{"id":462,"date":"2014-07-04T20:15:42","date_gmt":"2014-07-04T19:15:42","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/Juandomingofernandez\/?p=462"},"modified":"2014-07-04T20:15:42","modified_gmt":"2014-07-04T19:15:42","slug":"paraiso-habitado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/Juandomingofernandez\/2014\/07\/04\/paraiso-habitado\/","title":{"rendered":"Para\u00edso habitado."},"content":{"rendered":"<p>Cuando yo era ni\u00f1o anhelaba siempre dos momentos gozosos: la hora en que abr\u00edan la biblioteca p\u00fablica (todos los domingos, despu\u00e9s de misa) y las incursiones inici\u00e1ticas a la le\u00f1era buscando entre sus ramas horquillas para hacer tirachinas o \u2018tirantillos\u2019, que es como los denomin\u00e1bamos los muchachos por entonces. Durante los veranos el anuncio de la libertad y del tiempo libre lo marcaban las vacaciones del curso escolar y los d\u00edas inacabables de ba\u00f1os en las charcas o en las \u2018pedreras\u2019; las incursiones a las vi\u00f1as pr\u00f3ximas en busca de nidos de \u2018alcolor\u00edn\u2019 y las escapadas furtivas de las siesta para construir aviones de ca\u00f1aheja o sofocarse bajo el sol de agosto buscando melones y sand\u00edas en cercados ajenos&#8230;<br \/>\nEn aquella biblioteca p\u00fablica \u2013apenas un peque\u00f1o habit\u00e1culo en la planta baja del Ayuntamiento\u2013 no s\u00f3lo me familiaric\u00e9 con las historias de \u2018El Jabato\u2019, \u2018El Capit\u00e1n Trueno\u2019 o \u2018Haza\u00f1as B\u00e9licas\u2019, sino que dej\u00e9 volar mi imaginaci\u00f3n con la colecci\u00f3n de libros de la editorial Bruguera de 250 ilustraciones: \u2018Miguel Strogoff\u2019, \u2018Los viajes de Gulliver\u2019, \u2018Robinson Crusoe\u2019, \u2018La isla del Tesoro\u2019&#8230;<br \/>\nAquellas incursiones a la biblioteca p\u00fablica se complementaban a veces con el deleite que supon\u00eda repasar, una y otra vez, los tomos de una vieja Historia de Espa\u00f1a que nutr\u00edan la peque\u00f1a biblioteca de mi abuelo materno, de mi abuelo Juan Domingo. Recuerdo el asombro fascinante que me causaban las ilustraciones de las primeras p\u00e1ginas, donde destacaban las im\u00e1genes de los honderos mallorquines, capaces de derrotar con sus t\u00e9cnicas de guerrilla a ej\u00e9rcitos muy bien pertrechados. Todav\u00eda sigo identificando esos instantes como unos de los grandes para\u00edsos de la infancia. Tesoros de lectura con los tomos de aquella enciclopedia desplegados sobre la gran mesa camilla cubierta de hule y mi abuelo sentado al lado mientras yo me demoraba bajo su mirada complaciente en cada ilustraci\u00f3n, en cada pie de foto, en cada detalle y repasaba con deleite las aventuras de unos personajes que a m\u00ed me parec\u00edan h\u00e9roes eternos.<br \/>\nNunca faltaban libros. Y desde entonces la literatura ha sido para m\u00ed el s\u00edmbolo de la libertad. La literatura como evasi\u00f3n y tambi\u00e9n como ense\u00f1anza, como itinerario de aprendizaje. Siento que Borges expresa una sensaci\u00f3n compartida por mucha gente cuando dice: \u00abMe gusta tanto la lectura que mis recuerdos m\u00e1s antiguos son menos de cosas vividas que de cosas le\u00eddas. As\u00ed, uno de los primeros recuerdos de mi autobigraf\u00eda ser\u00eda la historia del genio a quien el pescador encierra en la vasija de cobre; y otro el cofre que un viejo marinero lleva a una posada y en el que descubren el mapa de la isla del Tesoro\u00bb. Ahora me parece que no faltan libros. O que faltan, a pesar de la crisis, menos que antes. Hasta los medios de informaci\u00f3n ofrecen regularmente listados con recomendaciones y sugerencias para leer en vacaciones. \u00bfPero siguen percibi\u00e9ndose los libros como una puerta a la libertad, como una de las entradas al para\u00edso? Ah\u00ed dejo la pregunta, por si a alguien le interesa reflexionar acerca del tema&#8230; antes de abandonar la lectura y encender la televisi\u00f3n.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando yo era ni\u00f1o anhelaba siempre dos momentos gozosos: la hora en que abr\u00edan la biblioteca p\u00fablica (todos los domingos, despu\u00e9s de misa) y las incursiones inici\u00e1ticas a la le\u00f1era buscando entre sus ramas horquillas para hacer tirachinas o \u2018tirantillos\u2019, que es como los denomin\u00e1bamos los muchachos por entonces. 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