectivo. Desde la vendedora del carrito de chucherías hasta el vendedor de picón o el ‘santo inocente’, tan querido por todos, paseando con devoción sus estampas y que la gente vincula a los cambios de tiempo: «Ha salido Nano, seguro que va a llover».</p>
<p>Esas fotografías se convierten en álbumes abiertos con los que se puede interactuar para precisar una fecha, concretar el detalle de un nombre, advertir un error o añadir cualquier circunstancia que se considere valiosa. Pinceladas completando un cuadro que despierta interés. En realidad, otra forma de estructurar sociedades ahora ‘dispersas’ y que antes se hallaban ‘unidas’ al compartir espacios donde la presencia física estaba garantizada: las plazas, los cines, el teatro, el campo de fútbol, los paseos habituales en las ciudades (en el caso de Cáceres, por ejemplo, ‘cursi’ –de ‘cursilandia’– en la acera de las Hermanitas de los Pobres y el Coliséum y en frente ‘catetolandia’ en Cánovas, donde proliferaban los reclutas del CIR), en los barrios, en las fiestas patronales, en las –escasas– piscinas públicas y otros espacios de encuentro colectivo… Tras los cambios de hábitos sociales los lugares de encuentro en la actualidad son el centro comercial (como ya advirtió Saramago) y por antonomasia Internet, con su apoteosis de comunidades virtuales que sustituyen la ‘fisicidad’ de otros lugares.</p>
<p>Las fotografías nos devuelven la precisión del instante, ese gesto en el que ya presentimos acontecimientos que tal vez solo habitaron nuestros sueños, como el muchacho al que la imaginación le hace llegar más lejos de donde tiene los pies. La cabeza a pájaros. Imágenes que te permiten capturar, como una revelación, el espíritu de recuerdos desdibujados por la niebla del ayer. Porque recordar no nos transporta únicamente en el tiempo, permite resguardarnos contra el dolor o la adversidad. La memoria, antes analgésico que placebo. «Hay momentos en la vida» escribe Voltaire «cuyo recuerdo es suficiente para borrar años de sufrimiento». Y al cabo, la conclusión de J. P. Richter: «El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados». La llave del candado está en tu poder.</p>
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		<title>Del topo al tótem</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Sep 2018 11:16:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En la película ‘El topo’, basada en la obra de ese maestro de las novelas de espías que es John Le Carre, hay una escena llena de humanidad y perspicacia en la que el veterano George Smiley, en tiempos de la guerra fría, le relata a un joven colega de los servicios británicos cómo fue [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la película ‘El topo’, basada en la obra de ese maestro de las novelas de espías que es John Le Carre, hay una escena llena de humanidad y perspicacia en la que el veterano George Smiley, en tiempos de la guerra fría, le relata a un joven colega de los servicios británicos cómo fue el único encuentro que tuvo en su vida con Karla, el jefe del espionaje soviético. El revés del espejo al otro lado del telón de acero. George Smile cuenta que al final de aquella reunión, Karla no aceptó ningún tipo de negociación y prefirió viajar hacia donde creía que le esperaba la muerte «antes de rendirse».</p>
<p>–Y por eso sé que podemos vencerle –añade Smile– porque es un fanático, y los fanáticos siempre ocultan una duda secreta.</p>
<p>El fanatismo está siempre emparentado con la falta de razón. Desde posiciones auténticamente democráticas, razonar, respetar la verdad, dialogar, son términos incompatibles con el fanatismo, se exprese este con violencia física o sin ella, porque el fanatismo siempre implica en cualquier caso ‘violencia moral’. El viejo axioma: «Rasca en un fanático y hallarás una herida no cicatrizada» resume mejor que cualquier tratado de psicología social los estragos que están causando el populismo de la posverdad, los nacionalismos étnicos, los supremacismos de aldea y otras supersticiones que abonan el adoctrinamiento mediático y el arrinconamiento contumaz de la razón ante cualquier efluvio de ‘sentimentalidad’. Adiós al hombre, al ciudadano, en beneficio del tótem y de la tribu…</p>
<p>Aún resuenan las palabras de Torra en mayo de 2018, durante su toma de posesión como presidente de la Generalitat: «No nos rendiremos nunca». Más otras cuentas previas de la misma o similares letanías: «los españoles solo saben expoliar», «vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario», «no vamos a defendernos en ese juicio, sino que vamos a acusar al Estado español de haber promovido una causa contra el independentismo». Actitudes consecuencia lógica del ‘procés’ y diariamente reactivadas por ejemplo con iniciativas sectarias y discriminadoras con la mitad de la población de Cataluña como el viaje ‘propagandístico’ a Estados Unidos, donde un embajador de España tuvo que salir al paso y cantarles las verdades del barquero. Pacífica y democráticamente. Un fanatismo que impregna las múltiples decisiones de ese Parlament ‘cerrado’ que juega con el cínico argumento del victimismo invertido: presentarse como ‘golpeados’ quienes en realidad son los ‘golpistas’. Cuánta razón tiene Voltaire: «Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable».</p>
<p>Por suerte, frente a toda esa carcunda dopada por el separatismo, España responde con el respeto a la ley y a la democracia que se derivan de la Constitución. Y a pesar de las provocaciones y desafíos independentistas, en las calles no faltan las sonrisas ni siquiera el espejo revelador de Tabarnia. El tiempo corre contra el fanatismo porque como dice Smile, «los fanáticos siempre ocultan una duda secreta». Y a la ONU no le caben dudas, sin embargo, de a qué colonias puede aplicarse con justicia el derecho de autodeterminación.</p>
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		<title>Lágrimas e incienso</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Mar 2013 20:12:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ningún antídoto mejor contra la vanidad del mundo que el paso del tiempo. Bien lo saben los habitantes de cualquier imperio, desde el romano hasta el soviético. Cuenta Albert Djemal que al morir Stalin el diario ‘Pravda’ publicó un artículo transido de amor patrio hacia el héroe nacional. «¡Adiós, padre! Adiós, querido padre, al que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ningún antídoto mejor contra la vanidad del mundo que el paso del tiempo. Bien lo saben los habitantes de cualquier imperio, desde el romano hasta el soviético. Cuenta Albert Djemal que al morir Stalin el diario ‘Pravda’ publicó un artículo transido de amor patrio hacia el héroe nacional. «¡Adiós, padre! Adiós, querido padre, al que amaremos hasta exhalar el último suspiro. ¡Cuán grande es nuestra deuda contigo! Tú estarás siempre con nosotros y con aquellos que nacieron a la vida después de nosotros. Oiremos tu voz en el estruendo rimado de las turbinas que animan las gigantescas centrales eléctricas; en el paso cadencioso del invencible ejército soviético; en el ruido de las olas de mares creados por tu voluntad, y en el amor del follaje en las estepas arboladas que se extienden hasta el infinito».<br />
Stalin murió en 1953 y apenas tres años después su nombre y el de sus seguidores, estalinistas, eran sinónimos de maldad, de dictadura y de barbarie. En la URSS y en el resto del mundo.<br />
Lejos de mi ánimo identificar a Hugo Chávez con el ‘estalinismo’ (a pesar de sus excesos para la considerada práctica democrática convencional y sobre todo a pesar de los excesos que le atribuyeron quienes le bautizaron desdeñosamente como el ‘gorila rojo’), pero las manifestaciones y proclamas públicas tras su muerte están recorridas por la misma retórica altisonante que ilumina los responsos de los dictadores, de los caudillos y de los prohombres que se consideran salvapatrias.<br />
En el caso de Chávez no me sorprenden las muestras fervorosas de sus seguidores recogidas por la Prensa: «¡De tus manos brota lluvia de vida, te amamos!», sino las muestras políticas del propio régimen prometiéndole lealtad «hasta más allá de la muerte». Según informa ABC, el ministro venezolano de Comunicación, Ernesto Villegas, ha asegurado que tras la muerte de Chávez, lo que viene es «más Chávez». Y en declaraciones a la televisión estatal, Villegas aventuró que dentro de 50 años los jóvenes llevarán camisetas con el rostro del líder bolivariano en señal de rebeldía. No sólo en Venezuela, también en Cuba, donde Raúl Castro le declaró «eterna lealtad» y el ‘Granma’ calificaba de «irreversibles» las conquistas de su revolución.<br />
Confieso que en materia de regímenes victoriosos soy doblemente descreído y escéptico. Y también ‘machadiano’: «no hay mal que cien años dure ni gobierno que perdure». El destino de todas las estatuas es ser derribadas, antes o después. Y ni siquiera los monumentos funerarios garantizan la paz eterna. A los españoles nos suena aquello de «atado y bien atado».  Cada vez que presencio en los medios de comunicación estas manifestaciones multitudinarias de dolor por el ‘llorado líder’ me acuerdo del cuento <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_oveja_negra_y_dem%C3%A1s_f%C3%A1bulas" target="_blank">‘La oveja negra’, de Monterroso</a>, y de la relación de emperadores romanos que fueron convertidos en ídolos y regular y sucesivamente pasados por las armas.<br />
Decía Voltaire que a los vivos se les debe respeto, pero a los muertos tan solo verdad. Esa es la tarea que queda.</p>
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		<title>Mochuelo vacuo</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Dec 2012 20:22:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Muchas veces la diferencia entre un mochuelo vacuo y una persona inteligente no se distingue a primera vista y es preciso reparar en los pequeños detalles. El mochuelo vacuo, el zote por antonomasia, suele pavonearse y comportarse aparentemente igual que quien  va guíado por la razón, aunque en su caso en vez de trabajar con [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas veces la diferencia entre un mochuelo vacuo y una persona inteligente no se distingue a primera vista y es preciso reparar en los pequeños detalles. El mochuelo vacuo, el zote por antonomasia, suele pavonearse y comportarse aparentemente igual que quien  va guíado por la razón, aunque en su caso en vez de trabajar con argumentos y alcanzar opiniones solo alimenta prejuicios. Y ya lo advirtió Voltaire: los prejuicios son la razón de los tontos.<br />
Puede decirse que en la mente del mochuelo vacuo opera un procedimiento de actuación averiado, defectuoso, como el de esos autómatas incapaces de llegar a conclusiones que no figuren en los circuitos integrados de su sesera; es decir, incapaces de saltar sobre la programación de sus prejuicios y actividades de repetición. El comportamiento habitual del mochuelo vacuo lo resume a la perfección un dicho popular: «Cuando el tonto coge la linde, la linde se acaba pero el tonto sigue».<br />
Yo creo que uno de los inconvenientes de las sociedades modernas –acaso consecuencia de la superabundancia de información y del déficit de análisis rigurosos, estructurados– es la progresión geométrica en que han crecido los prejuicios, antes circunscritos a ámbitos ‘privados’ y ahora colonizadores de toda la esfera social. Los prejuicios son bombas cuyos detonadores se llaman tópicos. ¿Y qué caldo de cultivo más propicio para la multiplicación de estas armas que el de una sociedad y una ‘cultura mosaico’ como la nuestra?<br />
En cierta medida, al mochuelo vacuo le ocurre como a aquel compañero de Julio Camba que era incapaz de referirse «a un funcionario sin llamarlo probo, a un menestral sin diputarlo honrado, a un criado sin proclamarlo fiel, ni a un banquero sin calificarlo de opulento», hasta el extremo de reconocer que si le obligasen a decir «el opulento funcionario», «el honrado banquero», «el probo criado», o «el fiel menestral» se volvería loco. Camba criticaba en su artículo la inercia de las frases prefabricadas y cerraba su argumentación con la idea de que para desintegrarlas «se necesita una energía mucho mayor que para desintegrar el átomo». Lo mismo, dicho con otras palabras, que sostenía Einstein: «Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio».<br />
Los prejuicios son malas hierbas en el jardín del pensamiento,  taras en cualquier  estructura argumental que acabarán minando su resistencia y anticipando el derrumbe. Frente a la moda del cliché, del lugar común, del topicazo y de la frase hecha que en vez de alumbrar enmascara hay que oponer el deseo de verdad y la mirada sin anteojeras propia de los limpios de corazón.<br />
El peligro del mochuelo vacuo de turno es su abuso del dicterio, del exabrupto, de la charlatanería. Porque su determinación a la hora de ahondar en lo sectario, en la filia o en la fobia interesada, no suele ser casual sino fruto de la vocación mercenaria. Una pasión por el piñón fijo argumental y por los calificativos que cotizan en bolsa. Si en su camino se cruza uno de esos que nunca dudan y se recrean en el tópico y en el prejuicio seguro que está ante un ejemplar de mochuelo vacuo. Dios le asista.</p>
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		<title>El turismo del horror</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2012 20:43:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde siempre el hombre ha sentido atracción por el abismo y se debate entre Eros y Thanatos, lo dos impulsos, como advierte Freud, que son norte y sur de la existencia. Parece que entendemos y justificamos muy bien todo lo relativo a Eros, al amor y a sus múltiples ramificaciones, desde la conmoción de los [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde siempre el hombre ha sentido atracción por el abismo y se debate entre Eros y Thanatos, lo dos impulsos, como advierte Freud, que son norte y sur de la existencia. Parece que entendemos y justificamos muy bien todo lo relativo a Eros, al amor y a sus múltiples ramificaciones, desde la conmoción de los primeros escarceos en la adolescencia hasta la convención de las bodas, bautizos y sus correspondientes días conmemorativos. ¿Pero qué pasa con Thanatos? Aparte de las funerarias y de las floristerías, del negocio de la muerte viven muchas personas, incluso del sector turístico. La Universidad Central Lancashire, de Inglaterra, ha creado el Instituto de Estudios sobre Turismo Necrológico para buscar una explicación académica al hecho de que miles de ciudadanos visiten durante sus vacaciones el campo de exterminio de Auschwitz, la ‘zona cero’ de Nueva York, los campos de la muerte de Camboya o la central nuclear de Chernóbil, según informa el diario ‘La Vanguardia’ citando fuentes de la BBC.<br />
El director del centro universitario, Philip Stone, cree que las visitas a esos lugares obedecen al sentido trascendente que concedemos a la vida, al hecho de que «vivimos en una cultura que por lo general elimina la muerte del dominio público», explica, y también a que visitando esos escenarios del horror, de las atrocidades, los turistas pueden dar un paso atrás y experimentar la sensación de alivio, la alegría de que no haberle sucedido a ellos la terrible desgracia de convertirse en víctimas.<br />
¿Pero el turismo necrológico no está relacionado en realidad con el nacimiento del turismo? ¿Qué buscaba Stendhal en sus paseos por Roma, Florencia y Nápoles? ¿Y qué buscaron Heine o Goethe o los viajeros ilustrados y del romanticismo por media Europa? ¿Qué tipo de turismo es el que conduce hasta las pirámides de Egipto, los mayores monumentos funerarios de la historia?<br />
Yo creo que el hombre que se acerca hasta los pabellones de Auschwitz o hasta los campos de la muerte de Camboya no solo acude para reflexionar sobre la muerte y la trascendencia de la vida, sino para interrogarse acerca de la maldita ‘banalidad del mal’ y del instinto irracional que aún alienta en muchos ejemplares de Homo sapiens.<br />
Esos lugares de las grandes hecatombes de la historia, de los apocalipsis que perpetraron el nazismo de Hitler, los Jemeres Rojos de Pol-Pot, el nacionalismo étnico en Bosnia-Herzegovina o la Al-Qaeda de Bin Laden no pueden invitar únicamente a que reflexionemos sobre el más allá, como si se tratara de un cuadro del barroco con el caballero observando la calavera junto al reloj de arena para ilustrar el tema del ‘tempus fugit’.<br />
Quienes visitan en París el cementerio Père-Lachaise, donde están enterrados desde Proust hasta Edith Piaf, Balzac y Chopin, o quienes recorren las galerías del Panteón de Hombres Ilustres, donde reposan, entre otros, los restos de Voltaire, Víctor Hugo y Zola, pueden ser adscritos al ‘turismo necrológico’, pero un turismo más preocupado por los aspectos estrictamente culturales de la historia que por el desasosiego que suscita la cercanía del horror y del mal.</p>
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		<title>Por la credibilidad</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Mar 2011 22:19:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los periodistas solemos ser algo escépticos respecto a nuestra capacidad de influencia. Cuando oigo eso de: «Vosotros sois el cuarto poder» suelo contestar: «Nosotros somos en el mejor de los casos un poder de tres al cuarto». Antes de la escritura, cuando el saber estaba sujeto a la tradición oral es posible que la influencia [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los periodistas solemos ser algo escépticos respecto a nuestra capacidad de influencia. Cuando oigo eso de: «Vosotros sois el cuarto poder» suelo contestar: «Nosotros somos en el mejor de los casos un poder de tres al cuarto». Antes de la escritura, cuando el saber estaba sujeto a la tradición oral es posible que la influencia del anciano, del sabio, perdurara a través de las generaciones. «Desde Tales hasta los más quiméricos charlatanes», decía Voltaire, «no hubo ningún filósofo que influyese siquiera en las costumbres de la calle donde vivía». </p>
<p>Es una idea que les cuesta entender a todos los que dejan el cerebro en punto muerto, dispuestos para que les abastezcan de ideas a través del mando a distancia. Igual que les cuesta entenderlo a esos otros necesitados que buscan a los profetas del apocalipsis en la red para que les inyecten la dosis correspondiente de tergiversación y mentira. </p>
<p>Si en el ámbito político a los mítines solo van los convencidos, a los bebederos ideológicos públicos únicamente acuden quienes desean escuchar lo que ya saben o quienes desean oír lo que han escuchado más de una vez y de dos y de cien veces. Es decir, los convencidos de la causa, sea la ‘causa’ la que sea. </p>
<p>Es verdad que hay medios y profesionales de los medios con una considerable capacidad de influencia en la opinión publica, pero yo no creo que, ni en los ejemplos más radicales que pudieran rebuscarse, esa capacidad de influencia sea consistente, efectiva, si no va acompañada por la credibilidad. Quiero decir que una cosa es ser influyente y otra ser convincente. ¿La diferencia? La misma que entre predicar y dar trigo. </p>
<p>Tan solo los medios o los profesionales de los medios que tienen contrastada su credibilidad pueden aspirar a sembrar en terreno fértil. Los que se dedican a dar vueltas, como un burro con anteojeras, a la noria de ‘su’ verdad, de sus intereses o de sus fobias podrán perpetrar y emitir artículos, despachar opiniones, descerrajar calumnias, pero sus deposiciones caerán en tierra baldía. Es la diferencia entre las informaciones de calidad o las opiniones plurales, fundamentadas, cívicas, que ofrecen un medio o sus periodistas durante años de recta trayectoria profesional y las regurgitaciones de los aficionados al anonimato y a la infamia en Internet.</p>
<p>Vivimos una época en que el fácil acceso a los medios y a una cantidad de información ingente multiplica la superstición que equipara datos con conocimiento. Mucha información no significa directamente mucho conocimiento. Igual que un montón de papeles no significa directamente un archivo. Al revés. Si la información no está jerarquizada, interpretada, ordenada&#8230; solo tendremos contenidos más pobres que no aportan nada, que no son fiables y que constituyen, como señalaba hace unos días el pensador y economista Max Otte, «una cacofonía insulsa de mensajes caóticos y banales». </p>
<p>No aspiro a desmentir la incredulidad de Voltaire para que los filósofos (ahora diríamos los intelectuales, algunos periodistas, los líderes de opinión) se conviertan en referencia de los gustos y costumbres de la calle, pero sí confío en que a la hora de informarse, para formarnos una opinión, la apuesta sea por la credibilidad contrastada y la calidad. </strong><strong></strong></p>
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