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	<title>AullidoAullido &#8211; Aullido</title>
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		<title>Tríptico de un Poeta en la Tierra.</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 23:59:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Portillo Barrios</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ Primero vemos a un niño. Es uno de esos niños color sepia de los años veinte. Hay en la tarde de invierno un silencio afligido de ausencias, un desamparo misérrimo de hospicio, una tristeza rumiante de niño internado. Sentado en el patio, inmerso en sus lejanías, escucha el desconcierto de la lluvia en los tejados, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #333333;"> Primero vemos a un niño. Es uno de esos niños color sepia de los años veinte. Hay en la tarde de invierno un silencio afligido de ausencias, un desamparo misérrimo de hospicio, una tristeza rumiante de niño internado. Sentado en el patio, inmerso en sus lejanías, escucha el desconcierto de la lluvia en los tejados, el crepitar persistente de las gotas que se derraman sobre los charcos como un llanto incontenible. Tiene siete años y hace solo un par de meses que ha llegado al orfanato. Otro niño se le acerca y le pregunta que si no tiene frío, pero no contesta, sus pantalones cortos empapados ya son impermeables. Insiste y pregunta que ¿qué fue lo que le pasó?, o ¿que hizo para estar allí? Y entonces, sin volverse, aún absorto en el agua que precipita, murmura: Mi padre murió en el otoño cogiendome almendras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #333333;"> Ahora un hombre ya maduro, de una espesa cabellera rizada en la que asoman las primeras canas, curtido de cargar en los muelles, de limar asperezas al mármol, de sacarse los cuartos a golpes de gubia o paleta, camina por la calle San Juan. Este hombre que ahora vemos, -y que es aquel hospiciano que tuvo que ser monaguillo, y cantaor de tangos, y mil historias para llegar a los cuarenta y tres años que hoy, sábado 22 de diciembre del 63, tiene- ha leído toda su vida con afán devorador, y a demás, ha escrito, con éxito incipiente, textos y poemas que van apareciendo por revistas de medio mundo, y comienzan a ser traducidos a otros idiomas. Va contento, casi dando imperceptibles saltos, hacia la sastrería donde trabaja Manuela, su esposa, porque tiene que darle una noticia importante. El Gobernador Civil va a regalarles una casa. Esta noche darán en su honor una gran fiesta en la residencia de los Segura, y van a estar todos los chicos: <strong>Esperanza</strong>, <a href="http://www.galeriatallerartex51.com/index.php?option=com_content&#038;task=view&#038;id=198&#038;Itemid=118" target="_blank"><span style="color: #333333;"><strong>Vaquero Poblador</strong></span></a>, <strong>López Lago</strong>… -¡Una casa nueva para los dos Manuela!- y allí él podrá escribir algo bueno, piensa mientras camina, algo tan bueno que ella podrá dejar de romperse las manos subiendo bastillas, haciendo pespuntes, cosiendo las ropas de medio Badajoz.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #333333;"> Para concluir vemos al último <strong>Manuel Pacheco</strong>. El celebrado, el numerario de la Real Academia de la Artes y las Letras, el Medalla de Extremadura, el que ha dado nombre a colegios público, múltiples calles, un certamen literario, e incluso a una biblioteca. Está sentado en el sofá de su casa, no en esa tan precaria que le cedieron en los 60 en la carretera de Sevilla, si no en un pisito también modesto, pero con ascensor, que alivia los lastres de la coja Pacheca -como el vulgo ha rebautizado a su anciana señora- que ha bajado al Pryca a por un güisqui. Es ya un viejo de imponente cabellera blanca, algo desaseado, que gusta de leer a los jóvenes sus correspondencias con los grandes nombres de la literatura, y habla con contenida nostalgia de los amigos de entonces. Un viejo que ha visto morir a sus coetáneos, que sabe que le han caído ya todos los “gordos”, y que tal vez intuye le queden pocos años de vida. Con él hay un joven ecologista que pretende disuadirle para que escriba en una revista y acepte ser socio de honor del grupo<strong> Rosa de Alejandría</strong>. Va acompañado de un niño de ocho años, su hijo, que mira con intriga y estupefacción a ese hombre del que su padre le ha dicho que es un gran artista. Ese niño de aquel día de 1993 es, o mejor dicho fue, quien escribe estas líneas. Pocos años después, en marzo del 98, fallecía Pacheco. Sólo unos meses más tarde lo seguiría Manuela, con la pierna coja y las manos reventadas de zurcir remiendos en el alma del Poeta.</span></p>
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		<title>Cafés de tertulias</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Apr 2012 23:26:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Portillo Barrios</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Paisajes e impresiones]]></category>
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		<description><![CDATA[ Los Poetas, esos seres extraños, sibilinos en su extravío, perdidos entre las gentes negras de los albores, insaciables, insomnes, buscando un alivio, un subterfugio, un paisaje a contemplar en el brillo sangrante de una copa de vino, un alma hermana con quien prodigarse en su oculta tragedia…  En Madrid las famosas tertulias de los cafés, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> Los Poetas, esos seres extraños, sibilinos en su extravío, perdidos entre las gentes negras de los albores, insaciables, insomnes, buscando un alivio, un subterfugio, un paisaje a contemplar en el brillo sangrante de una copa de vino, un alma hermana con quien prodigarse en su oculta tragedia…</p>
<p style="text-align: justify;"> En <strong>Madrid</strong> las famosas tertulias de los cafés, como la del desaparecido <strong>Colonial</strong> a la que acudían <strong>Alejandro Sawa</strong>, <strong>Valle-Inclán</strong> o <strong>Rubén Darío</strong>, por citar algunos; o la del <strong>Café Gijón</strong>, donde se dejaban ver tímidamente en la posguerra <strong>Eugenio d’Ors</strong> o <strong>Cela</strong>, y que actualmente es como un glorioso mausoleo, frecuentado por intelectuales y políticos de <em>alto standing</em> –te cobran seis pavos por un carajillo-, han ido dando paso con los años y <strong>&#8220;la movida&#8221;</strong>, a las <strong><em>jam session</em></strong> de los garitos. Ahora el café ha sido sustituido por la cerveza, el elegante Paseo de Recoletos por la noctívaga Malasaña, y la concurrencia, mucho más heterogénea, compuesta por personajes pintorescos y ruidosos: juerguistas del verso, viejos calaveras, raperos más o menos líricos, femmes fatales volubles y fluctuantes, y por supuesto, escritores profesionales o no, creando un ambiente de Variété mucho mas parecido al de la <strong>“bohemia madrileña”</strong> de finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, que al de los anquilosados círculos oficiales. Así uno puede darse un rulo por la capital en su condición de poeta provinciano –voluntariamente provinciano que decía Delibes- y dejarse caer por el <strong><a href="http://bukowskiclub.wordpress.com/quien-como-y-por-que/" target="_blank">Bukowski Club</a></strong> o <strong><a href="http://los-diablosazules.blogspot.com.es/" target="_blank">Los Diablos Azules</a></strong>, a escuchar la algarabía estrepitosa de la nueva poesía, e incluso a veces, puede toparse con <strong>Benjamín Prado</strong> y su coleguita <strong>Sabina</strong> –que están a soplar y sorber-, o con <strong>Luís Antonio de Villena</strong>, que va como levitando desde el parnaso de su prolificencia, a dos palmos del suelo.</p>
<p style="text-align: justify;"> También aquí, en <strong>Badajoz</strong>, ha habido y hay lugar para el quehacer poético. Desde <strong>Los sabáticos,</strong> en el piso de la calle Calatrava, bajo el mecenazgo de los Segura, donde se reunían <strong>Manuel</strong> <strong>Pacheco</strong>, <strong>Delgado Valhondo</strong>, o los pintores <strong>Pedraja</strong> y <strong>Vaquero Poblador</strong>, lo más destacable ha sido la infatigable labor del señor <strong><a href="http://traztraz.blogspot.com.es/2011/04/juan-antonio-mendez-del-soto.html" target="_blank">Méndez del Soto</a></strong>, que desde <strong>La Ribera</strong>, o <strong>La Regenta</strong>, en principio, y después en el ya de sobra conocido <strong><a href="http://http://www.guiaextremadura.com/entidad/gran-cafe-victoria" target="_blank">Gran Café Victoria</a></strong>, en la céntrica calle de San Juan, coordinó, al margen de patronatos y subvenciones, poniendo muchas veces dinero de su tembloroso bolsillo, los recitales y publicaciones que de ellos se derivaron, y en los que tubo a bien invitarme a participar en varias ocasiones. Allí uno, desconcertado en su adolescencia, se sentaba al abrigo de <strong>Mediterráneo</strong> –pseudónimo de <strong>José Antonio Sánchez Carrasco</strong>&#8211; y sus <a href="http://www.abecedario.com.es/editorial/novedades/fichas/mediterraneo.htm" target="_blank">pájaros de raíces podridas</a>, o del genial <strong><a href="http://rafaelpiedehierro.com/" target="_blank">Rafael Piedehierro</a></strong>, pintor, escultor, y artista de la vida en general, a decir y a escuchar decir sus versos a los asistentes, algunos ya reputados como<strong> Moisés Cayetano</strong>, o el <em>luischamiciano&#8217;</em> <strong>Feijó</strong>. Ahora el cotarro del Victoria, tras retirarse <strong>Juan Antonio</strong>, supongo que cansado de escuchar tanta perorata insípida, lo lleva la poetisa <strong>Antonia Cerrato</strong>, que aun me guarda, creo, algunos cuadernillos que editaron con textos del menda. Pero ya no es lo mismo, uno se ve por allí de cuando en cuando con <strong><a href="http://josemanueldiez.blogspot.com.es/" target="_blank">José Manuel Díez</a></strong>, -entre colegas, Joséle, el del <a href="http://www.eldesvandelduende.com/" target="_blank">Desván</a>-, y no puede evitar sentirse como atrapado en un tiempo, en un verso que no le corresponde.</p>
<p style="text-align: justify;"> Uno de veras cree que todo el mundo tiene la capacidad de escribir un par de buenos versos -otra cosa es hacer poesía-, y asiste a los recitales con el alma abierta y los oídos expectantes, esperando ese adjetivo, ese verbo inflamable que le incendie los nardos de adentro; aunque a veces, algunas veces, todo acabe con la sensación de haber asistido a un desfile de sombreros.</p>
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		<title>Semiótica</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Apr 2012 16:17:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Portillo Barrios</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Paisajes e impresiones]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> En algunas extrañas ocasiones, tan azarosas como escasas, sucede que las cosas más cotidianas o triviales, inadvertidas en la frenética rutilante de los días sucesivos, se nos revelan de pronto como un signo o un presagio. Basta un número entrevisto en un calendario de hace diez años, que casualmente miramos colgar de la hosca pared de un comercio de barrio, el nombre de una calle por la que transitamos a diario o por primera vez, una campana que oímos tañir desde la lejanía a la hora exacta en la que el tiempo dejó de correr para alguien…</p>
<p style="text-align: justify;"> Pensaba el otro día subiendo la<em> Cuesta</em><em> de la sangre, </em>en <strong>Trujillo</strong>, cuando <strong>José Cercas</strong>, condescendiente no se si con mi absortamiento o mi juventud, me palmeaba el hombro arrancándome de un alucinado sopor. Habíamos coincido con motivo de la <strong><a href="http://www.caceresentumano.com/saco-arte-musica/8648-trujillo-feria-del-libro-caceres.html" target="_blank">feria del libro</a></strong> de la localidad, donde yo fui contratado para impartir unos modestos talleres en los días dedicados a los géneros de relato y poesía, y él encabezaba un séquito de <em>poetisas y poetastros</em> más o menos jóvenes -menos que más- a los que ha prologado en una antología para una editorial de nueva cuña en la región. El organizador del evento –y también poeta- <strong>Daniel Casado</strong>, nos contaba entre cañas que la Alcaldesa de Guadalupe del Perú -que se encontraba de paso por estos pagos para estrechar un hermanamiento entre ésta ciudad y su homónima extremeña-, había venido a la inauguración portando un vistoso medallón de oro, y no pude evitar que mi imaginación exaltada se formara la imagen, algo arquetípica, de una altiva criolla que como truncada Virreina de La Nueva Castilla, miraba con orgullo impostado, desde las escaleras de la Plaza Mayor, a los diez Incas encadenados, tallados  bajo el escudo de armas  del marqués sin marquesado <strong>Francisco Pizarro</strong>, en la hermosa fachada del palacio renacentista que un sobrino de <strong>Churriguera</strong> construyera para la hija mestiza del ambicioso conquistador<strong>, Francisca Pizarro Yupanqui.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> Mis tendencias a la mitomanía se desbocaban aquella pétrea noche -pasada hace sólo un par de días-, cuando a veintinueve, y en la dicha<em> Cuesta de la sangre</em>,  escuché repicar una campana a la hora siniestra y homicida en la que hacía justamente dos meses, perdía al hombre que me hizo de padre.</p>
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		<title>Artículo desactualizado</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Mar 2012 07:45:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Portillo Barrios</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Aullido]]></category>
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		<description><![CDATA[ Me hallo de nuevo frente a la pantalla. Tal vez por no ser una hoja, ni ser de papel, será que no siento ese terror mallarméano al blanco, que era para él sinónimo de silencio, sepultura sin mácula de versos que aún vislumbrados, jamás serán escritos.  Tras liarme un pitillo, que el tabaco industrial está [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> Me hallo de nuevo frente a la pantalla. Tal vez por no ser una hoja, ni ser de papel, será que no siento ese <strong>terror mallarméano</strong> al blanco, que era para él sinónimo de silencio, sepultura sin mácula de versos que aún vislumbrados, jamás serán escritos.</p>
<p style="text-align: justify;"> Tras liarme un pitillo, que el tabaco industrial está muy caro para todo el mundo, y especialmente para los poetas, que por lo general  solemos ser pobres -los ricos de nuestra época, salvo gloriosas excepciones, andan en otros menesteres-, y acomodar sobre el escritorio una copa de Verdejo cortesía de un <em>gentilhomme, </em>caigo en la cuenta de que llevo toda la semana reuyendo sistemáticamente de la actualidad. Cosa difícil, trabajando en un periódico, aunque sea de becario, pero resulta que tiene uno desde la infancia una habilidad especial para esto de abstraerse, incluso de la realidad más palpante o palpitante. Las palabras de las noticias que leo resbalan de mi mente como una corriente de agua/tinta que inútilmente pretendemos retener entre los dedos. Significantes desprovistos, sílabas de una lengua desusada que ya no reconocemos, pero que tampoco conseguimos olvidar. Y a ratos, disueltos en la mecánica del trabajo, van surgiendo los significados como apariciones funestas en un poema de<strong> Lovecraft</strong>: los mercados y las naciones se desploman como ruinas de un templo impío, Europa arde en sus arrabales,  el fraude y la corrupción son el valor de los hombres de portada, las guerras asolan hasta los últimos vergeles del alma humana… el planeta parece sucumbir a una oscura profecía del cosmos.</p>
<p style="text-align: justify;"> Así que acaba la semana, y uno doliente de tanta pesadilla, solo quiere acurrucarse junto a su ángel, que en mi caso se llama <strong>Ángela</strong>, a rezar para que <strong>Irán</strong>, <strong>Corea</strong> o los <strong>U.S.A</strong>, nos borren del sistema solar, por piedad, de un pepinazo.</p>
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		<title>Desiderátum</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Mar 2012 14:52:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Portillo Barrios</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ Se supone que esta semana debería hablarles sobre Urdangarin, que dicen las malas lenguas, está haciendo más por acercar la tercera republica al país que el mismísimo Azaña; o por ejemplo, sobre Garzón, que esta vez ha sido absuelto por investigar -osadías de juez estrella- los crímenes del franquismo.  Pero sucede que a veces uno [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> Se supone que esta semana debería hablarles sobre <strong>Urdangarin</strong>, que dicen las malas lenguas, está haciendo más por acercar la tercera republica al país que el mismísimo <strong>Azaña</strong>; o por ejemplo, sobre <strong>Garzón</strong>, que esta vez ha sido absuelto por investigar -osadías de juez estrella- los crímenes del franquismo.</p>
<p style="text-align: justify;"> Pero sucede que a veces uno se cansa, de verdad. Se cansa de leer tanta mierda de tanto mierda. De tener que  tratar con tantísimo <em>mierdoso’</em> en éste pantanoso lago del amateurismo, que no es otra cosa que escribir mucho, y para muchos, sin recibir por ello un cochino maravedí. No es que tenga la pretensión de ser un perpetuo becado por la gracia de Dios, líbrenme ustedes. Ya a mis años, que voy para los treinta, se sabe bien de la mano de <strong>Valle</strong>, de la horrible muerte de <strong>Merlo</strong>, o de las penurias económicas de <strong>Bolaño</strong>, y  poco a poco, a base de ejercitarse, se le va perdiendo el miedo -que no el respeto- a la pobreza, a la soledad, o a la incomprensión. En fin, que va dejando uno de soñarse <strong>Baudelaire</strong> ensimismado en la ventana, para pedirle a sus lectores y editores, que ya que no le dan de comer, muestren al menos un poquito de respeto –en la medida de lo respetable, por su puesto- los unos, y los otros, un mínimo de cuidado y dedicación a los textos de los que en muchas ocasiones se lucran.</p>
<p style="text-align: justify;"> Si no, que lo dejen a uno en paz irse con sus <em>muertitos</em> -como tan cariñosamente llaman en el otro lado del charco a sus difuntos-, al remanso seguro de un camposanto.</p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Invierno en Lisboa</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Mar 2012 22:33:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Portillo Barrios</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Paisajes e impresiones]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[O livro do desasosiego]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[ Existen ciudades de sonoridad tan prodigiosa, que la sola pronunciación de su nombre basta para evocar un mundo acotado de exuberancias exóticas. Cada ciudad es a la vez una negación y una promesa, la incertidumbre de muchas otras vidas posibles, futuras y pasadas, que atisbas entre los callejones adoquinados de la baixa, o asomadas a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> Existen ciudades de sonoridad tan prodigiosa, que la sola pronunciación de su nombre basta para evocar un mundo acotado de exuberancias exóticas. Cada ciudad es a la vez una negación y una promesa, la incertidumbre de muchas otras vidas posibles, futuras y pasadas, que atisbas entre los callejones adoquinados de <strong>la baixa</strong>, o asomadas a los balcones de los áticos con sus caras de otro siglo. Así como dicen que <strong>Buenos Aires</strong> es una <em>ficción</em> Borgiana, sucede lo mismo con <strong> Lisboa</strong>, que uno llega a ella por primera vez, con<a href="http://www.mgar.net/docs/pessoa4.htm"><strong><em> O livro do desasosiego</em></strong></a> aún caliente y tembloroso entre las manos febriles de adolescencia, y siente algo así como un escalofrío al subir la <strong>Rua dos Douradores</strong>. Se piensa uno a los veinte años que va a cruzarse con <strong>Mario de Sá-Carneiro</strong>, rumiando en su rutina de opio a contar sus infortunios a <strong>Pessoa</strong>, que lo espera con impaciencia de abstinente en las tasca de la esquina.</p>
<p style="text-align: justify;"> Luego, con los años y las visitas te acabas enterando de que en el <strong>Café Martinho</strong>, donde tantas veces se reunió el grupo <strong>Orfheu</strong>, hay una sucursal bancaria desde 1969, que es algo así como un <em><strong>Burma</strong>,</em> el puti de esa novela <em>negra</em> de <strong>Muñoz Molina</strong> a la que he plagiado hoy el título.</p>
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		<title>Hablémos de bigotes.</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Mar 2012 18:03:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Portillo Barrios</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Aullido]]></category>
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		<description><![CDATA[ El nuevo presi’ nos mintió. Descarada, descabelladamente. Y miren que a mí Rajoy, ya cuando era ministro con Aznar, me parecía un tío prometedor, de corte europeo, que con su mal humor levantisco y su jocosidad tontona, pretendía a golpes de registro, lidiar con los fastos de la Cultura en un país de incultos. Además [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> El nuevo <em>presi’</em> nos mintió. Descarada, descabelladamente. Y miren que a mí <strong>Rajoy</strong>, ya cuando era ministro con <strong>Aznar</strong>, me parecía un tío prometedor, de corte europeo, que con su mal humor levantisco y su jocosidad tontona, pretendía a golpes de registro, lidiar con los fastos de la Cultura en un país de incultos. Además tiene barba, que ya hacia falta en España un barbudo en la derecha.</p>
<p style="text-align: justify;"> El caso es, como todos sabemos, que tras el sucesivo cambio de discurso ante, durante y después de las elecciones, anunciaron que las primeras subidas de impuestos eran parte de un paquete –que nos van a meter- de medidas para sacar a flote el galeón hundido de la economía nacional. Y tuvo que salir <strong><em>la</em> <em>Cospe</em><em>’</em></strong> a velar por la popularidad del recién estrenado gobernante, que no asomaba su barbada efigie.</p>
<p style="text-align: justify;"> La derecha ha sido siempre una proliferación de bigotes (el falangista, finito y brillante de vaselina, el bigotazo recalcitrante,  casi nietzscheano, de <strong>Tejero</strong>, o el bigotillo afilado, de ratón astuto, del ya mencionado ex-presidente, por ejemplo) y a mí esta barba inédita de<strong> Rajoy</strong>, aunque la esconda de cuando en cuando, me gusta mucho más, pero me da el mismo miedo.</p>
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		<title>Aullido: I</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Mar 2012 10:49:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julián Portillo Barrios</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Aullido]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[Bob Dylan]]></post_tag>
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		<post_tag><![CDATA[Los trabajos y los días]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Williams S. Burrougt]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[ He antetitulado así esta serie de téxtos –perdonen que no me presente- por un poema homónimo de Allen Ginsberg, aquel gordo con cara de Sileno que siguió las huellas de esa otra bestia lírica, el paregórico Williams S. Burrougt, y que después se hizo hippie y compi’ de Bob Dylan.  Aunque sobre esto volveremos más [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> He antetitulado así esta serie de téxtos –perdonen que no me presente- por un poema homónimo de <strong>Allen Ginsberg</strong>, aquel gordo con cara de Sileno que siguió las huellas de esa otra bestia lírica, el paregórico Williams S. Burrougt, y que después se hizo hippie y compi’ de <strong>Bob Dylan</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"> Aunque sobre esto volveremos más adelante. También más adelante, poetas aparte, trataremos -en las aproximadamente doscientas o trescientas palabras semanales que me auto-impongo para no resultar otro cansino aspirante a buhonero en este palimpsesto de la prensa digital- de cómo estamos siendo estafados y vilipendiados por sucedáneos de distinto color, que en alternancia, van arrojando nuestros designios hacia los vórtices abismáticos de los mercados internacionales, empujándonos al suicidio colectivo de un sistema económico agotado. Los más de mis lectores, sin necesidad de ser demasiado avispados,  ya habrán averiguado a quienes me refiero. O intentaremos tratar –que esto es más difícil y más amargo- de cómo el transcurso de <strong><em><a href="http://filosofia.eikasia.es/Recursos/Trabajosydias.pdf" target="_blank">Los trabajos y los días</a></em></strong> nos va dejando tan gastados, tan secos intelectualmente, que <strong>la nausea sartreana</strong> nos parece a estas alturas del partido un romanticismo del siglo pasado, algo así como una debilidad literaria.</p>
<p style="text-align: justify;"> No quiero con ésto hacer planfletarismo pro-apocalíptico, ni mucho menos, no obstante vayan afilando los oídos.</p>
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