<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Colindantesgenealógico &#8211; Colindantes</title>
	<atom:link href="https://blogs.hoy.es/colindantes/tag/genealogico/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.hoy.es/colindantes</link>
	<description>Otro sitio más de Comunidad Blogs Hoy.es</description>
	<lastBuildDate>Wed, 20 Nov 2019 10:41:49 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Olor a naftalina</title>
		<link>https://blogs.hoy.es/colindantes/2012/11/29/olor-a-naftalina/</link>
		<comments>https://blogs.hoy.es/colindantes/2012/11/29/olor-a-naftalina/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Nov 2012 19:37:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Blogueros de Plasencia</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[absurdo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[alergia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[anticuada]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[árbol]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Béjar]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[caballo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[caza]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cid]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[deudas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[empresarios]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[familia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[flipado]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[genealógico]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[gilipollez]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[herencias]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[honra]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[linaje]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[patología]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[perplejo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Plasencia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Plaza]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[rancio]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[raro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[sangre]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[señora]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[sudamericana]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[terrazas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[tontería]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[vida]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.hoy.es/colindantes/?p=172</guid>
		<description><![CDATA[Os puede sonar raro o a lo mejor, con un cierto olor a rancio, pero la cosa discurrió tal cual la cuento (palabra de bloguero). Ocurrió la semana pasada, aunque pudiera parecer más propia del pasado siglo: Salía de casa a cumplir con la feliz obligación de pasear a mi perro Micco. Nada más pisar [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia.jpg"><img loading="lazy" title="nostalgia" src="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia.jpg" alt="" width="300" height="288" /></a></p>
<p>Os puede sonar <strong>raro</strong> o a lo mejor, con un cierto <strong>olor a rancio</strong>, pero la cosa discurrió tal cual la cuento <strong>(palabra de bloguero)</strong>. Ocurrió la semana pasada, aunque pudiera parecer más propia <strong>del pasado siglo</strong>: Salía de casa a cumplir con<strong> la feliz obligación</strong> de pasear a mi perro <strong>Micco</strong>. Nada más pisar la calle <strong>me paró una señora</strong>  que por su aspecto podía ser la abuela de cualquiera de nosotros. <strong>Muy maquillada pero de informal atuendo</strong>, iba de paseo con su acompañante<strong> sudamericana.</strong> (Por cierto, ¡qué gran labor hacen estas personas para con nuestros mayores!)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8211;<strong>&#8220;¿Quién vive aquí ahora?</strong>&#8221; Me espetó la señora. &#8211;<strong>&#8220;Yo&#8221;</strong>, le dije ciertamente sorprendido. Tras volverme la cabeza loca con<strong> su frondoso árbol genealógico</strong>, me preguntó: -&#8220;pero, <strong>¿sois de buena familia?&#8221;</strong> -&#8220;Hombre, contesté <strong>un poco flipad</strong>o, pues sí, somos de buena familia: <strong>somos gente trabajadora</strong>, ninguno ha tenido <strong>problemas de convivencia</strong> ni ha estado en la cárcel&#8230;&#8221; -&#8220;No, me refiero a que si tenéis <strong>apellido</strong>, porque antes los que teníamos apellido <strong>nos conocíamos todos</strong>, pero ahora&#8230;&#8221; Me quedé <strong>perplejo</strong>. Rápidamente caí en la cuenta.  A esta señora -pensé- le ocurre lo mismo que a otros muchos personajillos aquí <strong>en Plasencia</strong>: sufre de <strong><em>apelliditis</em></strong>. Esta <strong>singular patología</strong> consiste en creerse<strong> superior al resto</strong> de sus congéneres por tener un apellido <strong>altisonante, raro, largo</strong> o compuesto (de esos con guiones). Difícil de creer que  siga siendo un<strong> mal endémico</strong> en pleno siglo XXI.</p>
<p><a href="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia3.jpg"><img loading="lazy" title="nostalgia3" src="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia3.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a></p>
<p>Entiendo y respeto que <strong>te enorugullezcas de tu apellido</strong>. Ya lo dice el refranero español, sabio donde los haya: &#8220;Quien a lo suyo se parece, <strong>honra merece&#8221;</strong>. Pero vamos a usar la cabeza.  Si echamos la vista atrás, todos podemos encontrar <strong>algún indicio</strong> que nos haga creer que descendemos de<strong> la pata del Cid</strong>;  en mi caso, si me pongo, puedo heredar América enterita, y no por eso pienso que corra <strong>sangre azul por mis vena</strong>s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Está claro que<strong> no todos somos iguales</strong>, afortunadamente. <strong>Ni queremos serlo</strong>. Pero creerte mejor, o pensar que el resto es peor por llevar un apellido u otro, <strong>es una autentica gilipollez</strong>, al menos hoy en día. Antiguamente un apellido iba ligado<strong> a un linaje</strong>, a unas propiedades, a <strong>unos privilegios</strong>. A principios del siglo pasado había<strong> placentinos</strong>, de esos con un &#8220;ilustre&#8221; apellido, que podían ir hasta Béjar<strong> a caballo</strong> sin salirse de sus propiedades. Hoy en día parte de esas tierras pertenecen a<strong> los herederos</strong> de los antiguos guardeses, apellidados simplemente Gil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como esas, muchas de las antiguas propiedades <strong>han cambiado varias veces de manos</strong>, debido a las sucesivas <strong>herencias y a la alergia al trabajo</strong> de muchos de los distintos herederos, que les<strong> obliga a deshacerse</strong> poco a poco de sus posesiones para poder seguir haciendo <strong> vida contemplativa en las terrazas de la plaza</strong>. Sus padres les dejaron en herencia<strong> una forma de vida anticuada</strong>, más propia del siglo XIX, y ellos dejarán a sus hijos la <strong>obligación de trabajar</strong> para pagar<strong> las deudas</strong> de las fincas cuando pasen a sus manos. Afortunadamente, <strong>una parte de estas familias fue vacunada</strong> contra la apelliditis, estudiando y formándose, <strong>trabajando duro y viajando</strong>, saliendo de aquí y viendo mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El devenir de la vida te da o te quita, y<strong> hay que saber adaptarse a los tiempos</strong>. Hoy en día no se genera riqueza <strong>montando a caballo y yendo de caza</strong>. Las fortunas se consiguen <strong>trabajando.</strong></p>
<p><a href="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia-22.jpg-e1354217433364.jpg"><img loading="lazy" title="nostalgia 22.jpg" src="/colindantes/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/nostalgia-22.jpg-e1354217433364.jpg" alt="" width="179" height="300" /></a></p>
<p>Los actuales <em>arist</em><em>ó</em><em>cratas </em>son <strong>los empresarios</strong> y alguno de los más destacados del panorama nacional &#8220;sólo&#8221; se apellida <strong>Pérez.</strong> Son ellos los que ahora<strong> dan trabajo e ingresos a sus vecinos.</strong> La vida ha cambiado, afortunadamente. Como es natural, sigue habiendo <strong>diferencias sociales</strong> entre personas. Pero <strong>intentar aferrarte a un apellido</strong> para estar en un determinado escalón u otro,<strong> es absurdo</strong>. La clase se gana trabajando, siendo<strong> una buena persona</strong> con tus semejantes y luchando, ¿por qué no?, por <strong>defender honradamente</strong> lo tuyo, no por llamarte de una u otra manera. <strong>¡Cuanta tontería, por Dios!</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.hoy.es/colindantes/2012/11/29/olor-a-naftalina/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	<post_id>172</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
