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	<title>GRATIS TOTALyuste &#8211; GRATIS TOTAL</title>
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		<title>Adiós a Unamuno</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 21:50:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre 1908 y 1920 don Miguel de Unamuno recorre distintos lugares históricos de la geografía extremeña a los que se acerca con el espíritu crítico y la sinceridad analítica propios de un gigante intelectual. Algunos de los testimonios de esas rutas viajeras fueron reunidos en 2004 en un pequeño volumen con el título ‘Viajes por Extremadura’, dentro del nunca suficientemente elogiado Plan de Fomento de la Lectura en Extremadura que promovió la Editora Regional.</p>
<p>En ese pequeño librito, una joya que no debería faltar en ninguna de nuestras bibliotecas, Miguel de Unamuno cuenta las impresiones y reflexiones que le suscitan lugares como las Hurdes, Yuste, Guadalupe o Trujillo. Es sabido que el entonces rector de la Universidad de Salamanca y uno de los puntales de la llamada Generación del 98 no era un espíritu complaciente con la realidad de aquella España muchas veces aturdida y bostezante. No vaya nadie buscando la piadosa disculpa en su mirada, aunque tampoco el látigo del juicio displicente o liviano. A Unamuno le ‘dolía España’ y en consecuencia le duelen también muchas de las realidades que, a principios del siglo XX, caracterizan Extremadura.<br />
Producen escozor muchas de sus sentencias y aún, pasado un siglo, nos ruboriza el hecho de que no fueran gratuitas sino que estuvieran cargadas de razón. Comprensivo con los hurdanos y no tanto con la ‘madrastra’ naturaleza que les acoge, Unamuno es implacable con la modorra intelectual, con la pura molicie, que atribuye a buena parte del paisanaje. En un momento dice de Plasencia: «La rodeamos, siguiendo la ronda de su carretera, dejándola en su secular siesta, sólo interrumpida de tiempo en tiempo por las intestinas disensiones de su bélico cabildo, luchas de canónigos que ponen en conmoción al pueblo entero».  En otro punto del trayecto analiza la hostilidad de arrieros, carreteros y trajinantes a los automóviles, porque «les obliga a ir despiertos por los caminos, a no dejarse dormir sobre sus carros, y una de las peores ofensas que a un español puede hacerse es interrumpirle la siesta, obligarle a andar despierto por los caminos de la vida».<br />
Es famosa también su diatriba contra los señoritos que se pasan el día en Trujillo jugando en el casino. Un casino con «una biblioteca pobrísima», solitaria, y un sala de juego atestada. «Todos los que faltaban en la biblioteca sobraban aquí».<br />
Don Miguel retrata, sin embargo, una Extremadura que afortunadamente no existe, que ha sido superada por las circunstancias o que el martillo del tiempo se ha encargado de ajustar&#8230;  Acompañándole en sus caminatas por Extremadura sentimos que nos golpea a veces en lo más íntimo de nuestro orgullo, pero leídos ahora, casi cien años después de haber sido escritos, esos textos tienen más de estampa del pasado que de fotografía del presente. Aunque percibimos también que hay una realidad que se mantiene: padecemos prácticamente las mismas líneas de ferrocarril que hace un siglo y de vez en cuando las dificultades económicas empujan a oleadas enteras de extremeños a la aventura de emigrar, al doloroso trance de abandonar la tierra.</p>
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		<title>Chu En Lai en Yuste</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Feb 2011 01:51:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Domingo Fernández</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Mientras escribo esta columna las crónicas nos alertan desde Egipto del vértigo del cambio y de la cuenta atrás para Mubarak. Los ritmos de la historia a veces son tan imprevisibles como los encontronazos de las placas tectónicas. Hay épocas que son corrientes remansadas y días en que la historia solo se reconoce en el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="p" id="story-texto"><strong>Mientras escribo esta columna las crónicas nos alertan desde Egipto del vértigo del cambio y de la cuenta atrás para Mubarak. Los ritmos de la historia a veces son tan imprevisibles como los encontronazos de las placas tectónicas. Hay épocas que son corrientes remansadas y días en que la historia solo se reconoce en el cataclismo. Que se lo cuenten a Hosni Mubarak. </p>
<p>A veces el azar nos sitúa en un laberinto del que no sabemos salir. Y salir de la historia, avanzar, exige comprender sus pasos, entender el sentido de sus corrientes subterráneas, no únicamente el plano-guía de las rutas oficiales, de la apariencia, de lo consabido. </p>
<p>La semana pasada entrevisté en Madrid a Javier Solana, que hoy, 11 de febrero, recibe en Yuste el Premio Europeo Carlos V. Recordaba el ex secretario general de la OTAN y ex Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad de la UE, que durante su etapa de estudiante universitario en Estados Unidos había vivido acontecimientos como los asesinatos de Martin Luther King y de Robert Kennedy, las tres grandes manifestaciones de los jóvenes estadounidenses contra la guerra de Vietnam -en las que participó- o la llegada del hombre a la Luna, narrada por Walter Cronkite, el gran reportero de la CBS americana. Pero al entonces estudiante madrileño de Ciencias Físicas que iba camino de convertirse en catedrático de Física del Estado Sólido no podía pasársele por la cabeza, ni en el más delirante de los sueños, que unos pocos años más adelante se convertiría en secretario general de la OTAN. </p>
<p>La verdad es que a mí no me interesa lo que tiene de &#8216;anecdótico&#8217; ese hecho, para cuya evaluación y análisis habría que computar una serie de variables que trascienden lo personal: el abandono de un régimen autárquico, la transición a la democracia en España, la integración en las instituciones europeas, la existencia de una generación con el suficiente nivel de preparación intelectual y de compromiso político&#8230; Factores que contribuirían, vistos en perspectiva, para &#8216;justificar&#8217; o explicar determinadas actitudes personales. </p>
<p>Durante esa entrevista en Madrid, el nuevo Premio Carlos V se refirió a una anécdota que ilustra muy bien la necesidad de la distancia temporal, de cierta perspectiva, para comprender el sentido profundo de la historia. Poco antes de morir en 1976 Chu En Lai, al legendario dirigente chino que fue ministro de Asuntos Exteriores y primer ministro de Mao le preguntaron qué opinaba, cuál era su valoración de la Revolución Francesa. Y casi doscientos años después de aquellos hechos que transformaron medio mundo respondió de forma escueta: «Es muy pronto todavía para decirlo». </p>
<p>Aunque el periodismo obliga a elaborar un borrador vertiginoso de la historia, a registrar con amplitud los acontecimientos que alfombran la actualidad, no hay que perder de vista la lección de Chu En Lai; en el fondo, más allá de la ironía, una llamada a la comprensión profunda, amplia, del sentido de la historia. Analizada con esa perspectiva tal vez se entienda mejor, dentro de varias décadas, la importancia de personajes como Javier Solana y la de otros políticos de aquella generación que supieron afrontar los retos de un país que empezaba a desperezarse.</strong></div>
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