{"id":1018,"date":"2020-01-16T10:02:04","date_gmt":"2020-01-16T09:02:04","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/Juandomingofernandez\/?p=1018"},"modified":"2020-01-16T10:02:04","modified_gmt":"2020-01-16T09:02:04","slug":"quien-manda-aqui","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/Juandomingofernandez\/2020\/01\/16\/quien-manda-aqui\/","title":{"rendered":"\u00bfQui\u00e9n manda aqu\u00ed?"},"content":{"rendered":"<p>Entre las cosas que menos me atraen de las redes sociales es la escasa capacidad para admitir reproches de algunos de sus usuarios, especialmente aquellos que brujulean amparados en el anonimato o al abrigo de las cuentas falsas. Si cuando intercambian comentarios y exponen ideas, las respuestas son de su agrado, no hay problema; pero si les contrar\u00edan o les generan la m\u00ednima frustraci\u00f3n, adi\u00f3s al argumento: enseguida optan por el insulto, el agravio o el silencio. En esos casos, siempre recuerdo el aviso, a la defensiva, de William Faulkner: \u00ab\u00c9ste es un pa\u00eds libre. La gente tiene derecho a enviarme cartas y yo tengo derecho a no abrirlas\u00bb. Ni modo, que dicen en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Para sobrevivir en la jungla inabarcable de las redes sociales resulta conveniente disponer de una firme capacidad de aguante. Quien aspire a sumar el favor de miles de seguidores, \u2013ese cuentakil\u00f3metros, a veces trucado, del \u00e9xito\u2013 tiene que someterse sin interrupci\u00f3n al escrutinio de todo tipo de cr\u00edtica. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n para escuchar dict\u00e1menes semejantes al que se pone en boca de Samuel Johnson: \u00abSu manuscrito es bueno y original, pero la parte que es buena no es original y la parte original, no es buena\u00bb. Y, por descontado, no responder nunca ante los reproches o la dureza de las opiniones con la forma desabrida en que lo hizo, a principios del siglo XX, el compositor y pianista alem\u00e1n Max Reger: \u00abEstoy sentado en la habitaci\u00f3n m\u00e1s peque\u00f1a de la casa. Tengo su cr\u00edtica delante de m\u00ed, pero muy pronto estar\u00e1 detr\u00e1s de m\u00ed\u00bb. Hay que saber encajar. O cortar por lo sano.<\/p>\n<p>Confieso que muchos d\u00edas siento la tentaci\u00f3n de echar el candado a las tres redes sociales en que participo. \u00bfPor qu\u00e9 no lo hago? Quiz\u00e1s por no cerrar definitivamente esos escaparates, esas ventanas, donde mucha gente vuelca sus inquietudes, sus deseos, sus temores; donde muchos ponen el foco a problemas que consideran relevantes o iluminan, sin m\u00e1s, un espejo propio en que mirarse. Acaso porque ah\u00ed, en esas redes, tengo ocasi\u00f3n de enterarme qu\u00e9 piensan o qu\u00e9 hacen algunas personas que me interesan.<\/p>\n<p>Hay ratos, sin embargo, en que dudo de lo que acabo de escribir. O mejor, de la posible utilidad de los mensajes. Porque s\u00e9 que en las redes sociales no \u2018vemos\u2019 lo que en verdad nos interesa, sino lo que los algoritmos del \u2018sistema\u2019 \u2013por utilizar un t\u00e9rmino para entendernos\u2013 deja que \u2018veamos\u2019. En las redes sociales no descubriremos nunca lo m\u00e1s importante, ni siquiera lo m\u00e1s urgente, aunque tienen a favor la capacidad de informaci\u00f3n inmediata, su facilidad para las interrelaciones y, sobre todo, un potencial extraordinario en materia de entretenimiento y espect\u00e1culos. Sin embargo, los \u00e1rboles a veces no dejan ver el bosque. Las redes nos convierten en terminales del \u2018gran hermano\u2019 global, ahondan en el individualismo y en el aislamiento; facilitan la falsedad y los enga\u00f1os, son adictivas, potencian la impulsividad y las respuestas instintivas, puramente emocionales \u2013frente a la racionalidad y la templanza\u2013 de otras v\u00edas de comunicaci\u00f3n e informaci\u00f3n. As\u00ed que de momento no echo la llave, pero tengo el candado a mano.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre las cosas que menos me atraen de las redes sociales es la escasa capacidad para admitir reproches de algunos de sus usuarios, especialmente aquellos que brujulean amparados en el anonimato o al abrigo de las cuentas falsas. 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