{"id":63,"date":"2012-05-07T23:59:44","date_gmt":"2012-05-07T23:59:44","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.hoy.es\/aullido\/?p=63"},"modified":"2012-05-07T23:59:44","modified_gmt":"2012-05-07T23:59:44","slug":"triptico-de-un-poeta-en-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.hoy.es\/aullido\/2012\/05\/07\/triptico-de-un-poeta-en-la-tierra\/","title":{"rendered":"Tr\u00edptico de un Poeta en la Tierra."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #333333;\">\u00a0Primero vemos a un ni\u00f1o. Es uno de esos ni\u00f1os color sepia de los a\u00f1os veinte. Hay en la tarde de invierno un silencio afligido de ausencias, un desamparo mis\u00e9rrimo de hospicio, una tristeza rumiante de ni\u00f1o internado. Sentado en el patio, inmerso en sus lejan\u00edas, escucha el desconcierto de la lluvia en los tejados, el crepitar persistente de las gotas que se derraman sobre los charcos como un llanto incontenible. Tiene siete a\u00f1os y hace solo un par de meses que ha llegado al orfanato. Otro ni\u00f1o se le acerca y le pregunta que si no tiene fr\u00edo, pero no contesta, sus pantalones cortos empapados ya son impermeables. Insiste y pregunta que \u00bfqu\u00e9 fue lo que le pas\u00f3?, o \u00bfque hizo para estar all\u00ed? Y entonces, sin volverse, a\u00fan absorto en el agua que precipita, murmura: Mi padre muri\u00f3 en el oto\u00f1o cogiendome almendras.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #333333;\">\u00a0Ahora un hombre ya maduro, de una espesa cabellera rizada en la que asoman las primeras canas, curtido de cargar en los muelles, de limar asperezas al m\u00e1rmol, de sacarse los cuartos a golpes de gubia o paleta, camina por la calle San Juan. Este hombre que ahora vemos, -y que es aquel hospiciano que tuvo que ser monaguillo, y cantaor de tangos, y mil historias para llegar a los cuarenta y tres a\u00f1os que hoy, s\u00e1bado 22 de diciembre del 63, tiene- ha le\u00eddo toda su vida con af\u00e1n devorador, y a dem\u00e1s, ha escrito, con \u00e9xito incipiente, textos y poemas que van apareciendo por revistas de medio mundo, y comienzan a ser traducidos a otros idiomas. Va contento, casi dando imperceptibles saltos, hacia la sastrer\u00eda donde trabaja Manuela, su esposa, porque tiene que darle una noticia importante. El Gobernador Civil va a regalarles una casa. Esta noche dar\u00e1n en su honor una gran fiesta en la residencia de los Segura, y van a estar todos los chicos: <strong>Esperanza<\/strong>, <a href=\"http:\/\/www.galeriatallerartex51.com\/index.php?option=com_content&#038;task=view&#038;id=198&#038;Itemid=118\" target=\"_blank\"><span style=\"color: #333333;\"><strong>Vaquero Poblador<\/strong><\/span><\/a>, <strong>L\u00f3pez Lago<\/strong>\u2026 -\u00a1Una casa nueva para los dos Manuela!- y all\u00ed \u00e9l podr\u00e1 escribir algo bueno, piensa mientras camina, algo tan bueno que ella podr\u00e1 dejar de romperse las manos subiendo bastillas, haciendo pespuntes, cosiendo las ropas de medio Badajoz.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #333333;\">\u00a0Para concluir vemos al \u00faltimo <strong>Manuel Pacheco<\/strong>. El celebrado, el numerario de la Real Academia de la Artes y las Letras, el Medalla de Extremadura, el que ha dado nombre a colegios p\u00fablico, m\u00faltiples calles, un certamen literario, e incluso a una biblioteca. Est\u00e1 sentado en el sof\u00e1 de su casa, no en esa tan precaria que le cedieron en los 60 en la carretera de Sevilla, si no en un pisito tambi\u00e9n modesto, pero con ascensor, que alivia los lastres de la coja Pacheca -como el vulgo ha rebautizado a su anciana se\u00f1ora- que ha bajado al Pryca a por un g\u00fcisqui. Es ya un viejo de imponente cabellera blanca, algo desaseado, que gusta de leer a los j\u00f3venes sus correspondencias con los grandes nombres de la literatura, y habla con contenida nostalgia de los amigos de entonces. Un viejo que ha visto morir a sus coet\u00e1neos, que sabe que le han ca\u00eddo ya todos los \u201cgordos\u201d, y que tal vez intuye le queden pocos a\u00f1os de vida. Con \u00e9l hay un joven ecologista que pretende disuadirle para que escriba en una revista y acepte ser socio de honor del grupo<strong> Rosa de Alejandr\u00eda<\/strong>. Va acompa\u00f1ado de un ni\u00f1o de ocho a\u00f1os, su hijo, que mira con intriga y estupefacci\u00f3n a ese hombre del que su padre le ha dicho que es un gran artista. Ese ni\u00f1o de aquel d\u00eda de 1993 es, o mejor dicho fue, quien escribe estas l\u00edneas. Pocos a\u00f1os despu\u00e9s, en marzo del 98, fallec\u00eda Pacheco. S\u00f3lo unos meses m\u00e1s tarde lo seguir\u00eda Manuela, con la pierna coja y las manos reventadas de zurcir remiendos en el alma del Poeta.<\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Primero vemos a un ni\u00f1o. Es uno de esos ni\u00f1os color sepia de los a\u00f1os veinte. 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